P. Froese
Nosotros, los creyentes en el Señor Jesús, como “sacerdocio santo” (1 Pedro 2:55Ye also, as lively stones, are built up a spiritual house, an holy priesthood, to offer up spiritual sacrifices, acceptable to God by Jesus Christ. (1 Peter 2:5)) adoramos, alabamos, y agradecemos a Dios. El servicio cristiano siempre tiene el segundo lugar luego de la adoración. En ocasiones, nos falta aprecio, devoción y amor a Dios e intentamos llenar este vacío con más servicio. Pero la primera cosa que Dios quiere de nosotros no es el servicio, sino nuestro corazón: “Dame, hijo mío, tu corazón” (Proverbios 23:2626My son, give me thine heart, and let thine eyes observe my ways. (Proverbs 23:26)). Como notamos en la historia de las hermanas María y Marta: “María ... sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres” (Lucas 10:39-4039And she had a sister called Mary, which also sat at Jesus' feet, and heard his word. 40But Martha was cumbered about much serving, and came to him, and said, Lord, dost thou not care that my sister hath left me to serve alone? bid her therefore that she help me. (Luke 10:39‑40)). Primero debemos estar a los pies del Señor Jesús, apreciando Su ser y Sus palabras, como manifiesta el Señor: “sólo una cosa es necesaria ... la buena parte” (Lucas 10:4242But one thing is needful: and Mary hath chosen that good part, which shall not be taken away from her. (Luke 10:42)). Desde aquella posición de adoración y aprendizaje podemos avanzar para servirle debidamente con todo nuestro ser; y nuestro servicio será un trabajo de gozo y no simplemente “quehaceres”.
Como “real sacerdocio” (1 Pedro 2:99But ye are a chosen generation, a royal priesthood, an holy nation, a peculiar people; that ye should show forth the praises of him who hath called you out of darkness into his marvellous light: (1 Peter 2:9)) servimos a Dios al servir a nuestros prójimos. Con nuestros “dones espirituales” (1 Corintios 12:11Now concerning spiritual gifts, brethren, I would not have you ignorant. (1 Corinthians 12:1)) servimos a Dios al ministrar a otros miembros del cuerpo de Cristo y al predicar a los inconversos para su salvación: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:1212For the perfecting of the saints, for the work of the ministry, for the edifying of the body of Christ: (Ephesians 4:12)). El servicio cristiano involucra cada área de nuestras vidas y tiene que ver con cada situación de nuestro día a día: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:3131Whether therefore ye eat, or drink, or whatsoever ye do, do all to the glory of God. (1 Corinthians 10:31)).
El Señor dijo que “el que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará ... el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mateo 10:39,41-4239He that findeth his life shall lose it: and he that loseth his life for my sake shall find it. (Matthew 10:39)
41He that receiveth a prophet in the name of a prophet shall receive a prophet's reward; and he that receiveth a righteous man in the name of a righteous man shall receive a righteous man's reward. 42And whosoever shall give to drink unto one of these little ones a cup of cold water only in the name of a disciple, verily I say unto you, he shall in no wise lose his reward. (Matthew 10:41‑42)). Así que el servicio al Señor involucra toda la existencia, desde perder nuestras vidas por causa de Él, hasta mostrar hospitalidad hacia Sus siervos, inclusive dar un vasito de agua fría a un discípulo pequeñito. Desde lo grande a lo pequeño, cada acontecimiento en nuestras vidas es una oportunidad para servir a nuestro Salvador.
Al considerar el tema del servicio al Señor muchas veces pensamos que el servicio es algo que solo unas pocas personas pueden realizar. O puede ser que sí, sentimos que debemos estar sirviendo al Señor, pero no sabemos dónde o cómo empezar. Nos preguntamos: ¿cuándo voy a estar listo para servir? ¿Qué puedo hacer con lo poco que tengo?
Si en algún momento has tenido una de estas preguntas, sigue leyendo para aprender más sobre lo que la Biblia nos enseña acerca del servicio al Señor. Vamos a dividir nuestro tema en tres partes, los cuales son: (1) el llamamiento al servicio, (2) la práctica del servicio, y (3) el rendimiento de cuentas al fin del servicio.
