En estos tiempos en los que nos ha tocado vivir, conociendo cómo se encuentra el mundo y la sociedad tan llenos de pecado por los placeres que se multiplican; destruyendo al hombre y trayendo desgracia a las familias, es muy importante tener la verdad y constituye un grave error el no poseer la verdad.
El cristiano tiene la verdad, porque Cristo es la verdad.
“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:1717For the law was given by Moses, but grace and truth came by Jesus Christ. (John 1:17)).
De Dios podemos decir que es la verdad, porque Él es verdadero; pero de Jesucristo decimos que es la verdad hecha carne.
La palabra de Dios es la revelación de Su mente, de Sus pensamientos, Sus propósitos y Sus Consejos. Por tanto las Escrituras son la verdad escrita y en el Señor Jesucristo tenemos la verdad hecha carne.
La Biblia es la Palabra de Dios, pero Jesucristo es el Dios de la Palabra.
El hombre que recibe la verdad de la Biblia en el poder del Espíritu Santo, llega indudablemente a entrar en contacto con Cristo, quien es la verdad.
Jesucristo no fue solamente un hombre sino que verdaderamente era Dios.
Pilato se encuentra en la presencia de Jesús, la verdad, y, cuando Él habla, le dio la espalda. ¿Cuántos hemos imitado esta actitud? ... Aún hoy en día hay hombres que menosprecian a Cristo. ¿Has oído Su voz? si no has oído Su voz no tienes la verdad contigo y debes poseerla prontamente.
Si no tienes la verdad, tu condición ante Dios es simplemente la de perdido, así como la oveja, así como la moneda, así como la del hijo pródigo.
¿Cómo reestablecernos de la condición de perdidos?
Pilato quiso salvar a Jesús, no encontró culpa en Él; pero Satanás sabe atacar el punto débil de nuestro corazón. No prevaleció su autoridad siendo gobernador del pueblo. “Si lo sueltas no eres amigo de César”, gritaba la muchedumbre. Como al traicionar al César se jugaba su cargo, y las cosas del mundo tuvieron más acogida antes que la verdad con Jesucristo. “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 11:18).
Muchos piensan que con la muerte se acaba todo; pero desconocen que siendo pasajeros en este mundo nuestro destino es eternamente en el Infierno con Satanás o eternamente en el cielo con Jesucristo; es decir hay una vida eterna. Importante es tomar una decisión y ser de la verdad. El que es de la verdad oye la voz de Jesucristo.