Número 37

Table of Contents

1. Carta del editor - Número 37 - Junio de 2025
2. Esposo de la Iglesia
3. Dispensaciones y pactos
4. Apologética
5. La mies es mucha: Kenia

Carta del editor - Número 37 - Junio de 2025

D.E. Rule
Amados hermanos y hermanas en Cristo:
Estamos viviendo en un mundo cada vez más caótico. Y en medio de la corrupción, el terrorismo, la guerra, los climas extremos y muchas otras cosas más, qué bueno es tener nuestro futuro eterno asegurado por la esperanza segura que tenemos en el Señor Jesucristo.
Se estima que en el mundo hoy en día hay al menos mil millones de personas que nunca han escuchado el nombre del Señor Jesucristo y más de tres mil millones que nunca han oído el evangelio. Tenemos el privilegio y la responsabilidad de mostrar la luz del evangelio hasta donde nos alcance: “Si fueres flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida. Libra a los que son llevados a la muerte; Salva a los que están en peligro de muerte. Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, Y dará al hombre según sus obras” (Proverbios 24:10-12).
Es preciosa la relación que tenemos con el Señor Jesucristo. Él es nuestro Señor y Salvador pero también formamos parte del cuerpo que va a ser su esposa. ¡No hay relación más cercana! Es importante reconocer nuestra posición, así como que reconozcamos en la Palabra de Dios lo que no nos corresponde, aunque lo leemos para nuestro provecho.
Israel está en situaciones graves en este momento entre Gaza e Irán. En su mayoría están en la tierra prometida en incredulidad. Pero para muchos hay una gran esperanza. “Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel. Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo” (Hebreos 8:8-10). Es importante reconocer que el nuevo pacto es con Israel, no con los gentiles ni la iglesia. En este número exploramos esto con más detalle.
Su hermano por gracia,

Esposo de la Iglesia

D.E. Rule
“Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando” (Lucas 12:37).
Los creyentes que estuvieron cara a cara con el Señor Jesucristo cuando vino la primera vez y nació como hombre, siempre manteniendo su deidad, tuvieron el privilegio de ver a su futuro esposo antes de su muerte, resurrección, y ascensión al cielo: “Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente” (Mateo 9:15-17). Cuando inició la iglesia en el día de Pentecostés después de Su ascensión, estuvieron sin la presencia física del Señor, pero con el Espíritu Santo que moraba en sus cuerpos.
Nosotros no hemos tenido el privilegio de ver al Señor Jesucristo con nuestros ojos físicos, es tan solo por fe; pero tenemos el privilegio de estar aguardando Su regreso para llevarnos al cielo. La boda de las bodas va a ocurrir en el cielo cuando nosotros, los que conocemos al Señor Jesucristo, estaremos en el cielo durante el tiempo de la tribulación aquí en la tierra. Seremos llevados para encontrarnos con el Señor Jesucristo en el aire en el arrebatamiento e iremos con Él al cielo. Por fin dejaremos atrás para siempre nuestra vieja naturaleza, la carne. Entonces tendremos cuerpos transformados y ya no seremos susceptibles ni a la corrupción ni a la muerte. Luego compareceremos para la revisión individual de nuestras vidas ante el tribunal de Cristo, lo que tendrá lugar antes de que volvamos a la tierra con el Señor Jesucristo cuando Él vendrá para establecer su reino terrenal: “Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios. Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:9-10).
Tenemos el privilegio único y supremo concedido tan solo a la iglesia: Ser la esposa celestial del Señor Jesucristo, nuestro futuro esposo. Te imaginas que ni siquiera los santos más fieles del Antiguo Testamento tendrán un lugar tan cercano al Señor en la boda y por toda la eternidad: “El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido” (Juan 3:29). Ellos van a estar allí presentes pero como los amigos del esposo.
