Capítulo 1

El libro histórico de LOS HECHOS de los apóstoles (mejor dicho, del Espíritu Santo) empieza con la resurrección del Señor Jesús y termina con la encarcelación en Roma del apóstol enviado a los gentiles con el evangelio de la gracia de Dios, el cual fue rechazado entre los judíos en Roma tanto como los de Judea.
En este libro maravilloso se narra la fundación de la iglesia o asamblea cristiana en el mundo, y la transición del judaísmo a la cristiandad que se desarrollaba paulatinamente.
"En el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que escogió, fue recibido arriba; a los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios" (vvss. 1 a 3).
"Lucas, el médico amado" (Col. 4:1414Luke, the beloved physician, and Demas, greet you. (Colossians 4:14)), escribió su primer tratado (lo que se llama el Santo Evangelio según San Lucas) al muy buen Teófilo, y años después fue inspirado de nuevo por el Espíritu Santo a escribir el segundo. Teófilo (que quiere decir: "amador de Dios") conservó los dos documentos y más tarde fueron incorporados en el Nuevo Testamento por la voluntad y providencia soberana de Dios. ¡Jamás podremos bendecir suficientemente a nuestro Dios y Padre por habernos dado las Sagradas Escrituras que nos presentan a Cristo, su Hijo amado, y a la vez nos señalan el camino divino de un peregrino en este mundo de maldad! el camino trazado por Jesús mismo.
"Se presentó vivo con muchas pruebas indubitables." La resurrección de Jesús es un gran hecho. Hubo muchísimos testigos: Cefas (Simón Pedro), los demás apóstoles, más de quinientos hermanos juntos, Jacobo y Pablo. (Véase 1ª Cor. 15: 5 a 8, donde las mujeres no son mencionadas). Y con una o dos excepciones, todos los veintisiete libros inspirados del Nuevo Testamento hablan de la resurrección del Señor Jesús o de que El vive.
"Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dijo, de mí. Porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos" (vvss. 4, 5).
"La promesa del Padre" se refiere a lo que tenemos escrito en Juan 14:16, 17: "Y ye rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros y será en vosotros," Y en el versículo 26: "Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho."
Con agua, "Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento" a los judíos que se arrepintieron, “confesando sus pecados" (Hch. 19: 4 y Mat. 3: 6); pero aquel bautismo con agua no impartió nada divino a su ser: fue una manifestación externa de un cambio de convicción. Pero según la promesa del Padre El iba a impartir a los creyentes en. el Señor Jesús al Espíritu Santo, el cual moraría con ellos para siempre, produciendo un resultado interno y permanente dentro de su ser más íntimo, y dando poder espiritual para testificar de Cristo: "cuando viniere el Consolador, el cual ye os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí" (Juan 15:26).
"Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo:: Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad; mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra" (vvss. 6 a 8).
Los discípulos judíos todavía no podian pensar en otra cosa sino la de la nación de Israel restaurada a su independencia como cabeza de las demás naciones bajo el cetro de Cristo, pero ignoraban, por supuesto, lo que Dios iba a hacer: impartir al Espíritu Santo a los creyentes y enviarles con el evangelio perdonador de la gracia de Dios, no solamente a los judíos, sino también a los samaritanos y aun hasta los gentiles, ¡ cosa jamás pensada por un judío!
Y es de notar que el Señor les mandó empezar con los más culpables, los de Jerusalem ¡ en donde El había sido crucificado!: "mas cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia" (Romanos 5:20). También les mandó anunciar el evangelio "hasta lo último de la tierra", el cual nos ha alcanzado a nosotros, pecadores perdidos de los gentiles.
"¡Oh!"al hombre en su ruindad
Las nuevas proclamad,
Doquier queˆel pecador
Se halle-en su dolor;
Cristianos, anunciad
Que-el Padreˆen su bondad
Envió al Salvador."
"Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado; y una nube le recibió y le quitó de sus ojos. Y estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí dos varones se pusieron junto a ellos en vestidos blancos; los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (vvss. 9-11).
No solamente hubo muchos testigos de la resurrección de Jesús, sino también de su ascensión. Ascendió en una nube; volverá así: "he aquí en las nubes del cielo como un hijo de hombre que venía... “(Dan. 7:1313I saw in the night visions, and, behold, one like the Son of man came with the clouds of heaven, and came to the Ancient of days, and they brought him near before him. (Daniel 7:13)). "He aquí que viene con las nubes" (Apo. 1:7). Los dos ángeles en forma de hombre dijeron a los discípulos que ese "mismo Jesús" así vendría. Notemos bien que se trata de su regreso a la tierra para reinar, no del arrebatamiento de la iglesia, la cual no existía todavía. La revelación del rapto de ella no fue dada hasta que el Señor inspirase a Pablo a escribir a los tesalonicenses acerca de la manera de la venida del Señor Jesús para recoger a su amada iglesia:
"Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero; luego nosotros,, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1ª Tes. 4:16, 17). El Señor no va a pisar tierra, sino va a levantarnos en las nubes a su encuentro en el aire; tampoco va a meternos en la Jerusalem terrenal, sino en la casa del Padre celestial. Es muy importante distinguir entre el regreso del Hijo del hombre a la tierra para reinar entre su pueblo terrenal, y su venida solamente hasta el cielo atmosférico para arrebatar a sí mismo a su iglesia, el cuerpo entero de la congregación de los redimidos, muertos y vivos, y llevarlo a la casa del Padre en los cielos.
