Número 160: Justificación, 1 Corintios 1, Mateo 9, Testigos de Jehová, Matrimonio, Israel y la Iglesia y más …
Table of Contents
Lo que tenemos en Cristo
E.W. Wakefield
Todo creyente en el Señor Jesucristo tiene:
una vida en Cristo que no se puede perder;
una justicia en Cristo que no se puede desvirtuar;
un perdón en Cristo que no se puede invalidar;
una aceptación en Cristo que no se puede poner en duda;
una paz en Cristo que no se puede romper;
un gozo en Cristo que no se puede disminuir;
un descanso en Cristo que no se puede perturbar;
una esperanza en Cristo que no puede desanimar;
una gloria en Cristo que no se puede opacar;
una felicidad en Cristo que no se puede interrumpir;
una fuerza en Cristo que no se puede debilitar;
una pureza en Cristo que no se puede manchar;
una hermosura en Cristo que no se puede alterar;
una sabiduría en Cristo que no se puede frustrar;
una herencia en Cristo que no se puede traspasar;
un recurso en Cristo que no se puede agotar.
¡Aleluya! ¡qué buen y gran Salvador es nuestro!
La justificación
H.E. Hayhoe
Justificar (en el plan divino) es declarar a una persona justa; queda como si nunca hubiera cometido un solo pecado.
En el cristianismo, la justificación trae al creyente a una posición nueva delante de Dios.
El creyente justificado está “en Cristo” delante de Dios. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17).
La gracia es su cauce: “siendo justificados gratuitamente por Su gracia” (Romanos 3:24).
La fe es su medio: “concluimos ser el hombre justificado por fe” (Romanos 3:28).
La sangre es su base: “justificados en Su sangre” (Romanos 5:9).
La “justificación de vida” (Romanos 5:18) es nuestra posición ante Dios en Cristo quien es nuestra vida: “Cristo, vuestra vida” (Colosenses 3:4).
¡Maravillosa gracia! ¡Qué alabanza debe resonar cuando nos vemos a nosotros mismos “en Cristo” delante de Dios, y nos damos cuenta de que la voluntad y el corazón de Dios nos pusieron allí!
(arreglado)
1 Corintios 1:4-17
J.H. Smith
(continuación del número anterior)
“Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en Cristo Jesús; que en todas las cosas sois enriquecidos en Él, en toda lengua y en toda ciencia; así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros; de tal manera que nada os falte en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de Su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (versículos 4-9).
Antes de comenzar a censurar a los corintios carnales por sus faltas y pecados, el apóstol Pablo —su padre espiritual con un corazón rebosando afecto por ellos— puso ante los tales el hecho de que eran sumamente enriquecidos en Cristo, que el testimonio de Cristo había sido confirmado en ellos, que no les faltaba ningún don espiritual y que esperaban la manifestación (o revelación) de su Señor Jesucristo; agregó también que el Señor —en Su gran fidelidad— les confirmaría hasta el fin, para que fuesen sin falta en el día bienaventurado del Señor Jesús cuando Él tuviere consigo a todos los Suyos, el fruto del trabajo de Su alma en la cruz.
De manera semejante, el Señor mismo, como Cabeza de la Iglesia, al presentarse en las siete cartas a las siete iglesias de la provincia de Asia, encomendó en cada una todo cuanto había de lo bueno y recomendable, antes de llamarles la atención sobre sus faltas y pecados en algunas de ellas (léase Apocalipsis 2 y 3 completos).
“Fiel es Dios”. Pablo, a pesar del estado espiritual triste de la iglesia en Corinto, pudo sostenerse en el pleno conocimiento de que “Dios es fiel”, y de que Él había llamado a los corintios convertidos al bendito círculo de la participación (o comunión) de Su propio Hijo, el Señor Jesús, según el beneplácito de Su gracia soberana que excede a todo conocimiento.
“Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (versículo 10).
Nosotros los cristianos no honramos como es debido al nombre de nuestro Señor Jesucristo, el “Nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9), si no hablamos la misma verdad, si no estamos de acuerdo en todo, si no estamos perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Tenemos al Mismo Señor; tenemos morando en cada uno de nosotros al Espíritu Santo; tenemos la misma Biblia, la Palabra de Dios, en nuestras manos. ¿De dónde, entonces, viene el desacuerdo? ¿No procede de la actividad de la carne?
“Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas; quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo, pues yo de Apolos; y yo de Cefas, y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo?” (versículos 11-13).
Pablo, después de calificarlos “sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo”, empezó a censurarlos por sus muchas faltas, para que se arrepintiesen. Y es de notar que él no comenzó su crítica con la crasa inmoralidad no juzgada entre ellos, sino con el espíritu del sectarismo: “Yo cierto soy de Pablo, pues yo de Apolos; y yo de Cefas, y yo de Cristo”, pretendiendo hacer de los siervos del Señor, y aun del Señor Jesús mismo, líderes de partidos. “¿Está dividido Cristo?” (literalmente, “¿Está dividido el Cristo?”). ¡No! “El Cristo” quiere decir Cristo personalmente, la Cabeza, con la cual están unidos todos los creyentes en Él que son los miembros de Su cuerpo, la Iglesia, como leemos en 1 Corintios 12:12-13: “ ... todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, así también (literalmente) el Cristo. Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora judíos o griegos, ora siervos o libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu”.
