Meditaciones sobre Oseas

Table of Contents

1. Oseas 1: "No Mi pueblo"
2. Oseas 2: La nación infiel y la promesa de Jehová
3. Oseas 3: Israel sin dioses ajenos por muchos años
4. Oseas 4: Falta de conocimiento de Dios
5. Oseas 5: Sin arrepentimiento no pueden volver
6. Oseas 6: Misericordia quiero, y no sacrificio
7. Oseas 7-8: Rebeldes inconscientes
8. Oseas 9: Efraín sin fruto
9. Oseas 10: Es tiempo de buscar a Jehová; o, Israel y la esperanza de juicio
10. Oseas 11: Jehová habla en tierno amor
11. Oseas 12: La importancia de la historia
12. Oseas 13: Ídolos "según su entendimiento"
13. Oseas 14: Israel restaurado en justicia y gracia

Oseas 1: "No Mi pueblo"

Ya son más que diez años desde que empecé a hacer estos estudios y confieso que nunca antes me he sentido tan incapaz de profundizar un tema como contemplamos hacer esta vez; eso es, estudiar los libros que han sido llamados “los profetas menores”, porque escribieron libros pequeños. Es mi deseo buscar la ayuda del Señor para saber cómo considerar estos libros, sea en forma de resumen general, o sea por capítulo. Por el día de hoy, vamos a empezar con el capítulo uno de Oseas y esperar en la guía del Espíritu Santo para el futuro.
Oseas era uno de cuatro profetas que profetizaron durante los reinos de los reyes sobre la nación dividida, Israel y Judá. “Palabra de Jehová que vino a Oseas hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel”. Los otros son Joel, Amos, y Miqueas, y probablemente contemporáneos con Jonás. Sus mensajes, diferentes de lo de Jonás, eran por el pueblo de Israel de aquel entonces, pero hay que recordar que era “Palabra de Jehová” y así debe ser de interés por nosotros. Aunque ya no conocemos a Dios como Jehová, sino como Padre, es Él mismo. La voz que habla por el profeta Oseas es el mismo que nos habla en el día de hoy, en los días postreros. “He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Jesús se ve en este versículo afuera pues la tendencia en nuestro tiempo es así, ¿no? Andamos en este mundo según nuestro parecer, y el Señor es dejado afuera. Su deseo es tener comunión con nosotros, no solo salvarnos del infierno. ¡Ojalá que escuchemos Su voz!
Oseas tenía que sufrir bastante en su ministerio a la nación de Israel. No fue por el escoger una esposa según su corazón, sino mandado por Dios, tuvo que escoger una mujer pecaminosa. “Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová”. Imagino que no fue una elección agradable a Oseas, pues el ejemplo que seguimos en nuestra cultura es lo de Jacob que seleccionó a Raquel y servía siete años para ganarle. “Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba” (Génesis 29:20).
La mujer Gomer que iba a dar a luz tres hijos, cada uno dado un nombre según la palabra de Jehová, e igual como la mujer de Oseas, sus hijos eran unas parábolas para la nación de Israel. “Y le dijo Jehová: Ponle por nombre Jezreel; porque de aquí a poco yo castigaré a la casa de Jehú por causa de la sangre de Jezreel, y haré cesar el reino de la casa de Israel”. Jezreel era el lugar donde estaba el palacio del rey más pecaminoso, donde los perros lamieron la sangre de Jezabel, eso por mandamiento de Jehová, pero por mano de Jehú murieron muchos otros, simplemente por su venganza y llegó a ser para el juicio de la nación.
Los dos hijos que siguieron fueron nombrados nombres de suma tristeza para la nación; “Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no Me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo”. Y después, otro hijo con nombre de tristeza; “Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois Mi pueblo, ni Yo seré vuestro Dios”. Así Oseas tuvo que poner nombres sobre sus tres hijos que hablaban cada uno del juicio que iba a caer sobre la nación de Israel, aunque en este capítulo dice también que Judá todavía iba a participar en la misericordia de Dios.
Para mí es de sumo ánimo dos cosas, leyendo estos versículos de juicio profetizado. Primeramente, Pedro en sus epístolas hablando con judíos cristianos que era de la dispersión, dijo: “Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:10). Así en el día de hoy el judío que conoce a Cristo puede realizar la misericordia de Dios y también la relación de Dios como hijo, las cuales fueron perdidos a la nación de Israel hace tantos años. Además, sabemos por este mismo libro de Oseas profetiza de la restauración de Israel, como muerto y resucitado. Así confiamos que Dios todavía tiene bendición por Su pueblo en un día no muy lejano, pero todo va a ser por la fundación de la gracia. “No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9).

