La Gracia Restauradora de Dios [Rústica]

La Gracia Restauradora de Dios by Walter Thomas Prideaux Wolston
PREVIEW YOUR CUSTOM IMPRINT HERE
Tract back page
English:
God's Restoring Grace
Language:
Spanish
BTP#:
#2181
Cover:
Rústica
Pages:
80 pages
Price:
Quantity
Price Each
1-11
$4.95
12-49
$4.11
50-99
$3.96
100+
$2.97
Note: The minimum quantity for this product with a custom imprint is 100.

About This Product

Muchos verdaderos cristianos se han visto frecuentemente perturbados debido a la errónea enseñanza acerca del tema del que trata este libro. Temen que pueden volverse atrás y por ello perder su salvación. Esto ha hundido a muchas almas en la desesperación, cuando debieran haber recordado que el mismo Señor garantizó su eterna seguridad. La seguridad de ellos se halla en Sus manos, y en las manos de Su Padre, de las que nadie—ni hombre ni diablo—puede jamás arrebatar a ninguno de sus redimidos. Él y el Padre uno son (Jn. 10:17-30).

Sin embargo, sí, es posible para almas verdaderamente salvas volverse frías en sus afectos hacia Cristo y dejar su primer amor (Ap. 2:4). Este es el inicio de la decadencia, y otros pasos pronto siguen hasta que el creyente pierde el gozo de su salvación y anda por un camino en el que deshonra a su Señor, y finalmente se atrae dolor y perjuicio a su propia vida, en conformidad con el gobierno de Dios hacia Sus hijos.

Pero hay restauración para las almas en este caso; el Señor está siempre dispuesto a restaurar al santo que fracasa. El mismo Pedro en su fracaso nunca perdió su salvación, aunque fracasó de la manera más triste; pero cuando fue restaurado el Señor encomendó Sus preciosos corderos y ovejas a su cuidado para el pastoreo y apacentamiento de ellos.

Este libro que sale en nueva edición está lleno del ministerio consolador, alentador e instructivo que recomendamos a los cristianos. Los seis capítulos que aquí presentamos son las notas de seis prédicas del bien conocido siervo de Dios, W.T.P. Wolston, M.D. Quiera el Señor utilizar estas prédicas aquí transcritas para la bendición de los Suyos.

Paul Wilson

"Sobre toda cosa guardada guarda tu corazon; porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23). Otra vez, un hombre es tal "cual es el pensamiento en su corazon" (Proverbios 23:7). No es lo que yo haga, ni lo que diga con mis labios; es lo que realmente soy, es lo que mi corazón es, es aquello en lo que tengo puestos mis afectos.

Extracto:

Apartamiento del corazón
Jeremías 2, 3, 4

En el capítulo catorce de Proverbios leemos, "De sus propios caminos se hartará el reincidente de corazón" (Pr. 14:14, V.M.). Tengo mucho en mi corazón, y creo que es de parte del Señor, el tema de la recaída en pecado, que se trata en varios pasajes del Nuevo Testamento. Y me parece que, por lo que a nosotros respecta, no tenemos que mirar muy atrás para hallar tal cosa en nuestra propia historia.

Los pasajes a que se hace mención en el encabezamiento de este capítulo dan un hermoso desarrollo de la profunda angustia que es para el Señor que Su pueblo no esté cercano a Él. Y esto es siempre cierto como principio. ¡Ah, amados, nada puede satisfacer el corazón de Jesús como tenernos a ti y a mí cerca de Él! Y nada puede satisfacer nuestros corazones sino el estar cerca de Él, porque "de sus propios caminos se hartará el reincidente de corazón." No habla del reincidente en pecado exteriormente, sino del reincidente de corazón.

Bien sabio es Dios al decir: "Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Pr. 4:23). Otra vez, un hombre es tal "cual es su pensamiento en su corazón." (Pr. 23:7). No es lo que yo haga, ni lo que diga con mis labios: es lo que realmente soy, es lo que mi corazón es, es aquello en lo que tengo puestos mis afectos. Creo que nos hallamos en un día en que la inteligencia va muy por delante del corazón. No estaré hablando en forma desconsiderada si digo que el secreto de la ausencia de mucho poder espiritual es el orgullo del corazón. Por ello, quisiera decir esto en la presencia de Dios, cuidémonos de recaer en pecado en nuestro corazón. Dios ha de tener realidad en nosotros.

Ahora examinemos estos tres interesantísimos capítulos en Jeremías. Nos muestran como, en épocas pasadas, Dios tenía un pueblo al que amaba con un amor muy profundo—un amor que estaba expresando en forma continua. Muestran también la forma hermosa en la que Él trata de ganarse otra vez a Su pueblo, después que ellos se habían apartado de Él. Nada podría ser más conmovedor. ¡Considerad el profundo afecto de Dios hacia Su pueblo! En aquel pueblo mismo, además, podemos ver la ilustración de lo que son nuestros propios corazones; y la única manera, cuando nos hemos apartado de Dios, de volver de nuevo a Él.

Ahora bien, es cosa bien cierta que la forma en que Dios trata con un descarriado no es la forma en que nosotros lo haríamos. La forma de Dios es hermosa y perfecta. Tuvo lugar un gran avivamiento externo en los días de Josías el rey (2 Cr. 34-35). Pero Dios miraba a lo íntimo, y vio que solamente era fingido. Judá “no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová." (Jer. 3:10, V.M.). El avivamiento no fue genuino. Y es por ello que Jeremías fue designado para proclamarles esta palabra a ellos.

"Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová" (Jer. 2:1-3). Ochocientos cincuenta años habían transcurrido desde que aquel pueblo, en obediencia a Dios, había vuelto las espaldas a Egipto y sus ollas de carne, y había salido en pos del Señor. Eran entonces santos a Jehová. Eran un pueblo separado para el Señor, como nos lo dice el tercer versículo. Me place ver el afecto del alma, y la energía y el fervor que marcan a un recién convertido. ¿Pero qué, tú, viejo, frío, crítico cristiano, te piensas—que tu corazón está tan lozano ahora como lo estaba el primer mes después de recibir la salvación? ¡Oh!, dirás tú, ¡ahora sé mucho más! Pero, ¿es el sencillo amor a Jesús, el deleite en Jesús, la santidad práctica, y el deseo de ser cualquier cosa y todo por Jesús, lo mismo que era entonces? Puedes haber olvidado aquel estremecimiento primero de afecto, pero Dios no lo ha olvidado. Él dice: no he olvidado su primer amor. "Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí." ¿Adónde? A un desierto. Cuando cruzaron el Mar Rojo se hallaron en un desierto. ¿Y qué había en el desierto? Solamente dos cosas. ¿Y qué eran? Dios y el reseco y árido terreno, y nada más. No había una brizna de hierba, no había agua, ni nada que comer. Solamente tenían a Dios y la árida tierra.

Creo que el segundo capítulo de Jeremías es muy similar al segundo capítulo de Apocalipsis. El Señor dice allí a la Iglesia en Éfeso, "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor" (Ap. 2:4). No dice, "perdido tu primer amor." No creo que este sea el pensamiento bíblico. Se trata de haber "dejado tu primer amor." Algo se ha interpuesto, dice el bendito amante en Apocalipsis 2, que me ha eclipsado a Mí, y a todo tu afecto por Mí, y el interés por Mí se ha desvanecido, y ahora puedes pasarte sin Mí, en tanto que hubo un tiempo en que no. ¡Ah, amados hermanos y hermanas! ¿Dónde se hallan nuestras almas en cuanto a Cristo? Bien, si la conciencia remuerde y el corazón es sensible ante algo de decadencia, es algo muy importante que lo sepamos.

El gran pecado de Israel era que el apagamiento existía, pero que ellos no lo sabían. Dios ya se había dirigido a ellos años antes mediante otro profeta, Oseas, diciendo, "Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada. Devoraron extraños su fuerza, y él no lo supo; y aun canas le han cubierto, y él no lo supo" (Os. 7:8-9). Cuando un hombre ve cabellos grises en su cabeza, se hace consciente de la edad de la vejez, en este sentido, se está aproximando. Israel, esto es, las diez tribus (que en los profetas reciben el nombre de Efraín) habían ya declinado atrozmente, pero no lo sabía.

Dejad que os implore a vosotros, especialmente a mis jóvenes oyentes, que os guardéis de enfriaros. El primer movimiento hacia ello es que algo se interpone para obstaculizar el goce del amor de Cristo, y vuestro corazón pierde su dulce consciencia de Su amor y de Su gracia. Os olvidáis de Él, aunque Él no se olvida de vosotros. Creo que Pablo nos expone el mismo pensamiento al decir: "Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo" (2 Co. 11:2-3). Era una gran preocupación para el amado apóstol en aquel tiempo, el que nada se interpusiera para hacer a Cristo menos precioso a los ojos de ellos. También a los tesalonicenses dice: "Porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor" (1 Ts. 3:8). Si os apartáis, dice Pablo, moriré de dolor.

¿Han caído estas líneas en manos de alguien que se ha enfriado? ¿Te oigo decir a ti, me he alejado del Señor? Bueno es que lo sepas y reconozcas. No siempre lo sabemos. El Señor lo sabe, y siempre busca de volvernos a Sí. Para conseguirlo, ¿acaso regaña? No. Puede que tenga que reprender y disciplinar. Pero lo que efectúa la restauración es Su Palabra. El Señor viene a decir: No olvido vuestra devoción; puede que la hayáis olvidado, pero para Mí fue algo dulce, dice el Señor, por lo que nunca he olvidado la hora cuando vinisteis a Mí, y yo era todo para vosotros. Mediante unas palabras semejantes a las anteriores Él buscaba recuperar a Israel y, amado amigo, ¡el Señor sigue igual en la actualidad! ¡Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos!

Cuando Israel salió de Egipto tenían una profunda consciencia del cuidado y de la protección que Dios les daba. "Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad, y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?" (Jer. 2:5-6). ¡Qué alegato más conmovedor que presenta el Señor ante el pueblo! ¿Acaso Él había cambiado desde aquel entonces? ¡No, no había cambio por Su parte! Ellos habían perdido Su presencia, y se habían vuelto insensibles a la pérdida. "Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto?" Todos juntamente habían olvidado la gracia del Señor, y la bondad del Señor.

Ahora viene la acusación que les hace Dios. "Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad" (Jer. 2:7). Él los había sacado de Egipto, y los había introducido en Canaán, pero por una u otra causa habían perdido ellos todo contacto con Dios, y habían caído en una grosera idolatría. "Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha" (Jer. 2:8). Tal era el decaído estado de Israel. Los sacerdotes, los pastores, los profetas, y el pueblo, todos ellos habían olvidado por igual al Señor. Tenemos aquí lo que se podría llamar un claro apartamiento de corazón. ¡Y cuantos creyentes no se hallan en la actualidad en este estado!

 

Quantity: