Número 6: Vencedor, Romanos 3, Seguridad, Venida y reino de Cristo y más …

Table of Contents

1. El vencedor
2. Romanos 3:1-24
3. "Sabemos".- Seguridad divina (1 Juan)
4. La venida y reino de nuestro Señor Jesucristo: El arrebatamiento (Parte 6)
5. "Tu hermano … por el cual Cristo murió" (Romanos 14:15; 1 Corintios 8:11)
6. Notas misceláneas: Número 6

El vencedor

Para vencer, como para todo lo que los creyentes siempre manifiestan de semejanza a Cristo, el Espíritu Santo dirige el alma al Bendito Señor Mismo como el Vencedor Divino, y desearía que oyésemos al Salvador decir: “Confiad, Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). “Así como Yo he vencido” (Apocalipsis 3:21). Él ejercitó una obediencia perfecta, una dependencia perfecta, venciendo al diablo, no ejercitando un poder de la Divinidad, lo cual no podría proporcionarnos a nosotros un ejemplo, sino COMO HOMBRE, usando la Palabra de Dios, como nosotros podemos hacerlo (véase Lucas 4:4).
La Palabra de Dios anima al conocimiento humilde que una derrota segura vendrá de confiar vanamente en las energías carnales, revelándonos la única fuente de poder: “MI POTENCIA en la flaqueza se perfecciona” (2 Corintios 12:9). Así es que, para la gloria de Dios, podemos triunfantemente adoptar el lenguaje de 1 Corintios 15:57: “A Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo”. La bendita aseguranza, “el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4), ciertamente es para fortalecer la fe a que cuente con alguna victoria sobre los poderes de las tinieblas, para los cuales, en nosotros mismos, no igualamos. Judas habla de potestades y principales, aun ángeles CAYENDO, (versículos 6-7); a la misma vez que al débil creyente se le encomienda “A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de Su gloria irreprensibles, con grande alegría” (versículo 24). Los vencedores son fortalecidos de esta manera, y como en Efesios 6:10, “confortados en el Señor, y en la potencia de Su fortaleza”, equipados con “toda la armadura de Dios”, (versículo 11), luchan contra el enemigo de rodillas (versículo 18), “orando en todo tiempo”, probando que esa dependencia, confiando en el poder de SU FORTALEZA, vence “al gobernador de estas tinieblas”, y a todos sus emisarios, sus estratagemas, seducciones, etc. Las armas efectivas defensivas que nos son suplidas, “la verdad, la justicia, la fe”, etc. (Efesios 6:14-17), podrán verse ejercitadas en la evidencia siguiente de las Escrituras: 1 Juan 2:13-14: el vigor poseído por los cristianos, comparados a jóvenes, y atribuida a la “palabra de Dios morando” en ellos, y el resultado declarado, “habéis vencido al maligno”. Dependamos de estas palabras: “ESCRITO ESTÁ”.

