Estos dos capítulos presentan la última transición del judaísmo al cristianismo. El perfecto sacrifico del Señor como el Cordero de Dios es visto como el cumplimiento de todos los sacrificios del Antiguo Testamento en el sistema judaico. Con este cumplimiento, ya no habría necesidad para que los sacrificios judíos continuaran. Entonces, todo ese sistema sacrificial sería hecho a un lado por consecuencia (Hebreos 10:1-18). Ya no hay más necesidad de “ofrenda por el pecado” según el orden antiguo bajo la Ley (Hebreos 10:18).