Los deseos y ejercicios normales de un cristiano
Stanley Bruce Anstey
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Introducción: Nuestra doble relación con el Señor
(Kirkland, Washington – 23 de mayo de 2009)
Que tremendo privilegio es conocer al Señor Jesucristo como nuestro Salvador personal. Como cristianos, hemos sido salvados y traídos a una maravillosa relación con Él. Esta relación tiene dos vínculos:
• Un vínculo de unión.
• Un vínculo de comunión.
Al creer en el Evangelio de nuestra salvación, hemos sido “sellados” (Efesios 1:13) y traídos en unión con Cristo al ser habitados por el Espíritu Santo (1 Corintios 12:13). Nada es tan fuerte como el primer vínculo. No hay hombre o demonio que pueda romper nuestra unión con el Señor Jesús. Estamos eternamente salvados, y nadie puede arrancarnos de Su mano (Juan 10:28-29).
Mientras que nada es tan fuerte como nuestro vínculo de unión con el Señor, no hay nada más frágil que nuestro vínculo de comunión con Él. Comunión simplemente significa estar en comunicación con el Señor. Por ejemplo, si viéramos a dos personas conversando alegremente, podríamos decir que están en comunión. Para tener una vida cristiana feliz y fructífera debemos mantener las líneas de comunicación con el Señor abiertas en todo momento, debemos vivir en comunión con Él. El pecado en la vida del creyente interrumpirá la comunión, pero el auto juicio y la confesión la restablece (1 Juan 1:9). El hermano C. H. Brown solía decir que la comunión es una planta extraña. Puede resistir bien la persecución o la prueba más severa, pero se marchitará ante algo tan pequeño como un mal pensamiento. ¡Cuán cierto es esto!
Esto significa que debemos tener mucho cuidado con como andamos (lo que decimos y hacemos en nuestras vidas) porque ese vínculo de comunión se rompe tan fácilmente. Y la última cosa que un creyente debería querer es estar fuera de comunión con el Señor. Por lo tanto, esta maravillosa relación con el Señor necesita mantenimiento en lo que se refiere a la comunión. No hay necesidad de mantenimiento respecto al primer vínculo (al menos por nuestra parte), pero el segundo vínculo necesita mantenimiento constante. Esto es de lo que quiero hablar hoy.
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Publicado por:
CHRISTIAN TRUTH PUBLISHING
Deseos cristianos normales
Como había dicho, me gustaría hablar de algunos deseos y ejercicios que son normales en una relación sana con el Señor, con los cuales se mantiene y se refuerza la comunión. Quiero usar el primer capítulo de Cantares para ilustrar estos puntos, porque están maravillosamente retratados en los deseos de la novia Sulamita por su amante, el rey Salomón.
Cantar de los Cantares
Vayamos a Cantares, capítulo 1. Este libro nos da lecciones e ilustraciones sobre el mantenimiento de nuestra comunión con el Señor. Hay dos cosas que sobresalen en el transcurso de los diálogos del libro:
• El amor inalterable del esposo.
• Una progresiva profundización del amor en la novia.
Salomón tipifica al Señor mismo, y la novia Sulamita tipifica al pueblo del Señor. Representa, en primer lugar, al remanente de Israel, pero también representa a los creyentes de cualquier época, incluidos los cristianos. Esta relación del rey con la novia Sulamita es retratada en la imagen de un romance, y por lo tanto, ilustra adecuadamente nuestra relación con el Señor, como Su novia.
Sin embargo, hablar de disfrutar del amor del Señor es algo difícil de hacer, porque el amor no es algo que se pueda definir y poner en palabras. Es algo que se experimenta, ¡más que estudiarlo o hablar de él! Lo que quiero decir es que el gozo del amor de Cristo no es algo de espectadores, no es algo que uno se siente a mirar o a filosofar, sino algo que se disfruta con la experiencia práctica. Hay una alegría en andar por este mundo en comunión con Cristo que sólo conocen los que lo hacen.
El primer versículo, “El cantar de los cantares” (LBLA), es el título inspirado del libro. Un cantar en las Escrituras habla de gozo. Salomón compuso más de 1000 canciones (1 Reyes 4:32), pero esta evidentemente trascendió a todas las demás. Es la canción de todas las canciones porque su tema trata del principal gozo del Señor. Tuvo cierto gozo en Su obra de creación (Job 38:6-7), pero hacer la voluntad de Su Padre y atraer los corazones de Su pueblo en pos de Sí es verdaderamente el mayor gozo personal del Señor. Esto es lo que ilustra el Cantar de los Cantares.
El libro consta de seis cánticos (poemas breves):
• Capítulos 1:2–2:7.
• Capítulos 2:8–3:5.
• Capítulos 3:6–5:1.
• Capítulos 5:2–6:12.
• Capítulos 6:13–8:4.
• Capítulo 8:5-14.
Cuando hablo de lo que es “normal” en la vida cristiana, me refiero a lo que las Escrituras presentan como lo que debería existir en la relación de un cristiano con el Señor. Lamentablemente, vemos mucha anormalidad hoy en día porque hay mucha indiferencia hacia el Señor; sin embargo, lo que las Escrituras presentan como normal en la relación cristiana es lo que debería ser nuestro modelo.
Me gustaría señalar cuatro grandes deseos que la novia Sulamita tenía en este primer capítulo, porque describen lo que debe existir en una relación normal y sana con el Señor.
1) Un deseo de gozar del amor del Señor más profunda e íntimamente
El capítulo comienza con la novia absorta en su objeto: su amado esposo. Dice: “¡Oh si él me besara con ósculos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino. Por el olor de tus suaves ungüentos, (ungüento derramado es tu nombre,) por eso las doncellas te amaron” (versículos 2-3). ¡Su primer deseo es que su esposo la besara! Un “beso” en las Escrituras denota una expresión de amor. Querer ser besada por su esposo representa el pensamiento del creyente que desea disfrutar del amor del Señor con mayor intimidad. Este es un deseo bueno y saludable. Es normal para nuestra relación con el Señor, y por lo tanto, todos deberían desearlo. De hecho, si no lo hacemos, algo va muy mal.
