Números 19: La vaca alazana

Numbers 19
En el libro de Números leemos de los israelitas mientras cruzaban el desierto en su larga caminata a Canaán. En este capítulo encontramos los peligros, problemas y dificultades en su viaje rumbo a la Tierra Prometida. Nosotros también estamos en un viaje rumbo hacia un nuevo hogar, el hogar del Padre en el cielo. En nuestro peregrinaje encontramos muchos peligros. El peligro más espantoso de todos ellos es el pecado. Cuando encontramos esta inmundicia en nuestro camino necesitamos ser limpiados. En esta oportunidad, vamos a meditar en la provisión que Dios hizo para limpiar a los israelitas de su inmundicia.
En aquel entonces, el sacerdote rociaba la sangre de la vaca alazana siete veces hacia el tabernáculo. Este era el lugar que Dios había escogido para morar en medio de su pueblo. Cuando el pecado entró en la creación, al verlo Dios se entristeció. Dios aborrece el pecado. Mas el corazón de Dios quedó satisfecho cuando vio el sacrificio perfecto que quita el pecado del mundo. Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:2929The next day John seeth Jesus coming unto him, and saith, Behold the Lamb of God, which taketh away the sin of the world. (John 1:29)). La sangre derramada en la cruz por el Señor Jesucristo borró nuestros pecados para siempre y quitó el juicio de Dios que pesaba en nuestra contra.
En el versículo 5 de este capítulo leemos que todo el holocausto fue quemado. No quedó ni siquiera una parte del animal. Quemaron el cuero, la sangre, la carne y aun su estiércol. ¿Qué significado espiritual tiene esta figura? En Romanos 8:33For what the law could not do, in that it was weak through the flesh, God sending his own Son in the likeness of sinful flesh, and for sin, condemned sin in the flesh: (Romans 8:3) dice: “Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”. Cuando crecen malas hierbas en el terreno de un agricultor, él tiene que sacar no solo las hojas, sino que debe cavar y remover las raíces. En nuestra vida, la raíz de nuestros pecados es una naturaleza pecaminosa. Dios condenó por completo esta naturaleza, cuando Cristo se hizo pecado en la cruz por nosotros (lee 2 Corintios 5:2121For he hath made him to be sin for us, who knew no sin; that we might be made the righteousness of God in him. (2 Corinthians 5:21)).
Luego leemos acerca de tres cosas que el sacerdote tuvo que echar en el fuego: palo de cedro, hisopo y escarlata. 1 Reyes 4:3333And he spake of trees, from the cedar tree that is in Lebanon even unto the hyssop that springeth out of the wall: he spake also of beasts, and of fowl, and of creeping things, and of fishes. (1 Kings 4:33) nos ayuda a entender dos de estos símbolos: “También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared”. Este versículo habla de un rango grande de plantas en el reino vegetal. El cedro es un árbol magnífico y el hisopo es una hierba pequeña que crece aun en las grietas de las paredes. Asimismo, entre los hombres hay un gran rango de categorías: desde el magnífico hasta el más insignificante. Escarlata era el glorioso color de los reyes de Israel. Para nosotros, como creyentes, toda la gloria que este mundo puede ofrecer no debe ocupar lugar en nuestro corazón. Recordemos que este mundo crucificó al Señor Jesucristo. No busquemos, pues, la amistad ni la aprobación del mundo. En Gálatas 6:1414But God forbid that I should glory, save in the cross of our Lord Jesus Christ, by whom the world is crucified unto me, and I unto the world. (Galatians 6:14) leemos: “Pero lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.
El sacrificio de la vaca alazana era necesario para limpiar al pueblo cuando tenían contacto con cosas impuras y para ser librados del efecto del pecado: la muerte. Muchas veces nosotros tenemos algún tipo de contacto con las cosas sucias e inmundas de este mundo y necesitamos con urgencia ver los sufrimientos de Cristo, quien nos amó y ocupó nuestro lugar. En Juan 16:14,14He shall glorify me: for he shall receive of mine, and shall show it unto you. (John 16:14) hablando del Espíritu Santo, dice: “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber”. Cuando el Espíritu trae a nuestras mentes los sufrimientos de Cristo, es para que nos arrepintamos; y, entonces, ahí mismo somos purificados de la inmundicia del pecado. Imponernos una serie de reglas no nos ayudará a no pecar, pues tan solo pensar en el costo que pagó nuestro Señor Jesucristo, quien llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, lo podrá lograr. Todo esto es un proceso y no lo aprendemos de la noche a la mañana. En el versículo 19 leemos acerca del tercer día y del séptimo día, cuando había que aplicar las cenizas y el agua. Esto significa que el creyente recuerda el costo que el pecado tenía en la muerte del Señor. Así, el creyente deja atrás las cosas impuras, las que eran causa de muerte y sale limpio.