Cristo es el todo

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1. Cristo es el todo

Cristo es el todo

¿Tiene Cristo Su propio lugar entre los hijos de Dios? ¿Es para ellos el Objeto? O por el contrario ¿es una doctrina, un dogma, un partido, nuestra experiencia ... algo por encima de Cristo? Somos como Pedro en el monte de la transfiguración, cuando él dijo a Jesús: “Si quieres hagamos aquí tres pabellones”. Muy solemnemente el Padre reprobó tal idea: “Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es Mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: a Él oíd. Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera. Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos sus ojos, a nadie vieron, sino a sólo Jesús” (Mateo 17:1-8). ¿Ven nuestros ojos “a nadie, sino a sólo Jesús”?
“Cristo es el todo” (Colosenses 3:11). ¿Lo hacemos a Él nuestro todo?
•  ¿Se trata de la cuestión de mi salvación? “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).
•  ¿Es cuestión de nuestro parentesco con Dios? “Sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26).
•  ¿Cuánto a la cuestión de nuestra experiencia? “Porque para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21).
•  ¿Y para la cuestión de servicio? “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
•  ¿Es cuestión de mi senda? “Yo soy el camino” (Juan 14:6).
•  ¿Será la cuestión del cielo o del lugar hacia el cual mi camino me lleva? El Señor lo define: “Para que donde Yo estoy, vosotros estéis también” (Juan 14:3).
Conozcamos más de esa dicha y beatitud que nos vienen de hacernos de Cristo nuestro todo, y por ver a “sólo Jesús”.
En nuestro egoísmo pedimos e imploramos bendiciones. Es al que bendice a Quien necesitamos nosotros, a Él mismo. Él es el gozo del corazón del Padre. Gustemos con Él la delicia que el Padre halla en Su Hijo. Cristo es infinitamente más sublime que cualquier doctrina o experiencia. Podemos tener experiencias, pero Él es el único que puede satisfacer y extasiar nuestros corazones.
¿Por qué es que no somos transformados más de “gloria en gloria”? (2 Corintios 3:18). El velo ha sido rasgado; la sangre ha sido rociada; el Espíritu ha sido dado. La razón de ello es que estamos más ocupados en nosotros mismos y en la obra del Espíritu en nosotros, que en sólo Cristo. Este es el punto débil en el tan ampliamente desplegado movimiento de santidad, mucho más cuanto más superficial es. Miremos más esa faz descubierta (quiere decir, ya sin velo que impida), de la cual emana la luz del conocimiento de la gloria de Dios (2 Corintios 3 y 4). Todo lo demás palidecerá y se desvanecerá si nosotros fijamos la mira en Él.
El Espíritu nunca me ocupa con Su trabajo en mí, y si yo estoy en ello ocupado, me encuentro realmente fuera del Espíritu. Está escrito: “No hablará de Sí mismo”. “Él me glorificará” (Juan 16:5-15). Hay aún más: la obra de Cristo, tan maravillosamente bendita como es, no debe nunca ser el objeto de mi corazón. Esta da paz a mi conciencia, una muy dulce paz, pero solamente SU PERSONA puede satisfacer mi corazón, y, ¡en qué manera Su Persona lo satisface!
•  EL PADRE dirige nuestra atención hacia Él (Mateo 17:5).
•  EL ESPÍRITU SANTO nos ocupará con Él (Hechos 7:55-56).
•  LA PALABRA DE DIOS nos testifica de Él (Juan 5:39).
Él es el objeto de la fe; Él es el objeto del amor; Él es el objeto de la esperanza; y la fe, el amor, y la esperanza que no hace de Él su objeto, es falsa e ilusoria. Él es el todo en mi camino; Él es el todo en mi servicio; Él es el todo en mi adoración; ¡Bendito sea Su santo Nombre! Él ya no está en la cruz, ni tampoco en la tumba; Él está en el trono. ¡Maravillosa realidad! un Hombre en la gloria de Dios, y Ese es mi Salvador, mi Sacerdote, mi Abogado —el que por mí murió, y el que por mí vive, y el que me vendrá a buscar: el Novio de Su Iglesia.
Entonces no es sorprendente que Pedro exclamara: “Para vosotros pues que creéis, Él es precioso” (1 Pedro 2:7, Versión Moderna). Tanto para el mundo impío como para el religioso, su tendencia es echar fuera a Él. El primero de ellos está “reservado para el fuego”; cuanto al último, Él lo vomitará de Su boca (2 Pedro 3 y Apocalipsis 3). Por tanto si no estamos limpios de ambos, “salgamos pues a Él” (Hebreos 13:13). Él es suficiente, y le agrada a Su corazón que hagamos de Él nuestro todo.
Que esté con nosotros esto —Cristo, Cristo, CRISTO—. Tú no podrás obtener una mejor porción, o mejor lugar que el que Él nos da. Tu porción aquí será: “sustento y con qué cubrirnos”, tu lugar “fuera del real”. TU porción allí es “toda bendición espiritual”; tu lugar, “en Él”.