El llamamiento
Aparte del Señor Jesús, quizá el más ferviente siervo de Dios de toda la Biblia es el apóstol Pablo. Él nos sirve por ejemplo de cómo es el llamado al servicio. En el día de su conversión, Pablo hizo dos preguntas: “¿Quién eres, Señor?” (Hechos 9:55And he said, Who art thou, Lord? And the Lord said, I am Jesus whom thou persecutest: it is hard for thee to kick against the pricks. (Acts 9:5)) y: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:66And he trembling and astonished said, Lord, what wilt thou have me to do? And the Lord said unto him, Arise, and go into the city, and it shall be told thee what thou must do. (Acts 9:6)). Así que tan pronto como Pablo fue salvado, también fue llamado al servicio en aquel mismo día, cuando supo que Jesús es el Señor y que tenía un propósito al salvarle.
Como en el caso del apóstol Pablo, así debemos también actuar nosotros: Nuestro llamamiento al servicio es nuestro llamamiento a la salvación. Pablo escribió a Tito lo siguiente: “nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:13-1413Looking for that blessed hope, and the glorious appearing of the great God and our Saviour Jesus Christ; 14Who gave himself for us, that he might redeem us from all iniquity, and purify unto himself a peculiar people, zealous of good works. (Titus 2:13‑14)). Nuestro gran Dios, el Señor Jesucristo, tuvo que entregarse al sufrimiento y a la muerte para tener adoradores, siervos y obreros. ¿Estamos esperando o buscando otro motivo más para que nos entreguemos a Su servicio?
Igualmente, el apóstol Pedro dice: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:99But ye are a chosen generation, a royal priesthood, an holy nation, a peculiar people; that ye should show forth the praises of him who hath called you out of darkness into his marvellous light: (1 Peter 2:9)). Dios mismo nos llamó de las tinieblas del pecado y de la muerte, lo cual era nuestro estado por naturaleza, y nos salvó por su gracia. ¿Pero para qué? Para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó. Así que hemos sido salvados para servir. ¡No esperemos otro motivo, sino sirvamos “por amor del nombre de Él”! (3 Juan 77Because that for his name's sake they went forth, taking nothing of the Gentiles. (3 John 7))
Sin embargo, debe llegar el momento en la vida de cada hijo de Dios en que tomamos la decisión de consagrarnos al Señor. Puede ser, y debe ser, que este acto de consagración o dedicación acontezca al momento de la conversión, como ha sido la experiencia de muchos que se han convertido en momentos de crisis. Pero a veces demoramos en darnos cuenta de que debemos estar concentrándonos en servir a Dios con todo nuestro ser. Es por eso que el apóstol Pablo escribe a los cristianos en Roma: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:11I beseech you therefore, brethren, by the mercies of God, that ye present your bodies a living sacrifice, holy, acceptable unto God, which is your reasonable service. (Romans 12:1)).
Algunos de nosotros necesitamos una llamada de atención para darnos cuenta de que es nuestro deber ofrecernos como sacrificio, aun nuestros cuerpos, en el servicio al Señor. En Romanos 12:1,1I beseech you therefore, brethren, by the mercies of God, that ye present your bodies a living sacrifice, holy, acceptable unto God, which is your reasonable service. (Romans 12:1) el apóstol Pablo dice que el sacrificio completo es nuestro “culto racional”. Hoy en día, muchos de nuestros hermanos y hermanas en Cristo están padeciendo persecuciones, e incluso muchas veces hasta la misma muerte, por amor a Cristo. ¿Acaso es racional padecer por Jesucristo? Sí, hermanos jóvenes, hemos sido llamados para presentarnos de forma incondicional —aun nuestros cuerpos— ante el altar para el servicio a Dios. “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-1514For the love of Christ constraineth us; because we thus judge, that if one died for all, then were all dead: 15And that he died for all, that they which live should not henceforth live unto themselves, but unto him which died for them, and rose again. (2 Corinthians 5:14‑15)).
