Meditaciones sobre Joel
Phil Fournier
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Joel 1: El día de Jehová
El nombre Joel quiere decir “Jehová es Dios”, cual nombre indica que a lo mejor era de una familia de fe entre una nación mayormente distanciada de su Dios. En qué edad profetizaba no se sabe con certidumbre, siendo que no se menciona el rey de Judá de su época, como tampoco se mencionan eventos que están contados en los libros de los Reyes o de Crónicas. Pero, se supone que profetizaba en la época del sacerdote fiel, Joiada, quien había destronado la mujer idólatra y mala, Atalía, la hija homicida de Acab y Jezabel. El rey ungido en aquel entonces era Joás, un niño de siete años, cuya vida había sido salvada y guardada a través de la fidelidad de aquel sacerdote. “Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo” (2 Reyes 11:17).
A pesar de la fidelidad de Joiada, a poco tiempo después se descubre que el rey (el que debía su misma vida al sacerdote, por no hablar de su reino, que también debía a Joiada), el mismo Joas, cuando su pecado fue manifestado delante del pueblo, condenó a la muerte al mismo hijo de Joiada. “Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, Él también os abandonará. Pero ellos hicieron conspiración contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Jehová. Así el rey Joás no se acordó de la misericordia que Joiada padre de Zacarías había hecho con él, antes mató a su hijo, quien dijo al morir: Jehová lo vea y lo demande” (2 Crónicas 24:20-22).
Así profetizaba Joel a un pueblo de fidelidad desconocida. Algunos, indudablemente eran fieles como Joiada y su hijo Zacarías. Otros, como el rey y el pueblo, eran profesantes que tenían su corazón en otro lado. Así que Joel les habla de los acontecimientos terribles que habían pasado en la nación, que ellos aparentemente simplemente consideraron “mala suerte”. “De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación. Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado”. Fue un desastre natural que era casi sin comprensión, siendo tan terrible. Había sequedad, pero creció algo; sin embargo, los insectos (se mencionan cuatro tipos que vinieron, uno tras otro) devoraron toda la cosecha, y después, vino un incendio y quemó todo lo restante. “Porque fuego consumió los pastos del desierto, y llama abrasó todos los árboles del campo”. Era para contar a sus hijos una historia de mucha privación y pobreza, pero ¿veían en todo esto la mano de Jehová? ¿O nada más era muy mala suerte?
Parece que no se les ocurrió que estos desastres eran la voz de Jehová tratando de despertarles de su estado borracho e inconsciente. No podían seguir en la borrachera porque no había uvas para hacer vino. “Despertad, borrachos, y llorad; gemid, todos los que bebéis vino, a causa del mosto, porque os es quitado de vuestra boca”. Los sacerdotes, quizás fieles a Jehová, no tenían cualquier cosa que sacrificar. “Desapareció de la casa de Jehová la ofrenda y la libación; los sacerdotes ministros de Jehová están de duelo. El campo está asolado, se enlutó la tierra; porque el trigo fue destruido, se secó el mosto, se perdió el aceite”.
El profeta aconseja al pueblo (sean borrachos, sacerdotes o agricultores) que sientan que Jehová les está hablando, que debían llorar y gemir por las cosas que pasaron, que no eran simplemente muy mala suerte. “Confundíos, labradores; gemid, viñeros ... Ceñíos y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, ministros de mi Dios; Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová”. Hasta los animales estaban sufriendo por su desobediencia e infidelidad. “Las bestias del campo bramarán también a ti, porque se secaron los arroyos de las aguas, y fuego consumió las praderas del desierto”. Así los animales eran testimonio contra la nación, pues los animales no conocen a Dios pero saben gemir bajo Su vara. Solo el hombre decía “qué mala suerte”.
Creo que hay palabra por nosotros en todo esto. El mundo más sofisticado de Europa y de los Estados Unidos está pasando dificultades económicas super grandes ahora mismo, pero no se reconoce en todo esto la voz de Dios hablando; solo dicen, “qué mala suerte”, y siguen con sus medios de tratar de rescatar la situación. No seamos nosotros ignorantes y tercos como el mundo de hoy en día, sino reconozcamos la mano de Dios en todo esto, que nos humillemos, buscando la senda Suya en estos postreros días.
Joel 2: Los años restituidos
Como notamos en el estudio pasado sobre el primer capítulo de Joel (por lo menos en su título), el profeta habla mucho del “día de Jehová”. En el capítulo del presente estudio, se menciona en el verso 1 y otra vez en el verso 11. “Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en Mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano”. “Y Jehová dará Su orden delante de Su ejército; porque muy grande es Su campamento; fuerte es el que ejecuta Su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?”. El profeta declara que el día de Jehová esta cercano pero sabemos que este día aún no ha llegado, y según las Escrituras, no llegará hasta después de que el Señor Jesús venga a arrebatar a los Suyos hacia el cielo. Eso está claro en el Nuevo Testamento, en 1 Tesalonicenses 4 y 5. Como vemos en aquella carta a los Tesalonicenses, ellos conocían el libro de Joel y las profecías que nosotros ahora mismo estamos considerando. “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:2-3). Lo que ellos desconocían era una cosa no enseñada para nada en el Antiguo Testamento. “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza ... Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:13-17). Así había profecías que ellos entendieron perfectamente bien, pero eran ignorantes de otras cosas, que Pablo, por inspiración del Espíritu Santo, les enseña para que no ignorasen cosas tan importantes.
