Meditaciones sobre Daniel
Phil Fournier
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Daniel 1 (parte 1): Daniel, un joven honrando a Dios
Ya terminamos el estudio de 2 Samuel y tenía una sugerencia que veamos a los profetas menores. Pero antes de esto, estoy pensando de un tiempo demasiado difícil en la historia del antiguo testamento y pienso de Daniel, un joven que honraba a Dios en un tiempo muy difícil. No solo eso, pero influenciaba a otros a hacer lo mismo. No soy capaz de escribir sobre la parte profética de su libro de Daniel, pero por lo menos podemos meditar algo sobre su vida y la de sus amigos.
Para empezar, volvemos a 2 Reyes 20:16-18 a escuchar la profecía de Isaías al rey Ezequías quien no quiso morir y pedía fervientemente recuperar de su enfermedad. Jehová escuchaba su oración y le añadió quince años de vida, pero tristemente no eran años de prosperidad espiritual. El rey de Babilonia había enviado mensajeros al rey con adulación y palabras lisonjeras y el rey fue engañado por ellos. “Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová: He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia”. Uno hubiera pensado que Ezequías hubiera lamentado, más que cuando pensaba morir, a escuchar esta profecía, pero no, no había en él corazón para arrepentirse delante de tal profecía. “Entonces Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Después dijo: Habrá al menos paz y seguridad en mis días”.
No dudo que Daniel conocía esta historia, y esta profecía se llevó a cabo exactamente como Isaías había profetizado y aquí tenemos “del linaje real de los príncipes” que fueron hechos eunucos para el rey de Babilonia. Por la idolatría y desobediencia fueron cautivos los hijos de Israel, y Daniel y sus tres compañeros tenían que participar debajo del gobierno de Dios a la nación, aunque no habían participado en ella. Pero vemos lo que dijo el profeta Jeremías del por qué tenían que ser transportados como cautivos: “Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien” (Jeremías 24:5).
¿No es lindo notar las últimas palabras del versículo? Para bien fueron llevados cautivos, y Jehová los prometía que iban a verlos en el futuro “para bien”. Parece que Daniel estaba muy consciente de que era el mal estado del pueblo de Judá que trajo la disciplina de Jehová sobre ellos. Se nota en los versos 1 y 2: “En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá”. (Es interesante el uso aquí de la palabra “Señor”, pues nos hace recordar que la nación anteriormente se había relacionado con “Jehová, el Dios de Israel”. El nombre de Dios con relación a Israel no aparece en el libro de Daniel hasta el capítulo 9). La mano del Señor mismo estaba sobre ellos por medio de su desobediencia, pero lo bonito en este libro es esto, que Daniel no rebelaba bajo el gobierno de Dios. Hubiera podido haber dicho, “Nada de esto es culpa mía. ¡Mire tan feas las palabras de mi abuelo Ezequías, diciendo tales cosas!”. Pero no, no dijo nada de eso, culpando a otros. Aceptó su situación tan humillante de haber sido hecho eunuco, perdiendo para siempre la posibilidad de que él continuara la línea real. A pesar de toda la humillación, Daniel buscaba cómo agradar a Dios bajo circunstancias muy difíciles.
¿Qué tal de usted, mi amigo? Es muy posible hasta probable que usted está viviendo en estos tiempos difíciles bajo circunstancias difíciles. La pregunta entonces para usted es este: ¿tiene usted un deseo de honrar a Dios bajo circunstancias difíciles? “Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse”. ¿Qué tenia de malo comer de la comida del rey? Quizás era comida de animales inmundas, o quizás era comida y bebida que habían sido sacrificadas a ídolos. No estoy seguro, pero sea lo que sea, era comida que Daniel no podía comer con buena conciencia y “pidió por tanto ... de no contaminarse”. Quizás hubiera podido pensar de un montón de excusas por qué era aceptable comer. “Todos los demás lo están haciendo”. “Es un tiempo excepcional, los mandamientos de Dios ya no se aplican”. “Estoy bajo el poder de un rey poderoso, tengo que hacer lo que me mandan”. Todo eso pudiera haber sido cierto, pero Daniel propuso en su corazón. Ojalá que nosotros, queridos jóvenes, tengamos el mismo fervor de honrar al Señor Jesús, quien hizo tanto por nosotros; no por obligación, sino por amor a Él.
Quiero notar dos cosas aquí: Primero, que Daniel “pidió” y no insistió. Pienso que la manera en que él habló al príncipe de los eunucos tenía mucho que ver con la buena recepción que tuvo. Hay una buena lección aquí. Segundo, quiero notar los versículos en Isaías 56:3-5: “Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de Su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden Mis días de reposo, y escojan lo que Yo quiero, y abracen Mi pacto, Yo les daré lugar en Mi casa y dentro de Mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá”. Creo que Daniel conocía y confiaba en estos versículos en la profecía de Isaías y tomaba consuelo y ánimo. Y ustedes, jóvenes, que anhelan tener un esposo o una esposa, no se desesperen. Yo estoy casado ya 41 años y quizás así no soy capaz de entender, pero de todos modos digo que vale la pena ser fiel al Señor, cuesta lo que cuesta. Daniel nunca tenía esposa ni pudo tener hijos, pero vivía una vida llena de felicidad y contentamiento. Puede pasar lo mismo con usted, querido amigo, si como Daniel propone en su corazón agradar a Dios.
Daniel 1 (parte 2): La sabiduría de Dios
Primero quiero notar como Daniel se asociaba con fieles amigos con los mismos ejercicios de corazón. Pedro, en otro día, se encuentra alrededor de una fogata en la compañía de inconversos y enemigos del Señor Jesús. “Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego” (Marcos 14:54). La fogata hasta el día de hoy nos habla del calor y compañerismo que muchos de nosotros apreciamos. ¿Cuál fue el resultado de este compañerismo? Pues, nada bueno. “Y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices”. Una semana después, Pedro estaba en otra fogata, una fogata puesta por el mismo Señor Jesús. “Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado” (Juan 21:9-13). Esta fogata era una donde Pedro fue restaurado públicamente; el compañerismo alrededor era bendito.
Creo que vemos que Daniel era amigable con los gentiles; esto vemos en su estado con el jefe de los eunucos. “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. Así vemos como el Señor Jesús era amigable con los publicanos y pecadores y eso fue algo con que los líderes de Israel lo condenaron. “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (Lucas 15:1-2). “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos” (Mateo 11:18-19). Así cuando leemos en Santiago 4:4: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”, nos damos cuenta de que está hablando de la asociación con el mundo como compartiendo sus sueños y metas, sin relación con Dios. Alguien hace mucho dijo algo así: “Si te vas a separar del mundo sin tener el testimonio de uno que ama a Cristo, hay que tomar una taza de café de vez en cuando para que no te crean Mormón”. Así, no es simplemente separación del mundo sino también un testimonio del amor de Dios derramado en nuestros corazones y brillando hacia otros. Eso era el testimonio de Daniel, que todo lo que hacía era por su fidelidad a su Dios y así lo entendieron.
Otra cosa que noto después de la prueba de Daniel por los diez días de la dieta muy simple, pero no de la carne ofrecida a los ídolos de los caldeos. “En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino”. Hasta el día de hoy en el mundo secular, se admira a los caldeos de los días de Nabucodonosor por su tecnología, ciencia y cultura. Pero Daniel y sus amigos se veían diez veces mejores que estos sabios de Babilonia. ¿Por qué? Creo que encontramos la respuesta en 1 Corintios 1 y 2, aunque fue dicho a creyentes en Cristo, y Daniel con sus compañeros solo conocían el Antiguo Testamento y no todo de ello. “Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria” (1 Corintios 2:6-8). Daniel y sus compañeros tenían “la sabiduría oculta” solo dado a los que tienen una relación con el Dios verdadero. Y usted, si es creyente en Cristo, tiene mejor inteligencia acerca de las cosas espirituales que cualquier doctor o científico del mundo que desconozca a Cristo como Salvador. Mirando al mundo en su caos especialmente en estos días de la coronavirus, podemos estar tranquilos porque sabemos que nada está fuera de la mano de nuestro Señor. Y aunque padezcamos con los demás, confiamos como Daniel y sus amigos por conocer y ser amado por el Dios viviente que dio a Su Hijo que muriera por nosotros.
Daniel 2 (parte 1): El poder del rey Nabucodonosor (Daniel 2:1-30)
“Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré” (Ezequiel 21:25-27)
“Heriré a los moradores de esta ciudad, y los hombres y las bestias morirán de pestilencia grande. Después, dice Jehová, entregaré a Sedequías rey de Judá, a sus criados, al pueblo y a los que queden de la pestilencia, de la espada y del hambre en la ciudad, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, en mano de sus enemigos y de los que buscan sus vidas, y él los herirá a filo de espada; no los perdonará, ni tendrá compasión de ellos, ni tendrá de ellos misericordia” (Jeremías 21:6-7).
Acaso aparece extraño que yo pondría esta cita aquí al considerar este segundo capítulo de Daniel. Pero trataré de explicar el por qué. En esta cita de Ezequiel se menciona el profano e impío príncipe de Israel. Era el rey Sedequías, el último rey con la tiara y corona de Israel. De este punto hasta el día de hoy, la tiara (diadema es la palabra más correcta, según lo que entiendo) ya no está sobre la cabeza de ninguno de los hijos de Israel; fue puesto sobre la cabeza de un gentil, quien era Nabucodonosor. Por la maldad del pueblo de Israel, su idolatría y rebelión (como notamos en un estudio anterior) cesó el señorío de Israel por completo. Nabucodonosor fue puesto por Dios mismo, como nos dice en nuestro capítulo; “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, Él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro” (Daniel 2:37).
No ha habido otro rey tan poderoso como Nabucodonosor desde entonces. Pero en nuestro capítulo vemos como él resentía el aparente poder de sus magos de interpretar los sueños, cosa que él no podía hacer. Vemos en el día de hoy varios poderes batallando, buscando preeminencia o sea “la tiara”. No hay “cabeza de oro” en el día presente menos él que temporalmente ha usurpado esta posición, el diablo. “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si Tú postrado me adorares, todos serán Tuyos” (Lucas 4:5-7). Satanás es el dios y príncipe de este mundo hoy en día. Ofrecía la posición al Señor Jesús en la tentación en el desierto, pero sin que Jesucristo pasara por el sufrimiento y muerte de la cruz. Pero no, no iba a pasar así. “Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en Su gloria?” (Lucas 24:25-26).
“Hasta que venga aquel cuyo es el derecho” nos dice Ezequiel 21. El derecho de reinar sobre todo el mundo pertenece al que sufrió la muerte de la cruz, habiendo comprado lo que era de Él por herencia, y ahora por redención. Vemos como los poderes humanos van manipulando las leyes y la política para garantizar su poder continua; Hugo Chavez y su escogido, Nicolás Maduro en Venezuela parecen haberlo logrado ya por más de veinte años. Después de la venida del Señor por los Suyos, va a haber uno que se profesa “cabeza de oro”; una trinidad de maldad; la bestia, el Anticristo y Satanás. El mundo estará en tan mala condición que la mayoría darán la bienvenida a un poder mundial que profesa poder solucionar sus problemas graves. Vemos en los acontecimientos mundiales con la coronavirus como esto puede fácilmente pasar, algo que hace seis meses ni hubiéramos imaginado.
Pero amados hermanos, mi deseo es que meditemos sobre “aquel cuyo es el derecho”. Mientras vemos en el mundo las fuerzas de maldad creciendo como nunca, que levantemos las cabezas como amonesta Lucas 21:28 al remanente fiel; “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”.
