Meditaciones sobre Amós

Table of Contents

1. Amós 1: Pastor y profeta
2. Amós 2: Los pecados de Judá e Israel
3. Amós 3: Privilegio y responsabilidad
4. Amós 4: Inútil los juicios menores
5. Amós 5: El día de Jehová
6. Amós 6: Inconscientes del quebrantamiento de José
7. Amós 6:10-11: El nombre de Jehová, ya no mencionado
8. Amós 7: La plomada de albañil en la mano de Jehová
9. Amós 8: Hambre de oír la palabra de Jehová
10. Amós 9: Juicio y misericordia

Amós 1: Pastor y profeta

Empezamos otro libro de los profetas minores, siendo el libro de Amós, que en sus propias palabras explica que era pastor y no era profeta. “No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a Mi pueblo Israel” (Amós 7:14-15). Amós hacía su trabajo de pastor fielmente, y Jehová entonces le dio otro trabajo que podía hacer.
El hermano Jaime G. de Bolivia nos ministraba la palabra en la conferencia en Lima, y habló sobre el tema de servir al Señor en nuestra vida diaria, no solo cuando estamos relacionados con algo de la asamblea o trabajando en el evangelio. Pensaba de este ministerio cuando leía lo de Amós, trabajando humildemente como “el pastor de Tecoa” recogiendo también higos silvestres, o para su propia comida o para vender a otros. ¿Estaba sirviendo a Jehová cuando hacía este trabajo tan humilde? Estoy seguro de que sí. Nuestro hermano Jaime nos habló de cómo el Señor Jesús, hasta que tuvo 30 años, era carpintero, quizás haciendo muebles, pero seguro que hacía Su trabajo con diligencia, nunca mostrando flojera o desinterés en hacer Su trabajo bien. Así mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, si es que usted se siente inútil para el Señor en el trabajo que está haciendo diariamente, no debe sentir así. Haga su trabajo bien, en comunión con el Señor y esperando en Él por las oportunidades que Él puede dar, sea una palabra en el evangelio a un compañero o compañera de trabajo, o quizás nada más que la demostración del amor de Dios en un mundo que carece de tal cosa. El Señor Jesús, caminando en este mundo, mostraba la bondad de Dios en un mundo conocido mejor por su crueldad que cualquier otra cosa.
Se nota sobre este mismo tema de la bondad de Dios, que las pronunciaciones de juicio contra las naciones en este capítulo 1 de Amós tienen todo que ver con su crueldad. “Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque trillaron a Galaad con trillos de hierro”. Las palabras aquí aparentemente no son como las palabras de Oseas, quien hablaba con muchas palabras figurativas. Más bien, esto es exactamente lo que hicieron los Sirios. Con instrumentos de la cosecha, hicieron cosas indecibles a sus enemigos. Y no solo ellos, sino otros que vivían alrededor de Israel. Gaza (los filisteos) y Tiro (pueblo de la reina malvada Jezabel) en su crueldad vendieron los hijos de Israel (y sin duda otros pueblos también) como esclavos. Edom, pariente de Israel siendo Esaú el hermano de Jacobo, eran culpables también. “Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque persiguió a espada a su hermano, y violó todo afecto natural”. El afecto natural es natural porque viene de Dios. El hombre no vino como producto evolucionario del mono. Diferente que todo animal, el hombre fue hecho en “la imagen y semejanza de Dios” (Génesis 1:26). Así el hombre tiene afecto natural, producto de la obra de Dios en Su creación. Edom violó todo afecto natural, y además, “en su furor le ha robado siempre, y perpetuamente ha guardado el rencor”.
Termina el capítulo 1 Con Amón, otro pariente de Israel, pues como Moab su primo, Amón era hijo ilegitimo de Lot. “Por tres pecados de los hijos de Amón, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque para ensanchar sus tierras abrieron a las mujeres de Galaad que estaban encintas”. Esta crueldad es tan horrible como se escucha. Pero la maldad en el corazón humano no tiene medida. Cuando pensamos como el hombre clavó en una cruz al hijo de Dios, no debemos estar sorprendidos escuchando de las crueldades de estas naciones alrededor de Israel. Como los hijos de Dios, qué privilegio es nuestro enseñar los atributos de Jesucristo en este triste mundo. “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a Sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 4:31-32; 5:1-2).

