Número 33
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Carta del editor - Número 33 - Julio de 2016
D.E. Rule
Amados hermanos y hermanas en Cristo,
Un tema que causa mucha confusión en los creyentes es saber distinguir entre la posición de Israel y la iglesia en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, hay quienes dicen que somos salvos por gracia, pero que después de ser salvos los diez mandamientos sirven como nuestro modelo para vivir. En este número de Tu Juventud hemos incluido la transcripción de un mensaje donde un hermano explicó que el contenido moral de los diez mandamientos está en el Nuevo Testamento pero como el mensaje al corazón a los redimidos por la sangre de Cristo, mas no como un conjunto de leyes. Te recomendamos que lo consideres y reflexiones al leerlo.
Recordemos que Israel no pudo guardar la ley que pidieron y sobre la que se jactaron que iban a guardarla siendo fieles. Damos gracias a Dios que la gracia y la verdad vinieron a este mundo por medio de Su Hijo unigénito, el Señor Jesucristo. Ahora, somos beneficiarios por la eternidad de Su obra consumada en la cruz del Calvario.
Como parte de la confusión entre la ley y la gracia, muchos escogen ciertos pasajes del Antiguo Testamento para aplicarlos a la iglesia. Es muy importante aprender del Antiguo Testamento pero no es correcto volver a ponernos bajo la ley cuando ya estamos como la novia del Señor Jesucristo, y esperamos ser parte de su esposa luego del arrebatamiento: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4).
Finalmente, rogamos sus oraciones por Ecuador. En “la mies es mucha” compartimos algunos aspectos respecto a la situación actual.
Como siempre, pedidos que leas esta revista con tu Biblia abierta, pues ella es la autoridad que puede juzgar todo lo que se ha escrito aquí.
Tu hermano por gracia,
Jesucristo: Lleno de gracia y de verdad
D.E. Rule
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad ... Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:14,16-17).
Cuando tenemos al Señor Jesucristo como nuestro Salvador, tenemos una relación personal con el Hijo Eterno de Dios. Siempre ha existido como el Hijo de Dios con Dios el Padre en el cielo. Escogió venir al mundo en un cuerpo humano, siendo Hombre pero sin pecado; sin embargo, siempre permaneció como Dios también. ¿Por qué lo hizo? Porque Su deseo es tenernos con Él en el cielo por toda la eternidad como Su esposa, redimida por Su preciosa sangre derramada en la cruz del Calvario. Aquellos como el apóstol Juan que fueron contemporáneos con Él, debido a Su primera venida a la tierra como Hombre vieron Su gloria moral: su perfección en todo sentido. La palabra traducida “habitó” significa “acampó”. No estuvo de pasó; sino que vivió entre los seres humanos en la tierra durante 33 años. A la vez pudieron ver Su gracia en Sus acciones al darse, aunque los receptores no merecían ser objeto de su bondad. Por fin, un Hombre mostró la perfección y la excelencia de Dios en todo sentido.
En el monte de la transfiguración mostró un vistazo de Su gloria como Dios, al emitir de Su cuerpo una luz brillante y resplandeciente: “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” (Mateo 17:1-2). Esta va a ser la iluminación que veremos cuando seamos arrebatados al cielo. Aquí normalmente mostró solamente Su gracia y verdad: las demostraciones de Su gloria moral.
Debemos tomar tiempo a diario para ver Su gloria. Él, siendo lleno de gracia y verdad, por un lado mostró la bondad que no merecíamos. Esto es lo que ha hecho al sufrir el castigo que nosotros merecemos y morir en lugar de nosotros. Ahora tenemos una nueva vida por medio de Su muerte y resurrección. A la vez era completamente honesto y recto en todo, no cometió pecado ni hizo maldad. Solamente Dios puede estar completamente lleno de gracia y ser justo a la vez. El Señor Jesucristo, siendo Dios y hombre a la vez, ha podido mostrar estas calidades cual ningún otro.
En contraste, Moisés fue un intermediario que recibió y mostró a Israel una ley que pidieron pero que no pudieron cumplirla. El único que ha podido cumplir la ley es el Señor Jesucristo. No hay otro. Al cumplirla, Él mostró Su calificación para ser nuestro Substituto y morir en lugar nuestro, recibiendo el castigo que nosotros merecemos y sirve para mostrar lo que somos: pecadores y merecedores de un castigo eterno en el lago de fuego. La ley sirve ahora para mostrar al ser humano lo que somos, respecto a lo que Dios requiere; sirve para condenarnos, no para salvarnos. La salvación viene como resultado de la obra consumada en la cruz del Calvario por quien está lleno de gracia y verdad: el Señor Jesucristo.
El contenido moral de los diez mandamientos: Aplicación para los cristianos
C.H. Brown
[El siguiente artículo es una transcripción de un mensaje que un hermano dio hace algunos años; sin embargo, el contenido sigue siendo relevante hoy en día].
Amados hermanos, hoy tengo el deseo de considerar el tema de los diez mandamientos y su aplicación moral al cristiano. Pero primero, permítanme leer las siguientes escrituras: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo ... ” (Gálatas 2:16). “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas” (Gálatas 3:10- 12). “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14).
La razón por la que he leído estos versículos es esta: Al abordar el tema de los diez mandamientos, puede haber la inclinación de algunos a pensar que estoy tomándolos en una forma legalista, como si nosotros los creyentes en la actualidad estuviésemos bajo la ley. ¡No! Estamos bajo la gracia: gracia pura y soberana, no hay nada de legalismo en esto.
Vayamos en nuestras biblias al capítulo 20 de Éxodo donde los israelitas se encontraron a sí mismos en la presencia de la reverente ley de Dios, las “diez palabras” (Éxodo 34:28, Reina-Valera 1909) que les dio Moisés en el Monte Sinaí.
Nuestra idea es determinar estas “diez palabras” mientras encontramos su corolario en el Nuevo Testamento. De los diez mandamientos, ocho son negativos y dos son positivos; nueve morales y uno ceremonial.
La naturaleza de Dios no está sujeta a cambio; por tanto encontraremos que los nueve mandamientos que son esencialmente de índole moral tienen su réplica en el cristianismo. Vamos a examinarlos. El primer mandamiento está ubicado en el tercer versículo de Éxodo 20: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Este está a la cabeza de la lista. Es fundamental. Es una parte esencial de la dispensación judía. Así también la revelación cristiana preserva esta verdad inviolable. Vamos a 1 Corintios 8:4: “ ... no hay más que un Dios”. Cuán clara e inequívoca es esta afirmación. Ahora leamos el sexto versículo: “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él”. Así que cuando un Testigo de Jehová venga a su puerta para desafiar su confesión de Cristo como Dios, léale 1 Corintios 8:4-6. Tenemos un solo Dios, pero Dios se ha complacido en revelarse a Sí mismo en tres Personas. Recuerdas cuando Felipe pidió al Señor Jesús: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta”. Qué maravillosa fue la respuesta de nuestro Señor: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre ... yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Juan 14:9,11). Ahora vamos a 1 Juan 5:20: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”. ¡Oh, qué tan clara definición! Estas declaraciones son tal claras como un cristal: Jesús es Dios. Sí, en el cristianismo conocemos a un solo Dios. A veces se manifiesta como el Padre, a veces como el Hijo, y a veces como el Espíritu. (Compare Hechos 5:3-4). Así que en el cristianismo estamos completamente de acuerdo con el primer mandamiento dado a Moisés: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”.