Su amor
La novia tenía una buena razón para querer más de su amor. Había descubierto algo que muchos cristianos evidentemente no han descubierto, que “son mejores” sus “amores que el vino”. El “vino”, en las Escrituras, suele representar gozo natural y terrenal. (“Sidra”, por otro lado, representa los intoxicantes placeres mundanos: Números 6:3; Proverbios 20:1). Esto significa que ella prefería su amor a todas las alegrías terrenales. ¿Que eran esas cosas comparadas con Su amor? Nota: no dijo que el “vino” fuera malo o pecaminoso. No hay nada malo en disfrutar de las cosas naturales y terrenales, como la recreación, arte, música, etc. Este fin de semana vamos a disfrutar de muchas actividades recreativas, y eso es bueno. Pero el punto aquí es que hay algo mejor. Me pregunto si ¿lo habrás descubierto? Sabes, cuando somos jóvenes, solemos llenar nuestras vidas con muchas cosas naturales. Pero a medida que crecemos en el Señor, conseguiremos que las cosas naturales estén más en equilibrio con las espirituales. Creo que esto hay que aprenderlo por experiencia.
Dos cosas suceden cuando gozamos del amor del Señor. Están ilustradas aquí en la respuesta de la novia. Primero, Su nombre se convierte en “ungüento derramado”. Es decir, hace brotar alabanzas de nuestros corazones, porque los “suaves ungüentos” del perfumador hablan de lo que el Espíritu de Dios produce en nuestros corazones en alabanza a Dios (Éxodo 30:22-38). Su nombre en nuestros labios difunde Su fragancia. Adorar al Señor es un resultado natural de gozar de Su amor. No creo que sea posible estar ocupados con Su amor y no tener alabanzas en nuestros corazones (Salmo 45:1).
La segunda cosa producida al gozar del amor del Señor es el amor virgen. Dice: “Por eso las doncellas te amaron”. Podríamos preguntar: “¿Qué es amor virgen?”. Bueno, una virgen en las Escrituras habla de alguien que se mantiene sin mancha del mundo y sus contaminaciones (Santiago 1:27). Amor virgen es el afecto a Cristo que se evidenciará en el mantenimiento de nuestra castidad espiritual. El amor a Cristo debe suscitar en nosotros el deseo de mantenernos separados del mundo para reservarnos sólo para Él. Cuando veo a un creyente, cuyo corazón ha sido tocado por el Señor, alejarse de sus conexiones mundanas, digo: “Ese es un amor virgen”. El Señor valora este tipo de afecto mucho más de lo que pensamos. Él sabe, y nosotros deberíamos saberlo también, que los placeres mundanos y las corrupciones son lo que el enemigo de nuestras almas utiliza para apagar nuestros afectos por Él. Si hay cosas mundanas en tu vida con las que te has vinculado, que el afecto por Cristo te aleje de ellas. Nunca te arrepentirás porque Su amor es mejor que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecerte.
2) El deseo de seguirle en el camino
El siguiente deseo de la Sulamita es ser atraída por su amado. Dice: “Llévame en pos de ti, correremos. Metióme el rey en sus cámaras: Nos gozaremos y alegraremos en ti; Acordarémonos de tus amores más que del vino: Los rectos te aman. Morena soy, oh hijas de Jerusalem, mas codiciable; Como las cabañas de Cedar, como las tiendas de Salomón” (versículos 4-5). Ella quería seguir a su amado en los caminos de la vida. Este es otro deseo normal que será evidente en toda relación sana con el Señor.
Una cosa es gozar del amor del Señor, y otra cosa es seguirlo en el camino de la fe. Pero será fácil cuando nuestros corazones estén comprometidos con Él. Nota: ella no sólo quería holgazanear tras él; ¡quería “correr” tras él en el camino! El salmista dijo: “Por el camino de Tus mandamientos correré, cuando ensanchares mi corazón” (Salmo 119:32). Eso es lo que el Señor quiere hacer con nosotros: ¡aumentar nuestro afecto por Él! Cuando eso ocurra, tendremos prisa por hacer Su voluntad. Eso es lo hará gozar del amor del Señor. Supondrá someter nuestra voluntad a la Suya, y sé que a veces nos cuesta. Pero cuando estemos gozando de Su amor, será fácil cederle las riendas del control de nuestras vidas. No nos arrepentiremos. No nos quitará nada que no sustituya por algo mejor.
Nótese también: ella dijo: “Llévame”, entonces cambió del singular al plural, y dijo: “ ... en pos de ti, correremos”. Esto muestra que si estamos disfrutando personalmente del amor del Señor, eso afectará a otros, y ellos también querrán ser atraídos hacia Él. Ella lo anticipa aquí, pero más adelante en el libro realmente sucede. En el capítulo 5, ella exaltó las muchas cualidades maravillosas de su esposo ante las hijas de Jerusalén, y ellas respondieron diciendo: “¿Dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Adónde se apartó tu amado, y le buscaremos contigo?” (capítulo 6:1). Esto muestra el increíble poder que tiene el amor de Cristo.
Sus cámaras
En respuesta a su deseo de ser llevada tras su amado, él la llevó a “sus cámaras”. Ahora, ¿por qué hizo eso? Bueno, creo que fue porque quería pasar tiempo a solas con ella. ¡Amigos, eso es exactamente lo que el Señor quiere hacer con nosotros! Él no está necesariamente buscando grandes actos de servicio de nuestra parte; solo quiere que pasemos tiempo con Él. Eso significa más para Él que cualquier servicio que podamos hacer.
Él la llevó a sus cámaras porque valoraba su compañía por encima de todo lo demás. La gran pregunta para nosotros es: “¿Nos tomamos el tiempo cada día para estar a solas con Él?”. Esto es algo normal en una relación saludable con el Señor. Si no pasamos tiempo con Él, entonces hay algo seriamente mal. ¿Qué pensarías de una relación matrimonial en la que la esposa no quisiera estar con su esposo? Dirías que algo no anda bien ahí. Espero que cada uno de nosotros tenga firmemente establecido en nuestra vida un “tiempo de quietud” diario, donde estemos a solas con el Señor y con las Escrituras abiertas. Queridos jóvenes, si aciertan en esto en sus vidas, también acertarán en muchas otras cosas en su andar cristiano.