"Entonces se volvieron a Jerusalem del monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalem camino de un sábado. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón Zelotes, y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos" (vvss. 12-14).
Obedeciendo el mandato del Señor, los discípulos se quedaban en Jerusalem, y perseveraban en oración y ruego. Se menciona el nombre de "María la madre de Jesús" por última vez en la Biblia. María desapareció antes de que existiese la iglesia. Ni una sola vez se menciona su nombre en las catorce epístolas cristianas de Pablo (incluyendo Hebreos), el Apocalipsis y las tres de Juan, las dos de Pedro, y las de Judas y Santiago. ¿Por qué? Porque la doctrina cristiana trata no de un niño en los brazos de su madre, tampoco de un joven sumiso a sus padres terrenales, y tampoco de un hombre viviendo en la tierra, sino del Hijo de Dios, muerto por nuestros pecados, resucitado para nuestra justificación; ascendido a la diestra de Dios Padre, ensalzado y glorificado en el lugar más alto de los cielos. "CRISTO ES EL TODO"(Col. 3:1111Where there is neither Greek nor Jew, circumcision nor uncircumcision, Barbarian, Scythian, bond nor free: but Christ is all, and in all. (Colossians 3:11))., Ante El desaparecen todos: Abraham, Moisés, Aarón, los profetas, David, Salomón, y aun María; todos desaparecen. "Alzando ellos sus ojos, a nadie vieron, sino a solo Jesús" (Mateo 17: 8).
"¡Ved al Corderoˆhoy coronado en luz!
¿Quién es más digno deˆhonra que Jesús?
Leˆes dadaˆa Cristo total potestad,
Ya entronizadoˆen suˆnalta majestad.
"El tronoˆEl llena,ˆel trono celestial,
Loˆencumbraˆel 'Justo,' de gloria eternal,
Del Padre objetoˆinefable deˆamor,
Temaˆeternal de santos en fulgor."
"Y en aquellos días, Pedro, levantándose en medio de los hermanos, dijo (y era la compañía junta como de ciento y veinte en número): Varones hermanos, convino que se cumpliese la Escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús; el cual era contado con nosotros, y tenía suerte en este ministerio. Este, pues, adquirió un campo del salario de su iniquidad, y colgándose, reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los moradores de Jerusalem; de tal manera que aquel campo es llamado en su propia lengua, Acéldama, que es, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los salmos
Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella; y: Tome otro su obispado.
"Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fue recibido arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabas, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál escoges de estos dos, para que tome el oficio de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por transgresión, para irse a su lugar. Y les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles" (vvss. 15-26).
Los discípulos todavía no habían recibido al Espíritu Santo, pero el Señor en resurrección les había abierto "el sentido, para que entendiesen las Escrituras" (Lucas 24: 45). Pedro, por lo tanto, pudo entender el significado del salmo 69:25 y del 109: 8. Judas se fue a su lugar: la perdición, y era preciso que hubiera doce apóstoles (compárese Mateo 19: 28). De entre aquellos que habían estado con los apóstoles desde el principio del ministerio del Señor Jesús, éstos señalaron dos que eran elegibles, y luego oraron al Señor que escogiera al que le pluguiera en lugar de Judas; y les echaron suertes, conforme a lo que estaba escrito para los israelitas: "la suerte se echa en el seno; mas de Jehová es el juicio de ella" (Prov. 16:3333The lot is cast into the lap; but the whole disposing thereof is of the Lord. (Proverbs 16:33)). Matías fue escogido. Esa fue la última vez que la suerte fue echada para determinar cualquier negocio. ¿Por qué? Porque cuando el Espíritu Santo fue dado a los creyentes, ya poseían capacidad espiritual para discernir la voluntad del Señor no sólo según lo que estaba escrito en el Antiguo Testamento, sino también las revelaciones y escritos del Nuevo Testamento. Por ejemplo, en la carta enviada de Jerusalem a los "hermanos de los gentiles", leemos lo siguiente: "... ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros," etc. (Hechos 15:23, 28).
¡ Cuán grande y bendita es la diferencia entre la posición cristiana y la de cualquier creyente de los tiempos antiguos, sea Abraham, David o Juan Bautista! Ellos no tenían al Espíritu Santo; el cristiano, desde el momento en que ha creído ¿fue la sangre de Jesucristo fue derramada para la remisión de sus pecados, recibe al Espíritu Santo de Dios. (véase Efesios 1:13, 14, etc.). Cosas que reyes y hombres justos de antiguo no podían entender, el cristiano sí las entiende, "porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios" (1ª Cor. 2:10). Tampoco podían los santos de antiguo decir, "Abba, Padre," pero el cristiano es traído a gozar del mismo parentesco paterno como Jesús mismo: El clamó: "Abba, Padre" (Mar. 14: 36); y a nosotros está escrito: "No habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba Padre" (Romanos 8: 15, 16); "y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual dama: Abba, Padre" (Gál. 4: 6).