Meditaciones sobre Sofonías
Phil Fournier
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Sofonías 1: Viene el juicio
El libro de Sofonías es un libro poco conocido. Sabemos un poco más sobre Sofonías que sobre el profeta Habacuc. Su genealogía está en el verso 1: “Palabra de Jehová que vino a Sofonías hijo de Cusi, hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezequías, en días de Josías hijo de Amón, rey de Judá”. Ezequías era el rey que había sido bastante fiel a Jehová, mas su hijo Manasés era el rey más corrupto que Judá había sufrido. Así Sofonías era de sangre noble, de la casa de David, pero sus padres y abuelos no necesariamente eran hombres de fe.
Sofonías vivía en la época de Josías, el último rey fiel de Judá. Leemos acerca del carácter de Josías, rey que empezó a reinar a los ocho años, en 2 Reyes 22-23. Es una historia de suma interés, y recomiendo su lectura. Fue en esta época que el sacerdote encontró el libro de la ley de Moisés, que increíblemente había sido perdido. Aunque parece ser imposible que la nación de Israel hubiera perdido la palabra de Dios, hay que tener en cuenta que el rey sumamente corrupto, Manasés, había reinado por 55 años, y aparentemente durante este tiempo de idolatría terrible habían perdido la ley de Jehová. Pero cuando el sacerdote Hilcías encontró el libro de la ley, se lo mostró al rey Josías, quien lo leyó de inmediato. Se dio cuenta de cuán lejos habían estado de obedecerlo, y envió a la profetisa Hulda quien le contestó así: “Ha dicho Jehová el Dios de Israel: Decid al varón que os envió a mí: Así dijo Jehová: He aquí Yo traigo sobre este lugar, y sobre los que en él moran, todo el mal de que habla este libro que ha leído el rey de Judá por cuanto Me dejaron a Mí, y quemaron incienso a dioses ajenos, provocándome a ira con toda la obra de sus manos; Mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se apagará ... Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová, cuando oíste lo que Yo he pronunciado contra este lugar y contra sus moradores, que vendrán a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en Mi presencia, también Yo te he oído, dice Jehová”. Así Jehová prometió a Josías que a pesar del juicio que iba a venir, Jehová iba a dejarle a Josías morir en paz.
Volviendo a nuestro capítulo de Sofonías 1, vemos que el profeta sabía del juicio venidero, aunque el rey caminaba fielmente sirviendo a Dios y purgando la idolatría de muchos años. Pero parece que entre el pueblo todavía quedaba mucho del efecto de los 55 años terribles. Vemos en este capítulo la mezcla que había en sus corazones, y el resultado era una vergonzosa superstición en vez de la sobria adoración de Jehová. “Extenderé Mi mano sobre Judá, y sobre todos los habitantes de Jerusalén, y exterminaré de este lugar los restos de Baal ... y a los que se postran jurando por Jehová y jurando por Milcom”. ¿Cómo es que juraron por Jehová pero también por un ídolo, Milcom? Bueno, en su superstición, habiendo perdido el sentido y el temor del único Dios verdadero, comenzaron a cubrir todas las posibilidades, jurando por ambos. Y además dijo Jehová: “Asimismo castigaré en aquel día a todos los que saltan la puerta”. El saltar aquí se refiere a una creencia de que los dioses moraban en las entradas de las casas, y para no ofenderlos, saltaban o brincaban sobre la grieta en la entrada. No creo que sea tan diferente de los que hoy en día llevan en su bolsa la pata de un conejo, pensando que les va a traer buena suerte.
Pero quizás lo peor de su estado degradado se nota en el verso 12: “Acontecerá en aquel tiempo que Yo escudriñaré a Jerusalén con linterna, y castigaré a los hombres que reposan tranquilos como el vino asentado, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni hará mal”. En otras palabras, pensaron que Jehová realmente no se interesaba por la nación de Israel, Su pueblo escogido. Según su pensamiento, ni iba a bendecir ni iba a maldecir. Podemos decir que habían llegado a ser como ateos o, por lo menos, como agnósticos. Decían, en tantas palabras, que si había un Dios llamado Jehová, no se interesaba en absoluto por ellos.