Pero algunos van a preguntar: ¿qué debo hacer? ¿Dónde puedo trabajar para el Señor? ¿Qué trabajo tiene el Señor para alguien como yo? Como ya hemos dicho, a veces no nos damos cuenta inmediatamente que debemos servir al Señor desde el momento de nuestra conversión. No obstante, cuando llega el momento en que tomamos la decisión de presentarnos para Su servicio, Él tiene la capacidad para dirigirnos a exactamente lo que Él quiere que hagamos. Los detalles específicos se mostrarán cuando nos presentemos disponibles para el Señor. Si buscamos oportunidades para servirle, Él hará todo lo posible para que podamos desarrollar algún área de servicio que esté conforme a nuestro don espiritual y nuestra habilidad natural.
La práctica
La vida del creyente debe ser una vida de constante crecimiento y aprendizaje en las cosas de Dios. Las últimas palabras del apóstol Pedro registradas en la Biblia son: “creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:1818But grow in grace, and in the knowledge of our Lord and Saviour Jesus Christ. To him be glory both now and for ever. Amen. (2 Peter 3:18)). Esta etapa de la práctica del servicio es de tiempo indefinido, pues nadie sabe cuánto tiempo tendrá para vivir para Cristo. ¡Ojalá que sea por lo menos por el resto de nuestras vidas, y que no dejemos el camino del servicio antes de entrar en la presencia de nuestro Señor!
Habrán distintas etapas en nuestro crecimiento espiritual, tanto como lo hay en el crecimiento físico de nuestros cuerpos. El apóstol Juan en su primera epístola habla de “hijitos ... padres ... [y] jóvenes” (1 Juan 2:12-1312I write unto you, little children, because your sins are forgiven you for his name's sake. 13I write unto you, fathers, because ye have known him that is from the beginning. I write unto you, young men, because ye have overcome the wicked one. I write unto you, little children, because ye have known the Father. (1 John 2:12‑13)) quienes tienen distintas características según su nivel de crecimiento. Se puede ilustrar el proceso del crecimiento espiritual con la parábola del crecimiento de la semilla, en que aparece “primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga” (Marcos 4:2828For the earth bringeth forth fruit of herself; first the blade, then the ear, after that the full corn in the ear. (Mark 4:28)). Debemos desarrollar nuestro servicio con persistencia, pero también con paciencia mientras que vamos aprendiendo cada día más. Si salimos fuera del orden debido de crecimiento, es muy probable el fracaso y caer “en la condenación del diablo”, que es el orgullo (1 Timoteo 3:66Not a novice, lest being lifted up with pride he fall into the condemnation of the devil. (1 Timothy 3:6)).
Es evidente que la calidad y cantidad de nuestro servicio será conforme a nuestro nivel de crecimiento y dedicación a Dios. Sin embargo, no debemos pensar que primero tenemos que asistir a un instituto bíblico para luego poder servir a Dios. Muchos de los siervos más útiles de Dios nunca se matricularon en un seminario. Además, en la Biblia nunca leemos que haya el requisito de tener un diploma religioso o ser ordenado por otros seres humanos para poder empezar nuestro servicio cristiano.
Para servir al Señor apropiadamente, el siervo, especialmente el siervo joven, debe ejercer una actitud de obediencia. Nuestra primera responsabilidad es obedecer, sin cuestionar, a Dios y a Su palabra. El apóstol Pablo, al pensar del joven obrero Timoteo, mencionó: “la fe no fingida que hay en ti” (2 Timoteo 1:55When I call to remembrance the unfeigned faith that is in thee, which dwelt first in thy grandmother Lois, and thy mother Eunice; and I am persuaded that in thee also. (2 Timothy 1:5)). La fe no fingida es una fe que francamente acepta lo que Dios dice en Su palabra, y la pone en práctica, pues “la fe, si no tiene obras, es muerta” (Santiago 2:1717Even so faith, if it hath not works, is dead, being alone. (James 2:17)). Debemos ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores” (Santiago 1:2222But be ye doers of the word, and not hearers only, deceiving your own selves. (James 1:22)).