Amós 2: Los pecados de Judá e Israel

En la meditación anterior notamos como Amós profetizaba sobre el juicio de Dios que esperaba las naciones de los gentiles, sobre todo por su crueldad. Pero en el capítulo 2, vemos como el juicio llegaba hasta el mismo pueblo de privilegio y posición en los pensamientos de Dios, el pueblo de Judá e Israel.
“Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Judá, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque menospreciaron la ley de Jehová, y no guardaron Sus ordenanzas, y les hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres”. La palabra “menospreciar” para mí tiene en sí mismo algo que describe muy bien la conducta de los judíos. Son dos palabras juntadas en una: “menos” y “apreciar”. Es que no apreciaron la Palabra de Dios como la única guía para su conducta. Y dejando a un lado la Biblia, ¿que más les esperaba menos la mentira? Así en el día de hoy, en los Estados Unidos donde algunos están clasificando a la Biblia como un libro de odio porque condena a los “gays”, la nación se deja conducir por la mentira. No se debe maravillar que los Estados Unidos es una nación en caída, ambos espiritualmente como económicamente. No sin consecuencias se puede menospreciar la ley, o sea, la Palabra de Dios, y así era con Judá. “Prenderé, por tanto, fuego en Judá, el cual consumirá los palacios de Jerusalén”.
El pecado de Israel, ya en una condición actual de idolatría desde los días de Jeroboam que había introducido la idolatría en Dan y Betel, era diferente que lo de Judá. “Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos”. Habiendo dejado a un lado hace tiempo la palabra de Jehová, se ve que la nación era caracterizada con dos cosas; el primero era un afán para prosperidad económica sin considerar a quien iban a dañar. Haber vendido por dinero al justo y al pobre por un par de zapatos quiere decir que no importaba ni la justicia ni los pobres, solo importaba aumentar las riquezas. ¿No podemos ver algo muy semejante en el día de hoy entre las naciones? Sea por los narcotraficantes, que hacen tanto daño a los pobres, o los políticos corruptos que trastornan la justicia con el fin de recibir su soborno, todo el mundo está involucrado en este procedimiento tan triste y con tan malas consecuencias. Pero no solo esto sino también la nación era corrupta en una forma moral. “El hijo y su padre se llegan a la misma joven, profanando mi santo nombre”. Por modelo de esto tenemos 2 Samuel 16, cuando Absalón por el consejo de Ahitofel entró a las concubinas de su padre David, así profanando el reino de su padre y mostrando un pecado profundamente abominable a Dios. Así hoy en día, el pecado moral ha crecido a niveles indecibles, pues puesto a un lado la palabra de Dios, el hombre está fuera de control, solo limitado por su conciencia que está cada vez más oscurecida y cegada.
El profeta Amós entonces les hace recordar de sus antecedentes. “Y a vosotros os hice subir de la tierra de Egipto, y os conduje por el desierto cuarenta años, para que entraseis en posesión de la tierra del amorreo. Y levanté de vuestros hijos para profetas, y de vuestros jóvenes para que fuesen nazareos. ¿No es esto así, dice Jehová, hijos de Israel?” ¿Iban entonces a reflexionar y recordar las grandezas de Jehová, quien había hecho tantos milagros y prodigios a su favor en aquel entonces? Pues no, pero de otro modo, trataron de tapar la boca de los profetas y corromper a los nazareos que eran los que dedicaron sus vidas al servicio de Jehová. “Vosotros disteis de beber vino a los nazareos, y a los profetas mandasteis diciendo: No profeticéis”. Así era en aquel día, y muy semejante es en el día de hoy, cuando están promocionando legalizar la marihuana, y el tomar bebidas alcohólicas se considera un deber social. Al que quiere hablar en contra del pecado, pues le ponen nombre de “persona odiosa” y así igual que Israel, dicen a los profetas: “No profeticéis”.
Pero Dios no iba a tener paciencia infinita con el pecado, y podemos estar seguros de que aunque demora el juicio de Dios contra el mundo en el día de hoy, no va a demorar para siempre jamás. “El que maneja el arco no resistirá, ni escapará el ligero de pies, ni el que cabalga en caballo salvará su vida. El esforzado de entre los valientes huirá desnudo aquel día, dice Jehová”. La nación moderna de Israel se jacta de la potencia de sus armas, pero al que deja a un lado los derechos de Jehová, ha de huir desnudo en el día de juicio. ¡Qué bueno si usted, querido lector, sea uno vestido con el manto de justicia, la justicia que Cristo Jesús hizo en la cruz de Calvario! “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia” (Isaías 61:10).