Una vez entró en “sus cámaras”, descubrió que era:
UN LUGAR DE VERDADERA ALEGRÍA: Lo primero que dijo después de estar en sus cámaras fue: “Nos gozaremos y alegraremos” (versículo 4). Ella descubrió que la quietud de su presencia era el lugar de la verdadera alegría. Me pregunto si nosotros lo hemos descubierto también. Tristemente, muchos cristianos aún no han aprendido esto. Están ocupados tratando de hacerse felices, yendo de un lugar a otro en busca de todo tipo de entretenimiento que creen que los hará felices, pero los deja insatisfechos. Cuando observo a personas así, no me parece que estén contentas. El hecho de que parezcan moverse de una cosa a otra me dice que no están encontrando la verdadera felicidad en esas cosas, de lo contrario, seguirían persiguiéndolas. Aquí hay una lección que debemos aprender bien: la felicidad no se encuentra en las cosas, sino en una PERSONA: el Señor Jesucristo. La clave para una felicidad duradera es pasar tiempo cada día en comunión con Él.
UN LUGAR DONDE SUS AFECTOS FUERON CONMOVIDOS: La segunda cosa que dijo cuando entró en sus cámaras fue: “Acordarémonos de tus amores más que del vino: Los rectos te aman” (versículo 4).
Estar en la presencia de su amado despertó sus afectos hacia él y le permitió valorar el verdadero valor de su amor. Esto resultó en la promesa de “acordarse” de él antes que de cualquier cosa natural. Ahora, desear acordarse del amor del Señor es algo normal y natural que resulta de estar en Su presencia. Como bien saben, en el cristianismo tenemos una forma y un momento específicos para hacerlo colectivamente: la Cena del Señor (Lucas 22:19-20; Hechos 2:42; 1 Corintios 11:23-26). Sería maravilloso si el amor del Señor conmoviera hoy a alguien aquí, llevándolo a querer conmemorar Su muerte de esa manera. Cualquiera que ama al Señor de forma “recta” querrá responder a Su pedido: “Haced esto en memoria de Mí”. Y no olvidemos acordarnos de Su amor cada día de nuestras vidas, y darle gracias por haber muerto por nosotros en la cruz.
UN LUGAR DONDE ELLA APRENDIÓ LO QUE HABÍA EN SU CORAZÓN: La tercera cosa que dijo cuando entró a sus cámaras fue: “Soy negra” (versículo 5, LBLA, nota al pie de página). Esto habla de lo que realmente somos en nuestro interior. Aunque hemos sido salvados por la gracia de Dios, todavía tenemos corazones negros como el carbón. Aún conservamos la naturaleza pecaminosa caída, y no ha mejorado por el hecho de haber sido salvados. Esto es otra cosa que aprenderemos al estar a solas con el Señor en Sus cámaras.
Ahora bien, ¿por qué querría el Señor que conozcamos la oscuridad de nuestros corazones? Podríamos preguntarnos: “¿Es realmente necesario?”. Bueno, no es que el Señor quiera que estemos ocupados con nosotros mismos ni que nos enfoquemos en nuestros fracasos. La auto ocupación es algo enfermizo; ciertamente Él no quiere eso para nosotros. Pero sí quiere que sepamos lo que hay en nuestros corazones, para que no confiemos en nosotros mismos, sino que dependamos de Él. Al final del libro, vemos que la esposa Sulamita claramente había aprendido esta importante lección. En el capítulo 8:5 las hijas de Jerusalén dicen: “¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado?”. Ella había aprendido a apoyarse en Él, y eso es algo bueno. El desierto es el lugar donde Dios nos enseña dos grandes lecciones: primero, aprendemos lo que hay en nuestros corazones, y segundo, aprendemos lo que hay en el corazón del Señor. Descubrimos nuestra propia insuficiencia y Su total suficiencia. Estas son buenas lecciones para aprender, y mientras antes las aprendamos, mejor; pero me temo que toma toda una vida hacerlo.
Ahora, algunos nos dirán que necesitamos fracasar en el camino cristiano para aprender cómo son realmente nuestros corazones, pero eso no es verdad. El lugar para aprender cuán vil es nuestra condición no es en las calles del mundo, sino en la presencia del Señor. Cuando Pablo estuvo en la presencia del Señor y descubrió lo que había en su corazón, dijo: “Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora el bien” (Romanos 7:18). Si avanzamos en el camino cristiano con confianza en nosotros mismos, vamos a fracasar. Las Escrituras dicen: “Porque nadie será fuerte por su fuerza (humana)” (1 Samuel 2:9). Es solo por la fuerza del Señor que podemos seguir adelante y ser preservados (Zacarías 4:6; Filipenses 4:13). A veces somos lentos para aprender esto, y puede que tengamos que sufrir una caída para entender la lección, pero no es necesario aprenderla de esa manera. Si pasamos tiempo en la presencia del Señor, obtendremos una verdadera estimación de nosotros mismos, y eso nos llevará a apoyarnos en Él con dependencia.
Recuerdo haber hablado con una querida hermana bautista que se estaba preparando para hacer trabajo misionero, donde estaría sola por un período prolongado con un hombre que no era su esposo. Le pregunté si pensaba que eso era sabio, porque todos sabemos cómo son nuestros corazones. Pero ella respondió: “¡Oh, yo nunca haría algo así!”. Le dije: “¿Y cómo lo sabes?”. Ella respondió: “Porque confío en mi corazón”. Pero las Escrituras nos dicen: “El que confía en su corazón es necio” (Proverbios 28:26).
UN LUGAR DONDE ELLA APRENDIÓ QUE ERA CODICIABLE PARA SU AMADO: En sus cámaras también aprendió que era “codiciable”. Esto no es una contradicción con el punto anterior; ahora ella está hablando de lo que la gracia había obrado en ella. No estaba jactándose de esto; había aprendido que, en verdad, era atractiva para su amado. Como digo, esto habla de la hermosura que la gracia pone sobre nosotros. Las Escrituras dicen: “Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros” (Salmo 90:17). Cuando el Señor nos recoge, no hay nada en nosotros que sea agradable a Dios, pero Él, en Su gracia, nos concede Su favor y obra en nosotros por medio de la gracia, de modo que llegamos a ser preciosos para Él.
