J.H. Smith
“Y cuando escapamos, entonces supimos que la isla se llamaba Melita. Y los bárbaros nos mostraron no poca humanidad; porque, encendido un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que venía, y del frío. Entonces habiendo Pablo recogido algunos sarmientos, y puéstolos en el fuego, una víbora, huyendo del calor, le acometió a la mano. Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decían los unos a los otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado de la mar, la justicia no deja vivir. Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún mal padeció. Empero ellos estaban esperando cuándo se había de hinchar, o caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudados, decían que era un dios” (versículos 1-6).
El Señor Jesús, desde el cielo, reveló al apóstol Pablo (y a ningún otro) las verdades celestiales características de la iglesia a fin de que él, mediante sus enseñanzas verbales y escritos inspirados, las comunicara a los cristianos de aquel entonces y hasta que venga el Señor para arrebatar a la iglesia al cielo, poniendo fin a esta dispensación de la gracia de Dios. El diablo siempre procuraba matar a Pablo: en Jerusalén los judíos le atacaron (Hechos 21:30-3130And all the city was moved, and the people ran together: and they took Paul, and drew him out of the temple: and forthwith the doors were shut. 31And as they went about to kill him, tidings came unto the chief captain of the band, that all Jerusalem was in an uproar. (Acts 21:30‑31)); en el viaje hacia Roma los soldados intentaron matarle (Hechos 27:42-4342And the soldiers' counsel was to kill the prisoners, lest any of them should swim out, and escape. 43But the centurion, willing to save Paul, kept them from their purpose; and commanded that they which could swim should cast themselves first into the sea, and get to land: (Acts 27:42‑43)); y en la isla de Melita una víbora (figura de saña diabólica) le acometió. Pero el Señor siempre protegía a Su siervo, conforme a Su promesa fiel (véase Hechos 23:1111And the night following the Lord stood by him, and said, Be of good cheer, Paul: for as thou hast testified of me in Jerusalem, so must thou bear witness also at Rome. (Acts 23:11)). Y cuando Pablo no sufrió ningún mal, el Señor aprovechó el incidente, permitiendo que los bárbaros viesen la potencia de Dios manifestado en Pablo. Luego, en vez de ser una víctima de la serpiente, fue muy respetado por todos.
“En aquellos lugares había heredades del principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió y hospedó tres días humanamente. Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó. Y esto hecho, también los otros que en la isla tenían enfermedades, llegaban, y eran sanados; los cuales también nos honraron con muchos obsequios; y cuando partimos, nos cargaron de las cosas necesarias” (versículos 7-10).
Pablo, después de haber orado, usó su don de sanidad para curar al padre de Publio y a otros tantos enfermos, acreditando así las buenas nuevas de Dios que anunciaba por dondequiera. Aunque no está escrito que Pablo predicó el evangelio en Melita (o aun durante el viaje marítimo), podemos estar seguros de que él no callaba.
“Así que, pasados tres meses, navegamos en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux. Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, vinimos a Regio; y otro día después, soplando el austro, vinimos al segundo día a Puteolos: donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos siete días; y luego vinimos a Roma; de donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron a recibir hasta la plaza de Appio, y Las Tres Tabernas; a los cuales como Pablo vio, dio gracias a Dios, y tomó aliento. Y como llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto de los ejércitos, mas a Pablo fue permitido estar por sí, con un soldado que le guardase” (versículos 11-16).
Se terminó el viaje marítimo cuando arribaron a Puteolos. Al desembarcar Pablo y sus compañeros, encontraron un grupo de hermanos en Cristo. Ellos rogaron que los viajantes se quedasen con ellos una semana. ¡Qué maravilla! Parece que el centurión accedió a su deseo, aunque su deber era llevar a los presos sin demora innecesaria a la jurisdicción del emperador. (Léase Proverbios 21:11The king's heart is in the hand of the Lord, as the rivers of water: he turneth it whithersoever he will. (Proverbs 21:1)).
Hacía tiempo que Pablo les había escrito su epístola a los hermanos en Roma. Ahora, al ver algunos de ellos, “tomó aliento”. ¡Qué gran consuelo!
(seguirá, Dios mediante)