Capítulo 4

"Y hablando ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo,- y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de los muertos." (vv. 1, 2).
En el capítulo 5:17, leemos que "el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él" eran de "la secta de los saduceos." En el capítulo 23:8 leemos que "los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu". Eran los "modernistas" de aquel entonces. Se opusieron al Señor Jesús, y al testimonio de todos sus apóstoles, siendo enemigos orgullosos y tenaces de la verdad. ¡ Qué estado más triste de los judíos: teniendo por gran pontífice a un apóstata!
"Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente; porque era ya tarde. Mas muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y fue el número de los varones como cinco mil" (vv. 3, 4).
Aunque los judíos estaban sujetos al poder del imperio de Roma, sin embargo las autoridades romanas dejaban que los judíos se gobernaran entre sí. Pilato no quería enjuiciar a Jesús, diciendo a los príncipes de los sacerdotes: "Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en El crimen" (Juan 19:6). Los mismos sacerdotes echaron mano a los apóstoles del Señor Jesús y los metieron en la cárcel como si fueran criminales. Pero el diablo no podía estorbar la obra de Dios: de los que habían oído la palabra predicada por Pedro, ¡"cre-yeron ... .como cinco mil" varones!
"Y aconteció al día siguiente, que se juntabéis hecho 'vosotros esto? Entonces Pedro, lleno ancianos, y los escribas; y Anás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal; y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, Peno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel: pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza de ángulo. Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (vv. 5-12).
A la pregunta crítica hecha por los líderes de los judíos, llenos de orgullo, celo y su importancia propia, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dio respuesta directa, advirtiéndoles que fue por el nombre de Jesucristo del pueblo despreciado de Nazaret, al cual ellos habían crucificado, que el hombre cojo había sido sanado; además, que no había salvación alguna sino solamente por el nombre glorioso de Jesús.
"Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras e ignorantes, se maravillaban; y les conocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba con ellos, no podían decir nada en contra. Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferían entre si, diciendo: ¿Qué hemos de hacer a estos hombres? porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar. Todavía, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémoslos que no hablen de aquí adelante a hombre alguno en este nombre. Y llamándolos, lea intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Entonces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Ellos entonces los despacharon amenazándolos, no hallando ningún modo de castigarlos, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios de lo que había sido hecho. Porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, era de más de cuarenta años" (vv. 13-22).
El secreto del verdadero poder espiritual es muy sencillo: vivir constantemente en comunión con, o sea en la compañía de, Jesús.
"Dulce comunión la que gozo ya
En los brazos de mi Salvador.
¡Qué gran bendición en su paz me da!
Oh! ye siento-en mí su tierno-amor."
Pedro y Juan eran hombres sin letras e ignorantes, pero habían estado con Jesús. Nos acordamos del dicho de un hermano ya finado: "Dios puede usar a un hombre educado a pesar de su educación; también puede usar a un hombre ignorante a pesar de su ignorancia."
Los líderes de los judíos no quisieron arrepentirse; más bien-con los ojos abiertos-querían tapar el testimonio del Señor Jesús; pero la respuesta inspirada de Pedro y Juan fue decisiva: "no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído." Los saduceos tuvieron que despacharlos, sin castigarles, pues tenían miedo del pueblo común que glorificaba a Dios por cuanto que el cojo de más de cuarenta años de edad fue sanado.
"Y sueltos, vinieron a los suyos, y contaron todo lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que por boca de David, to siervo, dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas? Asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra to santo Hiio Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y los pueblos de Israel. para hacer lo que to mano y to consejo habían antes determinado que había de ser hecho. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen to palabra; que extiendas to mano a que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de to santo Hijo Jesús. Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza" (vv. 23-31).
"Sueltos" de una cárcel, sueltos de los trabajos cotidianos, o sueltos de otras ataduras, ¡ qué privilegio precioso para los creyentes en el Señor Jesús es allegarse a los suyos, a los que son también de Cristo!, sea para dar gracias a Dios, para orar, o para edificarse sobre su santísima fe.
Los apóstoles contaron a los suyos todo lo sucedido. Luego (y ésta es la primera oración de la era cristiana anotada en la Biblia), alzaron unánimes la voz a Dios, reconociéndole como el gran Creador y citando del Salmo 2 lo que había tenido su cumplimiento en el rechazamiento del Cristo de Dios de parte de los grandes de este mundo. Reconocieron también que Dios estaba muy por encima de las actuaciones de los hombres, haciendo que todas contribuyesen a la consumación de Sus consejos eternos, como se nos declara Prov. 21:3030There is no wisdom nor understanding nor counsel against the Lord. (Proverbs 21:30): "No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová;" y también 2ª Cor. 13:8: "Porque ninguna cosa podemos contra la verdad, sino por la verdad."
Es de notar que los cristianos-desde el principio de la formación de la iglesia-no rogaron al Señor que destruyese a los enemigos de ellos, como le pidieron a Jehová los israelitas. Sólo le rogaron que tomara en cuenta las amenazas de sus enemigos, y que les diera fuerzas para poder dar testimonio fiel y que lo confirmara por medio de milagros, para que la gente se diera cuenta de que el Dios vivo y verdadero era el Dios de los cristianos, y creyera al evangelio de su gracia.