Oseas 2: La nación infiel y la promesa de Jehová

Notamos en el último estudio como fue dado a Oseas tomar una esposa, mujer pecaminosa, como testimonio a la nación de Israel, una nación infiel como la esposa de Oseas. No sé si lo que sigue en este capítulo realmente pasó a Oseas y Gomer, la mujer su esposa, o es solo la voz de Dios hablando a través de Su profeta. “Contended con vuestra madre, contended; porque ella no es mi mujer, ni yo su marido; aparte, pues, sus fornicaciones de su rostro, y sus adulterios de entre sus pechos”. Es muy posible que todo esto sí pasó al profeta Oseas, y tuvo que sufrir la vergüenza de una esposa infiel para poder entender y ministrar como boca de Jehová a la nación de Israel. Pero este versículo obviamente habla de la tristeza de Israel yendo tras idolatría en vez de adorando a Jehová. “Y la castigaré por los días en que incensaba a los baales, y se adornaba de sus zarcillos y de sus joyeles, y se iba tras sus amantes y se olvidaba de Mí, dice Jehová”. Es interesante ver que se menciona aquí los baales, que supuestamente habían sido eliminados en el tiempo de Elías (cuando mataron a los profetas de Baal en el monte) y el juicio por mano de Jehú (quien había hecho venganza sobre los profetas de Baal por engaño; véase 2 Reyes 10:18 en adelante). Pero aparentemente, a pesar de todo lo que había pasado, ellos seguían en lo mismo, manteniendo su idolatría, la cual Jehová ya no iba a aguantar.
Pero nos es de mucho ánimo leer el resto del capítulo donde Oseas nos cuenta del futuro, algo que todavía no ha llegado a acontecer, pero seguro que su tiempo está acercando. “Pero he aquí que Yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto”. ¿Se acuerda del valle de Acor? Este valle es donde empezó el juicio en la nación de Israel, aunque en aquel entonces fue solo un hombre que pecó, pero trajo juicio sobre toda la nación. “Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor. Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos” (Josué 7:24-25). Jehová había mandado la separación total de Israel de los bienes en Jericó. Pero Acán había codiciado lo que veía en la ciudad y trajo juicio sobre sí mismo, sobre su familia y sobre la nación. ¿Era justo que la familia de Acán sufriera por las maldades del papá? Acán había escondido su mercancía robada en su tienda y supongo que su familia sabía y mantenía el silencio sobre el pecado. Además, leemos en el mismo capítulo de Josué 7, “Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado Mi pacto que Yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres”.
Pero el valle de Acor ha de ser “puerta de esperanza” pues en apedrear a Acán, el pueblo de Israel estaba participando y reconociendo el pecado, y esto nos habla fuertemente del tiempo de arrepentimiento de la nación por el pecado principal de haber crucificado su Mesías, el Señor Jesucristo.
Quiero enfocar por un momento en la importancia de reconocer la bendición futura de la nación de Israel. Ha llegado a ser popular en algunos países, incluso en los Estados Unidos (donde por mucho tiempo había un fuerte apoyo para la nación actual de Israel), condenarlos por ser “racistas” y tomar la parte de los naciones musulmanes en contra de Israel. Yo no quiero decir que nosotros como creyentes debemos meternos en la política, pues no somos de este mundo como dijo el Señor Jesús en su oración al Padre en Juan 17. “No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo”. Pero tampoco debemos participar en lo que hacen nuestros políticos, hablando en contra de Israel, pues hay que recordar que las promesas que Dios hizo a Abraham han de ser cumplidas, no en la Iglesia que es celestial, sino en un pueblo terrenal, la nación de Israel. Ha llegado a ser popular de nuevo adoptar el error de lo que se llama “la teología del reemplazo” que dice que la Iglesia reemplaza a Israel en los planes de Dios. Pero nosotros debemos estar firmes en las verdades que nos han sido enseñadas, entendiendo los planes de Dios a través de la enseñanza de las dispensaciones.

Oseas 3: Israel sin dioses ajenos por muchos años

“Me dijo otra vez Jehová: Ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel, los cuales miran a dioses ajenos, y aman tortas de pasas”. Me parece en este versículo que vemos de nuevo como el profeta Oseas tenía que sufrir en su testimonio hacia la nación de Israel. Esta quizás es la Gomer del primer capítulo, que había vuelto a su vida anterior, y se había degradado a punto de ser una esclava, pues según mi entendimiento el precio que Oseas tuvo que pagar era el precio de esclava. “La compré entonces para mí por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada”.
Si lo he entendido bien, creo que podemos ver algo muy precioso en cuanto al significado de la redención. “Comparar” es obtener por dinero lo que no era nuestro pero ya es por haber pagado su precio. Pero “redimir” o “rescatar” es algo más profundo y más precioso, pues “sabiendo que fuisteis rescatados ... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19). Ya éramos nosotros las criaturas de Dios, y así en este pertenecíamos a Él como nuestro creador. Pero, se sabe que el pecado arruinó todo. Hablando de la nación de Israel, “Así dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual Yo la repudié? ¿O quiénes son Mis acreedores, a quienes Yo os he vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre” (Isaías 50:1). Hablando de nosotros, “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado” (Romanos 7:14). Así todos éramos lejos de Dios a través del pecado, con la necesidad de ser “rescatados”. Eso es más de ser comprado. Dios, con la sangre de Cristo, compró lo que ya era Suyo. Creo que Oseas hizo lo mismo, comprando su mujer infiel que se había vendido como esclava para hacer el pecado quizás más abominable al corazón de uno, sea esposa o esposo; eso es, que la pareja vaya buscando otro u otra alguien. Y así es con Dios también, pues tantas veces vemos como Jehová rogaba a la nación de Israel volverse a Él, después de haber comportado como la ramera, buscando otros dioses.
“Y le dije: Tú serás mía durante muchos días; no fornicarás, ni tomarás otro varón; lo mismo haré yo contigo. Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines”. Estos días son los días desde la restauración de Israel (realmente solo Judá y Benjamín) en el tiempo de Esdras hasta el día de hoy. No tenían y no tienen rey, pues el rey Jesucristo vino, y le clavaron a una cruz. No tienen sacrificio, pues aunque ofrecían sacrificios hasta el libro de los Hechos, después de ser despedazados en el año 66 por el general Tito y desalojados otra vez, no han vuelto a tener sacrificio. Las casa de Israel se describe en Mateo 12:43-44: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada”. Esta es la condición actual de la nación de Israel. No tiene “estatua” ni “terafines” pero tampoco tiene “efod” que habla de la presencia y discernimiento del sacerdocio comunicando con Jehová. Vienen días, quizás muy pronto, cuando la peor idolatría va a ser hallada entre ellos. “Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación” (Mateo 12:45).
Pero nuestro capitulo en Oseas termina, hablándonos del remanente en el día después del juicio de “la mala generación”. Como la mujer comprada de Oseas, no volverán nunca jamás a sus caminos de antes, sino “Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a Su bondad en el fin de los días”.