Volviendo ahora al capítulo 20 de Éxodo, tomemos el segundo mandamiento. Vamos a leer desde el versículo 4 hasta el versículo 6: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”. “No te harás imagen”. Ahora vamos a 1 Corintios 10:14: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”. Véase también el versículo 7: “Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar”. Estamos viviendo en un período que se está preparando para “ ... el hombre de pecado” (2 Tesalonicenses 2:3). El mundo se va a hundir en la peor idolatría que alguna vez se haya conocido. Los judíos mismos van a estar siete veces más involucrados en la idolatría que jamás antes en su historia. “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación” (Mateo 12:43-45). El resto del mundo seguirá por lo mismo. Esta tendencia es evidente en la actualidad. ¿Ha notado el rápido aumento en el stock de figurillas y estatuillas a la venta en muchos diferentes tipos de tiendas? Entre ellas podrás ver réplicas exactas de ídolos paganos. Uno siente que todo esto está encaminado para tener todos los materiales listos para la adoración de ídolos y la adoración de la imagen de la bestia (Apocalipsis 13). Cuando el hombre abandona el verdadero conocimiento de Dios cual está revelado en la Palabra de Dios, fácilmente cae en la idolatría. Así ha sido su historia. Tras el aparentemente inocente ídolo de arcilla o madera, está el poder siniestro y la presencia de un demonio: “¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios” (1 Corintios 10:19-20). “Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar” (Apocalipsis 9:20). Por tanto, en 1 Corintios capítulo 10 hallamos una advertencia solemne dirigida a nosotros los cristianos para que huyamos de todo aquello que está vinculado con la idolatría. Arrodillarse ante cualquier imagen no tiene cabida en el cristianismo. Y esto está completamente de acuerdo con el segundo mandamiento.
Una vez más volvamos a Éxodo 20; esta vez para leer el versículo 7: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”. Ahora vamos a Santiago 5:12: “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”. ¡Qué tal forma de corroborar completamente la esencia del tercer mandamiento mosaico! Vayamos un poco más en detalle aquí. No creo que ahora haya alguien presente en este lugar que deliberadamente tome el nombre del Señor en vano. Pero déjanos notar que Santiago toma el asunto más allá de esta prohibición mínima: “ ... sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”. Me pregunto cuántos de nosotros podemos alegar inocencia cuando escuchamos esa exhortación. En español utilizamos expresiones inadecuadas para expresar susto, asombro, asegurar la veracidad de algo o solicitar un favor: ¡Por Dios! ¡Jesús! ¡Jesucristo! ¡Te juro por Dios! ¡Por Dios! Hay que evitar totalmente el uso de estas palabras y expresiones. Para obtener una victoria completa en este asunto de obediencia a la Palabra de Dios necesitamos hacer la oración de David nuestra petición diaria: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Salmo 19:14). Pienso en ustedes, los jóvenes, especialmente, respecto al asunto de formar sus hábitos al hablar. No permita que tales expresiones tengan cabida en su forma de expresarse. Hagamos caso a esta advertencia de la Palabra. Cuidemos nuestro lenguaje en el hogar, en la escuela, en la fábrica, en la oficina; deja que sea casto y puro. Que sea tal que pueda permanecer ante el escrutinio del Señor en el tribunal de Cristo.
De nuevo en Éxodo 20, versículos 8-11. Aquí tenemos el cuarto mandamiento: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”. Ahora tengo que confesar que no puedo absolutamente hallar algo que responda a ese mandamiento en el cristianismo. ¡No se va a encontrar! Recuerda que la palabra “sábado” que significa “descanso” se usa por primera vez en Éxodo 16:23 en conexión con los hijos de Israel al recoger el maná; pues no se lo debía recoger el sábado, el séptimo día; este fue declarado de manera distintiva para ser un día de descanso. Pero cuando entramos en la dispensación de la gracia, la dispensación cristiana, o administración si prefiere, no encontramos directrices para que guardemos tal día. Solamente hay una mención del día de reposo en alguna de las epístolas del Nuevo Testamento; es decir, en Colosenses 2:16: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo”. Pero notemos la aclaración en el versículo siguiente: “todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”. Evidentemente la única razón para mencionar el día de reposo aquí es para mostrar que no forma parte de la revelación cristiana. Por el contrario, no era más que una sombra de lo que iba a seguir. En relación a nuestro día de reposo, podemos aprender de Hebreos 4:9 que: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios”. No podemos decir que el sábado, el día de reposo, ha sido cambiado al domingo. El sábado siempre fue el séptimo día de la semana; el domingo es el primer día de la semana, por lo que es imposible que sea el sábado. Así que esperamos nuestro día de reposo cuando el Señor nos llevará a la Casa de Su Padre, para que podamos descansar en su amor. El reposo está al final de la jornada.
Algunos pueden hacer la pregunta: “Qué hay acerca del día del Señor, el primer día de la semana; ¿no es este nuestro día de descanso?”. A esto tenemos que responder: “No”. Entonces qué lugar tiene en nuestras vidas. ¿Acaso no está la respuesta en la misma expresión para contestar nuestra pregunta sobre “el día del Señor”? El día le pertenece al Señor. Es para que lo usemos para él. Es el día en que nos reunimos para partir el pan. El término día del Señor se encuentra solamente una vez; esto es, en Apocalipsis 1:10: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor”. La palabra en griego se puede traducir dominical. Entonces podemos traducir este verso en Apocalipsis 1: “Yo estaba en el Espíritu en el día dominical”. Ahora, si regresamos a 1 Corintios capítulo 11, encontraremos esta misma palabra griega usada en conexión con la Cena del Señor. O bien, podría llamarse la cena dominical. Ahora bien, ¿no es significativo que el único uso de esta palabra griega dominical en el Nuevo Testamento esté en conexión con la cena y el día del Señor? Así que la cena del Señor se celebra en el día del Señor.
El día del Señor se distingue definitivamente de otros días por algunas escrituras significativas. Nuestro Señor Jesucristo se levantó de entre los muertos el primer día de la semana; Él apareció a Sus discípulos ese día; Él apreció a ellos de nuevo el segundo día del Señor después de Su resurrección. Observamos que el Espíritu Santo descendió el día de Pentecostés, que también fue el primer día de la semana; los discípulos estuvieron congregados el primer día de la semana para partir pan; el apóstol Pablo mandó a los corintios que pongan aparte algo el primer día de la semana como contribución para la colecta de los santos pobres. Todas estas escrituras nos muestran que en el cristianismo el primer día de la semana desplaza completamente el día de reposo de los judíos. Cuán inconsistente sería para la Iglesia de Dios que lo celebre como su día, aquel durante el cual su Señor y Salvador estaba bajo el poder de la muerte y en la tumba. Pero cuán glorioso es estar juntos el primer día de la semana, el día de Su victoria sobre la tumba. Cuán dulce y precioso es darle este primer día de la semana, Su día.
Deseo decir algo a ustedes los jóvenes que están aquí hoy. Me da pena mientras voy a diferentes lugares ver tantos jóvenes usando el día del Señor para sus quehaceres normales Usted dice que hay cosas que no va a hacer el día del Señor. Pero ahora, veamos algo más puntual. Dice que está estudiando. Esto es bueno, y una cosa correcta y legítima en la vida. Espero que le vaya bien en sus estudios. Pero está dejando las tareas para hacerlas el día del Señor o diciendo que si no se prepara para los exámenes los días del Señor que no va a sacar las mejoras notas. Busquemos, por la gracia de Dios, darle al Señor Su día.
Tal vez algún joven está diciendo: “Bueno, ¿entonces cómo voy a pasar el día del Señor?” Yo sé de muchas formas que nuestros amados hermanos y hermanas jóvenes pueden usar su tiempo libre durante los días del Señor. Ellos buscan varias formas de compartir el evangelio. Tal vez sea visitar instituciones para repartir folletos y hablar con personas individualmente acerca del Señor. Tal vez sea ir a los parques o calles para predicar. Para otros es visitar a los enfermos y a los presos. Otros ocupan parte del día para escribir cartas que sean de ayuda a amigos cristianos, o tal vez a parientes o amigos inconversos. Otros aprovechan su tiempo para enviar literatura a aquellos que consideran que puedan recibir ayuda para sus almas mediante algún folleto o librito. No, no hay “sábado”, no hay un día de reposo en el cristianismo; pero hay un día cuando podemos estar libres para servir el Señor. Que el Señor no dé una consciencia sensible (no cauterizada) para que de veras pueda ser Su día.
