Meditaciones sobre Hageo
Phil Fournier
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Hageo 1:1-6: Hageo, profeta al remanente desanimado
[Hageo 1; Esdras 4]
“En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo ... ”. Así somos introducidos a nuestro profeta. Han pasado unos 86 años desde las profecías en los libros de Habacuc y Sofonías. El pueblo de Judá fue llevado cautivo por los caldeos tal como Jehová había dicho a Habacuc, y un pequeño remanente había regresado a la tierra con Zorobabel. El justo Daniel había vivido por su fe todo el tiempo de cautiverio en la tierra de Babilonia y había sido fiel a su Dios durante los reinos de varios reyes. En el capítulo 9 de Daniel, leemos de la fe de Daniel; al leer la profecía de Jeremías, y confiando que Jehová Dios iba a ser fiel a Su promesa, oró la oración tan profunda y solemne de arrepentimiento para la nación. “En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que Te aman y guardan Tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad ... ”.
Daniel no se menciona después en los libros históricos de Esdras y Nehemías. Puede ser que haya muerto antes, o que el rey Ciro no le haya dado permiso para regresar con los demás, o que por su vejez no fuera capaz de viajar. No creemos que fuera por falta de fe, pues Daniel había pasado casi toda su vida siendo uno de aquellos a quienes Dios habló a Habacuc: “El justo por su fe vivirá”. Pero había unos ancianos que viajaron otra vez a la tierra con Zorobabel y Jesúa. Sabemos esto, porque el libro de Esdras nos habla de que ellos habían visto la gloria de la casa de Dios, el templo de Salomón que los caldeos destruyeron. Ellos habían llorado a ver puesto el fundamento del nuevo templo. “Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría” (Esdras 3:12).
Pero desde aquella época, cuando los judíos trabajaron con tanta energía en los cimientos de la casa, algo había pasado. En parte, era por la triste condición en que aún estaban, siervos a los gentiles, habiendo perdido su lugar de preeminencia en la tierra. “Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel ... fueron apresuradamente a Jerusalén a los judíos, y les hicieron cesar con poder y violencia. Entonces cesó la obra de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia” (Esdras 4:1,23-24). Así aprendemos de Esdras que terminaron de trabajar en el templo por motivos de la oposición de los pueblos paganos que señoreaban sobre ellos. Pero eso no fue todo el problema, como Hageo nos hace entender.
Así nuestro profeta habla después de catorce años del trabajo suspendido. Se reconoce que el pueblo quedaba en la misma condición, bajo servidumbre del rey de Persia, pero ahora con cierta libertad. Podían seguir sus vidas diarias con tal que pagaran sus impuestos, y se nota en nuestro capítulo que gastaron su tiempo en grandes esfuerzos para mejorar su situación económica. Me parece que las palabras “sembráis mucho ... ”, quieren decir que invertían mucho trabajo en labrar la tierra. ¿Qué fue el resultado? “Recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto”. También trabajaban fuerte para mejorar sus viviendas. “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas?”.
¿Hay algo de malo entonces en trabajar fuerte, o mejorar nuestras viviendas? Creo que se entiende muy bien lo que fue el problema. “Esta casa está desierta ... Por cuanto Mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa”. Eran negligentes acerca de lo que más importaba a Jehová. Vemos entonces que el mensaje de Hageo es de suma importancia para nosotros en el día de ruina en que nosotros vivimos. El mundo, igual en nuestro día, está en contra de todo lo que da honra a Dios. Siempre trabaja para desanimarnos y desviarnos de la senda de la fe. Pero Hageo no solo tenía palabras de admonición acerca de su condición de ser negligentes en las cosas de Dios. Él también llevaba palabras de grande ánimo, que vamos a considerar en la próxima meditación. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella Mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová”.
Hageo 1:7-15: El pueblo despertado de su sueño
[Hageo 1:7-15]
En la meditación anterior, nos dimos cuenta de cómo el profeta Hageo hablaba al pueblo después de que se había suspendido el trabajo en la casa de Jehová durante unos catorce años. Les reprendía por su actitud de invertir todo su tiempo y esfuerzos en el intento de mejorar su situación económica, mientras la casa de Jehová quedó abandonada. Es interesante ver que Hageo ni una sola vez menciona la oposición del rey gentil, quien les había mandado que cesaran la obra. Eso aparentemente fue la causa principal al principio, pero el profeta solo habla de sus actitudes y procedimientos, y cómo vivían sus vidas sin reflexionar en los derechos de Dios. En el Nuevo Testamento el Señor Jesús así nos enseña: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:31-33).