Oseas 4: Falta de conocimiento de Dios

“Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra” (Oseas 4:1). En este capítulo vemos como la falta de conocimiento de Dios afectaba el pueblo de Israel en una forma muy grave. “Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden” (Oseas 4:2). Se ve que el versículo 2 es la consecuencia de verso 1. Versículo 6 sigue: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. Hay mucha instrucción por nosotros en el día de hoy, pues nosotros vivimos en un tiempo cuando el conocimiento de Dios va cada vez menos, pero el hombre imagina que no es necesario que haya conocimiento de Dios para tener una moralidad y buenas relaciones entre individuos en la raza humana. Pero la falta de conocimiento y temor de Dios es el MOTIVO del pecado. El hombre prefiere no llamarlo pecado, pues para él es más bien cuestión de humanismo, sin relación con Dios y lo que la Biblia llama “pecado”.
Pero nosotros vemos aquí en el libro de Oseas que las cosas iban de mal en peor porque el pueblo había faltado en el conocimiento de Dios. Y eso era a propósito; “Por cuanto desechaste el conocimiento, Yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también Yo Me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6). Aquí vemos por qué ellos eran más responsables. Tenían la ley de Dios y los libros de Moisés, los Salmos, y los libros escritos por Salomón, imagino. Pero habían “desechado el conocimiento” que es mucho peor que ignorar, como las naciones paganos que nunca habían conocido a Jehová, el Dios verdadero. ¿Y qué tal de nosotros, que tenemos toda la Biblia? ¿Y qué tal de las naciones que han tenido la profesión del cristianismo por tantos años? El tener la revelación de la Escrituras es un grande privilegio, pero también es una grande responsabilidad. Este es un principio que tenemos de la boca del Señor Jesús en Lucas 12:48-49: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”.
Esto me lleva a otro punto, quizás algo polémico que ha causado bastante tristeza entre los hermanos congregados al nombre del Señor, y eso es cuestión de las relaciones con otros cristianos de entre las denominaciones. Yo no quiero poner reglas y no lo veo según la voluntad de Dios hacerlas, pues muchas veces hay la necesidad de discernimiento dado de Dios. Aquí en el libro de Oseas, Dios hace una diferencia entre Judá y Efraín. “Si fornicas tú, Israel, a lo menos no peque Judá”. Y verso 17: “Efraín es dado a ídolos; déjalo”. Hay muchos cristianos muy sinceros entre las denominaciones, que son ignorantes de los principios de congregarse. Muchas veces nosotros podemos gozar de comunión con ellos sobre las cosas de Cristo, y compartir con ellos del amor de Cristo. También hay los que por desanimo y dificultades han apartado de la mesa del Señor, y hay necesidad de tratar de animarles y enseñarles que vale la pena seguir al Señor, aun en el lugar a veces solitario “fuera del campamento” (Hebreos 13:13) a pesar de las muchas dificultades que puede haber. Pero hay otros que han dejado a la mesa del Señor y se han transformados en enemigos de la verdad, con un vivo deseo de desviar a otros. Cuando es cuestión de uno en semejante condición, puede ser que hay un principio enseñado en el verso 17: “Efraín es dado a ídolos; déjalo”. Lo dejo así por su consideración.
Dos cosas más veo de interés en este capítulo. “Sus príncipes amaron lo que avergüenza”. Cuando los líderes son corruptos, no es sorprendente que el pueblo siga sus pisadas. Así debemos orar por los líderes y políticos, no solo “para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:2), sino también que sean hombres con el temor de Dios. “La justicia engrandece a la nación; Mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:34). Y una cosa más; hay los que dicen que el abuso del sexo, las drogas o el alcohol no hace daño a nadie. Pero Oseas decía del pueblo “Fornicación, vino y mosto quitan el juicio. Mi pueblo a su ídolo de madera pregunta, y el leño le responde; porque espíritu de fornicaciones lo hizo errar, y dejaron a su Dios para fornicar”. Así la inmoralidad, tan aceptada en el mundo en nuestro día como una cosa sin consecuencia, es en realidad algo que siempre hacía mucho daño espiritual al pueblo de Dios. Que escuchemos nosotros la enseñanza de Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Oseas 5: Sin arrepentimiento no pueden volver

En este capítulo de Oseas vemos cosas bastante tristes y de desanimo, pero creo que hay algo que podemos aprender. “Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando a Jehová, y no le hallarán; se apartó de ellos”. ¿Cómo es posible que anden buscando a Jehová sin poder encontrarle? ¿No dice la escritura, “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”? Sí, es muy cierto que Isaías 55:6 dice eso. Entonces, ¿Por qué los hijos de Israel iban buscando sin poder hallar? Pues, Isaías 55:7 nos da la respuesta. “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. Ellos intentaron buscar a Jehová sin arrepentimiento. Querían la ayuda de Jehová contra sus enemigos, pero no tenían planes para abandonar su pecado, su idolatría y su fornicación, tanto espiritual como natural. Y si a nosotros nos parece que el Señor no escucha cuando oramos, fuera bueno entonces examinarnos para ver si andamos con un pecado escondido que no queremos abandonar. El arrepentimiento y confesión de pecado son necesarios también en la vida de un creyente, aunque somos lavados en la sangre de Cristo para siempre jamás. Si andamos sin arrepentimiento, es seguro que igual como Israel, vamos a experimentar el gobierno de Dios en nuestras vidas, pues Dios como nuestro Padre no deja a Sus hijos sin corrección. “Porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” (Hebreos 12:7).
“Contra Jehová prevaricaron, porque han engendrado hijos extraños”. En este verso, la expresión “hijos extraños” también puede ser traducida “hijos paganos”. Me parece que la lección es que ellos no enseñaron a sus hijos a caminar en el temor de Jehová. Eran entonces como hijos paganos, sin conocimiento del Dios verdadero, pues sus padres no hicieron caso del mandamiento de Jehová. “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6-7). Veo bien lamentable en mis viajes entre los hermanos que en algunas casas, la Biblia no se abre para leer con la familia. No es mi deseo hacer reglas, pero creo que es una pérdida muy grande si el padre no toma tiempo para abrir la Biblia y leerla con sus hijos. Es cierto que vivimos vidas muy agitadas, pero es una trampa de Satanás, afanarnos tanto que no hay tiempo para la lectura de la palabra de Dios, la única cosa que nos va a preparar para los ataques del enemigo. No quiero mandar a nadie, pero quiero animarle, si no haya sido hábito de su vida en tiempos pasados, no hay mejor tiempo que empezar menos hoy día. Y si usted es hijo o hija en casa donde no se ha acostumbrado a leer la palabra de Dios, quizás sería una sugerencia útil a su padre, suponiendo por supuesto que tal persona sea creyente en Cristo.
El capítulo termina con algo de ánimo, hablando de un día aun futuro. “Andaré y volveré a Mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen Mi rostro. En su angustia Me buscarán”. Se nota lo que dice Jehová “hasta que reconozcan su pecado”. En esta posición no se encuentra la nación de Israel en el día de hoy. Están en su tierra algunos siete millones de judíos. Pero no están allá en arrepentimiento ante su Dios sino en soberbia y carnalidad. Pero viene el día en que van a buscar el rostro de Jesucristo, a través de mucha angustia. ¡Qué bueno es por aquellos que han escuchado el evangelio de la gracia en el día de hoy y lo han aceptado! Ellos son parte de la Iglesia y la compañía celestial, aunque sean judíos de descendencia, pues en el día de hoy la escritura que hay tres clases de personas en el mundo; “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Corintios 10:32).