Regresemos a Éxodo 20, leeremos el versículo 12. Aquí tenemos el quinto mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Si vamos a Efesios 6:2 encontraremos que este mandamiento está citado palabra por palabra. El cristianismo no pediría menos de sus hijos que lo que pide la ley. Qué bendición es cuando vemos a los hijos de padres cristianos que buscan cumplir fielmente la petición de la Palabra tal cual está en la epístola a los Efesios. De esta manera nunca tendrán que lamentarse porque no buscaron dar a sus padres este lugar de honra. Dios no va a ser su deudor. Y van a cosechar la bendición de esto en sus propias vidas.
En el versículo 13 de Éxodo 20 tenemos el sexto mandamiento: “No matarás”. Si vamos a 1 Pedro 4:15 leemos: “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida”. El estándar de Dios en este asunto de tomar la vida humana no es menos estricto bajo la revelación cristiana que lo que fue bajo el judaísmo. El asesinato no puede ser tolerado en la dispensación cristiana.
El próximo en orden es el bien conocido séptimo mandato: “No cometerás adulterio”. Aquí déjanos ir a Hebreos 13:4: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. Vamos a 1 Corintios 6:9: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”. Algunos de los santos de Corinto a quien Pablo estaba escribiendo habían sido culpables de estas violaciones del código moral de Dios. Pero ¿no es maravilloso que Dios ha encontrado un camino a través del sacrificio de Su Hijo amado en el Calvario, para limpiar al más vil de toda huella de pecado, y hacer de él un hijo de Dios? Somos santificados, separados (puestos aparte) para Dios, justificados: considerados como si nunca hubiésemos sido culpables. Yo he disfrutado tanto la definición de justificación de la pequeña niña, la cual respondió a su profesor que le había preguntado acerca del significado de la palabra justificado: “Significa como si yo nunca hubiese pecado”. Estaba en lo correcto. Así Dios nos considera. Ten en cuenta que la trinidad completa está ocupada en este asunto. Pero nunca debemos minimizar la gravedad de la inmoralidad ante los ojos de Dios. Él no ha cambiado Su actitud una pizca desde el pronunciamiento solemne hecho en el Sinaí. Escucha Su advertencia hoy: “a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”.
Estamos viviendo en los últimos días, justo cerca del fin de la presente dispensación de la gracia. Hay una degradación general en los estándares en toda la línea. Algunos de nosotros que somos mayores hemos visto un tremendo cambio durante toda nuestra vida. Algunas de ustedes que son más jóvenes pueden tener la idea de que la debilidad moral presente siempre ha sido tan desenfrenada como lo es ahora. Pero ese no el caso. No estoy diciendo que estas cosas no se dieron anteriormente; sí ocurrieron, pero antes hubo un cierto nivel de opinión pública en contra de ellas. A los culpables de tal maldad se les consideraba como en desgracia. Pero ahora, si aceptamos el mundo del entretenimiento (Hollywood) en películas como nuestra regla de oro, tales violaciones del código moral están consideradas como insignias de honor. Estos mismos “héroes” o “heroínas” no pierden su aceptación en círculos sociales por su conducta. Pero, amados jóvenes, recuerden que mientras estén vivos, los estándares de Dios no varían en lo más mínimo. Él es un Dios tres veces santo, que en ninguna manera pasa por alto el pecado. Hermanos, no bajemos las barreras en estos asuntos. Mantén el estándar donde Dios lo ha puesto y nunca nos vamos a equivocar. Cuanto más tiempo nos toque estar en este escenario, tanto más difícil va a ser poder adherirse al juicio de Dios en este asunto transcendental. Dios todavía habla con la dignidad y autoridad del Dios que conoce el fin desde el principio. Su palabra es “huye de estas cosas” (1 Timoteo 6:11).
Éxodo 20 de nuevo y el versículo 15 para el octavo mandamiento: “No hurtarás”. Ahora vamos a Efesios 4:28: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”. Robar es tan condenado en la dispensación cristiana como en la judía. La iglesia en Efesio recibió la verdad superior que Dios dio para cualquier asamblea. Debe haber sido una condición que había lo que les calificó para convertirse en el depositario de una verdad tan maravillosa. Y después de haberles sentado en lugares celestiales en Cristo Jesús, Dios tiene que bajar hasta el humillante nivel de la carne en ellos, y hablar con ellos sobre el hurto. ¡Tal es el ser humano! La ley se detuvo con la prohibición contundente: “No hurtarás”; pero el cristianismo va más allá de esto y dice que debemos trabajar, haciendo lo que es bueno, para dar a los que tienen necesidad. ¡Qué encantador! Pero notemos que es trabajar en lo que es bueno. El hecho que esté trabajando y haciendo una vida honesta no le libera. ¿Está trabajando en lo que es bueno: lo que tiene la aprobación de Dios? Conocimos a un hermano en Cristo hace años. Ahora está con el Señor. Cuando se convirtió era un camarero en una cantina. Él estaba haciendo una vida honesta, pero sintió que no estaba haciendo lo que era bueno, así que buscó otro trabajo y lo encontró. No hurtamos; eso es negativo; trabajamos en lo que es bueno, ¿pero para qué? Es para que tengamos qué dar. Esto es el cristianismo. Sabes que la Palabra de Dios habla de los “santos pobres”. Tampoco hay alguna inconsistencia bíblica en esas dos palabras: “pobre” y “santos”. Guardemos estas cosas en la mente y así cumplamos la voluntad de Dios.
Ahora para el noveno mandamiento, leamos Éxodo 20:16: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. El equivalente de esto encontramos en Efesios 4:25: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros”.
También considera Romanos 13:9-10: “ ... no dirás falso testimonio ... El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”. La demanda para el cristiano en este asunto es lo mismo que en la ley, pero va mucho más allá de las demandas de la ley, y mucho más allá en el amor al prójimo.
El último mandamiento se encuentra en Éxodo 20:17: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”. Ahora vamos a Hebreos 13:5: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”. Esto es uno de los diez mandamientos que afectó al apóstol Pablo. Parece que pudo hacer frente a los otros nueve, pero en Romanos 7:7-8 admitió: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto”. Pablo encontró lo que todos hemos descubierto, que codiciar es tan natural como respirar. Pero, sin embargo, la verdad revelada del cristianismo condena la codicia y no es menos severa que la ley de Moisés. Oh, las tristes tragedias que hemos visto de santos de Dios que han sacrificado todo para avanzar en el mundo. La codicia es egoísmo.
“Contentos con lo que tenéis”. Esto no quiere decir que si ahora estás viviendo en pobreza, siempre tendrás que vivir en pobreza. No, no es eso; el significado de esta exhortación es que debemos aceptar nuestras circunstancias y estar contentos en ellas hasta el momento en que Dios considere adecuado cambiarlas. Así que no esté gimiendo y quejándose porque las cosas no son como las quiere: esté contento. Si a Dios le place mejorar sus circunstancias presentes, dele gracias por eso: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” (1 Timoteo 6:6-11). ¡Qué verídica es la Palabra de Dios! ¿No hemos visto todas estas declaraciones de la Escritura verificadas en las vidas de los santos? A veces nuestros jóvenes sienten que necesitan mantener el estándar de vida que ven en las vidas de otros. Y así codician una cosa tras otra. El hecho que vivimos en una época comparativamente próspera en el mundo puede contribuir para aumentar este deseo de tener más. Cuanto más tenemos tanto más queremos tener. No hay lugar para detenerse. Pero, oh, ¡cuán diferente es el Espíritu de Cristo! Fue un espíritu de dar, no de recibir. Así que nos enseñó que: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). No estoy diciendo que debemos regalar todo lo que tenemos. Solo hay un hombre en la Biblia a quien el Señor le dio este consejo: al joven rico de Lucas 18. Pero el Señor le dijo esto para que el joven pueda llegar a reconocer el cáncer que estaba consumiendo su propia alma: la codicia. No, hermano, las posesiones materiales no son el secreto para la felicidad. La felicidad es un estado de nuestra alma. El disfrutar de Cristo, Su Persona y Su obra es lo que mantiene al corazón reposado y en paz.
