D.E. Rule
Vivimos en un tiempo cuando hay muchos conflictos entre creyentes que resultan incluso en distanciamiento entre ellos y divisiones entre las congregaciones. En el fondo, una de las causas es que falta aplicar los principios enseñados en la Palabra de Dios. Los avances tecnológicos de hoy en día pueden ser instrumentos a los que se les dé un buen uso, pero a la vez también pueden causar mucho daño por mal uso.
Empecemos con Mateo 18:15-20: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Si tienes el pensamiento de que algún hermano o hermana ha pecado contra ti, la clave no es ir a “todo el mundo” con tus pensamientos y comentarios, sino ir directamente al hermano o hermana con quien tienes el problema. En vez de buscar aliados para tu causa, hay que buscar resolver el problema con la persona que ha actuado contra ti. Si puede ser resuelto entre ambos, mucho mejor. Busca si es posible tener contacto cara a cara, no establezcas una audiencia general por Facebook o WhatsApp.
El segundo paso, si el hermano o la hermana no te escucha es ir con uno o dos hermanos más para ver si pueden ser de ayuda y que sirvan de testigos. Y es mucho mejor que se les considere neutrales, no personas que tan solo van a meterse en la conversación sin la disposición de escuchar, con una mente cerrada, y que tan solo van para defenderte. Así como el Señor Jesucristo es el Mediador entre Dios y los hombres, tal vez ellos puedan servir de mediador entre la persona que ha pecado contra ti o que te ha ofendido. En otros casos tal vez tú puedes ser el instrumento usado para ayudar cuando hay un problema entre dos hermanos.
La última instancia para resolver un conflicto de este tipo es llevarlo a la congregación. Es una lástima cuando se tiene que llegar a este punto pero a veces es necesario, ya que hay la necesidad de llevar el caso ante toda la congregación. Y esperamos que en este paso se resuelva el problema.
En 1 Juan 1:8-108If we say that we have no sin, we deceive ourselves, and the truth is not in us. 9If we confess our sins, he is faithful and just to forgive us our sins, and to cleanse us from all unrighteousness. 10If we say that we have not sinned, we make him a liar, and his word is not in us. (1 John 1:8‑10) leemos: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. Muchas veces no queremos confesar muchos de nuestros pecados, pues pretenderemos disculparnos o echar la culpa a otros. Aunque el versículo 9 se lo suele utilizar en el evangelio, la interpretación propia en realidad está relacionada con la restauración de la comunión con el Señor. Si nos ejercitásemos en juzgamos a nosotros mismos, resolveríamos muchas cosas antes de que sean más graves, pues se podría cortar el pecado antes de que crezca y se convierta en algo mucho más serio. Todo pecado es malo pero no todo pecado es igual.
Hay otro caso: A veces sentimos que alguien tiene un problema con nosotros pero no se nos acerca para conversar. ¿Debemos esperar? La Biblia dice que no, como se desprende de Mateo 5:23-24: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Los problemas no resueltos dañan la comunión entre los hermanos. Personalmente, cuando tuve un problema con otro hermano, me costaba sentarme y partir el pan en la misma sala donde estaba el otro hermano, hasta que resolvimos el inconveniente entre nosotros. Naturalmente, pude justificar mi posición; pero cuando otro hermano me llamo por teléfono y me dijo: “te amo a ti y al otro hermano, pero el que más sufre en esto es mi Señor”, entonces se esfumaron todos mis argumentos.
Busquemos juzgarnos a nosotros mismos. Busquemos estar en paz con todos, pero especialmente con los de la familia de la fe.