Spanish El Hijo Hurtado [Folleto]

Spanish El Hijo Hurtado
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The Stolen Son
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En el centro de Cochabamba, Bolivia, había un hermoso departamento con un amplio jardín y un árbol grande en medio. Un joven matrimonio salió al mercado, dejando en el patio, como siem­pre lo habían hecho, a su hijo, un niño menor de tres años que jugaba feliz. No tardaron más de media hora en regresar, pero el niño no salió a re­cibirlos como acostumbraba. Lo llamaron, lo bus­caron con creciente angustia y desesperados gritos, pero finalmente se convencieron que su hijo ya no estaba.

Desconocidos lo habían hurtado, sacándole de la casa y alejándose velozmente en un auto con el niño en su poder. En los suburbios de la ciudad una mujer aguardaba. El niño quedó condenado a vivir con esa mujer de rudos modales, cuya ocu­pación era la elaboración y venta de chicha, be­bida tradicional del lugar. Creció en aquel medio tosco, obligado a trabajar todo el día a pesar de su corta edad, mal vestido y sucio a causa del carbón de la leña. Aun en la noche seguía su triste faena.

Ya crecido, el niño se dio a la fuga cansado del maltrato y de aquella miserable vida. Llegó a Oruro, ciudad ferroviaria, donde de tanto deam­bular llegó a simpatizar con uno de los conducto­res del tren. Este ofreció llevarle a Telamayo, centro minero del sur, a un pariente suyo que ca­recía de hijos. Allí el niño llevó una vida acepta­ble. Guillermo, pues así le habían llamado, llegó a la edad de prestar su servicio militar y se pre­sentó en Tupiza, ciudad hermosa del sur. Una vez reclutado, fue destinado a una unidad militar de La Paz, donde cumplió su servicio. Faltando poco para salir, un oficial, amigo de Guillermo, que conocía su situación, se ofreció para ayudarle a encontrar a sus padres.

En el periódico de circulación nacional se puso este aviso: «Joven soldado busca a sus padres y su ho­gar, de donde fue hurtado de pequeño. Sólo recuerda a sus padres bondadosos y una casa amplia con un árbol grande en medio del patio. El radica en Telamayo, cen­tro minero.»

Amigo mío, este caso verídico refleja la historia de la raza humana. En la Biblia leemos: dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (Génesis 1:26). Dios hizo al hombre recto (Ecl. 7:29). Nuestros primeros pa­dres Adán y Eva, disfrutaron de una vida en co­munión con Dios por algún tiempo. Luego fueron seducidos por el diablo y cayeron en des­obediencia al comer del árbol prohibido (Génesis 3:6). De esta manera, el enemigo de nuestras al­mas cumplió su propósito de alejarlos de la co­munión con nuestro Dios. El ladrón no viene sino para hurtar, matar, y destruir (Juan 10:10). Es así, mi amigo, que usted ahora se encuentra lejos de Dios, perdido y descarriado.

Los padres verdaderos, por su parte, a pesar de los veinte años transcurridos, nunca perdieron la esperanza de encontrar a su hijo. Cierta mañana, con fuertes gritos el esposo llamó a su compa­ñera. Había leído el aviso y exclamó: «¡Éste es nuestro hijo! ¡Éste tiene que ser nuestro hijo!»

Días después en la estación ferroviaria de Ato­cha, cerca de Telamayo, abandona el tren un hombre elegante, encaminándose al sitio donde se suscitó el encuentro conmovedor entre padre e hijo. Encontró a su hijo. Días después los dos abandonaron el lugar, hacia el hogar donde espe­raba ansiosa la madre. Habían recobrado aquel hijo perdido, y hubo grande regocijo.

Así es, como Dios envió a Cristo para buscar­nos y salvarnos. ¿Qué hombre de vosotros, te­niendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuen­tra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente (Lucas 15:4‑7). Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10). Cristo es el buen Pastor que le está bus­cando (Juan 10:11). El dio Su vida por usted, apre­ciado amigo. Acuda a El y encontrará refugio seguro en Sus brazos. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores (1 Timoteo 1:15).

«Cuando perdido anduve en noche terrenal,
De su hogar glorioso vino Cristo el Señor
Hasta el mundo vino la gran obra a terminar
De la salvación del pobre pecador.

«Cierta, cierta, cierta es la palabra
Que Jesús, que Jesús vino acá a salvar,
A salvarnos a los pecadores,
Y Su vida en precio de rescate dar.

 

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