Casi no llegamos a considerar nuestro capítulo y espero que me disculpen por la desviación pues estaba meditando sobre la situación actual en el mundo y visto en los Estados Unidos mientras anticipamos una votación en menos de dos meses. Tomamos ánimo, sabiendo que “el Dios del cielo” quien dio a Nabucodonosor “reino, poder, fuerza y majestad” está adelantando el día cuando “venga aquel cuyo es el derecho”. Entre tanto, confiemos en nuestro Dios y evitemos meternos en la política de este mundo. Seamos como Daniel que propuso en su corazón no contaminarse, pues si nos metemos en la política de este mundo, nos vamos a contaminar. Que veamos hacia adelante para ver por fe “un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en Su cabeza muchas diademas ... y Su nombre es: El Verbo de Dios” (Apocalipsis 19:11-16).
Daniel 2 (parte 2): Daniel interpretando el sueño del rey
“Y el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por saber el sueño. Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre vive; di el sueño a tus siervos, y te mostraremos la interpretación. Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto lo olvidé; si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán convertidas en muladares”. Vemos en otra traducción un pensamiento un poco diferente, pues el rey dijo “lo olvidé” en la Reina-Valera de 1960, y en el de 1908 dice “la cosa se me ha ido”. En una traducción llamada “Biblia de Jerusalén” vemos esto; “Pero el rey replicó: Bien veo que lo que queréis vosotros es ganar tiempo, sabiendo que mi decisión está tomada”. Parece que hay dificultades en la traducción en este lugar y la mejor traducción indica que en realidad, el rey cruel estaba buscando pretexto para probar que sus magos eran mentirosos, por eso había decidido no decirles el sueño, dejando a ellos probar sus poderes de adivinación a través de decirle a él lo que él ya sabía. Claro que no podían, pues sus poderes, aunque eran diabólicos, no llegaban a tal punto de conocer los pensamientos ni los sueños del rey.
Hace muchos años, alguien me dijo que el diablo no conoce nuestros pensamientos, y por eso es mejor orar en voz alta para que el diablo escuche. Bien sabemos que muchas veces no es posible, ni digo que es una regla, pero he notado que me ayuda el orar en voz alta cuando puedo porque así mi mente es menos distraída. Solo es una sugerencia que hago que me ha sido de ayuda por muchos años. Tenemos un ejemplo muy bonito de alguien que oró en su corazón antes de hablar en el líder Nehemías; “Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey ... ” (Nehemías 2:5). Así que, si sea en voz alta o en nuestros corazones, Dios nos escucha.
Y Dios escuchaba la oración de Daniel y sus tres amigos. “Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que había a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, para que pidiesen misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia”. ¡Qué bueno era que Daniel tenía estos tres amigos, quizás menos atrevidos que él, pero con el mismo ánimo de honrar a Dios en medio de los paganos!
Notemos algo más muy importante de su oración de alabanza a Dios después de conocer el sueño del rey; “Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque Suyos son el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. Él revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con Él mora la luz”. Pienso que encontramos aquí algo que puede dar mucha paz a nuestros corazones. Como notábamos en una meditación anterior, hay una tendencia muy fuerte en el corazón de meterse en la política de este mundo, quizás pensando que por nuestra influencia vamos a mejorar algo. Pero vemos aquí como Daniel nos da a conocer que es Dios que tiene autoridad en los reinos de los hombres. Dios había “mudado los tiempos”, quitando la diadema de la nación de Israel de tal manera que Daniel ya era un esclavo bajo la servidumbre de Babilonia, expuesto a la muerte por el capricho de aquel rey Nabucodonosor. Pero aun así Daniel no rebela, sino reconoce que el rey era, al fin de todo, puesto en su lugar por el mismo Dios de Israel, ya conocido como “el Dios del cielo”. Nos haría mucho beneficio reconocer que, como hermanos en Cristo y ciudadanos de otro mundo, es decir ciudadanos del cielo, la política de este mundo no es nuestro negocio.
Vemos en la interpretación del sueño del rey cosas maravillosas acerca del futuro del mundo gentil y su liderazgo. El mismo Nabucodonosor era la cabeza de oro, como así Daniel le dijo: “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad ... tú eres aquella cabeza de oro”. Después de Nabucodonosor habían de levantar tres otros reinos, menores en su poder, como se habla de los metales de plata, bronce y hierro. No soy muy capaz de desarrollar este tema, pero quiero notar que nos habla del reino futuro de Jesucristo, Mesías de Israel. “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero Él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro”. Esta piedra es, indudablemente, nuestro Señor Jesucristo. En aquel día, el Señor Jesús tendrá el lugar de preeminencia sobre todos los reinos de los hombres. ¡Nosotros anhelamos aquel día de Su exaltación y como lo demos este lugar ahora mismo en nuestros corazones, justo ahora, mis amados hermanos!
Daniel 2 (parte 3): La profecía de Daniel (Daniel 2:31-49)
Como dije en la meditación anterior, no soy para nada dotado en la profecía y me da miedo tratar de desarrollarla. Pero acaso podemos sacar unas cuantas cosas de este segundo capítulo de Daniel, sujeto a las correcciones de otros si sea necesario, y con la ayuda de otros que han escrito sobre este capítulo.
“La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido”. Vemos en estos metales varias características, pero en general, su valor disminuye, aunque vemos en el hierro algo muy fuerte y en la mezcla de hierro y barro algo muy débil. “Imperialismo” es una palabra muy usada por los líderes de varios países, normalmente usado para condenar las acciones de los Estados Unidos. Pero hay que tener en cuenta que el gobierno que Dios va a establecer bajo el reino del Señor Jesucristo será una autocracia. “Autocracia” quiere decir “un sistema de gobierno por una persona con poder absoluto”. Como era en el tiempo de Daniel, este poder es a menudo abusado. Daniel explicaba el reino de Nabucodonosor en nuestro capítulo, la “cabeza de oro”, así también en el capítulo 5 de nuestro libro: “A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba”. Solo el Señor Jesús va a ejercitar el poder de autocracia en justicia perfecta. En todo ser humano menos Él, vemos la tendencia a caprichos y abusos.
Así el hombre, en busca de justicia, ha visto en la democracia una respuesta a la tendencia de abusos. Como explicaba Abraham Lincoln en su discurso famoso en Gettysburg, “Gobierno de la gente, por la gente y para la gente” suena muy bonito pero la verdad es otra cosa. Los padres de la patria, de los Estados Unidos, sabían que “la gente” puede ser cruel e injusto también, y así fundaron una república demócrata pensando por eso limitar y dividir el poder entre varios brazos del gobierno. Pero al fin de cuentas, llega siendo la mezcla de barro y de hierro y se muestra su debilidad. Nunca debemos olvidar que lo que será es el reavivamiento del Imperio Romano según Apocalipsis 13:1-3: “Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?”. Tenemos profetizado esta trinidad de maldad; el diablo, la bestia y el falso profeta, también conocido como el Anticristo. La herida mortal y su recuperación una vez yo pensaba que fuera un hombre, pero los mejor instruidos me dicen que no es una persona, sino el reavivamiento del Imperio Romano debajo de diez reyes.
¿Cuáles imperios entonces son representados por la plata y el bronce? Bueno, uno de ellos vemos en nuestro libro de Daniel, pues el imperio de los Caldeos fracasaba en la misma vida de Daniel. “La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años” (Daniel 5:30-31). Se nota que el poder de Darío era menos que el poder de Nabucodonosor. Aun en sus días Darío por imprudencia y orgullo hizo un edicto sobre la adoración que él mismo no podía alterar. “Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada” (Daniel 6:8). Después que se dio cuenta de la astucia y pretexto de aquel edicto, trataba de revocarlo y no podía. “Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle”. Nabucodonosor era una ley a sí mismo y no fue sujeto a nadie menos Dios. Porque no reconocía esto, se volvió loco por el hecho de Dios y eso veremos más adelante. Pero Darío se encontró con menos poder pues no podía alterar la ley.
El imperio de bronce era el imperio de Grecia. Su líder era Alejandro y conquistaba el reino del rey Darío, el tercero según la historia secular. El cuarto, el imperio Romano, empezó un poco antes (como 30 años) de la primera venida del Señor Jesucristo. Desde la caída del imperio Romano, realmente no vemos un imperio, aunque había la apariencia de lo mismo en Britania, pero duraba poco y sufría muchas rebeliones de parte de sus colonias.
Se nota que Nabucodonosor quedó impresionado con Daniel, que decía no solo el sueño sino su interpretación. Hablaba palabras que parecían honrar al Dios de Daniel, pero a la vez, “Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso”. Y eso a pesar de las palabras de Daniel: “Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y Él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días”.
Así Dios nos ha dado mucha revelación a través de la profecía para fortalecer nuestra fe y darnos entendimiento de los tiempos. Que nuestros corazones responden con estas palabras de Apocalipsis 22:20: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”.
Daniel 3 (parte 1): La imagen de Nabucodonosor
“Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad ... tú eres aquella cabeza de oro” (Daniel 2:37-38).
“Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Apocalipsis 13:2).
En nuestro capítulo de hoy vemos como Nabucodonosor, habiendo escuchado de Daniel que era “aquella cabeza de oro”, hizo por sí mismo “una estatua de oro” y mandaba que “os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo”. Recordamos también como el diablo en la tentación en el desierto dijo al Señor Jesucristo: “Si Tú postrado me adorares, todos serán Tuyos” (Lucas 4:7). Siempre ha buscado el hombre y el diablo lo que solo pertenece a Dios; eso es, la adoración. A la primera pareja, la serpiente les dijo: “seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Nabucodonosor recibía su autoridad de Dios mismo, pero en vez de honrar al Dios que Daniel le había dicho que le daba la autoridad y poder, hizo su estatua de oro y mandaba que todo pueblo bajo su autoridad honrara aquella estatua. No nos dice la escritura, pero tengo pensado que la imagen de la estatua era la imagen de él mismo. En el día futuro va a haber la bestia y su imagen y su poder vendrá, no de Dios como lo de Nabucodonosor, sino del “dragón” que sabemos es el mismo diablo. Nabucodonosor, en su día, reinando sobre la mayor parte de la tierra, cada pueblo con sus dioses era obligado esta vez de adorar solo a su imagen de él. Había solo tres esclavos que decidían que no.
Es interesante ver los instrumentos usados para significar que era tiempo de adorar: “ ... al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado”. ¿No es significativo que, para emocionar a la gente hacer la adoración que él quería, usaba la música como algo que iba a inspirarlos a participar? La música es natural y puede ser bien engañosa. Al hombre natural le da la idea que está haciendo algo que agrada a Dios porque a él le hace sentir bien, emocionalmente. Pero la verdad es que la música no es algo que agrada al oído de Dios. “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24). Como la miel que era prohibida en los sacrificios, así la música instrumental no tiene nada que ver con la adoración cristiana. No es que sea mala; es cuestión de introducir lo que agrada al ser natural en la adoración.
No son tan diferentes los instrumentos que el falso profeta va a usar en el día futuro para asegurar la adoración de la bestia. “Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:9-10). En vez de la música que emocionaba la multitud de participantes en la adoración de la estatua de Nabucodonosor, aquel inicuo usará señales y prodigios, pero serán del tipo mentiroso para engañar al mundo de profesantes falsos. (No va a haber entre ellos cualquier cristiano, pues nosotros hubiéramos sido arrebatados antes que viniera este tiempo). No estoy poniendo un paralelo entre los que usan la música en sus iglesias y estos prodigios mentirosos para engañar a los del día futuro; nada más quería notar el engaño de la música, que puede apreciar cualquier inconverso, quizás tal que le hace pensar que está bien con Dios, porque escucha con agrado el coro de una iglesia. Quizás tal persona, no habiendo aceptado a Cristo como su salvador, estará en el día futuro mirando otra cosa emocionante; prodigios mentirosos para hacerlo adorar a la bestia y su imagen. No queremos hacer al hombre perdido sentir bien aun en sus pecados. Queremos advertirlo que debe arrepentir de sus pecados y acudir a Cristo como el único y suficiente salvador.
