[Nota: Para las citas bíblicas se ha utilizado la traducción llamada “Versión Moderna”].
[Nota del editor, septiembre de 2025: En su versión impresa original, este libro se organiza en cuatro partes:
1. Primera Parte (Oseas 1-3): Estado moral de Israel y consejos de Dios con respecto a ellos
2. Segunda Parte (Oseas 4-10): El debate de Jehová con Israel
3. Tercera Parte (Oseas 11-13): Juicios mezclados con esperanzas
4. Cuarta Parte (Oseas 14): Arrepentimiento y restauración de Israel
Luego de este capítulo de introducción, los capítulos de este libro seguirán en su mayoría las divisiones de capítulo de Oseas, como en la versión impresa de este comentario, sin destacar las cuatro partes mencionadas arriba].
El profeta Oseas se dirige especialmente a las diez tribus, a la vez que, en diversas ocasiones, menciona las tribus de Judá y Benjamín. El no tomar en cuenta este hecho añadiría oscuridad al lenguaje a menudo difícil de este libro. Es así que, para Oseas, Israel generalmente significa las diez tribus, en contraste con la de Judá (por ejemplo capítulo 1:6,11; 3:1; 4:15). Este mismo nombre se aplica también a las nueve tribus en relación con Efraim quien es el jefe de ellas (5:3), pero distintas de Judá y Benjamín (5:5). No es más que ocasionalmente que la pasada o futura reunión de las doce tribus toma el nombre de Israel (3:5; 9:10; 11:1). El nombre Efraim se emplea continuamente para designar las diez tribus caracterizadas por su tribu dominante. Judá, como lo hemos dicho, está en contraste con Israel y de costumbre comprende a Judá y a Benjamín. A veces estas dos tribus se nombran por separado. Jacob es el conjunto del pueblo bajo la conducta de Judá, su tribu dominante. El papel tan importante que desempeñan las diez tribus en este libro sobresale por el hecho de que el nombre de Israel (casi siempre las diez tribus) allí se menciona 43 veces, el nombre de Efraim (con el mismo sentido) 36 veces, y por fin el nombre de Judá solamente 15 veces.
Oseas pues es esencialmente profeta de Israel, el cual carácter comparten, aunque en grado menor, los profetas Amós y Miqueas. Oseas profetizaba bajo los mismos reyes de Judá que Isaías y, por consiguiente, bajo la serie de reyes de Israel que principia por Jeroboam II y termina con el rey Oseas, último soberano de las diez tribus antes de su cautiverio. Al sumar los años de los reyes de Israel, de Jeroboam hasta Oseas, incluyendo los reinados intermedios, se llegaría uno a la enorme suma de 82 años y 7 meses, como duración de esta profecía; al añadir, por otra parte, los años de Uzías, de Jotam y Acaz y los seis años de Ezequías hasta el cautiverio de las diez tribus, se llegaría uno a la suma aun más considerable de 90 años. Semejante cálculo sería erróneo. Al estudiar la profecía de Oseas, uno se da fácilmente cuenta de que el reino de Jeroboam II allí juega un papel muy restringido; aquí hace falta pues suprimir el mayor número de años de este reino. Por otra parte, el contenido del libro nos lleva a la conclusión de que nuestro profeta no ha visto el conjunto de los años de su homónimo, Oseas, rey de Israel. Por estos cálculos aproximativos alcanzamos una duración, todavía larga, de esta profecía, pero que con facilidad se puede concebir.
El contenido del libro nos suministra numerosas indicaciones sobre las circunstancias atravesadas por nuestro profeta, o que vienen a ser la causa próxima de sus oráculos. Estas circunstancias son, por una parte, el interregno de 11 años que separa el largo reinado de Jeroboam de aquel, tan corto, de Zacarías, —por otra parte la anarquía de 9 años que precedió el advenimiento de Oseas, último rey de Israel—. Estos sucesos diversos son mencionados por nuestro profeta, sea como siendo ya cumplidos, sea como a punto de serlo, y figurando acontecimientos proféticos futuros (3:4; 10:3). Oseas, además, alude a buen número de otras circunstancias: las violencias y los asesinatos sucesivos de los reyes de Israel (4:1-3; 7:7; a confrontar con 2 Reyes 15:8,16,25,308In the thirty and eighth year of Azariah king of Judah did Zachariah the son of Jeroboam reign over Israel in Samaria six months. (2 Kings 15:8)
16Then Menahem smote Tiphsah, and all that were therein, and the coasts thereof from Tirzah: because they opened not to him, therefore he smote it; and all the women therein that were with child he ripped up. (2 Kings 15:16)
25But Pekah the son of Remaliah, a captain of his, conspired against him, and smote him in Samaria, in the palace of the king's house, with Argob and Arieh, and with him fifty men of the Gileadites: and he killed him, and reigned in his room. (2 Kings 15:25)
30And Hoshea the son of Elah made a conspiracy against Pekah the son of Remaliah, and smote him, and slew him, and reigned in his stead, in the twentieth year of Jotham the son of Uzziah. (2 Kings 15:30)); la búsqueda para tornar a Asiria o Egipto, como protectores (5:10,13; 7:11; 8:9,13; 10:6; 12:2; a confrontar con 2 Reyes 15:19-20; 17:3-419And Pul the king of Assyria came against the land: and Menahem gave Pul a thousand talents of silver, that his hand might be with him to confirm the kingdom in his hand. 20And Menahem exacted the money of Israel, even of all the mighty men of wealth, of each man fifty shekels of silver, to give to the king of Assyria. So the king of Assyria turned back, and stayed not there in the land. (2 Kings 15:19‑20)
3Against him came up Shalmaneser king of Assyria; and Hoshea became his servant, and gave him presents. 4And the king of Assyria found conspiracy in Hoshea: for he had sent messengers to So king of Egypt, and brought no present to the king of Assyria, as he had done year by year: therefore the king of Assyria shut him up, and bound him in prison. (2 Kings 17:3‑4)). Los capítulos 10:7,15; 13:16, nos muestran, por otra parte, que si el profeta pudo ver el comienzo del reinado de Oseas, no alcanzó los días cuando las diez tribus fueron llevadas cautivas por el Asirio. Estas numerosas citas explican al mismo tiempo cómo el Espíritu profético relaciona a circunstancias presentes la revelación de acontecimientos futuros.
