Éxodo 25:23-30; 37:10-1623Thou shalt also make a table of shittim wood: two cubits shall be the length thereof, and a cubit the breadth thereof, and a cubit and a half the height thereof. 24And thou shalt overlay it with pure gold, and make thereto a crown of gold round about. 25And thou shalt make unto it a border of an hand breadth round about, and thou shalt make a golden crown to the border thereof round about. 26And thou shalt make for it four rings of gold, and put the rings in the four corners that are on the four feet thereof. 27Over against the border shall the rings be for places of the staves to bear the table. 28And thou shalt make the staves of shittim wood, and overlay them with gold, that the table may be borne with them. 29And thou shalt make the dishes thereof, and spoons thereof, and covers thereof, and bowls thereof, to cover withal: of pure gold shalt thou make them. 30And thou shalt set upon the table showbread before me alway. (Exodus 25:23‑30)
10And he made the table of shittim wood: two cubits was the length thereof, and a cubit the breadth thereof, and a cubit and a half the height thereof: 11And he overlaid it with pure gold, and made thereunto a crown of gold round about. 12Also he made thereunto a border of an handbreadth round about; and made a crown of gold for the border thereof round about. 13And he cast for it four rings of gold, and put the rings upon the four corners that were in the four feet thereof. 14Over against the border were the rings, the places for the staves to bear the table. 15And he made the staves of shittim wood, and overlaid them with gold, to bear the table. 16And he made the vessels which were upon the table, his dishes, and his spoons, and his bowls, and his covers to cover withal, of pure gold. (Exodus 37:10‑16); Levítico 24:5-95And thou shalt take fine flour, and bake twelve cakes thereof: two tenth deals shall be in one cake. 6And thou shalt set them in two rows, six on a row, upon the pure table before the Lord. 7And thou shalt put pure frankincense upon each row, that it may be on the bread for a memorial, even an offering made by fire unto the Lord. 8Every sabbath he shall set it in order before the Lord continually, being taken from the children of Israel by an everlasting covenant. 9And it shall be Aaron's and his sons'; and they shall eat it in the holy place: for it is most holy unto him of the offerings of the Lord made by fire by a perpetual statute. (Leviticus 24:5‑9)
El próximo mueble del Lugar Santo es la mesa de la proposición con sus doce panes.
Fue hecha de madera de Sittim, revestida de oro con una cornisa de oro alrededor. Había una moldura del ancho de una mano, y después otra cornisa de oro en circunferencia. Doce panes hechos de flor de harina y cubiertos de incienso limpio estaban sobre la mesa dentro de la segunda cornisa en dos hileras. Al fin de cada semana eran sacados por el sacerdote, y reemplazados por doce panes nuevos; luego los sacerdotes comieron los primeros como su comida en el Lugar Santo. La mesa estaba dentro del Lugar Santo al lado del norte, enfrente del candelero de oro.
En el temor de Dios vamos a considerar la verdad preciosa que se presenta aquí en figura. La mesa con su pan exhibe un doble aspecto de la verdad: el uno hacia Dios, y el otro hacia el hombre. Primero, está delante de Dios, como presentándole a Cristo, “el pan de Dios”; luego, es el lugar donde los creyentes se alimentan del mismo Cristo, “el pan que descendió del cielo” (Juan 6:33,5833For the bread of God is he which cometh down from heaven, and giveth life unto the world. (John 6:33)
58This is that bread which came down from heaven: not as your fathers did eat manna, and are dead: he that eateth of this bread shall live for ever. (John 6:58)).
La mesa en sí, pues, representa a Cristo resucitado —Cristo como el Dios-hombre, glorificado en los cielos y apareciendo ahora en la presencia de Dios—. Pero no solamente había mesa, también había pan —un pan para cada tribu del pueblo de Israel—. Así que, los doce panes también prefiguraban a las doce tribus en su unidad y perfección, la pequeña tanto como la grande. Cada una estaba representada allí, y cuando el ojo de Jehová descansaba sobre aquella mesa santa, descansaba también sobre Su pueblo. Ni una de ellas fue olvidada. La palabra traducida “pan de la proposición” significa “el pan de la presencia”, o “el pan de los rostros”. Quiere decir que estaba continuamente delante de Su rostro. La figura es evidente: ¡con qué gozo sin límite el ojo del Padre ahora contempla a aquel Hombre glorificado en los cielos! Allí está nuestro Pontífice, fiel y misericordioso, quien siempre intercede por nosotros, el centro de la delicia del Padre.
