Tres jóvenes que tuvieron una caída

Table of Contents

1. Introducción
2. Eutichô
3. Ochôzías
4. Mefiboset
5. Siete razones por las que caemos

Introducción

Walla Walla, Washington – 23 de junio de 2007
Me gustaría hablar de tres jóvenes esta tarde; sus nombres son Eutichô, Ochôzías y Mefiboset. Estos tres jóvenes tenían algo en común: cada uno de ellos sufrió una grave caída. Dios ha registrado sus caídas en Su Palabra para que podamos aprender algo de ellas. Me gustaría mirar cada una de estas, con la ayuda del Señor, para obtener la instrucción practica que Él pretende para nosotros.
No es mi intención encontrar defectos en estos jóvenes, sino aprovechar de lo que Dios quiere para nosotros al registrar sus caídas en Su Palabra. Asumo esto tanto por mi alma como por las de ustedes, porque todos somos susceptibles a resbalar y caer. Acabamos de cantar: “Propenso a errar, Señor lo siento” (del himnario Hymns for the Little Flock, no 5). Espero que todos tengamos un profundo sentido del peligro que hay dentro de nuestros pechos, que somos propensos a alejarnos del Señor, y que nos apoyemos en Él para ser guardados. Si nos mantenemos cerca al Señor, no caeremos. “El amado de Jehová habitará confiado cerca de Él” (Deuteronomio 33:12). Pero tristemente, no siempre nos mantenemos cerca de Él. Como Pedro quién siguió al Señor “de lejos”, podemos alejarnos del Señor, y es ahí cuando nos metemos en problemas.
Frente a un pequeño templo en Rockford, Illinois, una mujer acusó al supuesto pastor de ese grupo de sostener la doctrina del retroceso. Él respondió: “Señora, nosotros no solo la sostenemos, ¡la practicamos!”. Saben, aquellos en ese pequeño grupo del templo no son los únicos que practican el retroceso. Los santos reunidos en el nombre del Señor, triste es decirlo, lo practican también. Hermanos, la verdad es que todos somos propensos a errar y caer. No es que podamos perder nuestra salvación, como esa mujer pensó que esos cristianos en Rockford estaban enseñando, pero podemos retroceder y tener una terrible caída espiritual en nuestras vidas. Lo digo de nuevo; el único lugar seguro para nosotros es cerca al Señor.
No tengo que decirles que tenemos un enemigo (el diablo) que quiere que caigamos. Él está haciendo todo lo que puede para conseguirlo. Me recuerda de un incidente que un empleado del hermano Whitaker presenció en Ucrania. En la granja familiar tenían gallinas, y un día escucharon un terrible alboroto y se asomaron para ver que había un zorro en el corral. El gallo estaba arriba en un árbol haciendo un ruido terrible y las gallinas no estaban a la vista. Se quedaron mirando para ver qué hacía el zorro porque no tenía ninguna posibilidad de sacar al gallo de la seguridad del árbol. Aquel astuto zorro rodeó el árbol y se dio cuenta de que el gallo vigilaba cada uno de sus pasos y no le quitaba el ojo de encima en ningún momento. Cada vez que daba una vuelta, el gallo también lo hacía. El zorro lo hizo un par de docenas de veces hasta que el gallo se mareó tanto que ¡perdió el equilibrio y cayó al suelo! Queridos amigos, eso es lo que el diablo está tratando de hacer en sus vidas.
(Adaptado)
B. Anstey
Publicado por:
CHRISTIAN TRUTH PUBLISHING

Eutichô

Vayamos en primer lugar a Hechos 20:7-12: “Y el día primero de la semana, juntos los discípulos á partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente: y alargó el discurso hasta la media noche. Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban juntos. Y un mancebo llamado Eutichô que estaba sentado en la ventana, tomado [vencido] de un sueño profundo, como Pablo disputaba largamente, postrado del sueño cayó del tercer piso abajo, y fué alzado muerto. Entonces descendió Pablo, y derribóse sobre él, y abrazándole, dijo: No os alborotéis, que su alma está en él. Después subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta el alba, y así partió. Y llevaron al mozo vivo, y fueron consolados no poco”.
Eutichô fue un joven ¡que abandonó la asamblea! No era su intención, pero eso es lo que pasó. Su caída es una ilustración de aquellos que abandonan la asamblea literalmente. Vemos esto pasar entre el pueblo del Señor de vez en cuando, y es una pena. ¿Hay algo que podamos aprender de esto? Yo creo que sí. Veámoslo más de cerca.
Una escena feliz
La asamblea en Troas fue visitada por el apóstol Pablo. Partieron pan juntos y escucharon su ministerio. ¡Qué escena tan feliz! Supongo que muchos de nosotros quisiéramos haber estado allí. Podríamos preguntar: “¿Cómo podría alguien tener una caída cuando estaba en circunstancias tan favorables? No se podría pedir por condiciones más favorables. Pero esto nos demuestra que no es la buena enseñanza lo que nos guarda, ¡aunque fuera del mismísimo apóstol Pablo! La verdad por sí sola no nos guardará; también debe haber una vida interna de comunión con el Señor. La Biblia dice: “Tu misericordia y Tu verdad me guarden siempre” (Salmo 40:11). Para ser guardados, no sólo necesitamos la verdad en nuestras almas, sino que también necesitamos disfrutar de forma práctica del amor del Señor.
Dice: “Y había muchas lámparas en el aposento alto”. Tenían mucha luz, pero algo que parecía faltarles era el cuidado de los pastores. La caída de Eutichô enfatiza esto, y quizás es la razón por la cual el apóstol en la última parte del capítulo advierte a los ancianos efesios: “Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor” (Hechos 20:28).
La asamblea en Troas no es diferente de muchas asambleas reunidas en el nombre del Señor hoy en día. Hemos tenido el privilegio de tener mucha verdad recuperada sobre la doctrina de Pablo, gracias a los trabajos de los hermanos a principios de 1800, pero parece que no hacemos bien en guardar a nuestros jóvenes. Es algo sobre lo que ciertamente debemos ejercitarnos. Recuerdo al difunto Albert Hayhoe hablando de esto y preguntando: “¿Por qué no hubo nadie que se diera cuenta de que Eutichô estaba en esa posición precaria? ¿Por qué nadie se acercó a él, lo abrazó y le sugirió que se sentara a su lado?”. Bueno, la retrospectiva es bastante buena. Podríamos estar aquí toda la tarde diciendo, “Hubiera podido, hubiera debido  ... ”.
Sentado en la ventana
Entonces, ¿Cómo sucedió? ¿Cuál fue la causa de la caída de Eutichô? Creo que tiene que ver con el lugar que escogió para sentarse: “en la ventana”. Una ventana, en las Escrituras, habla de visión. Se colocó en un lugar en el que podía estar atento a lo que ocurría en la reunión y a lo que pasaba afuera. Saben, nosotros podemos hacer eso también, mantener un ojo en las cosas espirituales y el otro en las cosas del mundo. Pero amigos, esto no funciona. Tarde o temprano nuestra visión de la asamblea se verá afectada por lo que vemos afuera. Sin embargo, hay personas que piensan que pueden tener un pie en la asamblea y un pie en el mundo y estar bien, pero es triste decirlo, terminan teniendo el mismo resultado que Eutichô: una caída.
Dominado por el sueño
Habiendo tomado ese lugar en la ventana, no pasó mucho tiempo antes de que Eutichô cayera en “un sueño profundo”. Esto habla de perder interés. Su mente comenzó a divagar en otras cosas, y pronto ya no estaba prestando atención. La voz de Pablo se escuchaba de fondo. Estaba ahí, pero no estaba escuchando. Esto me recuerda de un joven que alguna vez confesó: “Estaba presente de cuerpo pero ausente de mente”.
