Cómo conocer la voluntad de Dios: Parte 1

Table of Contents

1. "La encrucijada"
2. La voluntad de Dios
3. 1) Creer en el Señor Jesucristo
4. 2) Agradecerle
5. 3) Entregarnos al Señor
6. 4) Andar en santidad
7. 5) Venir al conocimiento de la verdad
8. 6) Obedecer toda institución humana
9. 7) Servirle a Él

"La encrucijada"

Me gustaría hablarles esta noche y mañana por la noche sobre el tema de la voluntad de Dios, y cómo conocerla para nuestras vidas. Es un tema muy práctico que todos necesitamos. Wally me ha pedido que empiece hablando un poco del evangelio, lo que es sin lugar a duda necesario, porque no estamos seguros de que todos los presentes sean salvos. Nos gustaría pensar que todos lo son, pero no lo sabemos. La Biblia dice: “Conoce el Señor á los que son Suyos” (2 Timoteo 2:19).
Así que comenzaremos este tema desde el principio, con el evangelio. Veamos primero Proverbios 8:1-2: “¿No clama la sabiduría, y da su voz la inteligencia? En los altos cabezos, junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para”. Quiero hablarles sobre las encrucijadas. Ya saben que las encrucijadas son un lugar de decisión; el viajero debe decidir qué camino tomar. No puedes hacer como dijo una vez Yogi Berra: “Cuando llegues a la bifurcación, ¡tómala!”. No, no puedes ir en ambas direcciones; tiene que ser una u otra.
Puede haber alguien aquí que esté en una encrucijada en su vida en lo que respecta a la eternidad. Tal vez esté contemplando tomar el camino que no sabe que es la bifurcación equivocada. La sabiduría divina le llama mediante el evangelio a elegir la vida, a elegir a Cristo. Rogamos a Dios que oyera las palabras por las cuales será salvo (Hechos 11:14). La Biblia dice: “A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente” (Deuteronomio 30:19). El Señor ha dicho: “Inclinad vuestros oídos, y venid á Mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno” (Isaías 55:3). La Palabra de Dios también dice: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle” (1 Reyes 18:21). Lo más lógico que puede hacerse es “Amístate ahora con Él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien” (Job 22:21). Así que, amigo, la voz de la sabiduría está clamando en “la encrucijada”, y te está llamando para que vengas a Cristo y comiences una relación con Él por fe. Él te salvará de perecer en una eternidad perdida y te guiará por las sendas de la vida (Mateo 11:28-29).
Ahora, además de los perdidos que puedan estar en nuestra audiencia, sé que hay muchos entre nosotros que son verdaderos cristianos. También sé que muchos de ustedes, de una manera u otra, están en “la encrucijada” en sus vidas cristianas. Se enfrentan a decisiones —decisiones importantes— en las que necesitan orientación y ayuda. Así que quiero hablar sobre conocer la voluntad de Dios de una manera general esta noche; y luego mañana por la noche ver cómo podemos conocer la voluntad de Dios para cosas específicas en nuestras vidas.
Saben, se dice que la mayoría de las decisiones importantes que una persona toma en su vida ¡las toma en su juventud! Estas decisiones suelen tener un gran efecto en la dirección de toda nuestra vida, e incluso formarán nuestro carácter.
Está la decisión más importante de todas: recibir a Cristo como Salvador. Es una decisión que suele tomarse en la juventud. (Las estadísticas nos dicen que cuanto más envejece la gente, menos inclinados están en acudir a Cristo para su salvación). Luego está la decisión de con qué compañía o comunidad de cristianos te identificarás. Y también, la decisión de a qué carrera te dedicarás; y dónde vivirás. También está la decisión de con qué clase de compañeros te asociarás, y particularmente, ¡la persona con la que te casarás! Y así sucesivamente.... Todas estas grandes decisiones de la vida suelen tomarse cuando somos jóvenes. ¡Puesto que a menudo afectan al resto de la vida, son muy importantes! Así que es de vital importancia que tengamos la sabiduría de Dios en nuestras vidas, para que tomemos las decisiones correctas. Si permitimos que Él nos dirija según Su voluntad, comprobaremos la bendición de Su sabiduría. Descubriremos que “la sabiduría es justificada de todos sus hijos” (Lucas 7:35). Esperamos y oramos para que cada uno de los jóvenes aquí presentes esta noche tenga un verdadero deseo de hacer la voluntad de Dios.
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Adaptado de una prédica pronunciada por Bruce Anstey en Lassen Pines, California, EE. UU. el 2 de julio de 2004.
Escrituras tomadas de La Biblia de las Américas® (LBLA®), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. www.LBLA.com