Sanidades físicas, milagros de varias índoles y prodigios acompañaban el testimonio primitivo de los cristianos, confirmando el evangelio de Dios, una cosa enteramente nueva en el mundo. Pero una vez establecido el testimonio, las vidas mismas de los creyentes confirmaban la proclamación de la verdad santa de Dios; entonces sanidades y milagros eran innecesarios. Si las vidas de los cristianos profesantes ("letras... sabidas y leídas de todos los hombres"- 2ª Cor. 3:2) no hubieran acreditado
el evangelio, ni sinnúmero de milagros lo habría confirmado.
Las manifestaciones del Espíritu de Dios en ciertas prácticas contadas en el libro de los Hechos eran transicionales en su carácter. Cuando llegamos a las epístolas de Pablo escritas a las iglesias en siete lugares, iglesias ya establecidas en su testimonio público, él no les habló de sanidades y milagros y prodigios, excepto en 13 Cor. capítulos 12 a 14, en donde también regulaba el uso de las "lenguas" e intimó que cesarían. En sus epístolas posteriores escritas a los efesios, filipenses y colosenses, no hizo mención alguna de sanidades y milagros, tampoco a los romanos, gálatas y tesalonicenses; más bien en Romanos 8: 23 leemos que "todas las criaturas gimen a una, y... nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos." Pablo no sanó a su consiervo fiel, Timoteo, más bien le recetó un medicamento (11 Tim. 5:2323Drink no longer water, but use a little wine for thy stomach's sake and thine often infirmities. (1 Timothy 5:23)); tampoco sanó a su consiervo Trófimo, más bien le dejó en Mileto enfermo (2ª Tim. 4:20). La meta de la vida cristiana, según
Dios, en primer lugar es la prosperidad espiritual y no el bienestar físico. "Amado, ye deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como to alma está en prosperidad" (3ª Juan 2).
No negamos que Dios es soberano y que puede obrar milagrosamente para confirmar su testimonio por dondequiera, pero no olvidemos que "según operación de Satanás"... puede haber "grande potencia, y señales, y milagros mentirosos" (2ª Tes. 2:9). "Por sus frutos los conoceréis." Los que son de Satanás no llevan buen fruto con santidad.
Al terminar de orar los creyentes en Jerusalem, Dios sí contestó de manera milagrosa: "el lugar" (no los creyentes, notemos) "tembló"; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, 'y hablaron la palabra de Dios con confianza." Aquellos creyentes ya habían recibido al Espíritu Santo, el cual moraba en cada uno de ellos. El que no tiene al Espíritu Santo no es cristiano verdadero. "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él" (Rom. 8:99But ye are not in the flesh, but in the Spirit, if so be that the Spirit of God dwell in you. Now if any man have not the Spirit of Christ, he is none of his. (Romans 8:9)). Pero ser lleno del Espíritu Santo es otra cosa: "no os embriaguéis de vino. en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu" (Efe. 5:18). Otro ha escrito: "... el Espíritu debe apoderarse de nuestros afectos. pensamientos e inteligencia de tal modo que El sea su única fuente conforme a su energía propia y poderosa y a la exclusión de todo lo demás."
"Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes. Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos. Que ninguno necesitado había entre ellos: porque todos los que poseían heredades o casas, vendiéndolas, traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y era repartido a cada uno según que había menester" (vv. 32-35).
¡ He aquí una verdadera comunión, jamás conocida antes en el mundo mezquino, mucho menos en el día de hoy! La oración del Señor Jesús fue contestada: "no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y ye en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo cera que tú me enviaste" (Juan 17: 20, 21).
El Espíritu Santo no era contristado: los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; no había ningún espíritu egoísta entre los creyentes, y los que poseían bienes los pusieron a los pies de los apóstoles para repartir a los necesitados. (Véase Prov. 11:24-2524There is that scattereth, and yet increaseth; and there is that withholdeth more than is meet, but it tendeth to poverty. 25The liberal soul shall be made fat: and he that watereth shall be watered also himself. (Proverbs 11:24‑25)). No cabe duda de que muchos de los judíos que confesaron a Cristo como su Salvador padecieron el robo de sus bienes, y con gozo (véase Heb. 10:3434For ye had compassion of me in my bonds, and took joyfully the spoiling of your goods, knowing in yourselves that ye have in heaven a better and an enduring substance. (Hebrews 10:34)); pero precisaban de socorro material.
"Entonces José, que fue llamado de los apóstoles por sobrenombre, Bernabé, (que es interpretado, Hijo de consolación) levita, natural de Cipro, como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y púsolo a los pies de los apóstoles" (4:36-37).
"Bernabé... Hijo de consolación." ¡Cuánto precisa la iglesia de Dios de tales siervos del Señor! Ese hermano, compadeciéndose de los creyentes necesitados entre los judíos, vendió "una heredad" y entregó el precio íntegro a los apóstoles para que se repartiera entre los pobres. "Bernabé" no era uno de los doce apóstoles escogidos por el Señor Jesús en "los días de Su carne;" fue escogido después (Véase Hechos 13: 2 y 14: 4 y 14): "los apóstoles Bernabé y Pablo." Bernabé había sido fiel en lo material, y el Señor le encomendó lo espiritual. Un creyente egoísta nunca es espiritual.