¡Qué carga inmensa! ¡Oh Señor!
Fue impuesta sobre Ti;
Tú padeciste por amor
El mal que merecí,
Cuando en la cruz, Señor Jesús,
Moriste en vez de mí.
Su santa vara Dios blandió,
Hiriéndote a Ti;
Dios mismo Te desamparó,
Para ampararme a mí;
Tu sangre en don de expiación,
Vertiste Tú por mí.
Cristo refugio de mí, pecador,
Doy gloria a Ti, sí, sólo a Ti…
Tu sangre preciosa vertida por mí
Me da tan segura morada en Ti:
Cristo refugio de mí, pecador,
Doy gloria a Ti, sólo a Ti.
Ni sangre hay ni altar,
Cesó la ofrenda ya;
No sube llama ni humo hoy,
Ni más cordero habrá;
Mas ved, ¡he aquí la sangre de Jesús!
Que quita la maldad y al hombre da salud.