Las tres esferas de Efesios 4:4-6

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NOTA REFERENTE AL DIAGRAMA
En Ef. 4:4-6 se señalan tres esferas.
Un cuerpo, un Espíritu y una esperanza.
Esta esfera, denotada por el círculo interior del diagrama, incluye a aquellos en los que mora el Espíritu Santo. Todo verdadero creyente forma parte del un Cuerpo representado por este círculo. El nombre de Cristo es el único centro válido de reunión para Su pueblo (Mt 18:20) y es sólo a este centro que el Espíritu reúne los cristianos, aunque la mayor parte de los cristianos se reúnen aparte de este centro.
Un Señor, una fe, un bautismo.
Esta esfera, denotada por el círculo intermedio, es la Cristiandad, esto es, el reino de los cielos, término utilizado sólo por Mateo. Es la esfera del discipulado en la tierra, la esfera en la que Cristo es exteriormente aceptado como Señor, sea que esta profesión sea cierta o no. Fuera de este círculo se encuentra todo lo que no es profesamente cristiano. Es el bautismo lo que inicia o recibe a uno dentro de este círculo. Las diez similitudes del reino de los cielos (diez parábolas) que se encuentran en Mateo dan una instrucción parabólica con respecto al carácter de lo que se encuentra dentro de este círculo. Es de una gran importancia comprender que (aparte de la salvación individual) existe una esfera de privilegios y de responsabilidades que Dios ha instituido y en la que se hallan tanto creyentes como incrédulos.
El círculo de la profesión, o del discipulado, se divide en muchas divisiones que 1 Co. 11:19 llama sectas o herejías. 1 Co. 11:18 (divisiones) se refiere a facciones dentro de la asamblea. 1 Co. 11:19 usa la expresión designada por Dios (disensiones, en griego herejías), para describir lo que la gente llama denominaciones o divisiones. La Escritura le da a este vergonzoso estado de cosas el nombre de secta o herejía, sea cual fuere el nombre dignificado que reciban, de la cantidad de adherentes, de sus credos, y de la historia que tengan a sus espaldas.
Un Dios y Padre de todos ...
Esta esfera, denotada por el círculo exterior, incluye a todos en el mundo, incluyendo a musulmanes, confucianos, budistas, brahmanes, judíos, etc., y a aquellos que carecen de religión.
EL BAUTISMO ES CON FRECUENCIA
UN TEMA DE CONTENCIÓN
El tema del bautismo ha sido asunto de controversia entre los cristianos durante mucho tiempo. Es tristemente cierto que se han formado algunas sectas alrededor de puntas de vista particulares acerca del bautismo. Sin embargo, la Escritura permanece sin cambios y deberíamos ser de una mente (1 Co. 1:10) porque el Espíritu de verdad no es un maestro de confusión. Es nuestro fervoroso deseo el de evitar todo espíritu de contienda en tanto que deseamos ser capacitados de parte de Dios para exponer las enseñanzas de las Escrituras; y, si es posible, desvanecer algunos conceptos erróneos acerca de este tema. Cuán fácil es ser influenciados por lo que se ha oído o leído de lo que se mantiene y enseña en círculos sectarios, y sin embargo no buscar con diligencia qué es lo que la Palabra de Dios enseña. No es nuestro propósito ocupar la mente de los cristianos con ordenanzas, pero tampoco debemos dejar a un lado este tema. Por la gracia de Dios, busquemos conocer Su mente tal como nos ha sido revelada en Su Palabra.
¿ES EL BAUTISMO
PARA EL DÍA DE HOY?
Cuando en las Escrituras se menciona el bautismo del Espíritu Santo, se usa toda la frase. Cuando se quiere indicar el bautismo en agua, la Escritura utiliza sólo la palabra bautismo. El bautismo del Espíritu Santo constituyó a los creyentes, en el día de Pentecostés, en el un cuerpo de Cristo (1 Co. 12:13; Hch. 2:1-4, 32, 33). Los que estaban con Cornelio recibieron el Espíritu de tal manera que hizo que Pedro lo relacionara con lo que había tenido lugar en el día de Pentecostés (Hch. 10:43-47; 11:15, 16). Dios estaba mostrando mediante ello la plena recepción de los gentiles. El bautismo con agua siguió a esto.
Pablo recibió el bautismo, lo enseñó y lo practicó (Hch. 9:18; 16:15, 33; 18:8; 19:5; 1 Co. 1:14-16). Ciertamente, en Romanos 6 se da a los SANTOS instrucción acerca de cómo les conviene a ELLOS vivir en conformidad al significado del bautismo (de agua) a la muerte de Cristo. En ocasiones se afirma que el bautismo de agua es una ordenanza anulada en Cristo, y que Romanos 6 se refiere al bautismo por el Espíritu Santo. Esto es resistencia a la enseñanza y práctica registradas en la Palabra de Dios. Uno está en Cristo cuando está sellado con el Espíritu Santo (1 Co. 6:17; Ef. 1:13; 4:30). Los santos corintios estaban, naturalmente, en Cristo (2 Co. 5:17). Además, hablando de lo sucedido catorce años antes, Pablo habla de sí mismo como uno en Cristo (2 Co. 12:1-5). Señálese que él no sólo dio instrucciones a los romanos (Ro. 6) acerca del bautismo, sino que en 1 Co. 15:29 instruye a los corintios acerca de bautizar a nuevos convertidos para llenar los vacíos dejados en las filas por aquellos que habían muerto o que habían sufrido el martirio.
En 1 Co. 1:17 no se abroga la práctica del bautismo. La inferencia de que Pablo no fuera a bautizar ya más a partir de un punto debido a que no formaba parte de su comisión especial es ultradispensacionalismo. Esta abrogación de la práctica del bautismo es enseñada por el "movimiento de la gracia." Es una confusión dispensacional.
¿Por qué dijo Pablo que sentía gratitud de que bautizaba a tan pocos? ¿Acaso porque el bautismo estuviera abrogado? ¡Naturalmente que no! Escribió de esta manera en 1 Co. 1:17 debido a que los corintios estaban dividiéndose en pos de líderes y predicadores favoritos. Pablo no quería que usaran el bautismo en relación con él como la distinción de un partido. Ver 1 Co. 1:15. Fueron otros los que habían bautizado a los muchos en Corinto, y el curso que el apóstol había seguido era prudente. Puso en claro ante los corintios que él no estaba buscando discípulos para sí mismo. Él había sido enviado especialmente para predicar el evangelio de la gracia de Dios y de la gloria de Cristo, y no había sido especialmente enviado a bautizar, aunque sí había bautizado a algunos.
El bautismo está limitado a la esfera de la profesión en la tierra, pero la especial misión de Pablo tenía que ver con la Cabeza de la iglesia glorificado en el cielo.
En Ef. 4:5 se hace asimismo referencia al bautismo de agua. Hay un Señor. Algunos dicen Señor, Señor y son falsos (Mt. 7:21). Hay una fe (la que ellos profesaban, tanto si su profesión era genuina como si no) que había sido dada una vez a los santos. Esto tenía que ver con el contenido de la doctrina cristiana. Ef. 4:5 se refiere a la esfera del discipulado con todos sus privilegios, en los que se entra mediante el bautismo de agua cristiano. Para una vista de conjunto, ver el diagrama.
BAUTISMOS EN LAS ESCRITURAS
Hay un número de diferentes bautismos en la Palabra de Dios, aunque es también cierto que en cuanto a bautismo cristiano sólo hay uno (Ef. 4:5). Ya que será provechoso conocer algo de estos varios bautismos, pasemos a examinarlos y, ocasionalmente, a examinar sus significados, antes de considerar en particular el significado del bautismo cristiano.
BAUTISMO A MOISÉS
"Y todos a (eis) Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar." 1 Co. 10:2.
Con independencia de la edad o del sexo, todos, camino del Mar Rojo (tipo de la muerte de Cristo) abandonaron Egipto (tipo del mundo), teniendo la nube (tipo de la presencia de Cristo con ellos), y compartiendo en todos los privilegios como bautizados a Moisés. Sin embargo, muchos de ellos perecieron y nunca alcanzaron la meta, Canaán. Muchos eran incrédulos (Heb. 3:19). No aprovecharon la palabra oída, al no ir acompañada de fe (Heb. 4:2).