Oseas 6: Misericordia quiero, y no sacrificio

“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”. Dos veces en el evangelio de Mateo escuchamos al Señor Jesús citando este versículo a los fariseos. Primero en el capítulo 9 de Mateo, “Los fariseos dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”. Así vemos la bendición del Señor sobre el estudio de Oseas, ¿no? “Aprended lo que significa ... ”. Otra vez en Mateo 12:7-8: “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo”.
Creo que vemos en esto que Jehová estaba enseñando aun al pueblo de Israel en el tiempo de Oseas que los sacrificios en sí no eran lo que Él buscaba, sino un corazón arrepentido delante de Él. Pero los fariseos en el tiempo de Jesús no sabían lo que significaba. Ellos continuaban con los sacrificios y ritos del templo, sin ídolos y aparentemente caminando bien, pero con corazones tan lejos de Dios que llegado el Hijo, no lo conocieron. “En el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho; pero el mundo no le conoció” (Juan 1:10). Condenaron al Señor Jesús porque comía con los publicanos y pecadores, y condenaron a los discípulos por comer en el día de reposo (el sábado). Hay seguramente una palabra por nosotros en esto. Debemos tener cuidado antes de juzgar a nuestros hermanos en Cristo, viendo primeramente la condición de nuestros propios corazones; tan susceptibles somos al juzgar como los fariseos. De caminar con todo lo externo aparentemente bien, pero con pecado en el corazón no juzgado delante de Dios, es una senda peligrosa.
Pero he sobrepasado la introducción al capítulo que para mí es la anticipación del futuro bendición de Israel. “Venid y volvamos a Jehová; porque Él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de Él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”. Me parece que Oseas decía y escribía estas palabras en el anhelo y anticipación del día cuando “después de dos días” la nación de Israel iba a arrepentirse de verdad, bajo la vara de Jehová. He escuchado varias interpretaciones de los “dos días” que voy a mencionar aquí pero dejando a su meditación lo que sea su interpretación correcto.
Primero, a nosotros nos gusta pensar que los dos días significan dos mil años desde que Cristo vino y murió en la cruz, y así nos da gozo pensar que la venida del Señor está muy cerca, para arrebatarnos al cielo. El tercer día entonces hablaría del milenio cuando la nación de Israel haya de vivir siempre en la presencia de Dios. También es posible que los dos días y el tercer día hablen de la muerte de Jesús, y Su resurrección el tercer día, cual tema es el fundamento de la bendición de toda la casa de fe desde Adán hasta el día de hoy. Finalmente, ha sido sugerido que los dos días hablan de la segunda parte de la gran tribulación cuando la nación haya de llorar en arrepentimiento por haber visto por fe; “Y mirarán a Mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito” (Zacarías 12:10).

Oseas 7-8: Rebeldes inconscientes

He estado leyendo y meditando sobre estos dos capítulos de Oseas, buscando algo de animó, pero me parece que no hay nada de bueno mencionado sobre la condición de Israel en los capítulos 7 y 8. Pero quizás peor de todo, eran ignorantes de su condición actual delante de Dios. “Y no consideran en su corazón que tengo en memoria toda su maldad ... Devoraron extraños su fuerza, y él no lo supo; y aun canas le han cubierto, y él no lo supo”. Si nos parece a propósito esta ignorancia, o para decirlo en otras palabras, eran ignorantes de su condición actual porque no querían conocer la verdad, es aún más maravilloso pensar de las palabras del Señor Jesucristo en la cruz, muriendo a través de las manos crueles de los descendientes de estos mismos; “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). El ladrón en la cruz al lado de Jesús escuchó estas palabras, e indudablemente pensaba en su corazón algo así: “tal persona, que puede identificar los hechos tan malos de este pueblo con ignorancia, tiene que ser el Señor, el rey de Israel, el hijo de Dios”. A la vez, se dio cuenta de su condición tan mala delante de Dios. “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo” (Lucas 23:41). Así la bendición cae en uno que es arrepentido. “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Pero Israel, aun sintiendo su condición degradada, no clamó a Jehová como el ladrón en la cruz. “Y no clamaron a Mí con su corazón cuando gritaban sobre sus camas”. Parece que gritar sobre la cama nos dice que ellos, aunque de día caminando con soberbia y aparentemente contentos, de noche sus mentes no les dejaron dormir bien. Pero los gritos de angustia de noche no eran gritos de arrepentimiento delante de Jehová. Ellos eran “hombres de dos caras”. Considere por favor la figura de Oseas 7:8: “Efraín fue torta no volteada”. La torta cocinada en un solo lado no se considera una cosa buena para comer. En un lado, había la apariencia de todo bien. Pero mirando al otro lado, algo bien desagradable. De día, viviendo como todo estaba bien; pero de noche, gimiendo de sus angustias. ¿Es posible que un cristiano sea como ellos? Temo que sí, es posible, pero si es así con uno de nosotros, que nuestra oración sea, “Señor, que me libres de mi soberbia para reconocer y arrepentirme y abandonarme de la senda de caminar deshonestamente”.
Hay varias semejanzas más en estos dos capítulos, que realmente son muy expresivos, pero no estoy seguro de qué quieren decir. Creo que vale la pena de todos modos reflexionar sobre ellos por hacer una lista. Quizás usted leyendo puede encontrar unos más.
1.  Son como horno encendido por el hornero: Oseas 7:4
2.  Todos ellos arden como un horno, y devoraron a sus jueces: Oseas 7:7
3.  Efraín fue como paloma incauta, sin entendimiento: Oseas 7:11
4.  Les haré caer como aves del cielo: Oseas 7:12
5.  Volvieron, pero no al Altísimo; fueron como arco engañoso: Oseas 7:16
6.  Devorado será Israel; pronto será entre las naciones como vasija que no se estima: Oseas 8:8
7.  Porque ellos subieron a Asiria, como asno montés para sí solo: Oseas 8:9
Son semejanzas que el profeta usa para describir una condición muy triste. Pero hay algo profundo en el versículo 7 de capítulo 8: “Porque sembraron viento, y torbellino segarán”. La paciencia de Dios tiene sus límites. En apedrear a Estaban en Hechos 7, ellos aseguraron el torbellino. Dijo Esteban, semejante a su amado amo crucificado, “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. Pero ya faltaba la declaración de ignorancia.
Como cristianos, debemos de ser advertidos si andamos descuidados, que la Escritura en el Nuevo Testamento también dice algo semejante: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:7-8).

