Capítulo 10

"Y había un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana, pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.
"Este vio en visión manifiestamente, como a la hora nona del día, que un ángel de Dios entraba á él, y le decía: Cornelio. Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria a la presencia de Dios" (vv. 1 al 4).
No cabe duda alguna de que Dios ya había obrado en el corazón de Cornelio con toda su casa, pero les faltaba el conocimiento del evangelio de nuestro Señor Jesucristo y la remisión de pecados por fe en su nombre; es decir, de la salvación en su sentido cabal.
"Envía pues ahora hombres a Joppe, y haz venir a un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de un Simón, curtidor, que tiene su casa junto a la mar: él te dirá lo que te conviene hacer" (vv. 5, 6). Y el ángel le dijo también lo que está escrito en el capítulo próximo: "el cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda to casa" (11:14). Esto nos da a saber que les faltaba la salvación a Cornelio y toda su casa.
"E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un devoto soldado de loa que le asistían; a los cuales, después de habérselo contado todo, los envió a Joppe. Y al día siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora de sexta; y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer; pero mientras disponían, sobrevínole un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado a la tierra; en el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y reptiles, y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común e inmunda he comido jamás. Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto fue hecho por tres veces; y el vaso volvió a ser recogido en el cielo" (vv. 7 al 16).
Cuando el Señor quiso hacer saber a su siervo Simón Pedro su voluntad, siendo Pedro todavía un judío bien cerrado de entendimiento y no preparado de ninguna manera para llevar las Suenas nuevas de la salvación a los gentiles, El dispuso que Pedro viera una visión portentosa y fenomenal, y le mandó comer de los diversos animales que había dentro del gran lienzo. Cuando Pedro contradijo al Señor (no fue la primera vez), Jesús le replicó: "lo que Dios limpió, no lo llames tú común." El significado espiritual de la visión es muy claro al cristiano entendido en el propósito de Dios: El iba a llamar a los gentiles con un llamamiento celestial: "el vaso volvió a ser recogido en el cielo."
"¿Quién esto concibió,
Oh! Dios?, queˆen plena bendición
Con to bien amado Hijo, la iglesia
¡Morase siempreˆen to mansión!

"Sóloˆera to pensar,
Sí,ˆel tuyo sólo pudo ser,
El fruto divino de tuˆainor y ciencia
Que propioˆes de to buen placer."
"Y estando Pedro dudando dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí, los hombres que habían sido enviados por Cornelio, que, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si 'un Simón que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí." (vv. 17, 18), Providencialmente el Señor hizo que los siervos de Cornelio llegasen a donde Pedro exactamente cuando él acababa de ver la visión y oir la voz del Señor.
"Y estando Pedro pensando en la visión le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende, y no dudes ir con ellos; porque ye los he enviado" (vv. 19, 20).
Fue un ángel quien habló a Cornelio; pero el Espíritu Santo, quien mora en todo creyente en el Señor Jesucristo, le habló a Pedro. Es muy interesante notar también en este pasaje que el mandato de Cornelio dado a sus tres siervos era del Espíritu Santo (sin saberlo Cornelio), pues El le dijo a Pedro: "ye los he enviado." Cuando Dios quiere, El controla los pensamientos, sí, aun más produce u origina, los pensamientos de los hombres, por ejemplo: una noche "se le fue el sueño al rey" Assuero de Persia, y eso condujo directamente a la salvación de la destrucción total de todo el pueblo
judío esparcido por el vasto imperio de Assuero (léase Esther. cap. 6 y adelante).
"Entonces Pedro, descendiendo a los hombres que eran enviados por Cornelio, dijo: He aquí, ye soy el que buscáis; .cuál es la causa por la que habéis venido? Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nación de los judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir a su casa, y oir de ti palabras. Entonces metiéndolos dentro los hospedó. Y al día siguiente. levantándose se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe" (vv, 21 al 23).
El Espíritu Santo lo dirigió todo de manera que Pedro no podía resistir, mucho menos dudar de la soberana voluntad de Dios. Pedro fue acompañado también por testigos: "seis hermanos" (cap. 11:12) de la asamblea de Joppe-la más cercana a Cesarea (un principio importante en el establecimiento de nuevas asambleas o iglesias cristianas locales poniendo la mesa del Señor hasta el día de hoy, pues conviene que haya diestras de comunión en todo ello).
"Y al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado a sus parientes y los amigos más familiares. Y como Pedro entró, salió Cornelio a recibirle; y derribándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró y halló a muchos que se habían juntado" (vv. 24 al 27).
Cornelio tenía presente el conjunto de sus familiares y de muchos amigos para que todos oyesen las buenas nuevas de la boca de Pedro. Pero cometió un error muy grande: se derribó ante los pies de Pedro y le adoró. Pedro no quiso aceptar la adoración, ni siquiera por un segundo, de los hombres (pero ¿qué de aquel que se llama el sucesor de Pedro?), y en seguida le hizo a Cornelio ponerse de pie otra vez.