Ahora bien, si las reuniones bíblicas no son de tu interés, puede ser que estés empezando a dormirte espiritualmente. Esto es un serio signo de declinación. Algo ha llegado a tu vida que está arruinando tu apetito por las cosas divinas. Años atrás, había un padre que llegó a su hogar después de su jornada laboral y se sentó a cenar son su esposa y su familia. La madre había trabajado mucho para hacer una buena comida con carne y patatas, y todas aquellas cosas que son importantes para una buena nutrición. Mientras comían notó que los niños solo estaban jugando con sus alimentos, en vez de comerlos. Los animó a “comer bien”, recordándoles que la comida era buena para hacerlos crecer fuertes y sanos, pero los niños no hacían ningún progreso. Simplemente no tenían hambre. Finalmente, el hombre le preguntó a su esposa si sabía por qué no estaban interesados en comer, y ella respondió: “Bueno, de hecho, tuvimos una pequeña fiesta esta tarde, y comimos unos cuantos pastelitos, galletas y helado”. ¡Eso lo explica todo! ¿Qué pasó? Estaban llenos de un montón de “¡comida chatarra!”, cosas que no tenían mucho, o ningún valor nutricional, y el gran resultado fue que no tenían apetito para la buena comida.
Lo mismo puede ocurrirnos en el ámbito espiritual. Una de las razones por las que tenemos tan poco apetito por la Palabra de Dios es que ¡estamos comiendo demasiados “pastelitos”! Nos alimentamos de toda clase de cosas de la mañana a la noche, y entonces cuando tomamos las Escrituras en la mano, nos apetece poco. ¿Es de extrañar que las reuniones bíblicas carezcan de interés cuando nos encontramos en ese estado?
Su caída
Luego vino la inevitable caída: Eutichô abandonó la asamblea. “Cayó del tercer piso abajo, y fué alzado muerto”. Sentado en el marco de la ventana como estaba, había una probabilidad del 50% de que se hubiera caído de cualquier manera: dentro o fuera de la asamblea. No cayó adentro. Parece ser que las personas que se duermen espiritualmente nunca caen dentro de la asamblea. No, no se cae en la asamblea así como así. Se necesita ejercicio para estar allí. Se necesita convicción espiritual.
Entonces hubo un gran alboroto entre los santos. Se corre la voz en la habitación “¡Eutichô abandonó la asamblea!”. Y ¡qué salida! Cayó al nivel del mundo al que había estado mirando. ¿Es de extrañar que acabara allí? Hermanos, hoy no es diferente. Esto está sucediendo entre nosotros también. Oímos de uno aquí y otro allá que pasan desapercibidos y terminan en el mundo.
Síntomas de abandono de la asamblea
Es triste, y podríamos preguntar: “¿No pudieron verlo venir?”. Saben, parece que hay ciertos signos o “síntomas” que se repiten en aquellos que terminan abandonando la reunión. Déjenme que se los dé:
Comienzan cada vez a asistir a menos reuniones hasta que se convierten en S.D.M. (Solo Domingos en la Mañana).
•  Se fijan en los defectos de los santos, concluyendo que allí no hay amor.
•  Hay una marcada falta de separación del mundo, ya sea en sus aspectos seculares o religiosos. Al mismo tiempo, acusan a los que andan en separación de ser legalistas.
•  Afirman que no encuentran alimento en las reuniones, ¡reuniones a las que no acuden!
•  Se ofenden fácilmente. Todo lo que se les diga parecen tomarlo a mal.
•  Su doctrina en cuanto al único lugar de reunión se ve alterada, lo que les abre la puerta para ir a otros lugares.
Recuperación de Eutichô
¿Qué se podía hacer por Eutichô? Leemos que Pablo bajó y lo abrazó, y revivió. Fíjense bien: No fue la prédica de Pablo lo que lo revivió; ¡fue el abrazo de Pablo! Pablo no se acercó a la ventana y le gritó unos cuantos versículos de las Escrituras. No, bajó hasta donde estaba, y lo abrazó con ternura. El punto que debemos obtener de esto es que la persona que retrocede no se restaura predicándole, sino mostrándole que tenemos amor genuino y nos preocupamos por su alma. Lo que él necesitaba era un abrazo, y eso fue lo que Pablo le dio. Esto nos enseña que recuperar a aquellos que se han ido es un proyecto práctico. Aquellos que se han enfriado en sus almas necesitan saber que todavía los amamos. Esto demuestra que la doctrina de Pablo es importante, pero también lo es su abrazo.
Sin embargo, para llegar a los que han abandonado la reunión se requiere discernimiento, porque no queremos ceder en los principios. Ese nunca es el camino de Dios. Debemos tener cuidado. Si la persona no está en ningún pecado específico, y no hay ninguna acusación contra ella por parte de la asamblea, entonces debemos tratar de llegar a ella de alguna manera. Y el amor encontrará una manera.
Nota: no dice que Pablo lo llevara vivo, dice: “Y llevaron al mozo vivo”. Esto indica que los santos, como un todo, se involucraron en la recuperación de Eutichô. Es agradable de ver. Me recuerda el regreso de Noemí. Cuando el Señor la trajo de vuelta, dice: “Toda la ciudad se conmovió”.
También me recuerda al regreso de las diez tribus de Israel (bajo la figura de “Ephraim”) en Jeremías 31:1-3. En el día venidero, el Señor obrará en sus vidas de tres maneras. Primero, usará la “espada”, que habla de Su disciplina gubernamental. Segundo, obrará en sus vidas por Su “gracia” mostrándoles favor inmerecido; y tercero, tocará sus corazones con Su “amor”. El gran resultado es que regresarán a su tierra y al Señor desde los cuatro rincones de la tierra. Pero el Señor también obrará en los corazones de sus hermanos, las dos tribus: los judíos (bajo la figura de “Raquel”) que serán restaurados al Señor primero. Se lamentarán con “lloro amargo” por sus hermanos y no “querrán ser consolados” hasta que sean restaurados (Jeremías 31:15-16). Entonces Ephraim volverá lamentándose en verdadero arrepentimiento. Reconocerá que los castigos del Señor (“la espada”) fueron justos y correctos (Jeremías 31:18-19). Esto mueve el corazón del Señor para decir: “Por eso Mis entrañas se conmovieron por él”. El Señor establecerá entonces “señales” y “majanos” en un camino a Sión para ayudar a Ephraim a volver a la tierra de Israel (Jeremías 31:20-21). Esto demuestra que cuando hay verdadero arrepentimiento, el Señor, por así decirlo, allana el camino para que el que retrocedió, regrese. ¡Así es el corazón de nuestro Dios! Él ama restaurar al descarriado.
Aprendemos de esto que el Señor trabaja en ambos extremos: en el corazón del descarriado y en el corazón de sus hermanos. El Señor quiere que participemos activamente en la restauración de los descarriados. Gálatas 6:1 dice: “Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado”. Santiago 5:19-20 dice: “Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le convirtiere, sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados”. Estos versículos muestran que hay algo que debemos hacer respecto a la restauración de un descarriado. Debemos estar en oración y ejercitarnos respecto a lo que podemos hacer para ayudar en su recuperación.
Dos escenarios
Creo que cada vez estamos más confundidos sobre cómo debemos tratar a los que ya no están con nosotros. Algunos se han escabullido, y otros han sido expulsados. Hay una diferencia, y nuestras acciones hacia ellos deben ser diferentes de acuerdo a cada caso.
Hay dos escenarios que tengo en mente particularmente. En primer lugar, hay veces cuando uno es “expulsado” bajo un cargo específico, teniendo un pecado en particular “ligado” por un acto administrativo de la asamblea (Mateo 18:18-20; 1 Corintios 5:13, LBLA). Con una persona así, se nos dice “no os envolváis” con ellas en lo que a comunión se refiere. Las Escrituras dicen que ni siquiera “comamos” una comida común con ellos (1 Corintios 5:11). Este curso de acción debe tomarse hacia ellos para que sientan su error y sean llevados al arrepentimiento y la restauración.
Es triste decirlo, pero hay algunas personas benevolentes y bien intencionadas que se levantan justo después de que una persona es apartada y se acercan a ella para darle un abrazo y confirmarle su amor. Esto es contrario a las Escrituras. Si extendemos nuestro amor y comunión a ellas en su pecado antes de que se arrepientan, entonces sólo estamos condonando su curso. No tengo nada en contra de las hermanas, pero a menudo son ellas las que tienen la culpa en esto. Son criaturas emocionales con un gran corazón que pueden, y a veces lo hacen, dejarse llevar por la emoción del momento e ir a abrazar a la persona que acaba de ser excomulgada.