Oseas 9: Efraín sin fruto

Hoy día tenemos otro catálogo de las maldades de la nación desviada de las sendas de Jehová. Pero leyendo el capítulo algunas cosas de instrucción me llegaron a la mente que quiero compartir con ustedes.
“No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Efraín a Egipto y a Asiria, donde comerán vianda inmunda”. Este versículo profetizó el día del cautiverio que pronto iba a suceder a las tribus bajo el nombre de “Efraín” aunque demoraba un poco más tiempo con Judá. Pero nos da oportunidad de reflexionar sobre tales como Daniel y sus amigos, los cuales no quisieron comer “vianda inmunda”. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (Daniel 1:8). ¿No vivimos nosotros en días de “vianda inmunda”? No hablo de lo que comemos de lo natural, pues las palabras de Dios a Pedro en Hechos 10 nos dan libertad de comer de todo. No estamos bajo la ley de Moisés y tampoco hay reglas de dieta para el cristiano. Pero este mundo está lleno de “vianda inmundo” y son cosas que no convienen al creyente. Como dijo el Señor Jesús en Juan 17:15-16, “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo”. El mundo trata de obligarnos de contaminarnos, pero muchas veces tenemos elección; podemos evitar la contaminación si queremos (aunque quizás con algún costo) como Daniel por la honra de Dios. ¿No vale la pena por la gloria del Señor Jesucristo, quien nos compró con Su preciosa sangre?
Bien elocuente son las palabras de Oseas en el verso 10, usando de nuevo semejanzas y comparaciones como vimos en la meditación anterior. “Como uvas en el desierto hallé a Israel; como la fruta temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres. Ellos acudieron a Baal-peor, se apartaron para vergüenza, y se hicieron abominables como aquello que amaron”. El desierto no sostiene casi nada de vida, especialmente el desierto de Sinai donde casi no llueve nada. Pero la semejanza que usa aquí indica como Israel, cuando caminaba en fidelidad a Jehová, era algo bien agradable a Dios, como uvas o higos en el desierto. Y así el cristiano, caminando fiel a Dios en este mundo rebelde y apartado de Dios, es un olor suave de Cristo a Dios. “Porque para Dios somos grato olor de Cristo” (2 Corintios 2:15). Si se acuerda, cuando acudieron a Baal-peor, fueron desviados de la senda de Jehová a través de las mujeres de Moab. Balak, rey de Moab, tenía miedo de Israel y llamó a Balaam para que maldijera a Israel. “Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo”. No fue exitoso este intento de maldecir a Israel, pues Jehová no lo permitió. Pero después, Balaam con astucia enseñó a Balak que la forma de traer el juicio sobre Israel era con algo más astuta y menos obvia. “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación” (Apocalipsis 2:14).
Me falta tiempo escribir más, pero espero que nos dé algo de ánimo las lecciones de Oseas, como la nación una vez agradable y dulce a Jehová, llegó a ser tan abominable. Claro que el cristiano, hijo de Dios inseparable y sin posibilidad de perderse, nunca llega a ser abominable a Dios. Pero sí lo podemos entristecer grandemente por un andar descuidado, y la astucia del diablo es bien notable en el día de hoy. ¡Quiera Dios que seamos nosotros como Daniel y sus amigos, que por amor a Dios no quisieron contaminarse con las viandas del rey de Babilonia!

