El libro de Jonás no contiene profecía propiamente dicho, o más bien tan solo contiene una que no fue cumplida a causa del arrepentimiento de los habitantes de Nínive. Cien años más tarde, otro profeta, Nahum, volvió a pronunciar el juicio, anteriormente suspendido, de esta gran ciudad, juicio que no fue ejecutado hasta el final de un siglo, aproximadamente. Por lo demás, no es en la sentencia sobre Nínive que se debe buscar la enseñanza principal del libro de Jonás. Lo que nos presenta, desde el principio hasta el fin, es la persona misma del profeta. Esta circunstancia, ligada al hecho notable de que el libro de Jonás nos habla de los caminos de Dios EN GRACIA hacia las naciones, le asigna un sitio único entre los profetas del Antiguo Testamento. En cuanto a Jonás, que es él mismo la profecía en acción. Es un hombre señal y también hombre tipo. Vemos en él, primero que todo, la imagen de su propio pueblo rechazado, hundido en la angustia, luego saliendo resucitado de las profundidades del abismo. Pero no es en sólo eso que se limita su historia. En la persona de Jonás, el testigo que se aleja de Dios, el profeta orgulloso, el pueblo culpable, el Residuo arrepentido, pasan sucesivamente y a menudo juntos ante nuestros ojos, atravesando la escena de las naciones; pero además, un personaje misterioso, “uno más grande que Jonás”, entra y sale de allí resucitado para la liberación del Pueblo de Dios. En fin, como punto culminante de este maravilloso relato, encontramos una revelación de Dios mismo; aprendemos a conocer Su Providencia, Su santidad, Su justicia en juicio, Su grande paciencia, Su gracia ilimitada, última palabra de todos Sus caminos hacia el hombre, hacia Israel y las naciones.
Lo que acabamos de decir explica nuestra división del tema en siete capítulos titulados:
1. El testigo
2. El profeta
3. Las naciones
4. El pueblo de Israel
5. El residuo
6. El Cristo
7. Dios