No podemos medir la extensión del amor del Padre hacia el Hijo, tampoco hacia nosotros Sus hijos. Somos amados y verdaderamente bendecidos, “aceptos en el Amado” (Efesios 1:66To the praise of the glory of his grace, wherein he hath made us accepted in the beloved. (Ephesians 1:6)). Todos los santos son completos en Él, y están de continuo delante de la faz del Padre, presentados y cubiertos del incienso fragante del Nombre sin par y de la obra perfecta del Hijo.
La cornisa de oro alrededor del pan lo guardaba en su lugar, e impedía que se cayera cuando los levitas llevaban la mesa por el desierto. Cristo no solamente nos trae a este lugar, pero nos guarda allí. Cierto que tropezamos bastante, pero no debemos olvidar que estamos cercados de amor eterno, omnipotente y divino; amor que nunca tendrá fin. “Con amor eterno te he amado” (Jeremías 31:33The Lord hath appeared of old unto me, saying, Yea, I have loved thee with an everlasting love: therefore with lovingkindness have I drawn thee. (Jeremiah 31:3)).
Pero hay otro aspecto de la mesa y el pan, sobre el cual será provechoso que meditemos un poco. Jehová proveyó esta mesa para Sus sacerdotes, y así el “pan de la presencia” vino a ser su comida. Se alimentaban ellos de aquel pan en la presencia de Dios, teniendo como si fuera su parte en su propia delicia en Él, más, su propia apreciación de Él. En la misma forma nosotros somos llamados a participar del gozo de Dios en Cristo, alimentándonos del pan de Dios mismo. Dios nos llama a participar y gozar de la comunión del Padre y de Su Hijo, o, mejor dicho: hemos sido llamados a la comunión del Padre y de Su Hijo, y es nuestro privilegio gozar de aquella comunión de día en día (véase 1 Juan 1:33That which we have seen and heard declare we unto you, that ye also may have fellowship with us: and truly our fellowship is with the Father, and with his Son Jesus Christ. (1 John 1:3)).
Así vemos que lo que se expresa en figura aquí es la comunión con Dios. Hubo adoración en el altar, y comunión en la mesa. Todo esto nos ilumina en cuanto a la mesa del Señor. Referente a la “Mesa del Señor” (1 Corintios 10:2121Ye cannot drink the cup of the Lord, and the cup of devils: ye cannot be partakers of the Lord's table, and of the table of devils. (1 Corinthians 10:21)) y la “Cena del Señor” (1 Corintios 11:23-2623For I have received of the Lord that which also I delivered unto you, That the Lord Jesus the same night in which he was betrayed took bread: 24And when he had given thanks, he brake it, and said, Take, eat: this is my body, which is broken for you: this do in remembrance of me. 25After the same manner also he took the cup, when he had supped, saying, This cup is the new testament in my blood: this do ye, as oft as ye drink it, in remembrance of me. 26For as often as ye eat this bread, and drink this cup, ye do show the Lord's death till he come. (1 Corinthians 11:23‑26)), debemos saber que siempre ha sido obra de Satanás procurar corromper y degradar las cosas santas, y toda la fuerza de su ataque parece haberse concentrado en todos los siglos sobre la “Mesa del Señor” y la “Cena del Señor”. Cuánto éxito ha logrado, podemos verlo al detenernos a contrastar lo que se hace pasar como “la Cena del Señor” con lo que está escrito de ella en la Palabra de Dios. Apenas puede verse entre las sectas de la cristiandad un vestigio de la fiesta santa y sencilla instituida por el Señor, y primeramente celebrada por Sus discípulos en el aposento alto. La “misa” del romanismo y el “sacramento” del protestantismo son ambos igualmente una caricatura de la verdadera fiesta. Pero el diseño todavía está en la Palabra de Dios para todos los que tengan voluntad de ponerlo por obra.