¿Qué preparaciones debemos estar haciendo en anticipación de esta unión celestial? “Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:4-8). No hay nada que hayamos hecho ni que podamos hacer por nosotros mismos para merecer esta posición tan sublime. Todo depende de la obra consumada y la sangre derramada del Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Estaremos allí por Su justicia, no por nuestras obras. A la vez, debido a la nueva vida que tenemos en Cristo, como leímos en los versículos anteriores, nuestras acciones justas van a formar el vestido de lino fino que tendremos para la boda. ¿Ha oído de una novia terrenal que no considere su vestido de novia en anticipación a su boda? Entonces debemos ser aún más conscientes para hacer lo que le agrada a nuestro futuro esposo con quien ya estamos comprometidos y así ir preparando nuestro vestido para la boda celestial.
Cuando regresemos con el Señor cuando Él venga para poner todo en orden y estar con su pueblo terrenal, no vamos a cambiarnos de ropa. Todavía estaremos con nuestros vestidos de lino fino: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:11-16). La única espada necesaria va a ser la boca completamente poderosa de nuestro Señor que será cual espada.
Mientras estemos con el Señor en el aire, antes de volver, empezará a formar su pueblo terrenal. La interpretación de Mateo 24 y 25 es profética. Nosotros volveremos con nuestro Esposo a la tierra. A la vez, podemos aprender una aplicación para hoy en día sobre la necesidad de estar verdaderamente listos con el Espíritu Santo que mora dentro del creyente, que en sentido figurado es el aceite. En el tiempo que se escribió estos versículos, después de hacer el compromiso el novio se iba a su tierra para preparar la casa. El Señor Jesucristo fue a la cruz del Calvario para preparar para todos los creyentes de cualquier época sus moradas en el cielo. Recordemos que en esa época no se podía mandar mensajes por celular, ni WhatsApp, ni correo electrónico; se pasaba la voz verbalmente: “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25:1-13). Qué importante es que nosotros estemos no solamente esperando la venida del Señor para arrebatarnos sino también velando: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando” (Lucas 12:37).
“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:12-13). “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27). Cuando volvamos con el Señor después de la boda celestial por fin Él va a presentarnos mostrando verdadera pureza.

Dispensaciones y pactos

D.E. Rule
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15, Reina-Valera 1909).
Algo sumamente importante para cada creyente es entender nuestra posición en Cristo en la dispensación de la gracia. Hoy en día hay mucha confusión y mezclan el cristianismo con el judaísmo. Hay muchos que enseñan que en la actualidad estamos bajo pactos. Permíteme compartir una ilustración que escuché hace muchos años, la cual me ha ayudado mucho para entender esa diferencia:
Vamos a imaginar que hay un hombre que se quedó viudo debido a la muerte de su esposa: él está con su corazón destrozado y además tiene hijos pequeños. Tiene que trabajar para cubrir las necesidades del hogar; así que contrata una empleada para que durante la semana vaya cada día y realice los quehaceres domésticos. Entonces, ella durante el día cuida a los hijos, prepara la comida y mantiene limpia la casa. Ciertamente, él tiene todo el derecho para establecer cuáles son los menús y señalar otras directrices en base al contrato (o pacto) que ha establecido con ella.
Los judíos en el Antiguo Testamento quedaron bajo la ley dada por medio de Moisés. Para nuestra ilustración vamos a imaginar que luego de un tiempo prudente el hombre se recupera emocionalmente lo suficiente como para abrir su corazón y poder casarse de nuevo. Él realmente admira a la empleada, pero sus pensamientos le han conducido a un amor sano hacia ella; así que le propone matrimonio y ella acepta. Finalmente se casan y van a su luna de miel.
Cuando regresen de la luna de miel: ¿Piensas que él debe seguir indicándole los menús de cada día? ¿Estaría bien que él establezca su horario para la limpieza de la casa? ¡Realmente no! La relación ha cambiado. Ella ya sabe lo que a él le gusta comer y lo preparará porque quiere agradarle, no porque tenga un contrato o pacto. Algo similar debería suceder con nosotros, pues somos la novia del Señor Jesucristo. Y vamos a estar unidos con Él cuando tenga lugar las bodas del Cordero en el cielo. Con esa expectativa, ahora debemos obrar en nuestras vidas conforme a Sus deseos, pero no como una imposición legal, sino más bien en respuesta a Su amor.
