Daniel 2:31-35

Table of Contents

1. Cuatro imperios
2. La forma final de los tiempos de los gentiles
3. La piedra cortada de la montaña (versículos 34-35)
4. La piedra es Cristo
5. ¿Cuándo hiere la piedra?
6. Una grande catástrofe
7. El efecto que la interpretación del sueño produjo en Nabucodonosor

Cuatro imperios

Este grande imagen con forma de hombre es la imagen profética de los tiempos de los gentiles. Es muy significativo que fuera escogida una imagen de hombre de grandes dimensiones: en el Nuevo Testamento, San Pablo habla de “el día del hombre” véase (1 Corintios 4:3). El día del hombre describe los tiempos de los gentiles y todavía estamos en “el día del hombre” y continuaremos en él hasta que Dios restaure la supremacía de Su pueblo antiguo en la tierra (Israel) (véase Romanos 11:15-25).
Este gran imagen se componía de cuatro clases de metal: oro, plata, bronce e hierro, y los dos pies con sus diez dedos eran de hierro y barro cocido. Estas representan cuatro grandes imperios mundiales, que debían aparecer sucesivamente en la tierra.
Aquí en verdad tenemos la historia escrita de antemano, lo que constituye una de las grandes pruebas del origen divino de la Biblia. Cuatro grandes reinos, potencias mundiales, deberían aparecer, comenzando con Nabucodonosor y sucederse uno tras otro hasta el fin, cuando el dominio será arrebatado de manos de los gentiles, y el dominio del ALTÍSIMO será establecido sobre la tierra. Estos cuatro grandes imperios del mundo han aparecido exactamente de la manera en que fueron mostrados a Daniel.
El joven profeta señalando a Nabucodonosor, le dijo: “Tu eres esta gran cabeza de oro”. Nabucodonosor, la gran cabeza del Imperio babilónico mundial, estaba representado por la cabeza de oro. Pero esto no significa que el rey fuera moralmente autoridad y el dominio directamente del Dios del cielo, y fue esa la razón por la cual el oro, el metal más precioso, es mencionado refiriéndose al Imperio babilónico.
El reino que siguió al babilónico y que está representado por el pecho y los brazos de la imagen, cuyo valor metálico es el de la plata, es la monarquía Medo-Persa mundial. Nosotros no seguimos éste, históricamente; no hay necesidad de ello, porque todo el mundo lo conoce. En el capítulo quinto es anunciada la caída del imperio babilónico. “Peres, dividido está tu reino y ha sido dado a los Medos y los Persas”. Darío, el Medo, entra aquí en la escena. El gran rey de Babilonia había sido mencionado por el profeta Isaías más de cien años antes de que Ciro apareciera. He aquí otro hecho por la profecía; esta es la razón porque los críticos han deseado a desacreditar a Isaías, porque no pueden creer que el Espíritu de Dios sea capaz de dar aún el nombre y la historia de un ser que no ha nacido todavía.
La tercera gran monarquía que suplantó a la precedente es la Greco-Macedónica. En el capítulo séptimo leemos la historia de como el rey de Persia fue quebrantado por el rey de Grecia. Este fue un gran imperio, y estaba representado por el vientre y los muslos de bronce. Su fundidor Alejandro el Grande, lloró porque temía que ya no quedara más mundo que conquistar. Era su gran ambición como la de Ciro y Nabucodonosor de dominar al mundo.
La cuarta monarquía durante el tiempo de los gentiles está representada por el hierro; este es el férreo reino de Roma. Esta monarquía está descrita en un punto de superioridad característica, es a saber, será fuerte. Porque como el hierro desmenuza y lo pulveriza todo, así este desmenuzará y quebrantará. Esta es una descripción perfecta de aquel fortísimo imperio, Roma. Es igualmente claro que aquel reino fue dividido en dos partes, representadas en las piernas de la imagen. Fue dividido entre el Imperio romano oriental, y el occidental. Las piernas son las partes más largas de la imagen, y así se nos demuestra el hecho de que este Imperio romano existirá más tiempo que todos los anteriores. Hierro y arcilla son los componentes de los pies. Podemos observar, pues, que la última forma del dominio mundial gentil se ve representada por los diez dedos de los pies, diez reinos en el Imperio romano, y son de hierro y arcilla que no se pueden ligar.