La voluntad de Dios

Veamos en un par de Escrituras algunos prerrequisitos que tienen que ver con la voluntad de Dios. Efesios 5:15-17 dice: “Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; redimiendo el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. Aprendemos de este pasaje un gran punto que tiene que ver con la voluntad de Dios; y es, que ¡Él quiere que la conozcamos! Nunca debemos pensar que Dios no está realmente interesado en mostrarnos Su voluntad. Estos versículos nos dicen claramente que Él está de nuestro lado, y quiere que conozcamos Su voluntad. Algunos de ustedes podrían decir: “¿Cómo podría Dios estar interesado en mí como individuo, cuando hay 7 mil millones de personas en el mundo?”. Amigos, estamos aquí para decirles que Dios está interesado en ustedes. Él es una Persona infinita que está al tanto de la vida de cada persona en este mundo. ¡Y ama a cada una de ellas con un amor especial! El Dios que presentamos esta noche es un Dios muy personal y práctico. El Señor se preocupa por ti y se interesa por todos los detalles de tu vida (1 Pedro 5:7). Él no quiere que cometas muchos errores para que tu vida resulte un fracaso lleno de tristeza y angustia. Él quiere tomar las decisiones en tu vida por ti, para que tu vida sea una bendición y no un fracaso. Aquel que conoce todas las cosas, que abunda en todo poder y sabiduría, que guía los planetas y las estrellas en perfecto orden, ¡puede fácilmente guiar la vida de un cristiano a través de este mundo! Él sabe qué es lo mejor para ti; y si pones tu vida en Sus manos, probarás por experiencia la bendición de Su voluntad. Y no te arrepentirás de haberlo hecho. Nunca hemos conocido a un cristiano que haya puesto su vida a disposición del Señor, para ser usada en Su servicio, que al final de su vida diga que desearía no haberlo hecho. Por otro lado, aquellos que rehúsan considerar los principios de la guía de Dios, y escogen su propio camino en la vida, usualmente hacen un desastre con ella. Al final se llenan de remordimientos.
Así que queremos dejar este punto perfectamente claro desde el principio: que el Señor está interesado en mostrarnos Su voluntad para nuestras vidas. Podrías decir: “Bueno, si eso es cierto, entonces ¿por qué no me lo dice claramente de una vez?”. Bueno, Él sí quiere hacerlo; y vamos a mostrarte claramente en las Escrituras cuál es Su voluntad para ti. Una de las razones por las que Él no te dice cuáles son los detalles de Su voluntad en tantas palabras “de una vez”, por así decirlo, es que Él quiere que aprendamos a andar por fe. Quiere que aprendamos a confiar en Él. Esto es algo que debe ser desarrollado en nuestras vidas espirituales, y es esencial para nuestro crecimiento espiritual. En cualquier caso, aferrémonos a este gran hecho: que ¡Él quiere que conozcamos Su voluntad!
Ahora vayamos a 1 Pedro 4:1-3: “Pues que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también estad armados del mismo pensamiento: que el que ha padecido en la carne, cesó de pecado; Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no á las concupiscencias de los hombres, sino á la voluntad de Dios. Porque nos debe bastar que el tiempo pasado de nuestra vida hayamos hecho la voluntad de los Gentiles, cuando conversábamos en lascivias, en concupiscencias, en embriagueces, abominables idolatrías”. He aquí otro gran punto sobre la voluntad de Dios. Además de que Él quiere que conozcamos Su voluntad, ¡también quiere que vivamos el tiempo que nos queda haciendo Su voluntad!
Estos versículos que hemos leído en 1 Pedro nos dicen que nuestras vidas están realmente divididas en dos partes. Esto es cierto para todos nosotros, seamos viejos o jóvenes. Las dos partes son “el tiempo pasado” y “el tiempo que queda”. No podemos hacer nada acerca del tiempo pasado; que puede haber sido vivido para complacerse a uno mismo, como dice aquí: “las concupiscencias de los hombres”. Pero podemos hacer algo sobre el resto de nuestro tiempo. Y de eso es de lo que queremos hablar aquí esta noche. Él no quiere que desperdiciemos nuestras vidas viviendo para la carne. Los que viven para la carne son infelices y no están satisfechos con la vida. Se sienten vacíos e incompletos, si tan sólo lo admitieran. Dios quiere que hagamos Su voluntad, y probar la bendición que conlleva.
Veamos otro pasaje introductorio. Vayamos al Salmo 40:7-8: “Entonces dije: He aquí, vengo; En el envoltorio del libro está escrito de Mí: El hacer Tu voluntad, Dios mío, hame agradado; y Tu ley está en medio de Mis entrañas”. El punto que quiero resaltar de este versículo es que ¡es agradable hacer la voluntad de Dios! Queremos que entiendas esto desde el principio de nuestro estudio sobre la voluntad de Dios: que andar en el camino de la voluntad de Dios es algo verdaderamente feliz. Menciono esto porque el diablo tratará de decirles que entregar su vida a la voluntad de Dios será algo seco y aburrido, y que lo lamentarán después. Amigos, ¡este versículo nos dice que eso no es verdad! ¡Es una mentira del diablo! Aquellos que han entregado sus vidas a la voluntad de Dios son las personas verdaderamente felices y realizadas en este mundo.