Oseas 10: Es tiempo de buscar a Jehová; o, Israel y la esperanza de juicio

“Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo”. Aunque esta frase refiere a Israel, ¿no podemos ver cómo se aplica al ser humano en general? Israel, según nuestro capítulo, usaba la abundancia con que Jehová los había bendecido, para construir más altares a dioses ajenos. “Conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos”. No puedo pensar de este versículo sin pensar de mi nación natural, los Estados Unidos. Por la misericordia de Dios, esta nación ha tenido tantos beneficios naturales, así como Israel anciano. Prosperidad, abundancia de riqueza natural, y una población educada y capacitada en muchísimas cosas, pero al fin de todo, ha llegado a ser nada más que “fruto para sí mismo”, y multiplicación de sus ídolos, sea la inmoralidad o el mismo ídolo de la riqueza. Recién nuestro presidente declaró que estaba a favor de matrimonios entre personas del mismo sexo, o sea, la bendición de la autoridad más alta en la nación sobre algo que Dios ha llamado “abominable”. ¿Qué más puede esperar una nación que así burla a Dios y Su autoridad, menos el juicio?
Oseas sigue con su uso de semejanzas para darnos una ilustración de suma claridad. “De Samaria fue cortado su rey como espuma sobre la superficie de las aguas”. ¿Por cuánto tiempo permanece la espuma sobre el agua? Son burbujas que aparecen y pronto desaparecen. Así es este mundo, como dijo el Señor Jesús a la mujer samaritana: “Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed” (Juan 4:13).
“Desde los días de Gabaa has pecado, oh Israel; allí estuvieron; no los tomó la batalla en Gabaa contra los inicuos”. Este versículo quizás nos enseña la importancia de conocer la historia, o sea, la lectura de los libros del antiguo testamento es importante para el cristiano en el día de hoy. La batalla en Gabaa se encuentra en Jueces 20, donde Israel trataba de juzgar una de las tribus de Israel por un pecado muy grave, pero fueron derrotados pues el pecado estaba en sus propios corazones y antes de poder juzgar a Benjamín, tenían que juzgar a ellos mismos. Hay algo de suma importancia en leer y considerar esta porción en el día de hoy. Si en la asamblea nos sentimos con poco poder moral para enfrentar la maldad creciente, vale la pena primeramente juzgar a nuestros propios corazones y el pecado que quizás está brotando allí, pues de otro modo ¿cómo vamos a juzgar a nuestros hermanos o nuestros jóvenes?
Sigue otra semejanza; “Habéis arado impiedad, y segasteis iniquidad; comeréis fruto de mentira, porque confiaste en tu camino y en la multitud de tus valientes”. No puedo pensar de un versículo que mejor describe a la nación de Israel en el día de hoy. Están confiando en sus valientes, el ejército potente de la nación, pero caminan lejos de Dios. No va a ser exitoso, igual como no lo fue en el tiempo de Oseas o un poco después. Ellos nunca habían juzgado la maldad de Jeroboam, el primer rey de la nación dividida, los becerros de oro en Betel y Dan. “Así exterminó Jehú a Baal de Israel. Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan” (2 Reyes 10:28-29). Así Oseas advierte que viene el juicio sobre este pecado muy antiguo. “Así hará a vosotros Bet-el, por causa de vuestra gran maldad; a la mañana será del todo cortado el rey de Israel”.
Pero en todo esto, veo una luz de esperanza para el individuo en aquel día, tanto por nosotros en el día de hoy. “Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia”. Oseas sabía y profetizaba de la venida de juicio, del cautiverio de la nación del norte (Samaria o Efraín) antes que la nación del sur (Judá), pero en este versículo reconoce el futuro de Israel cuando Jehová “venga y os enseñe justicia”. Así enseñamos a nuestros pequeños aprender el versículo de niños: “Es el tiempo de buscar a Jehová”, pues siempre es cierto tanto en el día de hoy como en el día de Oseas. La venida de Jehová para ensenarles justicia es la venida del Señor Jesucristo para reinar sobre este mundo, y nosotros la Iglesia reinaremos con Él.

Oseas 11: Jehová habla en tierno amor

Después de varios capítulos de este libro, capítulos algo deprimentes, llegamos a un capítulo lleno de las expresiones de amor que provienen del corazón de Dios. Espero que cada uno de ustedes toman el tiempo de leer el capítulo cuidadosamente y meditar sobre sus expresiones tan bellas. “Cuando Israel era muchacho, Yo lo amé, y de Egipto llamé a Mi hijo”. Jehová en este capítulo está hablando en la primera persona, y aunque el autor del libro sea el profeta Oseas, es muy conmovedor al corazón escuchar a Jehová hablando en estos términos tan profundos y dulces. No es por accidente que el verso uno de este capítulo es citado en Mateo 2:14-15, hablando del hijo llamado de Egipto y refiriendo al mismo Señor Jesucristo como un niño protegido de la ira de Herodes por la nación de Egipto. “Y él, despertando, tomó de noche al niño y a Su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a Mi Hijo”. Va a haber bendición para la nación de Egipto en el día milenial a causa de la protección así rendida al Hijo de Dios.
Pero volviendo al tema de este capítulo, Jehová está hablando con el fin de volver los pensamientos de Israel al principio, cuando fueron conducidos por la mano, sacados de esclavitud en Egipto. “Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que Yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor”. ¿No es cierto que así Dios haya tratado a cada uno de nosotros que conocemos al Señor Jesús como Salvador? Nos ha conducido así como niños aunque éramos ignorantes de los brazos de amor que nos cuidaban y las cuerdas de amor que nos protegían de quien sabe cuántos peligros. Pero viendo atrás, ¿no podemos ver cómo nos cuidaba? Hebreos 1:14 nos enseña que los mismos ángeles protegían a nosotros antes que conocíamos a Cristo como Salvador. “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación”? El hermano Clemente Buchanan nos contó de un Peruano que tenía el trabajo de ser piloto para conducir a los barcos grandes así adentro del puerto de Callao en Lima. Un día llegó un tsunami al puerto y él se encontró en su lancha enfrentando una ola gigantesca. Se sentía como algo estaba ayudando a su lancha con su motorcito subir hacia la cúspide de la ola y sobrepasar. Y después, otra ola grandote, y otra vez subió y sobrepasó la cúspide sin ser tocado. Cuando dio vuelta a retornar, vio una destrucción total en el puerto, con los barcos grandes levantados y echados sobre edificios en el centro de Lima. Muchos años después, recordando este evento, meditó sobre la mano de Dios por un ángel cuidándole para que después pudiera conocer al Señor Jesús como su Salvador.
Pero Israel respondía a Jehová como un niño que no aprecia para nada el amor de su padre. “Entre tanto, Mi pueblo está adherido a la rebelión contra Mí; aunque Me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente Me quiere enaltecer”. El título de Dios: “Altísimo”, habla de un día futuro cuando Dios va a tratar con la nación bajo circunstancias terribles en la gran tribulación. Salmo 91 nos da una idea de sus circunstancias. “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”. Pero la ironía de nuestro versículo en Oseas es que conociendo que la rebelión contra tal persona era inútil, rebelaron de todos modos. ¿Cómo se puede escapar del poder del “Altísimo” y “Omnipotente”?
Pero después de pronunciar estas palabras de triste ironía Jehová vuelve a pronunciar lo que procede directamente de Su corazón. “¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré Yo, Israel? ¿Cómo podré Yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de Mí, se inflama toda Mi compasión. No ejecutaré el ardor de Mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti”. Adma y Zeboim habla de los príncipes [o ciudades; véase Génesis 14:2,8] de Sodoma y Gomorra que fueron destruidos con fuego en el día de Abraham y Lot (Génesis 19). Jehová reflexiona sobre la maldad que trajo sobre estos príncipes la ira, e Israel merecía lo mismo, habiendo pecado igual y peor, con todo conocimiento del “Altísimo”. Pero Dios los amaba y los ama, y no les va a destruir en total. ¡Nosotros tenemos el privilegio de conocer el mismo Dios!