Menciono todo esto como advertencia a nosotros, los que profesamos ser creyentes en el Señor Jesucristo. ¿Es posible que nosotros lleguemos a tales extremos de incredulidad? Aunque no es posible que perdamos nuestra salvación, sí es posible que por caminar en desobediencia sin arrepentimiento llegamos a tal punto de incredulidad. Hay que recordar las palabras de Dios dichas por el profeta Habacuc: “El justo por su fe vivirá”. ¡Ayúdanos, oh nuestro Dios, a nunca abandonar la senda de la fe!
Sofonías 2 y 3: Viene la bendición después del juicio
Hemos visto como el profeta Habacuc entabló un diálogo con Jehová acerca de la desobediencia de Israel y la nación de los Caldeos que venía para castigarles. Habacuc entonces declaró su confianza en Jehová, aunque toda la tierra fuera desolada. Habacuc no habla de la gloria venidera; solamente dice que confiará en Jehová para el futuro. Pero Sofonías va más allá que Habacuc y, reconociendo el juicio que tiene que tocar a Israel, a Judá y a las demás naciones que han sido usadas como la vara de justicia contra el pueblo de Dios rebelde y desobediente, anticipa también la gloria postrera. Y entre tanto, tal como Habacuc dice que “el justo por su fe vivirá”, Sofonías reconoce la senda de fe durante el tiempo de juicio. “Antes que tenga efecto el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira de Jehová venga sobre vosotros. Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová”.
La palabra “quizás” es preocupante. Pero en nuestro día, el día de la gracia, no existe esta palabra cuando hablamos de la salvación. La Palabra dice: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). El evangelio que se predica hoy en día al pecador perdido no deja la posibilidad de duda. Hay que notar que Sofonías hablaba a “todos los humildes de la tierra”, introduciendo el mismo concepto —al igual que muchos de los profetas menores— de que los caminos de Dios iban mucho más allá de la nación de Israel.
El capítulo 2 de Sofonías, en adelante de los versos 2 y 3 que hemos citado, habla del juicio que iba a caer sobre los Filisteos, Moab, Amón, Etiopía y los Asirios, habitantes de Nínive. Habacuc temía que Jehová iba a usar naciones peores que Israel en su idolatría para castigar a Israel, y eso fue cierto. Pero Dios es justo, y las naciones también van a ser juzgadas por su maldad. Pero el fin de Dios nunca es el juicio; el juicio solo sirve para limpiar la tierra, dando lugar para la bendición de Dios sobre los que son de fe de cualquier nación. La profecía de Sofonías en el fin del capítulo 3 revela, no solo el futuro bendito de Israel, sino también el gozo de Jehová de derramar sobre ellos todo el amor de Su corazón.
Primero, en el capítulo 3, Sofonías expresa la verdad de que no había nada en Israel que merecía la bendición de Jehová. “¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora! No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios. Sus príncipes en medio de ella son leones rugientes; sus jueces, lobos nocturnos que no dejan hueso para la mañana. Sus profetas son livianos, hombres prevaricadores; sus sacerdotes contaminaron el santuario, falsearon la ley. Jehová en medio de ella es justo, no hará iniquidad; de mañana sacará a luz su juicio, nunca faltará; pero el perverso no conoce la vergüenza”. Después de escuchar tales noticias, pensamos que no puede haber otra cosa menos un juicio total. Pero llegando al verso 14, leemos algo que hubiera sido inesperado, si no fuera por el conocimiento de nuestro Dios.
“Canta, oh hija de Sion; da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén. Jehová ha apartado tus juicios, ha echado fuera tus enemigos; Jehová es Rey de Israel en medio de ti; nunca más verás el mal. En aquel tiempo se dirá a Jerusalén: No temas; Sion, no se debiliten tus manos. Jehová está en medio de ti, poderoso, Él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos”.
¿No podemos imaginar el gozo del profeta Sofonías en este momento? Habacuc gozaba en Jehová, no viendo nada de la bendición futura, pero confiado. “Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”. Pero Sofonías ha recibido de Jehová la visión del futuro y es un futuro de grande alegría. Habacuc conoce al “Dios de mi salvación”. Sofonías dice: “Él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos”. ¿Compartimos nosotros en el gozo de Dios sobre la bendición futura de Israel? He dicho antes como la doctrina errónea de muchos en la cristiandad es que la iglesia reemplaza a Israel en los planes de Dios. Esta doctrina es de mucha pérdida al cristiano. ¡No todo en los planes de Dios tiene que ver con nuestra bendición; pero todo sí tiene que ver con la gloria de Cristo! ¡Debemos alegrarnos de que Cristo Jesús ha de ser glorificado ante la nación que lo crucificó!