Meditaciones sobre Abdías
Phil Fournier
Table of Contents
Abdías: ¿Quién es?
No sabemos con certidumbre quien era Abdías ni tampoco la época de su profecía en este libro, el más corto en el Antiguo Testamento. Su profecía era acerca de Esaú, también llamado “Edom”, hermano carnal de Jacob quien por menospreciar la primogenitura perdió la bendición de su papá. De él se dice en Hebreos 12:16-17: “No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”. Edom era para siempre jamás el enemigo de Israel, y la profecía de Abdías solo trata de los pensamientos de Dios en juicio sobre esta nación. Aun así, creo que hay algo que nosotros podemos aprovechar en nuestras vidas prácticas.
Primeramente, aprendemos que Edom era un pueblo muy orgulloso. “La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?” Edom tenía su habitación al sur de Israel en un lugar muy seguro, fácil de defender contra ataques, y jactaba en sus defensas tan fuertes, pero a través del juicio de Jehová, fue derrotado. Su peor pecado, que vamos a ver en esta cita un poco largo, existía en su actitud para con su hermano Jacob, y creo que nos trae bastante admonición acerca de nuestra práctica como cristianos y hermanos en Cristo.
“Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás cortado para siempre. El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos. Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de Mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia”.
Vemos en estos versículos una senda aumentando en su maldad de Edom para con su hermano Jacob. Primero, echaron suertes sobre Jerusalén, que me parece decir que apostaron que en la batalla contra otro alguien (no sé quién era), Israel iba a perder. Después, alegraron cuando se llevó a cabo, e Israel fue humillado. Siguiente, entraron en las ciudades de Israel derrotado, y llevaron los bienes para sí mismos. Y por fin, ayudaron a los enemigos de Israel por esperar en las encrucijadas y matar a los que pensaron escapar. Quizás pensaron que nadie estaba observando toda esta mala actitud, pero ignoraron que Jehová miraba con ojo de desagrado a sus actitudes e iba a tomar en cuenta para ejecutar juicio sobre el pueblo de Edom.
Me hace pensar de otro de Edom en el Antiguo Testamento, que aprovechó el furor de Saúl contra David para matar a espada personas que no eran soldados, sino sacerdotes. Esta historia se encuentra en 1 Samuel 22: “Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino. Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada”. Aprendemos después que el juicio de Dios había caído sobre los sacerdotes por los pecados del pasado, los hijos de Elí que tanto menospreciaron a Dios, que comieron de la grasa de los sacrificios y fornicaron a las puertas del tabernáculo con las mujeres que venían supuestamente a adorar a Jehová. Pero Doeg era un malo que se atrevió ejecutar juicio con su espada contra unas personas que no se podían defender, y Dios no estaba contento con sus hechos para nada. Abdías profetizaba de la perdición de todo el pueblo de Edom. Fueron “cortados para siempre”. Si entiendo bien, este pueblo ya no existe.
¿Qué hay por nosotros en toda esta historia triste? Bueno, yo creo que es una advertencia para advertirnos a tener mucho cuidado de nuestras actitudes. Se nota como Romanos 12 da instrucciones y amonestaciones para los creyentes en Cristo. “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”. Tengo miedo de que quizás somos más como los de Edom. Escuchemos, entonces, las palabras del profeta Abdías: “No debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron”. Cuando en la asamblea es necesaria la disciplina de un hermano o hermana por algún pecado grave, ¿cuál es nuestra actitud? ¿Alegramos o lloramos? Cuando a otro alguien le pasa algo bueno, quizás recibe un regalo, o consigue un buen trabajo, o quizás se enamora con una persona buena para casarse; ¿Alegramos o lloramos? Dejo esto para que el Señor obre en nuestras conciencias.