Cuando veamos este bosquejo de las dispensaciones y los pactos correspondientes en estas diferentes etapas, notaremos que no hay un pacto vigente para la dispensación de la gracia. Y aunque somos beneficiarios de ciertos aspectos del nuevo pacto, en verdad no estamos bajo ese pacto.
Otro asunto clave a entender es que hay pactos condicionales e incondicionales. El resultado de aquellos pactos condicionales ha dependido de las acciones de quienes estuvieron bajo tales pactos. Pero en el caso de los pactos incondicionales los va a cumplir Dios a pesar de la infidelidad de quienes estén sujetos a tales pactos.
Los siguientes versículos nos dan la clave para entender el Antiguo Testamento, el cual en gran parte tiene que ver con los hijos de Israel: Y aunque ellos tuvieron todas las ventajas exteriores e incluso templos magníficos, lastimosamente no hubo un cambio en su interior. Pues cuando se les confió algo sujeto a un pacto condicional tan solo fracasaron: “Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” (Isaías 5:1-4). Este es un pasaje clave del Antiguo Testamento.
En Efesios hallamos unos versículos que algunos han considerado que son la clave para entender toda la Escritura. El propósito de Dios al fin es reunir todo bajo su Hijo unigénito, el Señor Jesucristo, lo cual se va a cumplir a cabalidad a pesar de nuestras infidelidades: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo ... dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:3,9-10). Pasaje clave para toda la Biblia. Su Hijo Amado, que fue rechazado y crucificado, aquí por fin va a tener el lugar que Él merece sobre todo.
Examinamos con más detalle estos puntos.
Principios básicos: Nota la diferencia entre estar bajo la ley y bajo la gracia
Bajo la ley: “Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (Éxodo 21:23-25).
Bajo la Gracia: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:38-41).
Consideremos el contraste entre estos dos pasajes. Es total respecto a cómo uno se tiene que comportar ante circunstancias similares. Quienes no reconocen que se está aplicando a diferentes dispensaciones, no pueden justificar tales diferencias; es más, hay personas que yerran y utilizan eso para criticar y decir que la Biblia contiene errores.
Tres grupos: Los judíos, los gentiles, y la iglesia de Dios: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Corintios 10:32). Es fundamental aceptar que la Biblia reconoce estos tres grupos. Pues cuando un judío o un gentil se convierte al Señor Jesucristo, ya no se lo identifica como judío o gentil sino como parte de la iglesia: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27); es una relación mucho más íntima: “porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efesios 5:30), y entonces tiene lugar una vida transformada por el Espíritu Santo y la nueva naturaleza y no por el esfuerzo propio de la carne: “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:11). Por eso es útil meditar en pasajes como Hechos 15 que advierten respecto al peligro de querer mezclar las ordenanzas del Antiguo Testamento con la forma en cómo ahora se hacen las cosas por la gracia, cual lo tenemos en el Nuevo Testamento.
Los principios morales no cambian: No estamos bajo los diez mandamientos, pero sus principios no han cambiado: Los notamos de nuevo en el período de la iglesia, en la dispensación de la gracia; pero como respuesta del corazón de un creyente para agradar a su Señor y Salvador, mas no como ley. Lo que no observamos es que la iglesia guarde el sábado porque nuestro descanso es futuro. Además el día de reposo o sábado es una señal entre Dios y el pueblo de Israel: “Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros ... ” (Éxodo 31:12-14).
¿Qué son las dispensaciones y los pactos?
Dispensación: El término griego οἰκονομία (oikonomia) significa administración, mayordomía o gobierno de una casa o asuntos. Es la manera en cómo Dios trata con la humanidad durante un período determinado de la historia. Este es un pasaje clave para comprender toda la Biblia: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9-10).
