Felicidad: ¿Dónde se encuentra? [Folleto]

Felicidad: ¿Dónde se encuentra?
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Happiness: Where Is It to be Found?
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The Secret of Happiness
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Mucha gente ha procurado alcanzar la felicidad mediante el dinero, el placer, la inteligencia, la fama, el poder o la filosofía. Pero veamos las conclusiones a las que llegaron algunos hombres muy conocidos y las consecuencias de utilizar su propio método para encontrarla.

Jay Gould, el prestigioso financiero norteamericano del siglo diecinueve, quien al tiempo de su muerte po­seía aproximadamente un equivalente a por lo menos 1.300 millones de dólares, admitió al morir: «Supongo que soy el diablo más miserable en la tierra».

George Eastman, quien se puede decir que contro­laba la industria fotográfica en los Estados Unidos de América a principios del siglo 20, dio un equivalente a más de mil millones de dólares para obras de cari­dad, pero estaba insatisfecho y se suicidó.

Luis Álvarez, ganador del premio Nóbel de Física, la noche que recibió su homenaje pronunció las si­guientes palabras: “No estamos libres de una catás­trofe global en el futuro tal como una época de enfriamiento global, un período de intensa actividad volcánica que deje una capa de polvo en la atmósfera o el derretimiento de la Antártica que podría inundar la mayoría de la tierra donde vivimos ahora”. Luego se despidió de aquellos estudiantes a quienes había hablado, deseándoles una mejor suerte que la de su propia generación.

Simón Bolívar, el célebre libertador de varios paí­ses, dijo al final de su vida: «...Yo estoy viejo, en­fermo, cansado, desengañado, hostigado, calum­niado y mal pagado. Yo no pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor; por desgracia es lo que no consigo». También pronunció su muy conocida frase: «He sembrado en el viento y arado en el mar».

Salvador Dalí, el famoso pintor español, pasó los úl­timos años de su vida solitario por decisión propia y finalmente murió triste.

Alejandro el Grande, quizá el general más notable de la historia, conquistó al mundo entero de su época. Pero cuando ya había completado su asombrosa con­quista, se acostó dentro de su tienda y lloró diciendo: «¡Ya no hay más mundos por conquistar!».

Voltaire era un enérgico opositor del evangelio de Jesucristo. Pero su conclusión fue: «¡Ojalá nunca hu­biera nacido!» Ante sus ojos, el asunto de su propia muerte era aterrador, demasiado horrible para pre­senciarlo. Hacia el final de su existencia gritó furioso: «¡Tengo que morir: abandonado de Dios y de los hombres!»

Cada uno de estos hombres solo confirma la vera­cidad de lo dicho por Salomón hace más de 3,000 años: “Todo es vanidad y aflicción de espíritu” (Ecle­siastés 2:17).

El Señor Jesucristo dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a Mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).

“Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Salmo 107:9).

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

Mi estimado amigo, tan solo Jesucristo puede dar­nos aquella felicidad perdurable que todos deseamos y que no hemos podido encontrarla en ninguna otra parte. Dios desea que usted experimente todos Sus te­soros maravillosos de amor, gozo y paz infinita; todo esto y mucho más, Dios ha puesto a su disposición como un regalo que no le cuesta absolutamente nada.

El regalo que Dios nos ofrece ahora, le costó a Él una cantidad enorme: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha DADO a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Dios castigó a Su pro­pio Hijo, para así poder ofrecer el perdón a cuantos llegasen a confiar en Él. Usted es liberado de la pena del pecado simplemente cuando acepta Su regalo de amor, como leemos en Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la DÁDIVA de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Dios inclusive le ofrece la fe necesaria para creer en el Señor Jesucristo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es DON de Dios” (Efesios 2:8).

Acepte hoy el regalo de salvación que Dios le ofrece y entonces descubrirá mediante el Señor Jesucristo la verdadera y única fuente de felicidad.

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