Amós 3: Privilegio y responsabilidad

En los primeros dos capítulos de Amós, hemos visto como el profeta enfoca en el juicio sobre las naciones por su crueldad. Pero en nuestro capítulo 3 de Amós, vemos por qué Jehová iba a castigar a Israel aún más que a las naciones de los paganos. “Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así: A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades”.
El gran privilegio de Israel era el conocimiento del Dios verdadero, Jehová. Dios en su soberanía había llamado a Abram, un pagano y adorador de ídolos de la tierra de los Caldeos, y le había prometido la tierra de Palestina. Le dio un hijo Isaac, y prometió que tuviera mucha simiente, como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar. Además, les dio conocerle en una forma tan cerca que ningún otro pueblo había tenido antes. Por fin, los hizo subir de cautividad de Egipto bajo Moisés y les dio su tabernáculo, un lugar de acercamiento y adoración. Y así en nuestro capítulo de Amós, Jehová dice “por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades”. Sus privilegios habían sido muchos; así su castigo por haber menospreciado los privilegios y dado las espaldas a Jehová, iban a ser aún más graves que los juicios de los gentiles.
¿No hay palabra en esto por nosotros que vivimos en el día de la gracia, y quizás algo más por nosotros que hemos conocido el privilegio de ser congregado al nombre del Señor? ¿No hemos disfrutado nosotros los mayores privilegios en toda época de la obra de Dios entre los hombres? ¿No somos, entonces, los más responsables de caminar en la verdad que hemos conocido? Los profesantes en el tiempo de Laodicea, yendo después de los de Filadelfia donde nos dice que guardaron la Palabra de Dios y no negaron Su nombre, eran bastante ignorantes de la distancia que había llegado entre ellos y el Señor. “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:17). ¿Qué tal de nosotros, que profesamos mantener la misma verdad que los de Filadelfia? ¿No debemos prestar atención a nuestra condición debilitada y como dice en Apocalipsis, arrepentir? Sabemos que la ira más grande del juicio de Dios mencionado en Apocalipsis cae sobre la iglesia profesante. Así en el día de hoy, es necesario que caminemos separados de este sistema que tiene su fin en el juicio de Dios. Pero no en orgullo o soberbia, sino en humildad, sabiendo que somos parte de la casa grande.
“Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:20-22).
“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3). Este versículo ha sido citado muchas veces, quizás fuera de su contexto pues el pensamiento aquí es que Jehová no iba a poder caminar con los hijos de Israel porque ellos eran de otro pensamiento. Pero creo que su aplicación a un matrimonio es bastante importante también. Los que van a casar deben de estar de acuerdo en las cosas más importantes de la vida, el ejemplo más obvio siendo que cada uno tiene que conocer a Cristo como su Salvador. Si no es así, ¿cómo pueden caminar juntos? A menudo eso se pone a prueba, y siempre se manifiesta que la escritura tiene la verdad; no se puede. El o la inconverso siempre va a tener un efecto negativo en la vida del creyente, pues ¿cómo puede animar y levantar cuando ni siquiera le conoce como su Salvador? Hay otras cosas también que son de importancia donde deben estar de acuerdo, como la forma de congregarse, como criar a los niños, la importancia de la lectura de la Biblia y la oración. Hay cosas de baja importancia, como el tipo de la comida que le gustan cada cual y colores de la ropa, que son de la mínima importancia; no digo que dos personas tienen que estar de acuerdo en todo.
Termino con este versículo de Amós 3:12: “Así ha dicho Jehová: De la manera que el pastor libra de la boca del león dos piernas, o la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel que moran en Samaria en el rincón de una cama, y al lado de un lecho”. Si esto habla de aquel entonces, o de un día aun futuro cuando el remanente de Israel ha de ser salvado, no estoy seguro. Pero sí me interesa mucho la mención del pastor, pues nuestro Pastor es el que salva de todo, no dos piernas o la punta de una oreja. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).
Si alguien quiere ayudarnos con la interpretación de Amós 3:12, me gustaría escuchar.
Respuesta:
Recibí varios comentarios sobre la pregunta de la expresión en el capítulo 3: “De la manera que el pastor libra de la boca del león dos piernas, o la punta de una oreja ... ”. El hermano Guillermo de Santiago, Chile me explicó que el motivo del pastor llevar algo de la oveja era para probar al dueño del animal que el mismo no había robado o vendido la oveja, sino que había sido despedazado. El pensamiento general es que Amós habla de un día aun futuro, cuando el Señor Jesucristo ha de rescatar un remanente de Israel “de la boca del león”. Es muy bueno por nosotros así descansar en la soberanía y los planes de Dios, mirando las naciones hoy en día alrededor de la pequeña nación de Israel, amenazándola con exterminación, que Jehová tendrá su parte, un remanente que confiarán en su verdadero Mesías, el Señor Jesucristo.