En segundo lugar, nos toca obedecer a nuestros padres: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres ... Honra a tu padre y a tu madre” (Efesios 6:1-21Children, obey your parents in the Lord: for this is right. 2Honor thy father and mother; (which is the first commandment with promise;) (Ephesians 6:1‑2)) y a nuestros mayores en la asamblea donde nos reunimos: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos” (Hebreos 13:1717Obey them that have the rule over you, and submit yourselves: for they watch for your souls, as they that must give account, that they may do it with joy, and not with grief: for that is unprofitable for you. (Hebrews 13:17)). Además, debemos respetar a las autoridades civiles: “Sométase toda persona a las autoridades superiores” (Romanos 13:11Let every soul be subject unto the higher powers. For there is no power but of God: the powers that be are ordained of God. (Romans 13:1)). Cuando nos sujetamos a la dirección de Dios por Su palabra, y a nuestros padres y hermanos mayores en el Señor, estaremos caminando por una senda de seguridad y bendición en la cual podemos servir apropiadamente al Señor. En ocasiones podemos pensar que serviremos mejor si hacemos las cosas según nuestro parecer en vez de hacerlas conforme a la palabra de Dios; pero tal actitud nunca debe ser la nuestra porque jamás seremos más sabios que Él. “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios” (1 Samuel 15:2222And Samuel said, Hath the Lord as great delight in burnt offerings and sacrifices, as in obeying the voice of the Lord? Behold, to obey is better than sacrifice, and to hearken than the fat of rams. (1 Samuel 15:22)).
Para ser más útil, el siervo de Dios debe desarrollar una vida de comunión personal con el Señor. Como hemos enfatizado, el servicio viene después de la adoración y la devoción personal al Señor, pues el servicio verdadero tiene como fuente al amor. También tenemos que vivir en comunión con nuestros hermanos: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:33Endeavoring to keep the unity of the Spirit in the bond of peace. (Ephesians 4:3)), y puede ser que nuestra labor sea realizada junto con otros hermanos o hermanas. Sin embargo, no hay substituto para la comunión personal con el Señor, que tiene lugar al escuchar Su voz mediante la lectura y meditación de la Biblia, así como al hablar con Él en la oración. Cuando Pedro y Juan vieron al Señor después de Su resurrección, Pedro preguntó a Jesús acerca del futuro de Juan, y Jesús le reprendió: “¿qué a ti? Sígueme tú” (Juan 21:2222Jesus saith unto him, If I will that he tarry till I come, what is that to thee? follow thou me. (John 21:22)). Así que la vida del siervo de Dios se debe vivir al seguir personalmente al Señor, sin importarnos lo que hagan los demás.
Si se apartan otros de la senda,
¡Oh! sigue a Cristo, sí, sigue a Cristo;
Si acrecienta en torno la contienda,
¡Oh! sigue a Cristo, el Señor.
(#835, Himnario de los mensajes del amor de Dios, 7˚ed.)
Rendimiento de cuentas
La última fase de nuestro servicio será la evaluación que hará nuestro Maestro, y estará seguida con la presentación de los premios para cada uno conforme al servicio. Este acontecimiento tendrá lugar en lo que se llama “el tribunal de Cristo”, luego del rapto y antes del milenio. El propósito del tribunal de Cristo es “para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:1010For we must all appear before the judgment seat of Christ; that every one may receive the things done in his body, according to that he hath done, whether it be good or bad. (2 Corinthians 5:10)). Cristo juzgará nuestras obras y nuestros motivos en aquel día, para que de una vez por todas desaparezca lo malo y sea premiado lo bueno. No juzgará nuestras personas en ese momento, pues cada creyente ya ha sido justificado en Él.
“ ... Aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor ... Y si sobre este fundamento [Cristo] alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:8,12-158Now he that planteth and he that watereth are one: and every man shall receive his own reward according to his own labor. (1 Corinthians 3:8)
12Now if any man build upon this foundation gold, silver, precious stones, wood, hay, stubble; 13Every man's work shall be made manifest: for the day shall declare it, because it shall be revealed by fire; and the fire shall try every man's work of what sort it is. 14If any man's work abide which he hath built thereupon, he shall receive a reward. 15If any man's work shall be burned, he shall suffer loss: but he himself shall be saved; yet so as by fire. (1 Corinthians 3:12‑15)).