Oseas 12: La importancia de la historia

Nuestro capítulo empieza con una denunciación de Israel, el profeta Oseas usando de nuevo sus términos tan distintos. “Efraín se apacienta de viento, y sigue al solano; mentira y destrucción aumenta continuamente; porque hicieron pacto con los asirios, y el aceite se lleva a Egipto”. Estando con grandes problemas, la nación en vez de volver a Jehová en arrepentimiento, buscó los remedios y ayuda que los paganos podían ofrecer. Pero el profeta les hace volver en sus pensamientos a su historia, la de su padre Jacob. “En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros”. Estos breves versículos cubren muchos años de la vida de Jacob, desde sus hechos durante su nacimiento con su hermano mellizo hasta su pelea con el ángel durante la noche cuando esperaba con miedo ver de nuevo a su hermano, a quien había engañado hacia tantos años.
¿Se acuerda usted de la pelea de Jacob con el ángel? Esta historia se lee en el capítulo 32 de Génesis, y está llena de interés e instrucción por nosotros. Citaré una breve porción del capítulo; “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba ... Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”. Su nombre “Jacob” quería decir “engañador”, un nombre poco adulatorio, y Jacob tuvo que decirlo en voz alta cuando el ángel le preguntó. Me parece que era para que Jacob se diera cuenta de su vida hasta ese momento, lleno de engaño y realmente una vida bastante miserable, a pesar de las riquezas que había aumentado. Pero su nombre de aquel momento era cambiado al nombre “Israel” que quiere decir “un príncipe con Dios”. ¿Qué es un príncipe? ¡Es el hijo del rey!
¿Qué, pues, tenía que ver la historia de Jacob con la nación actual en el tiempo de Oseas? Pues, igual como Jacob se había apoderado a través de sus manipulaciones e inteligencia humana, así estaba haciendo la nación de nuevo. Pero la bendición que trae consigo la felicidad no requiere esfuerzo humano, sino la pura gracia de Dios. ¿Merecía Jacob ser “hijo del rey”? No, para nada. Eso venía solamente del corazón de Dios, lo que Jehová había prometido en la noche cuando Jacob en Bet-el dormía con piedras por su almohada.
Y junto con las manipulaciones de Israel actual, también había la soberbia. “Mercader que tiene en su mano peso falso, amador de opresión. Efraín dijo: Ciertamente he enriquecido, he hallado riquezas para mí; nadie hallará iniquidad en mí, ni pecado en todos mis trabajos”. Quizás fue esta vista de los judíos que al principio inició el odio de Hitler, el líder alemán que tanto perseguía y mataba millones de judíos durante el siglo pasado. Pero hay que tener en cuenta que Hitler fue derrotado y su nación casi aniquilada por haber levantado la mano contra el viejo pueblo de Dios. No, el hombre no va a ser el que corrige a Israel. “Efraín ha provocado a Dios con amarguras; por tanto, hará recaer sobre él la sangre que ha derramado, y su Señor le pagará su oprobio”.
Una cosita más, antes que terminar. El profeta también les hacía recordar de la historia humilde de Jacob. “Pero Jacob huyó a tierra de Aram, Israel sirvió para adquirir mujer, y por adquirir mujer fue pastor”. La soberbia y orgullo nunca convienen al creyente en Cristo. Sea como sea nuestro estado económico o social en este mundo, que recordemos el humilde Señor Jesús, que trabajó aquí como carpintero, un trabajo mal pagado y duro. “Soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).

Oseas 13: Ídolos "según su entendimiento"

Este capítulo 13 de Oseas tiene varias cosas que me impresionan. El título de nuestro estudio es “ídolos según su entendimiento” y este dicho en el verso 2 de nuestro capítulo nos enseña lo ridículo de la idolatría. Su falta de sabiduría sigue revelada en el fin del mismo verso: “Los cuales dicen a los hombres que sacrifican, que besen los becerros”. ¿Un beso para un ídolo? ¿La expresión de amor, o por lo menos de querer, se da a una imagen? ¿Cómo puede ser que el hombre sea tan tonto en sus hechos? El Salmo 115 describe la situación en palabras sencillas pero profundas y vale la pena citarlas aquí.
“Por qué han de decir las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios? Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; Orejas tienen, mas no oyen; Tienen narices, mas no huelen; Manos tienen, mas no palpan; Tienen pies, mas no andan; No hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. Oh Israel, confía en Jehová; Él es tu ayuda y tu escudo”.
Pero, antes de condenar con mucha fuerza a los hijos de Israel, quizás vale la pena considerar si no hemos sido contagiados con el mismo espíritu de idolatría, aunque en una forma más sutil y respetada. Se decía después del terremoto y tsunami en Japón que los japoneses principalmente no eran religiosos; su religión era el dinero, la educación, la prosperidad. Su prosperidad se borró en media hora, a través de algo que para nada podían controlar. ¿Qué, entonces, es su ídolo o el ídolo mío, mi amado lector? Probablemente no es una imagen, pero puede ser tan engañoso y tan dañino que los ídolos de Israel.
“Mas Yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de Mí, ni otro salvador sino a Mí. Yo te conocí en el desierto, en tierra seca”. Estas palabras, dichas por Oseas pero procediendo del corazón de Dios hacia la nación de Israel, hablan de la tontería de confiar en ídolos, pues, al fin de todo, no conocerán otro dios ni otro salvador, menos Jehová. Pero antes de conocerle como salvador, iban a tener que sufrirle como si fuera su enemigo, como león, leopardo o una osa. “Yo seré para ellos como león; como un leopardo en el camino los acecharé. Como osa que ha perdido los hijos los encontraré”.
En el verso 10, Jehová les hace recordar dónde escogieron alguien menos Jehová para ser su guía. “¿Dónde está tu rey, para que te guarde con todas tus ciudades; y tus jueces, de los cuales dijiste: Dame rey y príncipes?” (verso 11). “Te di rey en Mi furor, y te lo quité en Mi ira”. Indudablemente esto habla de Saúl, el rey seleccionado por el pueblo. En cambio, David (y su antitipo, Jesucristo) era el que Dios había escogido.
Quizás otro alguien me puede ayudar con el verso 14: “De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, Yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de Mi vista”. El versículo que se nos ocurre como explicación sale muy diferente en los escritos del apóstol Pablo. El versículo y el capítulo habla claramente del triunfo de resurrección sobre el poder del diablo, el poder que aprovecha el miedo que el hombre naturalmente tiene de la muerte. “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Corintios 15:55-56). Quizás, aunque no fue entendido en aquel entonces, es el futuro de Israel, resucitado de los muertos como una nación, igual como tenemos en Ezequiel 37:4-5: “Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, Yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”.
Por favor, si alguien tiene pensamiento sobre la diferencia en este versículo en Oseas 13:14 y lo citado en 1 Corintios 15:55, me gustaría escuchar. Escríbame por favor.
Respuesta recibida del hermano Stan Froese sobre el capítulo 13 de Oseas:
Los versículos de Oseas muestran la promesa de Dios para bendecir a Israel junto con su rechazo enfático declarado de arrepentirse o cambiar su mente acerca de ella (la nación). Es la redención de la muerte que hubiera sido el resultado esperado de su necedad y contra su propia ayuda. Es la gracia de Dios en el Antiguo Testamento hacia un pueblo rebelde.
En 1 Corintios 15 las palabras son similares, pero en relación con los creyentes en esta dispensación deseando resurrección que roba la muerte de su aguijón. Miramos hacia atrás a una consumada y concluida obra y la verdad de la resurrección plenamente enseñada, para que podamos estar seguros de nuestra meta eterna aunque nosotros también tenemos fallas en nuestras vidas, porque de nuestra necedad.
Romanos 4:16 nos enseña lo mismo: “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley (Oseas 13:14), sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (1 Corintios 15:55)”. Dios ha diseñado Su salvación a ser algo seguro. Se estableció en el principio de Su gracia, a través de la obra de nuestro Señor Jesucristo. Cualquier otro principio tendría alguna debilidad involucrada que introduciría dudas legítimas sobre nuestro destino eterno.

