G.V. Wigram
¡Qué bendición tan inconmensurable es que nuestra vida es una vida con Cristo en Dios! Yo a menudo me pregunto a mí mismo si realmente lo creo. Por otra parte yo sé que es un hecho indiscutible, y sin embargo pregunto: “¿Cómo es que si la tengo pueda yo vivir tan abajo como si mi vida estuviese aquí abajo?” Y además, “si tengo una vida natural que me trae hacia abajo a cosas tan bajas, ¿cómo puedo yo ocuparme con cosas tan elevadas?” Realmente el creer que soy uno con Cristo haría que miles de cuidados cayeran de mis hombros. En la mañana uno despierta comprendiéndolo con asombro, pero ¿por qué no puede uno obrar todo el día con la comprensión de ello ante Dios? Uno se levanta diciendo: Es un hecho que Él es mi vida y lo voy a practicar dejando ver en todo lo que hago que la vida de Cristo es mi vida; y sin embargo, quizás antes de que uno salga del cuarto algo viene entre medio de tal manera que uno cesa de verificar el hecho de ello en el alma.
¡Ah! ese pensamiento, “soy uno con Cristo”, es el gran poder en la mente, dando al corazón un calor vivo. El realizar de que uno tiene una vida con Él que está allá arriba —el Nazareno— tornaría una niebla de Londres en la luz brillante de la gloria en la cual Él está allá arriba.
Si la vida de Cristo está fluyendo por nosotros, el agua de la Roca que da vuelta a la rueda, al fluir al corazón, nos llenaría de gozo; y si es así, no podríamos contenerla, debe desbordarse para afuera.
Si me ocupo de mi cuerpo quebrantado y dolorido, estoy olvidando que soy uno con Cristo arriba. Este cuerpo sirve mucho para ser un faro, pero no hemos de estar viendo a las pequeñas pruebas acá abajo. Puedo decir a todo lo que este mundo pueda ofrecer: “Yo tengo esto que Ud. no tiene; estoy en Cristo, y todo lo que Él tiene me pertenece a mí”. Tan pronto como Ud. pueda comprender este lado de la vida con Cristo, la muerte de Cristo cubre todo aquí.
Somos levantados de la escena en que todo se centraliza al derredor del hombre a aquello en lo cual todo es la expresión de Dios.
Es el Cristo Mismo quien es nuestra vida —somos relacionados al Cristo de Dios de la manera más vital, teniendo una vida con El; cuando El aparezca, apareceremos con Él, y todo lo que caracteriza Su manifestación en la gloria, nos caracterizará a nosotros.