Así que, de estas tres Escrituras introductorias aprendemos que:
•  Dios quiere que conozcamos Su voluntad.
•  Dios quiere que hagamos Su voluntad.
•  Dios quiere que experimentemos el gozo de andar en Su voluntad.
Tal vez te preguntes: “Bueno, pero ¿cuál es la voluntad de Dios?”. Para eso te apunto a Efesios 1:8-10. “Que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría é inteligencia; descubriéndonos el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, que se había propuesto en Sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra: En Él”. ¡Esta es la voluntad de Dios! Dios ha ordenado un día (lo llamamos el Milenio) en el cual Él va a exaltar públicamente a Su Hijo en dos esferas: en el cielo, y en la tierra. Y en ese día, el Señor Jesucristo va a tener un complemento a Su lado: la iglesia, Su novia, ¡un vaso de testimonio especialmente formado, a través del cual Dios mostrará o transmitirá la gloria de Cristo ante el mundo! En pocas palabras, ¡LA VOLUNTAD DE DIOS ES GLORIFICAR A SU HIJO!
Lo que Dios está haciendo hoy es llamar a personas tanto de los judíos como de los gentiles por medio del evangelio. Ellos son el material que compondrá ese vaso de testimonio, el cuerpo y la novia de Cristo. Lo que estoy diciendo es que cuando somos salvos, nos convertimos en parte de ese vaso especialmente formado que finalmente será usado para mostrar la gloria de Cristo. Para eso es para lo que Dios nos salvó: ¡para glorificar a Su Hijo! Sin embargo, Él no quiere esperar a ese día venidero de exhibición para que nosotros glorifiquemos a Cristo; Él quiere que lo glorifiquemos ahora mientras estamos aquí en este mundo. ¡Y si vivimos nuestras vidas en la voluntad de Dios, glorificaremos a Cristo!
Muchos cristianos abordan el tema de la voluntad de Dios por el lado equivocado. Buscan en las Escrituras para averiguar lo que Dios tiene que decir acerca de ellos; buscan para ver sus bendiciones, sus privilegios, y cómo las cosas pertenecen a sus vidas, etc. Ciertamente, hay mucho en la Palabra que sirve para ese fin, pero me temo que esa perspectiva es un poco egoísta e inmadura. El mejor y el más bendecido camino es buscar en la Palabra de Dios para ver cuál es la voluntad de Dios respecto a Su Hijo. Queremos buscar a Cristo en la Palabra, encontrar lo que lo glorifica, y ser encontrados haciendo esas cosas. Como mencionamos, Dios quiere que Su Hijo sea glorificado en este mundo ahora, a través de las vidas de aquellos que componen Su cuerpo. Todos los detalles de nuestras vidas deben estar al servicio de ese objetivo. No son más que componentes en el gran cuadro de glorificar a Su Hijo. ¡Esta es la clave para entender la voluntad de Dios en nuestras vidas!
Todo lo que tiene que ver con la voluntad de Dios en nuestras vidas debe apuntar en última instancia a la exaltación y glorificación de Su Hijo. En cada decisión que tomemos queremos tener en cuenta ese gran objetivo de Dios. Su aplicación práctica en nuestras vidas se extenderá a influenciar hasta en el tipo de coche que vamos a comprar, dónde vamos a vivir, con quién nos casaremos, etc. Esas cosas, digo yo, son sólo componentes del objetivo definitivo de la voluntad de Dios de glorificar a Su Hijo. Si comprendemos este gran punto, nos será de gran ayuda para discernir la voluntad de Dios para nuestras vidas.
Así pues, tenemos ante nosotros “la encrucijada”, el lugar de la decisión. Esperamos que tú tomes aquí esta noche la decisión de dejar que el Señor guíe tu vida, para que tengas los efectos positivos de Su bendición en tu vida. La vida cristiana es realmente muy sencilla: ¡es sólo hacer la voluntad de Dios! El Señor tiene un plan para cada una de nuestras vidas; y si vivimos en él, probaremos que “perfecto Su camino” (Salmo 18:30). Ese plan será ligeramente diferente para cada uno de nosotros; porque lo que Él tiene para que tú hagas será algo ligeramente diferente de lo de la siguiente persona, pero los elementos básicos de la voluntad de Dios serán los mismos para todas nuestras vidas. Quiero mirar esas cosas básicas ahora; y entonces mañana por la noche podemos mirar algunas de las maneras específicas en las cuales Él nos dirige.
Ahora veamos algunas Escrituras que tienen que ver con los elementos fundamentales de la voluntad de Dios para nuestras vidas, porque la Palabra de Dios nos dice muy claramente cuáles son estas cosas.

