Número 5: Sufrimientos de Cristo, Venida y reino de Cristo, Romanos 2
Table of Contents
Los sufrimientos de Cristo: Marcos 14
Entre aquellos que lean esto, ¿no hay algunos que nunca se han sentido tristes por causa de sus pecados? ¿Hay alguna cosa que descubre más bien la necedad y la liviandad del corazón del hombre? Nosotros, que por medio del pecado hemos hecho tan amarga y terrible la copa que Jesús bebió ¿podremos considerar el pecado como una cosa trivial ante los ojos de Dios? Pero es Él, es Jesús quien encontró cuán horrible era. Si nuestros corazones, tan miserables como son, no sienten el pecado, Cristo lo sintió cuando bebió la copa por nosotros y llevó el pecado por nosotros. Si el corazón no comprende la gravedad del pecado, no en el mismo punto en que Jesús lo conoció, pero cuando menos en algún grado —sí, aun cuando de una manera débil, el sentimiento de la gravedad del pecado es extraño para nosotros— no hemos ni siquiera entrado en la mente de Jesús. Todo aquello que podía herir y lastimar —la ira de Dios, la impiedad de Satán, la iniquidad del hombre— todo quebrantó Su corazón en pedazos, y todo hizo que brillase delante de Dios la inconmensurable excelencia de Jesús. El corazón de Jesús fue probado hasta lo último. ¿Y cuál es, después de todo eso, la posición de los pecadores? No resta nada sino el costo y el valor de Jesús para ellos; y en los ojos de Dios el que cree tiene todo el valor de Jesús delante de Dios. Podrá presentarse a sí mismo delante de Dios, como amado de Dios, hasta el punto de que Dios ha dado a Su Hijo, y como teniendo el costo de todos los sufrimientos de Jesús.
Si Cristo le es presentado de esta manera, una de dos cosas es cierta: es Ud. culpable de los sufrimientos de Jesús, si los desprecia; o, si por gracia y por fe los toma en su infinito valor, disfruta del efecto de estos sufrimientos. Si los desprecia, será tratado como aquellos que los desprecian. Si por gracia sus ojos son abiertos para entender lo que Jesús ha hecho, toda la eficacia de Su obra se aplica a Ud., y disfruta Ud. del amor de Dios. O es Ud. culpable de los sufrimientos de Jesús, o disfruta del costo de Sus sufrimientos.
Confesar cuáles son sus pecados que han hecho a Jesús sufrir, es realmente creer que Él los ha llevado. Si Ud. dice: “Soy yo el que he hecho a Cristo sufrir así”, también dice: “En cuanto a mí, yo nunca sufriré así. Si Jesús ha llevado mis pecados y pasado por sus consecuencias, yo no los pasaré, y soy rescatado y libertado de la condenación”.
Quiera Dios, por el sentimiento del amor de Jesús, tocar sus corazones y hacerles comprender a qué precio tan infinito se presentó Jesús mismo por Uds., ¡para poder pasar por la ira de Dios! ¡Oh, cuán precioso es el amor de Jesús!
La actitud del cristiano hacia el mundo
Ud. nunca podrá arreglar el mundo; no tiene ni los principios ni el poder para hacerlo. Ud. puede dominar a un hombre no convertido con principios no convertidos, pero no puede tratar con él como cristiano. Si he de arreglar al mundo, debo unirme con el mundo, y yo no puedo tener ningunos principios sin los suyos. Entonces debo dejar el cristianismo; porque ellos no tienen ningún cristianismo por el cual gobernarse. Puede Ud. usar una influencia benigna como lo hizo Cristo, y eso es lo que tenemos que hacer.
El cristiano ha de dejar su luz brillar; el testimonio de lo que son sus principios es tan distinto y positivo que ellos “ven sus buenas obras”. Si se une con un incrédulo él sostiene que la incredulidad puede arreglar al mundo. El cristiano en sí mismo tiene sus propios benignos y piadosos principios por medio de los cuales obrar; el testimonio puede estar allí de lo que sus principios pueden hacer (el cristianismo ha reformado al mundo en un sentido; porque trajo el modelo de cosas mejores, y se avergüenzan de hacer en la luz lo que hacían en las tinieblas). Un hombre no hará lo que es indigno de un hombre; pero “indigno del Señor”, eso no lo encuentran; y allí es donde el cristiano ha de andar.
