Meditaciones sobre Esdras

Table of Contents

1. Esdras 1: La historia de la cautividad del pueblo de Israel: Lo-ammi
2. Esdras 2: Los nombres escritos
3. Esdras 3: El culto de adoración restaurado
4. Esdras 4: No cedieron, pero la oposición triunfó
5. Esdras 5:1-2; Hageo 1: El pueblo despertado de su sueño
6. Esdras 5:1; Hageo 1:14-15: La gloria postrera
7. Esdras 5; Zacarías 4:6-10: El día de las pequeñeces
8. Esdras 5 (última parte): La humildad
9. Esdras 6: Siguiendo el trabajo, restaurado el sacrificio por el pecado
10. Esdras 6 (última parte): La celebración de la pascua
11. Esdras 7: Envío de Esdras, sacerdote fiel, a la tierra de promesa
12. Esdras 8: Un hombre piadoso va para Jerusalén
13. Esdras 9: La alianza con el mundo y el arrepentimiento de Esdras
14. Esdras 9: Una actitud de humildad apropiada
15. Esdras 10: La humillación del pueblo Israel

Esdras 1: La historia de la cautividad del pueblo de Israel: Lo-ammi

[Léase por favor Oseas 1:9-10; Jeremías 25:1-12; 29:1-14; Levítico 25:34-35]
Después de haber disfrutado la bonita meditación sobre los siervos de José por nuestro hermano Douglas, he pensado continuar donde Daniel nos dejó después de su estudio del libro de Jeremías y su oración de arrepentimiento en el capítulo 9. El capítulo 10 de Daniel empieza: “En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel ... ”.
El capítulo 1 de Esdras empieza: “En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia ... ”. Así vemos que Daniel, ya un hombre bastante anciano, con toda su piedad y anhelo por la ciudad de Jerusalén y la casa de Jehová (destruida ya estos setenta años) no fue dejado regresar con Zorobabel. El motivo no nos cuenta la Escritura, pero dada su piedad por toda la vida, no creo que fuera por falta de deseo por parte de Daniel.
Leemos de Ciro que hasta su nombre fue anticipado y predestinado por el profeta Isaías. “Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas reedificaré; que dice a las profundidades: Secaos, y tus ríos haré secar; que dice de Ciro: Es Mi pastor, y cumplirá todo lo que Yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado” (Isaías 44:26-28).
Uno de los motivos de estudiar estos libros del regreso de la cautividad de un pequeño remanente de las dos tribus es porque estamos nosotros en un día de semejante ruina y debilidad. En breve, vemos el ánimo del retorno en poco tiempo rodeado de mucha flaqueza y flojera espiritual. Acaso nos puede hacer recordar de los años 1827 y adelante cuando hubo una pequeña restauración de la celebración del partimiento de pan en una forma más según las escrituras, sobre la base de la verdad de que hay un solo cuerpo. Empezó con pocos, y después incrementó bastante cuando otros cristianos veían que era una obra del Espíritu Santo. Pero el entusiasmo no duró muchos años antes que el enemigo empezara su trabajo de destrucción, y así vemos como que todo entregado al hombre en responsabilidad va hacia abajo. Dios mediante, veremos lo bueno y lo lamentable en estos libros de Esdras y Nehemías y tomaremos aliento y enseñanza de sus historias.
En este estudio, quiero revisar brevemente las profecías que anticiparon la cautividad de Israel y como iba a ser restaurado, pero que no iba a ser como antes. Los versículos que tengo citados arriba tocan al punto. “Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi: porque vosotros no sois Mi pueblo, ni Yo seré vuestro Dios”, nos dice el profeta Oseas. Es importante recordar que esto es verdad hasta el día de hoy, aunque fue pronunciado desde hace tantos años, pero no será siempre así. Para mí es de gran ánimo ver como Pedro dijo a los judíos cristianos en su primera epístola: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:9-10). Lo que perdieron en el judaísmo hace tantos años, ellos tenían (y obviamente nosotros gentiles también) por la fe en Jesucristo.
Aun Moisés habló de los resultados que iban a pasar por causa de la desobediencia. “Y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades. Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella” (Levítico 26:33-35). Jeremías declaró al pueblo exactamente el tiempo que era necesario que la tierra descansara; “Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído Mis palabras, he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, Mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua. Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada, ruido de molino y luz de lámpara. Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años”.
Hemos ya notado en el estudio sobre Daniel, como el amado siervo en su vejez había leído los versículos arriba y entendió que la cautividad estaba por terminarse. Y vemos su cumplimiento en el principio de nuestro libro Esdras: “En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia”.
Cito todos estos versículos para que nos demos cuenta de las circunstancias de la cautividad, y como por mano de Jehová había una pequeña restauración del altar, el culto, y el muro de Jerusalén, desarrollados en los libros de Esdras, Hageo, Zacarías y Nehemías. Pero es importante recordar que el dicho “Lo-ammi” se quedó. Como la nación escogida, Israel ya no estaba en el lugar de preeminencia aun cuando Ciro les dejó volver a su tierra. Los poderes y señales de los tiempos de Moisés en su salida de Egipto no fueron renovados. No, en cambio, era un remanente en debilidad y mucha flaqueza que volvieron, confiando en Dios y en Su amor por ellos, a pesar de la proclamación de que “vosotros no sois Mi pueblo, ni Yo seré vuestro Dios”.
Amados hermanos, nosotros estamos en tiempos muy semejantes. Nosotros, casi 200 años después del año 1827 mencionado antes, queremos seguir en la misma senda, conscientes de que la flaqueza es muy grande. “Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jeremías 6:16). Creo que hay mucho que podemos aprender por el estudio de Israel en tales circunstancias que puede ayudarnos a nosotros en nuestro deseo de honrar al Señor en estos últimos días.

Esdras 2: Los nombres escritos

[Léase por favor Esdras 1:5-11, Esdras 2:1-70]
“Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén”.
Notamos las palabras: “todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová ... ”. “Despertar” es una palabra que se usa a menudo en la Escritura y tiene un significado más amplio que simplemente levantarse por la mañana después de una noche de dulce sueño. Notamos algunos ejemplos. En el monte de la transfiguración vemos que “Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús ... ” (Lucas 9:32). En la parábola de la cizaña, leemos: “El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue” (Mateo 13:24-25). Otra vez vemos los discípulos en el jardín de Getsemaní: “Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo ... Vino luego a Sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:38-41). Hay más ejemplos, pero creo que basta por el momento darnos a entender que el dormir puede tener un sentido espiritual de perder la vigilancia, tanto de la obra del enemigo como de nuestra condición delante de Dios.
¿Despertaron muchos para regresar a Jerusalén? No, realmente eran pocos. Si no me equivoco, era 42,360. ¿Qué porcentaje era de los que vivían en Babilonia, que se animaron a regresar? ¿Acaso un porciento? Siendo que no sabemos cuántos sobrevivientes había que fueron llevados a la cautividad, no estamos seguros. Sin embargo, habían pasado setenta años y a lo mejor habían tenido muchos niños en estos años en Babilonia. Suficiente es ver que no eran muchos. ¿Qué tal usted, querido lector? ¿Es usted uno de los “cuyo espíritu Dios ha despertado”, para encontrarse en Su mesa, recordándolo en Su muerte tal como Él nos pidió? Acaso usted me dijera, “pero no hay ningún mandato”. Es muy cierto esto, que el Señor Jesús no nos ha mandado, igual como David en el relato en 2 Samuel 23 no mandó a los valientes que fueran a sacar agua del pozo de Belén para él. No, en cambio solo nos dice: “Y David dijo con vehemencia: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!”. Sus hombres eran por los menos cuatrocientos, y no se sabe cuántos de ellos lo escucharon decir estas palabras. Pero, tres hombres valientes, conociendo el deseo de David, y ardientes en su amor para su líder, arriesgaron sus vidas y fueron a traer el agua. El Señor Jesús nos dijo: “Haz esto en memoria de Mí”. José dijo al copero de Faraón: “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien ... ” (Génesis 40:14). Pero ¿qué pasó? “Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó”. ¿Vamos a ser nosotros como los valientes de David, o como el copero de Faraón? ¿Vamos a ser como estos 42,360 o como los millones quizás que se quedaron en Babilonia?
Se nota que muchos vieron con ánimo el anuncio de Ciro, y ayudaron económicamente a los que fueron, pero no tenían el ánimo suficiente para irse ellos mismos. ¿Cuidaba Jehová a los que se quedaron en Babilonia? Claro que sí; leemos algo de su historia en el libro de Esther.
Hay muchos nombres mencionados en el capítulo 2 y no tengo mucho comentario sobre los nombres, menos notar que Jehová apreciaba cada cual. Entre ellos había bastante defecto, como vemos en los versos 61-63: “Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y fue llamado por el nombre de ellas. Estos buscaron su registro de genealogías, y no fue hallado; y fueron excluidos del sacerdocio, y el gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote para consultar con Urim y Tumim”. Para mí es de mucha instrucción ver como estos judíos, reconociendo su debilidad y que no tenían el discernimiento (del cual nos habla el consultar con Urim y Tumim), tenían que esperar en Jehová. Acaso esto tiene una voz para los que quieren profesar el poder de los primeros capítulos de Hechos; quieren este poder para hacer milagros y hablar en lenguas. Pero igual como este remanente débil reconoció su pérdida del registro de genealogías, así nosotros debemos reconocer que no vivimos en los días de los apóstoles. Por eso no designamos a ancianos u obispos; no tenemos autoridad para hacerlo.
Oh querido amigo, ojalá que no se siente desanimado viendo que hay pocos que hayan despertado para contestar la petición del Señor Jesús: “Haced esto en memoria de Mí”. O quizás usted este desanimado viendo la falta de energía y lealtad entre los que sí lo hacen. Veremos esto entre este remanente débil también, Dios mediante, pero había bendición para los que con humildad andaban en obediencia.

