Hilcías, el sumo sacerdote en los días de Josías rey de Israel, hizo un gran anuncio: “He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová” (2 Reyes 22:8). No sabemos cuántos años la palabra de Dios estuvo perdida. Durante este tiempo el pueblo de Dios cayó en una profunda y triste idolatría. Lo bueno es que por fin encontraron la palabra de Dios entre los escombros, mientras reparaban la casa de Dios y llevaron el libro de la ley al rey. Sabemos que es muy importante leer la Biblia, pues nos dirige y ayuda durante toda la vida. Sin ella nunca vamos a saber cómo agradar a nuestro Señor. Josías tenía un corazón dispuesto a escuchar lo que Dios tenía que decirle. El rey atendió a la voz de Dios, a su palabra, mientras un escriba leía una parte del libro de la ley. El resultado fue un gran cambio en el reino de Judá.
La palabra de Dios nos dice que debemos ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). No era suficiente que Josías haya leído las Escrituras, tenía que hacer lo que leyó. Y así lo hizo. Es impresionante la energía que él mostró para cumplir la palabra de Dios. Primero reunió a todo el pueblo para que todos puedan escuchar la lectura de la ley: Llamó a grandes y pobres, sacerdotes y profetas, gente de Jerusalén y de Judá; quiso que todos escuchen la palabra de vida. Es evidente que necesitaban escuchar lo que la ley decía. Por ejemplo el libro de Deuteronomio habla bastante acerca del peligro de los ídolos e Israel en esos días estaba lleno de idolatría. Tenían imágenes en el templo y sacerdotes para otros dioses en todo lado. La gente se involucraba por sí misma con la inmoralidad que estaba vinculada a la adoración de dioses ajenos; y el estado del pueblo de Dios era muy grave. El rey Josías quería que todo el pueblo comparta su arrepentimiento al oír la condenación de Dios por la idolatría. Era necesario que su arrepentimiento se base en la palabra de Dios y no en palabras de hombres.
En 2 Reyes 23:3, leemos el fruto de haber atendido a la palabra: “Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo pacto delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro”. ¡Qué fuerte compromiso! De inmediato el rey empezó a hacer lo que había prometido. Sacó los ídolos de Baal y Asera de sus puestos y los quemó. Destruyó los altares falsos y los lugares altos. Incluso cumplió una antigua profecía cuando profanó el altar falso que estaba en Bet-el. Con la tierra limpia de la idolatría celebraron la pascua para su Dios.
Nosotros también tenemos un gran privilegio: la Palabra de Dios a nuestro alcance; podemos abrirla y escuchar la voz del Señor que habla a nuestros corazones. Mediante ella aprendemos cómo quitar la idolatría de nuestras vidas. Quizás no tengamos ídolos de piedra; pero muchas veces tenemos cosas en nuestras vidas que nos alejan de Dios. ¡Y Él quiere que nos despojemos de todo esto! Es la palabra de Dios la que nos lleva al arrepentimiento que luego se evidenciará por nuestras acciones. Así podremos adorarle de todo corazón.