Amós 4: Inútil los juicios menores

En nuestro capítulo de hoy, vemos palabras elocuentes muy semejantes a los que notamos en la profecía de Oseas, quien hizo comparaciones para ilustrar el carácter de la nación de Israel. En los primeros versículos del capítulo 4, Amós describe a las mujeres de Israel como vacas que han comido bien y son rebeldes, sin darse cuenta de quien les dio de comer. “Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: Traed, y beberemos”. La opresión de los pobres era siempre la expresión de ingratitud hacia Jehová, a quien debían todo. Pero su prosperidad iba a tener su fin terrible, expresado en palabras elocuentes. “Jehová el Señor juró por Su santidad: He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos, y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador; y saldréis por las brechas una tras otra, y seréis echadas del palacio, dice Jehová”. El pez jalado a través del anzuelo va muy contra su voluntad, pero tiene que ir porque no puede escapar sin hacerse mucho daño. Me hace pensar de lo que llegó a ser llamado “la marcha de la muerte de Bataán”, cuando quince mil soldados americanos y sesenta mil soldados filipinos se rindieron después de cuatro meses de resistencia en el principio del ataque japonesa en la segunda guerra mundial. En la marcha hacia “el penal” de unos cien kilómetros a pie, se dice que murió un soldado cada diez metros, pues les dieron muy poca agua, y el que faltaba, o le ejecutaron de una vez con filo de espada (para ahorrar balas) o le sepultaron aun medio vivos.
En los versos 4 y 5 habla de los lugares que habían sido de mucha importancia en los días pasados para Israel. Betel, el lugar donde Jehová por primera vez apareció a Jacobo (Génesis 28) cuyo nombre significa “la casa de Dios” había llegado a ser el lugar de adoración del ídolo, el becerro de oro de Jeroboam. Gilgal, el lugar donde los hijos de Israel habían hecho la circuncisión justo después de haber cruzado el Jordán (Josué 5), una señal de haber apartado de las inmundicias de Egipto, había llegado a ser el lugar donde ofrecieron “sacrificio de alabanza con pan leudado”. Me hace pensar de los Estados Unidos, donde vinieron los primeros emigrantes buscando la libertad de conciencia para adorar a Dios. Nuestra constitución garantizaba que el gobierno no iba a impedir la adoración de Dios, pero ha sido trastornado ahora para decir que es prohibida toda mención de Dios y especialmente del Señor Jesucristo en las escuelas o en cualquier institución del gobierno.
El resto del capítulo habla de lo que Jehová había enviado en forma de juicios providenciales y ellos no habían hecho caso ni prestado nada de atención. Repetido cinco veces es la expresión “mas no os volvisteis a Mí, dice Jehová”, a pesar de una variedad de circunstancias calculadas para hacerles escuchar que Jehová les estaba hablando fuertemente. “Hubo falta de pan en todos vuestros pueblos”; “os detuve la lluvia tres meses antes de la siega”; “Os herí con viento solano y con oruga; la langosta devoró vuestros muchos huertos”; “Envié contra vosotros mortandad tal como en Egipto”; “Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra”. Pero todo en vano; no prestaron atención ni dieron oído a Jehová. El resultado por fin iba a ser “prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel”. Nosotros usamos este versículo como mensaje del evangelio, pero no era así en aquel entonces sino un mensaje que Dios mismo les iba a castigar. Todo esto debe de ser una advertencia a nosotros, que no caminemos nosotros inconscientes como ellos de la voz de Dios que nos habla, pero siempre en amor como a sus hijos, o en una palabra de corrección o exhortación hecho por un hermano a través de la Palabra de Dios, o quizás por nuestras circunstancias.

Amós 5: El día de Jehová

El capítulo 5 de Amós es uno de dos capítulos en el libro que son citados en el libro de los Hechos. Esteban, en su discurso ante los líderes políticos y religiosos en el capítulo 7 de los Hechos, cita los últimos versículos de nuestro capítulo 5 de Amós. “¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta años, oh casa de Israel?” “Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis. Os haré, pues, transportar más allá de Damasco, ha dicho Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos”. En el tiempo que Esteban hablaba, no había ídolos que uno podía ver. Igual, en el tiempo de Moisés, solo había el becerro de oro que Aarón había fabricado y esto fue destruido. Pero, obviamente, dado lo que Amós nos cuenta y Esteban citaba, los ídolos existían por lo menos en sus corazones. Vino el Señor Jesús, hablando justicia y su reacción había sido igual que en los tiempos de Amós. Verso 10 de nuestro capitulo dice “Ellos aborrecieron al reprensor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto abominaron”. Así como habían rechazado al profeta Amós, rechazaron y crucificaron al Señor Jesús, y por fin apedrearon a Esteban, el que trajo a su memoria los fracasos de antigüedad en que ellos jactaban.
Amós les dice que Jehová no había cambiado. Era el mismo poderoso Dios, aunque no estaba obrando por su beneficio al momento. “Buscad al que hace las Pléyades y el Orión, y vuelve las tinieblas en mañana, y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar, y las derrama sobre la faz de la tierra; Jehová es Su nombre; que da esfuerzo al despojador sobre el fuerte, y hace que el despojador venga sobre la fortaleza”. ¿No hay en esto una palabra por nosotros que también vivimos en un día donde parece que solo el malo tiene supremacía? Dios es el mismo en poder y en justicia. Aunque por el momento, a veces es necesario hacer como explica Amós aquí; “Porque Yo sé de vuestras muchas rebeliones, y de vuestros grandes pecados; sé que afligís al justo, y recibís cohecho, y en los tribunales hacéis perder su causa a los pobres. Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo”. La palabra usado aquí: “cohecho”, quiere decir soborno o como dicen en México, “la mordida”. Una hermana de México recién me escribió, angustiada por el fraude bien conocido entre el proceso político. Necesitamos sabiduría del Señor para vivir en estos tiempos, pues como dijo Amós, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo.
Pero en aquellos tiempos habían los que pensaron que fuera bueno venir el día de Jehová, pensando que sería por ejecutar juicio en contra de sus enemigos. Pero, el día de Jehová iba a ser también para ejecutar juicio contra ellos mismos, algo que no meditaban nada. “¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el día de Jehová tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?” Así nos hace pensar de los días en que vivimos nosotros. 1 Pedro 4:17 nos dice: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” Pedro hablaba de los sufrimientos de los cristianos de aquel entonces, pasando por duras pruebas pero a través de la disciplina de un Padre de amor. ¿Qué tal entonces iba a ser para los que solo conocerán a Dios como su Juez? Hay los que predican lo que ha sido llamado “el evangelio de Salud y Riqueza”, proclamando más o menos que si uno cree en Cristo, tendrá ambos buena salud y bastante dinero. Pero no hay apoyo para tal doctrina en la palabra de Dios. Ellos toman versículos que hablan de la bendición de Dios en el milenio y tratan de aplicarlo al día de hoy. Hay una tragedia cuando así con descuidado se traza la palabra de Dios.
Amós indica que solo diez por ciento del pueblo iba a ser librado. “Porque así ha dicho Jehová el Señor: La ciudad que salga con mil, volverá con ciento, y la que salga con ciento volverá con diez, en la casa de Israel”. Pero, había posibilidad que por arrepentirse, podían estar entre el diez por ciento. “Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como decís. Aborreced el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio; quizá Jehová Dios de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José”. Así en el día de hoy, sabemos que viene juicio sobre este mundo. Pero nosotros tenemos el mensaje tan bueno para un mundo perdido. “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:18-21). Querido lector, ¿es usted reconciliado con este Dios, el Padre de amor, que hizo a Su Hijo pecado para nuestra justicia?