En relación con aquellos que fueron convidados a aquella mesa del “pan de la proposición”, hay dos o tres puntos a los cuales queremos llamar la atención.
Primeramente, se nos dice quienes no debían venir; después quienes debían venir y por último cuántas veces debían venir. El Señor puso mucho cuidado para decirles todo al respecto. No se les dejó a ellos nada que suplir o arreglar; por esto entendemos que, como el Señor se cuidaba tanto de cada detalle, cuánto más debemos nosotros manifestar cuidado de conservar la honra de Él en medio nuestro.
Aquí hay tres clases a las cuales les fue prohibido participar de la comida del sacerdote, y representan, pues, tres clases de inconversos. “Ningún extraño” representa al hombre en su estado natural (Efesios 2:11-1211Wherefore remember, that ye being in time past Gentiles in the flesh, who are called Uncircumcision by that which is called the Circumcision in the flesh made by hands; 12That at that time ye were without Christ, being aliens from the commonwealth of Israel, and strangers from the covenants of promise, having no hope, and without God in the world: (Ephesians 2:11‑12)) que se atreva a tomar la Cena del Señor. “El huésped del sacerdote” pueda representar un amigo íntimo invitado a estar allí por un creyente en comunión que no está bien instruido en las cosas del Señor. Nadie tiene el derecho de invitar a otro a la Mesa del Señor, por cuanto que la mesa no es del creyente, sino del Señor, y la gloria y honra de Cristo sobre todo debe ser mantenidas allí. En el caso de la mesa de la proposición, un amigo podía haber venido para quedarse con el sacerdote, pero llegado el sábado era obligatorio decirle que no podía entrar en el Lugar Santo ni comer las cosas santas. La naturaleza humana se retrae de esto. ¡Qué más natural que llevar a su amigo consigo! Dice: “Tal vez le haré bien y le enseñaré a reverenciar a Dios”. Pero los razonamientos humanos no valen nada a vista de la Palabra de Dios. Muchas veces son diametralmente opuestos a la Escritura, y cuando se deja que aquellos la sustituyan, el resultado es apostasía. Esto se lleva a cabo descaradamente en el día de hoy. Los hijos de padres creyentes, cuando llegan a cierta edad, y sus familiares y amigos cuando llegan de visita, a veces son llevados a la Mesa del Señor casualmente, sin preguntar si han “nacido otra vez” o no. Para la carne es mucho más agradable llevarles allí que decirles francamente que se sienten atrás hasta que se manifieste a todos que son verdaderamente convertidos.
Quisiéramos observar que este privilegio es nuestro individualmente como creyentes. Hemos oído algunos hijos e hijas de creyentes decir, “porque nuestros padres son salvos y están en la mesa del Señor, nosotros también somos salvos y tenemos el mismo derecho”. Esto es un error muy grave.
Es fácil llegar a creer que un hijo o pariente sea convertido, especialmente si el discernimiento espiritual es escaso; por lo tanto, es mejor en todos estos casos que los parientes cristianos lo dejen al discernimiento de otros. No dejemos, pues, que la miel de la naturaleza humana impida la examinación fiel de aquellos que buscan un asiento en la Mesa del Señor.
“Ni el jornalero, no comerá cosa sagrada”. Un hombre que trabaja para salvarse el alma no debe estar en la mesa, aunque muchos sí, comulgan, porque se les dice que es “un medio de gracia”, y que en el sacramento “Cristo nos comunica los beneficios de la redención”. Tal proceder es pura anarquía, y lleva a la completa subversión de la Palabra de Dios.