Ahora, para resumir: En el cristianismo no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. No estamos bajo la letra de los diez mandamientos. Estamos bajo el equivalente moral de ellos como se presenta en las epístolas, salvo en el caso del mandamiento que fue ceremonial; esto es, el día de reposo. Este no tiene una contraparte ritual en el cristianismo. Los otros nueve mandamientos, como una cuestión de su contenido moral, los tenemos, pero no como un asunto de “haz esto” y “no hagas aquello”. Más bien, lo tenemos como la expresión de la nueva naturaleza que hemos recibido al haber nacido de Dios. Si los respetamos de esta manera, amados, nunca lo vamos a lamentar. Será bueno para nuestro tiempo y para la eternidad. Los requerimientos justos de la ley se van a cumplir en nosotros (Ve Romanos 8:4) y así el fruto del Espíritu va a promulgar el amor hacia Dios, y a todos los que son nacidos de Dios: “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10).
El diezmo
W. Carrion
El diezmo es el tema predilecto de la mayoría de líderes religiosos que tienen puesto su corazón en las riquezas, y siguen el camino de Mammón.
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón ... Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (griego Mammón µαµωνᾷ)” (Mateo 6:19-24; Lucas 16:11).
Por ser el diezmo un tema muy sensible, polémico y controversial en el ámbito religioso; no ha sido de mi predilección, no en vano la palabra de Dios enuncia: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10).
Pero sabe Dios que desde mucho tiempo atrás he deseado en mi corazón escribir algo sobre los diezmos (sin el propósito de profundizar en el tema), en razón de que he visto en la cristiandad mucha confusión sobre el asunto, porque hay discrepancias abismales entre lo que se predica en el pulpito y lo que se lee en las Sagradas Escrituras; en verdad existen tantas publicaciones y tan diversas interpretaciones, explicaciones y aplicaciones que se le ha dado; y, muy especialmente lo hago pensando en aquellos hermanos que desean honestamente saber si tienen la obligación o no de dar los diezmos, o si para el cristiano ya han sido abolidos; ellos como mayordomos fieles desean de todo corazón en su responsabilidad financiera, enmendar los errores que cometen por falta de orientación o por falta de conocimiento, y quieren obedecer la voluntad perfecta de Dios en cuanto a la correcta utilización del dinero y sus bienes, para así poder agradar a Dios en todo.
“Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:2).
Si somos guiados por la palabra de Dios, no habrá problemas en cuanto a la mayordomía; podremos ver la luz en un mundo lleno de densas tinieblas, así sabremos que nuestra vida, nuestro tiempo, nuestro dinero y todos nuestros bienes, pertenecen al Señor, nos daremos nosotros mismos al Señor Jesucristo, y seremos mayordomos fieles de todo lo que el Señor ha puesto bajo nuestra responsabilidad.
“ ... El que obedece al consejo es sabio” (Proverbios 12:15).
¿Estamos dispuestos a ver la verdad sin prejuicios?, ¿Tenemos en nuestro corazón el anhelo de dejar que sea el Espíritu Santo quien nos guíe e instruya a través de la palabra de Dios?
Para aprovechar sabiamente la lectura de este artículo le animo que tenga a su alcance una biblia abierta, para que verifique por sí mismo que todo lo que estamos enseñando es conforme a la verdad, y de esta forma no dejarse engañar con facilidad.
“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).
Con la ayuda del Espíritu Santo anhelo que pueda retener lo bueno y desechar lo malo: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Así podrá verificar si nos estamos yendo más allá de lo que está escrito en las Sagradas Escrituras.
Anhelamos que esta forma de escudriñar, fomente en cada creyente el hábito de “comprobar por sí mismos” que las cosas sean conforme a la palabra de Dios.
Para un estudio beneficioso, hemos de comenzar entendiendo bien las definiciones de las palabras principales, para lo cual hemos de consultar diversos diccionarios, esto nos dará luz en el camino a recorrer, en este caso veamos el concepto de la palabra diezmo:
Diezmo.- “Antiguo tributo equivalente a la décima parte de una cosecha.- Parte de los frutos que pagaban los fieles a la iglesia”. Diccionario Océano Uno, (Editorial Océano)
Diezmo.- “Décima parte de alguna cosa.- Derecho del diez por ciento que era pagado al rey o al erario público por el tráfico de mercaderías llegadas a los puertos; o por las que entraban y salían por las fronteras, allí donde no se hallaba establecido el almojarifazgo”. Diccionario Jurídico Elemental, (Editorial Heliastra S.R.L.)
La palabra Diezmo proviene del vocablo latino decimus.
En palabras sencillas diremos que el diezmo es la décima parte de un todo; y, para nuestro estudio: era la obligación que había en la Nación de Israel, de dar la décima parte de los frutos recogidos de la tierra, el ganado o animales, a la tribu de Leví.
No está por demás recordar 1 Pedro 4:10-11: “como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios. Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”.
De esta manera nos libraremos de nuestras propias “suposiciones”, o del “yo creo que ... ”, y tendremos el gozo de decir: “Así dice Jehová” o, “Así dice la Palabra de Dios” solamente de esta manera aprenderemos a dejar a un lado nuestros propios prejuicios e intereses, y comenzaremos a agradar a Dios en todo.
A los que enseñan que los cristianos estamos obligados bíblicamente a dar los diezmos, los podemos clasificar en: a).- Los que dicen que el diezmo es premosaico; y, b).- Los que dicen que todavía estamos bajo el imperio de la Ley de Moisés; o, por lo menos en parte.
Previamente, antes de entrar al tema del diezmo podemos escudriñar el pasaje sobre
La ofrenda de Caín y Abel
“Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Génesis 4:3-7).
Vemos que Caín, quien posiblemente estaba dedicado a las actividades del campo, trajo para ofrendar a Dios, de lo que él disponía “del fruto de la tierra”; y, de su hermano Abel, se dice enfáticamente que, trajo para ofrendar a Dios “de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas”, es decir de lo mejor de su ganado. Vale indicar que Caín ofreció de lo que tuvo del fruto de la tierra; pero Abel un sacrificio animal; recordemos que Hebreos 9:22 menciona que: “sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. Y aunque no había la ley sí existía la figura de remisión con sacrificio, pues Adán y Eva luego que pecaron fueron cubiertos con pieles, como leemos en Génesis 3:21: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”.
Caín lo hizo primero, sin que exista obligación de traer ofrendas a Dios, todo era un acto voluntario, y se subentiende que Abel lo hizo de sincero corazón.
Pero vemos que “miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda”.
Caín se enojó y posteriormente mató a su hermano Abel. De allí se colige cuál era el contenido del corazón de Caín.
No encontramos aquí nada en relación con el diezmo y peor aún bases para el establecimiento de un diezmo obligatorio.
El diezmo dado por Abram (premosaico)
Al estudiar cualquier verdad es muy importante tomar en cuenta la ley de la primera mención, esto es, debemos leer en donde es mencionada por primera vez en la Biblia, sin sacar el texto de su contexto, allí encontraremos en forma compacta el significado completo del mismo, y podremos ver que siempre el principio fundamental está implícito en la primera mención de lo que deseamos conocer.
Al igual que el tocar equivocadamente las teclas del acordeón trae distorsiones, el tomar unos pocos versículos aisladamente fuera del contexto puede ocasionar la enseñanza de cosas que no armonizan con los designios de Dios y con toda la enseñanza de Su Palabra.
Cuando más leemos (con mentes abiertas) sobre el tema podemos ampliar el conocimiento y entendimiento del mismo.
Si tenemos una concordancia completa de la Biblia a nuestro alcance nos daremos cuenta que la primera mención sobre el diezmo lo encontramos en Génesis capítulo 14, en donde encontramos la historia del encuentro del patriarca Abram (a quien posteriormente se le llamó Abraham) y Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. (Figura del Señor Jesucristo).
