Número 35
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Carta del editor - Número 35 - Enero de 2019
D.E. Rule
Amados hermanos y hermanas en Cristo,
Recién tuve la oportunidad de visitar a hermanos en Cristo en China. Ellos están atravesando muchas pruebas, pero en general son más que vencedores. Hay dificultades para conseguir Biblias en muchos sitios. En muchos lugares, el gobierno está usando cámaras para identificar quién entra y sale e incluso se vigila casas en las que se pueden reunir hermanos en la fe. Bastantes han sido encarcelados por su fe. Debemos orar por ellos y también por quienes están siendo objeto de severas persecuciones. “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (Hebreos 13:3).
Qué maravillosos los atributos de Dios: ¡Le podemos llamar omnipotente, omnisciente y omnipresente! Cómo podemos comprender que nos ama tanto a pesar de lo que somos por naturaleza y por nuestros hechos pecaminosos; y somos parte de la raza humana que es culpable de la crucifixión de su Hijo.
Es importante reconocer que un creyente verdadero no puede perder la salvación, la vida eterna, o no sería vida eterna. En vez de esto, Dios busca que disfrutemos de comunión con Él y con Su Hijo, y que mostremos en nuestras vidas las características que Le agradan y que Le glorifican. Somos llamados para servir a Dios.
Como siempre, pedimos que leas esta revista con tu Biblia abierta, pues ella es la autoridad que puede juzgar todo lo que está escrito aquí.
Tu hermano por gracia,
Omnipotente, omnisciente y omnipresente
D.E. Rule
Estas tres palabras nos hacen recordar que Dios es todo poderoso, que conoce y ve todas las cosas, y que está en todas partes. El prefijo: “omni” significa todo. Es un Dios en tres seres, la Divinidad o Trinidad. Queremos examinar cada uno de estos atributos.
Dios es único. Hay un solo Dios manifestado como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Salmo 113:5-6: “¿Quién como Jehová nuestro Dios, Que se sienta en las alturas, Que se humilla a mirar En el cielo y en la tierra?”. Sin Él no hay nada, pues sin Él sencillamente no existiríamos.
Omnipotente
Dios es todo poderoso. Dios es eterno, pues siempre ha existido. Él ya estaba antes que toda la materia del universo. Génesis 1 nos enseña puntos claves de la creación. Por la palabra de la boca de Su Hijo Eterno, el Señor Jesucristo hizo todo. Hebreos 1:1-3 dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”.
Génesis 1:1,3,6,9,11,14 nos dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra ... Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz ... Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas ... Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así ... Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así ... Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años”.
En Colosenses 1:15-17 leemos: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”.
Muchas personas que creen en la evolución como el proceso que forma la diversidad de especies no piensan ni en el origen de la materia ni en el proceso para lograr conseguir cosas complejas por accidente. Hay mutaciones, pero no producen orden ni complejidad. El Señor Jesucristo, el Todopoderoso (Apocalipsis 1:8), creó y sostiene el universo.
Es clave reconocer que Dios llamó a la existencia a todo el universo con su Palabra. Intentar explicar las cosas dejando a Dios fuera de la ecuación no es posible, pues deberían partir de materia ya existente. Sin Dios, no hay nada. Ahora que existen las cosas es el Señor Jesucristo quien sostiene el universo, no las leyes de la física, pues ellas tan solo sirven para definir lo que Él hace.
También en la actualidad, el poder de Dios es usado para nuestro bien: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). En nosotros mismos no hay fuerza, pero de Él obtenemos cuanto necesitamos para ser instrumentos útiles en Sus manos.
Omnisciente
Dios conoce y sabe todo. No hay algo que se pueda esconder de Dios, pues sean las cosas visibles como la creación y las invisibles como los pensamientos y sentimientos del ser humano, todas están desnudas ante su presencia.
1 Juan 3:19-20 dice: “Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas”.
En Mateo 10:29-31 leemos: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos”.
Así que todos los detalles son conocidos e importantes para Dios.
Salmo 139:1-4: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”.
Aunque muchas veces podemos esconder las cosas de otros e incluso de nosotros mismos, no hay manera de ocultarlas de Dios.
Dios sabe perfectamente lo que sucederá en el futuro. Apocalipsis 21:3 dice: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. En la Biblia hay mucho sobre la profecía y el cumplimiento perfecto de profecías del Antiguo Testamento respecto a la primera venida del Señor Jesucristo como hombre, las cuales son prueba de que podemos confiar plenamente en lo que la Biblia dice en cuanto al futuro.
Omnipresente
No hay un lugar en el universo a donde uno pueda escapar de la presencia de Dios. Jonás y otros aprendieron que no podían escapar de su presencia. David escribió en el Salmo 139:7-10: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”.