Tales acciones le dan a la persona señales contradictorias; algunos hermanos no les dan la mano, y otros sí. ¿Qué se supone que debe pensar la persona? No creo que les hagamos ningún bien con esas acciones. Puede que no nos demos cuenta, pero en realidad estamos obstaculizando su restauración. Al intentar alentarlas cuando aún están en su curso de pecado, estamos prolongando la humillación que llevaría a su arrepentimiento y restauración. J. N. Darby habla (en sus cartas) de los que deliberadamente tienen comunión con los expulsados como algo grave. Es realmente desafiar la acción de la asamblea y la autoridad del Señor. Las Escrituras indican que no debemos expresar comunión con tal persona hasta que haya señales de arrepentimiento. Y aun entonces, no debemos tomar el asunto en nuestras propias manos, sino notificar a los hermanos para que la asamblea pueda actuar en conjunto para desatar la censura puesta sobre ella.
El segundo escenario es cuando una persona, por frialdad e indiferencia, se aleja de la asamblea y de la comunión de los santos. Él o ella no ha cometido ningún pecado específico, no han sido expulsados, pero ya no están asistiendo a las reuniones. Debemos llegar a estas personas y tratar de recuperarlas. Eutichô es un ejemplo de este segundo grupo. Muchas veces, todo lo que necesitan es una demostración de un poco de afecto. Suele ser un caso en el que simplemente están desanimados. Necesitan un abrazo, no un sermón.
No deberíamos ir tras los del primer escenario, pero sí tras los del segundo. Pero, por desgracia, a veces también nos equivocamos. Tratamos a la persona que se ha alejado como si hubiera caído en un gran mal y hubiera sido expulsada. En consecuencia, le damos la espalda y no tenemos ningún contacto con ella. El problema aquí es que tenemos nuestros principios mezclados. Es como meter una pieza cuadrada en un hueco redondo, por así decirlo. Estamos aplicando los principios de acción hacia alguien que ha sido expulsado a alguien que se ha alejado por frialdad o desánimo: esto es un error.
Lo que quiero decir aquí es que no podemos pintar a todos los que se van con la misma brocha. Una cosa es ser expulsado bajo una acusación específica de pecado, y otra cosa es haberse alejado por descuido. Debemos marcar la diferencia en estos casos. Judas lo confirma diciendo: “Recibid á los unos en piedad, discerniendo” (Judas 22). Con uno, debemos dejarlo con el Señor hasta que haya señales de arrepentimiento; con el otro, debemos ir tras él.
Ahora, claro está, si alguno se va por frialdad, y después nos enteramos de que se ha involucrado en algún mal grave, no deberíamos tener contacto con ellos en ese caso. Como dije, debe haber discernimiento espiritual en estas cosas, como Pablo dijo: “vosotros que sois espirituales, restaurad al tal ... ” (Gálatas 6:1). Que Dios nos dé esa clase de amor y discernimiento espiritual para saber cómo tratar a los descarriados.

Ochôzías

Ahora, vayamos a 2 Reyes 1:1-2: “Después de la muerte de Achâb rebelóse Moab contra Israel. Y Ochôzías cayó por las celosías de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo envió mensajeros, y díjoles: Id, y consultad á Baalzebub dios de Ecrón, si tengo de sanar de esta mi enfermedad”.
Aquí tenemos otro joven que tuvo una caída. Como Eutichô, su caída pretende retratar una caída espiritual que cualquiera del pueblo del Señor podría tener. Él era un rey joven que acababa de ascender al trono de Israel en sustitución de su padre. Tenía toda su vida por delante, y seguro que se veía muy bien. Pero todo se detuvo un día cuando “cayó por las celosías”. La caída de Ochôzías fue muy grave. Era algo de lo que nunca se recuperaría. Hermanos, esto es solemne. Esto demuestra que hay algunas cosas en las que una persona puede caer y no se recupera.
Nota: dice que al caer, Ochôzías rompió “las celosías” de su casa. Ahora bien, ¿de que habla esto? Creo que la respuesta se encuentra en Proverbios 7:6-7. Dice: “Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía, vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, un mancebo falto de entendimiento ... ”. Este capítulo en Proverbios describe a un joven en la casa de su padre aprendiendo bajo el consejo sabio de su padre y madre acerca de los peligros del mundo, en particular, el mal moral. Él aprende las lecciones importantes de la vida observando los caminos de los demás, no saliendo al mundo y experimentando esas cosas por sí mismo. Mirando a través de “las celosías” de la casa de su padre, estaba tras los barrotes de protección que tenía aquel hogar piadoso, y desde allí aprendió las lecciones de la vida. Si hemos sido criados en un hogar temeroso de Dios, deberíamos ser capaces de obtener toda la instrucción moral que necesitamos en cuanto a los caminos del mundo, sin tener que salir a él.
Las “celosías” hablan de las pautas y restricciones parentales que se imponen en el hogar (algunos hogares tienen más, otros menos) con el fin de proteger al joven de caer en los males del mundo. Tristemente, en el caso de Ochôzías, al caer, rompió las celosías. Y al hacerlo, se hirió de tal manera que nunca se recuperó.
Saben, ha habido muchos jóvenes que resienten los principios de sus padres en cuanto a la separación y han querido romperlos. Queridos jóvenes, ¿encuentran los principios de vida cristiana en la casa de sus padres muy restrictivos? ¿Tienen pensamientos de querer romper las celosías en la casa de sus padres? Oh, ¡tengan cuidado! Si rompen esos principios de contención que sus padres han establecido, ¡podrían estar dirigiéndose hacia una caída! Dios ha registrado la caída de Ochôzías en las Escrituras como una advertencia.
La Biblia dice: “Hijos, obedeced en el Señor á vuestros padres; porque esto es justo”. Incluso cuando se hacen mayores y piensan que deberían ser capaces de tomar las decisiones de su propia vida, dice: “Honra á tu padre y á tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, Para que te vaya bien” (Efesios 6:1-3). Independiente de la edad, siempre deberían “honrar” a sus padres y madres. A medida que se hacen mayores, debe haber un levantamiento de la supervisión de sus padres, pero no los principios de sus padres.
El libro de Proverbios nos dice que se deben atar al cuello los principios que han enseñado una madre y un padre piadosos, y vivir de acuerdo con ellos el resto de la vida (Proverbios 1:8-9; 6:20-21). Solamente una persona que está en un curso pecaminoso de rebelión querría romper esos principios Escriturales. Él o ella no es una persona que sugiero que persigamos. Sería mejor dejarlos con el Señor hasta que haya arrepentimiento.
Si leen un poco más adelante en 2 Reyes 1, verán lo que Dios piensa de aquellos que ayudan a alguien en su curso pecaminoso. El rey envío “mensajeros” a “Baalzebub” para preguntar por él, y también “un capitán de cincuenta con sus cincuenta” fueron enviados al profeta Elías. Pero los soldados fueron aniquilados por el juicio de Dios (2 Reyes 1:3-12). Cuando el rey envío a otro capitán con sus cincuenta, también fueron aniquilados. Estos hombres cayeron bajo el juicio de Dios porque fueron cómplices del curso deliberado de pecado del rey al buscar a Baalzebub. Podrían pensar que fue un poco severo, pero sólo nos muestra lo que Dios piensa de aquellos que ayudan a alguien en su curso de pecado. Salir deliberadamente y tener comunión con alguien que no se arrepiente en su curso de pecado es realmente apoyarlos en su propia voluntad y es ayudarlos en ese curso. Puede que no lo vean de esa manera, pero en realidad es lo que están haciendo. Y si lo hacemos, estamos expuestos a que caiga sobre nosotros el juicio gubernamental de Dios. Podríamos incurrir en una seria reprimenda del Señor. Seamos advertidos por esto. Lo que estoy diciendo aquí es que deberíamos ir tras uno como Eutichô, pero tras uno como Ochôzías no. Como digo, estas cosas necesitan discernimiento.

Mefiboset

Ahora vayamos a 2 Samuel 4:4 (LBLA): “Y Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies. Este tenía cinco años cuando de Jezreel llegaron las noticias de la muerte de Saúl y Jonatán, y su nodriza lo tomó y huyó, pero sucedió que en su prisa por huir, él se cayó y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset”.