La forma final de los tiempos de los gentiles

Los diez dedos de los pies de hierro y arcilla representan la forma final de los tiempos de los gentiles. Estos dedos son figurativos de diez reyes. Así los interpretaba Daniel, diciendo: “En los días de estos reyes” (véase el versículo 44). En el capítulo 7, encontramos una visión adicional referente al futuro de la última monarquía, es decir, del Imperio romano. La cuarta bestia tiene diez cuernos, y los diez cuernos son diez reyes. Finalmente, si buscamos en el Apocalipsis, encontramos los diez cuernos y los diez reyes. “Y los diez cuernos que viste son diez reyes que aún no han recibido reino; mas recibirán autoridad como reyes, con la bestia, por una hora” (Apocalipsis 17:12). No puede haber duda alguna con respecto a lo que estos diez dedos representan. Pero ahora preguntamos: ¿Hemos llegado ya a esta cuarta división monárquica? ¿Tenemos algo en la historia que corresponda con los diez dedos de los pies de la imagen y coincida con la catástrofe que se relaciona con ella? Realmente el Imperio romano como tal no existe. Europa, cuya mayor parte, con Egipto, el Asia Menor, Siria, y el África septentrional que componían el antiguo Imperio romano, está ahora dividida. El hierro y la arcilla están en ella. El hierro representa la forma monárquica de gobierno. Allí tenemos las “grandes potencias”, reyes y emperadores dominando dentro del territorio del mundo romano. Pero ¿qué representa la arcilla? La arcilla es de la tierra: significa lo que no es parte ni conviene a la imagen en absoluto, es un ingrediente extraño que ha sido introducido. Los metales representan monarquías, pero la arcilla significa régimen democrático, el gobierno por el pueblo. Esto es exactamente lo que vemos en nuestros días. Hay una fuerte corriente hacia el dominio democrático, el gobierno por el pueblo, el dominio de las masas populares. El comunismo y su pariente el anarquismo están en plena marcha en todo el mundo. ¿Qué, pues, ha de caer todavía en suerte al territorio del Imperio romano? Esta pregunta se halla en la mente de todo estudiante de la profecía. Las Sagradas Escrituras no nos han dejado sin la respuesta. (Véase Apocalipsis 17:8-18).
Se ve que el imperio será reanimado y establecido de nuevo, y en esa monarquía habrá diez reinos en los cuales la arcilla ocupará un lugar muy importante. Ya vemos indicaciones de esto, porque el pueblo está dictando a los reyes: estos son dominados por elementos populares. La división marcada por los diez dedos en los tiempos de los gentiles todavía no existe, porque en primer lugar, el Imperio romano deberá ser revivido y después aparecerán los diez reyes. Vemos indicaciones por todas partes de que tales condiciones pueden darse a conocer muy pronto.

La piedra cortada de la montaña (versículos 34-35)

Nabucodonosor vio una piedra que caía del cielo y que hirió los diez dedos —no la cabeza, sino los pies de hierro mezclado con barro cocido—. De repente toda la imagen se desmenuzó, y todos los metales representados en ella fueron pulverizados como el tamo del piso de la trilla; luego vino la tormenta y se los llevó. Nada, pero absolutamente nada, quedó del gran coloso. Seguramente esto es lo que causaba semejante terror en el corazón de Nabucodonosor. Y, ¿qué se hizo de la piedra que le hirió? Se convirtió en una gran montaña que cubría toda la tierra. Y dijo Daniel al rey:
“En los días de estos reyes (los diez dedos) levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá: y no será dejado a otro pueblo este reino (no le seguirán otros reinos) ... y él permanecerá para siempre. De la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con manos, la cual desmenuzó al hierro, al bronce, al tiesto, a la plata, y al oro; el gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir: y el sueño es verdadero, y fiel su declaración” (versículos 44-45).
De esta manera fue cumplido el deseo del rey de saber lo que habría de acontecer en lo porvenir, y nosotros también encontramos la verdadera respuesta a nuestra pregunta. ¿Que será el fin de todo lo que vemos ahora en esta edad presente de los gentiles?