Pacto: Una promesa, un acuerdo, como un contrato que Dios anuncia a su pueblo. Puede ser condicional o incondicional. Pero es muy importante ver a quién está dirigido: “Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:3-4). Aquí notamos que los pactos básicamente han sido dirigidos a los hijos de Israel que incluye a los judíos; pero no a la iglesia ni a los gentiles.
Las dispensaciones
Primera dispensación: Inocencia
Desde la creación de Adán y Eva hasta su caída en pecado. “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28).
En mi juventud le dije a un hermano sabio en las Escrituras que era una lástima que Adán y Eva hayan comido del fruto prohibido. Su respuesta sabia fue que ante las mismas circunstancias hubiera hecho lo mismo. Y me compartió una historia: Hace años, un joven hizo el mismo comentario a una pareja. Él se encontraba en la casa de ellos e iba a cuidarla mientras ellos iban a estar de viaje. El hermano no respondió directamente la inquietud del joven. Solo le dijo que tenía completa libertad para estar donde quiera en la casa y comer cualquier cosa que encontrase en la cocina. La única restricción era que en la mesa que se hallaba en medio del comedor había un tazón boca abajo que no debía levantarlo.
Adán y Eva no carecieron de frutas en el jardín de Edén, es más eran frutas perfectas. Pero la tentación para ellos era comer el fruto prohibido, así como la tentación para este joven era hacer lo único que se le había prohibido que haga en la casa. El muchacho pensó y consideró que podía levantar el tazón por un instante y bajarlo en seguida y que los dueños no lo iban a saber. Agobiado por la tentación lo hizo, pero para su sorpresa bajo el tazón estaba un ratón que salió corriendo. Por supuesto no logró capturarlo y así obtuvo la respuesta a su inquietud: Seguramente Adán y Eva no duraron mucho en el jardín sin caer en la tentación y fueron expulsados al obtener una conciencia.
Pacto Edénico: Empezó cuando a la humanidad en su inocencia Dios le dio la responsabilidad para que se multipliquen, pueblen y sojuzguen la tierra: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así” (Génesis 1:28-30).
Y terminó cuando desobedecieron al comer del fruto del árbol del conocimiento de bien y del mal: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).
Segunda dispensación: Conciencia (responsabilidad moral)
Desde la caída en pecado hasta el diluvió. “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales” (Génesis 3:7). Ya hay algo dentro de nosotros que puede señalarnos tanto el bien como el mal: se llama consciencia. Es como un policía, pero no es confiable como un guía, pues la guía debe ser la Palabra de Dios. Nuestras conciencias pueden llegar a ser cauterizadas cuando de forma deliberada y repetida se ignora sus señales de advertencia.
Pacto Adámico: Pacto que asegura que habrá enemistad, dolor, autoridad en el hogar y una maldición sobre la tierra: “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:14-19).
Es el pacto del sudor y las malas hierbas. Un agricultor o una madre que da a luz pueden sentir los efectos de este pacto hasta el día de hoy. Los dolores de parto y los desafíos con las siembras son resultado de la caída en el jardín del Edén.
Tercera dispensación: Gobierno humano
Dios le dio permiso al hombre para gobernar. Dios es quien da autoridad. No somos una colección de moléculas al azar. Aquí se incluyó la pena de muerte: “Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra” (Génesis 8:16-17). “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6). Los que enseñan que somos resultado de un “big bang” y la teoría de la evolución no tienen la base para explicar cómo una persona o un gobierno pueden tener autoridad sobre otra persona. Dios es quien da la autoridad para gobernar.
Desde el fin del diluvio hasta el llamado a Abraham.
Pacto con Noe: Cuatro cosas:
1.  No maldecirá la tierra de nuevo;
2.  No destruirá la tierra de nuevo con un diluvio (el arco iris por señal);
3.  El tiempo y las estaciones serán la norma;
4.  Se podrá comer carne pero no sangre.
Promesas incondicionales: “Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho. Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella. Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra. Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es el padre de Canaán. Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra. Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda” (Génesis 8:20-9:21). Cuando vemos un arco iris, debemos ser conscientes de aquellas promesas que no dependen de los seres humanos, pero que fueron dadas a Noé.