Pablo dice a los amos: “Tenéis un Amo en el cielo” el cual se fijará y tomará nota de todo lo que hagan. Su parte es demostrar lo que el cristianismo es y hace, y eso es para un infiel ser bueno, o para cualquiera que sea. Su confesión de Cristo ha de ser tan positiva, que deberán saber a qué atribuir esas cosas. Deje que el mundo se vaya por su propio camino, y Ud. por el suyo —esto es, el camino de Cristo—. Si no lo hace, corrompe al cristianismo, en vez de retener su testimonio.
La venida y reino de nuestro Señor Jesucristo: El arrebatamiento (Parte 5)
E.H. Chater
(continuado del número anterior)
¡Bendita esperanza consoladora! La venida del Señor Mismo, que tiene todo poder en el cielo y en la tierra. El Jesús rechazado, que fue crucificado por flaqueza (2 Corintios 13:4), pero que venció todo enemigo, robó a la tumba, y se sentó como Señor y Cristo a la diestra de Dios, pronto vendrá a reclamar los trofeos de Su victoria en el Calvario, llevando a Sus redimidos al hogar para Sí Mismo en la gloria.
Veamos cómo se efectuará este glorioso evento. “Nosotros, los que vivimos, los que quedamos”, dice el apóstol, incluyéndose a sí mismo, demostrando de esa manera que era su esperanza, como la de todos los Cristianos, “no seremos delanteros (no iremos antes) a los que durmieron”. (Unos pocos años después de esto, el apóstol, escribiendo a Timoteo, dice: “Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano” [2 Timoteo 4:6], de lo cual parece que supo más tarde que él mismo pasaría por la muerte). “Porque el Señor Mismo” (no sencillamente el Señor, sino la palabra “Mismo” es agregada como para dar fuerza a la identidad y personalidad de Él que viene y para cuidar de que estas no sean desechadas por motivos supuestamente ‘espirituales’); “este mismo Jesús ... ” “descenderá del cielo con voz de arcángel y con trompeta de Dios”. Esta aclamación es una aclamación de asamblea, una aclamación que es también un mandato autoritativo. Cada santo lo oirá, vivo o dormido. Los muertos en Cristo se levantarán primero. Todos los que han dormido en Él oirán Su voz y saldrán. El cementerio dará de sus muertos; el poderoso océano también. El Señor sabe dónde está el polvo de todos Sus amados.
El necio dice: “¿Cómo resucitarán los muertos?” (1 Corintios 15:35-36). El Cristiano contesta: “Para con Dios todo es posible” (Mateo 19:26). Ninguno se va a quedar atrás; no, ninguno de los corderos ni de las ovejas del rebaño de Dios. Ninguno de la vasta hueste redimida por la sangre preciosa de Cristo dejará de escuchar la bien conocida voz del Señor en ese momento admirable. “Los muertos en Cristo resucitarán primero: luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir (o a encontrar) al Señor en el aire”. Otra vez el apóstol repite las palabras “Los que vivimos, los que quedamos”, incluyéndose a sí mismo. Cada momento nos trae más cerca de esta gloriosa consumación.
Si Pablo, cuando escribió esto, no hubiese estado esperando al Señor, pensando que en cualquier momento podría ser arrebatado para encontrar al Señor, ¿hubiera él usado ese lenguaje? ¿No hubiera dicho: “Nosotros, los muertos, y ellos los que viven y los que quedan”, si no hubiese esperado el retorno del Maestro en cualquier momento? Pero esto no dijo él. Y así por toda esta hora admirable de la administración de la gracia de Dios, cada Cristiano debiera haber estado esperando (Romanos 8:23), y debe todavía estarlo para la venida (parousia) del Señor Mismo, tanto como para Su gloriosa manifestación.