Esdras 3: El culto de adoración restaurado

[Léase por favor Esdras 3]
“Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios”.
Dos cosas noto en este versículo; la primera, que empezaron con el holocausto, que habla de lo que Cristo es en Su persona y Su obra para con Dios. Pienso que nosotros muchas veces enfocamos más en los sufrimientos de Cristo a la mano del hombre como expresados en el Salmo 69; los clavos en Sus manos y en Sus pies; la corona de espinas; el maltrato por los hombres. Acaso es porque, siendo que todos nosotros conocemos algo de dolor y de sufrimiento físico, lo entendemos más que tratar de comprender lo que era sufrir por el pecado en las tres horas de tinieblas. Pero es algo para meditar, pues aquí primero empezaron con el holocausto.
La segunda cosa es “como está escrito en la ley de Moisés ... ”. ¿No habían cambiado mucho las circunstancias desde que Moisés lideraba el pueblo de Israel triunfante sobre sus enemigos los egipcios al desierto, al otro lado del mar Bermejo? Pues, claro que sí, pero aun así, la palabra de Dios incambiable era su guía de todos modos. ¿No puede ser así por nosotros también?
“Y colocaron el altar sobre su base, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde”. Para mí este versículo es de suma importancia por varios motivos. Primero, vemos que colocaron el altar sobre su base, o sea, su fundación. (Quiero mencionar que lo que sigue aquí aprendí del hermano Ricardo Guillen de San Rafael, Argentina hace quizás 18 años). ¿Qué? ¿No habían pasado 70 años de cautiverio, y la destrucción de todo en Jerusalén que pertenecía a la casa de Jehová? Sí, es cierto, pero toda la fuerza del enemigo no había podido borrar o eliminar la base del altar. Y he aquí nosotros, casi dos mil años después de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo y el establecimiento de la iglesia, ¿es posible que nosotros podamos continuar con el culto de adoración sobre la misma base? ¿Y cuál es la base? “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; hay un cuerpo” (Efesios 4:3-4). Vemos la confusión alrededor en el cristianismo, y quizás diríamos: “¿Cómo es posible decir que hay un cuerpo? Parece que son muchísimos”. Otros dicen que la base ya no existe y, por eso, no le importa al Señor dónde nos congreguemos; que cada uno escoge según su placer. Sugiero a ustedes, mis amigos, que a pesar de todo el poder del enemigo en contra de la asamblea, y toda la apariencia de una situación irreparable, la base no ha sido eliminada. Creo que todavía es posible recordar al Señor en el partimiento de pan según la voluntad de Dios, sobre la base que “hay un solo cuerpo”.
Es interesante ver el motivo de su construcción del altar. Era por miedo de los pueblos a su alrededor. Quizás hubiéramos pensado que sería mejor edificar algunas obras de defensa, y armar al pueblo con arcos, espadas y escudos. Pero no, no es lo que hicieron. Ellos se reconocieron como sumamente débiles. La adoración y acercamiento al verdadero Dios era su única esperanza de la protección en los tiempos de ruina. Así que hermanos, pienso yo que no hay cosa más importante que el partimiento de pan. (Hay algunos que lo han abandonado por el miedo de la coronavirus. Desde mi punto de vista esto está triste). Seguro que es importante que leamos la palabra de Dios juntos y que oremos, pero no pongamos a un lado el culto de adoración para nada. No lo dejemos, mis amigos, para repartir folletos o ayudar a los necesitados. Todas estas cosas son bien importantes pero no llegan al nivel de este lugar tan precioso, la presencia del Señor en medio en el partimiento de pan. “Haz esto en memoria de mí”.
En el fin del capítulo se nota que había un entendimiento de la debilidad en que se reunían. “Y muchos de los sacerdotes y de los Levitas y de los cabezas de los padres, ancianos que habían visto la casa primera, viendo fundar esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría”. Los ancianos notaron que la casa no era nada comparada con la casa anterior, el templo de Salomón, y lloraron por la debilidad. Los jóvenes, emocionados por ver la construcción de una casa que ellos nunca habían conocido, daban gritos de alegría. Yo creo que ambos grupos hicieron bien, y se entiende los sentimientos. A veces vemos bien cuán débiles somos, como por ejemplo la semana pasada estando en Ejido Independencia Económica, Baja California, México, éramos unas 13 personas, diez de los cuales venían de Ensenada y yo de los EE. UU. En cambio, el año pasado en la conferencia en Oaxaca había alrededor de 700 hermanos reunidos en el partimiento de pan. Pero damos gracias en cada circunstancia que aún es posible adorar al Señor Jesús en una forma según la palabra de Dios, aunque en mucha debilidad y no con las señales externas de los primeros días de la asamblea en el libro de los Hechos.