En Su presencia no solo aprendemos lo que la gracia ha hecho de nosotros, sino que también es donde obtenemos el secreto de Su aprobación. Si permitimos que nuestros afectos se dirijan hacia Él, nos hará saber que aprueba eso, y que le es agradable. Es la “piedrecita blanca” que el Señor da a aquellos que siguen adelante con Él que tiene “un nombre nuevo” escrito en ella que nadie conoce excepto quien la recibe (Apocalipsis 2:17). Esto habla de tener la aprobación secreta del Señor en nuestros corazones, y esto solo lo conocen aquellos que andan con Él.
El mundo puede que no nos vea como “codiciables”; probablemente piensen que los cristianos somos un poco extraños. Pero el Señor ve hermosura en nosotros, y eso es lo único que debería importar. Cuando una persona aprende que realmente es preciosa para el Señor, y lo siente en lo profundo de su alma, no le importará ser vista como un poco diferente por el mundo. Si hemos hecho del Señor nuestro Amigo más cercano y querido, y sabemos que Él nos ama y nos aprueba, no necesitaremos buscar la aprobación de nadie más. La presión de grupo no tendrá poder sobre nosotros, porque la aprobación del Señor será suficiente. ¿Y dónde vamos a obtener ese sentido secreto de Su amor y aprobación? Solo al tomarnos el tiempo para estar con Él en Sus “cámaras”.
Vemos a jóvenes que no parecen tener ese sentido en sus almas, y nos duele profundamente ver cómo son atraídos por el mundo. ¿Por qué van al mundo? Porque están buscando felicidad y aprobación, dos cosas que en realidad solo se pueden encontrar en el Señor. Es triste verlos anhelar aprobación y un sentido de pertenencia en el mundo, cuando podrían encontrarlo en el Señor.
3) Un deseo de no llamar la atención sobre uno mismo
Ahora veamos el siguiente deseo de la novia Sulamita. Dice: “No miréis en que soy morena, porque el sol me miró [quemó]” (versículo 6). Ella no quería que la gente la mirara, porque no era su deseo llamar la atención sobre sí misma. Esto habla de una verdadera humildad, y es algo muy digno de elogio; además, es algo normal en una relación sana con el Señor. Nota: ella habló de esta manera después de haber estado en las cámaras del rey. Hay algo en la presencia del Señor que quita el orgullo de uno. Si una persona realmente está andando con el Señor y disfrutando de Su amor, no buscará protagonismo. Estará feliz de seguir adelante discretamente con el Señor. “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?” (Miqueas 6:8).
Saben, hay algunas personas que siempre quieren ser notadas. Todo en sus vidas parece estar orientado a ser vistas. Puede ser en su manera de vestir, o en un comportamiento llamativo, etc. Incluso puede manifestarse en el deseo de destacar en algo. Sea lo que sea, te hace preguntarte si personas así pasan mucho tiempo en la presencia del Señor, porque “ninguna carne se jacte en Su presencia” (1 Corintios 1:29). El apóstol Pedro nos exhorta diciendo “revestíos de humildad” (1 Pedro 5:5). Esto significa que deberíamos querer mantener el yo fuera del cuadro tanto como sea posible. Esto solo será posible si pasamos tiempo en la presencia del Señor.
Su gloria
Gran parte del orden eclesiástico en la cristiandad hoy en día le da al hombre un lugar en el cual gloriarse. Estoy seguro de que probablemente hayan notado que la mayoría de los servicios cristianos brindan la oportunidad para que una persona exhiba su habilidad para cantar, su talento musical o algún logro humano. Aunque no se haga con esa intención, lamentablemente, es parte de muchos servicios religiosos. Sin embargo, el cristianismo verdadero no le da al hombre un lugar donde pueda gloriarse. El primer hombre no debe tener un lugar en la Iglesia. El método de Pablo en el ministerio era: “Porque no nos predicamos á nosotros mismos, sino á Jesucristo, el Señor” (2 Corintios 4:5). También dijo: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gálatas 6:14). Esto muestra que, tanto como sea posible, deberíamos tratar de vivir y servir al Señor sin ser notados. Esta es la verdadera grandeza.
J. N. Darby dijo: “Es de gran importancia que sintamos profundamente que, en la obra que Dios está haciendo en la tierra, es Él quien la está haciendo. Es cierto que Él nos usa como Sus siervos, pero siempre existe el peligro de que el YO aparezca en cualquier cosa que esté conectada con el hombre, quien no es más que un instrumento. Cuando el hombre está oculto, Dios es glorificado, y todo marcha bien”. La esposa en este capítulo ejemplifica esto; no tenía ningún deseo de llamar la atención sobre sí misma. Creo que esa es una sensibilidad apropiada para una relación normal y sana con el Señor.
Entonces ella añade: “Los hijos de mi madre se airaron contra mí, hiciéronme guarda de viñas; y mi viña, que era mía, no guardé” (versículo 6b). Estos eran sus hermanos. ¿Por qué estarían enfadados con ella? Había algo en el hecho de que ella estuviera a solas en la presencia de su amado que provocaba el desagrado de sus hermanos. No les gustaba que se tomara tiempo para estar con él porque pensaban que estaba descuidando sus responsabilidades en las viñas.
Ahora bien, ayudar en el servicio es algo bueno, lo cual es lo que representa el trabajo en las “viñas”, pero nunca debería tener prioridad sobre el tiempo a solas con el Señor. Esta es una lección importante que debemos aprender, y espero que todos la hayamos aprendido. Pero esto era algo que sus hermanos, al parecer, no entendían. Los cristianos también pueden anteponer el servicio a la devoción personal y al estudio de la Biblia, pero eso no está bien. Se nos ha dicho mil veces que todo servicio debe fluir de nuestra comunión con el Señor. Es lo que nos dará la energía para hacer la obra del Señor en Su viña.