Tal vez pensemos que no quedará nada de valor en nuestras vidas en aquel día. Es bueno tener en mente que es posible sufrir la pérdida de la recompensa si no servimos debidamente; sin embargo, hay un versículo de consuelo en el siguiente capítulo: “cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Corintios 4:55Therefore judge nothing before the time, until the Lord come, who both will bring to light the hidden things of darkness, and will make manifest the counsels of the hearts: and then shall every man have praise of God. (1 Corinthians 4:5)). Dios ve todo y conoce las intenciones de nuestros corazones, así que no dejará de premiar cualquier cosa, aunque sea pequeña e insignificante, que se haya hecho para Él y que sea de su agrado.
Hay varias parábolas en los evangelios que ilustran bien este asunto de premiar el servicio. La siguiente es la parábola de las diez minas o monedas:
“ ... Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas [monedas], y les dijo: Negociad entre tanto que vengo ... Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades ... Vino otro, diciendo, Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?” (Lucas 19:12-13,15-17,20-2312He said therefore, A certain nobleman went into a far country to receive for himself a kingdom, and to return. 13And he called his ten servants, and delivered them ten pounds, and said unto them, Occupy till I come. (Luke 19:12‑13)
15And it came to pass, that when he was returned, having received the kingdom, then he commanded these servants to be called unto him, to whom he had given the money, that he might know how much every man had gained by trading. 16Then came the first, saying, Lord, thy pound hath gained ten pounds. 17And he said unto him, Well, thou good servant: because thou hast been faithful in a very little, have thou authority over ten cities. (Luke 19:15‑17)
20And another came, saying, Lord, behold, here is thy pound, which I have kept laid up in a napkin: 21For I feared thee, because thou art an austere man: thou takest up that thou layedst not down, and reapest that thou didst not sow. 22And he saith unto him, Out of thine own mouth will I judge thee, thou wicked servant. Thou knewest that I was an austere man, taking up that I laid not down, and reaping that I did not sow: 23Wherefore then gavest not thou my money into the bank, that at my coming I might have required mine own with usury? (Luke 19:20‑23)).
Por esta parábola vemos que Dios considera a cada uno de nosotros como sus siervos. Hay diez siervos y diez monedas: el número diez en la Biblia es el número de la responsabilidad del ser humano (por ejemplo, los diez mandamientos). Así que cada uno de nosotros es responsable ante Dios por cómo le servimos a Él, y Él nos premiará según nuestro servicio. En esta parábola, la diferencia entre el buen siervo y el mal siervo fue su concepto de Dios. Hermanos jóvenes, ¡podemos confiar completamente en la bondad de Dios! ¡Trabajemos sin reserva para Él! ¿Parece riesgoso invertir en el servicio de Dios? No importa, pues es nuestro “culto racional” perder todo lo que naturalmente nos gusta para que seamos agradables a nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
El fin de la carrera
Como hemos mencionado antes, el Señor Jesús es el mejor ejemplo de un siervo de Dios, y el segundo ejemplo tal vez puede ser el apóstol Pablo. Pero es interesante notar tanto la correspondencia como la diferencia entre los dos en cuanto a cómo terminaron sus vidas de servicio. Jesús, antes de morir en la cruz, dijo a su Padre en Juan 17:4: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”. Nuestro Señor es el único que alguna vez pudo decir de sí mismo que había acabado la obra. El apóstol Pablo, en sus últimas palabras a Timoteo, y en cuanto a cronología posiblemente sus últimas palabras en la Biblia, dice: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:7-87I have fought a good fight, I have finished my course, I have kept the faith: 8Henceforth there is laid up for me a crown of righteousness, which the Lord, the righteous judge, shall give me at that day: and not to me only, but unto all them also that love his appearing. (2 Timothy 4:7‑8)).
Este es nuestro deseo para cada uno de ustedes, hermanos y hermanas jóvenes: que lleguen al final de sus días habiendo peleado la buena batalla y guardado la fe. Es así que podremos decir, con el apóstol Pablo, que hemos “acabado la carrera”. Nuestro Señor Jesús ya ha vencido a la muerte, y nosotros con Él, ya vivimos más allá de ella. ¡La gloria nos es segura! “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:5858Therefore, my beloved brethren, be ye stedfast, unmoveable, always abounding in the work of the Lord, forasmuch as ye know that your labor is not in vain in the Lord. (1 Corinthians 15:58)).