1) Creer en el Señor Jesucristo

Vayamos a Juan 6:38-40: “Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que Me envió, del Padre: Que todo lo que Me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que Me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna: y Yo le resucitaré en el día postrero”. Tenemos aquí la primera gran cosa que tiene que ver con la voluntad de Dios. En lo que respecta a conocer cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, aquí es donde comienza. En pocas palabras, es creer en el Señor Jesucristo. Dios lo ha dejado muy claro; Él quiere que creas en Su Hijo, el Señor Jesucristo. Y qué maravilloso que el Señor Jesús dice: “Al que á Mí viene, no le hecho fuera”. Cada persona que ha escuchado el llamado del evangelio, y ha respondido acudiendo al Señor Jesús, ¡nunca ha sido rechazada! No importa qué clase de persona sea, o qué clase de pecados haya cometido, o qué clase de vida haya vivido, nadie ha sido rechazado. Él ha dicho: “Venid á Mí todos los que estáis trabajados y cargados, que Yo os haré descansar. Llevad Mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. El Señor Jesús está invitando a cada persona a venir a Él en fe, y entrar en una relación con Él mismo, y así, emprender un camino a través de este mundo de hacer la voluntad de Dios.
Aquí, amigos, es donde comienza el conocer y hacer la voluntad de Dios: teniendo una relación con el Señor Jesús. Permítanme preguntarles: “¿Conocen al Señor Jesús como su Salvador? ¿Ha habido alguna vez en sus vidas una transacción personal de fe con Él? ¿Le han pedido alguna vez que lave sus pecados y les salve?” Si nunca has acudido a Él para salvación, no puedes esperar tener la voluntad de Dios en tu vida; esto debe venir primero. Lo que tenemos que decir en el resto de esta predicación tendrá muy poco significado para ti, si no eres salvo, excepto que podrías ver lo que te estás perdiendo en tu vida. No hay mejor momento que ahora para atender el llamado del Señor, y acudir a Él, y ser salvo. Es la voluntad de Dios que lo hagas. Así que, si quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida, es, en primer lugar, creer en el Señor Jesucristo.

2) Agradecerle

Vayamos a 1 Tesalonicenses 5:18: “Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Aquí tenemos una segunda cosa que indicaría la voluntad de Dios para nuestras vidas: dar gracias en todo. ¡Qué privilegio es ése! Y una de las primeras razones por las que puedes empezar a darle gracias es por morir por ti en la cruz. ¿Alguna vez le has dado gracias al Señor Jesús por tomar tu lugar en la cruz y sufrir por tus pecados, y por morir por ti? ¡Ese es un lugar maravilloso para comenzar! ¡Es algo que deberíamos hacer todos los días de nuestra vida! Es la voluntad de Dios.
Una manera muy especial de darle gracias es en la Cena del Señor, el partimiento del pan. El objetivo allí, por supuesto, es recordarle en Su muerte, pero no podemos pensar en Su amor, cuando se entregó por nosotros en la muerte, sin que nuestros corazones se eleven en alabanza y acción de gracias. Qué maravilloso privilegio es responder a Su amorosa petición de recordarlo en Su muerte, y dar gracias de esta manera tan bendecida. ¿Has respondido a Su petición de recordarlo de esa manera? Es Su voluntad que lo hagas (Lucas 22:19).
Pero Dios no quiere que le demos gracias sólo por lo que hizo en la cruz para salvarnos. Este versículo dice: “Dad gracias en todo”, es decir, en todos los detalles de nuestra vida, incluso en las cosas que quizá no entendemos. Dios está trabajando en amor divino para lograr Su propósito en nuestras vidas, y todo lo que Él permite que suceda es conforme a Su voluntad, y quiere que le demos gracias por ello. Porque “sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados” (Romanos 8:28).
Hay muchas cosas desconcertantes que suceden en nuestras vidas y que nos cuesta entender por qué el Señor las permite. Pero necesitamos tener la seguridad de confiar en Él por todo lo que Él permite, y agradecérselo. Sólo recuerda esa Escritura en Juan 13:7 que dice: “Lo que Yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después”. Él sabe mejor; y todo lo que Él ha permitido, debe ser para nuestro bien final. Ese versículo que cité en Romanos 8 no dice que todas las cosas son buenas; dice: “Todas las cosas les ayudan á bien”. Eso significa que Él puede usar literalmente cualquier cosa para lograr ese fin. De hecho, Él puede incluso usar cosas malas, cosas que son desagradables: tragedias, penas, etc. Tener la pierna rota ciertamente no es bueno, pero puede “ayudar á bien” en tu vida si lo aceptas de Su mano de amor. Si nos ejercitamos al respecto, dará “fruto apacible de justicia á los que en él son ejercitados”. (Hebreos 12:11). Cuando vemos que es la voluntad de Dios la que lo ha permitido para nuestro bien y la formación de nuestro carácter, y que Él tiene una bendición para nosotros en esto, podemos agradecérselo.