Esdras 4: No cedieron, pero la oposición triunfó

[Léase por favor Esdras 4]
En la meditación anterior, vimos como empezaron a construir el templo. Pusieron el fundamento del templo y había mucho regocijo. Pero ahora en nuestro capítulo vemos que poco tiempo había pasado y se levantó oposición. Primeramente era algo bien sutil. “Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a Él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí”. (Estas personas eran los Samaritanos en el día cuando nuestro Señor Jesucristo andaba en el mundo). Pero al fin de todo, eran enemigos y esto no era nada más que una astucia para impedir la obra. Pero Zorobabel y los otros líderes se dieron cuenta del engaño y contestaron con sabiduría: “No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia”.
Muchas veces es difícil distinguir, cuando otros que se profesan cristianos quieren juntarse con nosotros para hacer algo supuestamente bueno. Ni tampoco es fácil decir como Zorobabel: “No nos conviene edificar con vosotros”. Me acuerdo hace varios años que estaba trabajando en el taller y vino un cliente que era cristiano y me preguntó si iba a ayudar a que se aprobara una ley en California que establece que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Mientras trataba yo de explicar el por qué no me metía en el político, se acercaba otro señor, vecino, que era mormón, y me hizo exactamente la misma pregunta. Cuando se fue el mormón, pregunté al cristiano: “¿Debemos juntarnos con los mormones en esto?”. No tenía respuesta, pues creo que veía el problema. No es mi deseo poner reglas, por eso lo dejo a la conciencia de cada cual, qué se puede hacer con el mundo de la profesión cristiana y lo que no conviene. Pero tengamos cuidado, hermanos, y no olvidemos las palabras fieles de Zorobabel: “No nos conviene edificar con vosotros”. (La ley fue aprobada, pero todo en vano. En poco tiempo la Corte Suprema de California anuló la ley y ahora los homosexuales en California se casan).
En el evangelio de San Juan, capítulo 4 leemos como los judíos no se trataban con los samaritanos. “La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo Tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Era una separación, pero iniciado sin fe, y al Señor Jesús “le era necesario pasar por Samaria”. Igual como Felipe en Hechos 8: “Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo”. Así hermanos, andamos en separación del mundo, tanto religioso como secular, pero siempre conscientes y listos para compartir con los del mundo el evangelio de Cristo y las verdades de la Escritura que hemos recibido.
“Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara”. Así es la obra del enemigo; la oposición no siempre es obvia, pero siempre desalentadora. No es fácil continuar cuando hay desanimo, por ejemplo, de la familia. La abuelita de mi esposa dejó una denominación para congregarse con un pequeño grupo de hermanos congregados al solo nombre del Señor. Pero la familia de ella la ponía en ridícula, preguntando para qué iba a estar con este pequeño grupo sin pastor, sin música y sin cualquier representación de algo grande. Ella aguantó la oposición por solo seis semanas, y después regresó a la denominación. (Es fuera de nuestro tema, pero para añadir a la historia, la abuelita, en esas seis semanas, aprendió la verdad de la seguridad eternal del creyente. Lo interesante por mí es eso, que la denominación donde ella asistía apoyaba esta doctrina, pero ella no la había aprendido a pesar de pasar treinta años con ellos. Pero en seis semanas, donde el Espíritu de Dios tenía libertad para ministrar, a pesar de la debilidad, ella había aprendido algo que la ayudó por todo el resto de su vida).
Vemos al fin que los enemigos lograron, aparentemente, hacer cesar la obra de construcción del templo por medio de una acusación enviada al rey de Babilonia. Escribieron una carta bien astuta, con algo de verdad y bastante de mentira, pero de todo fingiendo gran interés en lo que tenía que ver con los intereses del rey. “Siendo que nos mantienen del palacio, no nos es justo ver el menosprecio del rey, por lo cual hemos enviado a hacerlo saber al rey”. ¿No suena esto muy semejante a la propaganda de los políticos? “El rey envió esta respuesta ... Ahora, pues, dad orden que cesen aquellos hombres, y no sea esa ciudad reedificada hasta que por mí sea dada nueva orden”. Parece aquí que era completamente la oposición externa que logró forzarlos a cesar la obra. A veces parece, como en el día de hoy, que el enemigo está ganando la batalla espiritual. Sin embargo, podemos estar confiados en que el propósito soberano de nuestro Dios no se frustra. Leyendo en el libro de Hageo, aprenderíamos que no era tanto la oposición sino una tendencia a la flojera espiritual en los corazones del pueblo de Dios.

Esdras 5:1-2; Hageo 1: El pueblo despertado de su sueño

[Léase por favor Esdras 5:1-2; Hageo 1:1-15]
En la meditación anterior, leímos sobre la oposición de los habitantes paganos de la tierra Palestina, pues el remanente de Israel había fielmente rechazado la oferta de “edificaremos con vosotros” (Esdras 4:2), y entonces escribieron la carta a Babilonia. Leyendo un poco de la historia secular, se da a entender que el rey que contestó la carta con la orden de cesar el trabajo era uno que tomó el poder durante la época de uno Smerdis, que brevemente reinaba sin autoridad del Imperio medo. En el capítulo 4 de Esdras se conoce por el nombre Asuero, pero no es el mismo del libro de Ester. Se entiende la astucia de los paganos Samaritanos de pedir la ayuda de uno que no estaba seguro en su reino, para desafiar los órdenes de los reyes anteriores como Ciro.
“Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos. Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios ... ”.
Pero antes de llegar Esdras 5:1, es necesario que leamos Hageo 1 y 2. Vemos la verdad de la situación, que no era tanto la oposición del rey, sino algo más fundamental y entendible por nosotros; la flojera espiritual. “En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada”. De eso no nos cuenta nada el libro de Esdras, pero qué importante es leer toda la Biblia, incluso estos libros menos leídos. (Un hermano hace muchos años comentó sobre estos libros que son “las páginas blancas” de la Biblia, pues casi toda Biblia, leída a menudo, tiene sus páginas sin manchas por lo poco que las leemos).
Hageo profeta habló así después de catorce años del trabajo suspendido. Se reconoce que el pueblo quedaba en la misma condición, bajo el servidumbre del rey de Persia ahora, pero con cierta libertad. Podían seguir con sus vidas diarias al menos que se pagasen sus impuestos, y se nota en nuestro capítulo 1 de Hageo que gastaban su tiempo en grandes esfuerzos para mejorar su situación económica. “Sembráis mucho ... ”, me parece que quiere decir que invertían mucho trabajo en labrar la tierra. ¿Qué fue el resultado? “Recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto”. También trabajaban fuerte para mejorar sus viviendas. “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas?”.
¿Hay algo de malo, entonces, en trabajar fuerte, o en mejorar nuestras viviendas? Creo que se entiende muy bien lo que fue el problema. “Esta casa está desierta ... Por cuanto Mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa”. Eran negligentes en lo que más importaba a Jehová. Vemos, entonces, que el mensaje de Hageo es de suma importancia para nosotros en el día de ruina en que nosotros vivimos. De igual manera, el mundo en nuestro día está en contra de todo lo que honra a Dios. Siempre trabaja para desanimarnos y desviarnos de la senda de la fe. Pero Hageo no solo tenía palabras de admonición acerca de su condición de ser negligentes en las cosas de Dios; él también llevaba palabras de gran ánimo, que vamos a considerar más adelante, Dios mediante. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella Mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová”. Les reprendió por su actitud de invertir todo su tiempo y esfuerzo en el intento de mejorar su situación económica, mientras la casa de Jehová quedaba abandonada. Es interesante ver que Hageo ni una sola vez menciona la oposición del rey gentil que les había mandado que cesase la obra. (Hoy en día vivimos en una situación semejante, pues los políticos nos han mandado cesar de reunirnos por cuestión de salud y la coronavirus. Acaso también ocupamos de un Hageo). Eso aparentemente fue la causa principal al principio, pero el profeta solo habla de sus actitudes y procedimientos, al vivir sus vidas sin reflexionar en los derechos de Dios. En el Nuevo Testamento el Señor Jesús nos enseña así: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:31-33).
Pero el profeta combina gracia con su mensaje de reprensión. No solo habla de lo lamentable de sus acciones, sino también les habla de lo positivo. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella Mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová ... Yo estoy con vosotros, dice Jehová”. Yo he meditado sobre estas palabras: “traed madera”. Si se acuerda, el templo anterior de Salomón fue construido con inmensas piedras. “Y mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y piedras labradas” (1 Reyes 5:17). “Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro” (1 Reyes 6:7). Hay algo hermoso en considerar las piedras así hechas listas para el templo, cuando lo comparamos con Efesios 2:20-22: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”. Así el templo ahora no es hecho de piedras sino de creyentes en el Señor Jesucristo, y la obra de construcción está pasando ahora mismo.
Pero mi meditación sobre “traed madera” está sobre el contraste con las “piedras costosas” del templo de Salomón. Parece que era una débil sombra de lo anterior. No había ni dinero ni energía para construir algo magnífico como el templo anterior. Pero aun así, Jehová declara: “Yo seré glorificado”. Para ser muy claro, yo he visto como en el mundo, la cristiandad considera que la verdad de congregarse solo al nombre de Jesús se ve como algo muy débil y sin hermosura. Y es verdad que hay mucha debilidad y lo que traemos parece ser a veces “madera”. Madera en la escritura muchas veces habla de la debilidad del hombre. Es una materia no muy permanente. Se pudre después de tiempo a través del clima, la lluvia, el calor, los insectos que se la comen, y así pasa los mismo con los seres humanos. Nuestros cuerpos se deterioran a través de los años. Pero la madera también habla de la cruz del Señor Jesús, algo que nunca va a deteriorar en su majestad y permanencia. Así es nuestro deseo de hacer la voluntad de Dios en un día de ruina, de manifestar que “hay un solo cuerpo” y estar “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3-4). Al verlo la cristiandad, se dice (y con mucha verdad): “eso no parece ser algo muy admirable”. He pensado en como algunos hermanos piden el mismo himno cada domingo. A veces se escuchan oraciones que parecen ser memorizadas. A veces se escuchan a hermanos dando gracias al Padre por haber muerto en la cruz, cuando sabemos que Dios no puede morir. Fue el Hijo de Dios, como hombre, que murió en la cruz. Todo esto muestra la debilidad humana, o sea “la madera” que hay en nuestra adoración.
No estoy recomendando tal debilidad. Debemos de ser ejercitados acerca de nuestra adoración, que realmente sea motivada por el Espíritu Santo. Pero tomo mucho aliento de las palabras dichas por el profeta Hageo: “Traed madera ... Yo seré glorificado, dice Jehová”.