Cuarta dispensación: La promesa
Bendición a Abraham y sus descendientes como padre de la fe. Desde el llamado a Abraham hasta antes que fuese dada la ley a Moisés. “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3). Es fundamental entender que Dios dio la promesa antes que fuese establecida la ley, tan solo por la fe: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6). Desde Adán y Eva hasta el día de hoy, no hay nadie de los seres humanos que haya sido justificado ante Dios por sus hechos. El único perfecto ha sido y es el Señor Jesucristo. La base de la bendición siempre ha sido y es por medio de la fe.
Pacto Abrahámico: Un pacto incondicional de hacerle padre de naciones y en el futuro extender Israel hasta el río Éufrates: “Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Génesis 17:3-7).
“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3).
“Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera. Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada” (Génesis 13:13-16)
“Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar? ... En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates” (Génesis 15:1-8,18).
“Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo. Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron” (Génesis 18:1-8). Es en este sentido que somos descendientes de Abraham, al considerarlo como padre de la fe.
Quinta dispensación: La Ley
Desde que la ley fue dada hasta el día de Pentecostés.
Los hijos de Israel pidieron la ley y prometieron cumplirla, pero fracasaron totalmente. La ley es como un espejo: Nos muestra lo que somos, pero no nos limpia. Trata temas como el sacerdocio, la música, el sábado, etc. La ley y la gracia no se mezclan, cual el agua y el aceite. “Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: ... Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo” (Éxodo 19:3,7-8). Además, hay ciertos detalles específicos para lo cual sería conveniente leer Éxodo capítulos 20 al 31.
Pactos durante la quinta dispensación
Pacto Mosaico: Un pacto condicional que incluye los diez mandamientos y otras leyes. Puede producir convicción de pecado y fracaso, pero no salvación: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Éxodo 19:5).
“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:1-17)
Pacto Palestino: Promesas futuras para Israel: “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones; y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago” (Deuteronomio 7:9-10). “Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” (Deuteronomio 30:9-10).
Sin embargo, antes están las advertencias sobre la situación que iba a acontecer primero: “Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres. Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron. Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy” (Deuteronomio 30:1-8).
Israel en el futuro va a ocupar toda la tierra prometida a Abraham: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos” (Génesis 15:18-21). Se va a extender hasta el río Éufrates.
Pacto Davídico: Es un Pacto incondicional porque no depende de la obediencia o virtudes de David. Cristo es el heredero legal del trono de David. Pero pasa mediante su hijo Natán, no Salomón. Cristo va a reinar por 1000 años en su reino y después por toda la eternidad: “Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David. Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová?” (2 Samuel 7:5-19).
El linaje de José: “Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías ... y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo” (Mateo 1:6,16). El linaje de María: “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí ... hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán, hijo de David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón” (Lucas 3:23,31-32).
Pacto Salomónico: Incluyó la promesa de la construcción del primer templo. Es un pacto incondicional en su cumplimiento eterno pero condicional en relación a los descendientes de Salomón. Dios va a cumplir su promesa, pero sus descendientes no cumplieron. Nota lo que se le dijo a David: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David” (2 Samuel 2:12-17).
“Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca. Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas. Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni numerar” (1 Reyes 8:3-5)
“Terminó, pues, Salomón la casa de Jehová, y la casa del rey; y todo lo que Salomón se propuso hacer en la casa de Jehová, y en su propia casa, fue prosperado. Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre. Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis decretos, yo confirmaré el trono de tu reino, como pacté con David tu padre, diciendo: No te faltará varón que gobierne en Israel. Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis, yo os arrancaré de mi tierra que os he dado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la arrojaré de mi presencia, y la pondré por burla y escarnio de todos los pueblos. Y esta casa que es tan excelsa, será espanto a todo el que pasare, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? Y se responderá: Por cuanto dejaron a Jehová Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y han abrazado a dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron; por eso él ha traído todo este mal sobre ellos” (2 Crónicas 7:11-22)
“¿Es este hombre Conías una vasija despreciada y quebrada? ¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron arrojados él y su generación, y echados a tierra que no habían conocido? ¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá” (Jeremías 22:28-30).