Aquí tenemos a un tercer joven que tuvo una caída: Mefiboset. Quizás esta es las más triste de todas, porque no fue culpa suya. Fue puesto en las manos de alguien que no tuvo cuidado, y ella causó su caída. A veces, la caída de un joven puede atribuirse, en cierta medida, a las personas que han estado a su cargo. En el caso de Mefiboset fue su “nodriza” la que causó su caída. Este pasaje nos advierte del peligro de entregar a nuestros hijos a niñeras que tal vez no tengan el mismo cuidado y los mismos principios que nosotros tenemos. Padres, seamos cuidadosos con quién dejamos a nuestros hijos; podrían corromperlos y hacerlos “lisiados” en su andar de alguna manera.
Pero no debemos señalar únicamente a quienes dejamos a cargo de nuestros hijos; nosotros, como padres somos probablemente los más grandes ofensores en esto. Lo que quiero decir es que a menudo somos NOSOTROS los que provocamos las caídas de nuestros hijos, ¡más que cualquier niñera! Nosotros podemos, y a menudo lo hacemos, hacer tropezar a nuestros hijos por lo que hacemos y permitimos en nuestras vidas. Esto es solemne. Podemos ocasionar su caída introduciendo cosas en sus vidas que los superarán más adelante y los harán tropezar. El clásico ejemplo es Abraham llevando a Lot a Egipto. Lot adquirió un gusto por Egipto que nunca sacó de su sistema, y fue la razón por la que tomó las decisiones que tomó en su vida que lo llevaron a ir a Sodoma (Génesis 13:10-11).
Había un hombre cristiano y su esposa que recibieron una llamada de la policía municipal tarde en la noche. Les pidieron que fueran al depósito de cadáveres para identificar un cuerpo, ¡el cuerpo de su propia hija que había muerto en un accidente automovilístico! ¿Qué les parecería recibir una llamada así? Cuando llegaron allí, les dijeron que la chica había estado bajo los efectos del alcohol. Se había emborrachado.
Cuando los padres regresaron a casa, estaban, por supuesto, devastados. Muchos pensamientos pasaron por sus mentes. ¿Cómo obtuvo licor su joven hija, siendo menor de edad? ¿Y por qué haría algo así? El padre se seguía repitiendo que le gustaría encontrar a la persona que le dio licor a su hija menor de edad; quería poner sus manos en esa persona. Y pueden imaginarse como se sentía él. Sin poder dormir, el hombre se paseaba por su casa. Pensó que estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. Así que pensó que sería mejor tomarse un traguito de brandy o whisky, o lo que fuera que tuviera en casa. Era un cristiano recto que no veía nada malo en beber; siempre lo había hecho con cuidado, sin permitirse nunca emborracharse. Así que, se acercó a su gabinete de licores y, ¡he aquí!, ¡la botella había desaparecido! Pero vio una nota que decía: “Papá, tomamos tu botella porque es la graduación; te devolveremos el dinero para reemplazarla después”. ¡Estaba firmada por su hija!
Vaya lección que tuvo que aprender este hombre. Aquí estaba buscando a la persona que le había dado licor a su hija; ¡y resultó que era él mismo! Al tenerlo en casa, facilitó a su hija la oportunidad de emborracharse.
Queridos padres, no sean tan ingenuos de pensar que si sus jóvenes beben lo hacen con fines medicinales. Ustedes dirán: “Si lo quieren, lo van a conseguir como sea”. Sí, pero ¿quieren que quede constancia de que fueron ustedes quienes propiciaron su caída? Menciono esto como ejemplo de cómo podemos ocasionar la caída de nuestros propios hijos a los que tanto amamos. Tengamos cuidado con lo que permitimos en nuestros hogares.
Desafortunadamente para Mefiboset, todo esto sucedió cuando ocurrió una división en Israel. Él era de la familia de Saúl, y naturalmente su familia siguió a la casa de Saúl. Pero tristemente, estaban siguiendo el lado equivocado. Por lo tanto, Mefiboset era un joven que fue desviado por una división entre el pueblo del Señor, le gustara o no. Siendo sólo un niño, no era su culpa.
Ahora hermanos, ¿no les suena esto familiar? ¿No hay casos similares entre el pueblo del Señor hoy en día? Hay jóvenes que no han estado al tanto de lo que ha estado sucediendo entre los hermanos, que han sido llevados en una división por sus padres errantes. Su caída puede ser atribuida a sus padres y a aquellos que han tenido el cuidado espiritual sobre ellos. Es lamentable; realmente lo es.
Ahora, ¿cómo debemos comportarnos con esas personas? Creo que las Escrituras nos dirían que debemos hacer una distinción en estos casos, porque la posición errónea en la que se han metido no ha sido por voluntad propia (Judas 22). Las Escrituras indican que los hijos no deberían ser considerados responsables por los errores de sus padres (Deuteronomio 24:16; 2 Crónicas 25:4). Deberíamos sentir compasión por ellos. Deberíamos intentar ser de ayuda para aquellos desafortunados cuando se presente la oportunidad. Y es exactamente esto lo que vemos hacer a David en 2 Samuel 9. Si leyéramos ese capítulo, veríamos que David fue en busca de las víctimas inocentes de la casa de Saúl y les mostró bondad. Él encontró a Mefiboset en un lugar aislado, en Lodebar. ¡Había estado ahí durante veinte años! El corazón de David se compadeció de él, y envió a buscar a Mefiboset y lo trajo a Jerusalén (el centro divino), y a partir de entonces tuvo el privilegio de comer a la mesa del rey.
Esto es instructivo para nosotros, porque la mayoría piensa en la historia de Mefiboset como una ilustración de la gracia de Dios que llega a los pecadores en el evangelio. Pero eso es una aplicación secundaria de su significado. La enseñanza principal en el pasaje es el trabajo de ir tras los que se han desviado, y que tal vez han sido dañados por los errores de otros. Pero habiendo dicho eso, debemos ser cuidados en esto porque reunir personas en el nombre del Señor no es nuestro trabajo: es el trabajo del Espíritu de Dios (Mateo 18:20; Lucas 22:10).
Ahora, si estas personas que han sido llevadas en una división demuestran ser apoyadores inteligentes de los errores de sus padres, y hemos visto casos así, eso es una cosa totalmente diferente. Si entienden lo que pasó y aun creen que la posición de sus padres es correcta, y la apoyan activamente, entonces tenemos que retirarnos. Su voluntad está activa, y cometen el mismo pecado que sus padres. Josué 7:24-25 indica que tales personas deberían ser juzgadas de la misma manera que sus padres. Acán fue juzgado por su pecado, y sus hijos fueron juzgados ese mismo día. Esto no es una violación de Deuteronomio 24:16, que dice que los hijos no deberían morir por los pecados de sus padres; se hizo porque participaron activamente en el pecado de su padre. Las Escrituras dicen que Acán “no pereció solo en su iniquidad” (Josué 22:20). Así que, todo esto vuelve a lo que decía antes; se necesita discernimiento en cada caso.
Con Mefiboset hubo una hermosa restauración; él “moraba en Jerusalén” y “siempre comía a la mesa del rey” (2 Samuel 9:13, LBLA). Fue puesto a prueba en estas cosas más tarde en su vida en la revuelta de Absalón. Se produjo otra división en Israel y muchos siguieron a Absalón, pero Mefiboset permaneció fiel (2 Samuel 19:24-30). Había aprendido algunas lecciones valiosas. A veces, aquellos que han sido arrastrados en una división y han sido restaurados valoran más el lugar que aquellos que siempre han estado allí.
Resumen de los tres jóvenes
Las cosas que causaron la caída de estos jóvenes:
•  Eutichô: descuido. Deberíamos ir tras tales como él, como lo hizo Pablo, pues no han salido bajo ningún cargo de la asamblea. Por lo general, sólo están fríos y/o desanimados.
•  Ochôzías: rebelión. No deberíamos ir tras ellos porque están en un curso definitivo de pecado. Si lo hacemos, estamos expuestos a que el fuego del juicio de Dios caiga sobre nosotros (gubernamentalmente), como fue el caso de los soldados del rey.
•  Mefiboset: inocentemente arrastrado por creadores de divisiones. Deberíamos buscar llegar a ellos, si se presenta la oportunidad (como lo hizo David) porque no han participado activamente en la división del pueblo de Dios, sino que son víctimas de los errores de los demás.

Siete razones por las que caemos

El Nuevo Testamento nos habla de un número de razones por las que los cristianos caen. Me gustaría aprovechar los momentos que me quedan para repasarlas rápidamente y anotar las causas, y si es posible, aprender algo de ellas. La mayoría de las caídas espirituales en el camino cristiano pueden atribuirse a una o más de estas siete cosas.