Esdras 5:1; Hageo 1:14-15: La gloria postrera

[Léase por favor Hageo 2:1-9]
“En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes ... ” (Hageo 1:1).
“Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios, en el día veinticuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío”.
“Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos. Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban” (Esdras 5:1-2).
Así duraron 24 días meditando sobre la voz profética de Hageo y Zacarías. (Acaso añadiremos algo sobre la profecía de Zacarías más adelante, antes de continuar en nuestro libro principal, el libro de Esdras). ¿Por qué demoraron 24 días? Pues, la paciencia de Dios esperaba el ejercicio de sus corazones para levantarse de su flojera espiritual para volver a construir según el mandamiento de Jehová. A nosotros también nos conviene la paciencia con nuestros hermanos. Acaso hay algo que nosotros vemos muy claramente y no entendemos por qué otros no lo ven. Vale la pena dejar a nuestros hermanos tiempo para meditar y reflexionar en la presencia de Dios.
El profeta Hageo profetizaba sobre un período de tres meses. Quizás nos ayudará a entender como fue, considerando las fechas que nos son dadas por el Espíritu Santo en este pequeño libro.
“Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel ... ”.
“Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes” (2 Corintios 1:23-24). Así habla el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios. Que estaban bien mal espiritualmente leemos en 1 Corintios. Pero, aun así, el apóstol no quiso venir de una vez para corregir los problemas, sino esperaba que su fe fuera ejercitada por el Señor mismo. Si nosotros tratamos de imponer nuestros entendimientos sobre nuestros hermanos, quizá se haga lo que consideramos correcto, pero sin el ejercicio de la fe personal. Así, a pesar de sus palabras tan fuertes de Hageo, no quiso imponer su profecía en ellos, y en el fin, no fue Hageo sino Jehová que despertó el espíritu de Zorobabel.
“En el mes séptimo, a los veintiún días del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel ... ”. Un mes después de que habían empezado a trabajar de nuevo en la casa de Dios, Hageo vuelve con más palabras de ánimo. Imagino que esto fue la mano y la voz de Dios, pues siempre somos sujetos al desánimo cuando es cuestión de paciencia y de trabajar en seguida. Se puede leer en Esdras 5 como los pueblos paganos que les rodeaban trataban de poner obstáculos (como solían hacer antes), para que no terminaren el trabajo. Pero yo creo que esta profecía de Hageo en el principio de nuestro capítulo 2 era algo que les daba un fuerte anhelo para seguir la obra hasta terminarla.
Hemos recordado como los ancianos lloraban, pues recordaban el pasado de la casa antigua, el templo de Salomón y su gloria, mientras los jóvenes regocijaban en la presente construcción del templo después de tantos años de cautiverio en Babilonia y de flojera espiritual. Pero el profeta Hageo enseña ni del pasado ni del presente, sino del futuro; la gloria postrera. “¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque Yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos ... De aquí a poco Yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y Mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos”.
¿De qué se habla cuando dice el profeta “la gloria postrera”? ¿Hablaba de la casa pequeña que ellos construían en aquel entonces? ¿O hablaba de la reconstrucción de Herodes después, que tomó 46 años para construir? (Juan 2:20). Pues, ninguno de los dos. No, la gloria postrera habla de la gloria del “Deseado de todas las naciones”, el Señor Jesucristo que en un día aun futuro va a morar en la casa como su Mesías y su Rey. Entonces, la gloria postrera no habla de la grandeza de la casa, sino de la gloria de la persona que va a llenar la casa. ¡Qué palabras de ánimo eran estas para el pequeño remanente que trabajaba en la casa, con todas sus debilidades, con la oposición de los pueblos alrededor, y con la pobreza de materiales (“traed madera”) que vimos la meditación anterior! La gloria del templo de Salomón había sido la belleza de la casa con sus piedras inmensas, con el oro y la plata. Pero la gloria postrera es mucho más importante y más bella: el Hombre con las heridas de los clavos en Sus manos y Sus pies.
¿No hay en eso un mensaje por nosotros en el día de ruina? ¿No es la presencia del mismo Señor Jesucristo en medio lo que da la gloria a la casa, sea como sea la pobreza espiritual y la debilidad de los cristianos que están allí? “Porque donde están dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). ¿Es el Señor Jesús el Deseado de nuestro corazón, como va a ser en el futuro el Deseado de todas las naciones? ¿O se busca otra cosa para motivarnos a la adoración?

Esdras 5; Zacarías 4:6-10: El día de las pequeñeces

[Léase por favor Esdras 5; Zacarías 4:6-10]
“Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con Mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella. Vino palabra de Jehová a mí, diciendo: Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros. Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra” (Zacarías 4:6-10).
“En el octavo mes del año segundo de Darío, vino palabra de Jehová al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo ... ” (Zacarías 1:1). Si recordamos, Hageo empezó a profetizar en el mes sexto del segundo año de Darío, rey de Persia. Así escuchamos el profeta Zacarías profetizando dos meses después, cuando ya habían empezado de nuevo el trabajo de construcción en el templo. Y yo creo que Zacarías y Hageo no solo profetizaron, sino también ayudaron con el trabajo de la construcción, según Esdras 5:2: “Comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban”.
Veo varias cosas interesantes en la profecía de Zacarías que son muy diferentes al ministerio profético de Hageo, que para nosotros, hermanos simples, son más fáciles de entender. Pero lo de este capítulo 4 de Zacarías, dicho dos meses después de que volvieron a construir, nos enseña que la lamentación hecha al principio de la obra de construcción (las lágrimas de los ancianos que habían visto la primera casa con su gloria) incluía otros que “menospreciaron el día de las pequeñeces ... ”. La palabra “menospreciar” lleva el sentimiento de desprecio y falta de satisfacción. Las lágrimas eran correctas; pero creo que el menosprecio no era. Así en nuestro día, vemos con tristeza que hay cosas lamentables entre los hermanos congregados al nombre del Señor. Es bueno sentir la debilidad nuestra; pero menospreciar la humildad de ser congregado al solo nombre del Señor no es bueno.
Pero vemos como había un cambio en los que menospreciaron; se animaron, viendo uno que salió con la plomada en su mano, Zorobabel. ¿Quién era Zorobabel? Era hijo de David, en la línea real. (Léase 1 Crónicas 3:10-19 para la prueba). En otras palabras, debería haber sido el rey, si no fuera por la triste apartada e idolatría de la nación. ¿Era dotado para la construcción? No sé, pero muy posible que no. Pero había algo que hacer y era necesario que alguien lo hiciera. Tomó su plomada y salió a la obra. Y otros, viendo su osadía, se animaron y trabajaban con él, aunque antes quizás habían menospreciado la obra. Y no solo ayudaron, sino que lo hicieron con gozo.
Hermanos, quiero decir que tenemos motivo de ayudar en la construcción. Es popular en el día de hoy destruir. En el año pasado, ha habido bastante destrucción en las protestas aquí en los Estados Unidos. Están esperando que hayan más. Se justifican, diciendo que están protestando la injusticia, pero a la vez, están destruyendo negocios de personas que no están relacionadas en cualquier forma con la injusticia y no se les ocurre que es una hipocresía. Este es el mundo, y allí no esperamos otra cosa; pero en la asamblea, hermanos, no seamos así. Animemos los unos a los otros. Acaso un joven, humildemente se levanta para adorar al Señor en voz alta en el partimiento de pan. Por su falta de experiencia, acaso sus palabras no son exactamente como se espera; ¿lo criticamos? Tengamos cuidado hermanos, si hay muchos momentos de silencio, que no sea por un espíritu de crítica. Anímenos a los que desean construir, y si hay necesidad de corrección, que sea en el espíritu de amor.