“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte” (Génesis 14:17-23).
Abram estaba regresando de una batalla en contra de Quedorlaomer, rey de Elam y sus aliados quienes habían derrotado a los reyes de Bela, Zeboim y Adma, y habían tomado toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra y todas sus provisiones. Quedorlaomer y todos los reyes que con él estaban, fueron vencidos por Abram, quien recobró todos los bienes, las mujeres y demás gente, también recobró a su sobrino, el prisionero Lot, con todos sus bienes pues él moraba en Sodoma.
En estas circunstancias, cuando Abram se encuentra agobiado por las batallas, es que se realiza el encuentro con Melquisedec, el cual sacó pan y vino dándole a Abram para fortalecer su corazón y restaurar su espíritu, y le bendijo.
Abram reconoció la grandeza de Melquisedec, quien era más grande que él, por ser rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, y por esta razón le dio los diezmos de todo. Acto que constituía una costumbre cultural solemne y de respeto que se practicaba entregar a las altas personalidades en la Mesopotamia, (antiguo cercano oriente) y otras culturas, costumbre que era conocida por los patriarcas del Antiguo Testamento. (Génesis 14:20).
Pero no existe evidencia de que haya sido decretado como mandamiento divino para esto.
Cabe señalar que el “todo” de lo cual Abram dio el diezmo consistía del “botín de guerra” conformado por todos los bienes que Abram rescató, cuando con 318 siervos suyos derrotó a Quedorlaomer y los reyes que con él estaban; estos son bienes que no le pertenecían, ni fueron fruto de su trabajo, y en la Biblia no se registra que Abram haya dado algo de sus bienes a Melquisedec, ni antes ni después, es decir este que fue un acto único.
Cuando el rey de Sodoma dijo a Abram: “Dame las personas, y toma para ti los bienes”, Abram demuestra honestamente en donde estaba su corazón: “desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram”.
Para quien tiene puesto sus pensamientos en el “Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra” los bienes materiales de este mundo no pueden tener atractivo alguno.
¿Qué bendición sería que aquellos maestros del engaño y líderes religiosos oportunistas que enseñan actualmente la falsa doctrina del diezmo obligatorio, sigan el ejemplo de Abram? ¡No se retengan nada de lo que no les pertenece! Y aprendan a trabajar con sus propias manos, para que nadie pueda decir yo te he enriquecido.
Este suceso es referido en Hebreos 7 donde el Espíritu Santo utiliza esta historia para presentar a Melquisedec como un tipo de Cristo. El Señor Jesucristo, sacerdote según el orden de Melquisedec, es más grande que Abraham, y más grande que el sumo sacerdote Aarón, el cual era hombre débil.
Abram dio los diezmos:
• Sin que Melquisedec lo haya pedido,
• espontáneamente,
• libre y voluntariamente,
• de todo corazón,
• por gratitud recíproca a la bendición recibida de parte del sacerdote Melquisedec,
• generosamente,
• con alegría,
• sin que se le pidiera,
• sin que existiera mandamiento, obligación, sugerencia, o ley alguna,
• por una y única vez en su vida, no periódicamente.
Jacob y su voto del diezmo
Avanzado el tiempo, a partir de Génesis 25:19 en adelante leemos la historia de Jacob, cuyo nombre significa “Suplantador” (Génesis 27:36), fue nieto de Abraham, y hermano menor de Esaú, a quien despojó de su primogenitura por un plato de lentejas y después fue con engaño a su anciano padre Isaac y logró adquirir la bendición que no le correspondía (Génesis 27:35), razón por la cual Esaú aborreció a Jacob y dijo en su corazón: “Llegarán los días del luto de mi padre y yo mataré a mi hermano Jacob ... ” (Génesis 27:41-42). Esaú por respeto a su padre detiene su venganza y se consuela con la idea de a futuro matar a Jacob su hermano.
En estas circunstancias Jacob por temor a la muerte y para salvar así su vida, se ve obligado a huir de la furia y venganza de Esaú su hermano (Génesis 28:1-5,10).
En su huida desesperada, angustiado, errante, y solitario en el desierto, camino de Padam-aram, llega a Bet-el y en su sueño Dios le promete: “Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis 28:13-15).
Jacob libre y voluntariamente sin creer completamente lo que Dios le ha prometido, hizo voto diciendo: “Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:20-22).
Jacob por la costumbre cultural o recordando el hecho de su abuelo Abraham, hizo voto de dar (ofreció) los diezmos:
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• Condicionalmente
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“Si fuere Dios conmigo, y me guardare
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en este viaje en que voy,
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• Interesadamente
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y me diere pan para comer y vestido
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para vestir,
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• Circunstancialmente
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y si volviere en paz a casa de mi padre,
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• Pero toleró en su casa la idolatría
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Jehová será mi Dios.
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• Con temor a Dios
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Y esta piedra que he puesto por señal,
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será casa de Dios;
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• Hizo voto prometiendo a futuro
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y de todo lo que me dieres, el diezmo
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apartaré para ti”.
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Además lo hizo:
• Sin que Dios se lo pidiera,
• voluntariamente,
• espontáneamente,
• de su corazón,
• razonadamente,
• con gratitud,
• en respuesta a la bendición y promesa de Dios,
• ofreció a futuro.
Jehová le hace sus promesas ofreciendo cumplirlas sin que Jacob se lo pida (Génesis 28:13-15).
Jacob, a pesar de su vida llena de problemas familiares y altibajos espirituales, en su camino de obediencia llega a Mahanaim y ora a Dios, confiesa su temor a Esaú, quedando solo, lucha con un varón de Dios, quien al no poder vencerlo le dijo: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel” (Génesis 32:28).
Si continuamos leyendo la historia de Jacob, con admiración nos daremos cuenta que no cumplió con la promesa de que la piedra puesta por señal sería casa de Dios; al contrario fue Dios quien obligó a Jacob a regresar a Bet-el y construir un altar para Dios (Génesis 35:1).
Pero Jacob luego de construir el altar, se fue muy pronto del lugar.
En cuanto a su segunda promesa, el voto de dar el diezmo, no se encuentra registro alguno, ninguna evidencia de que Jacob o Israel hasta el día de su muerte, haya dado cumplimiento con su promesa de dar a Dios el diezmo.
Leyendo los primeros libros del Pentateuco, no hemos encontrado mención bíblica de que desde Abraham y Jacob, otros patriarcas hayan dado o prometido dar el diezmo; como no había todavía un lugar estable de adoración, ni había una casta sacerdotal a la que había que sostener como sucediera en la época mosaica, parece que no hacía falta que se diera el diezmo.
Dios establece una preciosa relación con el pueblo de Israel en el desierto y aun más adelante cuando les entregó la tierra de Canaán: Dios moraría entre su pueblo en el tabernáculo de reunión o del testimonio, y escogió de entre las doce tribus de Israel a la tribu de Leví para que administrara el pacto y sirviese a los demás ocupándose exclusivamente en las cosas espirituales del pueblo de Israel, esto es los servicios relacionados con el culto a Dios; ellos tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados y por los del pueblo de Israel, esta fue una designación nacida del corazón de Dios, mas no fue un ofrecimiento voluntario de los levitas (Números 1:48-50).
Al hablar del diezmo obligatorio debemos relacionarlo directamente con el Antiguo Testamento o Antiguo Pacto, en donde encontramos los registros que hacen referencia al diezmo que fue decretado por Dios.
La ley del diezmo entró en vigor cuando Israel ya poseyó la tierra prometida (Deuteronomio 26:1-2). Jesucristo textualmente dijo: “La Ley y los profetas fueron hasta Juan” (Lucas 16:16). Sin embargo, vale notar que el antiguo pacto finaliza cuando se consuma el sacrifico de Jesucristo que da lugar a un “nuevo pacto” cual podemos verlo en Hebreos 9:15: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna”.
