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¿Por qué nos reunimos a Su nombre únicamente?
Extracto: Esta es una pregunta hecha a menudo a aquellos que se reúnen al nombre del Señor Jesús. Muchos han expresado el deseo de que un tratado claro sea escrito sobre el asunto. Las consideraciones siguientes se presentan afectuosamente a todos los amados hijos de Dios:
Primero. ¡EL VALOR DE CRISTO! Es Dios quien Lo ha exaltado y Le ha dado "un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla . . . y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, a la gloria de Dios Padre" (Flp. 2:9, 11). Así nuestro bendito Dios y Padre se ha deleitado en honrarle, quien es "la cabeza del cuerpo que es la iglesia; Él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado" (Col. 1:18). En este nombre, tan precioso para todo creyente, se reunían todos los Cristianos en los días de los apóstoles; y cuando fue hecho correr el telón del futuro, ¿qué vio Juan, el siervo de Jesucristo? Al ver a Jesucristo, dijo: "Y Su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Y cuando yo Le vi, caí como muerto a Sus pies. Y Él puso Su diestra sobre mí, diciéndome: No temas: Yo soy el primero y el último" (Ap. 1:16, 17).
Una puerta se abrió en el cielo. ¡Qué visión!
La visión de la gloria futura del Cordero en medio de los millones y millones de los redimidos—"un Cordero como inmolado."
"Y cantaban un nuevo cántico." ¿Qué será estar allá; oír ese volumen de gozo indescriptible unirse a ese canto? Ninguno de los redimidos para Dios rehusará cantar: "Digno eres." Huestes angélicas exclamarán en alta voz: "El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza"; sí, toda la creación redimida se escuchará diciendo: "Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás." (Ap. 5:12-14).
Así será adorado nuestro adorable Señor, y reconocido en el cielo y por toda la creación. Este es el concepto de Dios, del Cristo resucitado; que una vez murió por nuestros pecados —el justo por los injustos, para traernos a Dios. Y así la voluntad de Dios será hecha en el cielo. Si alguna alma turbada y ansiosa leyese estas líneas, nótese bien que ésta es la gloria redentora de Cristo. ¿Y quiénes son esos millones de adoradores, redimidos por Su sangre? Malhechores moribundos, María Magdalenas, pecadores de la ciudad. ¿Y es digno Jesús de traer a los tales a la gloria? ¡Sí, el más santo, santo, santo Dios dice que Él es digno! y toda la creación exclama : "Amén." Oh! tú, querido lector, ¿Le das crédito a Dios ahora? Este Cristo resucitado es tan digno que Dios dice: "Séaos pues notorio ... que por éste os es anunciada remisión de pecados; y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en éste es justificado todo aquel que creyere" (Hch. 13:38, 39). Así es que la salvación es enteramente por Cristo. Bienaventurados aquellos que pueden decir: "Tenemos redención por Su sangre, la remisión de pecados." (Efesios 1:7).
No presumo poder exponer por medio de la pluma o la lengua la gloriosa preeminencia de Cristo. Señalo a las Escrituras que tan claramente declaran la dignidad de Cristo. Pero muchos que lean este folleto dirán: "¿Qué cristiano verdadero duda por un momento de lo digno que es Cristo, o de la grandeza de Su nombre exaltado?" Cierto, muy cierto, hay una cuerda en el corazón de todo cristiano que responde al nombre de Jesús. Pero la pregunta es, ¿qué mucha y qué tan grande es esa dignidad? Podrá haber cien cristianos en un pueblo, o mil en una ciudad — quiero decir, aquellos que realmente tienen redención por la sangre de Cristo, cuyos pecados son perdonados. Ahora, si Jesús es digno de la alabanza y de la adoración unidas de toda la creación, si todos los millones de los redimidos en el cielo se reunirán alrededor de Su adorable persona, entonces ¿no es Él digno de la adoración unida de cien en un pueblo, y mil en una ciudad, sobre la tierra ? Ciertamente en el cielo todo nombre y secta debe caer. ¿Y por qué no en la tierra?