Y este “un cuerpo” se identifica en Efesios 1:22-23 como la Iglesia: “ ... diólo por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos”.
Cristo y el conjunto de los creyentes en Él, por dondequiera que se encuentren sobre la faz de la tierra, forman un solo cuerpo, la Iglesia. Entonces, ¿no es pecado dividir al Cristo en partidos sectarios?
“¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿o habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios, que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo; para que ninguno diga que habéis sido bautizados en mi nombre. Y también bauticé la familia de Estéfanas; mas no sé si he bautizado algún otro. Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio” (versículos 13-17).
Pablo no fue crucificado por los pecadores en Corinto. Ningún líder de una secta ha sido crucificado por los pecadores. Fue Cristo solo quien murió por nosotros; fue solo a Cristo que Dios hizo Cabeza de la Iglesia que es Su cuerpo. ¿No es nuestro deber, como creyentes, reconocerle como Cabeza, y no a Fulano de Tal que se hace a sí mismo el jefe o la cabecita de una secta, una división de la iglesia profesante?
En cuanto al bautismo con agua, Pablo no fue comisionado por el Señor como un “Juan Bautista”. No, su comisión fue la de predicar el evangelio de la gracia de Dios, por el cual los pecadores oyen de Cristo y la gran salvación ofrecida por medio de Él, y creyendo, son salvos. Pablo bautizó a Crispo, Gayo, y la familia de Estéfanas, tal vez los primeros creyentes entre los corintios; después, dejó la administración del bautismo con agua a los hermanos locales de la iglesia de Corinto.
El bautismo con agua no salva; es sólo un cambio de posición en el mundo: el “judío”, o el “griego”, que se bautiza hace profesión de fe en Cristo, tal vez genuina, tal vez falsa; sólo el Señor conoce a los que son Suyos. Pero el pecador arrepentido que ha creído de corazón en el Señor Jesucristo como el sacrificio por su pecado es perdonado, es salvo, es hecho morada del Espíritu Santo y unido a Cristo la Cabeza por el mismo Espíritu, ya constituido un miembro verdadero de la Iglesia.
(seguirá, Dios mediante)
Mateo 9:18-35
(continuación del número anterior)
“Hablando Él (Jesús) estas cosas a ellos, he aquí vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon Tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió, y Sus discípulos.
Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la franja de Su vestido: porque decía entre sí: Si tocare solamente Su vestido, seré salva. Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.
Y llegado Jesús a casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio, díceles: Apartaos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se burlaban de Él. Y como la gente fue echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se levantó la muchacha. Y salió esta fama por toda aquella tierra” (versículos 18-26).
El Señor Jesús —el Jehová del pueblo de Israel— seguía andando y haciendo bienes en medio de los judíos, demostrando quién era: el gran Sanador del Salmo 103:3-4: “el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida”. No era necesario solicitar una entrevista con un secretario administrativo y esperar una quincena para poder presentarse ante Jesús; no. Él siempre estaba muy accesible. “Jairo, uno de los príncipes de la sinagoga” (Marcos 5:22), “le adoraba” (la debida actitud de un hombre ante su Creador), y le rogó que restaurase la vida a su hija “muerta poco ha”. Jairo tenía fe. Jesús, sin demorar, es decir, sin consultar un horario para ver cuándo tendría una hora disponible, enseguida “le siguió”. Echó fuera de la casa de Jairo a toda la gente que hacía bullicio, e igualmente a todos los incrédulos que se burlaban de Él. (Hay que echar fuera de una vez la incredulidad). Luego resucitó la muchacha.
Pero mientras se encaminaba a la casa de Jairo, se acercó la mujer enferma y “tocó la franja de Su vestido” y luego se sanó. Ese era el toque de fe, pues ella “decía entre sí: Si tocare solamente Su vestido, seré salva”.
Tal vez hay un aspecto dispensacional visto aquí. Jesús vino a despertar a Israel muerto. En el camino, nosotros, los pobres gentiles sin remedio para nuestra enfermedad incurable del pecado, por la gracia de Dios, Le tocamos por fe y somos sanados. Pronto viene el día cuando el Señor cumplirá Su misión con Israel —arrepentido entonces— y será resucitado de su estado espiritualmente muerto.
“Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. Y llegado a la casa, vinieron a Él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor. Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos” (versículos 27-30).
No fueron los fariseos y escribas que tenían vista, los que reconocieron a Jesús como el “Hijo de David”, sino dos pobres ciegos, y éstos al saber de Su presencia siguieron en pos de Él, gritando a más no poder: “Ten misericordia de nosotros, Hijo de David”. Le siguieron hasta la casa en donde Él entró. Luego, Jesús les hizo una pregunta de sólo cinco palabras: “¿Creéis que puedo hacer esto?”, probando lo genuino de su fe. Ellos respondieron: “Sí, Señor”. ¡Cuán grato fue al Señor la respuesta de fe! “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Creemos que en este dicho del Señor tenemos un principio válido en todo tiempo. “La fe es la luz de Dios en el alma”. La palabra escrita de Dios, la Biblia, abunda en principios de verdad con los cuales el hijo de Dios debe familiarizarse, meditando diariamente en ella. Entonces, en las circunstancias de la vida, sean ordinarias o extraordinarias, el creyente, con oración, y en comunión con su Señor, si tiene un problema o dificultad o necesidad, podrá ejercer su fe y estar seguro de que el Señor hará para él lo que desea: “conforme a vuestra fe os sea hecho”. “Esta es la confianza que tenemos en Él, que si demandáremos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye” (1 Juan 5:14).
“Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Mas ellos salidos, divulgaron Su fama por toda aquella tierra” (versículos 30-31).
A pesar de las instrucciones rigurosas que Él les dio, ellos no Le obedecieron. En vez de cumplir con las instrucciones de su gran Benefactor omnipotente, ellos creían en sus propios sentimientos humanos más bien que en los sapientísimos mandamientos de su Dueño omnisciente. Tal vez nosotros mismos nos preguntamos: “¿Por qué no quiso Jesús que Su fama fuese divulgada?”. Pero no lo sabemos, pero cuidemos de no juzgar los motivos del Señor con nuestras estrechas mentes. En otra parte leemos que la divulgación de su fama en la ciudad estorbó Su labor, y que Él “estaba fuera en los lugares desiertos; y venían a Él de todas partes” (Marcos 1:45).
“He aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel. Mas los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios” (versículos 32-34).
En estos dos capítulos, 8 y 9, hemos leído de cómo Jesús, el Mesías de Israel, y su gran Sanador, había sanado al leproso, al mozo paralítico, a la suegra de Pedro, a otro hombre paralítico echado en una cama, a la joven hija de Jairo, a la cual resucitó, a la mujer enferma de flujo de sangre, a los dos ciegos y al hombre mudo y endemoniado.
¿Y qué efecto hizo esta manifestación gloriosa de la Deidad de Jesús en los corazones de los líderes religiosos de Israel? Sólo provocó su oposición e imputación falsa: “Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios”. Así, desde el principio del ministerio activo de Jesús entre los judíos, Él fue rechazado por los fariseos, escribas y sacerdotes.
No obstante, Él seguía con Su trabajo de amor: “rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo” (versículo 35). Tenemos aquí en pocas palabras un resumen de las labores incansables del Señor Jesús, proseguidas durante muchos meses y testificando a todo el mundo de la gloria del Mesías.
Trataremos los últimos tres versículos del capítulo 9 con el capítulo 10, pues hay una conexión positiva entre ellos.
(seguirá, Dios mediante)
La Biblia de los (así llamados) Testigos de Jehová
Un hermano en Cristo nos ha preguntado con respecto a la traducción de la Biblia hecha por los así llamados Testigos de Jehová. Según el prefacio de la traducción inglesa, se terminó de traducir la versión original, que se titula, Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, en el año 1961, revisada en 1970, y publicada también en holandés, italiano, portugués y español.
La piedra de toque de cualquier traducción de los textos originales del hebreo, arameo y griego es la forma en que presentan los versículos claves que afirman la Deidad de Cristo, el Hijo de Dios. No es necesario saber nada de los idiomas originales, tampoco de los modernos, para poder discernir la diferencia enorme entre una traducción fiel y una que es falsa. Daremos algunos ejemplos:
1. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios ... . Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros ... ” (Juan 1:1,14 traducción de Cipriano de Valera [C.V.], de la Versión Moderna [V.M.] y de la versión Reina-Valera [R.V.]). Pero en la versión de los Testigos de Jehová la última frase es así: “y la Palabra era un dios”. Esta es una perversión grave del texto. El artículo “un” no existe en el idioma griego. Los griegos no tenían el artículo indefinido, “un”, sino solamente el artículo definido, “el”. ¿Por qué, entonces, intercalaron los traductores de la versión de los Testigos de Jehová un artículo indefinido en el texto, un artículo que no existe en el griego, modificando la palabra “dios”? Porque dichos Testigos de Jehová niegan rotundamente la Deidad de Cristo. Son “anticristos” en sumo grado. Su mayor punto de ataque contra la verdad es negar la Deidad del Hijo de Dios.
2. “Cuyos son los padres, y de los cuales es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:5, C.V. La V.M. y la R.V. concuerdan también con ésta). Pero en la versión de los Testigos de Jehová, se traduce así: “A ellos les pertenecen los patriarcas y de ellos descendió el Cristo. Que Dios, que está por encima de todo, sea alabado para siempre. Amén”. ¿Quién era Cristo antes de que fuese hecho carne: el Dios Creador, o una criatura? ¡El Dios Creador! Pero vemos la perversión del texto hecha por los Testigos de Jehová y por los Modernistas hoy en día: ellos separan la cláusula que identifica a Cristo con el Dios quien es sobre todas las cosas, usando un punto (.), y cambiando una cláusula de sentido afirmativo y conjuntivo en otra de sentido independiente y subjuntivo. El motivo es obvio: negar la Deidad de Cristo, el Hijo de Dios.