Nunca veremos con los ojos físicos a Dios el Padre porque es Espíritu y nunca tomará un cuerpo físico. A la vez, en su deseo de comunicarse con los seres humanos y salvarles envió a su Hijo Unigénito y Eterno, para también sea hombre y Dios a la vez, para mostrar Su amor y morir por nosotros. Entiende las pruebas en nuestras vidas porque vivió como hombre pero sin pecado y sin capacidad de pecar.
Hebreos 4:14-16 dice: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.
¿Quién es como nuestro Dios?
La salvación es para siempre: Nunca se la pierde
R. Thonney
El Señor Jesús nos asegura en la Palabra de Dios, en Juan 10:27-29: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (RVR1909).
Si fuera posible que una oveja del Señor Jesús se pierda, entonces Él nos ha mentido. Porque nos dice en una forma tan clara: “NO PERECERÁN PARA SIEMPRE”.
Lo que confunde a muchas personas es que hay quienes profesan creer en el Señor Jesús sin en realidad ser verdaderos creyentes. Como no conocemos sus corazones, a veces les reconocemos como creyentes. Pero ellos después de un tiempo abandonan su profesión de fe y van a la perdición; sin embargo, lo que hay que notar es que nunca fueron salvos en verdad. El Señor conoce a los que son suyos; nosotros tan solo vemos lo exterior y además la palabra de Dios dice: “Por sus frutos los conoceréis”.
En las Escrituras tenemos el ejemplo de uno de ellos, un discípulo y apóstol de nuestro Señor Jesucristo. Acompañó a Cristo durante sus tres años y medio de ministerio público. Cristo sabía que no era verdadero y en Juan 6:70,71 lo advierte: “uno de vosotros es diablo”. A Judas Iscariote le advirtió: “Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mateo 26:24). Pero Judas amaba el dinero más que a Cristo. Cuando fueron invitados a una cena en una casa en Betania, María ungió los pies de nuestro Señor Jesús con perfume. Judas se quejó que era malgastarlo, pues dijo que hubiera sido mejor haberlo vendido por trescientos denarios para darlo a los pobres. La Escritura aclara: “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”. Seguramente estaba algo frustrado debido a su deseo por el dinero, así que fue luego y llegó a un acuerdo con los sumos sacerdotes para vender a Cristo por 30 piezas de plata. Posiblemente pensó que como Cristo había salido de muchas trampas que le habían puesto, entonces también saldría de esto y Judas se quedaría con las treinta piezas de plata, sin que nadie lo supiera. Pero no paso así, Cristo fue condenado a muerte. Judas viendo que era algo terrible, devolvió las piezas de plata a los sacerdotes y ancianos, luego fue y se ahorco. Sin duda Cristo hubiera perdonado tan espantoso pecado, pero Judas no tenía fe, así que fue a la condenación eterna porque nunca recibió a Cristo de corazón. Se puede buscar en el registro divino, pues Judas llamó a Cristo Maestro, pero nunca como su Señor. Siempre tuvo esta reserva. ¡Cuán horrible debe ser haber estado físicamente tan cerca a Cristo, pero sin reconocerle como Señor!
El Señor Jesús nos dice en Mateo 7:21-23: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.
Nota que les dirá: “nunca os conocí”. No dirá, una vez te conocí, pero te perdiste. Tan solo dirá: “NUNCA OS CONOCÍ”. Judas cabe muy bien allí: Profetizó, echó demonios, hizo milagros, pero nunca fue de las ovejas del Señor Jesús.
Estaba bien disfrazado, porque cuando el Señor Jesús dijo a Sus discípulos que uno le iba a entregar, ninguno se dio cuenta quién era. Es muy importante que escudriñemos nuestros corazones a fin de que descubramos si en realidad somos de nuestro Dios y Salvador o tan solo se ha creado una fachada que pretende ser de él.
Otro discípulo y apóstol era Simón Pedro: Se equivocó varias veces; y muy seriamente hacia el final del ministerio de Jesús, pues negó haberle conocido alguna vez. Sin embargo, era un verdadero discípulo, así que cuando Cristo le miró la tercera vez que le había negado la Escritura registra que: “Pedro, saliendo fuera, lloro amargamente” (Lucas 22:61-62).
En el caso de un creyente verdadero, lo que se pierde cuando ha pecado no es la salvación, sino la comunión. Nuestro Señor Jesús nunca puede estar en comunión con el pecado. Cuando nacemos la primera vez, todos tenemos una naturaleza pecaminosa. Pecamos porque esta es la naturaleza que heredamos de nuestros padres. Nuestro Señor Jesús nació sin un padre humano y fue completamente santo como hombre. Véase Lucas 1:35. Cuando nacemos de nuevo del Espíritu Santo y del agua (la Palabra de Dios) entonces tenemos una naturaleza que es de Dios y la vida eterna. Esta vida no puede pecar (1 Juan 3:6,9). Somos responsables de reconocer la nueva vida y considerar a la vieja vida como muerta y sepultada. Sin embargo, a veces descuidamos y dejamos que actúe la vieja vida, como nos dice en 1 Juan 1:8,10: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. En este caso nosotros somos responsables del pecado que cometemos y este rompe la comunión con Dios. Es un asunto serio, pero hay que distinguir entre esto y la salvación. Repetimos:
La salvación nunca se pierde una vez que uno es verdaderamente salvo; pero la comunión se pierde muy fácilmente cuando pecamos.
