Spanish ¡Tengo Vida Eterna! [Folleto]

Spanish ¡Tengo Vida Eterna!
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I Have Eternal Life
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About This Product

Gianni, un joven de 19 años de edad, lleno de confianza en sí mismo y en sus estudios clásicos de filosofía, estaba sentado fumando un cigarro y jugando «poker» con sus amigos en un lugar algo oscuro.

De pronto, se abrió la puerta y entró a ese local un hombre de baja estatura, que tendría aproximadamente unos cuarenta años de edad. Y empezó a repartir tratados del evan­gelio a cada uno de los que se encontraban allí. Su rostro resplandecía con un gozo que capturó la atención de Gianni. Cuando se aproximó a él, le citó lo que dijo el Señor Je­sucristo en Juan 6:47: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en Mí, tiene vida eterna.”

Impaciente por volver al juego, Gianni se alegró al ver que el evangelista ya salía del local. Pero las palabras que el hermano Leo­nardo había citado no se alejaban de su mente. Todo el día pensó en el poder y senci­llez de aquella afirmación hecha por Jesús. Finalmente, se acostó temprano, suponiendo que aquella noche las olvidaría.

Pero Gianni no pudo conciliar el sueño. Y en su cama se quedó pensando sobre aquel mensaje sencillo del hermano Leonardo. Trató de pensar en su santo patrón: San An­tonio; pero las palabras: “el que cree en Mí” volvían para impactar con fuerza su alma. Estaba muy turbado, pero poco a poco se fue quedando dormido por un instante, cuando de repente se despertó con aquellas palabras que resonaban en su mente: “el que cree en Mí, tiene vida eterna.”

Trató de pensar en la Virgen Bienaventu­rada, pero otra vez las palabras de Jesús: “el que cree en Mí” ardían en su mente y elimi­naron todo pensamiento sobre cualquier otra persona que no sea el Bendito Hijo de Dios.

Finalmente, cerca de las cinco de la ma­ñana, luego de pasar una noche casi sin dor­mir, Gianni se levantó, se vistió y fue a pie al pueblo de Cassano Lorio para tratar de ha­llar al evangelista. Sabía que el hermano Leo­nardo estaba morando en alguna parte de Cassano, mas no sabía dónde; sin embargo, se propuso encontrarle y aprender más de aquel mensaje sencillo y extraño que no sola­mente le había quitado el sueño, sino tam­bién toda su confianza en su religión y en sus estudios filosóficos.

El celo del hermano Leonardo en traer el mensaje de vida eterna a la región de Cala­bria, donde había sido criado, le había hecho una figura visible, aunque no siempre bienvenida. Por esta razón, Gianni tuvo éxito en encontrar rápidamente la humilde mo­rada donde se quedaba el evangelista.

Con un corazón gozoso, Leonardo abrió las Escrituras con el joven filósofo. Aquel día glorioso, Gianni fue guiado al Salvador de los pecadores, el Señor Jesucristo. Desde entonces siempre creyó en Él y ya no en los santos ni en cualquier otro; es más, pudo de­cir con confianza: Yo TENGO vida eterna.

¿Y qué de ti, amigo mío? ¿Tienes tú la vida eterna? ¿En quién estás confiando para la salvación eterna de tu alma? “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

Gianni invitó al hermano Leonardo a su casa y no pasó mucho tiempo hasta que su esposa, Cosemina también confió en Jesu­cristo. Ambos fueron públicamente exco­mulgados por el obispo de Cassano y a la gente de la región se le prohibió venderles alimentos. Así, la pequeña familia aprendió muchas lecciones del tierno cuidado del Se­ñor por los suyos.

Aunque Gianni perdió su trabajo a causa de su fe, aunque por cinco largos años la fa­milia vivió rechazada por la comunidad, ellos hasta hoy se regocijan en la bendita rea­lidad de San Juan 6:47: “El que cree en Mí, tiene vida eterna.”

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