N. Vega
La gracia del Señor realmente es un tema excelso que tiene lugar en el corazón de Dios, pues no hay manera en que el ser humano pueda acercarse a Él, sino por su gracia y misericordias que son nuevas cada mañana.
Bendito Señor cuando nos acercamos a ti no podemos sino reconocer que tan solo por tu gracia nos has otorgado la salvación, nos sostienes en nuestro diario caminar y por ella recurrimos y nos presentaremos ante tu presencia.
Señor cuán bueno eres, pues no es que te hayamos estado buscando, sino que Tú nos buscaste cuando nos habíamos alejado de Ti. Nos amaste con amor eterno no porque te hayamos amado, sino para mostrarnos tu gran bondad e inmerecido favor.
Al considerar nuestro caminar ya salvos y cautivados por tu amor, podemos contemplar que no ha sido nuestra fidelidad ni esfuerzo el que nos ha sostenido firmes, sino que tu gracia nos ha guardado.
Oh Señor, cuán precioso ha sido poder acercarnos al trono de tu gracia para pedir tu guía, dirección y consolación, especialmente en los momentos más difíciles cuando suplicamos no tan solo que nos ayudes, sino también que tu paz que sobrepasa todo entendimiento guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo.
Oh Señor, en cada adversidad nos has brindado tu amor y por tu gracia nos has levantado. Has sido Tú Señor el que has susurrado nuestro nombre y alentado al corazón recordándonos que estás trabajando y forjando nuestro ser.
Y quedamos admirados pues lo que era imposible cambiar en nuestras fuerzas con tu Espíritu nos has mostrado que no hay nada imposible para Ti.
Finalmente podemos unirnos con Pablo al decirte individualmente: Señor tengo el deseo de “ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:99And be found in him, not having mine own righteousness, which is of the law, but that which is through the faith of Christ, the righteousness which is of God by faith: (Philippians 3:9)).