Las personas pueden poner demandas sobre nuestras vidas y nuestro tiempo, tal como lo hicieron sus hermanos. Ya saben a lo que me refiero, demandas como: ven aquí, ve allá, y cosas así. Si ceden a sus demandas, podrían terminar por no mantener su “propia viña”, y esto es exactamente lo que le pasó a la Sulamita. Personas así pueden tener buenas intenciones, pero deben ser firme con ellas; deben pasar tiempo con el Señor en comunión con Él y cuidar su propia viña primero, antes de hacer cualquier otro servicio. El Señor debe tener el primer lugar en nuestro tiempo. Nuestros amigos quizás no entiendan esto, e incluso pueden estar “airados” cuando rechazamos asistir a alguna actividad porque queremos pasar tiempo con el Señor.
Un grupo de jóvenes activo puede tener tantas actividades que termine reclamando todo su tiempo libre, y eso no es bueno. Conozco a un hermano que, hace años, cuando era joven, se enfrentó a esta dificultad. Además de asistir a las reuniones entre semana, los jóvenes estaban haciendo algo casi todas las demás noches, de modo que si él quería dedicar una noche a estudiar algún ministerio, no podía. Él me contó que eventualmente tuvo que plantarse firmemente y decir “no” a algunas cosas. Nosotros también quizás tengamos que hacer lo mismo.
4) Un deseo de comunión y descanso con Su rebaño
Veamos otro deseo que tenía la esposa Sulamita. Ella le dice a su amado: “Hazme saber, ó tú á quien ama mi alma, dónde repastas, dónde haces tener majada al medio día: Porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?” (versículo 7). Él le responde: “Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal, yéndote por las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto á las cabañas de los pastores”. Vemos aquí que ella tenía el deseo de estar con su rebaño. Tener interés en estar con el pueblo del Señor es otra cosa normal en una relación sana con Él. Por supuesto, su razón era que ella quería estar con él. Quería alimentarse donde su rebaño se alimentaba y descansar donde su rebaño descansaba, porque así estaría donde él estaba.
Su rebaño
Es normal tener hambre de comunión. Desde el mismo primer día de la existencia de la Iglesia, el Señor proveyó comunión para Su pueblo porque sabía que lo necesitaban. Dice: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones” (Hechos 2:42). Dios nunca tuvo la intención de que anduviéramos solos después de ser salvos. Él ha provisto comunión para nosotros con aquellos que comparten la fe igualmente preciosa, y necesitamos perseverar en ella; es para nuestro bien. Hay ciertos beneficios en mantenernos en comunión estrecha con el pueblo del Señor. Por nombrar algunos: ánimo, preservación, apoyo en las pruebas, y ayuda e instrucción espiritual.
Si pensamos que no necesitamos a nuestros hermanos, o simplemente no queremos estar con ellos, indica que algo va mal. Eso no es nada normal. Me han dicho que hay dos cosas que indican que una oveja está enferma: no tiene la cabeza agachada comiendo en el campo, y no se mantiene con el rebaño, sino que anda sola. Si estas dos cosas caracterizan nuestras vidas en un sentido espiritual, estamos enfermos.
Ella dijo: “Porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?”. Esto muestra que ella se daba cuenta de que había peligros en el camino, y que era posible que se desviara tras otro. Esto era una preocupación para ella; no quería tropezar de ninguna manera. ¿Somos nosotros conscientes de este peligro? Nota: estos eran sus queridos “compañeros”; no eran enemigos, pero de alguna manera no estaban guiando a las personas tras él. Saben, es muy posible que creyentes verdaderos, bien intencionados en sus esfuerzos por ayudar al pueblo del Señor, terminen guiando a otros fuera del camino. Puede ser solo uno o dos grados de desviación, pero el resultado final de su ministerio es que las almas son alejadas de donde Cristo está en medio. No creo que tenga que decirte que hay un esfuerzo real del enemigo por apartarnos de estar reunidos en el nombre del Señor. Le gustaría introducir algo o alguien en nuestras vidas que nos lleve a una comunión divergente, algún lugar donde nuestro Amado no está en medio, conforme a Mateo 18:20. Seamos cuidadosos con esto.
El remedio para este peligro es conocer la voz del Pastor. El Señor dijo: “Mis ovejas oyen Mi voz, y Yo las conozco, y Me siguen” (Juan 10:27). Dios nos ha dado “la unción” del Espíritu para ayudarnos a conocer y distinguir la verdad del error cuando se nos presenta (1 Juan 2:27). Cuando estamos familiarizados con la voz del Señor, podremos identificar de inmediato algo que no proviene de Él y apartarnos de ello. Es una salvaguarda que Dios nos ha dado, pero solo funcionará cuando estamos en comunión con el Señor.
Su respuesta para ella fue que se mantuviera en “las huellas del rebaño”. Que esa sea también la palabra del Señor para nosotros: sigamos las huellas del rebaño. Así seremos preservados, porque allí hay protección y apoyo para nosotros. De manera similar, Booz le dijo a Rut: “No vayas á espigar á otro campo, ni pases de aquí: y aquí estarás con mis mozas” (Rut 2:8). El esposo no solo le animó a quedarse cerca de su rebaño, sino que también la animó a traer allí a otros con quienes ella había estado trabajando. Él dijo: “Apacienta tus cabritas junto á las cabañas de los pastores”. Estos “pastores” eran sus pastores subordinados, quienes cuidarían de ella y de los que estuvieran con ella. Esto es hermoso; el Señor usará a obreros cristianos fieles para ayudarnos en el camino.
Un resumen de los cuatro grandes deseos de la Sulamita
1) Disfrutar de un amor más profundo e íntimo de su amado.
2) Seguir a su amado en el camino.
3) Avanzar con humildad, sin atraer atención hacia sí misma.
4) Tener comunión y descanso con el rebaño de su amado.