Pero el profeta combina gracia con su mensaje de reprensión. No solo habla de lo lamentable de sus acciones, sino también les habla de lo positivo. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella Mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová ... Yo estoy con vosotros, dice Jehová”. Yo he meditado sobre estas palabras: “traed madera”. Si se acuerda, la casa anterior fue construida con inmensas piedras. “Y mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y piedras labradas” (1 Reyes 5:17). “Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro” (1 Reyes 6:7). Hay algo hermoso en considerar las piedras así hechas listas para el templo, cuando lo comparamos con Efesios 2:20-22: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”. Así el templo ahora no es hecho de piedras sino de creyentes en el Señor Jesucristo, y la obra de construcción está pasando ahora mismo.
Pero mi meditación sobre “traed madera” está sobre el contraste con las “piedras costosas” del templo de Salomón. Parece que era una débil sombra de lo anterior. No había ni dinero ni energía para construir algo magnífico como el templo anterior. Pero aun así, Jehová declara: “Yo seré glorificado”. Para ser muy claro, yo he visto como en el mundo, la cristiandad considera que la verdad de congregarse solo al nombre de Jesús se ve como algo muy débil y sin hermosura. Y es verdad que hay mucha debilidad, y lo que traemos parece ser “madera”. Madera en la escritura muchas veces habla de la debilidad del hombre. Es una materia no muy permanente. Se pudre después de tiempo debido al clima, la lluvia, el calor, los insectos que se la comen, y así somos los seres humanos. Nuestros cuerpos se deterioran a través de los años. Pero la madera también habla de la cruz del Señor Jesús, algo que nunca va a deteriorar en su majestad y permanencia. Así, es nuestro deseo hacer la voluntad de Dios en un día de ruina, de manifestar que “hay un solo cuerpo” y ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3-4). Al verlo la cristiandad, se dice, y con mucha verdad, “eso no parece ser algo muy admirable”. He pensado en como algunos hermanos piden el mismo himno todos los domingos. A veces se escucha oraciones que parecen ser memorizadas. A veces se escucha a hermanos dando gracias al Padre por haber muerto en la cruz, cuando sabemos que Dios no puede morir. Fue el Hijo de Dios, como hombre, que murió en la cruz. Todo esto muestra la debilidad humana, o sea “la madera” que hay en nuestra adoración.
No estoy recomendando tal debilidad. Debemos de ser ejercitados acerca de nuestra adoración, que realmente sea motivada por el Espíritu Santo. Pero tomo mucho aliento de las palabras dichas por el profeta Hageo: “traed madera ... Yo seré glorificado, dice Jehová”.
¡Qué bueno es ver que las palabras de Hageo no fueron menospreciadas por los judíos! Habían estado dormidos, para decirlo así, a los derechos de Jehová ya por muchos años, pero no quedaron así dormidos. “Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová. Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló por mandato de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová. Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios, en el día veinticuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío”. La palabra de Pablo a los Efesios fue: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14). Nosotros debemos escuchar tal admonición también, para no estar dormidos cuando Cristo viene.
Hageo 2:1-9: La gloria postrera
[Hageo 2:1-9]
El profeta Hageo profetizó durante un período de tres meses. Quizás nos ayuda entender como fue, considerando las fechas que nos son dadas por el Espíritu Santo en este pequeño libro.
“En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes ... ”. Así empieza el libro y reflexionamos en las últimas dos meditaciones como Hageo habló fielmente al pueblo porque ellos habían dejado el servicio de Jehová para buscar sus propias comodidades en este mundo.
“Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios, en el día veinticuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío”. Así la profecía cayó sobre sus oídos por 24 días, y entonces volvieron a la obra. La historia se lee más detalladamente en Esdras 5.
“En el mes séptimo, a los veintiún días del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel ... ”. Un mes después que habían empezado de trabajar de nuevo en la casa de Dios, Hageo vuelve con más palabras de ánimo. Imagino que esto fue la mano y la voz de Dios, pues siempre somos sujetos al desánimo cuando es cuestión de paciencia y de trabajar en seguida. Se puede leer en Esdras 5 como los pueblos paganos que les rodeaban trataban de poner obstáculos para que no terminaran el trabajo. Pero yo creo que esta profecía de Hageo en el principio de nuestro capítulo 2 era algo que les daba un fuerte anhelo para seguir en la obra hasta terminarla.
Hemos recordado como los ancianos lloraban, pues recordaban el pasado de la casa antigua, el templo de Salomón y su gloria, mientras los jóvenes regocijaban en el presente de la construcción del templo después de tantos años de cautiverio en Babilonia. Pero el profeta Hageo enseña ni del pasado ni del presente, sino del futuro; la gloria postrera. “¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque Yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos ... De aquí a poco Yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y Mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos”.
