930. Las luces nuestras

8.7.8.7.D.
1
¡Brilla ͜ el dulce ͜ amor del Padre
 
Como ͜ un faro, sin cesar!,
 
Mas nos manda que prendamos
 
Luz que siempre ͜ ha de brillar.
 
¡Brillen, pues, las luces nuestras!
 
¡Manden rayos sobre ͜ el mar!
 
Al marino ͜ en grande ͜ angustia
 
Puedan alumbrar, salvar.
2
En la noche del pecado
 
Olas rugen con furor;
 
¿Cómo ͜ ha de salvarse ͜ el alma
 
El perdido ͜ en gran temor?
3
Apagamos, a menudo,
 
Nuestras luces con sopor,
 
Bajo ͜ “almud” o “lecho” ͜ ocioso …
 
Y no ͜ hay brillo ͜ alrededor.
4
Atendamos lo que dijo
 
Cristo: “Hijos sois de luz,
 
Dad, brillante, ͜ un rayo fijo
 
En la senda de la cruz.”
5
Brillen siempre nuestras luces
 
Para que ningún azar
 
Sobrecoja ͜ al marinero
 
Que ͜ al buen puerto ͜ ha de ͜ arribar.