Esdras 5 (última parte): La humildad

[Léase por favor Esdras 5]
Hemos demorado aquí en Esdras 5, desviando a leer los profetas Hageo y Zacarías para dar mejor entendimiento de este evento y los meses después cuando seguían con la construcción, bajo la ayuda y la palabra profética de los dos profetas.
“Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con Mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella” (Zacarías 4:6-7).
En la meditación anterior, notamos como Zorobabel salió a construir con su plomada en su mano. Vimos como los que despreciaron los días de las pequeñeces se animaron y empezaron a ayudar. En esta meditación quiero ver la aclamación: “Gracia, gracia a ella”, y su significado en el día de ruina en el que nosotros también estamos.
“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer” (Juan 1:17-18).
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo ... ” (Hebreos 1:1-2).
Aun en el Antiguo Testamento vemos obrando la gracia de Dios, pues la gracia es favor inmerecido. Zorobabel y sus compañeros trabajaban, entendiendo un poquito de la gracia de Dios que les ayudaba en su construcción del templo. Pero nosotros en el día que llamamos “el día de la gracia” entendemos mucho más, pues nosotros hemos escuchado la voz de Dios hablando, ni por Hageo ni por Zacarías, sino por Su propio Hijo, el Señor Jesucristo. Nos ha traído la gracia de Dios directamente, y nos ha hecho conocer al Padre.
Escuchamos las palabras de Zorobabel y Jeshua, rey y sacerdote, a los impíos Samaritanos que volvieron a impedir la obra de una vez cuando volvieron a construir. Es raro, pero escuchamos sus palabras a través de una carta escrita a Darío el rey en Babilonia enviada por aquellos Samaritanos. “En aquel tiempo vino a ellos Tatnai gobernador del otro lado del río, y Setar-boznai y sus compañeros, y les dijeron así: ¿Quién os ha dado orden para edificar esta casa y levantar estos muros? ... Y nos respondieron diciendo así: Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y terminó el gran rey de Israel. Mas después que nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, Él los entregó en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, caldeo, el cual destruyó esta casa y llevó cautivo al pueblo a Babilonia”.
Notario es que, durante todo el tiempo de suspenso de la obra de construcción, mientras los judíos trabajaban en sus casas artesonadas (Hageo 1:4) no había nada de oposición. Los Samaritanos no los impedían en nada mientras los judíos se preocupaban por cosas terrenales como cualquier otro. Pero cuando volvieron a trabajar en la casa de Jehová, de una vez se levantó la persecución. Es así también con nosotros si buscamos la senda más fácil por este mundo y evitamos el desprecio relacionado con un discípulo fiel del Señor Jesús; no veremos la oposición del mundo, sea el mundo secular o el mundo religioso, mientras seguimos la senda de un cristiano mundano. Pero cuando uno se dedica a seguir al Señor, va a haber oposición. “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12).
Pero volviendo a la carta y lo que se dijo a los Samaritanos, me parece que el secreto del éxito de estos judíos era que entendieron la profecía de Zacarías: “Gracia, gracia ... ”. ¡Confesaron a los paganos Samaritanos su triste historia y sus consecuencias! Además, dijeron: “Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra ... ”. ¿Por qué no dijeron que eran los siervos de Jehová? Hubiera sido cierto, pero reconocían lo que el profeta Oseas había dicho: “Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois Mi pueblo, ni Yo seré vuestro Dios” (Oseas 1:9). Entonces, viendo y reconociendo su estado humillado debajo de la mano fuerte de Babilonia, veían y decían que servían al Dios del cielo y de la tierra, un Dios soberano que estaba trabajando, no solo en Israel, pero también en todo el mundo.
Esta humildad los conservó a ellos hasta terminar con la obra de construcción del templo, y así nos va a conservar a nosotros, congregados al nombre del Señor Jesucristo, pues estamos en semejantes condiciones de ruina. Nuestro hermano Jim Hyland una vez me dijo que no es por accidente que el versículo que nos anima: “Porque donde están dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mateo 18:20), está rodeado en ambos lados por dos cosas de suma importancia para mantener esta verdad. El capítulo 18 de Mateo empieza con humildad como un niño (“Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos”) y termina con la necesidad de perdonar a nuestros hermanos. Como Zorobabel, debemos reconocer que Dios está trabajando en todo el mundo a pesar de la ruina del testimonio de que “hay un solo cuerpo”.

Esdras 6: Siguiendo el trabajo, restaurado el sacrificio por el pecado

[Léase por favor Esdras 6]
“Entonces el rey Darío dio la orden de buscar en la casa de los archivos ... Y fue hallado ... un libro en el cual estaba escrito así: Memoria: En el año primero del rey Ciro, el mismo rey Ciro dio orden acerca de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusalén, para que fuese la casa reedificada como lugar para ofrecer sacrificios ... ”.
Hace poco notamos como los enemigos de los judíos intentaron de nuevo parar la obra de construcción del templo, recién retomada bajo la profecía fiel de Hageo y Zacarías. No solo no lograron parar la obra de nuevo, sino el mandamiento salió del rey Darío para ayudar económicamente a los judíos con su trabajo. “Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra”. Tales eran los frutos de la humildad mostrada por los líderes Zorobabel y Jesúa, quienes se animaban a trabajar sin el permiso del rey, sabiendo que su autoridad venía de veras del “Dios del cielo y de la tierra”, del cual ellos eran los siervos.
El Dios soberano estaba trabajando a su favor, influyendo los pensamientos del rey. “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina” (Proverbios 21:1). Así nosotros damos gracias a Dios cuando hay la posibilidad en los países donde nos encontramos para libertad de culto. Aquí en los Estados Unidos hay muchos, aun creyentes, que quieren acreditar la libertad de culto a los soldados que han luchado por nuestras libertades. Pero de verdad lo que debemos hacer es dar las gracias a Dios, a quien debemos todo, y no a los hombres. Nota la secuencia en este versículo: “Edificaron, pues, y terminaron, por orden del Dios de Israel, y por mandato de Ciro, de Darío, y de Artajerjes rey de Persia”. Quizás estos judíos se sentían agradecidos a Darío por haberles otorgado tal protección. “Y el Dios que hizo habitar allí Su nombre ... Yo Darío puse el decreto: sea hecho prestamente”. Pero reconocían quien en verdad había trabajado a su favor. “Y celebraron con regocijo la fiesta solemne de los panes sin levadura siete días, por cuanto Jehová los había alegrado, y había vuelto el corazón del rey de Asiria hacia ellos, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel”.
En cuatro años terminaron la obra de la casa de Dios. No se puede decir que era una obra perfecta. Hemos notado antes como Hageo, en la palabra de Jehová, se les dijo: “Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa ... ”, dándonos a entender que a pesar de la ayuda económica del rey Darío, esta casa era una débil sombra en comparación con el templo de Salomón. Se nota también que ahora tenían, no un altar hecho de doce piedras como antes, sino “doce machos cabríos en expiación por todo Israel, conforme al número de las tribus de Israel”. Ellos no eran nada más que un pequeño remanente, y en verdad casi no había representante de las otras tribus menos Judá y Benjamín (sabemos que Ana, de la tribu de Aser, estaba presente en los tiempos del nacimiento del Señor Jesús, así que había unos cuantos de las otras tribus. Eso, posiblemente, tenía sus raíces en la fidelidad del rey de Juda, Ezequías, en su celebración de la pascua. “Algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron y vinieron a Jerusalén”; 2 Crónicas 30:11) Pero en el sacrificio de expiación por el pecado, están representadas todas las tribus de Israel. ¿Por qué en el sacrificio por el pecado? Pues, es tan obvia la interpretación, pienso yo. Como habían confesado su triste historia a los paganos Samaritanos, ahora lo confiesan delante de su Dios en la ofrenda por el pecado.
Así nosotros, querido hermanos, confesamos que somos débiles y a veces no todo está según el orden de Dios. Pero tenemos un solo pan en la mesa, que representa dos cosas. En su estado no quebrado, representa la verdad de que hay un solo cuerpo. “El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:16-17). Después de ser partido, representa la muerte expiatoria del Señor Jesucristo: “Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es Mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de Mí” (1 Corintios 11:24). No pretendemos nosotros que somos el cuerpo. Somos más bien un muy pequeño número de creyentes débiles que queremos confesar que “hay un cuerpo”, y dentro de la ruina cristiana queremos “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”, según Efesios 4:3.