El diezmo obligatorio se instituyó exclusivamente para quienes estaban bajo la ley y serviría para sostenimiento a la tribu de Leví, los levitas pasaron a constituirse en una casta privilegiada de sacerdotes, esta fue su heredad porque entre los hijos de Israel no les repartieron una porción correspondiente en la tierra prometida.
Por esta decisión Soberana, la tribu de Leví quedó excluida del reparto de la tierra, su porción fue a engrosar a prorrata la tierra de las demás tribus, las cuales las cultivarían y aprovecharían; y, en una justa retribución Dios ordenó que las once tribus de Israel tenían que dar el diezmo (tal vez recordando y haciendo en esta forma cumplir con la promesa que Jacob o Israel su padre ofreció años atrás de dar el diezmo a Jehová). Pero como Dios siendo creador de cielos y tierra no necesita de cosas materiales ordenó que se lo diera por entero a los levitas, quienes estarían encargados de administrar los asuntos espirituales y todo lo relacionado con el culto (Génesis 28:20-22; Números 1:47; 18:21-26. Deuteronomio 18:1).
Cuando Dios da la ley a Moisés en el monte Sinaí, estableció regulaciones para su estricto cumplimiento:
La ley establecía los diezmos exclusivamente sobre los frutos de la tierra y el ganado. Jamás fue sobre dinero. (Levítico 27:30-33).
El diezmo establecido obligatoriamente se tendría que entregar y recoger exclusivamente en la ciudad que Jehová Dios escogiere (Deuteronomio 12:5-6).
Junto con los diezmos los judíos llevaban holocaustos, ofrendas elevadas, votos, las primeras crías de vacas y ovejas.
Del diezmo, no sólo los levitas tenían derecho, Jehová ordenó que se atendieran las necesidades de los extranjeros, los huérfanos y las viudas que había en el pueblo de Israel.
“Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán. Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos” (Deuteronomio 26:12-13). Léase también Deuteronomio 14:27-29; 2 Crónicas 31:2-21.
Los levitas tendrían que dar el diezmo de los diezmos de todo lo que recibieran, teniendo cuidado de hacerlo con responsabilidad (Números 18:26).
Los israelitas descuidaron de cumplir con los diezmos como Dios había ordenado y los sacerdotes estaban en condiciones precarias, al igual que el culto a Dios, por eso el rey Ezequías aproximadamente 200 años después de que se había establecido la época de los reyes y dividido el reino, amonesta y reanima al pueblo y ordena por edicto para traer nuevamente el grano, vino, aceite y miel, todos los frutos de la tierra. Y además por la positiva respuesta del pueblo también ordenó que se hicieran graneros en la Casa de Jehová, como Dios había mandado en la ley, así hubo pan abundante, comieron y se saciaron los sacerdotes (2 Crónicas 31:4-12; Malaquías 3:7,11).
Las amonestaciones eran escuchadas y obedecidas con arrepentimiento, pero con el transcurso del tiempo volvían a lo mismo.
Muchos años después de Ezequías, la Casa de Dios estaba nuevamente abandonada, los judíos pronto descuidaron y dejaron de cumplir con el diezmo y más obligaciones para con Dios y los sacerdotes levitas.
Nehemías tratando de rehacer y revivir el culto al Dios verdadero, convoca al pueblo para que príncipes, levitas y sacerdotes firmasen un decreto, animando al pueblo a traer las primicias para hacer nuevos graneros y almacenar ahí los diezmos de sus labores como está registrado en Nehemías 10:37; 12:44; 13:5,12.
Pasados 40 años después de la excelente obra de Nehemías el decreto es INVALIDADO, en tal virtud el profeta Malaquías exhortó al pueblo de Israel y a los sacerdotes por la gran rebelión que Israel había cometido, hasta llegar a cometer abominación en Judá y en Jerusalén (Malaquías 2:10-13).
El profeta Amós, casi 760 años antes de Cristo, reprende al pueblo judío porque se habían alejado casi totalmente de Dios, convirtiéndose en un pueblo rebelde y contradictor, les profetiza que Dios les castigaría enviándoles hambre para ver si así se vuelven a Dios, y además les comunica el estado de la voluntad de Dios hacia ellos: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos” (Amós 5:21-23).
Ahora revisemos el pasaje de la Biblia más preferido de los extorsionadores del pueblo de Dios, analicemos a quién se está refiriendo el pasaje bíblico, la profecía de este libro de Malaquías es contra la nación de Israel, exclusivamente contra los hijos de Jacob o la nación de Israel en ese tiempo. “Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías” (Malaquías 1:1).
¿Por qué está escrito en contra de la nación de Israel o los hijos de Jacob?
Porque incumplieron con los diezmos que tenían obligación de aportar para los sacerdotes levitas.
El texto bíblico trascrito fielmente dice: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:6-12). Las negrillas me corresponden.
Vemos que se lee “la nación toda” en singular, mas no dice TODAS LAS NACIONES, por cuanto las otras naciones no tenían ninguna relación con dar el diezmo obligatorio, la nación toda hace referencia a los hijos de Jacob o nación de Israel, las otras naciones conforman el pueblo gentil, entre los cuales estamos todos lo que no pertenecemos a la raza judía y en consecuencia JAMÁS hemos estado bajo la ley de Moisés y peor aún obligados a dar el diezmo.
El “haya alimento en mi casa”, nos recuerda que el diezmo era exclusivamente de los productos cosechados de la tierra y de los animales, nunca se pidió dinero o de los ingresos de otras actividades, los artesanos no tenían que entregar el diezmo, porque Jehová tenía interés únicamente de la alimentación de los levitas, y de las otras personas que tenían derecho al diezmo, tales como los extranjeros, los huérfanos y las viudas.
Los oportunistas actualmente piden un traje nuevo, llantas para su carro, etcétera.
Inclusive si usted es un judío y pertenece al pueblo de Israel, ya no es obligación para usted porque el tiempo ha pasado y ya no debe estar espiritualmente bajo el imperio de la ley de Moisés.
La corrupción económica existe desde el tiempo de los profetas, cuando los sacerdotes cobraban por la enseñanza (Miqueas 3:11).
Igual hacían los profetas descarriados, desde el más chico hasta el más grande (Jeremías 6:13).
Aprovechaban para sacar ganancia a sus mentiras y cayeron en avaricia, eran muy religiosos, aparentaban ser muy amables pero en su corazón existía avaricia (Ezequiel 33:31).
Este mismo mal actualmente se ha incrustado en las congregaciones de la cristiandad.
Los israelitas dejaron de entregar los diezmos cuando el Templo de Jerusalén fue destruido por el imperio Romano 70 años d. C.
Allí se perdieron los registros de las genealogías de los judíos, de tal manera que no existe actualmente la seguridad para poder decir que alguien pertenece a la tribu de Leví, y en tal razón diga que tiene derecho a los diezmos.
Los que se hacen pasar actualmente como descendientes de la tribu de Leví, no pasan de ser embusteros y oportunistas para estirar la mano exigiendo los diezmos.
Al presente tiempo los judíos que son perfectos conocedores de la Ley de Moisés no exigen los diezmos, en su lugar cobran por la ocupación de los asientos que se encuentran numerados y por su ubicación en la sinagoga tienen diferentes valores.
La ofrenda en el Nuevo Testamento
Para los judíos que rechazaban al Señor Jesucristo como el Mesías que había de venir, el pago del diezmo continuaba vigente en los tiempos del Señor Jesucristo y ellos lo seguían poniendo en práctica normalmente, pero no fue ordenado para los cristianos ni por Cristo, ni por los apóstoles (Lucas 11:42; Hebreos 7:5).
En el Nuevo Testamento no encontramos ni un solo versículo con instrucciones o mandamiento sobre dar el diezmo.
¿Cuándo y en qué pasaje del Nuevo Testamento consta que el Señor Jesucristo, (que pertenecía a la tribu de Judá y no a la de Leví), haya pedido el diezmo a sus discípulos; y peor aún les haya tratado a sus apóstoles y discípulos, como ladrones diciéndoles: me habéis robado, o habéis robado a Dios.