Dejamos la historia de los fieles amigos de Daniel para la próxima meditación. Pero para dar una idea que tan difícil era su decisión, vemos que Nabucodonosor tenía el apoyo de toda persona importante. “Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado”. ¡Como las aletas del pez que le permiten remontar la corriente tan fuerte, así estos tres esclavos se atrevían desafiar el mandamiento del rey más potente en todo el mundo! A nosotros también el mundo es muy contrario y hay muchos que caminan con la corriente del mundo, hasta muchos que profesan el cristianismo. Que Dios nos ayude para que seamos fieles como estos tres amigos de Daniel.
Daniel 3 (parte 2): Los compañeros de Daniel
No sabemos dónde estaba Daniel en este capítulo, pues seguro si hubiera estado en Babilonia en este momento, su lugar hubiera sido al lado de sus tres amigos fieles. Había sido su fiel líder en el capítulo 1 cuando primeramente enfrentaron las dificultades de ser fiel a Dios en una tierra ajena y contraria, en una condición de servidumbre total. Ahora, sin la compañía de Daniel, tenían que enfrentar el mandato del rey de adorar a su ídolo. Sin duda Dios, por motivo de confirmar su fe, planeaba que estuviesen en estos momentos sin el liderazgo de su amigo fiel y atrevido, Daniel. Veremos cómo salieron triunfantes.
“Algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos ... Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado”. Nunca faltan los maliciosos; estos tres varones no hicieron una exhibición de su rehúso de servir el dios de Nabucodonosor. Pero fueron vistos de los maliciosos que sin duda buscaron adelantar a sí mismos, siendo que los tres hombres estaban en lugares de preeminencia en el reino de Babilonia.
“¿Y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” Así dijo Nabucodonosor al oír las noticias de los tres amigos judíos. No dudo que los tres jóvenes temblaron al estar ante el rey con una amenaza tan terrible. Pero notamos su respuesta: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”. Pienso que es difícil por nosotros entender cuan atrevidos fueron estas palabras, dichas por unos cautivos de Judá al rey más poderoso en todo el mundo. ¡Nadie, pero nadie contradecía a aquel rey!
Breve nota sobre lo que sucede después: “Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro ... ”. Para mí hay un bello contrasto al rostro de Esteban en Hechos. “Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel”. Un poco después, estos consejeros tenían sus rostros tal como el rostro de Nabucodonosor, llenos de ira, crujiendo los dientes contra Esteban.
Para mí la maravilla de su respuesta está en su confianza, todo en contra de lo que dijo el rey: “¿Y qué dios será aquel que os libre de mis manos?”. Ellos podían decir: “Nuestro Dios ... de tu mano, oh rey, nos librará”. De eso ellos estaban totalmente seguros, que pase lo que pasa, este rey Nabucodonosor no los podía tocar. No hablaron aquí del escape del horno de fuego, pues de eso dijeron “si no ... ”, dándonos a entender que no estaban seguros de que Dios les iba a librar del horno. Sabían que Dios podía librarlos, pero sí o no, no iban a deshonrar a Dios por adorar a un ídolo. Pero en cuanto la mano del rey no los podía tocar, hablaron de su fe en Dios, Jehová Dios de Israel, a quien honraron, y de su destino eterno. ¿Se da cuenta como estos pobres judíos estaban en mejores condiciones que el rey mismo? ¿Y cuál era la diferencia entre los dos? El rey, con toda la riqueza, todo el poder, todo el honor, nota que los cautivos de Judá estaban diciendo que estaban en mejores circunstancias que él mismo, lo que a él le enfurecía. No podía aguantar el pensamiento que en el mundo hubiese alguien tan atrevido de decir que estaba más allá que su alcance.
Me hace pensar de las palabras del apóstol Pablo en Hechos 26:29: “Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!”. El pobre prisionero, en la presencia de hombres ricos y poderosos, pronuncia las palabras: “¡Ojalá que ustedes tuviesen lo que yo tengo!”. Alguien quizás hubiera dicho: “Pablo, ¿de qué hablas? ¡Tú no tienes nada!”. Ahh, pero sí, como los cautivos de Judá, aparentemente más pobre que todos, él tenía todo. El rey dice: “¿Que dios será aquel que os libre de mis manos?”. Y los jóvenes contestan: “Nosotros conocemos aquel Dios, que tú desconoces”.
El rey no iba a aguantar más su osadía y mandó calentar el horno siete veces más que lo normal. “Entonces estos varones fueron atados ... y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo”. ¿Qué fue el resultado? El rey vio algo bien extraño y dijo: “He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses”. El poder del incendio solo podía soltarlos de sus ataduras y ponerlos en la presencia del “hijo de los dioses” (según Nabucodonosor) y no dudamos que era el mismo Señor Jesucristo que caminaba con ellos en aquel momento.
¿Podemos decir que la presencia del Señor en medio de la prueba era mejor que ser librado de la prueba? ¿Qué hubieran dicho los tres compañeros de Daniel? Pienso yo que hubieran dicho: “para nada hubiéramos evitado esta experiencia, tan horrible que parecía antes”. Que sea así en nuestras vidas, tal que no solo aguantamos las pruebas que Dios nos envía, sino que regocijemos en conocer el consuelo y bendición del Señor a través de la prueba.
Daniel 4: Daniel interpreta otro sueño del rey
“Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo. ¡Cuán grandes son Sus señales, y cuán potentes Sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y Su señorío de generación en generación”. Así empieza la introducción de nuestro capítulo, dicho por el rey después de los acontecimientos de este capítulo.
Daniel antes había proclamado e interpretado el sueño del rey. Dos veces el rey había expresado su respeto para el Dios de Israel. En el capítulo 2 dice: “Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, y el Señor de los reyes”, y en el capítulo 3 dice: “Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió Su ángel y libró a Sus siervos que confiaron en Él”. Pero vemos en la interpretación de su segundo sueño que su corazón no fue cambiado. Me hace pensar también de Saúl, rey de Israel, quien perseguía a David para matarlo, pero cuando David le habló en dos ocasiones explicando que él no era enemigo de Saúl, Saúl contesta con palabras aparentemente muy sinceras que no iba más a perseguir a David. Pero no era cierto, y seguía en lo mismo, pues su corazón no fue cambiado. Así vemos en Juan capítulo 3, las palabras del Señor Jesús: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios”. El corazón del viejo hombre Adán, que cada uno de nosotros tenemos, no sirve para Dios. Tiene que haber una vida nueva por el nuevo nacimiento.
Es interesante que Nabucodonosor, siendo el rey sin enemigos, el más potente de los reyes en todo tiempo, confiese otra vez: “Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama, las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron”. Tenemos un ejemplo muy bonito en David en el Salmo 3, donde dice: “Yo me acosté, y dormí, y desperté; porque Jehová me sostuvo”. David en aquel entonces tenía que huir por su vida, escondiendo en las cuevas y montañas. Pero de todos modos, su sueño era dulce. Así que el cristiano que confía en el Señor, aunque sea pobre y sin recursos, con dificultades aparentemente insuperables, puede descansar mejor que el inconverso que aparentemente no debe tener la menor preocupación.
El sueño del rey, interpretado por Daniel, hablaba y advertía del porvenir para Nabucodonosor y sus lecciones necesarias. “La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien Él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres”. Es bueno por nosotros considerar lo mismo, que sigue siendo verdad hasta el día de hoy. Vemos hombres malos que están en lugares de preeminencia, hasta los presidentes poderosos de países, y lamentamos sus hechos a veces, pero es bueno saber y confiar que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y eso aunque Él ve bien poner un malo (al más bajo) en un lugar de poder.
“Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad”. Daniel, después de explicarle al rey el castigo que le esperaba por su orgullo y soberbia, le dice por qué Dios de antemano le estaba advirtiendo. Nos hace pensar del mensaje de Dios a Nínive por el profeta Jonás: “De aquí á cuarenta días Nínive será destruida”. Los habitantes de Nínive se dieron cuenta de que Dios había enviado el mensaje a fin de que se arrepintieran. Dijeron: “¿Quién sabe si se volverá y arrepentirá Dios, y se apartará del furor de Su ira, y no pereceremos?”.
Jonás también, aunque no estaba de acuerdo con lo que Dios hacía, dijo: “Porque sabía yo que Tú eres Dios clemente y piadoso, tardo á enojarte, y de grande misericordia, y que Te arrepientes del mal”. Así Daniel podía aconsejar al rey cambiarse de sus pecados para que tal vez hubiera una prolongación de su tranquilidad, sabiendo que Dios es clemente. Nosotros, predicando el evangelio, podemos decir algo mucho más fuerte y seguro, que si una persona se arrepintiera y aceptara a Cristo, sus pecados le son perdonados y será librado de toda posibilidad del juicio.
A cierto punto quizás Nabucodonosor aceptó lo que dijo Daniel, pero pasando los doce meses, habló en su corazón: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?”. Esta soberbia Dios no iba a aguantar más, y perdió todo hasta su mismo razonamiento, comiendo hierba como los bueyes y viviendo bajo el cielo. De lo más alto a lo más bajo fue humillado, pero después dijo: “Yo Nabucodonosor ... bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y Su reino por todas las edades”. Muy diferente de los reinos del sueño en el capítulo 2, cada uno teniendo su fin, hasta, “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero Él permanecerá para siempre”. Nabucodonosor de veras había aprendido la lección. Estoy seguro de que lo veremos en el cielo.
Daniel 5 (parte 1): Arrogancia reprobada
“El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas”.
Lo que me impresiona, leyendo estos versículos, es eso que el conocimiento de Dios no se adquiere por herencia. Recién nuestro hermano Rigoberto ha estado compartiendo con nosotros por WhatsApp algunas meditaciones del hermano Jim Hyland que han sido traducidas al español. Son breves y provechosas. El hermano ya está con el Señor, llevado de nosotros con solo sesenta años. Era un hermano muy fiel que dedicaba su vida al servicio del Señor. Pero que yo sepa, sus hijas andan lejos del Señor. No dudo que nuestro hermano y su esposa fielmente compartían la palabra con sus hijas desde el principio. Pero siendo adultas, las dos escogieron el camino del mundo.
El rey Nabucodonosor, o el padre o abuelo (no hay acuerdo entre varios sobre esta cuestión) de Belsasar, le había contado según este capítulo del peligro de levantarse en soberbia contra “el Dios de los cielos”. Daniel le dijo: “Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto”. Así la humillación de Nabucodonosor resultaba en su deseo de compartir con sus hijos quien era el Dios del cielo, el único Dios verdadero, a quien se debe rendir honor.
A pesar de todo este conocimiento, Belsasar (cuyo nombre a lo mejor tomó por sí mismo según el nombre de su dios Bel) pensaba que podía jactarse contra aquel único y verdadero Dios. “Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra”. En este punto, Jehová Dios de Israel lo iba a contestar por su arrogancia. “En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía. Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra”.
Recuerdo de otros tiempos cuando el dedo de Dios escribía. “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios” (Éxodo 31:18). La ley inmutable de Jehová fue escrita por el dedo de Dios en tablas de piedra. Esa ley decía: “No tendrás dioses ajenos delante de Mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra” (Éxodo 20:4). Esta ley también decía: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). Pero cuando los fariseos trajeron a una mujer tomado en el acto de adulterio en Juan 8, ¿qué hizo el Señor Jesús? “Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo”. Vemos en la gracia de Dios que el Hijo de Dios se hizo carne (polvo) y vino en humillación a la tierra como Hijo del Hombre para redimir al hombre que había fallado totalmente de obedecer la ley escrito por el dedo de Dios en tablas de piedra.