Ejercicios cristianos normales
Hemos hablado de algunos deseos normales que deberían existir en una relación sana con el Señor. Ahora me gustaría hablar de algunos ejercicios normales que deberíamos tener. Hay, creo yo, cuatro lugares en el Nuevo Testamento donde la palabra “ejercicio” es usada en relación con los creyentes. Me gustaría mirar estas referencias para señalar algunos ejercicios importantes que deberían encontrarse en la vida de todo cristiano.
Antes de avanzar, supongo que deberíamos preguntar: “Que es ejercicio espiritual?”. Simplemente significa tener una convicción acerca de algo. Una persona sin convicciones muy probablemente se desviará del camino; cualquier cosa que se presente, probablemente los arrastrará tras ella. Como dice el refrán: “El que no defiende nada, caerá por cualquier cosa”. Así que, es bueno tener convicciones reales en el camino cristiano.
Volvamos ahora a estas referencias y veamos estas cuatro cosas sobre las cuales necesitamos ejercitarnos en nuestras vidas.
1) Ejercitados en tener una buena conciencia
Vayamos en primer lugar a Hechos 23:1: “Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy”. Y luego, en el capítulo 24:16 (LBLA): “Por esto, yo también me esfuerzo [me ejercito, traducción King James] por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres”. Luego, en 1 Timoteo 1:19, dice: “Manteniendo la fe y buena conciencia, la cual echando de sí algunos, hicieron naufragio en la fe” (1 Timoteo 1:19). Podemos ver de estos tres versículos que es importante andar delante de Dios con buena conciencia. Si no mantenemos una buena conciencia, como muestra esta última referencia, terminaremos apartándonos del camino y naufragando de nuestras vidas cristianas.
Es cristianismo normal el andar con “buena conciencia” delante de Dios. Pero ¿cómo mantenemos una buena conciencia? ¿Es asegurándonos de no pecar nunca? No, no exactamente. Si ese fuera el caso, entonces ninguno de nosotros tendría una buena conciencia, porque todos hemos hecho cosas que no deberíamos haber hecho. No estoy excusando ninguna mala conducta por parte de los cristianos; solo estoy afirmando el hecho de que los cristianos fallan en el camino, y eso da como resultado una mala conciencia. Ahora bien, no hay excusa para que pequemos, pero seríamos mentirosos si dijéramos que no hemos fallado (1 Juan 1:8-10). Alguien dijo: “Decir que un cristiano no puede vivir sin pecar es negar el cristianismo, pero decir que los cristianos viven sin pecar es negar nuestra condición”.
Mantener una buena conciencia no significa que nunca fallemos; significa practicar el juicio propio cuando lo hagamos. Es juzgarnos a nosotros mismos en aquello en lo que hemos hecho mal y confesarlo al Señor. Las Escrituras dicen: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:9). El vínculo de comunión con el Señor, del que hablé en un comienzo, se rompe cuando pecamos, pero cuando nos juzgamos a nosotros mismos y lo confesamos al Él, es restaurado. Esto es lo que quise decir cuando dije que la condición de nuestras almas necesita mantenimiento constante. Pueden entrar cosas que interrumpan la comunión, pero Dios ha provisto para ello mediante el juicio propio.
A menudo se nos ha dicho que no debemos tener cuentas pendientes con Dios. Esto significa que no debemos dejar pasar las cosas si hemos fallado. Debemos confesarlo a Él de inmediato, para que podamos ser restaurados a la comunión. Si dejamos que nuestros pecados se acumulen, pronto estaremos en un rumbo lejos del Señor. Es bastante malo haber pecado, pero negarse a juzgarlo y confesarlo a Él es aún peor. Tener un corazón honesto es reconocer rápidamente que hemos pecado de alguna manera y confesarlo al Señor para que nuestra comunión con Él sea restaurada. Es un ejercicio saludable y esencial para andar en el camino de la fe.
La conciencia no es nuestra guía
Ahora, todos hemos escuchado a personas bien intencionadas decir que dejan que su conciencia sea su guía. Pero la conciencia no es la guía del cristiano; la Palabra de Dios lo es. Nuestra conciencia solo funcionará cuando esté en la luz. Es una conciencia iluminada la que necesitamos. Nuestra conciencia es como nuestros ojos: solo funcionan cuando están en la luz. Una persona puede tener una visión perfecta, pero si la pones en una habitación completamente oscura, sus ojos no funcionan; no puede ver nada.
Es posible que nuestras conciencias estén en la oscuridad, y como resultado, podríamos continuar con pecados bastante horrendos. Pablo mismo es un ejemplo claro de esto. Con toda buena conciencia hacia Dios, persiguió a los cristianos ¡incluso hasta la muerte! Su conciencia estaba envuelta en la oscuridad de una religión sin Cristo, y pensaba que estaba sirviendo a Dios al matar cristianos (Juan 16:2). Pero cuando el Señor encendió Su faro sobre él, y se vio a sí mismo a la luz de Dios, cayó al suelo como un pecador convencido (Hechos 9:3). La Biblia dice: “En Tu luz veremos la luz” (Salmo 36:9). Así que, como digo, necesitamos conciencias iluminadas, y obtenemos conciencias iluminadas por medio de la Palabra de Dios. Las Escrituras dicen: “La exposición de Tus palabras imparte luz” (Salmo 119:130, LBLA). Por lo tanto, la manera de mantener una buena conciencia es practicar el juicio propio, si y cuando fallamos. Esto es lo que nos permite andar en comunión con el Señor.
2) Ejercitados en ser piadosos
Ahora vayamos a 1 Timoteo 4:7-8: “Las fábulas profanas y de viejas desecha, y ejercítate para la piedad. Porque el ejercicio corporal para poco [tiempo] es provechoso; mas la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”. Aquí tenemos otro ejercicio que es normal en el cristianismo bíblico. El cristiano debe preocuparse por ser piadoso. Pero ¿qué es exactamente la piedad? Alguien dijo que la piedad es semejanza a Dios. Esto es cierto, pero no estamos diciendo que debemos ser como Dios en Sus atributos de deidad. Sería una blasfemia pensar que podríamos ser como Él en ese sentido. Se trata de ser como Dios en lo que respecta a Sus atributos morales. La honestidad, la bondad, la paciencia, etc. son atributos morales que deberían verse en la vida de un cristiano.