Creo que la diferencia entre el “día de Jehová” y “la esperanza bienaventurada” (la de nosotros los cristianos en el día de hoy) es muy notable. Joel habla de un día de juicio fuerte, un día de miedo, grande y terrible. No se puede decir que el día de Jehová es algo que se espera con anhelo, como nosotros esperamos cada día la venida del Señor Jesús.
Hay que notar el doble sentido en este capítulo. Como notamos en el primer estudio, Joel estaba tratando de despertar al pueblo acerca de su responsabilidad para con Dios, que las cosas que pasaron no eran pura mala suerte. Era algo para ellos en aquel día. Pero tiene también su aplicación para el día futuro. Notamos en el fin del capítulo los versos citados por Pedro en Hechos 2:14-21, en el día de Pentecostés: “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo ... esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días ... Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. No era el cumplimiento de la profecía, pero el mismo Espíritu que va a trabajar en el corazón de los hijos de Israel en el día futuro, es el Mismo que obraba por medio los apóstoles de Jesús en aquel día de Pentecostés, con el fin de proclamar las buenas noticias de que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.
Quiero notar algo más muy animoso acerca del juicio que había venido en el capítulo uno de Joel. Había mucha pérdida por la mano de Jehová, primeramente por los cuatro insectos que comieron la cosecha, y después por la sequedad y por fin a través de fuego que quemaba todo lo que restaba. Pero en la gracia de Dios, en el día futuro esta maldición va a ser levantada y los hijos de Israel van a disfrutar abundancia sin límite. “Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas ... Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, Mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios”. Es bien animoso pensar y meditar sobre la bendición de Dios que aunque perdida por la desobediencia de Israel, va a ser restaurada en pura gracia. Nosotros también disfrutamos hoy de la misma gracia. Un hombre salvado en su vejez quizás llore por los años perdidos, vividos en pecado, pero puede saber que Dios en Su gracia le da abundancia en sus postreros días. No quiero decir, por supuesto, que un joven que conoce la senda del Señor y decide malgastar su tiempo de juventud viviendo para sí mismo, va a recuperar los años así perdidos. No podemos menospreciar la gracia como dice en Romanos 6:1-2: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡En ninguna manera!”.
Joel 3: El valle de juico, el valle de decisión
El tema en este capítulo es del futuro, y de Jehová obrando en favor de Su pueblo en los postreros días, durante la gran tribulación. Ellos iban a padecer bajo las naciones que hacían lo que querían con Israel y con la tierra de Palestina por un tiempo limitado. “Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré volver la cautividad de Judá y de Jerusalén, reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de Mi pueblo, y de Israel Mi heredad, a quien ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron Mi tierra; y echaron suertes sobre Mi pueblo ... ”.
Lo que me interesa en todo esto es como Jehová tiene la última palabra. Es “Israel Mi heredad” y “Mi tierra” y “Mi pueblo”, y todos van a tener que reconocer esta verdad. He mencionado antes, pero vale la pena volver a decir, que las naciones y los políticos de hoy en día ven muy bueno culpar a la nación de Israel y los judíos de muchas cosas, y proclamar que los descendientes de Esaú (los árabes) son perseguidos por Israel y que ellos son los que deben tener la heredad de Palestina. Pero Jehová proclama en nuestro capítulo que lo que hacían era contra Jehová mismo. “Y también, ¿qué tengo Yo con vosotras, Tiro y Sidón, y todo el territorio de Filistea? ¿Queréis vengaros de Mí? Y si de Mí os vengáis, bien pronto haré Yo recaer la paga sobre vuestra cabeza”. Es interesante notar que la tierra de Filistea es la que se llama hoy el territorio de Gaza, el pedazo de tierra entregado a los palestinos por Israel hace como diez años.
Me hace pensar de las palabras desde el cielo a Saulo de Tarso. “Saulo, Saulo, ¿por qué Me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Saulo pensaba que sus acciones eran contra judíos que profesaban el nombre de Jesús. Pero aprendió aquí que batallaba contra Jesucristo mismo; que Cristo y Su pueblo eran una sola cosa, un solo cuerpo. Saulo, o sea después Pablo, llegó a ser el apóstol que enseñó más que todos los demás autores de los libros del Nuevo Testamento sobre la bendita doctrina del “un solo cuerpo”. No decimos que es la misma relación o cercanía que Jehová Dios tenía con Su pueblo Israel, pero sí es interesante ver como los pecados contra el pueblo terrenal de Dios son pecados contra Dios mismo. No podemos estar de acuerdo ni participar con los que así ligeramente hablan en contra del pueblo de Dios.
Nuestro título habla del valle de la decisión. “Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión”. Supongo que aquí habla de las naciones, decidiendo dónde iban a ponerse; o con Israel o en contra de él. Pero estos versículos se han usado también en el evangelio, pues podemos decir que todo el mundo está en el valle de la decisión. Querido lector, ¿es usted CON el Señor Jesús o en CONTRA de Él? “El que no es conmigo, contra Mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30).
“Y Jehová rugirá desde Sion, y dará Su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de Su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel” (Joel 3:16). ¿No es de ánimo saber que Jehová tendrá la última palabra? Las naciones en el valle de decisión acaso deciden ponerse en contra de Israel, pero no importará cuando Jehová rugirá desde Sion. “Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente. Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación. Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado; y Jehová morará en Sion”. Así confiamos que, sea como sea el apoyo o la falta de apoyo de los Estados Unidos, o las amenazas de Irán o Venezuela en contra de Israel, serán inútiles cuando Jehová obra a favor de Su pueblo terrenal. Es igual con nosotros, el pueblo celestial que vivimos en el día de la gracia. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica” (Romanos 8:31-33).