Más bien calificó como hipócritas a los que diezmaban (Lucas 11:42).
Tampoco jamás persona alguna reclamó a Jesucristo, sobre el cumplimiento o incumplimiento del diezmo.
Si Jesús hubiera pedido diezmos, los judíos no le hubieran dado porque ellos sabían que no descendía de la tribu de Leví.
El apóstol Pablo que pertenecía a la tribu de Benjamín y no a la de Leví siendo escogido y enviado a predicar a los gentiles (1 Timoteo 2:7; 2 Timoteo 1:11), NUNCA impuso en la Iglesia la obligación del dar el diezmo (Hechos 20:32-36).
Cuando los gentiles se convierten a Cristo el Espíritu Santo dice que no se le pusiera carga sino estas cosas necesarias: que se apartaran de comer lo sacrificado a los ídolos, comer sangre, animal ahogado y fornicación (Hechos 15:28-31). ¿En qué parte se les impone el dar el diezmo?
Al morir Jesús, el velo del templo se rompió dándonos acceso a todos los redimidos por la sangre del Señor Jesucristo al lugar santísimo (Hebreos 10:22).
En el Nuevo Testamento o Nuevo Pacto, ya no existe más la casta de los sacerdotes levitas por sucesión obligatoria; así que actualmente el sacerdocio no se hereda por pertenecer a una casta privilegiada.
La palabra de Dios en el Nuevo Testamento cuando se refiere a sacerdotes está hablando de todos y cada uno de los hijos de Dios a quienes por medio del sacrificio expiatorio de Cristo, nos ha constituido en sacerdotes santos, con acceso directo y sin intermediarios al trono de la gracia de Dios, para ofrecerle de lo más íntimo de nuestro ser sacrificios espirituales, la adoración y la alabanza que le debemos (Apocalipsis 1:6; 5:10).
Todos los miembros fieles de la iglesia constituimos un real sacerdocio (1 Pedro 2:9).
El apóstol Pedro cumplió la ley de Cristo (Mateo 10:8; Hechos 3:6).
Así también Pablo el apóstol de los gentiles que representa a las otras naciones (2 Corintios 11:7).
La Carta a los Hebreos fue escrita para los judíos que se habían convertido a Cristo (1 Corintios 10:32), y en el capítulo 7, versículo 7 dice: “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”, esto es que la ley mosaica, a la cual estaban sometidos los judíos, ya no está en vigencia. Ahora estamos bajo la vigencia de la gracia, no de la ley. Y no nos ha sido impuesta, sino que nosotros en forma libre y voluntaria la hemos aceptado por la fe que es en Cristo Jesús.
El don de Dios no se compra con dinero (Hechos 8:20-21).
No se puede adquirir la salvación con dinero (1 Pedro 1:18-20).
El hombre no es justificado por dar el diezmo (Lucas 18:11-14; Romanos 3:24).
Dios no recibe dinero o dádivas (Deuteronomio 10:17; 2 Crónicas 19:7).
Jamás será bueno tener la piedad como fuente de ganancia deshonesta (1 Timoteo 6:3-5).
Los fariseos diezmadores eran avaros (Lucas 16:14).
Los avaros no heredaran el reino de Dios (1 Corintios 6:10; Efesios 5:5).
Los avaros que aman el dinero jamás estarán contentos con lo que reciben (Eclesiastés 5:10).
Al asalariado no le importan las ovejas (Juan 10:12-13).
Dios siempre ha dicho que el evangelio es gratuito (Isaías 55:1-2; Mateo 10:7-8; Romanos 3:24; 2 Corintios 2:17; Apocalipsis 21:6; 22:17).
Todos aquellos antiguos preceptos que fueron impuestos sobre el pueblo de Israel, y jamás sobre los gentiles, fueron clavados en la cruz y por tanto nosotros los cristianos estamos bajo la ley de Cristo, la de la libertad gloriosa (2 Corintios 3:17; Gálatas 5:1,13; Santiago 1:25; 1 Pedro 2:16).
La ley mosaica del antiguo pacto ya no está en vigencia, por cuanto hemos entrado a vivir bajo la gracia (Romanos 6:14).
“Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Hebreos 8:13).
Pero los que se creen dioses y cuyo dios es el dinero, la primera frase que en sus mensajes brota de su boca es habéis robado a Dios, como si Dios siendo el creador de cielos y tierra necesitase de algo.
“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hechos 17:24-25).
Muchas denominaciones del cristianismo moderno han seleccionado del Antiguo Pacto o ley mosaica exclusivamente el diezmo, algo eminentemente judaico, y lo han agregado a la iglesia cristianizándolo, como norma vigente de obligado cumplimiento, dicen que la ley del diezmo subsiste y es obligatorio para los cristianos hoy en día.
“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10).
El diezmo estaba empaquetado en la Ley, de tal forma que deben obligar al cumplimiento de todo o nada de la ley mosaica, ¿Por qué no siguen con la construcción de altares de piedra, los sacrificios de animales, el apedrear personas hasta la muerte si son encontrados en delito flagrante, etcétera?
Estos falsos maestros presumen predicar el evangelio de la gracia, pero con sus enseñanzas torcidas y prácticas inmorales ocasionan que los cristianos, los escogidos de Dios se aparten y caigan de la gracia y se vuelvan legalistas, igual que los fariseos hipócritas a los que se refiere el Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento.
No hay en el Nuevo Testamento un solo pasaje que después de la muerte del Señor Jesucristo, insinúe u obligue el pago del diezmo.
Bajo el imperio de la gracia el deseo sincero es que todos los redimidos por la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, den con el corazón bien dispuesto “como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).
Ahora debemos dar no por obligación, sino por gratitud de lo que Cristo ha hecho por nosotros y con responsabilidad.
En el Nuevo Testamento, que está en vigencia para nosotros que constituimos la iglesia del Dios viviente, hay una preciosa enseñanza que vale la pena leerla y releerla para atesorarla en nuestro corazón y ponerla en práctica en nuestra vida:
“En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Corintios 16:1-2).
La enseñanza es para que lo pongan en práctica los santos, es decir, que los no creyentes no tienen la obligación de ofrendar, pero los pedigüeños del diezmo lo reciben de todas las personas sin excepción alguna, lo único que les interesa es el ingreso de dinero para llenar sus propios bolsillos.
La ofrenda es para los santos, en plural, esto significa para cubrir las necesidades de todos los hermanos en necesidad, esto constituye una agradable forma de comunión cristiana (Hechos 2:42; Filipenses 4:14-16). No dice para los aprovechadores (“avivatos”), estos son los que reciben el dinero y se olvidan de los pobres y algunos de ellos hasta devoran la casa de la viuda pobre (Marcos 12:40).
Como leímos anteriormente es: “Cada primer día de la semana”, así que no es correcto pedir en cada reunión y en cualquier día de la semana; sino como la palabra de Dios lo establece: “Cada primer día de la semana”. Luego dice: “ponga aparte algo”. ¿Será que el Espíritu Santo se olvidó de inspirar a Pablo para que ponga “cada uno de vosotros ponga aparte el diezmo” en vez de “ponga aparte algo”? No existe equivocación alguna, pues en los originales dice claramente: “ponga aparte algo, según haya prosperado”. Si mis ingresos han sido insignificantes y apenas me alcanza para dar de comer a mi familia, Dios que es bondadoso y misericordioso, ¿me forzará a entregar un aporte obligatorio como el diezmo? Él no es injusto.
Conozco personalmente a un amado hermano que en su empresa tiene excelentes ganancias, pero con su familia han decidido fijar un ingreso fijo para el hogar, de tal manera que puedan vivir con comodidad, sin lujos; lo demás (más del cincuenta por ciento 50%) lo dan para la obra del Señor.