3. “Porque en Él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente” (Colosenses 2:9, C.V.). “Porque en Él reside toda la plenitud de la Deidad corporalmente” (V.M.). “Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (R.V.). ¿Puede haber algo más que “toda la plenitud de la Deidad”? ¡Imposible! Pero ¿en quién mora esa plenitud? ¡En Cristo, Dios y hombre en una sola persona! ¿Qué dice la versión de los Testigos de Jehová? “Porque en él reside corporalmente toda la plenitud de la naturaleza divina”. ¿Con qué propósito cambiar el sustantivo “Deidad” en “naturaleza divina”?
4. “Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2:13, C.V.). “Aguardando aquella esperanza bienaventurada, y el aparecimiento en gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo” (V.M.). “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (R.V.). Es tan claro como el sol de mediodía que las dos palabras, Dios y Salvador, se refieren a la misma persona, Jesucristo. ¿Qué dice la versión de los Testigos de Jehová? “Mientras esperamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y de nuestro Salvador, Jesucristo”. La introducción de las palabras “de nuestro” entre Dios y Salvador rompe la conexión íntima entre “Dios” y “Salvador”, dando cabida a la idea de que el gran Dios es una persona y que nuestro Salvador es otra. ¿Para qué debilitar la fuerza gramatical de la verdad?
5. “Mas al Hijo [dice]: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Hebreos 1:8, C.V.). “Del Hijo empero se dice así: ¡Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos!” (V. M.). “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (R.V.). Otra vez, es tan claro como la luz de mediodía que el Hijo y Dios son la misma persona. Pero ¿qué dicen los Testigos de Jehová? “Pero del Hijo dice: ‘Dios es tu trono para siempre jamás, y el cetro de tu Reino es el cetro de rectitud’”. La corrupción del texto inspirado es obvia.
Jesús dijo a los líderes incrédulos de los judíos —los Testigos de Jehová de Su día—: “Yo y el Padre una cosa somos” (Juan 10:30). Para concluir, leamos Juan 17:5: “Ahora pues, Padre, glorifícame Tú cerca de Ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de Ti antes que el mundo fuese”.
Otra verdad bien sentada que los Testigos de Jehová combaten airadamente es que hay infierno. Negar al Hijo de Dios y llegar al infierno se afirma en un solo dicho de Jesús: “el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). Ellos no creen en el Hijo como siendo Dios, y, por lo tanto, al infierno irán.
La institución del matrimonio (Parte 24): Llevando a los niños a las reuniones
Paul Wilson
(continuación del número anterior)
A veces se hace la pregunta: “¿Cuándo debemos empezar a llevar a nuestros niños a las reuniones cristianas?” Por parte nuestra, respondemos: “Cuanto antes, no hay que esperar”. Es bueno que los hijos de padres cristianos nunca sepan hasta cuándo se remonta su iniciación a las reuniones donde se recuerda al Señor Jesús en Su muerte, o donde se habla bien de Él, sea en la proclamación del evangelio o sea en la edificación de los creyentes.
Hay que criar a los hijos de tal manera que ellos no piensen en otra cosa salvo en la de asistir regularmente a las reuniones. Si los padres tienen en poco su propia práctica de congregarse con los demás creyentes de su comunión, entonces ¿qué harán los hijos? En los días del rey Josaphat, leemos que “todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, y sus mujeres, y sus hijos” (2 Crónicas 20:13).
Es en verdad una escena hermosa cuando el padre, la madre, los hijos que están creciendo y aun el nene en los brazos van juntos hacia la reunión evangélica, o al lugar donde “suele hacerse” la oración, o a otras reuniones. Reconocemos que puede haber ciertos límites físicos de uno u otro de los padres y aun a veces de los niños, pero estamos hablando de lo que es deseable dentro circunstancias normales.
Algunos niños aprenden muy fácilmente que deben de estar quietos durante las reuniones, y otros lo aprenden con gran dificultad, algunas veces con gran esfuerzo de parte de los padres. Hemos conocido a padres que se arrodillaron y buscaron la ayuda especial del Señor antes de ir a la reunión. Los padres precisan de sabiduría y de paciencia para poder perseverar hasta que los niños aprendan a portarse bien, y los demás miembros de la congregación también deben armarse de entendimiento y de paciencia mientras los padres instruyen a los niños. Por lo común esto es sólo por un tiempo corto para cada niño. Que los padres, entonces, cobren ánimo y traigan a los niños a las reuniones. Si ocasionalmente un niño perturba demasiado, hay que sacarlo fuera y disciplinario sabiamente.
Algunas madres toman tiempo cada día en casa para cantar y leer con sus niños mientras los pequeñitos aprenden a quedarse sentados y quietos. En otras familias durante la lectura diaria de la Biblia los niños son preparados para mantenerse quietos en la reunión cristiana. Por supuesto, hay que usar de discreción para no hacer demasiado largo el tiempo durante el cual deben de estar quietos. En todo esto se precisa de no poca disciplina de parte de los padres.
Un padre cristiano no debe ser influenciado al oír de una persona inconversa justificándose que no asiste a reunión cristiana alguna porque fue forzado a asistir cuando era niño. A menudo es solamente una excusa muy pobre para rehusar escuchar el evangelio de la gracia de Dios. Aun cuando los padres de dicha persona carecieron de sabiduría en la manera de tratarla, no sería ninguna razón para que los padres cristianos descuidasen de su privilegio y responsabilidad, dados por Dios, de llevar a sus hijos a las reuniones.