La razón de que Pablo pusiera bajo la atención de los corintios el caso de aquellos bautizados a Moisés era que quería mostrarles la necedad de apoyarse meramente en una ordenanza. Léase 1 Co. 10:1-12. No les dice que sin la fe el bautismo sea inválido. Les enseñaba que el hecho de estar ligados externamente mediante una ordenanza a un líder (lo que es apropiado en su propio lugar) no es suficiente. Así, 1 Co. 10:1-12 es dado como solemne advertencia a todos los bautizados a Cristo.
Hemos señalado el uso de la palabra "a" o "hacia" (eis); y, por cuanto aparecerá frecuentemente, aprendamos su significado.
"La preposición griega significa ‘hacia’ (o ‘a’) tan frecuentemente como ‘adentro’: este uso depende del contexto o de la naturaleza del caso. Ahora bien, el bautismo con agua está evidentemente señalado en 1 Co. 10:2 como una advertencia a los bautizados en Corinto. Es imposible pensar que los israelitas fueran bautizados ‘adentro’ de Moisés [...] Así en Hch. 19:3 es como en la Versión Autorizada inglesa, ‘hacia,’ no "adentro" como en la Revisada.
... El bautismo es "hacia" o "a" tan sólo, no "adentro," ni siquiera en Mt. 28:19. "
The Bible Treasury, vol. 18, pág. 224.
El sentido de ser bautizado "a" algo es que el bautismo significa asociación o inclusión con aquello que se indique en el contexto.
DIVERSOS BAUTISMOS JUDÍOS
Los "diversos géneros de bautismos" judíos (V.M.; Reina-Valera, "diversas abluciones," Heb. 9:10) y "lavamientos" (RV) o "bautismos" (V.M.) de cosas como vasos, jarros, utensilios de metal y lechos, eran conformes a la tradición judía (Mc. 7:3, 4). Las abluciones ceremoniales judías son mencionadas en Heb. 6:2 y 9:10. En cada uno de estos tres pasajes el término en plural se refiere a cosas y no a personas. El término utilizado para estos lavamientos es baptismos, en tanto que el utilizado para personas es baptisma.
EL BAUTISMO DE JUAN
El bautismo de Juan era:
"para (eis) arrepentimiento" (Mt. 3:11).
"Para (eis) perdón de pecados" (Mc. 1:4; Lc. 3:3).
Otros pasajes de las Escrituras que se refieren a este bautismo son:
"mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua" (Jn. 1:31).
"que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo" (Hch. 19:4). Cp. Lc. 1:76.
Ver también Hch. 10:37; 13:24; 18:24, 25; Mt. 21:25.
El bautismo de Juan tenía un solemne significado para los culpables judíos. Muchos fueron despertados por la predicación de Juan y salieron a él para ser bautizados en el río Jordán (Mt. 3:5-11). También bautizó en otros lugares (Jn. 3:23).
Juan no examinaba al pueblo para ver si estaban ya haciendo obras dignas de arrepentimiento. Decir que era para aquellos que ya se habían arrepentido es contrario a las Escrituras (Lc. 3:7-17). Pero el hecho de que se bautizaran justificaba a Dios ya que con ello se reconocía el pronunciamiento de Dios (Lc. 7:29).
Sin embargo, los fariseos y doctores de la ley rehusaron el consejo de Dios (Lc. 7:30).
El bautismo de Juan era para aquellos que reconocían su culpabilidad, lo que era la preparación necesaria para recibir a Aquel que iba a venir, su Mesías.
Hechos 19:3-5 muestra que el bautismo de Juan no era el bautismo cristiano. Aquellos que habían sido bautizados al (eis) bautismo de Juan seguían necesitando ser "bautizados al (eis) nombre del Señor Jesús." Era sólo así que eran recibidos sobre la base de la profesión del cristianismo. El bautismo de Juan no era una figura de la sepultura con Cristo a la muerte, sino que más bien tenía a la vista al Cristo (el Mesías de ellos) como el que había de venir.
Cristo, el Pastor de las ovejas, era el único calificado para entrar por la puerta que la Escritura tenía especificada (Jn. 10:2). Al bautizarse en el Jordán se identificó con el remanente arrepentido que se estaba bautizando. Juan reconoció que el Señor Jesús no precisaba ni de arrepentimiento ni de perdón de pecados (Mt. 3:14), pero el Señor le dijo que consintiera al bautismo porque era menester cumplir toda justicia (Mt. 3:15); y esto se refiere a Su bautismo, y NO a Su muerte en la cruz. El Espíritu Le es dado entonces (unción; cp. Hch. 10:38; Lv. 2:4) en conformidad a la perfección de Su persona. Así, la gracia llevó a nuestro Señor Jesucristo allí donde el pecado había llevado a otros, aunque nunca hubo pecado en Él. En tanto que otros fueron bautizados mientras confesaban sus pecados, nuestro Señor fue bautizado mientras oraba.
CRISTO BAUTIZANDO POR MEDIO DE OTROS
En Jn. 3:22 leemos que nuestro Señor bautizaba. En Jn. 4:1, 2 vemos que nuestro Señor Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan, excepto que eran Sus discípulos los que bautizaban. Suponemos que este bautismo era a Él, relacionándolo con Él, Jesús, como Mesías sobre la tierra. Aquellos así bautizados serían conocidos como Sus discípulos. Los doce apóstoles pueden haber pasado por este bautismo, pero no leemos que fueran bautizados con el bautismo cristiano como sepultura con Él a la muerte (Ro. 6:4).
EL BAUTISMO DE CRISTO CON FUEGO
No hay nada en el mundo, la mayor medida de más extremo sufrimiento, que pueda compararse con los sufrimientos expiatorios durante las tres horas de tinieblas, que reciben el nombre de "bautismo" en Lc. 12:50: "De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo Me angustio hasta que se cumpla!" (cp. Jn. 12:27; Mt. 26:39).
EL BAUTISMO CON EL ESPÍRITU SANTO
Se hace referencia a este bautismo en Mt. 3:11; Mr. 1:8; Lc. 3:16; Jn. 1:33; Hch. 1:5; 11:16; 1 Co. 12:13 (7 veces). Este bautismo incorporó a los creyentes en un cuerpo y tuvo lugar una vez por todas en el día de Pentecostés en Jerusalén (Lc. 24:49; Hch. 1:4; Hch. 2). (Ver también Hch. 11:15, 16 en relación con cómo los gentiles fueron introducidos en el cuerpo formado en Pentecostés.) Que se trata de algo distinto del bautismo cristiano con agua queda claro en base de Hch. 10:47: "¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?" Las personas individuales, al creer el evangelio, son selladas con el mismo Espíritu Santo de la promesa que aquellos recibieron en Pentecostés (Lc. 24:49; Hch. 1:4, 5; Hch. 2:1-4; Ef. 1:13; 4:30) y son así unidos al cuerpo constituido en Pentecostés. Se debe señalar que cuando se significa el bautismo en el Espíritu Santo, la Escritura lo dice expresamente.
BAUTISMO ... CON FUEGO
Ver Mt. 3:11 y Lc. 3:16. Esta expresión no se encuentra en Mc. 1:8; Jn. 1:33; Hch. 1:5; 11:16 ni 1 Co. 12:13, porque se refiere al juicio futuro de los enemigos impíos de Dios, como los fariseos (Mt. 3:7, 11, 12; Lv. 10:2; Nm. 11:1; 16:35; 2 R. 1:12; 2 Ts. 1:8; Heb. 12:29), y puede ser aplicado a cada trato de la ira de Dios y del Cordero, administrado eternamente a Sus enemigos una vez comenzado. Tampoco tiene nada que ver con Hch. 2:3, "como de fuego." Las "lenguas [...] como de fuego" sugirieron que el Dios cuyo Hijo había llevado el fuego de Su terrible juicio está ahora llamando a los pecadores a arrepentirse y creer.
EL BAUTISMO DE TODAS LAS NACIONES
— Mateo 28
Una parte integral de esta comisión es la promesa de Cristo a los once discípulos, "he aquí Yo estoy con vosotros siempre, hasta la consumación del siglo" (V.M.). El término "consumación del siglo" se refiere al tiempo en que el resultado final de la oposición a la verdad haya madurado y venga el juicio sin mitigación.
Es el tiempo durante el cual los ángeles sacan del reino de Cristo todas las ofensas y todos los que hacen iniquidad.