La piedra es Cristo

La Biblia nos enseña claramente que la piedra representa a Cristo. “He aquí Yo fundo en Sion una piedra de fortaleza, de esquina, de precio, de cimiento estable” (Isaías 28:16; 1 Pedro 2:6). Zacarías habla de esta piedra con siete ojos y grabada. Leemos de ella en el Nuevo Testamento cual fundamento de la iglesia, la piedra rechazada por los constructores. Pero lo más interesante es la propia palabra de Jesús en el Evangelio de San Mateo: “Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quién ella cayere, a este desmenuzará” (Mateo 21:44).
Aquí vemos el pecado de Israel, y el juicio y el destino de los gentiles. Israel tropezó contra esta piedra: para ellos fue piedra de tropiezo y piedra de escándalo. Eso dio por resultado el que fueran quebrantados como entidad política, y como nación. Pero el mundo gentil, que rechaza al Señor, será quebrantado cuando la piedra caiga sobre ellos. Serán desmenuzados. Cuando el Señor habló estas palabras, él confirmó lo que reveló a Su siervo Daniel. Sí. La piedra que herirá la imagen, según el sueño, significa la misma persona: Cristo mismo.

¿Cuándo hiere la piedra?

Esta profecía tan sencilla, lástima que sea tantísimas veces mal interpretada. Basta mencionar una de las interpretaciones erróneas. Hoy día se oye mucho respecto a la extensión de ese reino por medio del movimiento misionero llevado a cabo por legos o seglares, recibiendo la piedra rodante más impulso mediante grandes sumas de dinero que nos traerán el reino. También se oye mucho de un movimiento de unidad entre protestantes y romanos que se llama “Ecumenismo”. Será aplastado (Isaías 8:9-16; Ezequiel 21:27). “Del revés, del revés la tornaré”. Se ve que las ideas de los hombres son erróneas. Nuestro Señor Jesucristo en Su primera venida no dio el mandamiento de desmenuzar el dominio de los gentiles por medio del Evangelio, ni tampoco atacó al Imperio romano que se hallaba durante ese tiempo en complete dominio mundial. En realidad el Imperio romano fue, oficialmente, el medio o instrumento de Su muerte en la cruz. Él no hirió a la imagen: la imagen, por decirlo así, lo hirió a Él.
Ahora bien, la piedra hiere los pies, y en ellos los diez dedos; por tanto, antes de que la piedra hiera, es necesario que existan los diez dedos para herir. Cuando Cristo vino la primera vez, el Imperio romano era una unidad; la división en el Oriental y Occidental del Imperio romano, representada por las dos piernas de la imagen, todavía no había acontecido. Si no existían las piernas todavía, ni los pies, tampoco los dedos se veían, ¿cómo era posible que la primera venida de Cristo fuera el cumplimiento de este sueño, como enseñan algunos escritores? ¡No! La piedra hiera la imagen. Cuando los diez dedos, o sea la división final en diez reinos existen, el imperio será rehabilitado, pero para finalizarse en una grande catástrofe.

