Capítulo 22

"Ye de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta ciudad a loa piel de Gamaliel, enseñado conforme a la verdad de la ley de la patria, celoso de Dios, como todos vosotros sois hoy. Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entre.; gando en cárceles hombres y mujeres, como también el príncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los ancianos; de loa cuales también tomando letras a loa hermanos, iba a Damasco para traer presos a Jerusalem aun a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados" (vv. 3-5).
Pablo les dio a saber quién era, y contaba un resumen de cómo un hombre religioso perseguía "este camino", quiere decir, "el evangelio de Dios"... acerca de su Hijo... el Señor Jesucristo" (Rom. 1:1-41Paul, a servant of Jesus Christ, called to be an apostle, separated unto the gospel of God, 2(Which he had promised afore by his prophets in the holy scriptures,) 3Concerning his Son Jesus Christ our Lord, which was made of the seed of David according to the flesh; 4And declared to be the Son of God with power, according to the spirit of holiness, by the resurrection from the dead: (Romans 1:1‑4)). Tan grande fue su celo, que perseguía a los discípulos del Señor "hasta la muerte," ora fuesen hombres, ora fuesen mujeres. No le bastó hacerlo en Judea, sino iba a Damasco, de Siria, para llevarles de allí presos a Jerusalem.
"Mas aconteció que yendo ye, y llegando cerca de Damasco, como a medio día, de repente me rodeó mucha luz del cielo; y caí en el suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, ¿por qué me persigues? Ye entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Ye soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo. Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí te será dicho todo lo que te está señalado hacer. Y como ye no viese por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano por loa que estaban conmigo, vine a Damasco" (vv. 6-11).
¡ He aquí el encuentro del fanático religioso cuyo corazón estaba lleno de homicidio, y del misericordioso Salvador cuyo corazón estaba lleno de amor! Jesús no reprochó lo malo de Saulo de Tarso, sino que lo venció con el bien en sí mismo. ¡ Precioso Salvador! y hasta el Siglo XX tú sigues haciéndolo igual con nosotros, los pecadores empedernidos.
"Entonces un Ananías, varón pío conforme a la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, viniendo a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y ye en aquella hora le miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad, y vieses a aquel Justo, y oyeses la voz de su boca. Porque has de ser testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y bautizate, y lava tus pecados, invocando su nombre" (vv. 12-16).
Pablo, contando a los judíos iracundos la historia de su conversión milagrosa mediante la aparición del Señor Jesús, hizo mención de Ananías, un varón pío de buen testimonio entre todos los judíos en Damasco, y les dijo cómo Ananías le había confirmado la comisión divina de evangelizar "a todos los hombres" que le fue dada por Cristo mismo (comp. Hch. 26:15-18).
Pablo agregó también cómo Ananías le había exhortado: "¿Por qué te detienes? Levántate, y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre." Ahora bien, consideremos esa circunstancia. No tenemos en ella una fórmula universal de bautismo cristiano, sino un caso excepcional. Saulo de Tarso era públicamente conocido como enemigo implacable de Cristo, y perseguidor feroz del pueblo cristiano. Entonces era necesario que su arrepentimiento y cambio de posición y de actitud en este mundo, fuesen declarados. ¿Cómo se llevaría a cabo efectivamente eso? En el caso de Saulo de Tarso, por el bautismo con agua: él se lavó de sus pecados delante de los hombres (no ante Dios, pues ya habían sido perdonados todos sus pecados cuando el Señor se le apareció). El acto de bautizarse, y de confesar así públicamente el nombre de Jesucristo, era una renuncia terminante de su carrera de oposición tenaz y violenta contra Cristo y su pueblo. De esa manera decisiva, él se lavó de sus pecados.
El bautismo en agua jamás lavó, o lava, a persona alguna de la impureza de sus pecados delante de Dios. ¡Jamás! "Sin derramamiento de sangre no se hace remisión" (Heb. 9:2222And almost all things are by the law purged with blood; and without shedding of blood is no remission. (Hebrews 9:22)). Somos "rescatados... con la sangre preciosa de Cristo" (1ª Ped. 1:18, 19), no con agua. "La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1ª Juan 1:17), no de unos cuantos, sino de todos.