Durante aquel tiempo Dios suscitará maestros que enseñarán "justicia a la multitud" (Dn. 12:3). El mensaje que ellos proclamarán será el evangelio del reino, esto es, las buenas nuevas de que el Rey vendrá para librarlos de sus enemigos y establecer el reino. ¿Cómo harán volver a muchos a la justicia (cp. V.M.)? Enseñándoles (a todas las naciones) las cosas que Cristo les enseñó con respecto a los principios del reino y a las características de los aptos para el reino. El sermón del monte (Mt. 5-7) tendrá una especial aplicación en aquella enseñanza. Este es el significado de las palabras en la comisión de Mateo 28, "Enseñándoles [esto es: a las naciones] que guarden todas las cosas que os he mandado." Mt. 28:20.
La comisión dada en Mateo 28 tendrá su especial aplicación al remanente judío piadoso después que haya tenido lugar el arrebatamiento de los santos. Pero, hay una aplicación actual en relación con el reino de los cielos en su forma de misterio, un reino que constituye la esfera de discipulado, el bautismo y la enseñanza.
La aplicación primaria de esta comisión al remanente piadoso judío de los futuros días nos ayuda a comprender la afirmación de Pablo: "Pues no me envió Cristo a bautizar" (1 Co. 1:17). Naturalmente, él sí bautizó, como ya hemos visto, y dio instrucciones acerca del significado del bautismo, pero no sobre la base de que el bautismo formara parte de su comisión especial. El ministerio de Pablo se centraba en la Cabeza celestial, glorificado, del cuerpo, y en el "arrebatamiento," más que en "el reino de los cielos" en misterio como esfera de discipulado y profesión en la tierra, de lo cual el bautismo es la iniciación.
EL BAUTISMO COMUNMENTE CONOCIDO
COMO CRISTIANO
En Ef. 4:5 se habla de "un Señor, una fe, un bautismo." Estas tres expresiones se relacionan con el segundo círculo del diagrama, el círculo de privilegio donde Cristo es profesadamente reconocido como Señor, donde se reconoce la fe cristiana. "Una fe" no se refiere a la fe personal, sino a la fe dada a los santos; es el cuerpo de la verdad cristiana. En este círculo se entra por el bautismo. Es de gran importancia ver que aquellos que de esta manera entran en esta esfera de privilegio cristiano son por tanto responsables para vivir en correspondencia con estos privilegios como aquellos que a su debido tiempo deberán rendir cuenta.
Este círculo de profesión incluye lo falso así como lo genuino. Sólo lo genuino entra en el círculo interior. Por "genuino" entendemos todos aquellos que han recibido una naturaleza divina de parte de Dios, y en los que mora el Espíritu Santo, dándoles así el ser cristianos verdaderos.
Pero nuestro tema del bautismo pertenece en primer término al segundo círculo, la esfera de privilegio, por cuanto el bautismo es el camino divinamente designado para la introducción en él.
EL BAUTISMO DESPUÉS DE ESTA ERA
DE LA IGLESIA
El bautismo persistirá después que los cristianos hayan partido porque otros serán bautizados entonces en base de la comisión de Mateo 28. El bautismo es una ordenanza del reino siempre confinada a la esfera de profesión en la tierra. El discipulado, con vistas al reino milenial, seguirá después que los cristianos hayan sido arrebatados.
EL SIGNIFICADO ESCRITURAL
DEL BAUTISMO
EL BAUTISMO NO ES UN ACTO MERITORIO
Antes de seguir adelante, destaquemos en primer lugar que el bautismo no es en absoluto un acto meritorio de obediencia que contribuya a la salvación del alma. Tampoco tiene relación alguna con Jn. 3:5, donde se trata del nuevo nacimiento. La "regeneración bautismal" es un fraude diabólico. Ex. 40:12; Lv. 8:6; Ez. 36:25-27; Zac. 13:1; Jn. 13:10; 15:3; 1 Co. 4:15; 6:11; Ef. 5:26; He. 10:22; Stg. 1:18; 1 P. 1:23, todo ello se combina para enseñar que es sólo la Palabra de Dios por el poder del Espíritu Santo que vivifica, impartiendo así la nueva vida, el nuevo nacimiento, la nueva naturaleza, siendo estas tres cosas una y la misma.
DIVERGENCIAS ACERCA DE SU SIGNIFICADO
Hay numerosos puntos de vista acerca del bautismo. El más común es el que recibe el nombre de "bautismo de creyentes." Se pretende que el bautismo es un testimonio de una obra cumplida en el alma. Así, el bautismo es considerado como un acto de obediencia por parte del bautizado. Se dice asimismo que es un testimonio público ante otros de que han sido salvados. Por otra parte, el "bautismo familiar" (Hch. 16:15) es a menudo llamado "bautismo infantil," identificándolo con la práctica de la iglesia de Roma. La postura que recibe el nombre de "bautismo familiar" entiende que el bautismo es la ordenanza divina de recepción a la esfera de los privilegios cristianos sobre la tierra. Así, el bautismo no se considera como un testimonio público de la salvación del alma ya cumplida; más bien, lo que tiene a la vista, como en Romanos 6, es un caminar del creyente que sea condigno con el significado del bautismo. Consideremos ahora los efectos del bautismo.
EL BAUTISMO, UNA RECEPCIÓN A UNA ESFERA
DE PRIVILEGIO Y RESPONSABILIDAD
El bautismo efectúa un cambio. Al examinar las Escrituras vemos que el bautismo lleva a cabo un cambio (exteriormente) en cuanto al nuevo lugar de privilegio, con responsabilidad, en aquel que es bautizado. Veremos que el bautismo es hacia o a (eis) algo, tanto si los traductores han utilizado "en," "para," "por," etc. El significado es que hacia indica que el que es bautizado es, mediante el bautismo, relacionado en cierta manera con aquello a lo que es bautizado. El significado del bautismo queda determinado por aquel o aquello a quien o a que se es bautizado. ¡Nótese esto bien! El significado del bautismo es identificación con aquél o aquello a lo que uno es bautizado. La identificación tiene lugar mediante el bautismo.
Es por ello que Pablo preguntó a aquellos doce discípulos: "¿A (eis) qué, pues, fuisteis bautizados?" (Hch. 19:3). En otras palabras, "¿Hacia qué fuisteis pues bautizados?" Los lugares en los que se debería leer "a" o "hacia" (eis) son los que siguen:
Para arrepentimiento (Mt. 3:11).
Para perdón de pecados (Mc. 1:4; Lc. 3:3; Hch. 2:38).
En el bautismo de Juan (Hch. 19:3).
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt. 28:19).
En el nombre del Señor Jesús (Hch. 19:5; 8:16).
En Cristo Jesús (Ro. 6:3).
En Cristo (Gá. 3:27).
Para muerte (Ro. 6:4).
En el nombre de Pablo (1 Co. 1:13).
En Moisés (1 Co. 10:2).
Consideremos ahora los pasajes de las Escrituras que muestran que el bautismo cambia el puesto de uno de estar fuera del círculo donde Cristo es reconocido como Señor.
El bautismo identifica externamente al bautizado con Cristo.
"Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (Gl. 3:27).
Los gálatas eran hijos de Dios por la fe en Cristo (Gl. 4:6); por ello, tenían a Cristo. Además de esto, Gl. 3:27 les recuerda que se habían "revestido de Cristo" y que no estaban bautizados a Moisés. Los gálatas habían prestado oído a algunos ¡que deseaban añadir a Moisés (Gl. 4:9) a Cristo! La tendencia de añadir a Moisés era la negación en la práctica de lo que significaba su bautismo, esto es, que habían entrado en la esfera de los privilegios cristianos y que estaban relacionados con Cristo. Pablo les recuerda el significado del bautismo en que los había relacionado con Cristo — exteriormente poniéndolos allí donde la gracia toma el lugar de la ley como base para estar ante Dios. Examinando el diagrama, los bautizados pasaban de estar en el círculo exterior a la esfera del discipulado donde se reconoce al un Señor, la una fe y el un bautismo. Una persona no bautizada no tiene a Cristo "SOBRE" él. Puede que tenga a Cristo EN él (por la fe), pero la Escritura no considera que una persona sin bautizar esté revestida de Cristo. No ha sido recibida de la manera normativa a la esfera del discipulado, que en Mateo recibe el nombre de "el reino de los cielos." Este es el caso de los "cuáqueros" y de otras personas no bautizadas, como los "bereanos" y los "bullingeritas."
