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Faith: Bible Questions and Answers
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Librito mediano a letras grandes
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La Fe
Preguntas por O. Lambert;
Respuestas por H. P. Barker
El tema que hemos escogido para nuestro primer diálogo es de importancia primordial, porque la fe es el gran principio sobre el que Dios otorga Su bendición.
Cuando brotó la angustiada pregunta «¿qué debo hacer para ser salvo?» de los labios del carcelero en Filipos, la respuesta inspirada no le invitó a orar, a esforzarse o a hacer votos, ni nada parecido. Se le dijo que creyera en el Señor Jesucristo, y sería salvo. Nada que él pudiera hacer le serviría para ganar la salvación de Dios. El hacer lo había cumplido todo Cristo. Todo lo que queda al pecador es apropiarse de los resultados de Su poderosa obra por la simple fe.
¿Qué Es La Fe?
La fe es algo que las personas ejercitan en cientos de maneras cada día de sus vidas. Cuando aquella señora entró ahora en la carpa y se sentó en aquella silla, fue un acto de fe. Ella confió en la silla y reposó sobre ella. Cuando yo mismo me quité el sombrero y lo colgué de aquella percha, fue otro acto de fe. Yo confié en la percha, y me fié de que me sostendría el sombrero. La fe a la que se refiere la Biblia es tan simple como esto. Cristo es su objeto, y tener fe en Él es confiar en Él o contar con Él para aquello que necesitan nuestras almas. Esto mismo se expresa de otras formas en la Escritura: «Mirad», «Venid», «Tomad», «Recibid» — todas estas cosas tienen un sentido muy semejante al de «Confiad» o «Creed».
Si podéis decir, de corazón
Ningún otro refugio tengo yo,
Mi alma impotente en Ti reposa,
entonces tú eres uno de los que tiene fe en Él.
¿Puede Alguien Creer Por Su Propia Cuenta?
Cuando el Señor Jesús mandó al hombre con la mano seca que la extendiera, aquel hombre no dijo: «¿Cómo voy a poder hacerlo?» Pudiera haber dicho: «Señor, no he podido mover este brazo durante años. Está paralizado e inerte. No puedes esperar que lo levante». Sin embargo, hizo sencillamente como se le había mandado. De esto aprendemos que cuando Dios manda, Él da poder para obedecer.
Ahora es Su mandamiento que creamos en el nombre de Su Hijo Jesucristo (véase 1 Juan 3:23). Si fuésemos dejados a nosotros mismos, no es probable que deseásemos confiar en Él. Nuestros corazones son por naturaleza duros y corrompidos; en ellos no hay lugar para Cristo. Pero Dios tiene Sus maneras de producir lo que desea, y no nos toca a nosotros razonar acerca de nuestra capacidad o incapacidad para creer, sino recordar que se nos manda que lo hagamos. Lo mejor es ser sencillos acerca de esto. Podemos confiar unos en otros sin dudarlo. No debiera ser más difícil confiar en el Salvador.