Capítulo 23

"Y al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por qué era acusado de los judíos, le soltó de las prisiones, y mandó venir a los príncipes de los sacerdotes, y a todo su concilio; y sacando a Pablo, le presentó delante de ellos. Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, ye con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy. El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entonces a los que estaban delante de él, que le hiriesen en la boca. Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir? Y loa que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices? Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: Al príncipe de to pueblo no maldecirás" (22:30 al 23:5).
Al principio del servicio de Pablo como apóstol, está escrito que estaba "lleno del Espíritu Santo" (Hch. 13:9); pero ahora ¡ pobre de Pablo! Ante el concilio de los judíos él empieza a testificar, no de Cristo, sino de sí mismo. Luego maldijo al sumo sacerdote, diciéndole: "Herirte ha Dios, pared blanqueada." Después, reprendido, tuvo que confesar: "no sabía, hermanos."
Todo eso fue el resultado de no haber escuchado las amonestaciones del Espíritu Santo a que no fuese a Jerusalem (léase Hch. 21:11-14). El Señor Jesús nunca tuvo que confesar: "No lo sabía."
"Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de saduceos, y la otra de fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, ye soy fariseo, hijo de fariseo: de la esperanza y de la resurrección de loa muertos soy ye juzgado" (v. 6). Un paso errado conduce a otro: Pablo, en vez de declarar la verdad conforme a la doctrina celestial que le fue dada por revelación-que ya no era judío sino cristiano-se declaró "fariseo, hijo de fariseo." Nos parece que eso fue con motivo de salvarse de la situación, pues él mismo escribió posteriormente: "No hay griego ni judío... mas Cristo es el todo, y en todos" (Col. 3:1111Where there is neither Greek nor Jew, circumcision nor uncircumcision, Barbarian, Scythian, bond nor free: but Christ is all, and in all. (Colossians 3:11)).
"Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los fariseos y loa saduceos; y la multitud fue dividida. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, fi espíritu; más loa fariseos confiesan ambas cosas. Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían diciendo: "Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, o ángel, no resistamos a Dios. Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado de ellos mandó venir soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle a la fortaleza" (vv. 7-10).
Tenemos todavía en el cristianismo a los "saduceos," es decir, los modernistas que no creen que Cristo resucitó de los muertos; y los "fariseos," los ortodoxos (sean católicos o protestantes) que aceptan que "hay resurrección... ángel... pero, confiados en su propia justicia, no se arrepienten de sus pecados ni aceptan al Señor Jesucristo como su Salvador (comp. Luc. 18:9-14).
La confesión de fe de un verdadero cristiano debe ser ésta: "Pertenezco a Cristo. El murió por mí, un pecador perdido, y resucitó para mi justificación. El es mi todo, 'el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mi' " (Gál. 2:20); más bien que ampararse con un título, o denominación, diciendo: "soy católico," o "soy protestante," o "soy judío." Otra vez Pablo fue llevado a la fortaleza, preso bajo el poder del imperio romano. En la segunda noche que él se hallaba en cadenas, el gran amor de su Salvador cariñoso le fue manifestado, después de que él había fracasado en su testimonio: "y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques también en Roma" (v. 11). ¡ Cuán bondadoso es el Señor, aparecerse a Pablo en ese momento y darle un mensaje tan alentador! ¡ Cuán conmovedor al corazón de éste cuando su ánimo estaba decaído! ¡ Y cuán consolador para nosotros-creyentes del siglo XX-, reconocer que el mismo Señor de Pablo es nuestro Señor también, y sabe hacernos sentir el calor de su grande amor aun cuando nosotros mismos hayamos fracasado, posiblemente en más alto grado que Pablo!
"Y venido el día, algunos de los judíos se juntaron, e hicieron voto bajo maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto a Pablo. Y eran más de cuarenta loa que habían hecho esta conjuración; loa cuales se fueron a los príncipes de loa sacerdotes y a loa ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo. Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le saque mañana a vosotros como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estaremos aparejados para matarle" (vv. 12-15). Aquí podemos aplicar el refrán común: "El hombre propone, mas Dios dispone."
"Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fue, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo" (v. 16).
"No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová" (Prov. 21:3030There is no wisdom nor understanding nor counsel against the Lord. (Proverbs 21:30)). El Señor constriñó a "Gamaliel" que diese su consejo para salvar las vidas de los apóstoles (véase Hch. 5:29-42). En otra ocasión, para salvar a Pablo y sus compañeros, lo mismo con el "escribano" de la ciudad de Efeso (véase Hch. 19:28-40). Ahora utiliza al sobrino de Pablo, que había oído del complot para matar a su tío. Veremos lo que sucedió. "Y Pablo, llamando a uno de los centuriones, dice: Lleva a este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo, llamándome, me rogó que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que hablarte. Y el tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? Y él dijo: Los judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta. Mas tú no les creas; porque más de cuarenta de ellos le acechan, los cuales han hecho voto debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando to promesa" (vv. 17-21).
"Y llamados dos centuriones, (el tribuno) mandó que apercibiesen, para la hora tercia de la noche doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo, y doscientos lanceros; y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Fa: el Presidente" (vv. 23, 24).
El tribuno-sabiendo que Pablo era ciudadano romano y que su vida estaba en peligro-tomó toda precaución para. que no fuese asesinado por los 40 judíos (véase v. 21). Le mandó al gobernador de la provincia, Félix, tratándole muy humanitariamente. "Y escribió una carta en estos términos:
"Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. A este hombre, aprehendido de los judíos, y que iban ellos a matar, libré ye acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era romano. Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos; y hallé que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte o de prisión. Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los judíos, luego al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Pásalo bien" (vv. 25-30).
Claudio Lisias escribió una mentira al gobernador Félix: dijo: "a este hombre... libré ye acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era romano". La verdad fue que el tribuno le había preguntado a Pablo: "¿No eres tú aquel egipcio...?" (cap. 21:38). Mas para llenarse de mérito ante Félix le escribió la mentira, "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso" (Jere. 17: 9).
"Y los soldados, tomando a Pablo como les era mandado, lleváronle de noche a Antipatris. Y al día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza. Y como llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia otra; y entendiendo que de Cilicia, te oiré, dijo, cuando vinieren tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el pretorio de Herodes." (vv. 31-35).
Así Pablo empezó el largo viaje que iba a terminar en Roma. Pronto comparecería ante "reyes," conforme a la profecía dada a Ananías, el discípulo en Damasco (cap. 9:15).