Así, Pablo usa la verdad del bautismo, en el hecho de que identifica a uno con Cristo, para combatir la influencia judaizante que quisiera también identificarlos con Moisés.
El imperativo "vestíos del Señor Jesucristo" en Ro. 13:14 se refiere a la conducta práctica, no al bautismo.
El bautismo inicia a la persona en el discipulado. Un discípulo es muy semejante a un alumno en un aula que tiene la oportunidad de aprender. Un discípulo no es necesariamente un creyente, como se muestra en Jn. 6:60-71. Los que permanecen en Su palabra son verdaderos discípulos (Jn. 8:31). Los hay que son "cizaña," "malos" peces, "vírgenes insensatas," etc., como vemos en las parábolas de "el reino de los cielos" en el evangelio de Mateo. Consideremos asimismo el caso de aquellos que "a Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar," y quedaron así identificados con Moisés, pero con muchos de los cuales Dios no se complació (1 Co. 10:1, 2; Heb. 4:2). El discipulado pertenece a la tierra, no al cielo; a la profesión, no necesariamente a la posesión. De ahí las advertencias que se formulan en Ro. 11:22; Heb. 2:3; Jud. 4; Ap. 3:3, 16; etc.
Pablo se encontró en Éfeso con unos ciertos "discípulos" (de Juan) que no sabían que el Espíritu Santo hubiera venido. Sólo habían sido bautizados en el bautismo a Juan. Fueron bautizados por Pablo, entrando entonces en una nueva esfera. En Mt. 28:19 encontramos que las gentes debían ser discipulados mediante el bautismo y la enseñanza.
La comprensión de que el bautismo hace a uno un discípulo explica la afirmación de Pablo: "¿ [...] fuisteis bautizados al (eis) nombre de Pablo?" (1 Co. 1:13). Si hubieran sido bautizados a otros nombres, hubieran tenido una cierta excusa para seguir a líderes a los que hubieran sido bautizados, pero era de Cristo que se habían revestido (Gl. 3:27), no de Pablo. Habían sido bautizados a Cristo y por ello eran discípulos de Cristo. ¡Cuán erróneo es, entonces, que los discípulos de Cristo se alineen bajo líderes y nombres humanos! (1 Co. 1:12).
Si los muertos no resucitan no hay motivo alguno para ser un discípulo de Cristo. En tal caso, ¿qué harán los bautizados por los muertos si los muertos no resucitan? ¿Por qué se bautizan pues por los muertos? (1 Co. 15:29). Las filas de los cristianos estaban siendo vaciadas por la persecución o por la muerte natural. Otros tomaban su lugar en sus filas. ¿Cómo? Al bautizarse eran bautizados por, para tomar el lugar en las filas de, los muertos.
Es oportuno recordar ahora que los doce apóstoles no fueron bautizados con el bautismo cristiano. Ésta es la razón de que Pedro se excluya a sí mismo y diga "os salva" (1 P. 3:21) (ver la versión Biblia de las Américas y también Nueva Versión Internacional y de Besson —N. del T.), en tanto que Pablo se incluye a sí mismo (Ro. 6:3). Se debe señalar que en Hch. 2 tenemos el primer caso de bautismo después de la muerte de Cristo (cp. Ro. 6:1-4), y que lo que hicieron los apóstoles fue bautizar a otros. Los apóstoles no pensaron que ellos tuvieran que ser "bautizados en obediencia a la orden del Señor." Naturalmente, su posición era excepcional, por cuanto no había nadie que pudiera bautizarlos a ellos con el bautismo cristiano, pero ello demuestra el hecho de que el bautismo no es un acto de obediencia al mandato del Señor, o ciertamente se hubieran bautizado. Ellos fueron enviados a admitir a otros, siendo que ellos mismos ya eran conocidos como discípulos de Cristo.
En todo caso, lo que aprendemos de las Escrituras es que una persona no es bautizada porque sea un discípulo, sino para hacerla un discípulo.
El bautismo identifica a la persona con la semejanza de la muerte de Cristo.
"¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo [...]." Ro. 6:3, 4.
La muerte es la justa sentencia pronunciada sobre la carne (Ro. 5:12), y el bautismo es figura de la muerte y sepultura, el resultado del pecado. El bautismo, en Ro. 6, dirige la mente a la muerte y sepultura. El bautismo entierra. ¿No es esto lo que dice Ro. 6:4 de una manera expresa? Y así somos relacionados con Su muerte — naturalmente, en lo externo. Refiriéndose a la posición natural del hombre, en relación con la cabeza caída de la raza, Adán, se ha afirmado lo siguiente:
"La sepultura declara que el primer hombre ni es apto para presentarse ante Dios ni capaz de ser mejorado, ni aquí ni en el cielo ante Dios. Por cuanto el Segundo Hombre ha irrumpido, tiene que haber una sustitución, no una mejora, porque los dos no se pueden amalgamar. Por ello, el primer hombre es echado a un lado, y el sepultamiento—el poner fuera de la vista—es la figura que declara esto. "
Baptism or Scripture on the Symbols of the Death of Christ, pág. 89.
La cuestión es: ¿perseveraremos en el pecado para que la gracia crezca? (Ro. 6:1), o sea, ¿continuaremos en pecado a fin de que como resultado se dé una gran medida de gracia? (cp. Ro. 5:20). La perversa carne puede rebajarse a tener un pensamiento tan inicuo (cp. Jud. 4) al afrontar la rebosante gracia de Dios que justifica al creyente de una manera perfecta y para siempre. Pablo, escribiendo a los creyentes, dice, "los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" (Ro. 6:2). Pero, además de esto, ¿qué denota el bautismo de uno? Denota que el primer hombre está muerto, y sepultado en el bautismo. ¿Cómo peca un muerto? No puede.
Si el significado del bautismo se manifiesta en nuestras vidas, no viviremos en pecado, por cuanto la vieja naturaleza quedará mantenida en el lugar de la muerte, sepultada. El andar en novedad de vida incluye esto. Pero Ro. 6:4 no significa que todo bautizado esté andando en novedad de vida. Tenemos que recordar que Ro. 6 está escrito a y para santos que habían sido bautizados.
Ro. 6:5, 6 no puede significar que cada persona bautizada participará de la resurrección de Cristo. ¿Quién podría aceptar un error como este?1 Está escrito a creyentes ya bautizados que, a su debido tiempo, quedarán identificados con Él en la semejanza de Su resurrección.
Cristo Jesús (Ro. 6:3) es el nombre que lo presenta ante nosotros en correspondencia con el lugar que ocupa en la actualidad. Ello introduce el pensamiento de cómo Él ha llegado a tal lugar. Fue a través de la muerte. Y ahora Él se halla al otro lado de la muerte, en una verdadera novedad de vida. El bautismo tiene a la vista que andemos en correspondencia con ello.
En Col. 2:12 se lee "Sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios [...]." El hecho de resucitar está evidentemente no en el bautismo si tiene lugar "mediante la fe." Las palabras "en el cual" debería ser así traducido mejor como "en quien," como algunos afirman (cp. Nueva Versión Internacional, que traduce "resucitados con Él;" Besson traduce llanamente: "en quien también fuisteis resucitados por la fe en la energía de Dios;" cp. la traducción inglesa de la Biblia de J.N. Darby y su nota al pie. Cp. también la nota al pie en Col. 2:12 en Synopsis, también de J.N. Darby). El concepto de ser resucitado con Cristo por medio de la fe en el poder de Dios muestra así que es vital para los santos y una verdad distintiva para aquellos que habían sido bautizados.
En tanto que es cierto que Romanos 6 y Colosense 2 fueron pasajes escritos a creyentes para su instrucción, el bautismo, en sí mismo, no suscita la cuestión de si la persona tiene o no vida divina.
El bautismo salva en antitipo (1 P. 3:21). "La cual [agua] os salva ahora en antitipo, bautismo [...]" (1 P. 3:21, Besson). En ocasiones, este pasaje perturba a los cristianos; pero es la santa Palabra de Dios, y nuestro papel es inclinarnos ante ella primero, y después aprender. El bautismo sí hace algo. ¡El bautismo salva! ¿Qué significa esto? ¿No es acaso la sangre de Cristo la que salva? Sí, con toda certeza. Y tan sólo la sangre de Cristo ha hecho aptos a los santos para estar en presencia de Dios. Cuando se habla de salvación en relación con la sangre, se habla de perdón eterno. Se habla del alma teniendo lugar ante el trono de Dios. Se habla de ser salvos de las consecuencias eternas de nuestros pecados y de ser hechos aptos para la presencia de Dios.