Mientras los niños vayan creciendo, conviene instruirlos a escuchar lo que se dice en las reuniones. No conviene habituarlos a descuidar la atención, proveyéndoles con otras cosas que los ocupen como juguetes, etc. Es deplorable cuando a los niños ya mayorcitos y capaces para comprender lo que se está
diciendo, o a lo menos una parte de ello, se les den libros de dibujo u otros objetos para distraerlos. Así sucede que niños que debieran estar embebiendo un mensaje solemne del Evangelio y tomándolo a pecho, están presentes sólo corporalmente, mientras sus mentes se ocupan en cosas ajenas.
Al ocupar a los niños con libros de pintar, cuadros y otras cosas, algunos padres ofrecen la excusa que “ellos no pueden entender o recibir en su mente lo que se está diciendo”, pero es un error, pues es sorprendente lo que ellos pueden captar en su pequeña edad. Hemos visto y oído de casos en los cuales ellos asimilaron lo que se decía de una manera maravillosa. De modo que los padres que permiten que sus hijos mayorcitos tengan objetos al margen del propósito de las reuniones, les están haciendo a los tales un daño considerable.
Todos nosotros necesitamos recordar que “Dios terrible es en la grande congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están alrededor Suyo” (Salmo 89:7).
(seguirá, Dios mediante)
Una pregunta rara: ¿Son cristianos con otras doctrinas también hijos de Dios?
Un hermano en Cristo nos ha escrito lo siguiente: “Nosotros nos reunimos aquí en el Nombre de nuestro Señor Jesús (Mateo 18:20), pero yo llevo poco tiempo de convertido y tengo algunas dudas que quisiera que Ud. me aclarara conforme a la Palabra de Verdad. Aquí hay algunas denominaciones donde se enseña doctrina algo diferente a la Sana Doctrina. Quisiera que Ud. me explicara si ellos también son hijos de nuestro Dios, porque también son Cristianos ... ”.
Una Respuesta: Toda persona arrepentida de sus pecados y que ha creído en el Señor Jesucristo como el Salvador todo suficiente de los pecadores, es perdonada, salva, sellada por el Espíritu Santo, hecha un miembro del cuerpo de Cristo, posee la vida eterna, no perecerá para siempre; es reconciliada con Dios y hecha hijo por adopción; además tiene a Cristo como su gran Pastor, su Abogado para con el Padre y su gran sacerdote que vive siempre para interceder por ella. Léanse los siguientes pasajes de las Sagradas Escrituras: Hechos 20:21; 16:31; Colosenses 2:13; Efesios 1:13-14; 1 Corintios 12:27; Juan 6:47; 10:27-30; Romanos 5:10-11; Efesios 1:5; Hebreos 13:20; 1 Juan 2:1; Hebreos 4:14-16; 7:24-25.
Conforme a la enseñanza clara de las epístolas cristianas, el Nombre de nuestro Señor Jesucristo es el único reconocido por Dios, en el cual los cristianos deben reunirse. Cuando el Señor Jesús fue rechazado definitivamente por los judíos, Él anunció, anticipadamente, la formación de la Iglesia, un pueblo celestial (véase Mateo 16:18). Hablando por adelantado también de Su autoridad como el Jefe de la Iglesia, y de la necesidad del ejercicio de disciplina en ella (ya que el hombre siempre fracasa), citó cierto caso (que hasta el día de hoy es demasiado común), y de qué manera el hermano ofendido debiera obrar. Si las medidas tomadas no resultaron en una reconciliación, entonces el Señor decretó, como último recurso, que la Iglesia decidiera el asunto, por cuanto Él le otorgó Su propia autoridad, con tal que los creyentes, o sean los miembros de ella, fuesen reunidos en el Nombre de Él mismo, conforme a Su palabra final: “porque donde están dos ó tres congregados en Mi Nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mateo 18:20). ¿Por qué dijo el Señor: “donde están dos ó tres reunidos en Mi Nombre”? Porque, previendo el fracaso de la cristiandad, y la multiplicación de nombres sin fin adoptados por los cristianos en lugar del Nombre del Señor Jesucristo, quien murió por ellos y es digno de todo honor, Él afirmó que Su autoridad y presencia personal serían aseguradas aún al número más mínimo del plural de creyentes, adecuado para ser un testimonio.
Aquellos creyentes verdaderos en el Señor Jesucristo que no son enseñados en la verdad de la Iglesia como el cuerpo espiritual del cual Cristo es la Cabeza, y al cual el Espíritu Santo quiere reunir a todos los miembros, o quienes no quieren someterse al orden prescrito para las reuniones cristianas, a pesar de esto son miembros del cuerpo, son salvos, son hijos de Dios. Al venir Cristo para arrebatar al cielo a todos los Suyos, a una seremos todos tomados arriba al “encuentro del Señor en los aires” (1 Tesalonicenses 4:17): los espirituales, los carnales, los obedientes, los desobedientes, los muertos, los vivos, todos “los que son de Cristo en Su venida” (1 Corintios 15:23). Pero tendremos que comparecer ante el “tribunal de Cristo” y “la obra de cada uno será manifestada; porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno fuere quemada, será perdida: él empero será salvo, mas así como por fuego” (2 Corintios 5:10; 1 Corintios 3:13-15). No podemos desobedecer a la verdad divina, ni en un solo punto, y esperar oír de Él: “Bien, buen siervo y fiel ... entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25:21).