3) Entregarnos al Señor

Vayamos a 2 Corintios 8:4-5. “Pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia y la comunicación del servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, mas aun á sí mismos se dieron primeramente al Señor, y á nosotros por la voluntad de Dios. Aquí tenemos una tercera cosa que es claramente la voluntad de Dios para nuestras vidas: entregarnos al Señor. Pablo estaba exaltando las gracias de los santos macedonios porque se habían entregado al Señor. Les estaba diciendo a los corintios que se habían entregado sin reservas al Señor; y uno de los resultados prácticos de tal devoción era que habían dado un regalo monetario al servicio del evangelio.
Así que si quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida, es entregarte al Señor Jesús y a Su servicio. Esto es lo que se llama dedicación. Nos recuerda a Proverbios 23:26, que dice: “Dame, hijo mío, tu corazón”. Cuando venimos por primera vez al Señor y somos salvos, y nuestros pecados son perdonados, hay un gozo inicial que es maravilloso. Pero para tener un gozo continuo y felicidad en nuestra vida cristiana se necesita renunciar a la capitanía de nuestras voluntades y entregarle nuestras vidas al Señor. La dedicación debe ocurrir en el momento de la salvación, pero a menudo hay una brecha de tiempo en la vida de un cristiano antes de entregar su vida al Señor. Tú puedes decir: “Quiero conocer la voluntad de Dios para mi vida”. Pues bien, ¡ésa es la voluntad de Dios para tu vida! ¡Aquellos cristianos que se han entregado al Señor son los cristianos felices y fructíferos!
Ahora bien, esta entrega implicaría dar nuestro tiempo, nuestras energías, nuestro dinero; lo que sea que tengamos, lo entregamos al Señor y decimos: “Señor, ya no es mío; ¡sólo lo tengo para Ti como mayordomo! Quiero hacer Tu voluntad en mi vida entregándome y entregando todo lo que tengo a Ti, para que lo uses para Tu gloria”.
Una vez después de una reunión evangélica hace muchos años donde el Sr. Moody había estado predicando, le preguntaron si sabía de alguien que se hubiera convertido por la predicación. Respondió: “Sí, dos y medio”. Y la persona que le preguntó dijo: “Con esto, señor Moody, supongo que quiere decir que fueron dos adultos y un niño”. Él respondió: “No, dos niños y un adulto”. La razón por la que llamó medio al adulto fue que los adultos ya han vivido la mitad de su vida. ¿Has pensado alguna vez en eso? Los adultos de mediana edad ya han vivido la mitad de su vida. Lo mejor, o lo más que pueden dar, es la última mitad, la única parte que les queda. Pero ¿y tú, querido joven? Puedes dar toda tu vida al Señor, si lo haces ahora que eres joven.
Ahora, podrías decir: “¡No entiendo qué querría el Señor con mi vida! Soy un cristiano común y corriente. No tengo ningún don especial. ¡Incluso tengo miedo de orar en la reunión de oración!”. Querido joven, te quiero decir: no te preocupes por eso. Lo que Dios quiere que hagas es que entregues tu vida al Señor Jesús; Él la dirigirá como mejor le parezca, y verás lo que puede hacer con ella; ¡te sorprenderás! A cada uno de nosotros se nos ha dado un don, y la gracia para ocupar nuestro lugar en el cuerpo de Cristo. Tu don se manifestará a medida que te dediques al Señor. Con el tiempo se hará evidente. Él te guiará y hará de tu vida una bendición. Pero todo comienza con tu entrega al Señor.
Sabes, cuando hablamos de entregar nuestras vidas al Señor, difícilmente podemos hablar de ello sin referirnos a la cruz. La motivación para entregar nuestras vidas al Señor proviene del amor y la gracia que Él mostró allí. Es a la sombra de la cruz que tomamos la decisión de entregar nuestras vidas a Él. Si el significado de la cruz nos tocara en el alma al darnos cuenta de lo que el Señor Jesús ha hecho por nosotros, no tendríamos ningún problema en entregar nuestras vidas a Él. No tendríamos ningún problema en confiar en Él cuando vemos un amor como ese. Creo que son cinco veces en el Nuevo Testamento que dice, “Se dió á Sí mismo” por nosotros. ¡Eso debería motivarnos a entregarnos a Él!
Cuando esté ante el tribunal de Cristo,
Y Él me muestre Su plan para mí,
El plan de mi vida como podría haber sido
Si Él se hubiera salido con la Suya, y veo
Cómo lo bloqueé aquí
...y lo he bloqueado allí,
y que no me sometí a Su voluntad,
¿Habrá dolor en los ojos de mi Salvador?,
¿Dolor, aunque todavía me ama?
Él quiere que sea rico, pero yo estoy ahí, pobre,
despojado de todo menos de Su gracia;
Mientras mi memoria corre como una cosa cazada
Por los caminos que no puedo desandar.
Señor, de los años que me quedan,
los entrego a Tu mano;
Tómame, rómpeme y moldéame
al modelo que Tú has planeado.
Que esa sea la oración de cada uno de los que estamos aquí esta noche: ¡que le pidamos al Señor que haga lo que sea necesario para que nuestra vida se amolde a Su voluntad! Dean hablaba de los que son “cristianos de una milla” (Mateo 5:41). Luego habló de los que son “cristianos de dos millas”, los que van más allá de lo que se les pide. Después, Dave me dijo: “¿Y qué hay de los que son cristianos de media milla, que sólo van a medias?”. Pensé en ello: ¡sí, me suena! ¡Y sospecho que no soy el único! Esta noche, Dios quiere que seamos cristianos cien por cien, y ahí es donde la felicidad y la plenitud se encuentran en el camino.