1) Falta de ejercicio
Primero vayamos a 2 Pedro 1:5: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; y en la ciencia templanza [auto control], y en la templanza [auto control] paciencia, y en la paciencia temor de Dios; y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad. Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”.
No es mi intención exponer este pasaje versículo por versículo, sino simplemente resumirlo diciendo que es una exhortación a seguir adelante en el camino de la fe. Pedro menciona un número de cosas que debemos añadir a nuestra fe, y luego dice enfáticamente: “Haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. Ahora, si esto es verdad, entonces lo contrario es cierto. Si no hacemos estas cosas, caeremos. Es bastante simple entonces; si no seguimos adelante, retrocederemos. El estado del cristiano nunca es estático. Vamos hacia adelante o hacia atrás, subimos o bajamos.
Es un hecho; aquellos que caen en el camino de la fe son a menudo los que no hicieron mucho progreso en sus almas en primer lugar. Había un pequeño niño que se cayó de la cama a medianoche. Sus padres escucharon el golpe y vinieron corriendo a su habitación y preguntaron qué había pasado. Mientras se sentaba en el piso, dijo con voz adormecida: “Me quedé demasiado cerca del borde”. Saben, este es el mismo problema que muchos de nosotros cristianos tenemos. Somos salvados y somos felices de saber que hemos sido librados de una eternidad de perdición, pero tristemente, muchos de nosotros estamos bastante contentos con eso y no progresamos en nuestras almas. Si nos quedamos demasiado cerca moralmente de donde empezamos en el camino cristiano, podríamos terminar sufriendo una caída.
Pedro nos recuerda que el Señor nos ha provisto plenamente para el camino cristiano. Él nos ha dado “todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad” (versículo 3). Y Él también nos ha dado muchas “preciosas y grandísimas promesas” (versículo 4). Una es para equiparnos y la otra es para animarnos. Entonces, en el versículo 5, nos dice que nosotros debemos dar algo también. Dice: Dando toda diligencia, añadid a vuestra fe ... ” (traducción King James). Y lista un número de cualidades morales que deberíamos esforzarnos por tener en nuestras vidas. El gran resultado es que si nosotros “añadimos” estas cosas en nuestras vidas y progresamos espiritualmente, no “caeremos jamás”.
Roboam es un ejemplo de este punto. Dice: “Y él hizo lo malo porque no dispuso su corazón para buscar al Señor” (2 Crónicas 12:14, LBLA). Esto muestra que no puedes simplemente dejarte llevar en neutro en las cosas de Dios y esperar que todo vaya bien. No funciona de esa manera. ¡Si no avanzas, entonces iras hacia atrás! Queridos amigos, ¿están tomando en serio las cosas de Dios? Si no lo hacen, sus pies podrían salirse del camino.
2) Ser influenciados por hombres sin principios, a través del contacto con ellos
Vayamos al tercer capítulo de esta misma epístola de 2 Pedro, y a los versículos 17-18: “Así que vosotros, oh amados, pues estáis amonestados, guardaos que por el error de los abominables no seáis juntamente extraviados, y caigáis de vuestra firmeza. Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén”. Este versículo podría traducirse: “ ... por el error de los hombres sin principios no seáis juntamente extraviados”.
Esta es otra de las razones por las que fallamos. Pedro nos advierte aquí del peligro de asociarnos con personas “sin principios”. Los hombres sin principios son personas que no tienen ningún ejercicio real sobre el camino de la fe. Viven con poca o ninguna consideración por los principios de las Escrituras. Si la Palabra de Dios dice tal o cual cosa sobre cierto asunto, ellos no tienen ningún reparo en ignorarla si les conviene. Está de más decirles que hay “hombres sin principios” en todo el mundo cristiano. No necesitan ir muy lejos para encontrarlos. Por lo que sé ¡podría haber algunos en la audiencia hoy!
Pedro advierte acerca de tener contacto con este tipo de personas porque sus costumbres seguramente se nos pegarán, y “caeremos” de nuestra propia “firmeza”. Lo que nos está diciendo aquí es que nuestro entorno nos afecta. Si es un entorno negativo, tendrá un efecto negativo en nosotros. Se que hay cristianos que piensan que pueden juntarse con personas sin principios y no ser afectados por ellas. Pero esto es ser increíblemente ingenuo. Pensar de esa manera es realmente decir que somos más sabios que la Palabra de Dios. La Biblia enseña claramente que “las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33). También dice que las malas compañías nos pueden hacer caer. Dice en Proverbios: “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Desampárala, no pases por ella; apártate de ella, pasa. Porque no duermen ellos, si no hicieren mal; y pierden su sueño, si no han hecho caer (Proverbios 4:14-16). Por lo tanto, como regla general, debemos mantenernos alejados de hombres sin principios.
Tales personas nunca les serán de ayuda en sus vidas cristianas. Y existe el peligro real de que los arrastren en las cosas en las que ellos están envueltos. Este principio está claramente establecido en Hageo 2:11-13. Vayan conmigo a este pasaje por un momento, porque ilustra lo que estoy diciendo. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora á los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: Si llevare alguno las carnes sagradas en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare el pan, ó la vianda, ó el vino, ó el aceite, ú otra cualquier comida, ¿será santificado? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: No. Y dijo Haggeo: Si un inmundo á causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de éstas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será”.
Hageo fue enviado por el Señor para poner a prueba a los sacerdotes en cuanto a ciertos principios de santidad. Hizo dos preguntas. La primera fue, si alguno de ellos estuviera llevando algo que fuera sagrado y entrara en contacto con algo común, ¿haría santo lo común? Los sacerdotes respondieron, “no”. Y tenían razón. Entonces les hizo la segunda pregunta: si alguno que es inmundo tocara una de las cosas sagradas del Señor, ¿se volverían inmundas esas cosas sagradas al entrar en contacto con lo que es inmundo? De nuevo, los sacerdotes estaban en lo correcto al decir que esas cosas sagradas se harían “inmundas”.
La lección en la primera pregunta es que, ¡lo que es santo no puede limpiar lo que es inmundo al asociarse! La lección en la segunda pregunta es que, ¡lo que es inmundo contaminará lo que es limpio al asociarse! Estas son dos lecciones muy importantes.
Muchos jóvenes han pensado que podrían asociarse con personas que están andando por sendas de injusticia, y que su contacto con ellos tendría una influencia positiva en ellos y los sacaría de su camino. Pero no funciona. La lección en la primera pregunta de Hageo es que no podemos transmitir nuestra santidad a alguien que está andando en injusticia, asociándose con él o ella.
Además, algunos piensan que aunque no puedan ayudar positivamente a esas personas, pueden relacionarse con ellas y no sentirse afectados personalmente. Pero de nuevo, esto no es verdad. La segunda pregunta de Hageo nos enseña que solo corromperemos nuestra santidad y nos contaminaremos con tal asociación. Pedro dice que “caeremos” de nuestra propia “firmeza” y seremos arrastrados en esas sendas de injusticia.
La conclusión de las dos preguntas es esta: las personas que andan en el camino de injusticia no pueden ser sacados de ese sendero por nuestra asociación con ellos; lo único que sucede es que nos bajan a su nivel. Es un pensamiento aleccionador. Significa que debemos ser cuidadosos con quién y dónde andamos. Por eso Pablo dijo: “Andad avisadamente; no como necios, mas como sabios” (Efesios 5:15). La verdad es: la asociación con el mal contamina. Puede que haya algunos aquí a quienes no les guste escuchar estas cosas porque quieren andar en compañía con personas que no están andando bien con el Señor, pero no cambia el hecho. Recuerden, no somos más sabios que la Palabra de Dios.
3) Confianza en uno mismo
Vayamos a 1 Corintios 10 y versículo 12 Para otra razón de porqué caen los cristianos. “Así que, el que piensa estar firme, mire no caiga. En este pasaje el apóstol Pablo nos está advirtiendo del peligro de la confianza en uno mismo. Es algo contra lo que cada uno de nosotros debe estar en guardia. Nuestros corazones son engañosos, y no solemos ser conscientes de cualquier falsa confianza que podríamos tener. El gran peligro es sobreestimar nuestra fuerza y subestimar el poder del mundo, la carne y el diablo. Cuántos hombres ha habido que han mirado algún pecado y han pensado: “Puedo manejarlo yo mismo”. Pero aquellos que dicen: “Señor, puedes contar conmigo”, ¡no cuentan con el Señor! El espíritu del Salmo 16:1, que dice, “Guárdame, oh Dios, porque en Ti he confiado”, y del Salmo 119:117, que dice: “Sosténme, y seré salvo”, no está en ellos, y en consecuencia, están en peligro de caer en ese mismo pecado que creen poder manejar. Sin embargo, si somos conscientes de nuestra propia debilidad y nos encomendamos al Señor, seremos guardados.