Cristiano, tu Señor podrá venir, mientras tú lees estas palabras; si es así, en un momento dejarías este mundo; los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros —noten, “nosotros”— que vivimos y que quedamos seremos arrebatados juntamente con ellos; no en un torbellino, con un carruaje de fuego y caballos de fuego como Elías, sino arrebatados por el poder invisible de Dios. Enoc caminó con Dios y desapareció, porque le llevó Dios; lo traspuso Dios “para no ver muerte; y no fué hallado, porque lo traspuso Dios. Y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5). Así será con el cristiano cuando venga nuestro Señor; así podrá suceder con nosotros este mismo día; nosotros los que vivimos y los que quedamos seremos arrebatados (trasladados sin ver muerte) juntamente con ellos (es decir, aquellos que duermen, “los muertos en Cristo”) en las nubes. Ellos se levantan primero, pero el período de tiempo es casi imperceptible, y todos juntamente, arrebatados en las nubes, encontraremos al Señor en el aire. ¡Admirable y gloriosa reunión! Maravilloso lugar de reunión, el aire. Y precioso pensamiento, “así estaremos siempre con el Señor”. Bendito prospecto, Su propia presencia, Su propia compañía, Su propia semejanza para siempre jamás. “Por lo tanto, consolaos (animaos) los unos a los otros en estas palabras”. No hemos de esperar la muerte, (aunque pueda ser que durmamos, pero esta no es nuestra esperanza); consolaos los unos a los otros en estas palabras, ¡el Señor viene!
¡De qué manera tan admirable penden juntamente todas las partes de la Escritura! ¿No tenía nuestro bendito Señor este glorioso evento delante de Él, (aun cuando el momento no había llegado todavía en que se explicase cabalmente), cuando pronunció estas memorables palabras a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en Mí. no morirá eternamente”?
No solamente Él quien es la resurrección levantará por Su gran poder a aquel que murió en la fe, sino que en el mismo momento lo mortal será absorbido por la vida. Porque Él quien es también la vida transformará al creyente que vive. Entonces el que viva, cuando Cristo venga, y crea en Él, no morirá eternamente (Juan 11:25-26). El Señor no dijo: “El que cree y vive”, sino “el que vive y cree” no morirá eternamente, nunca pasará por la muerte siquiera.
Algunos han tenido el pensamiento que aquellos que no están esperando la venida de Cristo podrán ser dejados atrás para pasar por la gran tribulación, que vendrá sobre la tierra después de ese evento. Pero Dios les da crédito a todos los cristianos de estar esperando a Cristo, aunque a muchos tristemente les falta inteligencia espiritual en cuanto a la efectuación de su esperanza en Él. Cuando Dios dice: “Nosotros, los que vivimos, los que quedamos ... seremos arrebatados” y “no todos dormiremos, sino que seremos transformados”, Su palabra es respuesta suficiente para tales pensamientos no escriturales.
Los 144.000 señalados de las tribus de Israel, y la gran multitud de gentiles en Apocalipsis 7, de los cuales hablaremos más tarde en otro artículo son una compañía nueva preservada de Dios (después del traslado de los santos celestiales), para recibir una bendición milenaria sobre la tierra.
Cuan a menudo, también, hemos escuchado el dicho: “Oh, hay una cosa cierta, todos moriremos”, aun cuando la Palabra de Dios muy claramente asevera lo contrario. Enoc y Elías ambos fueron quitados de esta escena sin pasar por la muerte; de otros dos también se dice algo semejante: la bestia y el falso profeta (Apocalipsis 19:20): irán al infierno sin morir. Y, como hemos visto, cuando venga nuestro Señor, los creyentes que viven serán transformados. La Escritura a menudo se cita erróneamente para favorecer este pensamiento equivocado; muchos dicen: “Está establecido a todos los hombres que mueran una vez”, cuando Dios nunca dijo “todos”, sino sencillamente “está establecido a los hombres” (Hebreos 9:27). Es el destino de los hombres, habiendo venido la muerte como la paga del pecado, pero ha habido excepciones, y Cristo habiendo muerto y resucitado, los creyentes son en Él una nueva creación, en un territorio enteramente nuevo, y habrá una excepción además para todos los santos que estén vivos cuando Él venga. La muerte no tiene ningún reclamo sobre ellos; ellos han muerto con Él.