4) Andar en santidad

Vayamos a 1 Tesalonicenses 4: “Resta pues, hermanos, que os roguemos y exhortemos en el Señor Jesús, que de la manera que fuisteis enseñados de nosotros de cómo os conviene andar, y agradar á Dios, así vayáis creciendo. Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos por el Señor Jesús. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; no con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen á Dios: que ninguno oprima, ni engañe en nada á su hermano: porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y protestado. Porque no nos ha llamado Dios á inmundicia, sino á santificación. Así que, el que menosprecia, no menosprecia á hombre, sino á Dios, el cual también nos dió su Espíritu Santo”. Aquí tenemos otra parte de la voluntad de Dios para nuestras vidas: que andemos en santidad. Él quiere que vivas una vida de santidad práctica. Los pecados de los que Él está hablando aquí son inmoralidad, fornicación, y en el versículo 6, creo que alude al adulterio. Estos son pecados que están por todas partes en este mundo, y Dios no quiere que Su pueblo esté involucrado en ese tipo de cosas. Él quiere que tengamos una vida santificada, una santificación práctica. Esto es, perfeccionar la santidad mientras andamos en el sendero a la gloria.
Puedes decir: “Bueno, yo nunca he cometido ese tipo de pecado”. Sin embargo, dice en el verso 5, “No con afecto de concupiscencia”, que es el deseo apasionado y lujurioso. Puede que no hayas entrado en el acto de inmoralidad, y damos gracias a Dios por ello, pero ¿qué hay de la concupiscencia que está detrás de ello? Hay muchos que tienen la lujuria, pero solo les falta la oportunidad para actuar. Él muestra aquí que estas cosas no deben estar en la vida del cristiano. Él quiere que sepamos cómo poseer nuestro vaso en “santificación y honor”. Y eso significa que no sólo nos abstengamos del acto, sino también de la lujuria que hay en el corazón.
En los versículos 6 a 8 nos da la razón de por qué estas cosas deben ser absolutamente evitadas. Existe tal cosa como el gobierno del Padre. El juzga a Su pueblo trayendo disciplina a sus vidas, si es necesario, para que sean enseñados a no persistir en un curso de pecado. El juicio gubernamental de nuestro Padre es algo que debemos temer en nuestras vidas (1 Pedro 1:17). Debemos recordar que cada acto de disciplina que Él permite en nuestras vidas proviene de un corazón de amor que se preocupa tanto por nosotros que no nos dejará seguir nuestro propio camino. También habla del hecho de que, como cristianos, tenemos un Huésped divino —el Espíritu Santo— que habita en nosotros. Nuestros cuerpos son “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19) y, por lo tanto, debe mantenerse en santidad práctica. Si somos descuidados en cuanto a nuestro andar y nuestros caminos, entristeceremos al Espíritu Santo. Perderemos la obra del Espíritu de Dios en nuestra vida para nuestra bendición. Su obra, más bien, será ocuparnos con nuestro curso obstinado, y llevarnos a juzgarlo.
Ahora bien, la santificación práctica se aplica a todos los aspectos de la vida cristiana, no sólo a los grandes pecados. Es la voluntad de Dios que vivamos una vida cristiana santificada. Si vamos a tener poder con aquellos a quienes queremos testificar, ¡entonces necesitamos tener una vida que lo respalde! Los hombres de Gedeón tenían dos cosas en sus manos: una trompeta, y una lámpara. Es una figura del doble testimonio del hijo de Dios: el testimonio que hablamos, y el testimonio que vivimos. La trompeta corresponde al testimonio que hablamos, y la lámpara habla del testimonio que vivimos. Tiene que haber un balance consistente entre los dos. La lámpara no hace ningún ruido, pero produce luz. Nuestra vida debe ser una luz brillante y resplandeciente. Fue dicho así temprano en la historia del testimonio cristiano: “Predica siempre a Cristo; si es necesario, usa palabras”.
Así que tenemos un doble testimonio, pero podemos estropearlo cayendo en pecado. Esforcémonos, pues, por llevar una vida de santidad práctica para dar gloria a Dios: es Su voluntad para nuestras vidas.