Contrastes entre Israel y la Iglesia: Parte 8
J.H. Smith
(continuación del número anterior)
Separación
La de Israel: La nación de Israel fue apartada de las demás naciones por el Señor mismo, conforme a Su voluntad soberana y Sus múltiples propósitos sabios. Citamos unos pasajes para demostrar esto:
“¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado grada en Tus ojos, yo y Tu pueblo, sino en andar Tú con nosotros, y que yo y Tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (Éxodo 33:16).
“Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos; sino porque Jehová os amó” (Deuteronomio 7:6-8).
“Cuando el Altísimo hizo heredar a las gentes, cuando hizo dividir los hijos de los hombres, estableció los términos de los pueblos según el número de los hijos de Israel. Porque la parte de Jehová es Su pueblo; Jacob la cuerda de Su heredad” (Deuteronomio 32:8-9).
Hablando prácticamente, Canaán, o Palestina, se sitúa en el centro geográfico de la superficie de todas las tierras del mundo entero. Además, se sitúa en la encrucijada entre el norte y el sur, entre el oriente y el occidente. Allí el Señor dispuso la heredad terrenal de Su pueblo Israel, con las heredades de las naciones alrededor. Allí Israel, un pueblo pequeño en número, tendría que depender del “brazo de Jehová” (Isaías 53:1) para su protección y preservación.
Para mantener la nación íntegra y preservada de la idolatría reinante, se les prohibió a los israelitas contraer matrimonio con los gentiles: “Por tanto no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y sacrificarán a sus dioses, y te llamarán, y comerás de sus sacrificios; o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán también fornicar a tus hijos en pos de los dioses de ellas” (Éxodo 34:15-16).
En una palabra, era la voluntad de Jehová que Su pueblo Israel fuese un testigo fiel para Él, el Dios Creador, el solo Dios verdadero; y para ese propósito era imprescindible que el pueblo se mantuviese totalmente apartado de las naciones alrededor y de su idolatría reinante. Israel desobedeció.
La separación de la Iglesia: Es totalmente distinta de la de Israel. No es cuestión de un aislamiento tras muros de mandamientos numerosos y minuciosamente específicos, dados a un pequeño pueblo geográficamente colocado en una sola ubicación. Los creyentes en el Señor Jesús, que son miembros de Su cuerpo, que es la Iglesia (Efesios 1:22-23), son escogidos de todas las naciones esparcidas por todas partes del mundo. En Hechos 15:14 leemos “cómo Dios primero visitó a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para Su nombre”.
El apartamiento de la Iglesia es una separación espiritual y moral, no de carácter físico o geográfico. Cuando Jesús oró al Padre un poco antes de que volviese al cielo por el camino de la Cruz, hablando de los Suyos, dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. Santifícalos en Tu verdad: Tu palabra es verdad. Como Tú Me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo. Y por ellos Yo Me santifico a Mí mismo, para que ellos sean santificados en verdad” (Juan 17:15-19). Mientras vivimos, nosotros los creyentes estamos en este mundo, pero, por llamado divino, no somos del mundo. El Señor señaló el propósito que tuvo al dejarnos en el mundo después de salvarnos de nuestros pecados (pues al salvarnos Él hubiera podido llevarnos enseguida a la casa del Padre). Como el Padre le envió al mundo para testificar de la verdad, asimismo el Hijo nos envió al mundo para proclamar la verdad. Y en cuanto a nuestra separación del mundo, Él se apartó a Sí mismo en el cielo con la mira de interceder por Su pueblo redimido en la tierra, para mantenernos prácticamente apartados del mal que nos rodea.
Entre otros tantos peligros que nos acechan, hay el del yugo desigual: “No os juntéis en yugo con los infieles [los no creyentes]: porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿o qué parte el fiel con el infiel? ¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y Yo os recibiré, y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a Mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:14-18).
(seguirá, Dios mediante)
Misterios y milagros de la creación
Fred John Meldau
Hay un millón, —y más— de misterios y milagros en la naturaleza que son inexplicables. Ningún ser humano —aparte de la Revelación Divina— puede explicar el origen de la materia. Tampoco puede el hombre explicar los secretos del átomo, ni el origen de la moción, o el milagro igualmente asombroso del movimiento sostenido y controlado en este vasto universo.
No sabemos lo que es la VIDA, tampoco porqué o cómo se puede iniciar una unidad nueva de vida con la unión de dos pequeñas células. No sabemos por qué las plantas y los animales crecen —o por qué, cuando muchos de ellos llegan a cierta etapa, dejan de crecer— o porqué se envejecen y eventualmente mueren.
