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The Bee and the Spider: Full Color Gospel Tract
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Full text of La abeja y la araña
Un día, estando yo en mi jardín, me llamó la atención un fuerte zumbido. Me volví para ver de donde venía, y vi una abeja atrapada en una tela de araña. Era una tela grande y fuerte, también apostada en una esquina había una gruesa araña negra observando atentamente a la abeja, esperando el momento en que pudiera lanzarse sobre su presa.
La pobre abeja hacía todos los esfuerzos posibles para librarse a sí misma, pero cuanto más se movía hacia atrás y hacia adelante, más se enredaba en los finos hilos de la red. La abeja es una criaturita industriosa y útil que emplea su tiempo sacando el dulce almíbar de las flores para fabricar su rica miel, pero ésa, a pesar de toda su sagacidad, no podía escapar.
¿Cree que la abeja podría haber logrado salvarse a sí misma? ¡Oh, no! Si yo no hubiera estado allí, la enorme araña se habría arrojado sobre ella chupándole la sangre, y la habría llevado a su escondite para devorarla.
Afortunadamente, la abeja no solamente luchó, sino que también zumbó. Esto atrajo mi atención, y sus esfuerzos desesperados para salvarse excitaron mi compasión. ¿Debía yo abandonar a aquella pobre criatura a una muerte tan cruel? No, aun si en su terror me picara los dedos. Cuando la araña vio que me acercaba, se retiró un poquito más lejos de su presa, y cuando rompí la tela, huyó de allí.
La condición de cada persona
¿Comprenden, queridos niños, por qué os cuento este pequeño incidente?
La condición de esta pobre abeja es como la de cada niño que no ha sido soltado del poder de Satanás por el Señor Jesús. Si estás cogido en sus lazos, aquél está esperando, como esa fea araña negra, el momento favorable en que pueda atraernos hacia aquel lugar de perdición sin esperanza. Como la abeja, podrás procurar soltarte de los hilos de tus pecados, pero todos tus esfuerzos no harán más que mostrarte que es imposible, y te pondrás desesperado.
El poder debe venir de lo alto, y el Señor Jesús posee ese poder. Él no tiene más que extender Su mano para desatarte. Cuando murió en la cruz venció a Satanás. Está esperando a tu lado por una sola mirada de parte de ti, deseando escuchar una llamada implorando socorro, presto para soltarte y darte vida eterna. ¡Oh! clamad a Él antes que sea demasiado tarde, para que Él rompa tus yugos, y cuando ya estés libre puedas seguirle con gozo al cielo. Su sangre es suficiente para lavar todos los pecados de todos los que creen en Él, y Él tiene poder para protegerlos de todos los lazos del diablo.
El Señor Jesucristo se hizo hombre para rescatar a los hombres de sus vicios y pecados. Él es el único que tiene poder para librarnos de los lazos de Satanás. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).
El “Señor de todos, es rico para con todos los que Le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:12-13).