¿No es interesante cuan pronto los pensamientos cambian de orgullo y arrogancia a temor y temblor? Espero que mis lectores reconozcan esto cuando se escuchan a personas en el mundo, como profesores en la escuela, hablando confiadamente como que no hay Dios y que el mundo llegó a existir solo por medio del puro percance de la evolución. No se olvide que Dios va a tener la última palabra, y sus caras tan confiadas van a tener otra expresión en aquel día, como vemos aquí en el rey Belsasar. En un momento estaba sin preocupaciones, orgulloso, medio borracho y alegre. Al siguiente momento, todo cambiado, sus rodillas están pegándose, y su cara pálida de terror. Dios le había hablado por medio de algo espantoso, la mano sin muñeca o brazo que escribía en la pared de su palacio. Y así Dios puede hablar a esta gente que quiere pensar que Dios no existe.
Daniel 5 (parte 2): El fin de Belsasar
“El rey gritó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: Cualquiera que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y será el tercer señor en el reino. Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación”.
“Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN”.
Se nos dice que estas palabras eran palabras en el idioma común. ¿Por qué entonces nos dice que no pudieron leer la escritura? Creo que encontramos la respuesta en 1 Corintios 2:14: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. A nosotros que tenemos vida nueva en Cristo, las palabras de Dios, escritas por hombres cuyas plumas fueron dirigidas por la inspiración divina, son “bellas palabras de vida”. Hace unos años vivía un señor mayor con su esposa en la casa al lado de nuestra casa. No tenían nietos y así les gustaron nuestros hijos pequeños y les daban regalos en sus cumpleaños y mostraron otros favores. Pero no querían que se les hablara nada de la palabra de Dios. Mi esposa cuidaba a la mujer cuando se enfermaba, pero aun estando débil y moribunda, rechazaba escuchar leerse los mensajes del amor de Dios que se publica semanalmente para los niños de la escuela dominical. Al morir la mujer (temo que en sus pecados), mi esposa regaló al hombre un Nuevo Testamento. El hombre nos regaló su máquina de coser después y encontramos escondida en la maquina (que ella heredó de su madre) una nota que nos indicaba que la madre era creyente en Cristo. Pero desvío de mi tema ... la cosa que quería decir es esto, que el señor contaba a mi esposa que encontraba difícil leer la Biblia, pero cuando contrataba unas señoras musulmanes para ayudarlo en su casa, empezaba a leer el Corán y eso decía que era fácil de entender. ¿Por qué la diferencia? Pues el Corán fue escrito por hombres y es palabra de hombres. La Biblia es la Palabra de Dios. Solo se revela al corazón renovado.
Al corazón duro de Belsasar las palabras escritas por la mano de Dios en la pared no eran entendibles. Pero mucho peor, cuando fueron interpretados, no había una aceptación ni creencia en lo que se explicaba. Daniel en el reino de Nabucodonosor siempre había tenido un puesto de eminencia, pues a pesar de la terquedad del rey, había en varias ocasiones escuchado a Daniel, y por ratos había respetado a su Dios. Mandaba, por ejemplo, en el capítulo 3, que todo el mundo respetara al Dios de los tres hombres que fueron librados de su horno. “Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste”. (No funcionaba, como veremos Dios mediante en los capítulos que siguen en el libro de Daniel, pues la fe en Dios no se puede promulgar por edicto gubernamental, aunque por las edades ha sido intentado muchas veces). Pero por lo menos había respeto mostrado por “el Dios del cielo” como Daniel lo llamaba. Y por fin, como fue relatado de nuevo a Belsasar por Daniel, murió con una fe verdadera en esa Dios a quien llamó “Rey del cielo”. Pero en el reino de Belsasar no había el menor respeto por el Dios del cielo. Daniel fue olvidado completamente y vivía en soledad. El rey no sabía nada de Daniel y fue la reina (a lo mejor su tía o la hija de Nabucodonosor) quien le contaba acerca de Daniel. Daniel no aceptaba la ofrenda de los dones de Belsasar. “Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros”. Pero sí le contaba de su fin pronunciado por la palabra y mano de Dios en la pared de su palacio. “Al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste”.
Da cierto miedo ver cómo la gente de los Estado Unidos no quiere tener nada que ver con “el Dios del cielo”. “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová”, nos dice Salmo 33:12. Como cristianos aceptamos lo que leemos en el capítulo anterior: “el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien Él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres”. Nuestra oración sigue siendo según 1 Timoteo 2:1-2: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”.
Que Belsasar no creía el edicto del Dios de los cielos (“Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas”) se nota por lo que hizo: “Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el tercer señor del reino”. ¿Anhelaba Daniel un lugar en un reino destinado a ser destruido aquella misma noche? Así nosotros, sabiendo que este mundo está destinado al juicio, no esperamos un futuro próspero en este mundo, sino anhelamos la venida de nuestro Señor en el arrebatamiento. “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén” (Apocalipsis 22:20-21).
Daniel 6 (parte 1): Las consecuencias de fidelidad a Dios
“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”.
Vemos en este capítulo el hombre Daniel, ya viejito, de alrededor de ochenta años, según la historia de los reinos de Babilonia. Es de mucho ánimo notar que sus principios de vida y su fe en Jehová Dios de Israel no habían cambiado en nada, a pesar de tantos años en un país lejano, bajo la cautividad de Babilonia. Nosotros también estamos en un mundo contrario, lejos de nuestro hogar celestial, y muchas veces las circunstancias que nos rodean no son agradables. ¿Vamos a ser fieles a Dios a pesar de todo, como lo fue Daniel?
¿Por qué Daniel abría sus ventanas hacia Jerusalén? Pues, era su fe en la Palabra de Dios, confiando en que Jehová iba a contestar la oración del rey Salomón hecho desde hace tantos años. “Si pecaren contra Ti ... y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca, y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a Ti en la tierra de los que los cautivaron ... con el rostro hacia su tierra que Tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que Tú elegiste y la casa que yo he edificado a Tu nombre, Tú oirás en los cielos, en el lugar de Tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia. Y perdonarás a Tu pueblo que había pecado contra Ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra Ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos” (1 Reyes 8:46-50). Daniel obviamente había estudiado la palabra de Dios en su juventud, pues parece improbable que hayan podido llevar los rollos a Babilonia cuando fueron llevados como esclavos hacia tantos años. ¡Que beneficio de guardar la palabra de Dios en su corazón cuando es usted joven, mi querido lector!
La cosa que enfrentaba a Daniel en este capítulo era la envidia, una cosa siempre negativa en la Biblia. Es diferente que el celo, que en ingles muchas veces se usa como un sinónimo de envidia. (No conozco suficiente bien al español para decir que sea igual entre ustedes latinos). Pero el celo en la Biblia se usa como una de las características de Dios mismo. “No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso ... ” (Deuteronomio 5:9). “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11:2).
Pero en nuestro capítulo, los gobernadores tenían envidia de Daniel. “Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino”. Esta es una situación bien difícil. Uno hace bien, y la consecuencia es algo aparentemente malo. ¿Qué se puede hacer? Daniel nos enseña un ejemplo muy bueno; seguía en obediencia a Dios y al rey (cuanto podía, menos en el edicto recién firmado), sin hacer quejas de los otros que le tenían envidia. Estoy seguro de que Daniel se daba cuenta de lo que pasaba. Hubiera podido hacer trampas para ellos que le pensaban mal, pero no lo hizo. En otras palabras, cumplió lo que Cristo nos enseña en el Nuevo Testamento: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:17-18).
“Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios”. ¡O, amigos, como me pega la conciencia, pensando de Daniel y su comportamiento! Aun sus enemigos tenían que confesar que no iban a encontrar falta en él, menos algo que podían inventar sobre su obediencia a su Dios. Cuantas veces he hecho algo muy al contrario, como dice en Romanos 2:24: “Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros”. ¡Qué triste es cuando el mundo encuentre algo que decir contra nosotros porque hemos pecado en tal manera que aun el mundo puede decir “un cristiano no debe hacer tal cosa”! Pero no fue así con Daniel, fiel en todo porque honraba a Dios en su vida. ¡Que nosotros tengamos semejante testimonio!
Daniel 6 (parte 2): El foso de los leones
“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”. Como vimos en la meditación anterior, los gobernantes habían persuadido al rey que hiciera una nueva ley, un edicto que prohibía la oración a cualquier dios menos al rey. ¿Cómo iba a reaccionar Daniel? ¿Por lo menos, cerrar la ventana? ¿Para qué arriesgar que sea visto de otros? No, Daniel no cambió su forma de vivir nada ni nada. Entendía en su corazón el sentido de la oración de Salomón y seguía por fe en Jehová. Si hubiera sido nada más una costumbre, esa se podía abandonar por edicto real.
Estas oraciones de Daniel, ¿piensa usted que nada más repetía la misma cosa una y otra vez? Desvío de mi tema por un rato para explicar dos palabras que se usan por conversar con Dios; rezar y orar. No quiero ofender a nadie, pero la palabra “rezar” tiene en sí el sentimiento de decir la misma cosa una y otra vez. Los católicos rezan cuando oran “Ave María, llena de gracia ... ” y “Nuestro padre que está en los cielos ... ”. Hay algunos que usan la palabra rezar como sinónimo de “orar” y entiendo que a veces usamos una palabra por costumbre sin pensar mucho de su sentido. El Señor Jesús enseñaba a Sus discípulos a orar diciendo “nuestro Padre”, pero a la vez, nos dice específicamente: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”. Así, la oración dada a los discípulos era un modelo, no por nosotros los cristianos sino por los discípulos como prototipo del remanente de Israel en un día futuro.
Aunque no sabemos que oraba Daniel, sabemos por su oración en el capítulo 9 que era un hombre totalmente sincero y profundamente piadoso. Él no oraba por algún mandamiento; él oraba porque conocía la escritura y confiaba en Dios. Así que, aunque no leemos sus palabras aquí, sabemos que “oraba, y confesaba delante de su Dios”. Daniel no iba a cambiar por amenazas de hombres malos, sean las que sean las consecuencias. Y no tardaron mucho en acusarlo delante del rey. “Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces al día hace su petición”. ¿Se nota la mentira mezclada con la verdad? Daniel sí había hecho cuenta del rey. En toda su vida siempre había mostrado el respeto y honor que demandaban los reyes de Babilonia. Pero el otro era cierto; ellos habían confirmado que oraba tres veces al día, igual que antes.
“Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle”. Yo no dudo que este rey se dio cuenta de una vez que le habían metido en una trampa, y él en su orgullo se había dejado engañar. Se nota que el poder del rey había disminuido desde los tiempos de Nabucodonosor, como Daniel había profetizado cuando interpretó el sueño del rey. Él no podía cambiar su propio edicto. “Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado”.
Ahora es el rey que está atribulado, mucho más que el mismo Daniel. El rey trata de consolar a Daniel, aunque no tuvo la misma fe de Daniel. “Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, Él te libre”. A Daniel le echaron en el foso, pero ¿quién era que pasaba la noche sin descanso? “Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño”. Yo pienso que Daniel, en cambio, recostaba la cabeza sobre un león fiero, sin el menor miedo y preocupación. Pienso que dormía a gusto toda la noche. Acaso se acordaba del Salmo 3:5-6: “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí”.
Pero en la mañana el rey, “acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?”. ¿Esperaba el rey una respuesta? Parece que tenía mucha duda, pero su corazón se alegraba cuando oyó la voz de Daniel, respetuosa como siempre; “Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió Su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante Él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo”.
Terminamos notando que el testimonio de Daniel era para traer gloria a Dios mismo, y no a sí mismo. “Entonces el rey Darío (dijo) ... De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque Él es el Dios”. ¿Se podía mandar por edicto el temor de Dios? Obviamente no, pues el mismo edicto o semejante había sido proclamado por el rey Nabucodonosor. “Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar ... ” (Daniel 3:29). Solo después, cuando él mismo llegó a conocer al “Dios de Daniel” como su Dios, dijo: “bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y Su reino por todas las edades” (Daniel 4:34). Y nosotros, mis queridos amigos, podemos consolarnos y tomar ánimo de las mismas palabras. El Dios de Daniel es también nuestro Dios, y Su señorío es hasta el fin. Aunque a veces parece que los presidentes y gobernantes hacen lo que quieren, seguro que nuestro Dios está sobre todo, y en Él podemos confiar, pasa lo que pasa.