Sexta dispensación: La gracia (el misterio)
Es la etapa cuando la novia de Cristo está en formación. Esto fue un misterio en el Antiguo Testamento, donde se habla acerca del Mesías (Cristo) y su relación con Israel; pero no sobre la iglesia, la esperanza celestial y otras verdades que apenas han sido reveladas en esta dispensación. Abarca desde el día de Pentecostés hasta el arrebatamiento; y vale señalar que no hay pactos condicionales o forzados para esta dispensación: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1).
Considera lo que escribió el apóstol Pablo: “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria” (Efesios 3:8-13).
La Iglesia: Somos un pueblo celestial: nuestra relación con Cristo es como su esposa futura y parte de su cuerpo. No se trata de una relación por un pacto; aunque sí compartimos algunas de las bendiciones del nuevo pacto: “De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20). “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí” (1 Corintios 11:25); pero “no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:5-6).
Ahora estamos cual misterio del reino del cielo, porque el Rey legitimo fue rechazado y está reinando desde el cielo sobre quienes reconocemos su autoridad.
Séptima dispensación: El Reino (el Milenio)
Es el reino de mil años de Cristo (Efesios 1:9-10; Apocalipsis 20:4).
El Nuevo Pacto: Es un pacto incondicional y futuro con la casa de Israel y la casa de Judá e implica que retornarán a la tierra prometida. Aunque la iglesia disfruta algunas de esas bendiciones el pacto no es con ella: “Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos. Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:22-27).
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová” (Jeremías 31:31-37).
Ahora consideremos este pasaje del Nuevo Testamento que ratifica lo mismo: “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Hebreos 8:6-12).
Cuán importante es entender dónde nos encontramos en las dispensaciones y no ponernos bajo pactos que fueron o que serán para Israel. La relación entre nosotros y el Señor Jesucristo es distinta en esta dispensación, la de la gracia, pues nuestra posición es como la novia y futura esposa del Señor Jesucristo.

Apologética

D.E. Rule
Preparados para dar una respuesta
En este mundo, hay muchos que están observando a los creyentes. Algunos que no abren la Palabra de Dios por sí mismos han dicho que somos la Biblia que ellos pueden leer. Y cuando tengan preguntas debemos estar preparados para contestar sus inquietudes: “ ... Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” (1 Pedro 3:14-16). Las preguntas pueden abrir la puerta para compartir las buenas nuevas de salvación. La instrucción de estos versículos es que estemos preparados para defender nuestra esperanza y fe. A veces a esto se le llama apologética que viene del griego apología (ἀπολογία), una palabra que significa “hablar en defensa”. En la Palabra de Dios vemos muchos ejemplos de creyentes hablando en defensa de su fe.
“Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros” (Hechos 22:1).
“Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo. Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás” (Hechos 25:10-12).
Un grupo al que tenemos que responder son los ateos, aquellos que niegan la existencia de Dios. Ellos procuran exponer que nosotros estamos desperdiciando nuestras vidas, bajo algún hechizo que ellos tienen que romper, y que nuestra fe no tiene fundamento.
“Contra los que me acusan, esta es mi defensa” (1 Corintios 9:3).
“Pues si de algo me he gloriado con él respecto de vosotros, no he sido avergonzado, sino que así como en todo os hemos hablado con verdad, también nuestro gloriarnos con Tito resultó verdad” (2 Corintios 7:14).
“Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros ... Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad” (Filipenses 1:3,14-15).
“En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta” (2 Timoteo 4:16).
Los ateos modernos dicen que tienen que estar activos para oponerse a la Biblia y a los cristianos. También están los posmodernos que dicen que no hay verdad absoluta.