Amós 6: Inconscientes del quebrantamiento de José

“Vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniquidad. Duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero; gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos musicales, como David; beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos”.
Vemos en estos versículos de Amós 6 una escena de lujo y riquezas, con flojera y todo uso de favores conocidos a los hombres para supuestamente hacerles feliz. Dormían en camas hechas de marfil, algo muy costoso. Su comida era de las mejores carnes, corderos tiernos y novillos gordos. Cantaban con sus instrumentos conocidos y además algunos nuevamente inventados, o sea, con la tecnología más nueva. Bebían vino en tazones, o sea, bebían mucho y usaban ungüentos y perfumes de mucho precio. Pero era todo para “dilatar el día malo”. Supongo que podemos decir que ellos sabían en sus corazones que “esto no puede continuar para siempre”, pero trataban con todo su esfuerzo de olvidar el futuro, cuando por fin el juicio de Dios iba a caer.
¿No se nota en estos versículos el carácter del hombre o los jóvenes mundanos en el día de hoy? Buscando siempre la nueva tecnología para entretenerse con música, cantos, bebidas, y otros lujos que le hace olvidar su desgracia, el hombre inconverso de hoy en día parece no haber cambiado nada desde los días de Amós. Pero, el profeta les condena en el siguiente versículo. “Y no se afligen por el quebrantamiento de José”. De la ruina espiritual de la nación, no hicieron caso. El uso del nombre José aquí en vez de decir Efraín o Israel quizás es para recordar como José también fue afligido en la prisión de Egipto, mientras sus hermanos que le habían vendido como esclavo continuaban sus vidas sin pensar nada de él.
Estoy pensando de dos ocasiones en el Antiguo Testamento donde habla de los que sí “se afligían por el quebrantamiento de José”. La primera es la esposa del sacerdote impío, Finees, hijo de Elí. Su esposo era un hombre corrupto, no solo en lo espiritual, porque menospreciaba a las ofrendas de Jehová, pero también era un hombre con pasiones sin freno, que dormía con las mujeres que esperaban a la puerta del tabernáculo. En el día de batalla, murió Finees y su hermano Ofni, y oyendo las noticias que el arca de Jehová fue llevada por los filisteos también murió Elí. Pero esta mujer, cuyo nombre desconocemos, era evidentemente una mujer de fe, quien se afligía por la maldad de la nación y de su propio marido. “Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! Por haber sido tomada el arca de Dios” (1 Samuel 4; vale la pena leer todo el capítulo).
Pienso también del profeta Ezequiel, capítulo 9: “Llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella ... Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario”. Los que se afligían por la condición espiritual, que gemían y clamaban por causa de las abominaciones fueron librados del juicio que empezó desde “Mi santuario”.
Quiero mencionar además el verso 11: “Porque he aquí, Jehová mandará, y herirá con hendiduras la casa mayor, y la casa menor con aberturas”. Puede ser que en este versículo la casa mayor era la nación más grande de Israel (llamado Efraín en Oseas) y la casa menor, Judá y Benjamín. O puede ser también que la casa mayor eran los muy ricos de los versículos que hemos visto, y la casa menor otros que aunque no eran ricos, codiciaban la riqueza de los otros y estaban en la misma condición espiritual. Pero también creo que puede haber aplicación por nuestro día, siendo que la profesión cristiana en 2 Timoteo 2 Se ve como la casa grande. “Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro”. La casa menor quizás refiere a los hermanos congregados al nombre del Señor, pero en ambos casos, dice el profeta Amós, “herirá con hendiduras”. Así dice 1 Pedro 4:17: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”. ¡Que seamos entre los que se aflijan por el quebrantamiento del testimonio cristiano!
Quiero preguntar si alguien tiene pensamiento sobre el significado de Amos 6:9-10: “Y acontecerá que si diez hombres quedaren en una casa, morirán. Y un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová”.

Amós 6:10-11: El nombre de Jehová, ya no mencionado

“Y acontecerá que si diez hombres quedaren en una casa, morirán. Y un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová”.
En la meditación anterior, hice mención de estos versículos, que no los entendía mucho, y pedí un poco de ayuda. Entre la semana, no habiendo recibido respuesta acerca del versículo de nadie, iba meditando sobre su significado. Hoy día me llegó una carta del hermano Lon Hulen con algunos pensamientos y yo también he tenido algunos pensamientos que quiero compartir.
El hermano Lon mencionó como en la historia de Abram y Lot, cuando Abram intercedía para la ciudad de Sodoma donde vivía Lot, iba disminuyendo el número de justos que posiblemente estaban en la ciudad de Sodoma. “Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? ... Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez” (Génesis 18:23-33). ¿No hubieran los habitantes de Samaria recordado del juicio que cayó sobre Sodoma, la ciudad donde no hubo ni diez justos? Así en la profecía de Amós, el profeta habla de la destrucción y muerte de diez personas en una casa, y solo había un sobreviviente. La destrucción iba a ser tan grande que en vez de enterrar a los cuerpos como era la costumbre de los hebreos, iba a ser necesario carbonizar los cuerpos por ser demasiados. Pero quedó un sobreviviente en la casa que parece ser un hombre traumado y angustiado. Cuando los encargados para quemar los huesos lo encuentran, le tratan de hacer preguntas. Pero su única respuesta es: “Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová”.
El nombre de Jehová una vez era la gloria de la nación de Israel. “Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán” (Deuteronomio 28:10). En este versículo, era el nombre de Jehová que les distinguía de las otras naciones y causaba que las naciones tuvieran miedo de Israel, como decía la ramera de Jericó, Rahab. “Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros ... Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra” (Josué 2:9-11). Pero ahora, en nuestro capítulo 6 de Amós, hay temor de mencionar el nombre de Jehová porque se conoce asociado ya con el juicio, lejos de la gloria y temor de las naciones de tiempos pasados. El hombre en la casa tiene miedo de que cualquier mención del nombre de Jehová solo iba a traer más juicio.
Es muy interesante ver que durante el tiempo de Cristo en el mundo, ya era la costumbre entre los Judíos no mencionar el nombre de Jehová. Dijeron a Jesús en la hora de su prueba ante los sacerdotes: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” (Marcos 14:61). En el día de hoy, se dice que los Judíos ortodoxos son así, y de manera semejante usan otras palabras para hablar del Dios de Israel; nunca pronuncian Su nombre de Jehová. ¿No vemos en todo esto como la nación se había alejado más y más de Jehová? Supuestamente su hábito de no pronunciar Su nombre era por respeto, pero creo que el contexto de estos versículos en Amós nos enseña otra cosa. Era el temor de Su juicio, tan grave había llegado a ser. Pero hay en todo esto un gran contraste con nosotros, hijos de Dios y conocedores de Dios como nuestro Padre. El tiempo no nos aleja de Dios para no pronunciar Su nombre, sino para acercarnos a Dios, como el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. “Y esta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. ¡Sea gloria a Su nombre, el nombre que es nuestro deleite mencionar, el Señor Jesucristo!