Daniel 7: Las cuatro bestias
Es con un poco de miedo que empiezo a escribir sobre este capítulo, consciente de mi ignorancia en cuanto a la profecía. Confieso un descuido de este tema que incluye muchos capítulos en la Biblia. Pero en mi debilidad, voy a intentar abrir un poco por ustedes los puntos destacados de nuestro capítulo siete de Daniel.
“En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto”.
Por este versículo sabemos que el sueño de Daniel, relatado en este capítulo, sucedió antes de los acontecimientos del capítulo cinco, donde vemos la caída y fin del primer reino indicado en nuestro capítulo y también en los sueños de Nabucodonosor anteriormente. Daniel está en oscuridad, pues Belsasar ni lo conocía quien era. Pero Daniel, distante de las maquinaciones del mundo, está en comunión con los cielos, y no dudamos que estaba totalmente contento con esta posición.
En el sueño de Nabucodonosor, el primer reino tenía el aspecto de la cabeza de oro. Aquí vemos otro aspecto: “La primera era como león, y tenía alas de águila”. Pero antes vemos la ilustración del mar. “Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar”. Vemos el mar en varios lugares, como en Apocalipsis 17:1, como figura de la multitud de la humanidad, pero en la confusión de incredulidad tan común en nuestro día, pero aún peor en el día venidero. “Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas”. Acaso allí vemos el poder político de la iglesia católica de Roma controlando los pueblos gentiles que rechazaban el evangelio de la gracia. Donde dice: “Los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar”, vemos indudablemente el poder de Satanás luchando por robar las almas, lo que está pasando en el día de hoy. Que no olvidemos que Satanás es el dios y príncipe de este mundo hoy en día. “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:3-4). ¡Qué bendecidos somos nosotros que la luz del evangelio de la gloria de Cristo haya resplandecido en nuestros corazones por la gracia!
Hay una sugerencia en el verso 4 que toca la humillación del león, Nabucodonosor, del capítulo 4 de nuestro libro. Después, se mencionan los otros tres animales que incluyen el oso y después el leopardo que son semejanzas de los imperios de Medio/Persia y del Griego Alejandro el grande. Después viene otra bestia que no se compara con ninguna bestia del mundo salvaje. “La cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba ... ”. Nos enseñan los hermanos dotados en la profecía que va a ser el imperio Romano revivido. Esta bestia creo que es la misma que tenemos en Apocalipsis 13:1: “Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas”. Pero siguiendo adelante vemos que hay cuernos que dividen el poder al principio, pero son eliminados por el pequeño cuerno. “Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas”.
Entre todas estas cosas espantosas, vemos como Daniel podía contemplar, tras la escena del hombre en su poder, algo más que lo podía tranquilizar, y algo que a nosotros también nos debe tranquilizar. “Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de Su cabeza como lana limpia; Su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de Él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de Él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos”. O hermanos, no olvidemos esto: “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:22-23). El rio de fuego habla del juicio en palabras muy claras. El cuerno tiene grandes palabras, pero la última palabra no va a ser la suya. “Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego”.
El Anciano de días indudablemente nos habla del Dios omnipotente en tres personas. Pero el capítulo no termina allí, sino nos habla de otro que Daniel nunca pudo haber conocido, pero nosotros sí, el mismo “Hijo del Hombre”, nuestro amado Señor Jesucristo. “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y Su reino uno que no será destruido”. Como hemos mencionado antes, “así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga Aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré” (Ezequiel 21:26-27).
A Daniel fue explicado la visión desde el verso 16 en adelante. Hay algo muy importante que ha sido verdad desde los siglos pasados. “Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino”. Hay santos que son vencidos, que quiere decir que sufren pena de muerte. Otros santos serán salvos para vivir en la tierra, recibiendo el reino. Así recordamos Hechos 12; Santiago fue matado por Herodes, mientras las oraciones por Pedro resultaron en su libertad milagrosa. Seguro que los santos oraron también por Santiago, pero, de todos modos, Herodes lo mató. Como nos dice en Hebreos 11:33-34: “Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección”.
Daniel 8 (parte 1): Los machos cabríos, y otro pequeño cuerno
Continuamos con mucha debilidad el estudio de las profecías de Daniel, siempre teniendo de frente lo que nos enseña Apocalipsis 19:10: “Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Así cuando vimos los acontecimientos en el pasado que son una sombra de lo que viene aun en el futuro, recordemos que todo tiene que ver últimamente con la exaltación del Cordero de Dios, el Señor Jesucristo de toda cosa en la tierra y en el cielo.
“En el año tercero del reinado del rey Belsasar me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes. Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa, que es la capital del reino en la provincia de Elam; vi, pues, en visión, estando junto al río Ulai”. Susa era la capital del reino del macho cabrío del cual leemos en nuestro capítulo y los dos cuernos nos hablan de los dos poderes aliados, los Medos y los Persas. Somos recordados del carácter pasajero de los reinos de la tierra. Nabucodonosor, quien recibió su poder directamente de Jehová el Dios de Israel y el único Dios, tenía un imperio sobre casi todo el mundo, pero permanecía poco tiempo y fue derrumbado. Adolfo Hitler, líder de Alemania de 1933 a 1945 había dicho que establecería un imperio que permanecería 1000 años. En el año 1941, parecía que fuera cierto pues había vencido a casi toda Europa, África, e iba con aparente éxito contra Asia. Pero cuatro años después, su imperio totalmente destrozado, Hitler se suicidó. Así vemos, y anticipamos (aunque no necesariamente mientras que los cristianos estén todavía en el mundo) la caída del poder más grande en el mundo hoy en día, los Estado Unidos. El único reino permanente será del Señor Jesucristo, “cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Daniel 7:27).
Daniel fue dado la visión del futuro del reino que iba a resultar después de derrumbar al reino de “la cabeza de oro” antes mencionado. “Aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después”. Así salió más fuerte de los poderes aliados, los Persas, y como nos dice en nuestro capítulo, “Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía”.
Pero los Persas tampoco permanecerían mucho tiempo. Daniel en nuestro capítulo está predestinando otro poder que iba a tumbar a los Persas, el imperio de los Griegos, liderado por Alejandro el grande. Pero Alejandro murió a los 33 años y fue reemplazado por sus cuatro generales, sus sucesores, conocidos como los Diadochi. “Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo”.
Después vemos algo que se distingue del capítulo anterior donde leemos del “pequeño cuerno”. Aquí vemos otro pequeño cuerno que es diferente del anterior. “Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa. Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó. Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó”. “La tierra gloriosa” indudablemente habla de la tierra prometida a Abraham y a su descendencia, una promesa que Dios, quien no puede mentir, hizo a Abraham. “Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra” (Génesis 12:7). Pero lo de este “pequeño cuerno” se cumplió en la carrera de ese hombre malvado, conocido por la historia como Antioquía Epífanes. Trataba de forzar la idolatría en los Israelitas en la tierra prometida, y acaso se habla de los fieles a Jehová en aquel tiempo en Hebreos 11:35-38: “Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”. Estos tiempos son contados en los libros históricos, incluidos en la Biblia Católica pero generalmente no conocidos como inspirados por Dios, faltando cualquier cita de ellos en el nuevo testamento. En su totalidad llevan el nombre los libros apócrifos de la Biblia.
En nuestra próxima meditación, Dios mediante vamos a tratar de amplificar los últimos versos del capítulo 8 para que veamos la diferencia entre el pequeño cuerno del capítulo 7 que salió de los diez cuernos de la cuarta bestia, con el de nuestro capítulo quien es predestinado por esta persona historial, Antioquía Epífanes, llamado también “el rey del norte”. Pero igual como el pequeño cuerno del capítulo 7, será derrumbado según la profecía de Zacarias 14:1-4 por el Rey de Reyes, el Señor Jesucristo. “Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán Sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente”.
Otra vez vuelvo a repetir mi debilidad y falta de conocimiento de la profecía y me sujeto a mis hermanos más dotados, esperando que me corrijan si estoy mal.
Daniel 8 (parte 2): El cuerno pequeño, cuando los transgresores lleguen al colmo
Continuamos brevemente hablando de Daniel y sus visiones que cuidadosamente bosquejan la profecía y que tienen un sentido doble. En el tiempo de Daniel ambos sentidos eran futuros; en el nuestro, uno es histórico y otro aun futuro. En resumen, vimos en la meditación anterior que el “pequeño cuerno” de Daniel 8 habla de uno que salió dentro los cuatro cuernos, que decimos que representan los cuatro generales que dividían el reino de Alejandro el grande, quien murió a la edad de solo 33 años. Esta persona, histórica en nuestro día pero futura aun en el día de Daniel, se nombraba Antioquía Epífanes. La historia cuenta que ofreció un puerco en el altar en Jerusalén, así en parte cumpliendo esta profecía: “Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó”. Pero también vemos algo más en la interpretación que fue dada a Daniel en los últimos versos del capítulo por el ángel Gabriel, que incluye cosas aun futuras que procederán después del arrebatamiento de la Iglesia. “Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro; y él me tocó, y me hizo estar en pie. Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin ... Y al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas. Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos”.
Quería tratar de hacer más clara que este “pequeño cuerno” es otra persona distinta de la persona nombrada también “otro cuerno pequeño”. “Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas” (Daniel 7:8). Brevemente, este se habla de la cabeza del imperio Romano revivido que se aliará con el anticristo, el falso mesías en quien los judíos apóstatas confiarán. Es en este tiempo que los judíos fieles que esperan a Jesucristo van a seguir las instrucciones que les son dadas en los evangelios mientras los judíos apóstatas van a ver a su “asalariado” huirse. “Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (Juan 10:12-13).
Quiero salir ahora del libro de Daniel para hablar sobre el tema de “cuando los transgresores lleguen al colmo” en el verso 23 de nuestro capítulo. Hay que leer los últimos versos de 2 Crónicas 35 sobre el fin de Josías, el último rey fiel de Judá antes de la cautividad de Judá cuando la diadema pasó de la cabeza de Israel a la de Nabucodonosor. Hablamos de eso en el primer estudio sobre Daniel. El poder gentil ha dominado sobre la nación de Israel que finalmente fue despedazada y echada de su tierra como profetizaba el Señor Jesús en Mateo 24:1-2: “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron Sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo Él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada”. Eso pasó aproximadamente 37 años después de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo. (Pocos judíos cristianos quedaban en Jerusalén en aquel entonces, habiendo sido dispersados por las persecuciones de los judíos infieles). Pero volvemos a considerar a Josías, el rey coronado a los 8 años de edad.
“A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre; y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera, esculturas, e imágenes fundidas” (2 Crónicas 34:3). Así con 16 años, y sin la instrucción de la Palabra de Dios, empezaba a buscar al Dios de David, Jehová Dios de Israel, teniendo solo las tradiciones que le fueron contadas, no sabemos por quién, y a los 20 años, comenzó el gran trabajo de limpiar los falsos dioses que abundaban a su alrededor. A los 26 años, empezó el trabajo de restaurar el templo de Jehová y en el proceso, fue descubierta la ley perdida. Por la profecía de Hulda, la promesa de Dios de demorar el juicio venidero le fue dada, y continuaba su curso de fidelidad a Dios, celebrando la pascua según la palabra de Dios redescubierta. “Nunca fue celebrada una pascua como esta en Israel desde los días de Samuel el profeta; ni ningún rey de Israel celebró pascua tal como la que celebró el rey Josías, con los sacerdotes y levitas, y todo Judá e Israel, los que se hallaron allí, juntamente con los moradores de Jerusalén. Esta pascua fue celebrada en el año dieciocho del rey Josías” (2 Crónicas 35:18-19).