5) Venir al conocimiento de la verdad

Vayamos a otro pasaje, 1 Timoteo 2:3-4. “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador; El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad”. Aquí tenemos otra cosa que es la voluntad de Dios para nuestras vidas: Él quiere no sólo que seamos salvos, sino que también vengamos al conocimiento de la verdad. ¡Él quiere que aprendamos la verdad! ¡Qué importante es esto! Si no lo hacemos, seremos sacudidos por todo viento de doctrina que venga (Efesios 4:13-14). El enemigo de nuestras almas podría fácilmente llevarnos a alguna línea de cosas donde podríamos ser desviados del camino. Además, no podemos ser de mucha utilidad al Señor para defender la verdad, para defender la fe, ¡si nosotros mismos no la conocemos!
El cuerpo de conocimiento cristiano que se nos ha dado necesita ser comprendido y practicado. Aprender la verdad requiere tiempo y diligencia. Debemos aplicarnos. Aprendemos de Proverbios 22:17-21 que tenemos que aplicar nuestros corazones a la sabiduría y al aprendizaje de la Palabra de Dios.
Judas nos dice que debemos “contender eficazmente por la fe que ha sido una vez dada á los santos”. Nota, la fe (el cuerpo de conocimiento cristiano) ha sido entregado a los santos. Los santos de Dios son los custodios de la verdad, no los apóstoles. Dios no entregó la verdad a los apóstoles para que la guardaran; la entregó a través de los apóstoles, pero a los santos. Lo que quiero resaltar aquí es que Dios quiere que cada uno de nosotros tenga la verdad. No debemos tener la idea de que aprender la verdad es sólo para aquellos que ministran la Palabra públicamente, para los hermanos que enseñan en las reuniones. No, ¡la verdad es para que todos los santos la tengan y la disfruten! Eso significa que todos necesitamos escudriñar diligentemente las Escrituras (Hechos 17:11-12).
Saben, hay muchos conceptos erróneos con respecto a aprender la verdad; sospecho que algunos de ellos son sólo excusas por la pereza. Hay algunos que te dirán que no necesitas preocuparte por estudiar las Escrituras; que con venir a las reuniones es suficiente: absorberás la verdad con sólo estar allí, como por ósmosis. Sin embargo, conozco personas que han estado yendo a las reuniones durante años y años, y todavía saben muy poco de la verdad que una vez fue entregada a los santos. Es posible ser como el joven que, con respecto a las reuniones, dijo que estaba “¡presente en cuerpo, pero ausente en mente!” Estaba allí, ¡pero su mente estaba en otro planeta! Y sospecho que no es la única persona que ha estado así. No basta con venir a las reuniones; tenemos que aplicarnos en las cosas de Dios. No debemos verlo como una tarea; ¡es un privilegio! ¡Qué maravilloso es aprender las Escrituras! “¡Cuán dulces son á mi paladar Tus palabras! Más que la miel á mi boca” (Salmo 119:103).
Otro concepto erróneo que algunos tienen acerca de aprender la verdad es que solamente está al alcance de unos pocos selectos que tienen un “don” para ello. Podrías estar pensando eso, y diciendo: “Algunos de estos hermanos aquí tienen un don para ello, pero yo no; por lo tanto, no tiene sentido que yo trate de aplicarme a ese tipo de cosas”. Déjenme decirles, ¡no hay nada de cierto en eso! No existe el don para aprender la Palabra de Dios. El don es para repartir lo que Dios te ha dado. Saldrá de ti de una manera un poco diferente a la de la otra persona, porque todos tenemos diferentes dones. Todo lo que se necesita para aprender la verdad es diligencia y obediencia. ¡Y eso es algo que está al alcance de cada uno de nosotros!
He oído de otra excusa que alguien dijo, y realmente me da nauseas. Esta persona dijo: “Como la verdad no te va a guarda, no me preocupo mucho por ello. Y después de todo, los que así lo hacen, parecen hacer un desastre de la crianza de sus familias”. ¡Qué triste es eso! Da excusa para la pereza. Además, simplemente no es verdad. Ese tipo de pensamiento es producto de una expresión entre nosotros que carece de sentido, y te diré cuál es: “La verdad no te guardará”. ¿Has oído eso alguna vez? Seguro que sí. Nunca lo he encontrado en ninguno de los viejos libros de ministerio. Los hermanos mayores solían enseñar, “La verdad por sí sola no te guardará”. Pero en algún momento durante los últimos años hemos perdido un poco de esa verdad, y hemos reducido la declaración a, “La verdad no te guardará”. Desafortunadamente, la generación actual escucha eso y dice, “¿De qué sirve tener la verdad de todos modos? ¡No me guardará!”. El resultado es que no ven ninguna necesidad de ser diligentes en aprenderla. En realidad, el punto es que la verdad por sí sola no nos guardará, porque la comunión debe estar unida a ella. De hecho, tenemos un número de Escrituras que nos dicen que la verdad nos guardará, si la mantenemos en comunión. El Salmo 40:11 dice: “Tu misericordia y Tu verdad me guarden siempre”. La Palabra de Dios puede preservarte en el camino dándote principios que guiarán tus pies. Seremos preservados en el camino si practicamos esas cosas en comunión con el Señor. El Salmo 17:4 dice: “Por la palabra de Tus labios, yo me he guardado de las vías del destructor”.

6) Obedecer toda institución humana

Ahora vayamos a 1 Pedro 2:13-15: “Someteos, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey, como autoridad, o a los gobernadores, como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos” (LBLA). Aquí tenemos de nuevo la voluntad de Dios para nuestras vidas. ¿Y cuál es? ¡Es someternos a toda institución humana por causa del Señor! Esto podría ser cualquier ordenanza que constituye las leyes del país. Podría ser pagar nuestros impuestos, mantenernos dentro del límite de velocidad, o lo que sea; Dios quiere que guardemos toda institución humana. Es Su voluntad. Así que, si quieres hacer la voluntad de Dios, ¡no sobrepases el límite de velocidad! Y no estoy hablando de cuando sin querer sobrepasas el límite un poquito, sino me refiero a cuando hay un desprecio intencional de esa ordenanza. Mi tío solía decir: “Cuando te das cuenta de que has sobrepasado el límite, ¿qué haces? ¿Sigues conduciendo a esa velocidad? ¿O la reduces?” Se ha dicho, y probablemente sea cierto, que el último miembro de nuestro cuerpo en santificarse es el pie derecho.
Una vez conocí a un hermano que volvía a casa del culto y la policía lo detuvo por exceso de velocidad. Cuando el policía lo miró y se dio cuenta de que llevaba un traje, le preguntó dónde había estado, porque la gente no suele vestirse así los domingos. El hermano le dijo que había estado en una reunión bíblica, en realidad acababa de salir del partimiento del pan. El policía le dijo: “Pues no has aprendido nada, ¿verdad?”. Incluso el mundo sabe que, como cristianos, debemos cumplir la ley. Es la voluntad de Dios.