Romanos 3:1-24

C. Stanley
(continuado del número anterior)
El Judío tenía grande ventaja en todos sentidos. Tenía los oráculos de Dios; también tú. ¡Qué ventaja poseer la Palabra inspirada de Dios! Les habían sido confiados los oráculos de Dios.
Versículo 3. Vamos a notar aquí cuan admirablemente es introducida la fe otra vez. La justicia de Dios siempre ha sido sobre el principio de la fe. “¿Pues qué si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿la incredulidad de ellos habrá hecho vana la verdad de Dios?” Aunque la mayor parte de la nación no había creído, sin embargo su incredulidad y su injusticia no había cambiado a Dios. Él permanecía lo mismo; Él permanece fiel a los inmutables principios del bien y del mal; de otra manera ¿cómo juzgará Él al mundo? Al hacer a un lado la ley como un medio de adquirir justicia, esto podría pervertirse, como algunos lo hicieron y afirmaron que el apóstol enseñaba que podríamos de esa manera hacer el mal y que vendría el bien. Esto es condenado fuertemente, el juicio de Dios habiendo sido mantenido en el juicio de todos los malhechores. El apóstol ahora apela a las mismas escrituras de los Judíos y de ellas prueba que todos somos culpables: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios”.
Versículo 19. No podemos negar que estas palabras fueron escritas a aquellos que están bajo la ley. Qué descripción tan terrible del hombre bajo la ley. Toda boca es tapada, y todo el mundo es culpable delante de Dios. Sí, notemos, esto no es como el hombre aparece delante de sus compañeros los hombres, sino lo que él es delante de Dios. Y si todos bajo la ley, y todos los que no están bajo la ley, son culpables, ¿qué puede hacer la ley por el culpable? Su misma perfección como una regla perfecta para el hombre, puede solamente condenar al infractor de la ley. Si un hombre tiene pesas falsas en su taller ¿qué podría hacer el examen de las pesas establecidas sino condenarle? Las pesas establecidas le demostrarían cuanto le faltaba; pero si le faltaba, esto demostraría que no eran pesas justas. La ley hizo esto exactamente, “Porque por la ley es el conocimiento del pecado”. Desde entonces todos son culpables, es evidente: “Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará DELANTE DE ÉL”.
Versículo 21. El hombre de esta manera es hecho a un lado y todos sus esfuerzos y pretensiones de justificarse por las obras de la ley. “Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas”. Esto es enteramente nuevo y diferente de todo lo que es del hombre. No es la justicia del hombre, porque él no tiene ninguna. ¡Qué realidad, que en todo este mundo no se halló ni uno justo! No hay ni aun uno. Es la justicia de Dios enteramente y aparte de la ley, lo que Dios es en Sí Mismo, y lo que Él es para el hombre. Dios no podía ser justo en justificar al hombre por la ley, porque la ley podía únicamente condenar al hombre. El hombre era culpable. Dios era ciertamente siempre justo en Sus tratos con el hombre —perfectamente consistente con Su misma gloria—. Pero esto es ahora manifestado aparte de la ley, aunque testificado por la ley y los profetas. Esta, entonces, es la revelación, “La justicia de Dios, por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en Él; porque no hay diferencia; por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:22-23).
¡Cuán claramente la fe de Jesucristo ahora toma el lugar de la ley, y esto para todos, tanto judíos como gentiles! La justicia de Dios, entonces, es lo que Él es en Sí Mismo, y lo que Él es para nosotros. Es aparte de la ley; porque no había ni podría haber ninguna ley o mandamiento a Dios. Todo es absolutamente de Dios. Él amó de tal manera; Él dio de tal manera a Su amado Hijo para que, por medio de Su sacrificio sobre la cruz, Él pudiese ser eternamente justo en justificarnos, o tenernos por justos.
Versículo 24. “Siendo justificados gratuitamente por Su gracia”. Sí, contados como justos, gratuitamente, sin nada de nuestra parte, solamente creer en Él —y aun la fe es el don de Dios— es por Su favor gratuito, por gracia. Pero ¿cómo es Dios justo en justificarnos gratuitamente por Su favor gratuito “por la redención que es en Cristo Jesús”? No meramente (bendita como lo es) justificados de todo cargo de pecados; no meramente abrigados del juicio, como Israel en Egipto, por la sangre del Cordero; sino redimidos, completamente rescatados —redención por medio de Su sangre preciosa.
Bueno, podrá decir, eso es muy bendecido todo, pero ¿cómo voy a saber que yo tengo parte en ello? ¿Cómo voy a estar seguro de que se me aplica a mí?
Bueno, como Dios es justo en justificarnos gratuitamente, por la redención que es en Jesucristo, vamos a investigar lo que es la redención, y cómo podrás saber que es para ti y que se aplica a ti. ¿Qué es la redención? La emancipación, o redención de todos los esclavos en las Indias Occidentales, hace algunos años, ilustrará lo que es la redención. Una suma grande fue dada, votada por el gobierno inglés por la redención completa de los esclavos. Fueron ellos, por decirlo así, redimidos para siempre —para siempre emancipados, rescatados de la miserable esclavitud.
Ahora, cuando la proclamación, o buenas nuevas de su redención llegó a las Indias Occidentales, cómo iban ellos a saber que se aplicaba a ellos? Supongamos que un esclavo anciano, con muchas cicatrices del látigo y de la cadena sobre él, hubiese preguntado en las palabras siguientes: “Sí, y no tengo ninguna duda de que tantos millones han sido pagados, no tengo ninguna duda de que la proclamación de redención, emancipación, y rescate eterno es bueno y glorioso pero cómo voy yo a saber que se aplica esto a mí?” ¿Qué le hubiera dicho Ud. “¿Cómo? ¿no eres tú esclavo? ¿no son esas cicatrices una prueba de ello? ¿No naciste tú un esclavo? Si tú fueses un hombre libre, esto no se aplicaría a ti, pero como tú eres un esclavo, debe aplicarse a ti; la proclamación es para ti. Al creer la proclamación en este momento tú estás, en justicia perfecta, libre para siempre”. ¿No le diría Ud. así?
(para continuarse, mediante la voluntad de Dios)