No estamos hablando, por ejemplo, de un alcohólico que acepta a Cristo, siendo "salvado" ahora de los efectos corporales del curso que había estado siguiendo, cuando hablamos de ser salvo por la sangre de Cristo. La obra de Cristo, es cierto, será aplicada un día a nuestros cuerpos (Ro. 8:11, 23). Pero lo que queremos ilustrar es que podemos hablar de ser salvos en varios sentidos. Pedro no se refiere aquí a ser hechos aptos para estar en presencia de Dios, cuando dice "también os salva ahora." El diluvio fue un castigo infligido por Dios en una acción de gobierno. Fue un juicio. Ocho almas fueron salvadas por medio del agua. En este pasaje (v. 20), es el agua la que se considera como instrumento. El agua fue muerte para todos los que estaban fuera del arca, pero los ocho fueron salvados al estar en el arca, sostenidos por encima del agua. En un sentido fue el arca lo que los salvó, pero esto no es lo que Pedro está tratando aquí.
“[ ... ] no es simplemente salvados, no es εσώϑησαν sino διεσώϑησαν, salvados a través del peligro o cataclismo, aunque fue salvación como liberación de un mundo antiguo e introducción a un mundo nuevo; pero es salvados, a través de un juicio destructor por medio de lo que hubiera sido, y ciertamente fue para los demás, destrucción.”
Collected Writings of J.N. Darby, vol. 15, pág. 511, ed. Morrish; pág. 330, ed. Stow Hill.
Esta salvación tiene lugar en la tierra, por cuanto la salvación de Noé tuvo lugar en la tierra. Él y su casa fueron salvos por agua y se encontraron en una nueva esfera.
Aquellos a los que Pedro escribía habían sido también salvos de aquello que estaba bajo el juicio de Dios; y es el bautismo lo que los había salvado. Así, podemos comprender su exhortación en Pentecostés: "Sed salvos de esta perversa generación" (Hch. 2:40). J.N. Darby continúa:
"El bautismo es el antitipo (este es el término original traducido en Reina-Valera como ‘que corresponde a esto’) de esto: nos hace pasar a través de la muerte, no literalmente, claro, como es evidente. Pero por cuanto Cristo en (a) cuya muerte somos bautizados, ha resucitado, es liberación de un estado antiguo e introducción en uno de nuevo, en el de Cristo resucitado; realmente, si tomamos la posición externa aquí, figuradamente, si hablamos de la condición del alma ante Dios. Pero se trata de muerte, no de la comunicación de la vida, lo que prefigura por sí mismo. "
J.N. Darby hace también las siguientes útiles observaciones acerca de este pasaje:
"Una vez más, se dice ‘Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados,’ no dice ‘porque vuestros pecados han sido perdonados,’ siendo esto último el terreno que asumen aquellos que rehúsan el bautismo a nadie que no sea creyente. ‘Los que recibieron su palabra fueron bautizados,’ y fue ‘para perdón de los pecados;’ es decir, no se les podía reconocer como externamente libres de pecado hasta que hubieran muerto, en tipo, en las aguas de la muerte, aguas de bautismo (1 P. 3:20, 22); así dice en este pasaje: ‘en la cual [arca] pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua,’ etc.
"Aquí se dan afirmaciones en primer lugar de que Noé fue salvado por agua. Entró en el arca antes del diluvio, y Dios lo encerró dentro, y se vio tan a seguro como Dios pudiera hacerlo; pero nadie podía decir que estaba ya salvado, y la palabra dice que fueron ‘salvadas [las personas] por agua, la cual os salva también ahora en antitipo (Besson), etc.’ Siendo el agua el juicio de Dios bajo el que quedó abrumado el mundo, Noé pasa a través de él. Entra en el arca en el viejo mundo, va a través del agua, del juicio, y sale al mundo nuevo. Sólo podía ser salvado pasando a través de las aguas de la muerte, a través de lo cual es llamado a pasar el que haya aceptado el juicio de Dios, y que ‘ahora nos salva.’
"Noé no podía ser salvado más que pasando a través del juicio [...] [del] diluvio; y tampoco nosotros podemos ser llevados a una relación externo con el [orden] del nuevo hombre a no ser que vayamos en figura a través de la muerte de Cristo. ‘[Lo] que corresponde a esto’ ahora nos salva. Así, no somos externamente salvos sin ello. ‘No quitando las inmundicias de la carne,’ esto es, no el lavamiento externo que sí limpia el exterior de las vasijas, sino aquello de lo que es un tipo y a lo cual soy bautizado, la muerte de Cristo, que es lo único que puede darnos una buena conciencia delante de Dios, sabiendo que Él ha llevado el juicio del pecado en Su muerte. Noé fue salvado, por la fe en el testimonio de Dios, en el arca, el tipo de Cristo, pero no podía estar sobre un nuevo terreno excepto pasando a través del diluvio. El cristiano es asimismo salvado por medio de la fe en la sangre, pero no puede (en figura) mantenerse en el mundo juzgado y en relación con el segundo hombre excepto si pasa a través de (aquello que es figura de) la muerte de Cristo [...]."
J.N. Darby, The Baptism of Households, págs. 13-16.
La aspiración de una buena conciencia ante Dios no significa que debido a que una persona tenga ya una buena conciencia es preciso que una sea bautizada. Es al revés. Se ha afirmado también:
"No puede darse una buena conciencia allí donde [...] (uno) se queda en la muerte. Pero una buena conciencia no viene por el bautismo. El bautismo es la ‘demanda’ de una buena conciencia, o ‘aspiración.’ En el bautismo, Cristo es reconocido (al menos en profesión) de manera que el resultado sea una buena conciencia. Pero esto es realmente dado no por el bautismo, sino por la fe en ‘la resurrección de Jesucristo,’ como el mismo pasaje indica claramente (1 P. 3:21). "
Help and Food, vol. 7, pág. 27.
"El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Mr. 16:16). Se espera que las anteriores observaciones sobre 1 P. 3 sean de ayuda para entender un texto que muchos encuentran difícil. Nótese con cuidado el texto: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo." Algunos han deducido erróneamente en base de este pasaje que el bautismo es necesario para que uno sea apto para la presencia de Dios. Otros leen las palabras, y lo que se registra en su mente es "El que cree y es salvo debiera ser bautizado. " Este concepto es correcto, pero no es lo que se dice en Mc. 16:16. Se siente una dificultad, pero no hay ninguna en realidad. Cuando vemos que el bautismo sí salva, como dice Pedro, y que "salva" en tal contexto, no significa una salvación judicial y eterna del alma, la dificultad se desvanece. Marcos usa "salvo" en un sentido muy amplio, un sentido que incluye tanto el perdón eterno como el administrativo. Explicaremos más abajo en qué consiste el perdón administrativo. Pero señalemos ahora que las palabras "el que no crea será condenando" muestran que lo que se ha dicho tiene este sentido. Cuando se trata de una condena judicial por parte de Dios (el futuro), lo único que entra es la fe, ya que el bautismo no tiene nada que ver con aquel juicio. Cuando se habla de la salvación en un sentido amplio, no se habla sólo de la fe (que tiene que ver con el perdón eterno), sino también del bautismo, que tiene que ver con el perdón administrativo ahora en la tierra, donde pertenecen privilegios y responsabilidades especiales. Así que ambas cosas son precisas para ser "salvos" en este sentido amplio. Así, Mc. 16:16 muestra que, en cierto sentido, la salvación sigue al bautismo. Muestra que hay una salvación temporal con respecto a privilegios y responsabilidad además de la salvación del alma. Por otra parte, todo lo que tiene que estar ausente para que se tenga que comparecer ante el juicio del gran trono blanco es: "no creer" (cp. Ap. 21:8).
Marcos 16:16 constituye una indicación de que no deberíamos considerar a nadie dentro del círculo de la profesión de cristianismo que afirme que cree pero que rehúse bautizarse.