Oseas 14: Israel restaurado en justicia y gracia

¡Cuanto ánimo me da este capítulo! Empieza con las palabras de Oseas, basadas en la relación de comunión entre el profeta y Jehová su Dios. “Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y Te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios”. Oseas, quien no hubiera podido saber que Jesucristo iba a ser la ofrenda perfecta para purgación de la iniquidad, aun así sabía que Jehová iba a poder quitar su iniquidad. ¡Cuánto más nosotros, cuando hemos pecado contra nuestro Señor, sabemos que hay camino de retorno! Hace unos años me dijo alguien que había apartado bastante lejos del Señor, “tengo miedo de que el Señor no me va a aceptar, tanto que he pecado contra Él”. El enemigo de nuestras almas, después de habernos tentado y desviado, siempre nos dice cosas semejantes, pues no es para nada “consolador”, sino enemigo. Pero el profeta Oseas les enseña a Israel, y por ser la palabra de Dios y el mismo Dios que conocemos, también enseña a nosotros, que hay camino de arrepentimiento y vuelto al Señor.
Oseas sigue con palabras de ánimo buscando el arrepentimiento de la nación de haber confiado en el extranjero en vez de en Jehová. “No nos librará el asirio; no montaremos en caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros”. La referencia a los caballos probablemente refiere a Egipto, conocido por sus caballos de guerra. Hoy en día puede ser que mejor dirían “No nos librará los Estados Unidos, ni tampoco las naciones de Europa ... ”. Este día ha de venir pues todavía están confiando en el brazo militar secular, y no en Jehová su Dios y menos en Jesucristo, el Hijo de Dios. Pero qué bueno es ver como Oseas profetiza del futuro, seguro en el día de hoy como era hace tantos años, aunque falta todavía su cumplimiento. Aún les queda otro vuelto a la idolatría, más fea y horrible, cuando según los libros de profecía van a rendir culto a la bestia y al falso profeta. “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:3-4).
Oseas ha estado hablando hasta el verso 3 de nuestro capítulo, aconsejando a sus hermanos Israelitas (claro que inspirado por el Espíritu Santo) para que vuelvan a Jehová. Pero en el verso 4 cambia de persona y el mismo Jehová les habla a través de la escritura del profeta. “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque Mi ira se apartó de ellos. Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano. Volverán y se sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid; su olor será como de vino del Líbano”. ¡Que hermosas palabras! “Los amaré de pura gracia”. Me hace pensar de Romanos 3:24: “Siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.
El verso 8 varía bastante según la traducción, y se dice que era difícil traducir el libro de Oseas por sus muchos cambios de persona, pero creo que así se entiende el versículo: “Efraín dirá: ¿Qué más tendré ya con los ídolos”? Jehová hablando: “Yo lo oiré, y miraré”; Efraín hablando: “yo seré a Él como la haya verde”; Jehová hablando: “de Mí será hallado tu fruto”. (Estoy dispuesto de oír otra explicación si alguien tiene otro pensamiento). ¡Qué hermoso pensar del día cuando Efraín (Israel en total, pero aquí usa Efraín para distinguir la nación al norte que era distinguido por su idolatría continua de los becerros en Betel y Dan) iba a decir: ¿Qué más tendré ya con los ídolos? Y nosotros, ¿no anhelamos el día cuando la carne será eliminada por total, para que nunca más deshonremos al Señor que nos compró con Su preciosa sangre? Algunos creen que esto puede ser aquí en el mundo, pero no, no será hasta que tengamos nuestros “cuerpos de gloria”.
El libro termina con estas palabras tan sabias: “¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos”. Es tan cierto hoy que en el tiempo de Oseas e Israel. Los caminos del Señor son rectos, para la bendición del hombre y para su felicidad. El hombre cree que caminando en pecado, según su propia voluntad, va a encontrar la felicidad. Los gobiernos del mundo, cada vez más listos para poner su marca de bendición sobre el pecado en su práctica, están sembrando su propia destrucción. Que el Señor nos guarde, mis amados amigos, de adoptar aun en nuestras mentes los principios del mundo que varían según cada época.