¿Qué le pasó entonces que murió tan joven a los 39 años? Pues, se metía en los asuntos del mundo pagano. De eso quería comentar, pues nosotros vemos lo que va a terminar “cuando los transgresores lleguen al colmo”. Hay muchos cristianos que quieren meterse en el intento de impedir el progreso de los transgresores. Entiendo sus sentimientos, pues a mí me afecta también. Lamentamos el progreso de los transgresores; pero ¿Qué pasó con Josías? “Después de todas estas cosas, luego de haber reparado Josías la casa de Jehová, Necao rey de Egipto subió para hacer guerra en Carquemis junto al Éufrates; y salió Josías contra él. Y Necao le envió mensajeros, diciendo: ¿Qué tengo yo contigo, rey de Judá? Yo no vengo contra ti hoy, sino contra la casa que me hace guerra; y Dios me ha dicho que me apresure. Deja de oponerte a Dios, quien está conmigo, no sea que Él te destruya. Mas Josías no se retiró, sino que se disfrazó para darle batalla, y no atendió a las palabras de Necao, que eran de boca de Dios; y vino a darle batalla en el campo de Meguido”. Nota por favor que las palabras del rey de Egipto “eran de boca de Dios”. ¡Pobre Josías! Después de una vida de mucho éxito para con Jehová Dios de Israel, se metió en una batalla que no era la suya, y en contra de la palabra de Dios, pronunciada por un rey pagano. Pagó fuerte por su desgracia, perdiendo su vida al flechero y terminando temprano una vida que honró al Dios de Israel. Jeremías lamentaba su muerte, pero no podía cambiar la pérdida de un varón de Dios.
“Y Jeremías endechó en memoria de Josías. Todos los cantores y cantoras recitan esas lamentaciones sobre Josías hasta hoy; y las tomaron por norma para endechar en Israel, las cuales están escritas en el libro de Lamentos”. O hermanos, somos ciudadanos celestiales. No terminemos nuestros días discutiendo con el mundo y en sus batallas. “Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:60). “Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba” (Génesis 19:29). Abraham, viviendo en separación del mundo, tuvo éxito intercediendo por Lot. Lot, metido en la política y en los negocios de Sodoma, fue totalmente ineficaz en sus esfuerzos por mejorar la ciudad pecaminosa.
Daniel 9 (parte 1): La oración y humildad de Daniel
Tengo que empezar corrigiéndome sobre algo que escribí hace poco, teniendo que ver con Daniel y su acceso a la palabra de Dios escrito. Escribí algo acerca de la palabra de Dios que Daniel conocía y que dudaba que hubiera sido posible que llevaba consigo como cautivo los rollos del libro de la ley. Pero en nuestro capítulo vemos que por lo menos Daniel tenía lo escrito por el profeta Jeremías, el profeta que era testigo ocular de la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor. “Yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años”. Es muy posible entonces que Daniel conocía personalmente a Jeremías cuando era niño. Sea como sea, Daniel confiaba totalmente en lo que Jeremías escribía como siendo la palabra de Dios inspirada. Jeremías había profetizado de la venida del rey de Babilonia para desolar a la tierra prometida, algo de que Daniel ya tenía tantos años experimentando. Pero además, escribió de qué tan larga sería la cautividad. “Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años” (Jeremías 25:11).
Acaso pensaríamos que Daniel, a reconocer que estos setenta años casi estaban por vencerse, hubiera regocijado. Pero, aunque no menciona el libro de Levítico, pienso que Daniel por conocer la Palabra de Dios, hubiera o leído o recordado los versos del capítulo 26: “Asolaré también la tierra, y se pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren; y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades. Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo ... Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra Mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición, Yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado”.
¿Había Daniel participado en los pecados de Israel que resultaron en el cumplimiento de los versos de Levítico 26? Yo creo que no. Pero, vemos en su oración en el capítulo 9 que confesaba con profundo arrepentimiento los pecados de su pueblo como si fueran suyos. “Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de Tus mandamientos y de Tus ordenanzas. No hemos obedecido a Tus siervos los profetas, que en Tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra ... ”.
Hace casi doscientos años habían hermanos que miraron alrededor en la confusión del cristianismo, y dijeron, “nosotros hemos pecado”. Dios empezó una obra entre ellos, de volverlos al terreno de un solo cuerpo, de congregarse solo al nombre del Señor Jesús. Algunos de nosotros, casi doscientos años después, queremos seguir en sus pisadas. Ojalá que nos damos cuenta de que nosotros también hemos pecado y participado en la ruina que hay en todos lados, aun entre los que profesan congregarse solo al nombre del Señor. Recordamos las palabras dichas por Dios en tiempos pasados una y otra vez en varias formas y ejemplos y repetidas por nuestro Señor Jesús en Lucas 14:11: “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido”. Hasta en el rey corrupto y malo vemos este principio. “Sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado. Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de Mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de Mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa”.
Me maravillo de estos versículos de 1 Reyes 21:27-29 ,que Dios vería con agrado a uno tan malo como Acab en su humillación. Pero es un principio universal de la Escritura; el caminar en humildad conviene a nosotros. Es muy importante ver que el versículo que nos gusta mucho en Mateo 18:20 es precedido por este principio. “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:1-4). Así, hermanos, si queremos continuar fieles a nuestro Señor como congregados al nombre del Señor, nos conviene recordar este principio tan importante que Daniel nos enseña en su oración.
Daniel 9 (parte 2): Las setenta semanas (Daniel 9:20-27)
Hemos meditado sobre la oración de confesión que hizo Daniel, habiendo leído la profecía de Jeremías acerca de los años de la cautividad de Judá. Empezando con el verso 20, vemos quizás la más maravillosa de las profecías de Daniel que nos dan una explicación exacta de los acontecimientos que son ambos históricos (por nosotros, futuros para Daniel) y aun futuros. Antes de considerar esto, meditamos un momento en lo que Gabriel revelaba a Daniel, y no una sola vez. “Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión”.
La ley decía: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:4-5). Pero lo que sostenía a Daniel durante estos setenta años de cautividad, lejos de su tierra, era el conocimiento que era un hombre muy amado por su Dios. Aunque Daniel no podía haber conocido esto, leemos en 1 Juan 4:10: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. Eso también es lo que nos va a sostener a nosotros en estos tiempos tan difíciles; somos como Daniel muy amados por Dios. Y Dios ha probado este amor, enviando Su Hijo en propiciación por nuestros pecados. A Daniel fue revelado lo que tenemos en el verso 26 de nuestro capítulo: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí”. (La mejor traducción de las últimas palabras es “no tendrá nada” o sea, que no va a tener Su reino en aquel momento). Pero que el Hijo de Dios, el Mesías, Jesucristo, moriría en propiciación por nuestros pecados, y también los pecados de Su propia nación, no llegaba a entender Daniel. ¡Cuán bendecidos somos nosotros a los cuales Dios ha manifestado Sus consejos desde y hasta la eternidad!
Otra cosa más vemos en estos primeros versículos de la profecía de Daniel, y esto está en el verso 21: “Vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde”. ¿Se hacía el sacrificio de la tarde? No, no había quien lo hiciera, pues Israel andaba esparcido, fuera de su tierra, en la cautividad de los Asirios y Caldeos. Pero por Daniel era “la hora del sacrificio de la tarde”. Creo que aquí vemos otro secreto de la vida piadosa de Daniel. Se entendía “un hombre muy amado”. Oraba con sus ventanas abiertas hacia Jerusalén. Contaba sus días según los sacrificios, aunque no se hacían. Así vemos que su vida se vivía, aun en la cautividad, como todo se relacionaba con Jehová, el Dios de Israel. Nosotros también vivimos en un mundo ajeno, idólatra, lejos de nuestra casa celestial. Como Daniel, nos conviene vivir esta vida en el contexto de nuestra casa celestial.
Ahora es mi deseo poner algo en orden relacionado con las setenta semanas de Daniel en estos pocos versículos. Daniel en sus pensamientos había meditado en la Palabra de Dios sobre la restauración de Israel a su tierra. Pero Dios en sus consejos le iba a revelar mucho más, hasta algo futuro que no ha sucedido todavía. “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que, desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”. Se entiende, pues, que se habla de semanas de años y no de días. Acaso nos ayudará notar los años así profetizados.
Primero, el mandamiento para restaurar y edificar a Jerusalén fue por el rey Ciro, del cual leemos en Esdras 1:1-3: “En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo ... Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (Él es el Dios), la cual está en Jerusalén”. Esta tabla acaso nos ayudará:
• Ciro hizo este mandamiento en: 455 a.C.
• Tiempo hasta reconstruir y reestablecer a las dos tribus en la tierra de nuevo (siete semanas): 49 años
• Sesenta y dos semanas hasta la muerte del Mesías: 434 años
• Sumando los 49 años con los 434 años nos da: 483 años
• Reste el año del edicto:—455 a.C.
• Dando: 28 d.C.
• Un año para ajustar del cambio de a.C. a d.C.: 1 año
• Nos da la fecha de la crucifixión de Cristo: 29 d.C.
Todo profetizado en el libro de Daniel de antemano, con exactitud. Como ya mencionamos, la traducción correcta del verso 26 es así: “ ... se quitará la vida al Mesías, y no tendrá nada”.
Pero son 69 semanas y el ángel dijo: “Setenta semanas están determinados”. Falta una semana todavía, pues desde la resurrección de Cristo, ha empezado otra dispensación que en el antiguo testamento era un “misterio”. Nosotros vivimos en las últimas horas de esta dispensación de gracia, y muy pronto, después de la venida del Señor Jesús para los Suyos, va a empezar esta “semana setenta” de Daniel. De eso se trata el libro de Apocalipsis, muchas profecías del Señor Jesús en los evangelios de Mateo, Marco, y Lucas, algo de los Salmos, y el mismo libro de Daniel. En la “semana setenta” de Daniel, Dios está obrando con la nación de Israel con el fin de que se arrepienta de su pecado de haber rechazado a su Mesías, y también con la cristiandad profesante, que, aunque no habrá ningún creyente entre ellos (pues todos los verdaderos han apartado en el arrebatamiento) continuarán jugando “iglesia” como los niños juegan casa. Esta es la gran ramera de que se habla en el libro de Apocalipsis, y será también juzgada por Dios.
Dios nos ha prevenido de lo que ha de venir en el futuro, y aunque no estaremos aquí en el mundo cuando estas cosas pasan, nos deben interesar pues tienen que ver con la gloria de Cristo.
Daniel 10 (parte 1): Un hombre ya viejo, pero aun fiel
“En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión”.
“Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro” (Daniel 1:21).
Parece haber un conflicto entre estos dos versículos, pero confiando que la palabra de Dios no tiene conflictos menos los que no entendemos por falta de sabiduría espiritual, voy a sugerir que lo que se refiere en el capítulo 1 de Daniel es el tiempo que Daniel estaba involucrado en la administración de los varios reinos en que servía. O, puede ser que refiera a los años de la cautividad de la nación que terminaba oficialmente en el primer año de Ciro. Sea como sea, vemos que Daniel aquí era un hombre muy viejo. Algunos (incluso yo) se han preguntado por qué Daniel no regresó con los demás de la cautividad que fueron con Zorobabel en Esdras 1 y 2, sino que se quedó en Babilonia. No digo que tengo la respuesta, pero veo que quizás era por su gran edad. Estoy seguro de que no era por falta de ejercicio de corazón, y creo que este capítulo nos da las pruebas de esto.
“En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas”. Estas semanas eran semanas de días y no de años como teníamos en los capítulos anteriores. No nos explica por qué era que Daniel estaba afligido tanto tiempo, con ayunos continuos, pero nos dice que Daniel andaba como siempre en ejercicio espiritual delante de Jehová su Dios. Se repite otra vez que era “muy amado”, otra prueba de su ejercicio. ¿Cuál fue el secreto de este hombre viejo, habiendo pasado tantas tribulaciones en su vida larga y difícil? “Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido”. ¿Nos da la respuesta este versículo? Me parece que sí. Daniel quería entender, y no por motivos de orgullo. ¿Nos sirve a nosotros quizás de ejemplo en estos días de cuarentenas, enfermedades graves de algunos hermanos, y pruebas difíciles? ¿Acaso nuestro Señor nos está enseñando algo importante? ¡Quiera Dios que haya en nosotros un deseo de entender, pero con la humildad que marcaba a Daniel!