7) Servirle a Él

Un último pasaje antes de terminar: Hechos 13:36: “David, después de haber servido el propósito [la voluntad] de Dios en su propia generación, durmió, y fue sepultado con sus padres, y vio corrupción” (LBLA). En este pasaje tenemos otra cosa que nos dice cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas: ¡servir al Señor! David sirvió a su propia generación por la voluntad de Dios. Y nosotros también debemos hacerlo. Cuando le entregamos nuestras vidas a Él, es con el fin de que Él use nuestras vidas como le parezca mejor. El Señor tiene algo que hacer para cada uno de nosotros. Es un servicio feliz. Él dijo: “Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga” (Mateo 11:30).
Algunos pueden tener la idea de que servir al Señor es irse a algún país lejano a vivir en una choza entre serpientes y arañas. Si tienes alguna aversión a ese tipo de cosas, puede que te sientas inclinado a no querer entregar tu vida al Señor por miedo a que Él te envíe allí. Pero tengo algo que decirles, amigos; el trabajo misionero no es el único servicio que el Señor tiene para Su pueblo. El llamado al servicio que muchas de ustedes aquí pueden tener, hermanas jóvenes, será casarse y tener hijos, y así criar hombres y mujeres piadosos de la próxima generación que llevarán la antorcha del testimonio cristiano. Tener tu hogar a la disposición del Señor para que Él pueda usarlo para fortalecer la comunión de Sus santos en tu región es un verdadero servicio. Después de todo, son los hogares los que sostienen el testimonio cristiano mayormente. Y para ustedes hermanos jóvenes aquí, puede ser que el Señor quiera que se dediquen a las responsabilidades en la asamblea local, para que el testimonio del Señor en cuanto a la verdad del fundamento divino de reunión continúe en su comunidad. Dios quiere que sean columnas en la asamblea. Ese es un gran servicio para el Señor. El servicio para el Señor no es necesariamente viajar de aquí para allá, aunque ese sea un aspecto maravilloso y necesario de la obra del Señor. La clave en el servicio del Señor es hacer el trabajo de Su mandato: es hacer Su voluntad.
Ahora, dice aquí que David sirvió “en su propia generación”. Hay una obra que tú puedes hacer mejor que yo; y es alcanzar a tu propia generación con la verdad. El hermano Hayhoe solía decir eso a menudo. Aquellos de tus pares a menudo pueden lograr un mayor impacto entre ellos mismos que aquellos de nosotros que somos mayores. El Señor te quiere a Su servicio. Él tiene mucho que tú puedes hacer para con tu generación. Ahora, tu podrías decir: “¡No creo que pueda hacerlo! No podría predicar”. Acuérdate, no todo el servicio es predicar. Pero Dios puede querer que prediques; y necesitas estar dispuesto a dejar que Él te use de esa manera. Tu don se desarrollará conforme lo uses. Así que, ejercítalo cada vez que puedas.
En cuanto a predicar (y esto puede parecer un poco extraño, pero los hermanos aquí presentes podrán identificarse con esto), algo que fue muy alentador para mí fue lo que sucedió durante una prédica por el hermano Albert Hayhoe. Me atrevo a decir que era el hombre más elocuente que había entre nosotros en aquellos días; probablemente podría haber ganado mucho dinero predicando si lo hubiera buscado, yendo a esos círculos de la cristiandad donde uno puede hacerse un nombre. Estamos agradecidos de que no lo hiciera. De todos modos, una vez lo oí predicar en una conferencia, y dijo: “Ahora quiero citarles un versículo de la Escritura que es muy querido para mi corazón; este es el mismo versículo por el cual fui salvado, y lo memoricé hace mucho tiempo; es Juan 5:24”. Comenzó diciendo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye Mi palabra, y cree al que...”, y luego se tambaleó y perdió el hilo de sus pensamientos, ¡y no pudo terminar de citar el versículo! Finalmente, dijo: “Bueno, lo leeremos”. Él era el hombre más elocuente que conocía y, sin embargo, no podía terminar de citar su versículo favorito. Por extraño que parezca, eso me animó. Pensé: “Él puede titubear al hablar, yo también. No me sentiré tan mal ni cohibido si meto un poco la pata”. A veces pensamos que una buena prédica es decir todo con “palabras perfectas”, ¡pero una prédica buena y poderosa es una prédica con la que el Espíritu de Dios se identifica! Y lo que solía decir el padre de Albert es sin duda cierto: “¡Lo que sale del corazón llega al corazón!”. Eso es mucho más importante en la predicación.
Ahora para resumir lo que hemos tenido ante nosotros en cuanto a la voluntad de Dios para nuestras vidas, es:
•  Creer en el Señor Jesucristo.
•  Ser agradecidos por todo lo que Él ha hecho por nosotros.
•  Entregarnos a Él.
•  Andar en santidad.
•  Venir al conocimiento de la verdad.
•  Obedecer toda institución humana por causa del Señor.
•  Servir al Señor en Su viña.
Después de mirar estos versículos, ninguno de nosotros puede realmente decir que no sabemos cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida. Su Palabra lo ha establecido muy claramente, y ahora está realmente “en nuestro tejado” el hacer la voluntad de Dios y probar la bendición de ella. Que Dios nos dé la gracia para hacerlo.