Consideremos también otro aspecto de la comunión cristiana. En Levítico 22:4,4What man soever of the seed of Aaron is a leper, or hath a running issue; he shall not eat of the holy things, until he be clean. And whoso toucheth any thing that is unclean by the dead, or a man whose seed goeth from him; (Leviticus 22:4) se lee: “Cualquier varón de la simiente de Aarón que fuere leproso, o padeciere flujo, no comerá de las cosas sagradas hasta que esté limpio”. No se habla aquí del verdadero sacerdocio, ya establecido, más bien del peligro de la contaminación que inmediatamente le haría al sacerdote inhabilitado para gozar de sus privilegios. Esta es una cosa muy solemne. Un verdadero creyente puede mancharse con la lepra de maldad tolerada y abrigada, sea doctrinal o moral, de modo que se haga inapto para tener comunión con los santos, ¡cuánto menos con el Dios santo! Tal fue el caso de algunos de los santos en Corinto (véase 1 Corintios 5). Uno estaba practicando la iniquidad y la asamblea tolerándola hasta que fue necesario excomulgarle; les fue mandado a los santos por el apóstol Pablo, que le quitaran de entre ellos. ¡Cuidado con el pecado! Es contagioso, y si se permite al contaminado que entre y salga a su gusto, pronto la enfermedad brotará en otros. No es que el tal cesa de ser cristiano, pero ya está inmundo y seguirá así, hasta que fuere restaurado. Se oye a veces que uno dice: “La mesa es del Señor y así nadie me puede privar de estar allí”. ¡Qué conclusión extraña de tan solemnes premisas! Una cosa más apropiada sería decir: “siendo la mesa la del Señor, tengo yo que humillarme en el polvo para que no sea manchada por mi pecado la gloria y honra de mi bendito Señor”.
En todo caso, referente al postulante a la mesa del Señor, es el deber de los ancianos de saber:
(1) Si es salvo y tiene seguridad de su salvación (véase Juan 5:24; 9:25; 10:27-3024Verily, verily, I say unto you, He that heareth my word, and believeth on him that sent me, hath everlasting life, and shall not come into condemnation; but is passed from death unto life. (John 5:24)
25He answered and said, Whether he be a sinner or no, I know not: one thing I know, that, whereas I was blind, now I see. (John 9:25)
27My sheep hear my voice, and I know them, and they follow me: 28And I give unto them eternal life; and they shall never perish, neither shall any man pluck them out of my hand. 29My Father, which gave them me, is greater than all; and no man is able to pluck them out of my Father's hand. 30I and my Father are one. (John 10:27‑30); 1 Juan 5:1313These things have I written unto you that believe on the name of the Son of God; that ye may know that ye have eternal life, and that ye may believe on the name of the Son of God. (1 John 5:13)).
(2) Si anda con Cristo en separación del mundo, sus placeres, sus iniquidades y sus sistemas religiosos (véase 2 Timoteo 2:19-2219Nevertheless the foundation of God standeth sure, having this seal, The Lord knoweth them that are his. And, Let every one that nameth the name of Christ depart from iniquity. 20But in a great house there are not only vessels of gold and of silver, but also of wood and of earth; and some to honor, and some to dishonor. 21If a man therefore purge himself from these, he shall be a vessel unto honor, sanctified, and meet for the master's use, and prepared unto every good work. 22Flee also youthful lusts: but follow righteousness, faith, charity, peace, with them that call on the Lord out of a pure heart. (2 Timothy 2:19‑22)).
En conclusión, debemos cuidarnos de no excluir a cualquiera que el Señor haya convidado a Su mesa. A uno que es débil en la fe se nos manda: “recibidle” (Romanos 14:11Him that is weak in the faith receive ye, but not to doubtful disputations. (Romans 14:1)); y después: “soportadle” (1 Tesalonicenses 5:1414Now we exhort you, brethren, warn them that are unruly, comfort the feebleminded, support the weak, be patient toward all men. (1 Thessalonians 5:14)). ¡Que el Señor nos ayude a conservar el equilibrio espiritual y discernir entre la flaqueza y la contaminación!
Los tiempos han cambiado y también las ideas y costumbres de los hombres, pero la Palabra de Dios es siempre firme e incambiable.