¿De qué se habla cuando dice el profeta “la gloria postrera”? ¿Hablaba de la casa pequeña que ellos construyeron en aquel entonces? ¿O hablaba de la reconstrucción de Herodes después, que tomó 46 años para construir? (Juan 2:20) Ninguno de los dos. No, la gloria postrera habla de la gloria del “Deseado de todas las naciones”, el Señor Jesucristo que en un día aun futuro va a morar en la casa como su Mesías y su Rey. Entonces, la gloria postrera no habla de la grandeza de la casa, sino de la gloria de la persona que va a llenar la casa. ¡Que palabras de ánimo eran estos para el pequeño remanente que trabajaba en la casa, con todas sus debilidades, con la oposición de los pueblos alrededor y con la pobreza de materiales que vimos en la meditación anterior! La gloria del templo de Salomón se hallaba en la belleza de la casa con sus piedras inmensas, con el oro y la plata. Pero la gloria postrera es mucho más importante y más bella: el hombre con las marcas de los clavos en Sus manos y Sus pies.
¿No hay en eso un mensaje por nosotros en el día de ruina? ¿No es la presencia del mismo Señor Jesucristo en medio que da la gloria a la casa, sea como sea la pobreza espiritual y debilidad de los cristianos que están allí? “Porque donde están dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Una pregunta para usted, querido lector: ¿Es el Señor Jesús el deseado de su corazón, como va a ser en el futuro el Deseado de todas las naciones? ¿O busca otra cosa para motivarle a la adoración?
“A los veinticuatro días del noveno mes, en el segundo año de Darío, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo ... ”. Dos meses después, el profeta Hageo viene con otro mensaje para sus conciencias y también para sus corazones, lo cual Dios mediante meditaremos en el próximo estudio.
Hageo 2:10-23: La asociación con lo inmundo contamina
“A los veinticuatro días del noveno mes, en el segundo año de Darío, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No. Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será”. En estos versículos vemos un principio importante, un principio que muchos cristianos en el día de hoy prefieren ignorar. La salud no es contagiosa pero la enfermedad puede ser que sea. Si andamos con el mundo, vamos a ser contaminados por él, y él no va a ser santificado por nosotros.
Note que digo “con el mundo”, y no “en el mundo”. Tenemos que caminar en el mundo; no hay escape de ello. El Señor Jesús reconoció esta verdad en Su oración al Padre en Juan 17: “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y Yo voy a Ti. Padre santo, a los que Me has dado, guárdalos en Tu nombre, para que sean uno, así como nosotros ... No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo”. Me acuerdo cuando éramos jóvenes, un hermano que trabajaba en la obra del Señor invitó a los jóvenes a pasar una o dos semanas en su casa que estaba en un bosque al lado de un lago muy bonito. Era un lugar aislado del mundo donde no había radio ni televisor, mucho antes de los días del teléfono celular o del internet. El hermano lamentaba como algunos de los jóvenes querían ir al pueblo que estaba a 10 km para comprar un periódico. Más que una vez le escuché decir: “Quieren ver si el mundo está sobreviviendo sin ellos”.
En el tiempo de Hageo, el mundo era el mundo de paganos que querían negociar con los judíos. No hay nada de malo en los negocios, pero leemos en Nehemías como los negociantes venían en el día del sábado, y cuando Nehemías puso candados en las puertas para que no entrasen, se molestaban y acampaban afuera esperando que las puertas se abrieran. Así no era tanto el mundo malo sino el mundo molestoso, el mundo que ocupaba todo el tiempo de los judíos para que no trabajasen en la construcción del templo. “Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo de Jehová”. Hageo profetizaba que sus corazones primeramente tenían que ser rectos en los ojos de Dios, antes que su trabajo pudiera ser de valor a Jehová.
Pero la palabra de Jehová al remanente ahora trabajando en el templo no era para desanimar. “Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová; meditad, pues, en vuestro corazón. ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré”. Habían sufrido durante los años de mucha lucha, cuando enfocaban continuamente en su condición económica y encontraron que su jornal se ponía en el saco roto. Pero ahora Jehová les estaba haciendo la promesa de que la tierra les iba a producir de nuevo.
El libro termina con palabras de ánimo acerca de aquel hombre que se había esforzado para empezar de nuevo en construir el templo. “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo Mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque Yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos”. Zorobabel, aunque trabajaba como obrero de construcción con los demás y se vestía como los demás y compartía las desgracias y dificultades de los demás, era hijo de David. Era en verdad el rey, pero no estaba reinando, pues en el día que estaban, eran debajo el yugo de los gentiles. Igual en nuestro día, nuestro Zorobabel (el Señor Jesús) es el Rey ungido, Hijo de David, pero no está reinando ahora. Aunque en un sentido diferente de ellos en aquel día, nosotros anhelamos el día de Su manifestación en gloria, cuando todo hombre de toda raza y lengua va a doblar la rodilla a aquel Rey, una vez menospreciado y crucificado por el mundo.
“¡Amen, sea así. Ven, Señor Jesús!” (Apocalipsis 22:20).