"Sabemos".- Seguridad divina (1 Juan)

J.H. Smith
1.– Sabemos que conocemos al Señor Jesús, si guardamos los mandamientos (no de Moisés, sino) del Señor Jesús (1 Juan 2:3).
2.– Sabemos que estamos en Él cuando guardamos Su Palabra, porque el resultado de esto es que el amor de Dios es perfeccionado en nosotros (1 Juan 2:5).
3.– Sabemos que es el último tiempo, porque hay muchos anticristos (1 Juan 2:18).
4.– Sabemos que cuando el Hijo de Dios apareciere seremos espiritual, moral y físicamente como Él, porque le veremos como Él es y eso completará la transformación (1 Juan 3:2).
5.– Sabemos que hemos pasado de muerte a vida (no como recompensa o premio de Dios por algo que nosotros hayamos hecho, sino) por causa de la operación de esa vida eterna en nosotros, que produce amor por los hermanos, no importa como sean ellos. Por naturaleza todos somos iguales, náufragos del pecado (1 Juan 3:14).
6.– Sabemos que tenemos vida eterna, nosotros los que creemos en el Nombre del Hijo de Dios, porque Dios así lo dice (1 Juan 5:13).
7.– Sabemos que Dios nos oye si pedimos cualquiera cosa que sea de acuerdo con la voluntad de Dios, y sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado (1 Juan 5:14-15).
8.– Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; porque la vida nueva impartida por Dios es santa e incapaz de pecar. Cuan infinitamente benigno de Dios el identificar a Sus hijos con la nueva naturaleza. El maligno no puede tocar esa, él obra en nuestra viejo y pecaminosa naturaleza (1 Juan 5:18).
9.– Sabemos que somos de Dios; hay un conocimiento divino impartido de nuestra relación como hijos, y también del terrible estado de cosas de las cuales Dios nos libró: “Todo el mundo está puesto en maldad” (1 Juan 5:19).
10.– Sabemos que el Hijo de Dios ha venido; sabemos que Él nos ha dado un conocimiento para que podamos conocer a Aquel que es verdadero, y estamos en Él que es verdadero, en Su Hijo, Jesucristo. Sabemos que Él es el verdadero Dios y la vida eterna. Vamos, pues, a guardarnos de los ídolos (1 Juan 5:20-21)

La venida y reino de nuestro Señor Jesucristo: El arrebatamiento (Parte 6)