Una grande catástrofe

Aún más, cualquiera puede ver que la piedra que hiera no puede significar la pacífica extensión de un reino espiritual, ni la predicación del Evangelio, sino que termina en un gran catástrofe. Será un aplastante golpe destructor que esta piedra descargará. No debemos olvidar que será después de haber hecho su obra destructora, después de haber sido pulverizada la gran imagen, que la piedra se convierte en una gran montaña que llena la tierra. La piedra que cae de arriba es gloria. Cuando los diez reinos existan, hierro y arcilla, una tremenda y terrible apostasía de Dios reinará en la tierra. La gran civilización de los gentiles, aunque se llame “cristiana” como se llaman las naciones que la sostienen, se habrá hecho por completo anticristiana. Entonces se cumplirá la primera parte de Salmo dos.
La rebelión contra Dios y contra Su Ungido estará de moda. Entonces vendrá el golpe destructor. Lo que menos esperarán de arriba, vendrá, a saber la intervención divina. El Dios del cielo establecerá el reino de Cristo y entronará SU Rey sobre el monte Sion. Pero el primer acto de Dios será la destrucción completa y el juicio de la forma última y final del dominio gentílico mundial. ¡Cuan terrible será este juicio! Se terminará el cristianismo militarista; y “el día del hombre” con su carcareado progreso y su desencantada civilización, y también con su deificación del hombre, llegará a su fin. Su sol se pondrá rodeado de las oscuras nubes del juicio. Los huracanes del divino descontento e ira barrerán a todo aquella que desafió a Dios y rechazó Su más caro y grande don.
Al hombre natural y aún al hombre religioso todo esto suena demasiado pesimista. A veces preguntan: “¿Será posible que todo esto suceda?”. Poco importa lo que piense el hombre, sino lo que está escrito en la Palabra de Verdad, la infalible Palabra de Dios. Todas las demás partes del sueño de Nabucodonosor han tenido su cumplimiento literal. La pulverizadora piedra cortada de la montaña, no por manos del hombre, que herirá los diez dedos y que desmenuzará toda la imagen, la completa terminación de los tiempos de los gentiles y del dominio de ellos, todo se cumplirá de igual manera, es decir, literalmente. Dios nos conceda que el progreso moderno, progreso sin Dios y sin Cristo, no venga a nublar, ante Dios, nuestra vista del hecho del verdadero fin y cabo de esta edad y de su gloria ficticia.
Pero hay un aspecto agradable de este oscuro cuadro: la piedra que ejecuta el juicio se convierte en una gran montaña que llena toda la tierra. Esta es la representación de la entrada del reino de nuestro Señor Jesucristo, literal y políticamente; “UN REINO” será planteado, y todas las naciones de la tierra serán puestas bajo el glorioso y pacífico gobierno del Hijo de Dios y del hombre. Entonces, Él volverá a los Suyos y dominará sobre todas las naciones y lenguas. Entonces, y nunca antes, las maravillosas visiones de los santos profetas de Dios referentes al “Reino” serán gloriosamente cumplidas.

El efecto que la interpretación del sueño produjo en Nabucodonosor

Le vemos a Nabucodonosor prostrado sobre su rostro adorando a Daniel, quien fue el instrumento divino mediante el cual Dios le dio a conocer el sueño y su significado. El rey reconoció al Dios de Daniel como Dios de los dioses, Señor de los reyes y revelador de los secretos. Aceptó a Dios de tres maneras: el Dios de los dioses, cual Dios el Padre, y cual el Señor de los reyes, como lo es nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo, y cual el revelador de los secretos, como lo es el Espíritu Santo. Daniel se goza de una posición muy elevada, y a petición suya sus tres amigos gozan de igual privilegio. Esto es típico de la bendición que el resto fiel de los judíos recibirá algún día.
Se pregunta a menudo, ¿Cuánto tiempo falta para que se cumpla esta última escena del sueño de Nabucodonosor? Dejemos que las condiciones actuales entre las naciones nos den la respuesta. En realidad, falta muy poco, por cuanto todo parece apresurarse hacia al fin. El fin de los tiempos de los gentiles no puede estar muy distante. Ante que llegue ese fin, la voz del Señor nos llamará a todos nosotros Sus santos a Su presencia. Dios quiera que estemos esperando a nuestro bendito Señor de los cielos. Ven, Señor Jesús.
[El contenido de este artículo es el producto de personas eruditas en asuntos proféticos, y vertido al castellano muchísimos años atrás].