(para continuarse, mediante la voluntad de Dios)
Romanos 2:1-29
C. Stanley
La conciencia deja al hombre sin ninguna excusa. Hay en el hombre un sentimiento de responsabilidad, y por la caída, un conocimiento del bien y del mal. El hecho de que un hombre juzgue a otro es una prueba de esto: “Porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque lo mismo haces, tú que juzgas”. ¡Cuán cierto es esto, ya sea del judío, gentil o del cristiano profesante! Y el hombre no puede engañar a Dios. “Mas sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que hacen tales cosas. ¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas, y haces las mismas, que tú escaparás del juicio de Dios?” ¡Qué pregunta tan solemne! Podremos juzgar y castigar a otros por actos impíos en este mundo, pero si nosotros mismos tenemos que ser traídos al juicio con todos nuestros pecados —y el juicio está seguro en venir, y será de acuerdo con la verdad— ¿cómo hemos de escapar nosotros? El castigo del mal entre todas las naciones prueba que admitimos que el mal debe ser castigado. El justo gobierno de Dios demanda, entonces, que después de la muerte habrá el juicio. Atiéndase bien a esta pregunta. Lector, ¿crees tú que escaparás el juicio de Dios?
“¿O menosprecias las riquezas de Su benignidad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que Su benignidad te guía a arrepentimiento?” ¿Cuántos están haciendo esto? En verdad, la manera en que es predicado el arrepentimiento tiende a conducir al hombre a despreciar y a ignorar enteramente la gracia admirable de Dios. Muchos predican el arrepentimiento como obras para la salvación, como precediendo a la fe en las riquezas de la bondad de Dios. Ahora, es como sabemos y creemos la bondad de Dios en enviar a su Amado Hijo a morir por nuestros pecados, que esto nos conduce a (produce en nosotros) arrepentimiento; en verdad, podemos comprender solamente las profundidades de nuestro pecado y culpa, como conocemos las profundidades a las cuales Él tuvo que descender para salvarnos. Así es que de esta manera la bondad de Dios nos conduce a un cambio completo de mente; el juicio cabal de nosotros mismos, en aborrecimiento profundo a nuestros pecados, y la confesión completa de ellos a Dios; y, al mismo tiempo, un cambio entero de mente acerca de Dios. De manera que la diferencia entre la verdad y el error es ésta: no es nuestro arrepentimiento lo que nos conduce o lo que causa la bondad de Dios hacia nosotros, pero es la bondad de Dios lo que nos causa y nos conduce al arrepentimiento a nosotros. Oh, ten cuidado de que no desprecies de esa manera la gracia de Dios, y “por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de manifestación del justo juicio de Dios”. Notad, debe ser la bondad de Dios ahora, y el arrepentimiento aquí, o el justo juicio de Dios en ese día venidero de la ira después.
Algunos han tenido dificultad en entender el capítulo 2:6-29; otros han pervertido estas declaraciones como si enseñasen la salvación por las obras. Esto estaría en contradicción directa de la enseñanza entera de la epístola. Entonces, ¿qué es lo que aprendemos aquí?
Primero, la justicia de Dios, en Su recompensa al judío bajo la ley, o al gentil que no está bajo la ley. Esto se declara cabal y claramente. Luego, en segundo lugar, la pregunta: ¿Hay algunos judíos o gentiles que respondan a estos requisitos de Dios y puedan ser así recompensados?
Empezamos, entonces, con la certeza de que en el día de la ira y revelación del juicio de Dios, que Él “pagará a cada uno conforme a sus obras: a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, la vida eterna”. También, de la misma manera, en ese día: “Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo ... ”. Esta, entonces, es la base del justo juicio sobre la cual Dios va a obrar: “En el día que juzgará Dios lo encubierto de los hombres, conforme a mi evangelio, por Jesucristo”. Los policías van por las calles y arrestan a los hombres y los llevan para ser juzgados por crímenes públicos, pero ¿no es igualmente cierto que la Muerte va por las calles como policía de Dios, para llevar a los hombres, quienes, después de la muerte, serán juzgados por cada cosa secreta que hayan hecho? ¿Puedes tú estar de pie en aquel juicio escudriñador? Dios juzgará con justicia. “Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo”. ¡Y todo será descubierto —cada cosa oculta!
Es bueno meditar sobre esto. De ese justo juicio no habrá ENTONCES ningún escape. El hombre, cuando fue dejado a sí mismo, se sumergió a hacer lo malo continuamente; como hemos visto, el mundo entero gentil se sumergió en el pecado más craso. ¿Entonces qué del judío, el hombre religioso? Sí, el hombre religioso, ¿no es él superior en todos sentidos? Descansa en la ley, se jacta de tener a Dios —el único Dios verdadero—. Conoce la voluntad de Dios, es instruido y es un instructor, un guía, con confianza en sí mismo, de los ciegos. Ahora, si conoce la voluntad de Dios y la hace, y tiene la ley y la guarda, ¿no le dará esto confianza en el día del justo juicio? Pero si no es un hacedor del bien, si es un infractor de la ley, ¿qué mejor es él que el gentil que no tiene la ley? No, se encontrará que es aún peor. ¿Cómo, entonces, puede el judío bajo la ley presentarse delante de Dios en el juicio?