1 Juan 1 trata del asunto de la comunión y la menciona cuatro veces en este capítulo. La comunión es primero comunicada por los apóstoles conforme al versículo 3, pero es una comunión verdaderamente con el Padre y Su Hijo Jesucristo. Luego, si andamos en esta comunión individualmente, el resultado es que hay comunión unos con otros como se nota en el verso 7.
En los versículos 8-10 se describe la forma en que se restaura la comunión cuando la perdemos.
Primero.- como hemos notado hay que reconocer el pecado y también nuestra responsabilidad: No se debe echar la culpa a otro(s).
Segundo.- El verso 9 indica la necesidad de la confesión: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (RVR1909).
Pedro era un verdadero discípulo y fue restaurado a la comunión, luego un instrumento muy usado por Dios durante el resto de su vida. ¡Gracias a Dios que hay restauración!
Advertencia: A veces vemos personas que profesan ser creyentes y luego se van por el camino de la perdición. Algunos piensan que en virtud de que la salvación es eterna, entonces tal persona es salva, pero solo anda alejada del Señor. Sin embargo, el Señor Jesús dijo: “por sus frutos los conoceréis”. Si no vemos fruto en la vida del creyente tenemos razón para dudar de su salvación: No es pensar que haya perdido su salvación, sino que en realidad nunca fue salvo. Tal vez Dios extienda Su misericordia y aquella persona pueda reflexionar y le sea concedido arrepentirse.
En el pasaje de Hebreos 10:26-31, hay que notar que la persona que se pierde había recibido no “la verdad”, sino “el conocimiento de la verdad”. Así que es posible conocer la verdad sin recibirla: Judas Iscariote es un ejemplo.
¡Qué precioso es gozar de la salvación y tener plena seguridad de ella! 1 Juan 3:14 dice: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, está en muerte” (RVR1909). También 1 Juan 5:13 añade: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”.
2 Timoteo 2: Siete figuras para hermanos jóvenes
D.E. Rule
Te recomiendo primero una lectura completa del capítulo 2 de 2 Timoteo.
En este capítulo hay siete figuras que muestran cualidades que Timoteo debió tener y que nosotros también debemos mostrar en nuestras vidas. En la Biblia, el número siete se usa para indicar perfección y que está completo, así también nosotros debemos mostrar estas características entre tanto que vamos madurando en la fe.
1. Hijo
“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:1-2). En estos versículos vemos una cadena de cuatro personas:
i. Pablo
ii. Timoteo
iii. Hombres fieles
iv. Otros
Es evidente que Timoteo fue hijo de Pablo en la fe. Revisa 1 Timoteo 1:1-2. No sabemos mucho respecto al padre de Timoteo, pero es muy clara la influencia espiritual de su madre y de su abuela: “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también” (2 Timoteo 1:5). Hay muchos casos donde no hay la ayuda espiritual de uno o ambos padres en la carne, pero otros pueden ayudar al ver la necesidad. También es importante que recibamos la Palabra de Dios como tal y que la compartamos, ya sea de palabra o con hechos. Un caudal de agua que tiene entrada pero no tiene salida se queda estancado. Notemos que la iglesia es enseñada, no enseña; pues el Espíritu Santo utiliza instrumentos dentro de la iglesia, el cuerpo de Cristo, para enseñar.
2. Soldado
“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Timoteo 2:3-4). Nadie dice que la vida de un soldado en servicio activo sea fácil y es peor cuando está en una zona de conflicto. Hoy en día, la mayoría de nosotros no estamos en un lugar donde el mayor conflicto sea físico; sin embargo, hay muchísimos creyentes en diferentes lugares del mundo donde sí les acontece así. Tenemos tres enemigos principales: nuestra carne, Satanás y el sistema de este mundo. En Efesios 6:10-13 leemos: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”. Para muchos de nosotros, las batallas son más espirituales, batallas contra nuestras almas. La fuerza para ganar las batallas está en el Señor, no en nosotros y Él obra por el Espíritu Santo que mora en nosotros.
Es vital que por un lado seamos responsables de los quehaceres necesarios de la vida, pero a la vez no debemos cargarnos de cosas no esenciales. Hay instrumentos como los celulares y otros aparatos electrónicos que pueden ser herramientas útiles; no obstante, si no se los controla podemos terminar complicándonos con ellos.