Por otro lado, podemos tener plena claridad sobre la verdad y la realidad. Muchos pueden explicar cómo funcionan las cosas. Nosotros podemos explicar por qué existen las cosas. Los telescopios en la noche nos muestran lo maravilloso de las estrellas en el cielo; pero no explican quién las hizo y las ubicó en su sitio. La astronomía dice que las cosas físicas no son eternas sino que tuvieron un evento único al inicio. Pero nosotros sabemos que fueron creadas por el Señor Jesucristo, el Hijo eterno de Dios: No aparecieron de la nada en una gran explosión. Los científicos han podido medir la velocidad de luz, pero no crear luz de la nada. El universo muestra un diseño inteligente, no un caos. La ciencia es importante pero tiene sus limitaciones pues no puede contestar la pregunta: ¿Por qué estamos aquí? Sin embargo, toda esta evidencia ha sido usada para que muchos científicos se hayan convertido al Señor Jesucristo.
Es innegable que hay orden en el universo. Una evidencia de esto son las constantes que sirven como base para la ciencia. Ejemplos como: La luz de una fuente estacionaria se mueve a unos 300.000 km/segundo. La aceleración de la gravedad es de 9,807 m/s2. El agua es más densa a 1°C que a –1°C, lo que es clave para que los peces no mueran sobre el hielo que se forma cuando el agua se congela. Todos los protones, electrones y neutrones en el universo en todos los átomos tienen la misma carga y masa: evidencia que no fueron formados de una explosión descontrolada. Para defender nuestra fe podemos compartir estas evidencias de un diseñador inteligente. Y la Biblia nos indica Quien es.
Muchos hemos estudiado el método científico en las clases de ciencias. ¿Puedes preguntar si podemos comprobar la existencia de Dios o el universo usando este método? La respuesta es negativa. Lo que tiene que ver con la eternidad pasada, lo sobrenatural y lo divino no puede ser probado o negado por el método científico. A la vez, nadie puede probar o comprobar otra explicación sin crear un nuevo universo de la nada. Lo que nosotros tenemos es la evidencia de la Biblia, la Palabra de Dios, que recibimos por la fe mediante la obra del Espíritu Santo que mora en nosotros y que es consistente con lo que se observa en la naturaleza.
Lo que es eterno no tiene una causa. La Deidad es eterna. Lo que tiene un principio tiene una causa. Sabemos que Dios es la primera causa de la creación: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3).
“Jehová me poseía en el principio, Ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, Antes de la tierra. Antes de los abismos fui engendrada; Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas. Antes que los montes fuesen formados, Antes de los collados, ya había sido yo engendrada; No había aún hecho la tierra, ni los campos, Ni el principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; Cuando afirmaba los cielos arriba, Cuando afirmaba las fuentes del abismo; Cuando ponía al mar su estatuto, Para que las aguas no traspasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra, Con él estaba yo ordenándolo todo, Y era su delicia de día en día, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Me regocijo en la parte habitable de su tierra; Y mis delicias son con los hijos de los hombres” (Proverbios 8:22-31). Y si alguien nos pregunta: ¿Quién hizo a Dios? Pues respondemos que nadie ni nada porque es Eterno sin Principio.
Hay muchos que tratan de decir que tenemos bloqueadas nuestras mentes porque creemos en lo sobrenatural: en Dios. Pero la verdad es que hay muchas cosas que la ciencia no puede explicar. Para algunos la ciencia ha terminado siendo su dios, pero hay grandes vacíos en su capacidad para explicar muchas cosas. Nuestra respuesta debe ser una defensa sabia de nuestra fe y orando para que la luz del evangelio ilumine sus mentes y sus corazones. “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:3-6). Nuestra responsabilidad es compartir la verdad, pues la obra en los corazones para dar vida e iluminar es del Espíritu Santo.
Es importante que nuestra fe no sea ciega. Hay principios de razonamiento que podemos usar para inferir acerca de lo que podemos observar. Warner Wallace ha enumerado algunos de estos:
•  La Verdad debe ser razonable y tener la viabilidad para explicar.
•  La verdad debe ser directa y comparativamente sencilla para explicar.
•  La verdad debe tener suficiente profundidad de explicación del fenómeno.
