Admirablemente … ¡admirable!

From: Número 6
W. Carrion
Si quisiéramos exaltar las cualidades de alguna persona ¿de quién lo haríamos? ¿Quién merecería nuestro reconocimiento de tal manera que se haría acreedor de nuestra admiración?
A través del tiempo, en toda raza, idioma y lugar, por cierto hay y han existido personas que han sobresalido notablemente en diversos aspectos, unos en la filosofía, en el arte, el deporte, el canto, la teología, la guerra, etc. etc. Inclusive desde hace varios años atrás, anualmente se otorga a nivel mundial el premio Nobel a quienes han sobresalido en diferentes áreas: la paz, la física, la química, etc.; en el cine se entrega el “Oscar” a aquellos que se han superado y se han destacado en diferente forma. Sin embargo muchas de estas personas pasan desapercibidas para una gran mayoría de la población mundial.
Nuestra pregunta se mantiene ¿de quién podríamos exaltar cualidades dignas de ser imitadas? No ha existido hombre alguno que reúna las cualidades necesarias como para merecer ser exaltadas ante toda la humanidad.
Si recorremos las páginas de la historia encontraremos hombres tales como: Sócrates, Zaratustra, Buda y Mahoma (por tener una muestra entre tantos otros por supuesto) que han logrado influenciar mucho en la cultura y religión de los pueblos; inmortalizaron sus pensamientos, aunque ellos mismos no pudieron hacerlo, y los cuerpos de unos yacen en el polvo de la tumba fría, y otros fueron incinerados y convertidos en ceniza.
En este recorrer del tiempo y de la historia encontramos que el devenir del tiempo se ha dividido en: Antes de Cristo (a.C.) y Después de Cristo (d.C.) por lo que vale la pena fijar nuestra mirada en este personaje que ha logrado tremenda hazaña.
Su nacimiento fue profetizado aproximadamente 800 años atrás, por Isaías el profeta. “Porque un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado, y el principado sobre Su hombro; y se llamará Su nombre ADMIRABLE, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:66For unto us a child is born, unto us a son is given: and the government shall be upon his shoulder: and his name shall be called Wonderful, Counsellor, The mighty God, The everlasting Father, The Prince of Peace. (Isaiah 9:6)).
El Salmista David también escribió de Él: “Será Su nombre para siempre, se perpetuará Su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en Él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado” (Salmo 72:1717His name shall endure for ever: his name shall be continued as long as the sun: and men shall be blessed in him: all nations shall call him blessed. (Psalm 72:17)). Si hojeamos las páginas del Nuevo Testamento encontraremos una asombrosa biografía del Señor Jesucristo; Su nacimiento virginal sin pecado, en cumplimiento de profecías maravillosamente cumplidas.
De Su niñez se dice que: “Jesús crecía en sabiduría, y en estatura, y en gracia, para con Dios y los hombres” (Lucas 2:5252And Jesus increased in wisdom and stature, and in favor with God and man. (Luke 2:52)). A los 12 años, cuando Sus padres subieron a Jerusalén, el niño Jesús se perdió, y luego de 3 días de búsqueda “le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de Su inteligencia y de Sus respuestas. Cuando le vieron, entonces Él les dijo: ¿Por qué Me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de Mi Padre Me es necesario estar?” (Lucas 2:46-4946And it came to pass, that after three days they found him in the temple, sitting in the midst of the doctors, both hearing them, and asking them questions. 47And all that heard him were astonished at his understanding and answers. 48And when they saw him, they were amazed: and his mother said unto him, Son, why hast thou thus dealt with us? behold, thy father and I have sought thee sorrowing. 49And he said unto them, How is it that ye sought me? wist ye not that I must be about my Father's business? (Luke 2:46‑49)).
A los 30 años de edad, inició Su ministerio público, predicando un mensaje único y distinto o todos los hombres, el mismo que estaba confirmado por muchos milagros que fueron hechos ante infinidad de testigos.
Algo suigéneris en su predicación fue el anuncio de su muerte y resurrección, constituyéndose en el único hombre que después de haberse comprobado su muerte, precedida por un sufrimiento y agonía insoportable, al tercer día resucitó gloriosamente tal como lo había anunciado, y después de 40 días ascendió a los cielos donde “está sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:1212But this man, after he had offered one sacrifice for sins for ever, sat down on the right hand of God; (Hebrews 10:12)).
En la vida de Jesucristo encontramos rasgos exclusivos que los distingue de los filósofos y hombres prominentes: Emilio, personaje de Juan Jacobo Rousseau escribe:
“¡Qué prejuicios, qué ceguedad hay que tener para comparar al hijo de Sofronisco con el hijo de María! ¡Qué distancia hay entre los dos! Sócrates, que murió sin dolor y sin desgracia, mantuvo su apacible carácter hasta el fin ... La muerte de Sócrates, filosofando colmadamente con sus amigos, es la muerte más dulce que uno pudiera desear; en contraste a la de Jesús, ridiculizado, maldecido por todos los Suyos, es la muerte más horrible que uno puede imaginar ... En verdad que si la vida y muerte de Sócrates son las de un sabio, la vida y muerte de Jesús son las de un Dios. Sin embargo, lo único y extraordinario en la muerte de Jesucristo en la cruz, no es su forma, sino su significado en la redención del hombre. Los relatos primitivos, en contraste con posteriores escritos hagiográficos apócrifos, no declaran que los otras guías religiosos hayan tenido el poder de redimir al hombre y de perdonar sus pecados” (PROFESIÓN DE FOI DU VICAIRE SAVOYARD). Lo que es el Señor Jesucristo en la plenitud de Su Persona gloriosa, en gloriosa majestad y poder, absolutamente ningún hombre lo ha podido comprender profundamente. Todo cuanto conocemos de Él, nuestro conocimiento en gracia y sabiduría no es más que una mirada pasajera de Aquel cuyo nombre y persona es ¡admirablemente admirable! y a quien debemos, alabarle, adorarle y exaltarle majestuosamente por los siglos de los siglos. Amén.