3. Atleta
“Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente” (2 Timoteo 2:5). La vida cristiana es como una carrera, pero no de velocidad, sino de resistencia durante todo el recorrido. Cuántos jóvenes empiezan bien su carrera, pero no logran terminarla como empezaron. En los primeros dos versos de Hebreos 12:1-2 leemos: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Dos puntos claves para que un atleta sea el ganador son: correr la carrera respetando el reglamento y no llevar peso innecesario. La Biblia nos da los principios que debemos seguir para correr la carrera cristiana, así que debemos aprenderlos y aplicarlos en nuestra vida. Y alguien que vaya cargando cosas innecesarias tampoco va a ser el ganador.
4. Agricultor
“El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” (2 Timoteo 2:6). Mi trabajo está relacionado con la agricultura. Cada planta tiene su tiempo de siembra y hasta para la cosecha. El agricultor tiene que trabajar mucho tiempo antes de ver el fruto de su trabajo. El seguidor del Señor Jesucristo también debe estar dispuesto a trabajar sin que vea un fruto visible durante mucho tiempo. Vivimos en una época cuando hay mucha ignorancia sobre la enseñanza de la Palabra de Dios; sin embargo, es importante que se proporcione una buena base cuando sea posible. En Lucas 24:27 leemos: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”. Juan 3:16 es maravilloso pero Génesis 1:1 es vital también. La salvación viene cuando un pecador se arrepiente de sus pecados y pone su fe en el Señor Jesucristo como su Salvador. La obra del Espíritu Santo no tiene que ser necesariamente de un día para el otro en una persona. Así que puede tomar tiempo y debemos ser fieles sin forzarla.
“Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo. Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna. Palabra fiel es ésta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2:7-13). Esta sección es como una pausa donde el apóstol Pablo se detiene y ora para que Timoteo tenga entendimiento en estas cosas y a la vez contempla el ejemplo perfecto del Señor Jesucristo, el ejemplo perfecto tanto para él como para nosotros. En Inglaterra, hace muchos años, un hermano joven vio a un hermano mayor, de edad avanzada, sentado en una mecedora sin aparentemente hacer nada. Le pregunto qué estaba haciendo y la respuesta fue: “Estoy dejando que el Señor me ame”. Se estaba reflejando en el Señor.
También en estos versos tenemos la plena distinción entre los que son y los que no son creyentes. Cada uno de nosotros debemos estar seguros de que hemos obtenido la salvación que está en Cristo Jesús.
5. Obrero
“Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:14-15). La Biblia tiene 70 libros (Los Salmos en realidad son cinco libros, no uno. Hay 43 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento). Hay 1189 capítulos en total. Un Tweet tiene máximo 144 caracteres. En un mundo donde la comunicación puede ser instantánea y muchas veces muy corta, hay una falta de obreros en la viña del Señor que estén dispuestos a dar el tiempo para profundizar su conocimiento de la Palabra de Dios. Si lees menos de media hora al día es suficiente para completar la lectura de toda la Biblia en un año. ¿Has leído todo este libro tan vital desde el primer versículo de Génesis hasta el último verso del Apocalipsis? Es importante tener un bosquejo de los libros y principios de la Palabra de Dios. 2 Timoteo 1:13 dice: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús”. Por ejemplo, el creyente que no reconoce la diferencia entre las dispensaciones va a quedar confundido al leer las diferentes partes de la Biblia.
“Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos. Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:16-19). Hay que tener mucho cuidado a fin de que no entren enseñanzas falsas e inútiles que luego hacen tanto daño.
6. Utensilio
“Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas” (2 Timoteo 2:20-23). Los creyentes verdaderos son vasos de oro o plata; pero los vasos de madera y barro no lo son. Alguien puede ser un creyente verdadero, pero estar sucio y no será usado para honra debido a pecado moral, doctrinal y/o por sus asociaciones. Cuando tenga cierto nivel de gravedad incluso requiere que nos separamos de manera individual y colectiva de tal persona o personas. La decisión respecto a con quién debemos andar en forma más cercana y con quién debemos congregarnos debe ser guiada por el Espíritu Santo, cuando usamos la Palabra de Dios para guiarnos hacia donde el Señor Jesucristo está en medio colectivamente.
7. Siervo
“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:24-26). La última de las siete figuras es la del siervo. Y el ejemplo perfecto lo tenemos en el Señor Jesucristo. En Filipenses 2:5-8 leemos: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. ¡Cuán maravillo es que el Creador y Quien sostiene el universo sea el que nos dejó el ejemplo perfecto de siervo! ¿Estamos siguiendo Sus pisadas?
