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Repentance: Bible Questions and Answers
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Librito mediano a letras grandes
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Extracto:
El Arrepentimiento
Preguntas por P. Brown;
Respuestas por H. P. Barker
A veces, al buscar una definición correcta, se pierde el significado de la cosa. Me temo que esto es lo que sucede muchas veces con el «arrepentimiento».
Recuerdo mencionar la visita que hizo un predicador del evangelio a cierto hombre.
«Solo tengo un mensaje para usted,» le dijo, «y es que tiene que arrepentirse».
«¿Y qué es arrepentimiento?» preguntó su interlocutor.
«Bien,» respondió el predicador, «cuando piensa en su vida llena de culpas y en que inevitablemente ha de encontrarse con Dios en breve, si no sabe lo que es el arrepentimiento, ¡no se lo puedo explicar!»
Con todo, trataré de clarificar su significado. Resumiendo, este término significa un cambio de mente, pero se trata de un cambio de mente que afecta al ser moral del hombre hasta lo más profundo de su ser. Es un cambio de mente que le hace apartarse de sus pecados con repulsión, y que lo lleva a aborrecerse por haberlos cometido. Así, un pecador arrepentido se pone del lado de Dios y contra sí mismo.
Supongamos Que Alguien No Haya Cometido Ningún Pecado Muy Terrible, ¿Hay Alguna Necesidad De Arrepentimiento En Su Caso?
Antes de hablar de lo que sería adecuado para tal hombre, ¡encuéntrenlo! Lo cierto es que todos los pecados son terribles a los ojos de Dios, y que no hay una sola persona que no haya pecado. Por tanto, la necesidad de arrepentimiento es universal. Dios «ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan» (Hch. 17:30).
Supongo que difícilmente podríamos encontrar a alguien más libre de los más virulentos excesos de pecado que Job. Dios mismo dio testimonio de que «no hay otro como él en la tierra,» y de que era un «varón perfecto y recto» (esto es, en su conducta externa), «temeroso de Dios y apartado del mal».
Si se pudiera suponer de alguien que no necesitase arrepentimiento, desde luego que este era Job. Él podía decir de sí mismo con verdad: «Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre» (Job 29:14-16).
¡Hombre amado, noble, bondadoso y caritativo! ¿Acaso necesitaba él arrepentirse? Dejemos que responda por sí mismo. Mientras se refería a su vida y carácter externos, podía con razón afirmar su preeminencia en bondad, pero cuando contempla su estado y condición ante Dios, oigamos sus palabras: «He aquí que yo soy vil. ... Mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 40:4; 42:5-6).
Si Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos vengan al arrepentimiento, ¿por qué permite que muchos mueran sin arrepentimiento?
Dios nunca fuerza Sus bendiciones sobre los hombres, ni los trata como meras máquinas. Él sacia el “alma sedienta”. La oferta de salvación del evangelio se da a todos, y a todos se manda que se arrepientan. Pero si alguien cierra los oídos voluntariosamente, y da la espalda a la misericordia de Dios, no podrá culpar a nadie más que a él mismo si perece miserablemente en sus pecados. Todo lo que el amor divino podía dar le ha sido dado libremente; todo lo que la justicia divina demandaba ha sido aportado gratuitamente; todo lo que se debía hacer ha sido cumplido plenamente. ¿Qué más puede esperar el hombre?