Proverbios 16:18 dice: “Antes del quebrantamiento es la soberbia; y antes de la caída la altivez de espíritu”. Esto muestra que lo que está en la raíz de la confianza en uno mismo es orgullo. Pedro es el ejemplo más destacado del Nuevo Testamento. Cuando el Señor anunció que todos los discípulos lo olvidarían, Pedro podía ver cómo los demás podrían hacerlo, pero no creía que él lo haría. Le dijo al Señor: “Aunque todos sean escandalizados, mas no yo” (Marcos 14:29). Él pensó que era mejor que sus hermanos, y este autoengaño lo llevó a su caída. No pasó mucho tiempo antes de que negara al Señor con juramentos y maldiciones.
Amasías es el ejemplo más destacado del Antiguo Testamento (2 Reyes 14:7-12). Era el rey de Judá y salió y ganó una importante batalla contra los Edomitas, así que pensó que lo estaba haciendo bastante bien. Así que, envió un mensaje al rey de Israel y quiso que saliera a luchar. El rey de Israel (Joás) le respondió diciendo: “Ciertamente has herido á Edom, y tu corazón te ha envanecido: gloríate pues, mas estáte en tu casa. ¿Y por qué te entrometerás en un mal, para que caigas tú, y Judá contigo?”. Pero no hizo caso, así que hubo lucha, y Amasías y Judá fueron derrotados decisivamente. Fue una lección humillante.
El Salmo 5:10 indica que las personas caen porque confían en “sus consejos” en lugar de confiar en el Señor. Recuerdo haber hablado con una mujer cristiana a cerca de estar en un lugar de tentación y los peligros de esto, y ella dijo: “Oh, yo nunca haría algo así, ¡porque confío en mí misma!”. No podía creer lo que había escuchado cuando ella dijo esto. En el momento de tentación ¡iba a confiar en sí misma! La Biblia dice: “El que confía en su corazón es necio” (Proverbios 28:26).
La confianza en uno mismo es en realidad el resultado de no practicar el juicio propio en la presencia del Señor. Por lo tanto, Pablo dice en nuestro versículo (1 Corintios 10:12, LBLA), “Tenga cuidado”. Eso es un llamado al juicio propio. El remedio para la confianza en uno mismo es el juicio propio.
4) Tener la voluntad de ser rico (la codicia)
Vayamos a 1 Timoteo 6:6-10 (LBLA) para ver otra razón por la que los cristianos caen. “Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos. Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores”. El apóstol Pablo nos advierte de los peligros de la codicia, porque puede llevar a una “caída” que termina en una persona extraviándose de la fe.
Parece que todo el mundo está desesperado por hacerse rico. El Señor dijo: “Porque los Gentiles buscan todas estas cosas” (Mateo 6:32). En Norte América, las oportunidades de hacer dinero y mejorar la situación de vida son grandes. Pero hay un peligro real en esto. Podría volverse un objetivo en nuestras vidas sin que nos demos cuenta. Nos excusamos diciendo: “Bueno, tenemos que proveer para nuestra ‘casa’; somos ‘peores que un infiel’ si no lo hacemos” (1 Timoteo 5:8), así que nos dedicamos a ganar dinero con pasión. Sin embargo, existe el peligro de que los cristianos queden atrapados en este, ¡incluso los cristianos piadosos! Por eso Pablo exhortó a Timoteo con este fin. Era un hombre “unánime” con el apóstol Pablo y sirviente devoto del Señor. Mientras que todos buscaban sus cosas, él buscó “lo que es de Cristo Jesús” (Filipenses 2:20-21). Sin embargo, incluso él podía ser desviado por el pecado de la codicia, y por lo tanto, necesitaba esta advertencia.
Pablo no le dijo a Timoteo que el dinero era la raíz de todos los males; él dijo que “la raíz de todos los males es el amor al dinero”. Tener dinero no es malo, ¡pero amarlo sí lo es! Ahora, amar el dinero es un pecado que incluso un hombre pobre puede cometer. Puede que no tenga mucho dinero, pero puede desearlo y pasar todo su tiempo pensando en cómo conseguirlo. Podríamos pensar cómo amar el dinero podría ser una cosa tan seria; pero la Biblia lo pone en su debida perspectiva, diciendo: “Avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5). ¡Es un mal muy grave! Es porque la idolatría capta las afecciones del corazón y desplaza a Cristo. Cuando Cristo es desplazado de Su debido lugar en nuestros corazones, entonces nos desviamos y caemos en todo tipo de pecados. Pablo dice que por amar el dinero un cristiano puede quedar atrapado en “muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición”. Creo que si entendiéramos lo que la idolatría le hace al corazón, veríamos la seriedad de la misma. La Biblia dice: “El que confía en sus riquezas, caerá (Proverbios 11:28).
Me duele que tantos queridos cristianos parezcan consumidos en ganarse la vida y salir adelante. Sus vidas parecen estar absorbidas por el afán de mantener a su familia, y veo que su progreso espiritual está sufriendo como consecuencia de ello. Es el “querer” ser rico —el deseo— del que nos advierte el apóstol Pablo. Le dice a Timoteo que “huya” de estas cosas y busque las cosas espirituales (1 Timoteo 6:11-12). El Señor prometió que si hacemos esto, Él nos añadirá todo lo que necesitemos en nuestra vida materialmente. Él dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). ¡Puedes estar seguro de eso! Es una promesa del Señor mismo.
Dios puede dar riquezas a uno de Sus propios hijos, pero si ese es el caso, debe tener cuidado. Más adelante, en 1 Timoteo 6, se le es dicho al hombre rico que no confíe en la “incertidumbre de las riquezas” (1 Timoteo 6:17; Proverbios 23:4-5). El salmista concuerda con eso diciendo: “Si las riquezas aumentan, no pongáis el corazón en ellas” (Salmo 62:10, LBLA). En cambio, el rico debe distribuir sus bienes materiales entre los demás y, de este modo, acumular para sí una recompensa para el día venidero, y “echar mano de lo que en verdad es vida” (versículos 18-19, LBLA). Creo que todos sabemos esto; es una prueba para nosotros respecto a que tanto nos aferramos a las cosas aquí en el mundo. No es lo que tenemos sino cómo lo tenemos.
5) Legalismo
Ahora vayamos a Gálatas 5:2-4: “He aquí yo Pablo os digo, que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada. Y otra vez vuelvo á protestar á todo hombre que se circuncidare, que está obligado á hacer toda la ley. Vacíos sois de Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído”.
Aquí tenemos otra cosa que puede causar la caída de un creyente: mezclar la gracia con la ley. Estos pobres santos gálatas estaban realmente confundidos. Alguien les vendió una idea totalmente equivocada, y ellos la creyeron por completo, sin cuestionarla. Los maestros judaizantes se habían infiltrado en sus filas y les habían enseñado que necesitaban añadir la ley a la gracia que les había traído el evangelio. Pensaron que guardar la ley les ayudaría a alcanzar la perfección cristiana, pero “de la gracia habían caído.
Hay dos formas en las que una persona puede usar indebidamente la ley. Primera, puede ser usada en un intento por ganar justicia ante Dios. Pero Pablo muestra en esta epístola que es imposible ser justificado por el cumplimiento de la ley (Gálatas 2:16). Segundo, una persona puede dedicarse a guardar la ley en un intento de obtener la santidad personal después de ser salva. Pablo muestra que esto está mal también (Gálatas 5:14-26). No es muy probable que uno de nosotros aplique la ley de la primera forma, pero hay una posibilidad de establecer principios legales en nuestras vidas en un intento de alcanzar un estándar de santidad. Puede que no lo hagamos tratando de mantener las leyes mosaicas del Antiguo Testamento de manera literal, pero podríamos imponernos a nosotros mismos ciertas reglas y regulaciones auto creadas, y así, ponernos bajo la ley, nuestra propia ley. Buscar alcanzar la perfección cristiana a través del establecimiento de leyes y regulaciones para la carne, en vez de tener a Cristo como objeto y factor motivador en nuestras vidas, es legalismo.