1 Juan 1: Comunión con el Padre y con Su Hijo Jesucristo, y unos con otros
R. Thonney
El apóstol Juan trata en el evangelio y en sus epístolas de la familia de Dios. El apóstol Pablo trata de la Iglesia de Dios.
El apóstol Pedro trata del reino o el gobierno de Dios.
Juan 1:12 dice que somos nacidos en Su familia al creer en el Señor Jesucristo. No nacemos por nuestra decisión sino por la voluntad de Dios: versículo 13. Pues así como no decidimos nacer, la primera vez, en la familia de nuestros padres naturales, tampoco decidimos nacer de nuevo en la familia de Dios. Puede ser que tomemos una decisión, pero es por la voluntad de Dios que nacemos en Su familia. Al nacer compartimos la misma vida de la familia: vida eterna. Vemos las mismas características en los hijos que las que hay en el Padre porque somos nacidos de Él. En los escritos de Pablo somos hijos por adopción, porque nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo.
Una característica de la familia es que viven en comunión. Puede haber inconvenientes a veces, pero lo normal es esto, la comunión, es decir tener los mismos pensamientos y sentimientos de nuestro Padre.
En este capítulo se menciona la palabra comunión cuatro veces. Hay que notar que no es una comunión entre nosotros primero, sino como se desprende del versículo tres: con los apóstoles que están en comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo. Luego cuando existe esto en su debido lugar, el resultado es lo que hallamos en el versículo 7: “si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros”. A veces ponemos la comunión entre nosotros primero; mas nunca resulta ser muy estable. Pues debe ser aquella comunión apostólica que se menciona en el pasaje y que se centra primero en tener comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo.
¿Cómo se puede tener esta comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo? Esta comunión se cultiva mediante dos cosas: 1) La lectura de la Palabra de Dios y 2) La oración. Cuando leemos la Palabra de Dios, es Dios quien nos habla y cuando oramos, entonces nosotros le hablamos a Dios. ¡Cuán importante es mantener esta práctica a diario! A veces nos descuidamos y sufre la comunión y como resultado nos falta el gozo. Dios es un SER comunicador y quiere tener comunión con Sus hijos que ha engendrado. No debemos considerar estas dos cosas prácticas religiosas; sino más bien anhelar esa comunión con todo el gozo del corazón, y entonces obrar para compartir los pensamientos de Dios y ponerlos en práctica en nuestras vidas. Nuestros cuerpos están hechos del polvo de la tierra y se nutren de productos que salen de la tierra. Nuestro espíritu y alma no son materiales y se sustentan con la Palabra de Dios que es espíritu y vida (Juan 6:63). El Señor Jesús citó durante las tentaciones mencionadas en Mateo 4:4 el versículo de Deuteronomio 8:3: “no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”.
En el versículo uno de este capítulo menciona: “Lo que era desde el principio”. No es el principio de la creación que tenemos en Génesis 1:1, ni tampoco el principio mencionado en Juan 1:1; sino el principio de la manifestación de la vida eterna en este mundo, cuando Cristo vino en forma de hombre. Por primera vez se podría ver en un hombre LA VIDA ETERNA. ¡Qué maravilloso pensar que podemos tener esta vida eterna! Es lo mismo que tenemos en Juan 8:25: “Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho”. Es lo que experimentaron mediante las formas mencionadas: al oírle, verle, contemplarle y también palparle. No se trataba de fábulas compuestas por hombres, sino más bien de hechos históricos constatados por muchos testigos que ahora nosotros también podemos leer y apreciar. Los apóstoles nos han dejado su registro especialmente en los evangelios, pero también hay mucho en las epístolas que escribieron. Nos han escrito para que podamos tener comunión con ellos, y luego esto nos lleva a tener comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo. Así nuestro gozo puede estar cumplido. La vida no consiste en tener muchas cosas, sino en andar en comunión con nuestro Dios Creador y ahora nuestro Padre y Su Hijo Jesucristo.
En el verso 5 nos muestra la sublime verdad que DIOS ES LUZ y que no se puede mezclar con las tinieblas. En el primer capítulo de la Biblia es donde Dios separo la luz de las tinieblas, pues son mutuamente exclusivas. Si vamos a tener comunión con Dios, no se puede combinar con nada de las tinieblas. Los versículos 6, 8 y 10 comienzan con: “si decimos”, porque es muy fácil hablar; pero a veces la realidad es otra. Hay que ser sinceros con Dios: Nada se puede ocultar de él.
Luego el versículo 7 nos muestra que si estamos caminando en la luz, entonces habrá comunión entre nosotros, pues esto es lo normal en la vida cristiana. La última parte del versículo tiene un texto muy conocido: “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. Lo que impide la comunión es el pecado. Por más que sea algo pequeño y nosotros lo acomodemos con excusas, si es pecado, impide la comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo. Pero Dios cargó todo el costo contra sí mismo, ya que puso el remedio a fin de que pueda ser quitado aquello que impide la comunión. Así que, para nosotros, quienes somos parte de la familia de Dios, todo lo que la luz manifiesta, la sangre lo limpia. ¡Cuán importante es no dar cabida para que haya algo o alguien que impida nuestra comunión!