E.H. Chater
(continuado del número anterior)
Otro pasaje: “Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22), podrá a primera vista presentar alguna dificultad; pero cuando es entendido en su verdadero significado, va perfectamente de acuerdo con lo que hemos visto. Todos los que permanezcan en el estado de Adam, hombres naturales, ciertamente morirán; pero los cristianos están en Cristo, quien ha resucitado de entre los muertos, y no son vistos por Dios aquí, donde están en contraste las dos cabezas, como en Adam siquiera. Todo ésos serán vivificados.
En 1 Corintios 15:51-52 leemos exactamente lo opuesto: “Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados, en un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta”. ¡Cuán hermosa es la armonía de la Palabra de Dios cuando abandonamos nuestros propios pensamientos y nos inclinamos a los de Él! El apóstol, por el Espíritu de Dios, habla de ello como un misterio que él demuestra a los santos: “Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados”; ¿qué podría ser más claro?
El Señor tomará el espacio de tiempo más corto posible para efectuar este acto poderoso, “un momento”, “en un abrir de ojo”. Amado lector, si ese momento maravilloso sucediese ahora, ese momento por el cual el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo y todo el cielo están en espera; ese momento que todo santo en la tierra debiera estar esperando; ¿estarías tú entre el número transformado y arrebatado para encontrar al Señor, y así a estar “siempre con Él”? La final trompeta pronto sonará, “y los muertos se levantarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados”. El término, “la final trompeta”, no quiere decir que será la última que sonará; la Escritura claramente habla de otras en el Apocalipsis después de ésta. Es una alusión militar; un llamamiento o sonido particular, el último de una serie, bien conocido en los círculos militares en ese día, la señal para la partida de los hombres. Así responderá cada santo de Dios a este llamado de trompeta; esto corruptible será vestido de incorrupción, y esto mortal será vestido de inmortalidad (1 Corintios 15:51-56); estando de acuerdo tan bellamente con lo que hemos visto en 1 Tesalonicenses 4. La tumba no detendrá ni a un santo siquiera de Dios; el que vive para siempre jamás y tiene las llaves del infierno y de la muerte (Apocalipsis 1:18) ejercitará Su omnipotencia, y todos los Suyos en la tierra o en el mar se levantarán a encontrarle. Él fue las primicias, “Luego los que son de Cristo, en Su venida” (1 Corintios 15:23).
La misma verdad preciosa se enseña en muchas otras porciones de la Escritura; Cristo viene por los Suyos. En Filipenses 3:20-21, hablando del cristiano, leemos: “Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de Su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar a Sí todas las cosas”. El que ya ha sujetado nuestras almas, entonces por el poder divino dominará nuestros cuerpos, amoldándolos semejante al Suyo, y poco después someterá todas las cosas a Sí mismo.
La porción del cristiano no está en la tierra, sino en lo alto, de donde espera al “Señor Jesucristo, como Salvador”, porque esa es la verdadera fuerza del pasaje. Habiendo recibido la salvación de su alma (1 Pedro 1:9) espera la adopción, es a saber, la redención de su cuerpo, no la muerte y corrupción (Romanos 8:23). Espera al Señor Jesucristo que venga como el Salvador para efectuar la salvación de su cuerpo; para cambiar este vil cuerpo, o cuerpo de humillación, para que pueda ser semejante al mismo cuerpo glorioso del Señor. Notad, no un cuerpo nuevo, sino este mismo cambiado, en el cual ahora tenemos un tabernáculo.
Los cuerpos de los creyentes ya son los miembros de Cristo (1 Corintios 6:15), aun ya son el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). En ese momento, “El que levantó a Cristo de los muertos, también vivificará vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). Y notemos otra vez aquí, no es la vivificación de un cuerpo corruptible, como el de aquellos que están muertos cuando Cristo venga, sino nuestro cuerpo mortal, aquellos que están vivos y quedan, en quienes mora el Espíritu de Dios. Y este cambio admirable es efectuado de acuerdo con la operación por la cual nuestro Señor “puede sujetar a Sí todas las cosas”.
La misma preciosa verdad se conecta con la memoria de Cristo en la Cena del Señor, porque el apóstol dice: “Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga”; no hasta que nosotros muramos, sino “hasta que Él venga” (1 Corintios 11:26). Aquí otra vez está el hecho de Su regreso. Su presencia en contraste con Su ausencia. No se da ningún detalle.
La pregunta probablemente surgirá en las mentes de algunos que lean este periódico: “¿Pero no hemos de esperar señales y eventos que sucedan en la tierra, como indicaciones del acercamiento de la venida del Señor? ¿No enseñan las Escrituras que muchas cosas acontecerán antes?” Este equívoco surge de la confusión en la mente de muchos, de que ya he hablado, acerca de dos acciones distintas en cuanto al tiempo de su consumación. Hay indudablemente muchas cosas que sucederán antes de que Cristo, el Hijo del hombre, venga en poder y gran gloria a juzgar y a reinar, pero nada de necesidad antes de que Él descienda en el aire por Su pueblo. (Siempre que la Escritura habla de la venida o manifestación de Cristo, baja el título “Hijo del hombre”, se refiere invariablemente a Su venida a juzgar y a reinar. Las palabras, “en que el Hijo del hombre ha de venir” en Mateo 25:13 no están en el griego original). Mucho antes de la gloriosa manifestación, pero en cualquier momento, aun mientras Ud. lee estas palabras, este maravilloso evento podrá acontecer, y todos los redimidos serán arrebatados. Después de esto, y antes de la manifestación de Cristo con Sus santos en gloria, habrá un intervalo de juicios terribles, y la hora de la tribulación (Mateo 24:21-22).
En Apocalipsis 3:10-11, el Señor, al dirigirse al ángel de la Iglesia de Filadelfia (que al tomarse en su orden histórico, corresponde al tiempo actual), dice: “Porque has guardado la palabra de Mi paciencia, Yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la tierra”.
Aquí tenemos un versículo de la Escritura claro y explícito hablando del pueblo de Dios siendo guardado, no en o por la hora de la tentación, sino de o fuera de ella. La manera en que se efectuará se expone en el siguiente versículo: “He aquí, Yo vengo presto”; la palabra “presto” siendo agregada por primera vez. ¿Qué lenguaje más fuerte podría emplearse para demostrar que el Señor Mismo está en la misma víspera de venir, que debiéramos estarlo esperando a cualquier momento? Y así serán removidos los santos de esta escena en un momento, rescatados de los juicios terribles que vendrán sobre todo el mundo.
(para continuarse, mediante la voluntad de Dios)