Esdras 6 (última parte): La celebración de la pascua

[Léase por favor Esdras 6:19-22]
“También los hijos de la cautividad celebraron la pascua a los catorce días del mes primero”.
“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).
En estos versículos de 1 Corintios 5, un capítulo principalmente triste por su carácter teniendo que ver con la diciplina en la asamblea, nos resalta este versículo precioso incluyendo las benditas palabras “nuestra pascua, que es Cristo ... ”.
La pascua, introducida en Egipto en Éxodo 12, es la primera vez en la escritura donde se menciona la sangre, y es donde captamos la verdad de la redención. Nuestro hermano Douglas Jacobsen nos mostró esta verdad hace poco en una reunión de Zoom. Después me envió un mensaje comentando que nadie dijo nada y le contesté que creía que era porque nunca habíamos meditado tal cosa. Pero es cierto; no se menciona la sangre del sacrificio hasta Éxodo 12; ni con la oveja de Abel, ni con los sacrificios de los patriarcas. Solo cuando se introduce la redención de Egipto es cuando se nos presenta un pueblo comprado con sangre. Antes, Dios había hecho diferencia entre el pueblo de Israel, separándolos del juicio que caía sobre Egipto, solo por Su elección y misericordia soberanas. Pero en el capítulo 12 de Éxodo, el pueblo de Israel necesitaba la redención con la sangre, y si no, el juicio hubiera caído sobre ellos igual como caía sobre los egipcios. Que sepamos, los israelitas eran totalmente obedientes de ungir sus puertas con la sangre del cordero. “Los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón”. Ninguno de los egipcios obedeció, pues nos dice que “no había casa donde no hubiese un muerto” (Éxodo 12:28-30).
Este pequeño remanente celebraba la pascua en la fecha indicada. Muy pocas veces había sido celebrada. Se menciona su celebración durante los reinos de Ezequías y Josías. En los tiempos de Ezequías había bastante confusión y pobreza espiritual. Por las fallas que había, demoraron para celebrar la pascua hasta el día catorce del segundo mes en vez del primero. Además, “Porque había muchos en la congregación que no estaban santificados, y por eso los levitas sacrificaban la pascua por todos los que no se habían purificado, para santificarlos a Jehová. Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario. Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo” (2 Crónicas 30:18-20). Pero aquí notamos que, después de mucha flaqueza y debilidad en cuanto a la construcción del templo, todo estaba en orden para la celebración de la pascua y de los panes sin levadura. “También los hijos de la cautividad celebraron la pascua a los catorce días del mes primero. Porque los sacerdotes y los levitas se habían purificado a una; todos estaban limpios, y sacrificaron la pascua por todos los hijos de la cautividad, y por sus hermanos los sacerdotes, y por sí mismos. Comieron los hijos de Israel que habían vuelto del cautiverio, con todos aquellos que se habían apartado de las inmundicias de las gentes de la tierra para buscar a Jehová Dios de Israel”.
Se nota la unidad de esta pascua; había algunos que se quedaron en la tierra a pesar de la destrucción de Jerusalén y del templo, y del cautiverio a Babilonia. Y entre ellos había algunos “que se habían apartado de las inmundicias de las gentes”. Así nos hace pensar que la mesa del Señor es un lugar abierto a toda persona que es comprada con la sangre de Cristo y apartada de las inmundicias de las gentes. Que Dios nos ayude a tener un corazón grande reconociendo todo creyente en Cristo representado en el pan no quebrado. “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:17).

Esdras 7: Envío de Esdras, sacerdote fiel, a la tierra de promesa

[Léase por favor Esdras 7]
“Pasadas estas cosas, en el reinado de Artajerjes rey de Persia, Esdras hijo de Seraías ... hijo de Eleazar, hijo de Aarón, primer sacerdote, este Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado ... ”.
“Pasadas estas cosas” solo indica una pausa no determinada entre el capítulo 6 de Esdras y el capítulo 7. Según la historia secular, hay 57 años entre los dos capítulos. Sea como sea, vemos que el tiempo es el gran probador de la diligencia en las cosas de Jehová, sea en el Antiguo Testamento o el Nuevo. Siempre nos anima cuando vemos a uno que sigue fiel por el transcurso de una vida completa. Vimos a Daniel, que fue llevado cautivo a Babilonia, fiel como joven, y no menos fiel cuando era muy anciano.
Pero muchas veces vemos lo contrario; así con Israel, saliendo de Egipto, redimido por sangre y cantando las alabanzas a Jehová en el borde del mar Bermejo, viendo sus enemigos muertos en la orilla. Uno pensaría que, quizás, después de tal redención y maravillosa demostración de la grande misericordia de Dios, nada podría cambiar su devoción y adoración. Pero no ¡pobre hombre que es! Ingrato, infiel, e incrédulo es el hombre carnal; dentro de muy pocos días las alabanzas en el mar Bermejo llegan a ser las quejas del desierto.
¿Qué tal entonces los 57 años después de la pascua de Esdras 6? ¿Había tal corazón en el pueblo remanente de Israel para continuar fiel? No, no había. Así Dios en Su gracia, envió a este hombre de una fe simple y sincera para guiar a Su pueblo hacia la piedad. ¿Qué clase de hombre era Esdras? “Era escriba diligente en la ley de Moisés”. ¿Qué clase de fidelidad era necesaria para que fuera así? En los días del rey Josías se encontró en las ruinas del templo el libro de la ley de Moisés. Bajo el terrible reino de Manasés su padre, la Palabra de Dios era tan despreciada que llegó a ser perdida. Pero había alguien, o más probable, algunos, que se dedicaban después a preservar los rollos de la ley durante la destrucción de Jerusalén y el cautiverio a Babilonia, pues ambos Daniel y Esdras tenían acceso a la Palabra de Dios escrita en los rollos. Y Esdras se había dedicado a su estudio; no era negligente en algo tan preciosa como la palabra de Dios, sin duda guardada a alto precio.
Y ¿qué más? “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”. Santiago nos cuenta: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). Bajo la ley, la palabra era “haz esto, y vivirás” (Lucas 10:28). Bajo la gracia, siempre somos diligentes para anunciar la verdad de Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Pero, quizás ignoramos o somos negligentes del verso que sigue en Efesios 2:10: “Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Esdras seguía en la ley de Jehová para cumplirla, y, además, con su ejemplo y sus palabras, enseñó en Israel sus estatutos y decretos. Esdras no era como los escribas y fariseos en el día cuando el Señor Jesús estaba aquí en el mundo, pues dijo Jesús: “Mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23:3). Tengamos cuidado hermanos, que no sigamos los pasos de aquellos hipócritas de aquel día, sino más bien, enseñamos con “buenas obras” tal como Esdras.
Lo que sigue en el capítulo es principalmente una copia exacta de la carta dada al sacerdote Esdras por el rey en Babilonia. Como nos dice en Proverbios 21:1: “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”. En otro tiempo, otro rey había mandado que cesaren del trabajo de reconstruir el templo. Pero ahora, Jehová había inclinado el corazón de este rey Artajerjes hacia Esdras y los sacrificios en Jerusalén. Si era una fe verdadera o quizás una superstición, no sabemos por seguro, pero Esdras dio gracias a Jehová por la misericordia que fue mostrada. “Bendito Jehová Dios de nuestros padres, que puso tal cosa en el corazón del rey, para honrar la casa de Jehová que está en Jerusalén, e inclinó hacia mí Su misericordia delante del rey y de sus consejeros, y de todos los príncipes poderosos del rey”.
Que bueno es reconocer la mano de Dios en toda cosa relacionada con la vida de un cristiano. El mundo puede decir “buena suerte” o “mala suerte” pero no hay tal cosa en la vida del creyente.