En esos días trágicos, cuando todo se precipita hacia un desenlace fatal, el estilo del profeta es hacheado, abrupto, por consiguiente oscuro y sin transiciones; parece a menudo que le falta el tiempo para relacionar sus pensamientos entre ellos. Este apresuramiento se hace notar cada vez más, a medida que uno adelanta en la segunda parte de la profecía. Oseas pasa, sin previo aviso, de las amenazas a las promesas; de una perspectiva sobre la bendición a una vista sobre una escena de carnicería; del cuadro de las cosas gratuitas del pasado, al de los dolores de parto que repentinamente caerán sobre Efraim. Es que el juicio se halla delante de la puerta. Todo se mezcla y se confunde para el profeta, en su precipitación para decirlo todo. ¡Ah! ¡que por lo menos una palabra de gracia o de juicio llegue al oído de este pueblo! ¡Ay! ¡pero no escucha! Y sin embargo, hasta el estilo oscuro debe forzarlo a que reflexione. ¡Ay de este pueblo! Mas he aquí de repente Dios vuelve a Sus promesas de antaño. En seguida se sosiega y se descansa por fin, en el último capítulo, en el cuadro de Israel arrepentido que vuelve a encontrar el disfrute del favor divino. La ira ya no existe; sólo subsiste la bendición en una paz perfecta.
Es así que en la Palabra, Dios adapta hasta el estilo de Sus siervos a la expresión de Sus pensamientos. Nos veremos obligados, a causa de las dificultades y de lo deshilvanado aparente de este estilo, dar a veces un paráfrasis, es decir un desarrollo explicativo del texto. Todo nuestro deseo es que este método no canse al lector, sino que le proporcione un entendimiento más iluminado de la Palabra inspirada y que de ninguna manera dañe la edificación, único propósito de estas páginas.
Al estudiar Oseas, es preciso que seamos nosotros mismos sobrecogidos por las angustias tumultuosas que llenan el corazón de este hombre de Dios: Indignación por la conducta de Israel hacia su Dios y anuncios de juicios próximos; amor hacia este pueblo que él quiere con cada fibra de su corazón, de un corazón dolorido que sangra, se indigna, quiere y aguarda; que llama, grita, ruge, y suplica; que desde su alta torre, señala la tempestad y vuelve a caer abrumado cuando su grito no ha encontrado respuesta alguna; pero que en medio de tantas llamadas vanas, tiene el consuelo supremo de reposarse en la gracia, al esperar con constancia invariable las promesas confirmadas a Cristo, de las cuales jamás Dios se arrepentirá.
Todavía una palabra sobre el plan, muy sencillo por lo demás, de la profecía de Oseas. Esta se divide en cuatro partes de longitud muy desigual, de las que, en su lugar, marcaremos las subdivisiones. Los capítulos 1-3 nos presentan el estado moral de Israel y los consejos de Dios a su respecto. Cada uno de estos tres capítulos se termina por la restauración final del pueblo como conjunto. Los capítulos 4-10 encierran el debate del Eterno Dios con Israel y la relación de Sus caminos con respecto al pueblo. Es allí sobre todo donde presenciamos las angustias del profeta. La tercera división comprende los capítulos 11-13. Aquí prosigue el debate, pero entremezclado con escapadas sobre los designios de la gracia de Dios con respecto a Efraim y Judá. La cuarta división contiene el capítulo 14 sólo. Provee una expresión para el arrepentimiento definitivo en los últimos días y describe la restauración final de Efraim bajo el reinado milenario del Mesías. Las diez tribus vuelven a encontrar así la comunión con el Eterno Dios (Jehová) que habían perdido y que viene a ser su parte para siempre.