Era un ángel que apareció a Daniel. Tenía la apariencia del mismo Señor Jesús que apareció a Juan en Apocalipsis 1:14-15: “Su cabeza y Sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; Sus ojos como llama de fuego; y Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y Su voz como estruendo de muchas aguas”. En nuestro capítulo vemos la semejanza: “Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud” (Daniel 10:6). Que era un ángel en nuestro capítulo no podemos dudar por el contexto del capítulo, pues vemos que este necesitaba ayuda del ángel Miguel; si hubiera sido el mismo Señor Jesús, como creemos que es en varios lugares en el Antiguo Testamento (el que apareció a Josué, por ejemplo, en Josué 5:14), ¡no se puede imaginar que necesitaría la ayuda del ángel Miguel! Pero, aun así, vemos como Daniel fue afectado, que cayó sobre su rostro reconociendo qué grande fue el honor de estar en la presencia de una criatura celestial.
Pero somos recordados de la visión de Saulo de Tarso en el verso 7. “Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron”. Los hombres que andaban con Saulo escucharon la voz, pero no la entendieron nada. “Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie” (Hechos 9:7). Me acuerdo de la voz del cielo cuando el Padre hablaba al Hijo en Juan 12:27-28: “Ahora está turbada Mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica Tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”. ¿Qué era el resultado en los que escucharon esta voz? “Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado”.
O hermanos, ¿Cómo hemos visto los acontecimientos del año pasado? ¿Un trueno? ¿Dios hablando con otro alguien? Los que estaban con Daniel, no sabemos quiénes eran, huyeron y se escondieron. Mucho mejor era la actitud de Daniel que a pesar de su temor hasta desmayar, se sostuvo allí y recibió la ayuda del ángel para que se pusiese sobre sus pies de nuevo y recibiese las benditas palabras, tantas veces repetidas en la Biblia: “No temas”.
Continuamos, Dios mediante, en la próxima meditación, con las profecías de este capítulo y algo sobre el poder de Satanás, que quizás poco apreciamos, pero que para mí es muy evidente en el día de hoy. “Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días”.
Daniel 10 (parte 2): El poder de Satanás
“Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia”.
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de Su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:10-12).
En estos versículos, vemos algo espantoso, que Daniel también encontraba como cosa espantosa. “Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando”. Había un santo temor en Daniel, enfrentando poderes espirituales, pero después de recibir fuerza del ángel Gabriel, pudo continuar. “Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció, y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido”. O hermanos, hay contra nosotros unas fuerzas celestiales que no vemos y a veces sí nos hacen temblar cuando pensamos de su poder, como los versos en Efesios 6 nos cuentan. Tenemos un enemigo que nos opone y busca nuestra destrucción. Él tiene miles de siervos que son ángeles caídos, igual como el llamado aquí “el príncipe del reino de Persia”. Claro que no es capaz de robarnos nuestra salvación; pero sí es capaz de distraernos, de robarnos el gozo y el testimonio de santos que conocen que son “muy amados”. Acordamos de Juan, autor del evangelio de Juan. ¿Cómo se llamaba a si mismo? “Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor!” (Juan 21:7). Eso era lo que animaba y protegía a Juan, cuando Pedro en vez de estar al lado de la cruz, se encontraba calentándose en la fogata de los que aborrecían al Señor Jesús y por no querer ser descubierto como discípulo, negaba a su Señor con maldiciones. No es que el Señor Jesús amaba a Juan más que a los demás discípulos; era el principio que, como Daniel, Juan se sentía “muy amado” apreciando profundamente el amor del Señor Jesús, y así con denuedo siempre buscaba estar cerca del Señor.
“El príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días”. ¿Es posible que los poderes espirituales pueden postergar la respuesta a las oraciones? No puedo llegar a otra conclusión, leyendo estos versículos. Recordamos a Job, el hombre que quizás sufría persecuciones de Satanás a un nivel casi no visto en otra persona en la Biblia; sufrió la pérdida de todos sus hijos y todas sus riquezas en el período de un solo día, y después de esto, la pérdida de su salud. Pero leemos de Santiago 5:11: “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”. En “el fin del Señor” siempre podemos confiar.
Me acuerdo de dos historias en el antiguo testamento que nos dan un entendimiento de una escena en lugares espirituales, el mundo invisible. Primero, con aquel rey de Israel, malo y rebelde, Acab. El profeta Micaías vino a profetizar sobre el conjunto de Acab y el rey de Judá, temeroso de Dios, Josafat. Entonces él dijo: “Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en Su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a Él, a Su derecha y a Su izquierda”. Note pues que el ejército de los cielos mencionado son los ángeles caídos, siervos de Satanás pero en este momento van a servir como instrumentos de Jehová. 1 Reyes 22:17-23: “Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? Él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y Él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; vé, pues, y hazlo así. Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti”. Acab no lo creía y Josafat, por el momento distraído por su compañero infiel e impío, no aceptaba tampoco lo que dijo el profeta. Pero siguiendo por el capítulo vemos como Josafat, estando en peligro de su vida, clamó a su Dios y fue oído, a pesar de su desobediencia. “Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Este es el rey de Israel. Y lo rodearon para pelear; mas Josafat clamó, y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él” (2 Crónicas 18:21-22).
Otra historia que me anima mucho está en la historia del profeta Eliseo, cuando fue rodeado de los enemigos de Israel, una banda de los sirios. “Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:15-17). No es por nada que vemos las mismas palabras de ánimo aquí que hay con Daniel: “No tengas miedo” y “no temas”.
Justo en estos momentos en los Estados Unidos, estamos esperando que tomara el poder total el partido político que apoya la homicida de los niños en los abortos, los derechos de los homosexuales, y el adelanto de la idea que los niños pueden escoger su sexo, varón o hembra, hasta el punto de dar hormones a los niños sin el conocimiento ni el permiso de los padres. A nosotros los cristianos nos da miedo, viendo la apariencia de Satanás teniendo mucho éxito, adelantando su agenda de la maldad. Seguimos orando como nos aconseja 1 Timoteo 2:1-3: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”. Hay que tener en cuenta las palabras de Eliseo: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos”. El capítulo termina recordando a Daniel sobre “Miguel vuestro príncipe”. No olvidemos Hebreos 1:13-14: “Los ángeles de Dios ... ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”.
Daniel 11 (parte 1): El pasado y el futuro
En la descripción en este capítulo desde el verso 1 hasta el verso 36 vemos cosas que fueron futuras en el tiempo de Daniel, pero por nosotros, son históricas. Los detalles de lo que iba a pasar son tan específicos que muchos que han leído esta profecía de Daniel dicen que tiene que haber sido escrito después, porque nadie puede anticipar el futuro con tanto detalle preciso que tenemos aquí. Estos son los que no conocen a Dios y no pueden creer que todo esto fue dado a Daniel por revelación divina.
Es interesante como Daniel en su profecía habló de los reinos del norte y del sur. Verso 7: “Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su trono, y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará. Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá él contra el rey del norte. Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra”. Siria no es muy al norte ni Egipto tanto al sur. Sus nombres están relacionados con su lugar al norte y al sur de “la ciudad santa” o sea, Jerusalén. Estos reyes perseguían a la nación de Israel, aunque en sí realmente apenas puede decir que era una nación completa, pues era un pequeño remanente de los que habían vuelto en los tiempos de Zorobabel, Esdras y Nehemías. Ellos eran principalmente de las tribus de Judá y Benjamín y unos cuantos de las otras tribus que no se fueron en la primera cautividad de las diez tribus, sino se quedaron con sus hermanos. Puede ser que ellos eran los de los tiempos de Ezequías en 2 Crónicas 30: “Envió después Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que viniesen a Jerusalén a la casa de Jehová para celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel ... Y determinaron hacer pasar pregón por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel, en Jerusalén; porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo que está escrito ... Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; mas se reían y burlaban de ellos. Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron y vinieron a Jerusalén”. Creo que vemos que algunos de ellos permanecieron en el centro divino para ser preservados del juicio que cayó sobre las diez tribus primero (cautivos por los Asirios), seguido por la cautividad de Judá y Benjamín por los Caldeos. La prueba de esto vemos en Ana. “Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2:36-38).
Pero estoy yendo un poco lejos de nuestro capítulo. Mi pensamiento es ver cómo Jehová Dios relacionaba todas las profecías de Daniel a la nación de Israel, la nación de la cual había dicho por el profeta Oseas: “Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois Mi pueblo, ni Yo seré vuestro Dios” (Oseas 1:8). Esta etiqueta fue puesta sobre la nación de Israel en aquel día, y en el gobierno de Dios, allí está hasta el día de hoy. Pero como sabemos por muchas escrituras, aun el mismo capítulo de Oseas 1, no es por siempre jamás, pues las promesas de Dios a Abraham han de cumplirse. “Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo Mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande” (Oseas 1:10-11). Así en la profecía de Daniel vemos el enfoque en las naciones de los gentiles, pero con su relación a Israel, dándonos a entender los consejos de Dios incambiables, aunque por el momento Dios iba a reconocer a los reinos gentiles en vez de enfocar en Su viejo pueblo.
Continuando en los eventos históricos (a nosotros; futuros para Daniel) vemos otra vez prefigurada la persona histórica, Antíoco Epífanes. Verso 21: “Y le sucederá en su lugar un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos. Las fuerzas enemigas serán barridas delante de él como con inundación de aguas; serán del todo destruidos, junto con el príncipe del pacto. Y después del pacto con él, engañará y subirá, y saldrá vencedor con poca gente”. Tenemos aquí de nuevo, pienso, el hombre que se nos presenta en Daniel 8:9, como el “pequeño cuerno” surgiendo de uno de los cuatro reinos en los que eran del dominio griego. Es el que tiene la fama, como decíamos en un estudio anterior, de haber sacrificado un puerco sobre el altar en Jerusalén, todo con el deseo de blasfemar a Jehová, Dios de Israel. Del capítulo 8 de nuevo citamos el versículo: “Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra” (Daniel 8:11). En nuestro capítulo amplifica lo mismo: “Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora”. Como explicamos antes, la persona histórica anticipa la persona futura, el rey del norte, cuyas destrucciones serán el castigo de Dios sobre los infieles de la nación de Israel que tendrán su confianza en el anticristo. “Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”.
Tomemos ánimo, hermanos, pues, aunque estos tiempos son ambos históricos y futuros, sabemos que somos ahora “el pueblo que conoce a su Dios”, cosa que también a nosotros nos debe fortalecer en estos tiempos tan difíciles.
Daniel 11 (parte 2): El dios de las fortalezas
Acaso leyendo las profecías de Daniel, tenemos un sentimiento de pérdida. Acaso digamos, “¿dónde está la Iglesia, el cuerpo de Cristo en todo esto?”. La verdad es lo que leemos en Colosenses 1 y Efesios 3 que voy a citar abajo, que “el misterio” de Cristo y Su Iglesia, compuesta de ambos gentiles y judíos, no fue revelado en el antiguo testamento. Pero a pesar de esto, vemos en los siguientes versículos, como fue aludido, como se ha dejado lugar en las profecías por una época, que ya ha sido de dos mil años, donde el Dios de toda gracia saldría en bendición al ser humano a través de la obra del Mesías rechazado; la obra consumada en la cruz del Calvario.
“También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo” (Daniel 11:35).
“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda” (Daniel 9:26-27).
“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados” (Isaías 61:1-2).
“El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a Sus santos ... ” (Colosenses 1:26).
“Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio ... ” (Efesios 3:4-6).