•  La verdad debe ser superior a otras explicaciones.
•  Un ejemplo es que el universo muestra un diseño inteligente y la Biblia nos enseña en Juan 1:3, que citamos antes, que el Verbo es el diseñador.
Hay diferentes tipos de evidencia. Por ejemplo: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1 Corintios 15:3-8). Muchos de los que tuvieron fe observaron con sus propios ojos físicos al Señor Jesucristo en Su cuerpo resucitado. Para esto hay la evidencia directa.
Otro tipo de evidencia es indirecta. Por ejemplo:
1.  Las cosas que empiezan a existir tienen una causa.
2.  El universo empezó a existir.
3.  Entonces, el universo tiene una causa.
4.  Esa causa tiene que ser eterna y sin causa.
5.  La explicación más razonable para una primera causa es Dios: un Ser eterno que existe fuera del tiempo, espacio y razonamiento.
Todos somos llamados para ser apologéticos en nuestro ámbito.
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta” (2 Corintios 10:3-6).
“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 1:4).
“Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9).
“Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4).
“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:22-28).
“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24:44-45).
“Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás. ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular, Cuando alababan todas las estrellas del alba, Y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38:1-7).
A la vez tenemos que actuar con sabiduría: No hay tiempo para pelear batallas donde no hay una guerra.
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10-13).
“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:24-26).

La mies es mucha: Kenia

D.E. Rule
“Jesús ... dijo a Sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies” (Mateo 9:35,37-38).
Kenia es un país de África Oriental, subsahariana, con una de las mejores economías en esa región. Esto no quiere decir que no haya problemas significativos de pobreza. Kibera, ubicado en la capital de Nairobi, es el barrio más pobre del país y el más grande de África. Por otro lado, es un país importante que recibe turistas por sus parques con animales salvajes, y la producción de café, cacao, flores y otros productos agrícolas.
Su población es de más de 50 millones de habitantes de los cuales más del 20% se identifican como evangélicos y un 80% como “cristianos”. E incluye a más de 40 diferentes grupos de personas que en muchos casos hablan idiomas distintos. Hay Biblias en muchos de sus idiomas.
A pesar del alto nivel de profesión cristiana, hay varios desafíos. En verdad hay muchos líderes fieles al Señor Jesucristo, pero también hay líderes que están tratando que su congregación dé los diezmos. Sin embargo, los diezmos corresponden al tiempo de la dispensación de la ley; ahora tenemos otra instrucción: “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Corintios 16:1-2). También hay otros lideres que se identifican como “apóstoles”. ¡Pero para cumplir con los requisitos de apóstol deberían tener más de 2000 años!, como leemos en Hechos 1:21-22: “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”. Y en Efesios 2:20 leemos claramente que los apóstoles fueron establecidos al inicio de la iglesia: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. ¡Cuán importante es que todos sigamos la doctrina de los apóstoles y no doctrinas humanas!
Y hay otro desafío importante. Creyentes fieles al Señor han identificado que muchos jóvenes han rechazado las congregaciones, pero no a Jesucristo. Esto es debido a que la mezcla de la política con ciertos llamados “pastores” ha producido mucha confusión. Qué importante es que reconozcamos que nuestra ciudadanía principal está en los cielos, por lo que “Dios nos dio el ministerio de la reconciliación ... Así que, somos embajadores en nombre de Cristo ... Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:18,20). Y cuán importante es que los que lo entienden muestren el verdadero amor de Cristo.
En Nairobi hay un idioma usado principalmente entre los jóvenes que se llama SHENG: Es una combinación principalmente suajili e inglés. Actualmente se completó la traducción de la primera parte de la Biblia a este idioma, el Evangelio de Juan. Oremos “para que la palabra del Señor corra y sea glorificada” con estos jóvenes que tienen parte de Biblia en el idioma de su corazón.
También oremos para que aquella multitud de niños y niñas tengan la oportunidad de oír y creer las buenas nuevas de salvación mientras todavía tienen corazones tiernos.