Amós 7: La plomada de albañil en la mano de Jehová

“Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en Su mano una plomada de albañil. Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, Yo pongo plomada de albañil en medio de Mi pueblo Israel; no lo toleraré más”. La plomada de albañil siempre mide bien, porque su dirección se dirige a través de la gravedad, sin importancia ni reconocimiento de la habilidad del albañil. Si el albañil construye mal y su pared no queda derecha, la plomada lo enseña tal como es. Así la Palabra de Jehová en medio de Israel. Ellos pensaban que se podían juzgar según su propia medida. Como vimos en el capítulo anterior, ellos relajaban en las camas de lujo, no afligiéndose por el quebrantamiento de José, pues creyeron que todo estaba bien. Pero cuando vino el profeta Amós, les habló no según su medida, sino según la medida o plomada de Jehová, es decir, la Palabra de Dios. Y esta Palabra indicaba que estaban bien torcidos.
Vemos bien la reacción del sacerdote de idolatría de Bet-el cuando escuchó las palabras de Amós. “Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam rey de Israel: Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. Porque así ha dicho Amós: Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio”. No les gustaban “la plomada”, como más tarde el Señor Jesús dijo en el evangelio de Juan, “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). El Señor Jesús era la plomada (“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”) y aquella plomada, aquella luz vino al mundo, y dijeron “apagamos la luz pues no nos gusta lo que revela”.
Entonces el sacerdote de Bet-el dijo a Amós: “No profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino”. El rey había establecido su religión en su capital. (En inglés, la palabra es “capilla” en vez de capital, como un centro de religión, no tanto de la política). Jehová, según su pensamiento, no tuvo lugar allí. Por eso trató el sacerdote Amasías enviar Amós a otro lado. “Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, y come allá tu pan, y profetiza allá”. Así en el día de hoy, hay muchos temas en la palabra de Dios de los cuales aún en la profesión cristiana, no son bienvenidos. Si usted por ejemplo desea hablar de la seguridad eternal del creyente entre un grupo que no acepta tal doctrina o quizás de la verdad de un solo cuerpo, muy probable es que le van a decir como dijeron a Amós: “Vete a otro lado y profetice allá”.
Amós, como vimos en el primer estudio, contestó que no podía cesar de profetizar, pues tenía la palabra de Jehová en su boca y un llamamiento especial. “Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a Mi pueblo Israel”. Los apóstoles en el libro de los Hechos contestaron palabras semejantes cuando se les dijo que no hablasen más en el nombre de Jesús. “Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20).
El resultado para el sacerdote que rechazaba la profecía de parte de Amós, iba a tener su triste fin. “Ahora, pues, oye palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac. Por tanto, así ha dicho Jehová: Tu mujer será ramera en medio de la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán a espada, y tu tierra será repartida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra”. El fin de la nación se acercaba, y cerrando los ojos mientras envían al profeta para no profetizar no iba a cambiar la mente de Dios. Además, el mismo sacerdote iba a sufrir una pena especial, demasiado dura, por haber tratado de apagar el testimonio de Dios. ¡O mis amigos, no pongamos nosotros un estorbo para no oír la palabra de Dios, ni excusas para desobedecerla!

Amós 8: Hambre de oír la palabra de Jehová

Nuestro capítulo empieza con un ejemplo de una canasta de fruta de verano. “Así me ha mostrado Jehová el Señor: He aquí un canastillo de fruta de verano. Y dijo: ¿Qué ves, Amós? Y respondí: Un canastillo de fruta de verano. Y me dijo Jehová: Ha venido el fin sobre Mi pueblo Israel; no lo toleraré más”. Como la fruta del verano no permanece mucho tiempo, sino se pudre, así el tiempo para la nación de Israel estaba por acabar. Las diez tribus iban a ser llevados cautivos, para no regresar hasta el día de hoy. Decimos “las tribus perdidas”, pues fueron asimiladas casi todas en las naciones donde fueron. Pero Dios las conoce donde están, y en un día futuro van a ser restaurados juntos con las tribus de Judá y Benjamín.
Lo que sigue en el capítulo es muy interesante, pues revela como Jehová les estaba observando, no solo los que eran totalmente involucrados en la idolatría, sino también los que profesaban seguir a Jehová, por lo menos en las costumbres de guardar las fiestas y los sábados. Pero era una profesión que cubría lo que REALMENTE les interesaba, que era ganar dinero a través del engaño y estafa. “Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra, diciendo: ¿Cuándo pasará el mes (“nueva luna” en inglés, o sea, un día especial para Jehová), y venderemos el trigo; y la semana (el sábado), y abriremos los graneros del pan, y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza, para comprar los pobres por dinero, y los necesitados por un par de zapatos, y venderemos los desechos del trigo?” No creo que sea necesario mucha explicación de lo que ellos hacían, con el fin de ganar bien, explotando a los pobres por engaño de una balanza modificada para enseñar más que era, y otras formas de estafa como vendiendo trigo que no tenía valor nutritivo. ¿No hay una palabra también por nosotros en esto? Durante el culto de adoración, ¿Dónde está nuestra mente? ¿Puede ser que estemos meditando como vamos a pasar la tarde el día domingo, ganando dinero en alguna forma, o haciendo algún tipo de diversión? Que el Señor ejercite nuestros corazones acerca de nuestros valores reales. Él ve al corazón; nuestros hermanos nada más lo exterior.
Pero Jehová estaba observando, no solo la idolatría de los peores, sino también la piedad falsa de los “fieles”. “Jehová juró por la gloria de Jacob: No Me olvidaré jamás de todas sus obras”. Y el resultado iba a ser algo sumamente triste, después de ser llevados cautivos: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán”. Hubo tiempo cuando, cansados de las cosas de Dios, no podían esperar hasta que terminara los cultos y los sábados para volver a sus quehaceres. Pero llegó el día cuando querían escuchar algo de la Palabra de Jehová, y no había. Amós aquí está profetizando de la cautividad de Israel, cuando las naciones paganas no iban a mencionar, mucho menos enseñar algo de la Palabra de Jehová. Y ellos iban a extrañar la Palabra, pero demasiado tarde.
¡O, que nosotros que tenemos la Palabra y su enseñanza a la mano, fácil de obtener y escuchar, no menospreciaríamos las oportunidades! Querido lector, ¿Cuántas veces cuando no hubo excusa legítima, le ausentaba del estudio de la Palabra de Dios, o de la oración? ¿Cuántas veces buscaba excusa para no ir? ¿Cuántas veces tuvo usted tiempo extra para leer la Palabra de Dios, y en vez de hacerlo pasó el tiempo en algo sin importancia? Que el Señor ejercite nuestros corazones en estas cosas, pensando de la triste historia de Israel y su negligencia hasta perder el privilegio que una vez tenían.