"¿Qué me puede dar perdón?
¡Sólo de Jesús la sangre!
¿Y un nuevo corazón?
¡Sólo de Jesús la sangre!"
"Y me aconteció, vuelto a Jerusalem, que orando en el templo, fui arrebatado fuera de mí, y le vi que me decía: Date prisa, y sal prestamente fuera de Jerusalem; porque no recibirán to testimonio de mí. Y ye dije: Señor, ellos saben que ye encerraba en cárcel, y hería por las sinagogas a loa que creían en Ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban to testigo, ye también estaba presente, y consentía a su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban" (vv. 17-20).
Pablo tenía aún vivo en su memoria de lo que había hecho en su celo religioso, de cuantos cristianos había encarcelado y consentido a su muerte, inclusive la de Esteban (léase Hch. 7:51-60). Se había arrepentido profundamente de todo eso. Ahora se acordó de que-siendo arrebatado fuera de sí-el Señor Jesús le mandó salir de Jerusalem, por cuanto los judíos no recibirían su testimonio de El. Entonces ¿ por qué estaba Pablo otra vez en el templo en Jerusalem? Porque no había obedecido las amonestaciones del Espíritu Santo.
"Y me dijo [el Señor]: Ve, porque ye te tengo que enviar lejos a los gentiles. Y le oyeron hasta esta palabra: entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a un tal hombre, porque no conviene que viva" (vv. 21-22).
Los judíos orgullosos y celosos de su religión no podían soportar el hecho de que su Dios también fuese anunciado como el Dios Salvador de los gentiles. "No agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres; prohibiéndonos hablar a los gentiles, a fin de que se salven, para henchir la medida de sus pecados siempre: pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo" (1ª Tes. 2:15, 16).
"Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas y echando polvo al aire, mandó el tribuno que le llevasen a la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. Y como le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un hombre romano sin ser condenado? Y como el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? porque este hombre es romano. Y viniendo el tribuno, le dijo: Dime, ¿eres tú romano? Y él dijo: Sí. Y respondió el tribuno: Ye con grande suma alcancé esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero ye lo soy de nacimiento. Así que, luego se apartaron de él los que le habían de atormentar; y aun el tribuno también tuvo temor, entendido que era romano, por haberle atado" (vv. 23-29).
Con la crueldad característica de un militar, el tribuno mandó examinar a Pablo con latigazos, pero éste aprovechó su ciudadanía romana para preguntar al centurión si ese proceder era lícito, siendo Pablo romano. Llegando luego el tribuno, interrogó a Pablo y descubrió que éste era de mayor dignidad que el soldado, por ser romano de nacimiento, mientras el soldado, tal vez un mercenario al principio, había pagado gran precio para alcanzar la ciudadanía. Se dice que Tarso, donde Pablo nació, era una ciudad que había ayudado a los romanos en sus guerras de conquista. Entonces el emperador otorgó ciudadanía romana a todas las familias de Tarso de Cilicia, una provincia lejos de Italia.
¡ Qué bueno es saber que nuestro Dios lo sabe todo y lo aprovecha para cumplir con sus propósitos! Fue por "edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada" (Luc. 2:1), y ese edicto hizo que José y María fuesen a Bethlehem, porque la Escritura había dicho proféticamente que Cristo nacería en Bethlehem (léase Miqueas 5: 2; Matt. 2:4-64And when he had gathered all the chief priests and scribes of the people together, he demanded of them where Christ should be born. 5And they said unto him, In Bethlehem of Judea: for thus it is written by the prophet, 6And thou Bethlehem, in the land of Juda, art not the least among the princes of Juda: for out of thee shall come a Governor, that shall rule my people Israel. (Matthew 2:4‑6)). Y el edicto del emperador romano hizo que Pablo naciese ciudadano romano, una circunstancia de la cual el Señor se aprovechó en beneficio de su fiel siervo, Pablo.