Y, lector, si ésta es tu posición —un hombre religioso bajo la ley, deseando guardarla muy sinceramente, y sin embargo quebrantándola; sabiendo la voluntad de Dios, y no haciéndola— ¿cómo puedes tú encontrar a Dios en el justo juicio; y, no importa que tan religioso parezcas delante de los hombres, tener cada secreto extraído en el juicio? ¿Te dan confianza todos tus esfuerzos al mirar hacia el día del cierto juicio?
(para continuarse, mediante la voluntad de Dios)
"El Señor proveerá": Génesis 22:7-14
El alma podrá aprovechar de muchas maneras por las preciosas lecciones llenas del Espíritu que éste y otros pasajes proporcionan sobre la fe adoradora, la esperanza, la obediencia y la dependencia de Abraham. Ninguna recomendación podía ser más dulce de la que está escrita en la Palabra, “Él (Abraham) tampoco en la promesa de Dios dudó con desconfianza: antes fué esforzado en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que todo lo que había prometido, era también poderoso para hacerlo” (Romanos 4:20-21).
Las palabras “Dios SE proveerá de cordero” han dado ocasión al pensamiento generalmente tenido y a menudo impreso como un lema, no yendo más allá de que el Señor proveerá misericordias temporales, tales como, los medios de vida, comodidades, alimento, salud, etc. Pero el registro de Génesis 22 Revela un propósito mucho más elevado, la provisión admirable de amor divino, que PARA SU PROPIO GOZO abriría el camino para que un Dios santo derramase Su afecto divino en las almas de los creyentes; removiendo las restricciones de las demandas de la justicia y la santidad de que el pecado fuese juzgado y quitado, PROVEYENDO UN SACRIFICIO EXPIATORIO.
El anuncio del Calvario en el ofrecimiento de Isaac; la bendita armonía del padre y de su hijo mientras que “fueron ambos juntos” al altar del sacrificio, revela a nuestros corazones castigados los propósitos de la gracia para abrir el camino para ricas bendiciones a nuestras almas, por cuanto Dios, “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21).
Por lo tanto, reflexionamos en las palabras: “Dios SE proveerá de Cordero” como denotando el deseo maravilloso del corazón amoroso de Dios en remover todo obstáculo que refrenase el influjo más completo de ese querido amor Suyo para aquellos escogidos en Cristo antes de que el mundo empezase (Efesios 1:4). El Cordero “entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25), probó ser para Dios Mismo el medio necesario por el cual “Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26).
No hubo un rescate aliviador para el Cordero que Dios proveyó: “El que aun a Su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). Solamente yendo hacia la muerte pudo ese bendito Cordero de Dios prevalecer para abrir las compuertas para el derrame del amor del corazón de Dios. Así “DIOS SE PROVEERÁ” pone ante nuestras almas la manera que domina el corazón por la cual el sacrificio de Jesús —los sufrimientos del Salvador— han llegado a ser los medios por los cuales el amor que procuró expresarse, pueda ahora tratar con el pródigo que regresa, de acuerdo con Lucas 15:20: “Violo su padre, y fué movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle”.
Notas misceláneas: Número 5
Extracto: El Señor Jesús nunca se detuvo a inquirir cómo algún acto o circunstancia le afectaría a Él.
*****
Extracto: He visto a menudo almas aisladas, que si se han conservado cerca del Señor, han progresado más que aquellas que han disfrutado de ventajas espirituales mayores. Estas últimas pensaron que todo lo que disfrutaron era de su fe, cuando no lo era, mientras que lo que uno posee solamente, cuando menos, uno lo posee con Dios.
*****
Extracto: La vida de un hombre realmente no vale la pena hasta que empieza á caminar con Dios, en el conocimiento de la plena salvación y la paz establecida por medio de la preciosa sangre del Cordero.
*****
Extracto: Lo que es más profundo es lo más sencillo, esto es, el amor perfecto de Dios.