Esdras 8: Un hombre piadoso va para Jerusalén

[Léase por favor Esdras 8]
Nuestro capítulo empieza con los nombres de los que iban a regresar a Jerusalén con Esdras. Es bueno reconocer que a Dios no se olvida nada y estos nombres y familias están escritas para siempre jamás en la Palabra de Dios. Me hace pensar de las palabras del Señor Jesús a Sus discípulos cuando regresaron de su viaje publicando el reino, llenos de gozo por haber experimentado el poder del nombre de Jesús sobre los endemoniados. “Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20). También Pablo, escribiendo a los Filipenses de los que lo habían ayudado en la obra, dice: “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filipenses 4:3). El ser humano anhela ver su nombre escrito en algún recordatorio humano; se dice que la cosa más usada en una búsqueda de Google es el propio nombre de uno. Mucho mejor es saber que nuestro nombre está escrito en los cielos.
En la meditación anterior, notamos el líder y padre espiritual quien Jehová había levantado para viajar a Jerusalén de Babilonia para levantar el ánimo del remanente que vivía allí. Notamos como no solo era sacerdote, sino también un escriba diligente en la ley de Moisés. Y ahora que se ha dedicado a volver a Jerusalén con otro pequeño grupo de judíos, notamos cómo se preocupa por el servicio de la casa de Jehová. “Los reuní junto al río que viene a Ahava, y acampamos allí tres días; y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacerdotes, no hallé allí de los hijos de Leví”. En el viaje por el desierto hacia Canaán, los Levitas llevaban el tabernáculo. En los tiempos del rey David, estableciendo el reino en la mano de su hijo Salomón, el servicio de los Levitas se describe en 1 Crónicas 23:25-32. “Porque David dijo: Jehová Dios de Israel ha dado paz a Su pueblo Israel, y Él habitará en Jerusalén para siempre. Y también los levitas no tendrán que llevar más el tabernáculo y todos los utensilios para su ministerio ... ”. Siendo que este trabajo cesó con la construcción del templo, les fueron dados otros trabajos y entre ellos algo que debe animarnos hoy día cuando vamos para recordar a nuestro Señor Jesús en Su muerte. “Y para asistir cada mañana todos los días a dar gracias y tributar alabanzas a Jehová, y asimismo por la tarde”. Esdras sabía que había necesidad de los Levitas, quienes servían a la casa de Dios. Por eso hizo una búsqueda y fueron encontrados dos grupitos, uno de dieciocho y otro de veinte personas, Levitas.
¿No es una marca del día de pobreza espiritual en que vivimos, que hay pocos que trabajan en la obra, haciendo el servicio de ministrar al pueblo de Dios? Gracias al Señor, en medio de esta pandemia que ha causado tanta turbación en todo el mundo, hemos visto como el Señor ha levantado algunos, bastante jóvenes, que pueden enseñar la palabra, y hemos disfrutado de su ejercicio y predicación por medio de Zoom. La semana pasada un hermano joven nos dio una predicación bien edificante sobre los siete dichos del Señor Jesús en la cruz. Así a pesar de la debilidad espiritual que había en aquel tiempo, Esdras sí encontró a treinta y ocho Levitas, y me parece que se han encontrado tales también en nuestros tiempos de mucha debilidad.
Otra cosa bien animosa y un buen ejemplo por nosotros en el día de ruina es ver la simplicidad y veracidad de la fe de Esdras por el viaje peligroso que los esperaba, un viaje de cuatro meses por un desierto lleno de bandas de ladrones, ellos llevando utensilios de metal precioso. Nos conviene reflejar en el ejemplo de este hombre Esdras, conociendo muy bien la debilidad de su puñado de hombres que iban a hacer este viaje. “Publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de Él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes”. Esdras, viendo la debilidad, sabía dónde encontrar la fuerza. Oh, queridos hermanos ¿no tenemos el mismo recurso? Nuestro Dios no ha cambiado a pesar de la ruina del testimonio en la mano de los hombres. Me alegro mucho leyendo las noticias de los hermanos de la India, que se juntan para ayuno y oración toda la noche, antes de salir a predicar el evangelio en aquel país lleno de las tinieblas de idolatría pagana y otras religiones de la misma oscuridad. Y no es una sorpresa que el Señor ha bendecido sus esfuerzos con más almas salvadas y más hermanos congregados al nombre del Señor. Temo que nosotros nos dedicamos más a la fiesta que al ayuno, aunque ciertamente hay lugar para comer en comunión con nuestros hermanos, algo que la escritura apoya.
Se nota algo más que es muy hermoso ver en el hombre Esdras y en su fe en simplicidad. “Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan”. Esdras tuvo vergüenza de apoyarse en el hombre, después de haber publicado su fe en la mano de Dios. “Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y Él nos fue propicio”. Ojalá practiquemos la misma simplicidad de fe en Dios, en vez de buscar el apoyo del hombre. Se nota que Jehová Dios de Israel los protegió en todo el viaje. No se notaba una columna de nube ni de fuego, pero la mano de Dios, invisible, les protegió de todo enemigo en el camino. ¡Tenemos el mismo Dios en el día de hoy, mis hermanos! Podemos pedirle y Él nos va a ser propicio también.

Esdras 9: La alianza con el mundo y el arrepentimiento de Esdras

[Léase por favor Esdras 9]
“Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a Él ofrecemos sacrificios ... Zorobabel, Jesúa, y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia” (Esdras 3:1-3).
“Acabadas estas cosas, los príncipes vinieron a mí, diciendo: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras ... y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado”.
Entre estos versículos de Esdras 3 y Esdras 9, según lo que puedo entender, habían pasado alrededor de setenta años. Se nota bien lo que había pasado. Recién llegado de Babilonia, en el ánimo de la libertad de estar otra vez en la tierra de promesa, había un gran celo de mantenerse separados de las asociaciones con los paganos o los samaritanos. La palabra era: “No nos conviene edificar con vosotros ... ”. Pero ¿qué pasó después de setenta años de dificultades y muchos desánimos? Hasta los líderes se habían dejado mezclarse con los pueblos ajenos. Habían hecho alianzas personales con los paganos. Me acuerdo bien del hermano Normando Berry a quien le gustaba mucho la historia de aquel hombre fiel, Caleb, que nunca apartaba de fidelidad en su vida larga; “ ... porque ha seguido fielmente a Jehová” (Deuteronomio 1:36). Y en el nuevo testamento, la amonestación de Pablo a Timoteo: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste ... ” (2 Timoteo 3:14).
Acerca del principio de la alianza con el mundo, tenemos el mismo principio en el Nuevo Testamento en 2 Corintios 6:14: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”. El “yugo desigual” ha sido un obstáculo para el pueblo de Dios en toda época. En el día de Esdras era cierto que principalmente había sido cuestión de los matrimonios con los paganos que vivían en la tierra alrededor. Pero ¿solo se habla de matrimonios con inconversos, o puede ser otros yugos?
Pienso que este yugo puede existir en muchas otras cosas y puede resultar en compromisos con el mundo que son dañinos para la vida cristiana. Voy a poner un ejemplo (que desgraciadamente ha pasado muchas veces) de una asociación entre un creyente y un inconverso. Supongamos que un creyente quiere establecer un pequeño negocio vendiendo ropa usada y le hace falta capital. Un inconverso le ofrece formar una asociación apoyándolo con el capital necesario y compartiendo la ganancia. ¿Podemos ver como tal asociación llega a ser un yugo desigual que puede tener consecuencias? El creyente quiere manejar el negocio a la honra del Señor Jesucristo, pero su socio, siendo inconverso, no le importa nada de eso. A lo mejor quiere enfocar en la ganancia. Son socios, pero no pueden caminar en la misma senda.
Se acuerdan, quizás, del ejemplo del rey de Judá, hombre fiel a Jehová, que hizo un pacto con el rey de Israel, un hombre muy impío. “Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y contrajo parentesco con Acab ... Y dijo Acab rey de Israel a Josafat rey de Judá: ¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad? Y él respondió: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra ... ” (2 Crónicas 18:1-3). Vemos aquí que Josafat en el tiempo de su prosperidad se le olvidó que no se debe formar asociaciones con los inconversos. El profeta después tuvo que reprenderlo: “Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en Jerusalén. Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto ... ” (2 Crónicas 19:2).
Ahora volviendo a nuestro capitulo, podemos ver como Esdras tenía un espíritu de humildad en cuanto a la trasgresión de la nación. “Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo”. Pero qué bueno que no se sentía solo, pues dice: “Y se me juntaron todos los que temían las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los del cautiverio; mas yo estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde”. ¿No es de mucha instrucción notar que Esdras se sentó humillado hasta la hora del sacrificio? Era en el sacrificio que iba a encontrar la misericordia de Dios por la situación de pecado en que se encontraron. Y así por nosotros, si hemos fracasado en esto, haciendo asociación con el mundo, hay un lugar de arrepentimiento por medio de la humillación delante de Dios por nuestro pecado, y veremos que, “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Esdras 9: Una actitud de humildad apropiada