Una vez que un creyente ha creído en el Señor Jesús de corazón, nunca más se puede perder. Cristo dijo con tanta claridad en Juan 10:28: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Si alguien dice que se puede perder la vida eterna, le hace mentiroso a nuestro Señor Jesús. Hay personas que dicen creer, pero no lo han hecho de corazón. Ellos se pierden porque nunca tuvieron en realidad la salvación: no tuvieron una relación personal con Cristo. Dios sabe quiénes son verdaderos, pero nosotros solo podemos ver sus frutos: Hay frutos que vienen junto con la salvación.
La salvación nunca se pierde: Lo que se puede perder es la comunión.
El pecado hace perder la comunión por más que sea algo insignificante ante nuestros ojos. No hay manera de corromper la LUZ de la presencia de Dios. Si estoy andando en comunión con Dios y doy lugar a una mentira, el Señor sigue a mi lado, pero ya no hay comunión. ¿Qué hay que hacer?
Los últimos tres versículos del capítulo nos indican cómo restaurar la comunión cuando la perdemos. Los versos 8 y 10 nos hablan del pecado en dos formas: el verso 8 menciona el pecado como raíz, mientras que el verso 10 lo especifica como el hecho. Es como un manzano, aquella planta que produce manzanas, siempre distinguimos la raíz y el fruto. Nosotros, luego de recibir la nueva vida que tenemos en Cristo, reconocemos que es una vida que no puede pecar; sin embargo, tenemos aun dentro de nuestro cuerpo la carne de pecado: aquella naturaleza que recibimos de nuestros padres y que nos conduce a pecar. El verso 8 aclara que no se puede negar que tengamos esta naturaleza. Así que, cuando pecamos debemos estar dispuestos a reconocer que lo hicimos porque dejamos actuar a esta naturaleza pecaminosa. La tendencia natural es echar la culpa a otra persona, como hizo Adán cuando echo la culpa a su mujer y Eva hizo lo mismo al echarle la culpa a la serpiente. También hay que reconocer que lo que hemos hecho es pecado. En vez de defendernos, más bien reconozcamos lo que en realidad hemos hecho.
Luego en el verso 9 dice que tenemos que confesar al Señor. Confesar es sencillamente decirle lo que hemos hecho y la confesión es siempre primero al Señor. Puede ser que se necesite confesarlo a otros contra quienes hemos pecado también, pero siempre todo pecado es contra Dios y desde luego la confesión es primero a Él. No dice que pidamos perdón, porque ya tenemos el perdón de pecados, revisa el capítulo 2 verso 12. Al confesar el pecado tenemos que reconocer que es malo y decírselo. Cuando confesamos el pecado, entonces es cuando Él nos perdona y limpia de toda maldad. Esto es perdón gubernamental, así como acontece a un padre que tiene una familia con hijos: Un hijo no tiene comunión con el padre hasta que reconoce su pecado; y cuando lo reconoce, entonces puede tener de nuevo comunión.
Que sencillos principios, sin embargo son tan importantes para nuestra vida cristiana. Que el Señor nos permita disfrutar siempre el andar en comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo y entonces habrá lugar para andar en comunión con otros creyentes que también gozan de la misma comunión.
En el principio Dios … ¿Y de dónde vino la materia?
D.E. Rule
Si tienes acceso a internet, puedes hacer una búsqueda con palabras como origen y universo. Vas a ver referencias a la teoría de la “gran explosión”. Algunos van a decir que hubo una gran nube de gases, principalmente hidrógeno y tal vez un poco de helio. Si fuera así, mi pregunta es: “¿De dónde aparecieron el hidrógeno y el helio?”.
El versículo que hace referencia al origen cronológico más antiguo de la Biblia es Juan 1:1-2: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios”. Dios no tuvo principio ni tendrá fin. Es algo que va más allá de las limitaciones de nuestras mentes. Así que no podemos explicar la existencia de Dios, sino aceptarlo por fe y en base a lo que dice Su Palabra, la Biblia. Luego tuvo lugar la creación que menciona Génesis 1:1 Pues: “Este era en el principio con Dios”. Es importante reconocer que este versículo no está vinculado con una medida de tiempo. Los llamados científicos que tratan de explicar esto, dejando a Dios fuera de la ecuación, siempre empiezan con algo. Nosotros comenzamos con la afirmación de Juan 1:3: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.