Cada vez que mezclamos principios legales con la libertad del cristianismo, estamos en terreno inestable. Una persona que se ocupa de estas cosas suele ser una persona que tiene el deseo de agradar al Señor, y piensa que esta será una manera de ser más piadoso. Así que no queremos juzgar las intenciones de aquellos que han tropezado con este tipo de cosas. Pueden tener buenas intenciones, pero desafortunadamente, lo están haciendo mal. Usualmente sucede cuando la persona ve ciertos cristianos piadosos actuando de manera admirable, y quiere ser como ellos, entonces copian sus ejercicios con la esperanza de alcanzar su nivel de piedad. Ven ciertas cosas que esa persona hace o no hace, y hacen de eso el modelo para sus vidas. Sin embargo, hay un peligro en el que el observador que desea ser piadoso puede caer sin darse cuenta. En algún momento puede perder de vista al Señor sin ni siquiera darse cuenta, y las normas y reglamentos que se ha hecho para sí mismo se convierten en su centro de atención. Es algo muy engañoso, pero en el fondo de esto, el Señor es desplazado con principios y reglas legales que la persona establece para sí misma. Sin darse cuenta se vuelve un seguidor de estas reglas y regulaciones en vez de un seguidor de Cristo. Esto no es cristianismo.
Pablo muestra en esta epístola que toda esa legalidad no es más que darle lugar a la carne. Puede que no lo parezca en la superficie, pero hay una parte de nuestra carne que le gusta mostrarse como santa y piadosa delante de los demás. Los fariseos eran el ejemplo más claro. Habían perdido de vista al Señor pero se aferraban a su sistema legal. Decían a los que no eran de ellos: “Estáte en tu lugar, no te llegues á mí, que soy más santo que tú” (Isaías 65:5). La carne incluso es capaz de valerse de las cosas del Señor para ponerse por encima de los demás. Podría llamarse: “superioridad espiritual”. Es la parte religiosa de la carne contra la que tenemos que estar en guardia. Como digo, esto es muy engañoso; la persona cuya vida está ocupada con este tipo de cosas insistirá en que este no es el caso.
Ya que el legalismo es tan engañoso, Pablo les muestra a los gálatas que había ciertos signos reveladores entre ellos que debería haberles abierto los ojos y demostrado que no funciona. No habían alcanzado la superioridad espiritual que estaban buscando. Después de preguntarles de dónde y de quién habían obtenido estas cosas (versículos 7-12), Pablo dejó en claro la evidencia que probaba que se habían desviado del propósito. Primero, había una restricción del flujo de amor mutuo (versículos 13-15). En lugar de una mayor manifestación de amor, reporta: “Os mordéis y os coméis los unos á los otros”. Aquellos que adoptan el legalismo de esta manera parecen tener mucha dificultad para llevarse bien con sus hermanos. Parece que siempre están en desacuerdo con ellos sobre algo. Por lo general, lo atribuyen a que están siendo fieles y piadosos. Después de todo, los cristianos con una mentalidad celestial y los cristianos con una mentalidad terrenal nunca verán las cosas de la misma manera. Sin embargo, las Escrituras indican que una persona verdaderamente piadosa sabrá como llevarse bien con sus hermanos que podrían tener una mentalidad terrenal, sin ceder en sus principios. Demetrio es un ejemplo. Él sabía cómo llevarse bien con “todos”, ¡lo que incluiría a Diótrefes! Sin embargo, dice que no había cedido en nada de “la verdad” (3 Juan 12, LBLA).
Pablo muestra que tales disputas y peleas entre los gálatas eran síntomas de la carne, y enumera una lista de cosas desagradables a las que la carne se inclina (versículos 18-21). Al señalar esto, les mostró que si continuaban en su búsqueda de santidad a través del legalismo, ¡podían esperar ver la manifestación de estas cosas entre ellos! Esto debe haber conmocionado a los gálatas para que se dieran cuenta que estaban en el camino incorrecto. Entonces pablo contrasta las obras de la carne con el fruto del Espíritu, enumerando muchas cosas que se verán en aquellos que andan en el Espíritu con Cristo como su objeto (versículos 16,22-23). Aquí es donde se encuentra la verdadera piedad.
Al final del capítulo Pablo dice: “No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos á los otros, envidiándose los unos á los otros” (versículo 26). Él muestra aquí, que en la raíz de la mayoría del legalismo está el pecaminoso deseo por “vana gloria”, el querer ser considerado por otros como alguien súper espiritual y santo. Muchas veces, se manifestará tratando de superar a los demás en espiritualidad y separación: “superioridad espiritual”. Pero todo lo que hace es provocar envidia y disputas entre el pueblo del Señor, como la que los gálatas estaban experimentando. Las asambleas que tienen dificultades con el legalismo en medio de ellas suelen ser afectadas por muchos conflictos internos. En pocas palabras, podríamos decir que intentar alcanzar piedad a través de principios legales no funciona.
6) Involucrarnos en la administración de la asamblea cuando no somos maduros
Vayamos a 1 Timoteo 3:6: “No un neófito, porque inflándose no caiga en juicio [fallo] del diablo”. Esta es otra forma en la que uno podría caer. Este peligro, por supuesto, está especialmente dirigido a los hermanos, ya que las hermanas no deberían involucrarse en los asuntos administrativos de la asamblea.
El apóstol está hablando particularmente de los hermanos jóvenes, o nuevos conversos que pueden tener ambiciones de imponerse en los asuntos administrativos de la asamblea. Un “neófito” es un nuevo converso. Puede ser un cristiano joven o una persona adulta que ha sido recientemente salvada. Ambos son neófitos. No tiene experiencia en el camino de la fe, ya que acaban de empezar a andar en este. Pablo advierte que tales personas no deberían involucrarse en la supervisión de la asamblea local. Puede ser algo peligroso, ya que el diablo trabajará en sus corazones sin que se den cuenta para “inflarlos” con orgullo que llevará a una caída.
El trabajo de supervisar en la asamblea requiere un entendimiento de los caminos de Dios con los hombres, que solo es adquirido a través de la experiencia de andar en el camino de la fe por muchos años. En condiciones normales, la supervisión no es un trabajo para los hermanos jóvenes. Cuando hablamos de asuntos administrativos de la asamblea, las Escrituras indican que los hermanos jóvenes (y las hermanas) no deben involucrarse. Se nos dice en Hechos 15:6: “Entonces los apóstoles y los ancianos se reunieron para considerar este asunto”.
Un amigo piloto nos dijo que el piloto más peligroso es el sabelotodo con 500 horas de vuelo. Él dijo que alguna vez también lo fue. Para ser un piloto consumado se necesitan miles de horas de vuelo. Sin embargo, cuando una persona ronda las proverbiales 500 horas de experiencia de vuelo, a menudo se muestra cada vez más seguro de sí mismo, pensando que lo sabe todo, e invariablemente, se encuentra en terreno peligroso con tal actitud. Similarmente, en la asamblea, puede haber lo que llamamos “adolescentes ancianos”. Son hermanos jóvenes que piensan que están listos para manejar el liderazgo de la asamblea local, y empiezan a imponerse. Pablo dice que esto es algo peligroso. Un joven en un lugar de supervisión puede “inflarse” y caer en la condenación del diablo.
Estamos advertidos: “Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho” (Eclesiastés 10:16). Una persona que entra en la administración antes de haber madurado espiritualmente, aunque se esté haciendo mayor en años, aún “es muchacho” en cierto sentido. Teniendo falta de entendimiento en los principios Escriturales, tal persona puede ser influenciada a hacer cosas que pueden causar estragos en la asamblea. Esto es exactamente lo que pasó en los últimos años de Israel en la tierra (Isaías 3:4). Todos sus reyes eran niños que eran fácilmente influenciados en malos caminos y principios, y finalmente, llevaron la nación a la ruina.