Haciendo referencia al “Evangelio de la Prosperidad” que se predica en varias denominaciones modernas, (tan en boga en nuestro tiempo), hemos visto un parcial cumplimiento, porque los únicos que prosperan son los avaros líderes religiosos que explotan a los demás con la exigencia del diezmo y otras ofrendas forzadas, quienes obligan a los fieles a hacer un “pacto con Dios”, dando cierta cantidad, con la esperanza de recibir mucho más: “¡Bendiciones a raudal hasta sobreabundar!”.
Los ingenuos lógicamente quedarán más pobres y lo que es peor: por esta razón se alejan de los caminos del Señor para no regresar jamás.
El cobro indebido del diezmo ha traído como consecuencia un tremendo desprestigio a la Iglesia.
Bajo la gracia, lo importante no está en la cantidad de dinero o bienes que se entreguen en la colecta, sino en haberse dado cuenta que uno es parte del Cuerpo de Cristo, miembro de Su iglesia, forma parte de una familia espiritual, una maravillosa comunidad espiritual, saber que uno es parte de su desarrollo y continuidad.
Debemos dar: Con propósito de corazón, no con tristeza; no por necesidad, sino con liberalidad, porque Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7; Romanos 12:8). No se trata de dar tan solo lo que nos sobra, sino dar aun de aquello que nos puede hacer falta; pero para que el reino de Dios crezca aquí en la tierra.
No para ser vistos de los hombres (Mateo 6:1-4).
El que tiene oídos para oír oiga: Actualmente estamos viviendo bajo la gracia redentora del Señor Jesucristo y ahora no es el diezmo de los pobres lo que le corresponde al Señor, sino una entrega total, es decir, espíritu, alma y cuerpo; recordemos que hemos sido comprados “por precio” (1 Corintios 6:20; 7:23).
Los cristianos somos mayordomos de lo que Dios ha puesto en nuestras manos para que lo administremos con responsabilidad personal y no debemos delegarla a quienes no lo usan para los santos y para la predicación del evangelio.
Con este entendimiento debo ser un buen administrador de todo lo que el Señor me ha provisto y vivir para la gloria de Dios. Y conjuntamente con el escritor sagrado debo decir de lo más íntimo de mi corazón: “ ... Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Crónicas 29:14).
Ejemplo tenemos en nuestro amado Señor Jesucristo el cual “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico” (2 Corintios 8:9).
Buenos ejemplos en el Nuevo Testamento
Lo que hicieron los santos de Macedonia
Los hermanos de macedonia eran pobres, mas ellos abundaron en riquezas de bondad; tenían grandes pruebas de tribulación, pero abundancia de gozo y dieron su ofrenda con alegría; no preguntaron si podían cooperar, dieron más allá de sus fuerzas, rogando lo aceptasen (2 Corintios 8:1-5).
¿Cuál fue el secreto?
Ellos habían aprendido con respecto a la mayordomía que el dinero no era lo principal, lo prioritario era darse ellos mismos a Aquel que los había comprado con el infinito precio de Su sangre preciosa.
La ofrenda de la viuda
“Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía” (Lucas 21:1-4).
Usted apreciado lector y hermano amado, al terminar este estudio en la Palabra de Dios, tiene el derecho de aceptarlo o rechazarlo y quedar esclavo de una moderna doctrina de hombres que lo único que pueden demostrar es que están saturados de avaricia, y obligan el diezmo para mantener una estructura de poder económico y una jerarquía eclesiástica superior al común de los hermanos.
Por mi parte me esforzaré de seguir fielmente al único Dios: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones” (Salmo 100:5).
Gustando de Su gracia
N. Vega
“Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16).
La gracia del Señor realmente es un tema excelso que tiene lugar en el corazón de Dios, pues no hay manera en que el ser humano pueda acercarse a Él, sino por su gracia y misericordias que son nuevas cada mañana.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:8-10).
Bendito Señor cuando nos acercamos a ti no podemos sino reconocer que tan solo por tu gracia nos has otorgado la salvación, nos sostienes en nuestro diario caminar y por ella recurrimos y nos presentaremos ante tu presencia.
Señor cuán bueno eres, pues no es que te hayamos estado buscando, sino que Tú nos buscaste cuando nos habíamos alejado de Ti. Nos amaste con amor eterno no porque te hayamos amado, sino para mostrarnos tu gran bondad e inmerecido favor.
Al considerar nuestro caminar ya salvos y cautivados por tu amor, podemos contemplar que no ha sido nuestra fidelidad ni esfuerzo el que nos ha sostenido firmes, sino que tu gracia nos ha guardado.
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).
Oh Señor, cuán precioso ha sido poder acercarnos al trono de tu gracia para pedir tu guía, dirección y consolación, especialmente en los momentos más difíciles cuando suplicamos no tan solo que nos ayudes, sino también que tu paz que sobrepasa todo entendimiento guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo.
Oh Señor, en cada adversidad nos has brindado tu amor y por tu gracia nos has levantado. Has sido Tú Señor el que has susurrado nuestro nombre y alentado al corazón recordándonos que estás trabajando y forjando nuestro ser.
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
Y quedamos admirados pues lo que era imposible cambiar en nuestras fuerzas con tu Espíritu nos has mostrado que no hay nada imposible para Ti.
Finalmente podemos unirnos con Pablo al decirte individualmente: Señor tengo el deseo de “ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:9).
La mies es mucha: Ecuador
D.E. Rule
“Jesús ... dijo a Sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies” (Mateo 9:35,37-38).
Anoche cuando estuve sentado en mi escritorio preparando un artículo para este número de Tu Juventud sentí un movimiento fuerte y salí rápido afuera. Fue otro terremoto sacudiendo la costa ecuatoriana pero suficiente fuerte para que podamos sentirlo aquí en la Sierra. En abril tuvimos uno con una magnitud de 7,8 en la escala de Richter. Con cientos de muertos, miles de heridos y decenas de miles de viviendas y otros edificios destruidos o dañados, el efecto humano ha sido tremendo. Muchos han quedado traumados con las posteriores réplicas del terremoto. Un número alto de personas están viviendo en carpas hasta que tengan viviendas más permanentes.
Aparte de esto los volcanes Cotopaxi y Tungurahua han estado muy activos en el último año y han dejado áreas afectadas por la ceniza así como la incertidumbre de erupciones mayores. Había el peligro de flujos piroclásticos que podían afectar a pueblos localizados a más de 100 kilómetros río abajo. Aunque se han calmado algo, no hay garantía de lo que vaya a pasar en un futuro cercano.
Aparte de estos eventos en la creación, la economía del país ha sido seriamente afectada por la caída del precio del petróleo y otras circunstancias que afectan la economía. Más de cien mil personas han perdido sus puestos de trabajo y muchos dicen que la situación se va a ir agravando en vez de mejorar. La incertidumbre de lo que está por venir y la presión económica cuando no hay ingresos fijos suficientes para cubrir los gastos de una familia causan mucho estrés.
Hace años recuerdo cuando un hermano dijo en una reunión: “Si pudiésemos escoger nuestras circunstancias, escogeríamos tan solo cosas fáciles y suaves; pero perderíamos mucho”. Ecuador es un país que ha gozado de una paz relativa respecto a sus vecinos, no ha tenido que afrontar problemas mayores como grupos terroristas, hiperinflación y otras dificultades que a veces sirven para despertar a la población sobre su necesidad espiritual de tener al Señor Jesucristo como su Salvador. Es mejor tener dificultades y la vida eterna que todo aparentemente bien, pero estar camino al lago de fuego. Recordemos que es mucho mejor perder algo aquí que perder el alma para siempre: “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:29-30). Muchos en las zonas afectadas han respondido arrepintiéndose de sus pecados y poniendo su fe en el Señor Jesucristo.
Estas dificultades sirven no solamente para los inconversos, sino también para los creyentes: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Es tiempo que despertamos del sueño para servir el Señor: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías” (1 Pedro 4:1-3). Pedimos sus oraciones para los creyentes que estamos en Ecuador, así como por los inconversos.