“Es una de las ironías de la ciencia moderna que las cuestiones más elementales son aún las más difíciles de explicar. ¿Cómo, por ejemplo, es creado un animal? Sabemos que un óvulo y un espermatozoide se unen para formar una sola célula, y que esta unión pone en movimiento una cadena de actividades que resultan en un ser nuevo. Pero ¿qué comienzo, qué chispa, inicia el proceso? ¿Cuál es, en fin, el secreto de la fertilización? No lo sabemos todavía, aunque muchos biólogos eminentes han buscado la respuesta durante muchos años” (Albert Monroy, en Scientific American).
Tampoco saben los científicos cómo empezó la vida en el principio; el vacío entre los elementos inorgánicos y las formas más sencillas de vida es infinitamente grande. Nadie sabe por qué la vida está dividida entre los dos reinos mayores: el vegetal y el animal. ¿Por qué no todos es un solo reino (digamos, de animales); o, por qué no más de dos: las plantas, los animales y otra forma de vida radicalmente diferente? Nadie puede explicar el origen del sexo; ¿por qué hay macho y hembra? Nadie puede explicar los secretos de la herencia, o del instinto, esa facultad maravillosa de los animales que no es la inteligencia tal como la conocemos, pero actúa casi igual y capacita a ciertas criaturas para hacer cosas que el hombre con toda su inteligencia ¡no puede hacer!
Nadie puede explicar con exactitud lo que es la electricidad, la gravitación, el magnetismo, la luz, el calor, el sonido o el color. Sabemos cómo actúan estas fuerzas naturales —pero por qué y exactamente cómo lo hacen, nadie lo sabe—. ¿Cómo podemos explicar este fenómeno?: Se puede trasmitir una corriente eléctrica por vía de un alambre de cobre a temperatura cero, y por medio de ella calentar una hornilla alámbrica de estufa hasta más de mil grados. ¿Dónde está el “calor” mientras la electricidad corre por el alambre? Todos sabemos que hay “leyes” que rigen el calor y la electricidad que explican cómo estos fenómenos funcionan —pero ¿quién sabe por qué funcionan así?
Nadie puede explicar el origen de la clorofila, o el proceso fascinante e intrincado de la fotosíntesis.
“La fotosíntesis —el proceso asombroso de la síntesis de compuestos orgánicos de dióxido de carbono y de agua en las plantas expuestas a la luz— continúa siendo uno de los grandes problemas no solucionados de la biología” (Eugene I. Rabinowitch, Scientific American, 11-‘53).
¿Por qué es que un cambio relativamente pequeño en el número de los protones, neutrones y electrones en un átomo produce un elemento de materia enteramente diferente? Esencialmente, todos los átomos de todos los elementos son compuestos sobre un mismo diseño general: un núcleo central, compuesto de protones y neutrones, con un número igual de electrones girando en derredor de ellos con una velocidad increíble. ¿Por qué, con sólo cambiar el número de los protones, neutrones y electrones, se producen los diferentes elementos, tan fenomenalmente distintos? (Oxígeno, plomo, nitrógeno, plata, oro, mercurio, hierro, carbón, hidrógeno, etc.). ¡Qué sabiduría infinita fue empleada por el gran Creador para llevar a cabo tan inverosímiles resultados!
Nadie, a excepción del creyente en la Biblia, tiene una explicación satisfactoria de los misterios del pecado (la maldad) y la muerte en la experiencia humana.
NADIE HA PODIDO DAR UNA TEORÍA SATISFACTORIA DEL ORIGEN DE LA TIERRA, SI EXCLUIMOS A DIOS. Cada teoría promulgada hasta la fecha ha sido derrumbada por HECHOS que refutan las mismas teorías. Como un ejemplo de “teorías” hechos pedazos, citamos de Fred Hoyle (astrónomo):
“Casi todos los planetas se mueven en órbitas muy lejos del sol. ¿Cómo sería posible que la materia hubiera sido arrojada hasta tan enormes distancias?” (véase el argumento de Fred Hoyle, en The Nature of the Universe, p. 85).
Este hecho sencillo —el de la distancia del sol a los planetas— da el “golpe mortal” a toda teoría que busca el origen de los planetas en el sol.
Además, si todos los planetas fuesen originalmente una parte del sol, ¿por qué giran unos de los satélites o lunas de algunos de los planetas en dirección contraria al movimiento de las demás?
Otra pregunta: si la tierra fue desprendida originalmente del sol, compuesto de 98% de hidrógeno, ¿de dónde vino su agua, y el oxígeno para componerla? En un universo el cual, prácticamente, existe sin agua, ¿por qué hay tanta agua en nuestra tierra?
¡Millones de misterios envuelven nuestro mundo! ¿Cómo comprender los misterios de los rayos cósmicos —y otras formas de radiación astral?
“En la radiación cósmica estamos tratando de un fenómeno universal que es enérgico, básico y misterioso” (Shapley).
¿Quién puede explicar por qué —excepto por admitir un acto de Dios— existe una capa de ozono que envuelve la tierra, a una distancia de ella de unos 60 kilómetros, en la atmósfera, filtrando “rayos mortíferos” procedentes del sol? Sin esa capa de ozono la vida en la tierra sería imposible. ¿QUIEN LA COLOCÓ ALLÍ?
