Una grande catástrofe

Aún más, cualquiera puede ver que la piedra que hiera no puede significar la pacífica extensión de un reino espiritual, ni la predicación del Evangelio, sino que termina en un gran catástrofe. Será un aplastante golpe destructor que esta piedra descargará. No debemos olvidar que será después de haber hecho su obra destructora, después de haber sido pulverizada la gran imagen, que la piedra se convierte en una gran montaña que llena la tierra. La piedra que cae de arriba es gloria. Cuando los diez reinos existan, hierro y arcilla, una tremenda y terrible apostasía de Dios reinará en la tierra. La gran civilización de los gentiles, aunque se llame “cristiana” como se llaman las naciones que la sostienen, se habrá hecho por completo anticristiana. Entonces se cumplirá la primera parte de Salmo dos.
La rebelión contra Dios y contra Su Ungido estará de moda. Entonces vendrá el golpe destructor. Lo que menos esperarán de arriba, vendrá, a saber la intervención divina. El Dios del cielo establecerá el reino de Cristo y entronará SU Rey sobre el monte Sion. Pero el primer acto de Dios será la destrucción completa y el juicio de la forma última y final del dominio gentílico mundial. ¡Cuan terrible será este juicio! Se terminará el cristianismo militarista; y “el día del hombre” con su carcareado progreso y su desencantada civilización, y también con su deificación del hombre, llegará a su fin. Su sol se pondrá rodeado de las oscuras nubes del juicio. Los huracanes del divino descontento e ira barrerán a todo aquella que desafió a Dios y rechazó Su más caro y grande don.
Al hombre natural y aún al hombre religioso todo esto suena demasiado pesimista. A veces preguntan: “¿Será posible que todo esto suceda?”. Poco importa lo que piense el hombre, sino lo que está escrito en la Palabra de Verdad, la infalible Palabra de Dios. Todas las demás partes del sueño de Nabucodonosor han tenido su cumplimiento literal. La pulverizadora piedra cortada de la montaña, no por manos del hombre, que herirá los diez dedos y que desmenuzará toda la imagen, la completa terminación de los tiempos de los gentiles y del dominio de ellos, todo se cumplirá de igual manera, es decir, literalmente. Dios nos conceda que el progreso moderno, progreso sin Dios y sin Cristo, no venga a nublar, ante Dios, nuestra vista del hecho del verdadero fin y cabo de esta edad y de su gloria ficticia.
Pero hay un aspecto agradable de este oscuro cuadro: la piedra que ejecuta el juicio se convierte en una gran montaña que llena toda la tierra. Esta es la representación de la entrada del reino de nuestro Señor Jesucristo, literal y políticamente; “UN REINO” será planteado, y todas las naciones de la tierra serán puestas bajo el glorioso y pacífico gobierno del Hijo de Dios y del hombre. Entonces, Él volverá a los Suyos y dominará sobre todas las naciones y lenguas. Entonces, y nunca antes, las maravillosas visiones de los santos profetas de Dios referentes al “Reino” serán gloriosamente cumplidas.