Si el lector entiende que Mc. 16:16 como una comisión actualmente en vigor, no podrá darse explicación a los otros pasajes que hablan de salvación, remisión de pecados o de "lavar pecados" como siendo sólo para los judíos, aunque pueda haber casos excepcionales en algunos casos. Puesto que Mc. 16:16 es de aplicación a los gentiles, los tales no pueden ser salvos, en el sentido de este versículo, hasta que no sean bautizados. No puede uno esperar conocer los pensamientos de Dios con respecto al bautismo simplemente ignorando este hecho. Se debe tener siempre presente que hay una esfera de la salvación del alma que tiene que ver con la sangre de Cristo y que hay también una esfera externa de discipulado que tiene que ver con el bautismo.
Los ritualistas, naturalmente, gustan de usar de estos pasajes para impartirles un sentido judicial, como si se refiere a la posición del alma ante del trono de Dios. La mejor respuesta a tal contención es comprender correctamente los pasajes.
Además de 1 P. 3:21 y Mc. 16:16, que muestran que hay un sentido en el que el bautismo salva, podemos señalar algunos casos interesantes en Hechos en los que el bautismo hace algo.
Hechos 2:38: Acerca de este pasaje, F.C. Patterson dice:
"[...] Pedro exhorta a los judíos así: ‘Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para (eis) perdón de pecados; y recibiréis el don del Espiritu Santo.’ Hch. 2:38. Aquí queda claro que tenían que ser bautizados con vistas a (eis) perdón y a la recepción del Espíritu Santo. No eran bautizados como poseedores de estas cosas, sino a fin de recibirlas. Y así lo vemos en cada caso en las Escrituras. Pablo es bautizado a fin de que sus pecados pudieran ser lavados (Hch. 22:16). Nosotros hemos sido bautizados ‘en (a, la preposición es eis) muerte’ (Ro. 6), no debido a que ya estemos muertos y resucitados. Es indudable que nos encontramos con que muchos de los que nacieron de Dios fueron bautizados, pero nunca fueron bautizados a causa de ello [...]."
Scripture Notes and Queries (Bible Truth Publishers, Addison, IL), pág. 5.
Fueron bautizados para (eis) remisión de pecados y así se les otorgó perdón. El perdón administrativo quita el pecado con autoridad. Esto se aplica a la culpa anterior. Ananías y su esposa mintieron al Espíritu Santo, y Pedro ató su pecado sobre ellos.
No se quiere con ello decir que el orden regular sea que los que creen reciban el Espíritu Santo después del bautismo. Es indudable que hay algo especial en el caso de Hechos 2 (Esto es, estaban involucrados los judíos que habían asesinado a su Mesías). Por otra parte, no es cierto que Hechos 2 muestre que el bautismo sea la obediencia a un mandato de Cristo para los gentiles. Estos judíos se sintieron compungidos de corazón, y se dieron cuenta de que se hallaban sobre un terreno de culpa ante Dios. Estaban asociados con aquellos que habían dado muerte al Mesías. ¿Qué iban ellos a hacer para cambiar esto? Esto era lo que querían saber "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en (epi) el nombre de Jesucristo [...]." El sentido de esta preposición es que ellos debían ser bautizados reposando en el nombre de Jesucristo. ¡Esta era la respuesta! Esto los disociaría de la nación que había rechazado a Cristo. En lugar de ello, estarían relacionados con Cristo. Así es que Pedro dice: "Sed salvos de esta perversa generación" (Hch. 2:40). Y, ellos debían ser bautizados para (eis) perdón de pecados, esto es, hacia la remisión de pecados. Era con vista a la remisión de pecados y con vistas a salvarse a sí mismos, disociándose a sí mismos, de aquella generación perversa.
La recepción del Espíritu tuvo lugar después de su bautismo, como también sucedió en el caso de los samaritanos (Hch. 8) y de los doce en Hechos 19. Estos dos casos de bautismo no podían ser una figura de que ya habían recibido al Espíritu, por cuanto lo recibieron después del bautismo. Es bien cierto que el hecho de la recepción del bautismo no implica, por sí mismo, que se haya recibido el Espíritu.
El similar caso de Pablo (Hch. 22:16). Las Escrituras no afirman que Pablo tuviera que ser bautizado debido a que sus pecados ya hubieran sido lavados. Con respecto a esto, J.N. Darby señalaba:
"El bautismo nunca presupone vida en aquel que es bautizado, aunque pueda haberla, pero siempre supone muerte. Así, Pablo se hallaba en la condición que le correspondía como pecador con sus pecados sobre él, aunque él ya estuviera a salvo, cuando se le ordenó: 'Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando Su nombre’ (Hch. 22:16). Sus pecados no habían sido aún lavados, esto es, seguía estando externamente relacionado con el primer hombre [Adán], hasta su bautismo a Cristo, y por sí mismo como hombre sobre la tierra no estuvo en un estado cristiano sino hasta después del bautismo. Si el bautismo implicara vida, ¿no se hubiera debido escribir más bien, ‘Levántate y bautízate, por cuanto tus pecados han sido lavados’? "
On the Baptism of Households—An Unrevised Copy of Answers by J.N.D. to Enquiries (G. Morrish: Londres, s.f.), pág. 12.
Así que en su caso, el bautismo lavó gubernamentalmente sus pecados. No fue lavado porque ya estuviera limpio. ¿Fueron sus pecados lavados invocando el nombre del Señor? No. Él había estado invocando el nombre del Señor tres días antes de su bautismo. El lavamiento usa agua, no la invocación del nombre del Señor. Todo ello se refiere a cosas externas, no al perdón eterno.
Aquí será apropiado dar unas palabras adicionales acerca de Hch. 22:16 con respecto al bautismo de Pablo y de nuestro siguiente tema, esto es, que el bautismo es el acto del bautizador. "Levántate y bautízate"
"[...] es una exhortación a él para que le fuera hecho. Lassen sie taufen, ‘Hazte ser bautizado.’ Lo mismo en 1 Co. 10:2 [...] Es el único tiempo verbal adecuado en cada caso, al ser llamado Pablo a actuar en el caso, pero para recibirlo reflexivamente. Es el sentido receptivo (así lo exponen Meyer y Alford) de la Voz Media: como 'oiré,' esto es, recibiré un son en mí mismo. Activamente, no podría βαπτιζε σεαυτόν: el pasivo estaría totalmente fuera de lugar, por cuanto se le había dado una indicación de que fuera activo. Hch. 10:47, 48 es pasivo, debido a que las órdenes son dadas con respecto a ellos.
Letters of J.N. Darby, vol. 2, pág. 90, Ed. Stow Hill.
EL BAUTISMO ES EL ACTO
DEL BAUTIZADOR
Así como se mantienen dos formas de pensar con respecto al significado del bautismo, del mismo modo se da una diferencia de opinión con respecto al tema de cuyo es el acto del bautismo. Estas dos opiniones son:
El bautismo es el acto de uno que se bautiza en obediencia al Señor.
El bautismo es el acto de uno que bautiza a otro.
En tanto que es cierto que el que se bautiza es uno que se somete, como en el caso que hemos visto de Pablo, creemos que la Escritura indica que el acto es de aquel que bautiza. Hemos relacionado una cantidad de bautismos que no son "bautismos cristianos." Sin embargo, hay unos principios comunes que señalan al hecho de que el bautismo es el acto del bautizador. Señalemos las referencias aplicables al bautismo y veamos como esto es así.
En las "diversas abluciones" (o, "diversos bautismos," V.M.) y "lavamientos" judíos (Mc. 7:3, 4; Heb. 6:2; 9:10), se trata del acto del que hacía estos lavamientos.
El "bautismo de Juan" (Mt. 3:11; Mc. 1:4; Lc. 3:21; Hch. 19:3-5) era el acto de Juan.
"Jesús hacía [...] discípulos"; sólo que Sus discípulos llevaban a cabo los bautismos (Jn. 4:1, 2).
Incluso en el asunto del bautismo en el poder del Espíritu Santo se ve que no es el acto del bautizado. Cristo es el Bautizador (Mt. 3:11).
También Cristo es Aquel que bautizará a los no arrepentidos con el bautismo de fuego (Mt. 3:11; Lc. 3:16).
En Mateo 28 es evidente que el mandato fue lado a aquellos que debían bautizar. Es a ellos que se les ordenó que bautizaran y enseñaran. Además, no se les ordenó que hicieran esperar a los "convertidos" un largo tiempo para ver si tenían vida divina. En Hch. 10:48 vemos que Pedro ordenó que fueran bautizados los que habían creído.