Amós 9: Juicio y misericordia

El último capítulo del libro de Amós habla ambos de juicio completo, y de misericordia futuro. El capítulo empieza con una descripción de un juicio del cual no hay escape ninguno. “Al postrero de ellos mataré a espada; no habrá de ellos quien huya, ni quien escape. Aunque cavasen hasta el Seol, de allá los tomará Mi mano; y aunque subieren hasta el cielo, de allá los haré descender. Si se escondieren en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y lo tomaré; y aunque se escondieren de delante de Mis ojos en lo profundo del mar, allí mandaré a la serpiente y los morderá”.
Este pronuncio de juicio que no tiene como escapar me hace pensar de una historia que leí o escuche hace muchos años (no me acuerdo si se me contó alguien la historia, o si la leí en un tratado). Era de un hombre incrédulo que dijo que Dios no iba a poder resucitar su cuerpo para ser juzgado, pues era su intención frustrarlo. Dejó instrucciones que cuando le sepultaron, debían de hacer una tapa sobre su tumba con concreto bien grueso y fuerte. Cumplieron lo que él quiso después de su muerte, sepultando su cuerpo y construyendo la tapa de concreto en cima. Bueno, así quedó por muchos años pero como es la costumbre de concreto, tarde o temprano forma grietas pequeñas. Eso al principio no afectaba nada el concreto reforzado y fuerte, pero resultó que cayó una semilla un día en la grieta chiquita. Cayó también un poco de tierra que cubrió la semilla, y la semilla brotó. Era semilla de un árbol. Demoró un tiempo pero el árbol empezó a crecer. No pasó tantos años cuando el árbol echaba sus raíces bien profundo en el concreto. Alguien que conocía la historia de aquel hombre incrédulo, quien había pensado frustrar la promesa de Dios a resucitar a los muertos para el juicio, pasó su sepulcro y se dio cuenta que el concreto tan fuerte se había cambiado en pedazos bajo el poder de las raíces del árbol, una vez una semilla pequeña. ¡Qué ignorante y rebelde el hombre, que piensa escapar el juicio de Dios! Igual la nación de Israel, que en el capítulo 6 “dilataron el día malo” y pasaron su tiempo aprovechando sus lujos. En el capítulo 7, dijeron al profeta Amós: “vete a Judá y profetiza allá”, por no querer escuchar del día de juicio. Esta parte del libro termina con las palabras tan solemnes “A espada morirán todos los pecadores de Mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal”.
Pero no debemos ser sorprendidos que el libro no termina así. Al contrario, habla del futuro bienaventurado de la nación. “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado”. No estoy seguro si “el tabernáculo” que se menciona está hablando aquí del templo del milenio, o quizás es la casa de Israel, pero habla de un tiempo aun futuro cuando Dios va a derramar sobre el remanente de Israel toda Su bendición. Y no una pequeña bendición, sino algo desconocido en toda la historia de Israel. “He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente”. En otras palabras, va a ser un tiempo de producción continua de la cosecha de la tierra, sin los percances de clima e insecto que destruyen. Y qué bonita las palabras con que Amós termina su carta “Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que Yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo”. ¡Nunca más! Sean como sean las amenazas de las naciones de los árabes, la palabra de Dios dice: “Nunca más serán arrancados de su tierra”.
Una cosa más antes de terminar este libro tan interesante. Algunos han sido confundidos a través de la cita que hizo Santiago en Hechos 15 de este capítulo. “Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado Mi nombre”. Lo que pasó en Hechos 15 no era el cumplimiento de la profecía de Amós. Santiago nada más estaba usando la cita para mostrar que los gentiles también conocerán a Dios sin llegar a ser judíos. Era reprensión a los judaizantes, hermanos en aquel entonces que quieran cambiar los gentiles cristianos en judíos.