Es un gran error suponer, entonces, que nos separamos de todo nombre y secta porque creemos que somos mejores que los queridos hijos de Dios en esas sectas; lejos sea el pensamiento; ¡no! es porque Jesús es digno — sí, digno del sacrificio de dejar luego todo nombre y secta, y de reunirse a Su nombre bendito — a Su Persona bendita — solamente. Sí, mis compañeros creyentes, Él es digno de que ustedes no reconozcan otro nombre sino el Suyo. ¿Qué pensarán los ángeles, sabiendo y deleitándose, como lo hacen, en el nombre exaltado de Jesús, cuando vean nuestras maneras sobre la tierra?
Las divisiones sobre la tierra deben presentar un oscuro contraste a la unidad del cielo. En muchos lugares todo el pueblo redimido de Dios puede verse llevando varios nombres; y ni aún dos o tres se reúnen en todo el pueblo en el nombre de Jesús únicamente. Y, sin embargo, muy ciertamente, Jesús es digno de que todo creyente en el lugar se congregue solamente en Su nombre.
Ahora, si la voluntad de Dios se hace tan claramente en el cielo, al congregarse todos a la persona del Cordero, ¿cómo puedo yo orar: " . . hágase tu voluntad en la tierra así como en el cielo," a menos que esté preparado a dejar todo nombre y secta sobre la tierra, como se hace en el cielo? ¿No sería más consistente admitir: "he estado en tal secta y todos mis amigos están allí; dispénsame, por lo tanto, de hacer Tu voluntad sobre la tierra, como la haré, y como se está haciendo, en el cielo ?" ¿Es demasiado reconocer el señorío de Cristo para la gloria de Dios el Padre, y de no reconocer a ningún otro sino a Cristo? Dios pone el valor más elevado al nombre de Jesús. El hombre dice que no importa qué nombre lleve ... ¿Y no es la naturaleza humana la misma en todas partes? ¿No hay la misma tendencia idólatra donde se reconoce cualquier nombre como la cabeza de una secta? Al exaltar ese nombre, el nombre de Jesús no es reconocido, hasta que al fin es una cuestión pequeña ser cristiano, pero una cuestión grande pertenecer a la secta. Ciertamente esto es "madera, heno y hojarasca," que no perdurará en el día venidero. En los días de los apóstoles, "Jesús" era el nombre exaltado sobre todo otro nombre. Exaltarse uno a otro, aunque fuese un Pablo, o un Cefas, era denunciado por el Espíritu de Dios como carnalidad y cisma. Aun tolerar otro nombre, o nombres, era virtualmente rebajar al glorioso Cristo al nivel de un hombre meramente (1ª Co. 1:12; 3:4, 5).
¿No es lo mismo hoy? Jesús es digno de la adoración unida de los millones de los redimidos que se reunirán en el cielo; por lo tanto, Él es digno de la alabanza y adoración unidas de todos los cristianos ahora sobre la tierra. No importa que hagan otros ya sea que reconozcan ese nombre solamente delante del mundo o no — compañero creyente, si deseas hacer la voluntad de Dios, tu camino es claro: deja todo nombre y secta, y congrégate solamente en el nombre de Jesús, el Señor exaltado del cielo.
Una pregunta puede ahora surgir en la mente en cuanto a qué orden de presidencia en la iglesia está realmente de acuerdo con la mente de Dios. Esto nos conduce a la
Segunda consideración. — LA SOBERANIA DEL ESPIRITU DE DIOS, es la segunda razón por la cual nos reunimos al nombre del Señor Jesús solamente. Antes de que Jesús se fuese de este mundo, al estar en medio de Sus discípulos, Él dijo: "Y Yo rogaré al Padre, y os daré otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no Le ve, ni Le conoce: mas vosotros Le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros" (Juan 14:16, 17).