Lo que se ha considerado hasta ahora muestra que el significado del bautismo no es el de un testimonio público, aunque, desde luego, pudiera tener este efecto, especialmente con los judíos y paganos. Sin embargo, en las Escrituras no tiene este objetivo.
En una nota al pie al final de Hechos 8:36, la traducción de J.N. Darby dice (como también se indica en la Nueva Versión Internacional y en la Biblia de las Américas), "el versículo 37 se reconoce como no genuino."
En Hch. 10:47, 48 se afirma como un privilegio a ser conferido a los gentiles creyentes. También en Hechos 8:36 se expresa de este modo. En el judaísmo se da la obediencia a las ordenanzas. En el bautismo se trata de algo más bien conferido. No es, por ello, una obediencia a una ordenanza como en el judaísmo.
"El primer principio comúnmente afirmado es el de la obediencia. Mi respuesta a esto es la de una negación total de que en el cristianismo haya obediencia a unas ordenanzas. Esto es un principio minador y anticristiano, que se llama ‘sujetos a ordenanzas,’ y que deteriora todo el carácter del andar cristiano del creyente. Por lo que se refiere particularmente al bautismo, está perfectamente claro que en base de las Escrituras no es asunto de obediencia. La prueba es ésta: cuando el eunuco de Candace llega al agua, pregunta: ‘¿Qué impide que yo sea bautizado?,’ lo cuál es una expresión que, si el bautismo fuera asunto de obediencia, estaría fuera de lugar. Además, la obediencia de un pagano o de un judío a un precepto cristiano, cuando todavía no están dentro del cristianismo, no admitidos aún entre los cristianos, es un absurdo que se enfrenta a toda la naturaleza y principio del cristianismo. Se puede mostrar otro caso que muestra de una manera patente que la noción de evidencia es extraña al bautismo. Pedro dice: ‘¿Puede acaso alguno impedir al agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?’ Ambos casos dan prueba de que se trataba de un privilegio deseado o conferido, y no de un acto de obediencia; de la admisión entre los cristianos, el acto del bautizador en nombre de la asamblea, no del bautizado. La verdad es que no hay mandato de parte de Cristo a ser bautizados, sino a bautizar, y no podría ser de otra manera. Cristo no podía dar mandato a los de afuera con respecto a la cristiandad. Si uno se halla dentro de ella mediante el bautismo de modo que no puede haber orden a ser bautizado. La importancia de ello es que muestra que el sistema bautista falsifica toda la naturaleza del bautismo. De ahí que los apóstoles no fueran bautizados. Ellos, esto es, los Doce, no Pablo, fueron enviados a bautizar, a admitir a la casa de Dios. "
Letters of J.N. Darby, vol. 2, pág. 276 (Stow Hill ed.). Ver págs. 275-294
EL MODO DEL BAUTISMO
Las escrituras indican que el bautismo es por inmersión en agua como Mt. 3:6, In. 3:23 y Hch. 8:38 lo ponen bien patente. Esto se ajusta asimismo con el concepto de sepultura (Ro. 6). En Mc. 1:10 se indica que el Señor subió del agua. Es de lamentar el dejar a un lado del procedimiento escritural, tanto si es en ignorancia como si es voluntariosamente. Por otra parte, ya hemos señalado la importancia del nombre de Aquel en cuya autoridad se efectúa el hecho, incluso si la fórmula no es correcta. El modo puede que tampoco sea correcto. Es especialmente perturbador para algunos haber sido bautizados por infusión o rociamiento cuando eran pequeños, y al crecer y aceptar al Señor creer (incluso si fueron sumergidos de pequeños) que no fue un bautismo válido.
Hay un hermano que fue rociado cuando era pequeño. Cuando creció, y habiendo confiado en el Señor, fue (re-)bautizado con el que algunos llaman "bautismo de creyentes." Más tarde otro grupo lo convenció de que no estaba verdaderamente bautizado y de esta manera recibió la inmersión trina, sumergido tres veces durante los cuales se invocaban respectivamente los nombres del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Unos años después, cuando su entendimiento de la cuestión había sacado provecho de las verdades que se han tratado anteriormente, dijo que ¡desde luego ya debía estar bien bautizado ahora! En todo caso, vio que debía haber reposado en lo que había sucedido cuando era pequeño. El modo era defectuoso, pero había sido iniciado en la esfera del discipulado, y nada podía hacerlo más válido. Pasó del círculo exterior a la esfera del discipulado y los bautismos adicionales no añadieron otra cosa que confusión.
No dudamos que el Espíritu Santo ha anticipado las irregularidades y no las ha prohibido. Las dificultades que afrontan las almas surgen de no ver que el bautismo efectúa algo, esto es, inicia en una esfera de privilegio y responsabilidad, en lugar de dar expresión a una vida ya poseída.
LA FÓRMULA DEL BAUTISMO
Deseamos actuar escrituralmente en la utilización de lo que se dice cuando uno bautiza a otro. Al mismo tiempo, guardémonos del intento de invalidar un bautismo porque creamos que la fórmula utilizada no fuera correcta al 100 por ciento. Recordemos la excelencia del Nombre en cuya autoridad se lleva a cabo el acto incluso en el caso de que el acto sea deficiente en ciertos respectos, o acabaremos insensatamente rebautizando a las personas incontables veces, ¡y no estar verdaderamente seguros de que están realmente bautizados!
En Hch. 2:38, "en (epi) el nombre de Jesucristo" significa reposando en Su nombre. En Hch. 8:16, "habían sido bautizados en (eis, a, hacia) el nombre de Jesús." Esto significa que se hace en la autoridad de aquel nombre. En Hch. 19:5 fueron bautizados a (eis) el nombre del Señor Jesús.
Es de señalar que la especial conexión del nombre "Jesús" con el bautismo se dio en cada caso en el que había relaciones con el judaísmo (Hch. 2;38; 8:16, mestizos, por así decirlo; Hch. 19:5), en tanto que en el caso de los gentiles, el pensamiento primario no es el de conectar con ellos el nombre de "Jesús" (aunque ello, naturalmente, tiene su lugar), sino que se hacía en la autoridad del Señor (Hch. 10:48).
Estas variaciones en Hechos no nos son dadas para que las dupliquemos en la actualidad. Por ejemplo, en la actualidad no hay apóstoles para imponer las manos antes de la recepción del Espíritu. Estas variaciones tienen lecciones para nosotros, pero no la de que tengamos que tratar de imitar todas las variaciones. El caso de Cornelio (Hch. 10:48), creemos, nos da el pensamiento en relación con la fórmula de que el acto es efectuado en el nombre del Señor Jesucristo.
El bautismo es el acto del bautizador y creemos, por tanto, que el bautismo es llevado a cabo en Su autoridad y que es hacia algo:
En el nombre del Señor Jesucristo, te bautizo al (eis) nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
La comisión en Mateo 28 es dada en relación con el reino. Este bautismo al nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, se aplica al reino en su forma de misterio (Mateo 13) ahora así como al reino cuando tome su lugar el futuro remanente judío de discípulos.
BREVES COMENTARIOS
ACERCA DE UNOS POCOS
TEXTOS ADICIONALES,
FRECUENTEMENTE
MAL COMPRENDIDOS
"El lavamiento de la regeneración" (Tit. 3:5) es cierto de los cristianos genuinos que habían sido renacidos y que habían sido bautizados, pero aquí se trata de algo totalmente diferente. Se les había "trasladado al reino de Su amado Hijo" (Col. 1:13) como sacados de la vieja y caída creación al orden totalmente nuevo donde todas las cosas son de Dios (2 Co. 5:17, 18), y de lo cual el bautismo es meramente una figura (1 P. 3:20, 21). El término "regeneración" es frecuentemente usado erróneamente como si significara "nacido de nuevo." En Mateo 19:28 se refiere al futuro y nuevo orden milenial, en tanto que en Tit. 3:5 se refiere al nuevo y presente orden cristiano por medio de la gracia.
"El lavamiento de regeneración está tipificado por el diluvio [...] el viejo mundo es eliminado y aparece otro nuevo."
J.N. Darby, Collected Writings, vol. 13, págs. 325-326.
Letters of J.N.D., vol. 1, pág. 647.
"El lavamiento de regeneración [...] es la introducción del creyente en un lugar enteramente nuevo ante Dios."
W. Kelly, Introductory Lectures to the Pentateuch, pág. 207.
"Una bendita posición en la que somos ahora introducidos por el poder divino en Cristo [...] la nueva creación."