"Y les dijo: Vosotros sabéis que es abominable a un varón judío juntarse o allegarse a extranjeros; mas me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, llamado, he venido sin dudar. Así que pregunto:
"¿Por qué causa me habéis hecho venir? Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que a esta hora ye estaba ayuno; y a la hora de nona estando orando en mi casa, he aquí un varón se puso delante de mí en vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, to oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios. Envía pues a Joppe, y haz venir a un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro; éste posa en casa de Simón, el curtidor, junto a la mar; el cual venido, te hablará. Así que, luego envié a ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado" (vv. 28 al 33)
Pedro, habiéndose ya sometido a la voluntad del Señor, hizo una muy buena confesión ante los gentiles en la casa de Cornelio, diciéndoles humildemente que había sido equivocado y que Dios le había mostrado que no debiese llamar a nadie común o inmundo. Luego le preguntó a Cornelio la razón por qué de su llamado tan urgente. Cornelio, entonces, dio un resumen de la entrevista con él de parte del ángel glorioso de Dios y terminó de hablar con estas palabras sinceras: "ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado." Ese hombre de los gentiles reconoció que estaban en la presencia de Dios y no de Pedro. Tal actitud piadosa debe ser la de toda persona humilde que quiere saber la voluntad de Dios, ¿verdad?
"Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de per-zonas; sino que de cualquiera nación que le teme y obra justicia, se agrada. Envió palabra Dios a los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesucristo; éste es el Señor de todos. Vosotros sabéis lo que fue divulgado por toda Judea; comenzando desde Galilea después del, bautismo que Juan predicó, cuanto a Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judea, y en Jerusalem; al cual mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que apareciese manifiesto, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios antes había ordenado, es a saber, a nosotros que comimos y bebimos con él, después que resucitó de los muertos. Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos" (vv. 34 al 42).
Es por demás comentar sobre el sermón de Pedro, inspirado por el Espíritu Santo. Fue un resumen conciso, pero a la vez comprensivo acerca de Jesús. Terminado éste, Pedro luego anunció las buenas nuevas de salvación, el perdón de pecados:
"A éste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre" (v. 43). No cabe duda de que Cornelio, siendo amigo de los judíos, sabía algo del Dios vivo y verdadero, pero no sabía lo que los judíos no querían saber, es decir: que Jesús era el Mesías de Israel, el Cordero de Dios y el sacrificio por el pecado y el que había de resucitar de entre los muertos. Oyendo ahora Cornelio y sus parientes y amigos piadosos de 'que todos los profetas daban testimonio de Jesús y de la salvación por fe en su nombre, con sus corazones—ya preparados por Dios—creyeron el mensaje de Dios predicado por Pedro, y... ¿qué sucedió?:
"Estando aún hablando Pedro estas palabra:, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón. Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios" (vv. 44 al 46).
Cornelio y sus parientes y amigos que oyeron el sermón recibieron al Espíritu Santo, no porque hablaban en lenguas después, sino porque hablan creído el testimonio de Dios acerca de su Hijo amado Jesucristo, y acerca de la remisión, o sea el perdón de pecados por su Nombre. Leamos Efesios 1: 13 y 14: "en el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud; en el cual también desde que creísteis [no desde que hablasteis en lenguas], fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia, para la redención de la posesión adquirida para alabanza de su gloria."
A propósito, hay un pasaje en 21 Corintios 1:21, 22: "El que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios; el cual también nos ha sellado, y dado la prenda del Espíritu en nuestros corazones." Hay las tres cosas: (1) la unción del Espíritu; (2) el sello del Espíritu; y. (3) la prenda, o sea las arras, del Espíritu.
"Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas... la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros, y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, perseveraréis en El" (11 de Juan 2:20, 27). El Señor Jesús prometió que el Espíritu Santo, el Consolador, nos guiará "a toda verdad" (Juan 16:13).
No poseemos todavía nuestra herencia celestial, pero tenemos sí las arras, o sea la prenda, de ella, poseyendo al Espíritu Santo de la promesa. Para los israelitas, el racimo de uvas de Escol fue la prenda o las arras de su herencia terrenal en Canaán (véase Núm. 13:24, 25).
Luego Cornelio y sus amigos, a lo menos algunos, hablaron en lenguas, no ininteligibles o desconocidas por los oyentes, sino en lenguas entendidas. "Magnificaban a Dios" y su habla fue entendida, No es así hoy en día: nadie entiende lo que se habla en lenguas en algunas sectas, más bien es una "Babel" de "confusión" (véase Gén. 11:9). Lenguas fueron dadas al principio de la era cristiana para establecer el testimonio al Dios verdadero y omnipotente, pero una vez establecido no hay ninguna necesidad de hablar en lenguas, ya que las Sagradas Escrituras existen del Nuevo Testamento. Dice 1ª Cor. 13:8: "cesarán las lenguas." Cesaron. No son mencionadas entre los dones permanentes de la iglesia según Efesios 4:11, 12.
"Entonces respondió Pedro,: ¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días" (vv...47, 48).
En el día de Pentecostés; los judíos—para mostrarse rectos y sinceros—tuvieron que bautizarse antes de que recibiesen al Espíritu Santo (comp. Hch. 2:38). Los gentiles recibieron al Espíritu Santo primero fueron bautizados en agua después. En este caso lo fue por la autoridad apostólica de Pedro: "les mandó bautizar... " Nadie tiene esa autoridad hoy en día: el creyente de su propio ejercicio pide su bautismo, ¿verdad? Pero, sean judíos o gentiles convertidos, ambos tomaron terreno cristiano en este mundo, apartados ya externalmente, del terreno judaico y del terreno pagano por el bautismo. Las Escrituras reconocen tres clases de gente en el mundo: "sed sin ofensa a judíos, y a gentiles, y a la iglesia de Dios" (1ª Cor. 10:32).