En clases de biología, muchos enseñan que la vida empezó con cosas supuestamente sencillas como las bacterias. Pero, en realidad no hay un organismo que no tenga cierto grado de complejidad. Si la objeción de los que enseñan la evolución es que la creación no es algo que se pueda probar científicamente, mi pregunta es: ¿Ha creado, científicamente, átomos en el laboratorio a partir de la nada o ha conseguido obtener un organismo completo que tiene todas sus funciones hasta que pueda reproducirse a sí mismo?
Hace mucho tiempo, cuando estaba estudiando, nos mostraron dibujos hipotéticos de árboles de vida que supuestamente mostraban la cadena evolutiva de formas sencillas de vida a organismos más complejos. Cuando un científico, que también es creyente, Michael Behe, escribió el libro Darwin’s Black Box [La Caja Negra de Darwin], se abrió la puerta a la investigación de algo más profundo que se llama el fenotipo. El fenotipo es como los genes que se manifiestan en el ambiente donde están. Podemos ver muchos organismos como los ojos pero no podemos ver el ADN, la base genética del organismo. Cuando ya fue posible determinar las secuencias de los nucleótidos en el ADN, descubrieron que el genotipo, que es el ADN o programador del organismo, no reflejó las transiciones que fueron enseñadas por décadas.
Volvamos al tema del origen de la materia. Dicen que hay evidencia de que toda la materia apareció de una. Esto es consistente con Génesis 1:1. Apareció del Hijo eterno de Dios, el Señor Jesucristo, el Creador pero no de la nada. No existió antes, sino cuando fue hecho y fue perfecto. El átomo es algo aparentemente sencillo pero a la vez muy complejo. Empezando con el helio que apenas posee dos protones, tiene algo interesante: son dos partículas subatómicas en el núcleo con la misma carga. Una de las leyes de la Física es que las cargas iguales se repelen, lo cual se puede probar con dos imanes. ¿Quién sostiene los átomos del universo para que no se descompongan? “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:15-17). El mismo Creador es quien hace que todas las cosas sigan subsistiendo.
Imagínate lo que sucedió en las tres horas de tinieblas, cuando el Señor Jesucristo estuvo llevando la carga de nuestros pecados y tomó nuestro lugar al recibir el castigo que nosotros merecemos. Era el Perfecto sufriendo por los pecadores; e incluso durante aquel tiempo tuvo que sostener el universo. “¿Quién visitó por él la tierra? ¿Y quién puso en orden todo el mundo? Si él pusiese sobre el hombre su corazón, Y recogiese así su espíritu y su aliento, Toda carne perecería juntamente, Y el hombre volvería al polvo” (Job 34:13-15). ¡Qué maravilla!
“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud ... ” (Eclesiastés 12:1).
Solución de conflictos
D.E. Rule
Vivimos en un tiempo cuando hay muchos conflictos entre creyentes que resultan incluso en distanciamiento entre ellos y divisiones entre las congregaciones. En el fondo, una de las causas es que falta aplicar los principios enseñados en la Palabra de Dios. Los avances tecnológicos de hoy en día pueden ser instrumentos a los que se les dé un buen uso, pero a la vez también pueden causar mucho daño por mal uso.
Empecemos con Mateo 18:15-20: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Si tienes el pensamiento de que algún hermano o hermana ha pecado contra ti, la clave no es ir a “todo el mundo” con tus pensamientos y comentarios, sino ir directamente al hermano o hermana con quien tienes el problema. En vez de buscar aliados para tu causa, hay que buscar resolver el problema con la persona que ha actuado contra ti. Si puede ser resuelto entre ambos, mucho mejor. Busca si es posible tener contacto cara a cara, no establezcas una audiencia general por Facebook o WhatsApp.
El segundo paso, si el hermano o la hermana no te escucha es ir con uno o dos hermanos más para ver si pueden ser de ayuda y que sirvan de testigos. Y es mucho mejor que se les considere neutrales, no personas que tan solo van a meterse en la conversación sin la disposición de escuchar, con una mente cerrada, y que tan solo van para defenderte. Así como el Señor Jesucristo es el Mediador entre Dios y los hombres, tal vez ellos puedan servir de mediador entre la persona que ha pecado contra ti o que te ha ofendido. En otros casos tal vez tú puedes ser el instrumento usado para ayudar cuando hay un problema entre dos hermanos.
La última instancia para resolver un conflicto de este tipo es llevarlo a la congregación. Es una lástima cuando se tiene que llegar a este punto pero a veces es necesario, ya que hay la necesidad de llevar el caso ante toda la congregación. Y esperamos que en este paso se resuelva el problema.