W. Kelly, Introductory Lectures to the Minor Prophets, Sofonías, págs. 374-375.
Ver también Synopsis, de J.N. Darby, notas a Hechos 28, y Collected Writings of I.N. Darby, vol. 28, pág. 555. También Christian Truth, Junio 1952, pág. 158, que trata muy bien este tema.
En Juan 3:5 se hace referencia no al bautismo, sino a la Palabra de Dios. La manera en que una persona nace de nuevo se muestra en Juan 1:13; 15:3; Stg. 1:18; 1 Pedro 1:23. La Palabra de Dios recibe el nombre de agua en Ef. 5:25, 26. Es un término figurado usado con frecuencia en la Palabra de Dios. En Neh. 8:1 es en la Puerta de las Aguas donde leyeron "las palabras de la ley" (vv. 9, 12, 13), "del libro" (vv. 1, 3, 5, 8, 18). El Salmo 119:9 también muestra esto.
RECAPITULACION
Recapitulamos lo que se ha dicho con las siguientes palabras de Letters, de J.N. Darby, vol. 2, págs. 293-294 (Ed. Stow Hill):
Es el acto del bautizador, no del bautizado. Este último no puede hacerlo por sí mismo, está fuera, y no puede recibirse a sí mismo dentro. Así, está escrito: "Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús" (Hch. 10:48). Por ello, no hay ni rastro de que los ciento veinte [de Hch. 1:15] fueran bautizados en absoluto. ¿Dónde estaba el lugar en el que tuvieran que ser recibidos? O, ¿quién iba a hacerlo? Ellos fueron hechos el lugar, y, en este caso, asimismo el cuerpo, por la venida del Espíritu Santo (Hch. 2:1-4). No se trata de obediencia; primero, como los ciento veinte, el hombre no podía obedecer; uno no puede bautizarse a sí mismo; pero más aún, Pedro dice: "¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?" Hch. 10:47. Y ordenó que fueran bautizados. Fue la concesión de un privilegio. ¿Quién podría rehusar la recepción de ellos, viendo que Dios había puesto Su sello sobre ellos? Así fue con el etíope: "Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?" Es posible que ya esté familiarizado con el hecho de que el versículo que sigue, esto es, Hechos 8:37, no es genuino, y que es una interpolación, aunque antigua, introducida por aquellos que creían que era necesaria la confesión. No se hizo nunca tal confesión, ni examen de si se hacía de todo corazón, en la época apostólica. El Señor tuvo cuidado de que hubiera pureza al principio, añadiendo a aquellos que debían ser salvos (Hechos 2:47), sellándolos con el Espíritu Santo. Tampoco es el bautismo un signo de lo que hemos recibido. Las personas son bautizadas a o hacia algo, no debido a que lo posean: a (no en) la muerte de Cristo, a Moisés, al bautismo de Juan, sepultados a muerte, a (es la misma palabra) la remisión de pecados. De ahí que siempre sea: "Levántate y bautízate, y lava tus pecados" (Hechos 22:16), no debido a que ya hayan sido lavados: a la muerte de Cristo, no porque hayan muerto. "A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva [...] por la resurrección de Jesucristo" (1 Pedro 3:21).
Así, cuando uno entraba en ello creyendo, recibía la bendición, hasta allí donde llegaba el perdón, de una manera administrativa aquí en la tierra, y era en consecuencia sellado por el Espíritu Santo (Hechos 2). No es un testimonio a otros (aunque pueda serlo también) como lo muestra el caso del etíope, ni se dice nunca que lo sea.
Cuando llego a la historia, es muy peculiar, como si Dios hubiera querido hacernos sentir que nos hallábamos en los últimos días en una cristiandad corrompida, en lugar de en su misma fundación. La única comisión a bautizar es la de ir y hacer discípulos a las naciones (el mandamiento desde Galilea, con el remanente, no procedente de Cristo ya ascendido), bautizándolos, etc. No se dio mandato de bautizar a los judíos ni a los creyentes conocidos. No dudo ni un momento que sí fueron bautizados, y lo acepto como un hecho apostólico. Pero esta comisión nunca fue llevada a efecto. En Gl. 2, habiendo sido Pablo llamado con un llamamiento especial y enviado a los gentiles (v. 7), "a quienes ahora te envío" (Hch. 26:17), los apóstoles de Jerusalén acceden que él asuma esta misión, y ellos ir a los judíos, como así fue. Ellos se habían quedado en Jerusalén cuando la asamblea fue esparcida (Mateo 10:23), no diré si correcta o erradamente, sólo que Dios se tomó cuidado en que se preservara la unidad con Cornelio, y Hechos 15.
El tema del bautismo es la muerte, como Ro. 6 muestra, esto es, la muerte de Cristo y, parcialmente, la resurrección en Colosenses 2, quizá, pero otras palabras se añaden aquí. La persona entra por medio de él al círculo cristiano (análogamente a Israel; cp. 1 Co. 10), donde se distingue cuidadosamente entre la posición sacramental y la seguridad personal ...
... La raíz de la cuestión en cuanto al bautismo es, ¿Se trata del acto del bautizado, individualmente, o de su recepción a la asamblea pública? Acerca de esto la Escritura no deja duda alguna en mi mente. Y, ¿Hay algún lugar o sistema (aparte de la conversión individual) que Dios haya establecido sobre la tierra donde Él more, y donde Sus bendiciones residan? que Él ha establecido al principio, y ha quedado totalmente corrompido, pero que tiene que ser reconocido en su responsabilidad y carácter hasta que Dios lo juzgue, así como el Señor llamó al Templo la casa de Su Padre, aunque había sido convertido en guarida de ladrones (Mateo 21:12, 13).
El bautismo de personas en agua no está, en las Escrituras, relacionado con la salvación del alma en el sentido que signifique que la persona que pasa por ello sea ya un verdadero cristiano. El significado del bautismo está en el mismo bautismo, todo ello basado, naturalmente, en la muerte de Cristo. Recapitulemos punto por punto nuestros hallazgos de la Escritura a fin de tener una visión de conjunto concisa de ellos:
El bautismo a Moisés los identificaba con él (1 Co. 10:2). El hecho de que se tratara de un bautismo nacional y que el nuestro no lo sea no altera este hecho ni la verdad de que en general el bautismo lo que hace es identificar a uno con aquello o aquel a lo que o a quien se es bautizado.
El bautismo de Juan, "el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados" (Mt. 3:11; Mr. 1:4; Lc. 3:3; Hch. 13:24) tenía en vista una vida conforme a él (Lc. 3:10-14) así como la expectativa de Aquel que iba a venir (Jn. 1:31; Hch. 19:4).
El bautismo impone a la persona el distintivo de la profesión de ser cristiano (Gl. 3:27) en el sentido de unirse a las filas, con independencia de la genuinidad. Algunos se ponen el uniforme de soldado pero, ¿hace esto a uno un soldado?
El bautismo cambia el terreno sobre el que uno está (Hch. 2:37-41; 22:16; Ro. 6:3, 4; Col. 2:12).
El bautismo inicia a uno para el discipulado (Jn. 4:1, 2; Mat. 28:19; Gl. 3:27; 1 Co. 10:1; 1 Co. 1:13).
El bautismo significa ponerse uno en el lugar de la muerte, a semejanza de la muerte de Cristo (Ro. 6:3, 4; Col. 2:12).
El bautismo significa ser sepultado (Ro. 6:3, 4; Col. 2:12). El primer hombre y su posición tienen que ser eliminados de delante de Dios.
El bautismo con los beneficios que le acompañan salva en lo temporal, externo, en relación con la esfera de profesión en la tierra. Así, por ejemplo, los judíos recibían perdón administrativo (Hch. 2:38; 22:16; 1 Pe. 3:21); en Mr. 16:16 vemos una aplicación general de esta verdad.
Se debe tener muy presente que, al ser bautizados, estas cosas vienen a ser ciertas de nosotros. En las Escrituras no se bautizaba a las personas debido a que estas cosas fueran ya ciertas de ellas, sino para que pudieran venir a ser ciertas de ellas. En las Escrituras, como hemos visto, el bautismo no va siempre situado después de la remisión de los pecados, después de la salvación, después de la muerte con Cristo, ni después de la recepción del Espíritu. La comprensión del significado del bautismo nos servirá de ayuda para comprender mejor el tema de "los sujetos del bautismo."