(Traducido e impreso con permiso, de WHY WE BELIEVE IN CREATION, NOT IN EVOLUTION [POR QUÉ CREEMOS EN LA CREACIÓN, NO EN LA EVOLUCIÓN], por Fred John Meldau, páginas 261-263).
(seguirá, Dios mediante)
Notas misceláneas: Número 160
Jesús les dijo: “Era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de Mí en ... los salmos” (Lucas 24:44).
El salmo 22 da testimonio profético de la muerte de Cristo como el sacrificio por el pecado (versículos 1-18).
El salmo 16 da testimonio profético de la resurrección de nuestro Señor.
La exaltación de nuestro Señor es el tema del salmo 72.
La adoración universal a nuestro Señor es el gran tema del salmo 150.
*****
Lucas 9:26: tres glorias venideras de Cristo: “ ... cuando viniere en Su gloria, y la del Padre, y la de los santos ángeles”.
*****
PUNTO: La siguiente pregunta es una prueba sencilla de la doctrina: ¿Ensalza a Cristo, o ensalza al hombre?
*****
“El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).
Es al perdido a quien el Hijo de Dios vino a salvar. Si no te das por perdido, no puedes apropiarte a Jesús por Salvador, pues Él salva solamente a los perdidos. No puedes decir que sus condiciones son duras. Sólo quiere que te humilles. Acepta tú el veredicto divino sobre tu estado pecaminoso, que eres un pecador que merece el infierno; y luego te encontrarás en la posición precisa en donde el Señor de la vida puede reconocerte y salvarte.
*****
PUNTO: Nosotros los cristianos estamos en el mundo para Dios.
*****
“El morir es ganancia ... teniendo deseo de ser desatado, y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor” (Filipenses 1:21,23).
En el momento del desenlace, el espíritu del creyente parte para “estar con Cristo, lo cual es mucho mejor”. Hay tres cosas señaladas del estado intermedio de los que han muerto en Cristo:
1.- Hay existencia consciente.
2.- Hay relación consciente, porque el creyente está “con Cristo”.
3.- Hay bienaventuranza consciente, pues se afirma que es “mucho mejor”.
La Escritura no señala ningún intervalo entre la muerte del cuerpo del creyente y la presencia de su espíritu con el Señor.
(por A.P.G.)
*****
PUNTO: El primer hombre Adam trajo la muerte, pero el postrer Adam la vida eterna.
*****
PUNTO: Dios es verdadero; y Cristo es la verdad que revela al Dios verdadero.
*****
PUNTO: El estar separado de Dios no se llama vida, sino muerte.
*****
EXTRACTO: Tal vez la razón por qué el Señor escogió a Judas entre los apóstoles, fue para demostrar que ni la abundancia de contacto con lo bueno —y Jesús fue la expresión perfecta de lo bueno— pudo provocar cambio alguno en el corazón humano; solamente la obra del Espíritu de Dios puede efectuar esto.
*****
PUNTO: La santidad consiste en el aborrecimiento de lo malo y el deleitarse en lo bueno.
*****
Juan 17:19: “Por ellos Yo Me santifico a Mí mismo”. El Hijo de Dios lo hizo cuando Él se sentó en las alturas, “viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).
*****
“El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” (Proverbios 21:23).
A menudo oímos rumores acerca de personas que no son verdad. Haríamos bien en no repetirlos. Muchas personas han sido injuriadas aun por sus amigos tan sólo por haber repetido estos lo que han oído acerca de ellos. Bueno sería aplicarnos la práctica de un joven vendedor de diarios quien —al oír de un acto feo entre sus amigos— decía: “Tal vez no es así”. Si mantuviésemos tal práctica nos ayudaría a ser más simpáticos para con los demás.
*****
PUNTO: Al adorar presentamos a Cristo ante el Padre y al evangelizar presentamos a Cristo ante el pecador.
*****
PUNTO: Nosotros los cristianos tenemos los recursos de Dios para nuestro sustento.
*****
PUNTO: Se precisa del discernimiento espiritual adquirido del Nuevo Testamento para poder aplicar debidamente el Antiguo Testamento.
*****
PUNTO: Las contaminaciones no cambian nuestra posición en Cristo, pero sí estorban la comunión con Él y le deshonran.
*****
“Cuarenta años estuve disgustado con la nación” (Salmo 95:10).
Moisés, Caleb y Josué no tomaron parte en el pecado y la rebelión de los hijos de Israel; pero compartieron los cuarenta años de sus peregrinaciones, y ... ¡Dios también! Él oyó sus murmuraciones. Vio su enfado. Testificó de su rebelión y soportó sus reproches. A pesar de todo eso, no quiso dejarlos. Tampoco nos dejará.
*****
Núm. 160. — Para mayo y junio de 1976. — 1 de mayo de 1976. — Palabras de Edificación, Exhortación y Consolación. — Publicación bimestral. — Oficinas editoriales y de impresión, Tipográfica Indígena, Domingo Diez 503-M, Cuernavaca, Mor., México. — Director, A. Farson A. — Reg. artículo 2a clase, 28 de enero de 1963. Consta de 32 Páginas. — Tiro 3200.