"Tu hermano … por el cual Cristo murió" (Romanos 14:15; 1 Corintios 8:11)

Extracto: Digámonos a nosotros mismos, suave y tiernamente como dicho nombre lo requiere: “mi hermano ... por el cual Cristo murió”. Mi “hermano flaco por el cual Cristo murió” (Véase 1 Corintios 8:11) Yo podré “destruirlo”, podré causar que él “perezca”. Yo he de amarlo como Cristo me ama, y estar dispuesto a poner mi vida por él.
“¿Soy yo guarda de mi hermano?” Ciertamente. Y ¿dónde está mi hermano? ¿Dónde no está él? ¿No le encuentro diariamente, en el tren o en el bus, en el mercado o en la calle, en las casas privadas y en los lugares públicos? ¿Espero verle? ¿Me regocijo cuando lo encuentro? ¿Lo amo y lo cuido? ¿Anhelo la oportunidad de servirle hasta donde el Señor me capacite hacerlo?
Cuan terrible es que podamos “destruirle”, o causar que “perezca” nuestro hermano. No digamos: Esto no quiere decir esto o aquello. Pensemos en lo que sí significa, en vez de lo contrario. Ciertamente significa esto, si no más, una vida echada a perder, que podría haber sido fragante con Cristo, perder el blanco que Dios deseaba para él, causar dolor en el corazón del Cristo quien murió por él. ¿Quién puede medir todo esto? Y tal vez yo lo causé, sin desear hacerlo, porque yo no hice caso, y pensé solamente de lo que a mí me agradaba; ahí es que YO HICE LO QUE QUISE, y no consideré a MI HERMANO POR EL CUAL CRISTO MURIÓ.
¡Oh Dios, suaviza estos corazones de piedra nuestros! Haznos (mientras que en verdad procuramos ser discípulos en el sentido de Lucas 14, porque hemos probado Tu amor en Cristo, en la gran cena que has aparejado), en nuestros tratos con nuestros hermanos, los que a pesar de defectos evidentes podrán ser aun MÁS SEMEJANTES A CRISTO QUE NOSOTROS, reflejar alguna pequeña porción de la gracia tierna que Cristo nos demuestra cada día a nosotros, siempre recordando que Cristo murió por ellos, y los ama como nos ama a nosotros.

Notas misceláneas: Número 6

Tenemos todo en Cristo
Extracto: No hay nada que el corazón pueda desear que no tengamos en Jesús. ¿Anhela una simpatía genuina? ¿Dónde puede encontrarla, sino en Aquel que podía mezclar Sus lágrimas con las de las adoloridas hermanas de Betania? ¿Desea disfrutar de un afecto sincero? Puede encontrarlo solamente en aquel corazón que demostró Su amor en gotas de sangre. ¿Busca la protección de un poder verdadero? No tiene sino que ver a Aquel que hizo los mundos. ¿Siente la necesidad de una sabiduría inequívoca para dirigir? Acuda a Aquel quien es la Sabiduría personificada, “el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría”. En una palabra, tenemos todo en Cristo.
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La Biblia
Lo que la pobre culpable y caída humanidad anhela es ... un libro que hable de un remedio para los corazones podridos con pensamientos impíos; para el ladrón, el asesino, el réprobo, el proscrito; para este mundo contaminado, cansado, manchado por el pecado y que gime. Y un Libro así es la Biblia.
Bendice a los niñitos (Mateo 19:14). Hace fuerte a un joven (1 Juan 2:14), y a una joven, la hace pura y casta (1 Timoteo 5:2 y Tito 2:4-5). Protege a la viuda (Éxodo 22:22-23), y honra las canas de los ancianos (Levítico 19:32); y ofrece vida eterna gratuitamente a todos los que la acepten por medio de la fe en el Señor Jesucristo (Juan 3:36).
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Extracto: La fe puede esperar con paciencia.