En 1 Juan 1:8-10 leemos: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. Muchas veces no queremos confesar muchos de nuestros pecados, pues pretenderemos disculparnos o echar la culpa a otros. Aunque el versículo 9 se lo suele utilizar en el evangelio, la interpretación propia en realidad está relacionada con la restauración de la comunión con el Señor. Si nos ejercitásemos en juzgamos a nosotros mismos, resolveríamos muchas cosas antes de que sean más graves, pues se podría cortar el pecado antes de que crezca y se convierta en algo mucho más serio. Todo pecado es malo pero no todo pecado es igual.
Hay otro caso: A veces sentimos que alguien tiene un problema con nosotros pero no se nos acerca para conversar. ¿Debemos esperar? La Biblia dice que no, como se desprende de Mateo 5:23-24: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Los problemas no resueltos dañan la comunión entre los hermanos. Personalmente, cuando tuve un problema con otro hermano, me costaba sentarme y partir el pan en la misma sala donde estaba el otro hermano, hasta que resolvimos el inconveniente entre nosotros. Naturalmente, pude justificar mi posición; pero cuando otro hermano me llamo por teléfono y me dijo: “te amo a ti y al otro hermano, pero el que más sufre en esto es mi Señor”, entonces se esfumaron todos mis argumentos.
Busquemos juzgarnos a nosotros mismos. Busquemos estar en paz con todos, pero especialmente con los de la familia de la fe.
La mies es mucha: La República Popular de China
D.E. Rule
“Jesús ... dijo a Sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies” (Mateo 9:35,37-38).
Vamos a transportarnos al país más poblado del mundo: China. Cuenta con una población que supera los 1.300 millones, es uno de los pocos países todavía oficialmente comunista y es un exportador de productos hacia todo el mundo. Cuando Mao Tse-Tung lideró una revolución que terminó con la toma del poder en 1949, inició un cambio que forzó a los cristianos a que empiecen a reunirse en una forma clandestina, tan solo a escondidas, y se le llamó la “iglesia subterránea”. Muchos creyentes fueron encarcelados, otros murieron como mártires, y se volvió muy difícil conseguir Biblias. Él quiso convertir su pequeño libro rojo de dichos como si fuese la “Biblia” para China. Con decisiones económicamente desastrosas, decenas de miles murieron de hambre. El acceso al país fue tan limitado que muchos en el exterior pensaron que tal vez había eliminado a los cristianos; los creyentes extranjeros que habían ido a China para compartir el evangelio fueron expulsados.
Pero estaban totalmente equivocados. La semilla que había sido sembrada por creyentes chinos y del exterior germinó en muchos lugares. Aunque fueron forzados a reunirse a escondidas y con muchos peligros, esto sirvió para purificar la obra. Aun el sacrificio de aquellos que murieron en las protestas en la plaza Tiananmén en Beijing, al buscar un cambio político en el país, sirvió para hacer que muchos reconozcan que el cambio tenía que ser espiritual, no político. También los ataques de Mao y sus seguidores hacia todo tipo de religiones terminó con la adoración de los ancestros que era tan común en China. Y cuando dejaron aquella tierra quemada resultó ser fértil para la siembra del evangelio.
Durante el gobierno de Deng Xiaoping y los dos que le sucedieron hubo en algunos lugares un poco más de libertad. Permitieron ciertas congregaciones amparadas bajo el Three Self Patriotic Movement pero estaban bajo su control. La Biblia en ciertos lugares volvió a estar más disponible. Comenzaron a imprimir Biblias en chino dentro del país. Algunas congregaciones construyeron edificios para sus reuniones. En muchos lugares los creyentes empezaron a reunirse con más libertad. En los gobiernos liderados por los tres sucesores de Mao, la economía china creció dramáticamente y el país se convirtió en una fuerza mundial.
Ya hemos entrado al año 2019 y las cosas han cambiado. El líder actual, Xi Jinping, ha empezado a buscar la destrucción del testimonio cristiano. Ya no hay la disponibilidad para que se compre Biblias. Han cerrado congregaciones visibles. Han empezado un monitoreo de quién entra y sale en lugares de reuniones, en hogares y otros sitios. Donde han tomado el control de ciertas congregaciones han puesto a sus propios líderes, por lo que ya no hay la libertad para una enseñanza clara y correcta de la Palabra de Dios.
¿Qué debemos hacer? Primero orar. Recordemos lo que le aconteció a la iglesia de Esmirna. En Apocalipsis 2:9-10 leemos: “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico) ... No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. Dios es fiel y les va a ayudar, sea al preservar su vida o incluso si tienen que morir por Él. Pero hay chinos por todas partes, así que puedes compartir algo de la Biblia en tu idioma en chifas o almacenes de chinos. Puedes buscar oportunidades con obreros chinos que están en muchos países latinos en proyectos de infraestructura. Busquemos salir de nuestra área de confort, aunque no enfrentemos la misma persecución; pero vivamos para Cristo dándole el primer lugar en nuestras vidas, sin importar donde estamos.