Las palabras que puse en cursiva encima me parecen dar lugar en la profecía por el cumplimiento del misterio. Lo menciono porque hay muchos que no pueden aceptar la doctrina de las dispensaciones y ponen por ejemplo la escasez en el antiguo testamento de profecías que tocan a la Iglesia. Así a fuerzas tratan de imponer la profecía que se hablara de la Iglesia. Pero no es necesario confundir la Iglesia con las promesas terrenales dadas a Abraham. Se ve en Isaías 61 los versos leídos por nuestro Señor Jesús cuando andaba aquí en el mundo. Lucas 4:17-20: “Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre Mí, por cuanto Me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó ... ”. El Señor Jesús leía la profecía hasta el punto de “predicar el año agradable del Señor” y dejó de leer lo que sigue: “el día de venganza del Dios nuestro”. Este día es aun futuro por nosotros, aunque vivimos tantos años después.
La profecía de Daniel se dividía en las épocas de siete semanas, sesenta y dos semanas, y por fin, “por otra semana ... ”. Esta otra semana es el tema de mucho de la profecía de Daniel. También es el tema del Señor Jesús en Mateo 24 y Marcos 13:14: “Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes”. Los discípulos eran un prototipo del remanente fiel durante la segunda parte de la semana setenta de Daniel. A ellos no tocaba directamente lo que el Señor Jesús estaba diciendo. Es escrito por el pueblo fiel en un día aun futuro.
Terminando con el capítulo 11 de Daniel, solo vamos a citar algunos detalles. Hemos hablado del “pequeño cuerno”, el rey del norte anticipado por el hombre histórico Antíoco Epífanes. Es el que se describe en los versos 30-35 de nuestro capítulo. “Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contristará, y volverá, y se enojará contra el pacto santo, y hará según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el santo pacto”. Las naves de Quitim eran las fuerzas romanas que impedían a la locura de Epifanías, y porque tuvo que pagar impuestos a Roma (un cobrador de tributos, verso 20) se enojaba contra los judíos y procedió como mencionamos anteriormente, sacrificando el puerco sobre el altar en Jerusalén. Nuestro capítulo profetizaba su fin a pesar de su potestad contra Egipto y Jerusalén: “Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude”.
Hay otra persona que nos es introducida en el verso 36, un judío llamado “el rey”. Sabemos que es un judío porque nos dice: “Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá. Mas honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que sus padres no conocieron”. El amor de las mujeres nos hace pensar del deseo de cada fiel mujer de Israel: tenían el deseo de ser madre del Cristo; pero este se glorifica como si fuera. “Con un dios ajeno se hará de las fortalezas más inexpugnables” pues, Apocalipsis 13:14-15 nos dice: “Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase”. Esto concuerda con la descripción en 2 Tesalonicenses y 1 Juan 4:3: “y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”.
Siendo que no es mi intención profundizar la profecía, termino con algo por nuestra conciencia. “Y el rey hará su voluntad” es una advertencia por nosotros. 1 Juan 3:4 dice en la versión 1960: “pues el pecado es infracción de la ley”, y en la versión de 1909: “Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley”. Pero la versión mejor de Darby dice esto: “el pecado es ser sin ley”. En otras palabras, es hacer nuestra propia voluntad. Nuestro Señor siempre hacía la voluntad de Su Padre. “Porque el que Me envió, conmigo está; no Me ha dejado solo el Padre, porque Yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29). “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús ... ” (Filipenses 2:5).
Daniel 12 (parte 1): Los entendidos
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”.
Así empieza este último capítulo de nuestro libro de Daniel. El “tiempo de angustia” es lo mismo de que hablaba el Señor Jesús en Mateo 24:21: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”. Cuando se habla de la gran tribulación, es cuestión de los últimos tres años y medio de la semana setenta de Daniel. En nuestro capítulo menciona varias cosas que serán eventos de juicio para la nación apostata de Israel. Pero a la vez, Dios estará obrando para la preservación del remanente fiel de Israel, del cual los discípulos de Jesús eran un prototipo. Por eso el Señor Jesús, hablando a Sus discípulos, les hablaba de estos tiempos que aun ahora no han llegado, y no llegarán hasta después de la venida del Señor en el arrebatamiento.
Desvío por unos momentos para hablar sobre este tema, tan importante por nosotros cristianos en el día de la gracia, y muy atacado por muchos en la profesión cristiana y, desgraciadamente, por algunos que una vez profesaron congregarse al solo nombre del Señor Jesús. El punto de tropiezo parece ser encontrado en Hebreos 9:27-28: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”. La expresión “por segunda vez” ha dado la idea a algunos de que nosotros, que separamos el arrebatamiento de la manifestación de Cristo a Su pueblo para Su salvación, hablamos de tres venidas; la primera, cuando Cristo vino como un bebé en Belén, la segunda en el arrebatamiento, y la tercera cuando Cristo viene en Su manifestación. En sí, tienen razón; son tres venidas. Pero prestando una explicación del hermano Roberto Thonney, supongamos que el presidente de una nación está visitando a otra nación. Llegando al aeropuerto, va a haber ciertos oficiales de importancia que dan la bienvenida al presidente. Pero después, cuando ya ha llegado al palacio presidencial del país de visita, hay una recepción oficial donde se presente el presidente a todo el mundo en una ceremonia. Nadie diría que haya venido el presidente dos veces; solo que había dos eventos separados por un espacio de tiempo en su venida.
Así podemos pensar de lo que quiere decir “por segunda vez”. Son dos eventos separados por lo menos por los siete años de la setenta semana de Daniel. (Digo, por lo menos porque no sabemos si hay una pausa después del arrebatamiento hasta que los eventos profetizados en Apocalipsis 6 empiecen a suceder). Se habla de “la segunda venida” del Señor Jesús y a veces no se distingue de cuál de estos eventos se habla. Pero es bastante claro en la Escritura en muchos lugares, sobre todo en 1 y 2 de Tesalonicenses, que estas venidas son distintas. Por ejemplo, el verso 3 en nuestro capítulo refiere a un tiempo de resurrección. “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Pero esto no puede ser la resurrección de “los muertos en Cristo”. Las enseñanzas del apóstol Pablo a los Tesalonicenses eran para corregir una mala doctrina de aquel entonces, que los que murieron ya no iban a ver a Cristo en Su venida. “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza ... Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero ... ”. Así eran palabras de consuelo a los santos, cuyos seres queridos ya habían fallecido, que iban a ser los primeros resucitados en la venida del Señor Jesús que llamamos el arrebatamiento, por el resto de 1 Tesalonicenses 4. “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.
Esta venida se conoce por su cercanía inmediata por los creyentes. Se ve de una vez la gran diferencia en el capítulo 5 de 1 Tesalonicenses. “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán”. Los Tesalonicenses SI ignoraban el arrebatamiento y la resurrección de “los muertos en Cristo”. NO eran ignorantes de la profecía de Daniel. Por eso, el apóstol les dijo: “Vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche ... ”. De Su venida en juicio, sí entendían. Lo que el libro de Tito llama “la esperanza bienaventurada” (Tito 2:13) es la esperanza diaria de cada creyente (y lo que NO entendían los Tesalonicenses). Lo que sigue en Tito 2:13: “La manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo ... ” refiere a la venida del Señor Jesús en juicio pero con salvación al pueblo de Daniel. Las palabras: “Pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo” de nuestro capítulo hablan de aquel tiempo, muy distinto del arrebatamiento de la Iglesia. Los que confunden estos dos eventos también confundan a la Iglesia, pueblo celestial, con Israel, pueblo terrenal. 1 Tesalonicenses 5:9 lo expresa muy claro: “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él”. La salvación de que se habla es la salvación de nuestros cuerpos de este mundo de miseria, a través del arrebatamiento. Después, vendrá la ira y el cumplimiento de las profecías de Daniel referentes al mundo de la iglesia falsa, los reyes del norte y del sur, y la nación apóstata de Israel. No hay evento profético que tiene que suceder antes que Cristo venga por nosotros.
Daniel 12 (parte 2): El tiempo del fin
Nuestro hermano Joselito García me hizo una pregunta esta semana y me parece que otros puedan tener la misma pregunta. Sobrepasé en el estudio 1 Tesalonicenses 4:14 a propósito, porque era mi intención hacer clara la diferencia entre las dos partes de la segunda venida de nuestro Señor Jesús; primero, el arrebatamiento, y después Su venida de manifestación por motivo de juicio. El verso 14 refiere a Su venida “con sus santos”. Judas 1:14-15: “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos ... ”. Así el verso 14 forma como un paréntesis en el tema del arrebatamiento, del cual los Tesalonicenses eran ignorantes. “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él”. Este versículo habla de la venida en juicio de la cual los Tesalonicenses no eran ignorantes, pues nos dice en el verso 2 del capítulo 5: “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche ... ”.
Continuando con nuestro capítulo, vemos algo más de la profecía dada a Daniel, que tiene que ver con la última parte de la gran tribulación. Versos 1 y 2 hacen la diferencia entre “tu pueblo” (el pueblo de Daniel, las tribus llamadas “Judíos” constituidos principalmente de las tribus de Judá y Benjamín) y las diez tribus, que llamamos “las tribus perdidas” porque fueron a la cautividad antes bajo los asirios y no fueron restauradas. “Pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. La libertad de que se habla puede ser por la venida del rey del norte y la destrucción del anticristo (de esto no estoy muy seguro). Pero la “resurrección” de que se habla el verso 2 no es de los muertos sino el despierto de las diez tribus. Algunos volverán con fe (“unos para vida eterna”) y otros aun incrédulos (“para vergüenza y confusión perpetua”). Acaso “los entendidos” del verso tres refiere a los sabios que han entendido que el Señor Jesús es el Mesías de Israel que la nación crucificó, y van a enseñar esta verdad a otros incluso las diez tribus. “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud ... ”.
Creo que entiendo que el título “Los entendidos” es relacionado con el título usado en los Salmos: “Masquil”. El primero es el Salmo 32 donde leemos: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”. Las palabras de este Salmo indudablemente eran las mismas expresiones de David, reconociendo como Jehová había perdonado sus pecados graves de adulterio y homicida. Pero en el sentido profético que tiene los Salmos, vemos en estos versículos el reconocimiento de los Masquilim (los entendidos) de la gran bendición otorgada a la nación de Israel, reconociendo que por el Mesías verdadero, Jesús, quien ellos crucificaron, por Él mismo su pecado es cubierto.
Los entendidos o “los sabios” forman un contraste con el verso 4: “Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. ¿No forma esto una buena descripción de nuestros días? Hay mucho movimiento por sistemas de transporte nunca imaginados en el día de Daniel, pero siempre llegamos en el mismo punto donde salimos. La ciencia ha aumentado grandemente, pero no la sabiduría, pues el Salmo 111 nos dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. Pero ¿que nos dice acerca del ser humano? En el Salmo 36 y citado en Romanos 3: “La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos”.
Daniel hizo la pregunta que muchos de nosotros hemos hecho, viendo la maldad crecer a un nivel inesperado. El presidente de los Estados Unidos, aunque un católico, ha firmado orden de apoyar económicamente a grupos que proveen para los abortos hasta en otras naciones. (Esto no es nuevo; ha sido implementado y deshecho varias veces durante los años). Acaso digamos, “¿hasta cuándo?” y Daniel dijo: “Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?”. Su respuesta era según la época de Daniel, un profeta del antiguo testamento de los cuales Pedro nos explica en el primer capítulo de su primera carta, que no entendían lo que escribían. “Él respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán”. Así enseñaba Pedro: “A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”. ¡Cuan bendecidos somos si se nos encuentra entre “los emblanquecidos” y “los entendidos”!
Daniel recibió la promesa: “Tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días”. La herencia del milenio de Daniel será celestial, como la de nosotros. Hebreos 11:16: “Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”.
Así termina nuestro libro de Daniel. ¡Estoy bien consciente de que he dejado mucho sin explicar o ampliar, pero ojalá que Dios lo haya usado y lo usará para animarnos, no solo a continuar en su estudio sino seguir en las pisadas de este hombre tan fiel!