[Léase por favor Esdras 9]
“Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo”.
“Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos” (Nehemías 13:25)
“Yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza” (Daniel 9:1-3).
Es interesante ver la gran diferencia entre estos tres hombres, cada uno un siervo fiel de Jehová, Dios de Israel. La sencillez de la fe de Esdras y Daniel me parece ser lo más indicado por la situación que se presentaba. Recordamos en los evangelios que Juan el Bautista fue enviado antes de que nuestro Señor Jesús se presentara al pueblo Israelita. “Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” (Mateo 3:5). Se sabe que Esdras y Daniel no habían participado ni en el pecado nacional de idolatría ni, en el caso de Esdras, una esposa pagana. Mucho más, el Señor Jesús, el eterno Hijo de Dios, no tenía de qué arrepentirse. Pero, de todos modos, se identificaba con el remanente de los judíos que reconocían su pecado y fueron bautizados por Juan. “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó” (Mateo 3:14-15).
Así Esdras se identificaba con la nación de Israel en el estado de ruina y en el pecado en que se encontraron.
Esdras nos da un buen ejemplo de un arrepentimiento profundo y completo. Confesaba el pecado en toda su plenitud, sin esconder a nada, hasta citar exactamente los versículos que tenían que ver con los mandamientos de Jehová que habían quebrantado. “Porque nosotros hemos dejado Tus mandamientos, que prescribiste por medio de Tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han llenado de uno a otro extremo con su inmundicia. Ahora, pues, no daréis vuestras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis jamás su paz ni su prosperidad”. Esdras estaba citando desde Éxodo 34:12: “Guárdate de hacer alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que no sean tropezadero en medio de ti”.
También Esdras justificaba a Dios en todo, no echándole la culpa a Dios como hizo Adán: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:12). En cambio, Esdras dijo “Jehová, Dios de Israel, Tú eres justo”. Además, Esdras notaba que no podía continuar en su pecado; era necesario algo más que puras palabras. La acción tenía que seguir la humillación y la confesión. “Pues que hemos quedado algunos salvos, como este día, henos aquí delante de Ti en nuestros delitos; porque no es posible subsistir en Tu presencia á causa de esto”.
Los Proverbios nos dan una buena enseñanza sobre el tema del arrepentimiento y sus resultados. “El que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). La Biblia no espera que continuemos en el pecado, sino que nos apartemos y abandonemos el pecado después de haberlo confesado.
En el capítulo que sigue, Dios mediante notaremos como se apartaron de las esposas y de sus hijos. Hoy en día, no creo que sea posible ni que sea la mente de Dios que se haga así. Como dice en Eclesiastés 1:15, “Lo torcido no se puede enderezar”. Hay cosas que no podemos deshacer. Si uno se casa con un inconverso o inconversa, no es una situación que se puede corregir por el divorcio. Por eso es tan importante no entrar en un yugo desigual que puede ser por toda la vida. Que el Señor nos guarde a cada cual.

Esdras 10: La humillación del pueblo Israel

[Léase por favor Esdras 10]
“Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia ... les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas ... ” (Hechos 20:17-19).
“Deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo” (2 Timoteo 1:4).
“Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de Él a Sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas Sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba Sus pies, y los ungía con el perfume” (Lucas 7:37-38).
“Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente”.
No siempre son las lágrimas una demostración de arrepentimiento verdadero, sino de una emoción profunda, especialmente tocando a los hombres en muchas sociedades y culturas, donde las lágrimas mostradas por hombres se consideran una seña de debilidad. Pero las lágrimas mencionadas arriba eran toditas emociones motivadas por amor verdadero, y en el caso de la mujer de Lucas 7, igual con Esdras y la multitud del pueblo que se sentía con él, motivadas por lo grande de su pecado; eran una prueba de arrepentimiento real.
No debemos tener en poco lo que el ejercicio de un individuo ante Dios puede lograr para la asamblea en general. “Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel”. Así el pueblo, observando e interpretando bien lo que pesaba a Esdras, empezó a sentir el pecado que antes había ignorado. “Entonces respondió Secanías ... y dijo a Esdras: Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios ... ”. El pronuncio de Secanías era dicho delante de todos, pero seguro que antes había un arrepentimiento en privado ante Jehová, pues vemos como dijo él: “Mas a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel”. Como leemos en 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Claro que Secanías no pudo haber conocido de la sangre de Cristo ni de Su muerte propiciatoria, pero Jehová le había dado el entendimiento de que no era una situación sin esperanza.
Satanás trabaja de varias maneras para desviarnos de la senda de la fe. Primero, nos engaña con el pecado para hacernos deshonrar al Señor, y después nos abandona en nuestra miseria de una mala conciencia, diciéndonos que no hay como arrepentir y volver. Es cierto lo que nos enseña la Biblia en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Aun así, sabemos que hay esperanza si volvamos de corazón a nuestro Dios. Un hermano muy amado que ministraba la palabra entre nosotros (ya está con el Señor hace muchos años) siempre nos decía: “El diablo no es vuestro amigo”. Satanás nos influye para que pequemos, pero no está listo para consolarnos de la mala conciencia que llevamos después.
Hay otras lecciones que podemos aprender, acerca de la necesidad a veces de la disciplina en la asamblea en el día de hoy. Se nota que había dificultades muy grandes, pues dicen, “somos muchos los que hemos pecado en este negocio”. La verdad de que un pecado sea muy común no quiere decir que es, entonces, aceptable. Somos susceptibles a este engaño, pues en el mundo hay un nivel de moralidad que parece ser sin fondo. Toda cosa inmoral ha llegado a ser aceptable en el mundo malo, pero no debe de influir al creyente, pues Dios no ha cambiado Su estándar. Pero la situación se complicaba por la magnitud del pecado. “Pero el pueblo es mucho, y el tiempo lluvioso, y no podemos estar en la calle; ni la obra es de un día ni de dos, porque somos muchos los que hemos pecado en esto”. A veces es así, cuando hay pecado en la asamblea y las cosas son complicadas. Tampoco estaban todos de acuerdo en lo que se tenía que hacer: “Solamente Jonatán hijo de Asael y Jahazías hijo de Ticva se opusieron a esto, y los levitas Mesulam y Sabetai les ayudaron”. No sabemos cómo era su oposición ni tampoco cómo lo expresaron, pero nos ayuda a ver que una decisión de la asamblea casi nunca llega a ser unánime. Pensamos que debemos purgar el pecado de una vez, pero no es siempre posible por asuntos prácticos (el tiempo lluvioso) y por otras cosas que pueden ser obstáculos. Así nos anima a que no desmayemos cuando es necesario practicar paciencia para que la mesa del Señor quede limpia.
Para mí el fin del capítulo es lo más triste. “Todos estos habían tomado mujeres extranjeras; y había mujeres de ellos que habían dado a luz hijos”. Despidieron a las esposas extrañas (cosa que hoy en día no sería posible ni recomendable) pero ¿qué pasó con los hijos? No dice nada más, pero creo que es notable que había cosas que aun ellos no podían deshacer. Así que, si nos alejemos del Señor, va a haber tristes frutos de nuestra desobediencia que no vamos a poder corregir, aunque personalmente siempre hay una senda para volver a tener comunión con el Señor. Así que, Señor Jesús, ¡guárdenos para que no Te deshonremos en nuestras vidas!