Los israelitas iban a entrar a la Tierra Prometida, Canaán. Ellos fueron a Moisés y le pidieron que mandase espías para reconocer la tierra. Caleb solo tenía 40 años cuando Moisés lo escogió para realizar la labor de espía y fue el que representó a la tribu de Judá. Cuando regresó de su misión este fue su informe: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel ... Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Números l3:27,30). Caleb había pisado la tierra de Hebrón donde vivían gigantes, los hijos de Anac. Desde aquel momento la belleza de la tierra que Dios prometió a Su pueblo fue grabada en su mente y no pudo olvidarlo. Pero la mayoría de sus compañeros no vieron lo mismo, así que desanimaron al resto hablando cosas malas y nada sobre la hermosura de esa tierra. Ellos solo habían sacado cuenta de las posibilidades de tomarla poniendo más atención en el poder de sus enemigos que en el poder de Dios. A consecuencia de esto Dios no permitió que ninguno de los que se rebelaron entrasen en la Tierra Prometida y tuvieron que caminar en el desierto por casi 40 años, hasta que todos los rebeldes murieron.
¿Y qué pasó con Caleb? Dios sabía que él creyó la promesa ofrecida y dijo: “Pero a Mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de Mí, Yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión” (Números 14:2424But my servant Caleb, because he had another spirit with him, and hath followed me fully, him will I bring into the land whereinto he went; and his seed shall possess it. (Numbers 14:24)). Las palabras de Jehová quedaron desde entonces grabadas en su mente y en su corazón, aunque pasó por muchas tribulaciones en el desierto. Allí crío a su hija Acsa y guio a su familia; después entró en la tierra prometida y batalló por muchos años. Los demás habían recibido sus propias herencias, pero él seguía esperando. ¡Imagínate esperar 45 años por un nuevo hogar! Durante todo este tiempo le tocó vivir en una carpa y mudarse decenas de veces. En Josué 15 aparece hablando de su herencia durante todo el viaje a Canaán, porque su hija tenía gran deseo de disfrutar de la Tierra Prometida.
¿Valoramos nosotros también nuestra herencia? Nosotros somos “herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:1717And if children, then heirs; heirs of God, and joint-heirs with Christ; if so be that we suffer with him, that we may be also glorified together. (Romans 8:17)) Y también somos bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:33Blessed be the God and Father of our Lord Jesus Christ, who hath blessed us with all spiritual blessings in heavenly places in Christ: (Ephesians 1:3)). ¿Son preciosas estas cosas para nosotros? ¿Son de ánimo a nuestros corazones? Por el poder de Dios, Caleb fue animado y cuidado en todo su camino, pues tuvo su fe puesta en la promesa de Dios y aun a la edad de 85 años, después de haber esperado tantos años por su herencia, dijo con vigor: “Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como Él dijo, estos cuarenta y cinco años ... Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar” (Josué 14:10-1110And now, behold, the Lord hath kept me alive, as he said, these forty and five years, even since the Lord spake this word unto Moses, while the children of Israel wandered in the wilderness: and now, lo, I am this day fourscore and five years old. 11As yet I am as strong this day as I was in the day that Moses sent me: as my strength was then, even so is my strength now, for war, both to go out, and to come in. (Joshua 14:10‑11)).
Caleb nos da un testimonio veraz de la fidelidad de Dios en Sus cuidados y hasta cuando entró en su herencia. Nuestro Dios no ha cambiado, pues hoy es tan fuerte como lo fue en los días de Caleb y es capaz de mantenernos fieles hasta el final cuando entremos con Cristo a nuestra herencia; además nos ha dado en Su palabra la promesa de reinar con Cristo muy pronto. ¿Tenemos nuestra mirada fija allí en las riquezas que nos esperan? La promesa de Dios y la herencia que nos espera en Cristo deben animar a nuestros corazones para seguirle fieles en esta vida. Solo Él es capaz de mantenernos fieles. ¡Acudamos siempre a Él por Su ayuda!