Pero ¿cómo obtenemos estas cualidades morales en nuestras vidas? Pues bien, esto sucede cuando pasamos tiempo con el Señor. Al estar ocupados con Él en Su gloria, el Espíritu de Dios nos transforma a Su semejanza (2 Corintios 3:18). Pero el otro lado de esto es que necesitamos “ejercitarnos” al respecto. De ese lado es del que Pablo está hablando en este capítulo. Piedad no es algo que uno simplemente descubre por accidente. No existe tal cosa como llegar a la piedad por casualidad; es el resultado de una convicción seria.
Por ejemplo, Dios quiere que seamos santos (1 Pedro 1:15-16). Es una cualidad moral que forma parte de la piedad. Pero no seremos santos en un sentido práctico si no estamos ejercitados en guardarnos de las cosas contaminantes de este mundo. La ocupación con Cristo en la gloria es buena, pero llega un momento en que necesitamos levantarnos y separarnos de toda impiedad. Las Escrituras dicen: “Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios” (2 Corintios 7:1).
El ejercicio corporal no está mal
Pablo dice: “El ejercicio corporal para poco es provechoso; más la piedad para todo aprovecha”. Él no está diciendo que el ejercicio corporal sea incorrecto, sino que, en comparación con el ejercicio espiritual, que resulta en piedad, no es tan importante. La piedad tiene provecho no solo para esta vida, sino también para la venidera. El ejercicio corporal tiene provecho para esta vida; Pablo no lo niega. Simplemente está enfatizando el punto de que no debemos hacerlo nuestro enfoque principal. Pablo no está diciendo que debamos descuidar el ejercicio corporal, sino que debe tener un equilibrio adecuado en nuestras vidas. Dios nos ha dado todas las cosas que son moralmente correctas para que las disfrutemos en abundancia, y el ejercicio corporal y la recreación están incluidos (1 Timoteo 6:17). Alguien dijo que la piedad es la mejor preparación para la eternidad. Tiene una “promesa de esta vida presente, y de la venidera”.
3) Ejercitados en lo que leemos en la Palabra de Dios
Ahora vayamos a Hebreos 5:13–6:1: “Que cualquiera que participa de la leche, es inhábil para la palabra de la justicia, porque es niño; mas la vianda firme es para los perfectos [adultos], para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Por tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante á la perfección”. Aquí tenemos una tercera cosa. Deberíamos estar ejercitados en cuanto a lo que leemos en la Palabra de Dios, especialmente en la “vianda” de Su Palabra.
El escritor usa dos figuras: “leche” y “vianda”. Compara la “leche” con las verdades elementales de las Escrituras. También se le conoce como “los primeros rudimentos” en Hebreos 5:12. Es, esencialmente, lo que salió en el ministerio del Señor Jesús en los cuatro Evangelios. Luego compara la “vianda” con la plena revelación de la verdad en el cristianismo. Esto es lo que se ha dado en las epístolas, y lo que establecerá al creyente (Romanos 16:25).
Un “niño” en Cristo necesita leche, porque le da los principios básicos de una vida piadosa y cómo uno debe ser un buen súbdito en el reino de Dios. Sin embargo, si el creyente se queda solo con esto, no se establecerá en la plena revelación de la verdad cristiana. No se alcanzará la madurez cristiana quedándose con lo que está en los cuatro Evangelios. Por favor, no me malinterpreten; no estoy denigrando el ministerio del Señor. Su ministerio terrenal no tenía la intención de establecer al creyente en su posición cristiana correcta; era para preparar a los creyentes para el reino. No presenta la posición celestial ni las bendiciones de un cristiano. Para entender esas cosas celestiales, el creyente necesita estar fundamentado en las epístolas. Nuestras bendiciones cristianas distintivas son consecuencia de la muerte y resurrección del Señor, lo cual, por supuesto, no se había logrado en los días en que Él ministró en la tierra. Antes de que el Señor muriera, les dijo a Sus discípulos que les había dado algunas “cosas” maravillosas en lo que les enseñó. Pero cuando viniera el Espíritu Santo, Él les daría “todas las cosas” en cuanto a la plena revelación de la verdad (Juan 14:25-26).
Como se mencionó, la persona que permanece en la verdad dada en los Evangelios no será hábil en “la Palabra de la justicia”. Hay muchos cristianos así; simplemente se quedan con las Bienaventuranzas y otras cosas similares del ministerio terrenal del Señor. ¿Cómo, entonces, vamos a crecer hacia la madurez cristiana? Él dice aquí: “Por la costumbre”. Es decir, cuanto más profundizamos en la doctrina cristiana, más nuestros “sentidos” serán ejercitados, y nuestro entendimiento se desarrollará. Pero si nunca nos ocupamos de esas cosas, no podemos esperar estar bien fundamentados en ellas. Nuevamente, al igual que la piedad, estar fundamentados en la verdad —la “vianda” de la Palabra— no sucede por accidente. Requiere ejercicio.
La verdad en los Evangelios no debe ser descartada
Podríamos decir que la verdad en los cuatro Evangelios es como un “puente” entre las cosas del Antiguo Testamento y la verdad del Nuevo Testamento en las epístolas. Los creyentes hebreos habían subido a este puente, pero estaban siendo tentados a volver al judaísmo y al orden del Antiguo Testamento. La exhortación aquí era a ir “adelante á la perfección”. Es decir, avanzar y establecerse en la verdad tal como se encuentra en las epístolas. Como sucede con la mayoría de las ilustraciones, esta no representa perfectamente nuestro punto. Al decir que uno debe “bajarse del puente”, no me refiero a que el creyente ya no deba leer los cuatro Evangelios. Cuando avanzamos hacia lo que está en las epístolas, queremos añadirlo a lo que el Señor dio en Su ministerio. No lo descartamos. Supongo que se podría decir que nos bajamos del “puente” al avanzar ¡y nos llevamos el “puente” con nosotros!
Animaría a los hermanos más jóvenes aquí a prestar atención a la verdad de las epístolas y a obtener un esquema de cada epístola, para que sepan sobre qué trata cada una. Esto les ayudará a estar bien fundamentados en la verdad. Al mismo tiempo, no deben descuidar las cosas dadas en los Evangelios.