Años atrás, un hermano mayor me llamó y se quejó de las circunstancias de la asamblea a la que pertenecía. Dijo que había unos hermanos jóvenes, uno apenas entrando a sus veinte y otro alrededor de los veinticinco, que prácticamente se habían adueñado de las reuniones de cuidado de asuntos de asamblea. Eran ellos quienes hablaban la mayor parte del tiempo sobre los distintos asuntos que surgían, ¡diciéndoles a los hermanos que esto y aquello debía hacerse! Pensé para mí mismo: “Bueno, hermano, ¿de quién es la culpa?” (No se lo dije, porque no tuve el valor). Debía haber una condición en esa asamblea que permitiera a estos jóvenes exaltarse a sí mismos en los asuntos administrativos. En mi opinión, los hermanos adultos tenían algo de culpa, y por supuesto, los jóvenes no estaban libres de culpa tampoco. Los hermanos mayores deben instruir a los jóvenes en cuanto al lugar que les corresponde en la asamblea, y a animarlos en el aspecto administrativo de las cosas a medida que crecen y están preparados para este. David hizo esto con Salomón (1 Reyes 2; 1 Crónicas 22; 1 Crónicas 29).
Incluso aquellos que se acercan a la mediana edad deben ser cuidadosos de no oponerse a sus hermanos mayores que han tomado la iniciativa en la asamblea por muchos años y se han dedicado al cuidado de los santos. Dios no los apoyará si lo hacen. Incluso si creemos que aquellos “que gobiernan” (1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17) están en un estado carnal, no tenemos derecho a desafiarlos e intentar tomar el control. Aunque David fue ungido para ser rey en Israel, no levantó la mano contra “el ungido de Jehová” (Saúl), a pesar de que era un hombre carnal, y definitivamente equivocado (1 Samuel 24:6,10; 26:9-11). David avanzó en las cosas relacionadas con el liderazgo de Israel como rey, a medida que el Señor lo fue guiando en Su tiempo. David nunca se apresuró ni se impuso para ocupar ese lugar. Estas cosas son instructivas para nosotros. Si los hermanos más jóvenes siguen ese patrón, serán guardados de una caída de este tipo.
7) Seguir personas conocidas por causar divisiones
Vayamos a una última cosa que el Nuevo Testamento nos advierte que puede hacer caer a un cristiano. Romanos 16:17-18: “Y os ruego hermanos, que miréis los que causan disensiones [ocasiones de caer] y escándalos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; y apartaos de ellos. Porque los tales no sirven al Señor nuestro Jesucristo, sino á sus vientres; y con suaves palabras y bendiciones engañan los corazones de los simples [ingenuos]”. Aquí, el apóstol Pablo advierte del peligro de seguir a alguien que es divisivo. Nos dice que nos “apartemos” de ellos porque tales personas eventualmente se harán los líderes en una ruptura abierta de la comunión en la asamblea, y podríamos ser arrastrados.
Supongo que podemos decir que este era el problema con Jonathán, el padre de Mefiboset, que había cometido este tipo de error. Saúl había usurpado el reino (1 Samuel 14:47), y había llevado al pueblo tras de sí y en contra de David. Tristemente, Jonathán nunca se separó de Saúl, y murió apoyando la causa de su padre (2 Samuel 1:23). Como resultado, la familia de Jonathán pagó el precio por seguir al hombre incorrecto.
Hermanos, seamos advertidos por estos versículos, ya que no fueron escritos por el Espíritu de Dios sin razón. Hemos tenido divisiones entre nosotros en años recientes, y muchos han sido llevados en su simplicidad. Es triste, realmente lo es. ¿Qué se podría haber hecho para prevenirlo? Bueno, si aquellos que fueron llevados hubieran estado más atentos a la hora de ser influenciados por ciertas personas que causan divisiones y las hubieran evitado, quizás se habrían librado. Son sus “suaves palabras y bendiciones” las que engañan a las personas. Pueden ser capaces de explicar su causa articuladamente, pero el resultado final es que las personas son arrastradas a comuniones divergentes. Recordemos que Dios odia la división. El Señor oró para que no fuera así (Juan 17:11). Si vamos a guardar Su Palabra y no vamos a negar Su nombre (Apocalipsis 3:8), no queremos involucrarnos en una división entre el pueblo del Señor.
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Resumen de las razones por las que caemos
•  Falta de ejercicio.
•  Ser influenciados por hombres sin principios.
•  Confianza en uno mismo.
•  Tener la voluntad de ser rico.
•  Legalismo.
•  Involucrarnos en la administración de la asamblea cuando no somos lo suficientemente maduros para hacerlo.
•  Seguir personas que causan divisiones.
Ánimo para los caídos
Vayamos al libro de Proverbios para unas pocas palabras de ánimo para los caídos. El capítulo 24:16 dice: “Porque siete veces cae el justo, y se torna á levantar; mas los impíos caerán en el mal [desastre]”.
Esto es alentador para mí. “Siete” en las Escrituras habla de integridad, o la completitud. Podríamos decir que este hombre era un completo fracaso. Tuvo repetidos fracasos, pero a pesar de todos sus fracasos ¡es llamado “justo”! Eso podría resultarnos un poco extraño. Usualmente, no se llama a alguien que ha fallado tan completamente una persona justa, pero creo que es llamado así porque se levantó después de caer y trató de seguir adelante.
Ahora, no estoy minimizando el fracaso; el pecado es algo serio para Dios, y debería serlo para nosotros también. Tornarse a levantar habla de juzgarse a uno mismo y buscar gracia nueva del Señor para seguir adelante. Es justo porque no se rinde ni se queda caído. Esto muestra que caer no te hace un fracasado, ¡lo que te convierte en uno es quedarte en el suelo! Nota: dice que “el impío” cae en mal y no se levanta. No tiene la voluntad de juzgarse a sí mismo y levantarse de su fracaso.
Tal vez has caído y sientes que es mejor rendirte. Amigo, ¡no lo hagas! Eso es lo que el diablo quiere que hagas, pero el Señor quiere que te levantes y te juzgues a ti mismo y que sigas adelante. La mentira del diablo es que si has caído, has llegado tan hondo que no puedes ser restaurado. Eso es lo que Caín pensó. Él dijo: “Grande es mi iniquidad para ser perdonada” (Génesis 4:13). Pensó que lo que había hecho era demasiado grande para ser perdonado y restaurado, pero no era así. Había estado escuchando al diablo. El Señor había dicho: “Si no hicieres bien, el pecado [oferta a pecar] está á la puerta” (Génesis 4:7, nota al pie de página, traducción J. N. Darby). Había una provisión para su pecado, por grave que hubiera sido. El Señor lo probó con los padres de Caín, Adán y Eva (Génesis 3:21). Te lo digo otra vez, pensar que no puedes ser restaurado es una mentira del diablo. No la creas. El Señor puede “restituir los años que comió ... la langosta” (Joel 2:25). Él puede transformar tu vida y convertirla en una bendición a pesar de tus fracasos. Él puede volver a juntar las piezas. Lo ha hecho con miles de Su pueblo.
David dijo: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y aprueba su camino. Cuando cayere, no quedará postrado; porque Jehová sostiene su mano” (Salmo 37:23-24). Que esto sea de aliento para ti.
Una buena caída
Saben, en cierto sentido, existe algo como una buena caída. Podrían preguntarse qué significa eso, pero si van a Génesis 17:1-3, leerán que Abraham tuvo una de estas buenas caídas. Él “cayó sobre su rostro” delante del Señor. ¡Ese es un buen lugar para caer! Es el tipo de caída que todos necesitamos tener. Debemos caer delante del Señor y pedirle que nos guarde de caer de maneras que lo deshonren y que nos dañen a nosotros mismos. Cuando pensamos sobriamente en todos los peligros que nos rodean, debemos sentir nuestra necesidad y expresar nuestra dependencia.
Debemos entregarnos al Señor, y Él nos guardará. “El amado de Jehová habitará confiado cerca de Él” (Deuteronomio 33:12). Aquellos que no lo hacen, caerán. Incluso aquellos que están muy seguros de sí mismos no se preservarán. Isaías dijo: “Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen (Isaías 40:30). Únicamente son aquellos que “esperan [dependen] á Jehová” quienes serán renovados en sus fuerzas. “Levantarán las alas como águilas, correrán, y no se cansarán, caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).
El Señor tiene el poder para guardarnos de caer, pero debemos entregarnos a Él. Judas 24 dice: “A Aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de Su gloria irreprensibles, con grande alegría”. ¡Que promesa tan maravillosa!