Ahora, pasando a lo práctico, diría que leer las Escrituras no es suficiente si se va a alcanzar la madurez cristiana; debe haber “ejercicio” en lo que leemos. La tendencia es leer las Escrituras casualmente, y no prestar mucha atención al mensaje. No queremos ser como ese hombre del que Santiago habla, que mira en la Palabra, como un hombre que mira en un espejo, y luego se va y olvida todo lo que vio (Santiago 1:22-25).
Si vamos a crecer, la Palabra de Dios debe ser leída con cuidado y oración. Se nos dice en Isaías que aquel que es “quitado de la leche” y “ ... arrancado de los pechos” es quien aprende la verdad “mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá” (Isaías 28:9-10). Esto muestra que hay mucho provecho en notar los detalles de las Escrituras, y no los aprendemos todos de una vez. Se necesita tiempo y diligencia, y ejercicio. Si uno lo asume como una tarea, probablemente resultará ser eso: un montón de trabajo duro. Pero Dios no quiere que leamos Su Palabra de esa manera. Léela no como un manual, sino como un mensaje. Dios tiene algo que decirte; trata de captar la esencia de eso, y los detalles vendrán a medida que la repases “línea sobre línea”.
4) Ejercitados en todo lo que viene a nuestras vidas
Ahora veamos el cuarto lugar en el Nuevo Testamento donde se menciona el ejercicio en relación con el creyente. Vayamos a Hebreos 12:11: “Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia á los que en él son ejercitados”. El contexto aquí es la disciplina y las pruebas. Dios usa estas en Su escuela para ayudarnos a correr “la carrera” hacia el cielo (versículo 1). Nos está enseñando cosas acerca de nosotros mismos y acerca de Él, y la disciplina y las pruebas son la manera en la que Él a menudo lo hace. El punto principal aquí es que Dios quiere que estemos “ejercitados” en todo lo que viene a nuestras vidas. Si lo estamos, dará “fruto apacible de justicia”.
La disciplina del Señor tiene dos aspectos: el positivo y el negativo. El aspecto positivo es conformarnos moralmente a la imagen de Su Hijo, al construir en nuestros caracteres las características morales de Cristo (Romanos 8:28-29). El aspecto negativo es ayudarnos a eliminar ciertas cosas no deseadas en nuestras vidas, para que la santidad sea perfeccionada en nosotros (2 Corintios 7:1).
Tres maneras de reaccionar a la disciplina y las pruebas
Este capítulo habla de tres maneras en las que podemos reaccionar cuando la corrección y las pruebas entran en nuestras vidas:
• Podemos “menospreciarlo” (versículo 5). Podemos pasar por alto las cosas que Dios permite que nos sucedan y tratarlas como algo de poca importancia. Si Dios permite que nos rompamos una pierna, podríamos decir, “Bueno, todo el mundo se rompe un hueso en algún momento de su vida; no es gran cosa”. Podemos poner una cara valiente y simplemente restarle importancia, sin reconocer que es la mano del Señor en nuestra vida. Si lo pasamos por alto, seguramente perderemos la bendición que Él tiene para nosotros en ello.
• Podemos “desmayar” bajo ello (versículo 5). Esto se refiere a desanimarse. La tendencia aquí es dejar que el problema que el Señor nos ha dado nos pese tanto que perdamos el ánimo y nos rindamos. Si tomamos esa actitud cuando estas cosas lleguen a nuestra vida, también perderemos la bendición práctica que el Señor tiene para nosotros en ello.
• Podemos ser “ejercitados” por ello (versículo 11). Me atrevo a decir que esta es la única forma correcta de reaccionar. Cuando somos ejercitados con respecto a las cosas que Dios permite en nuestras vidas y buscamos Su rostro en cuanto a ellas, será para nuestro bien y bendición.
Entonces, esto significa que debemos recibir todo lo que llega a nuestras vidas como una lección del Señor. Y recuerden, nada nos sucede por casualidad. El Señor está vigilando sobre nosotros con intenso amor y cuidado. No permitirá que nada nos toque que Él no haya determinado. “El que os toca, toca á la niña de Su ojo” (Zacarías 2:8). Si algún problema o prueba llega a nuestra vida, es porque Él tiene un mensaje para nosotros en ello. Sin importar lo pequeño que sea, Él aún tiene algo que decirnos. El hermano Darby solía mirar al Señor cuando algo tan pequeño como un resfriado común le afectaba. Esto es bueno; muestra la sensibilidad que tenía hacia la voz del Señor en su vida.
Miremos las pruebas que llegaron a la vida de Job. Pero él no reaccionaba correctamente y estaba perdiendo la bendición que Dios tenía para él en ello. ¿Por qué el Señor permitía que todo eso le sucediera? No lo estaba castigando, como Job insinuaba; lo hacía porque quería hacer a un buen hombre aún mejor. Y eso es lo que Él quiere hacer con nosotros. Si lo vemos de esta manera, nos ayudará a recibir estas cosas de Su mano y a beneficiarnos de ellas. Recordemos, el Señor sabe lo que está haciendo y no comete errores. No nos pondrá una carga más grande de la que podamos soportar. Eliú le dijo a Job: “No carga pues Él al hombre más de lo justo”. Sus caminos con Su pueblo son “perfectos” (Salmo 18:30). Si realmente somos ejercitados con respecto a las cosas que llegan a nuestras vidas, vamos a sacar provecho de ellas.
Resumen de estos cuatro ejercicios
1) Ejercitados acerca de mantener comunión con Dios teniendo siempre una buena conciencia.
2) Ejercitados acerca de tener las características piadosas de Cristo en nuestra vida.
3) Ejercitados en lo que leemos en la Palabra de Dios.
4) Ejercitados en todo lo que viene a nuestras vidas.
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Hemos visto cuatro deseos saludables y cuatro ejercicios saludables que todo cristiano debería tener. Si estas cosas están en nuestras vidas, podemos estar seguros de tener buen éxito en el camino de la fe y el servicio. “Harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).